Y democracia



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JOSÉ LUIS CORAGGIO

NICARAGUA:

REVOLUCIÓN

Y DEMOCRACIA

editorial línea

instituto nicaragüense de investigaciones económicas y sociales

coordinadora regional de investigaciones económicas y sociales

CRIES


PREFACI O

En un momento crucial para la Revolución Popular Sandinista, en que el pueblo refuerza su defensa contra la continua acción contrarrevolucionaria que viene de Honduras y del territorio costarricense, ante la amenaza evidente de una invasión militar directa de fuerzas norteamericanas, con una situación económica interna crítica, resultado de la crisis mundial y del boicot económico que orquesta la administración Reagan, es necesario que América Latina tome conciencia de que ese conflicto que enfrenta a un pequeño país centroamericano con la potencia hegemónica del hemisferio occidental, no es sólo una cuestión de los nicaragüenses, ni siquiera sólo de los centroamericanos.

Ya los países miembros de Grupo Contadora han tomado activa participación para incidir en la resolución política del conflicto centroamericano, tratando de frenar la alternativa militarista que propugna la Administración norteamericana, conscientes de que una u otra vía tendrá consecuencias muy diversas para su propia situación futura. La cuestión es ya una cuestión americana, en tanto cómo se resuelva va a marcar por décadas las relaciones entre Estados Unidos de Norteamérica y América Latina. Y esto es así no tanto porque ésta sea la gota que colme el vaso de las intervenciones norteamericanas en detrimento de la soberanía de otros países de la región, sino por la naturaleza misma del proceso revolucionario que se pretende ahogar.

Este libro intenta contribuir en alguna medida a romper la barrera de la desinformación acerca de la Revolución Nicaragüense. Pretende reflexionar, desde una perspectiva latinoamericana, sobre un proceso que nos atañe no sólo por ocurrir en América, sino porque abre esperanzas concretas de que es posible la liberación, por poderosas que sean las fuerzas de la opresión, y a la vez abre la posibilidad de un pensamiento no especulativo ni culposo en torno a la problemática de la democracia y del socialismo, sin retrotraernos al “pasado menos malo” ni a los viejos manuales.

Está compuesto por cuatro trabajos: “Nicaragua, o la legitimidad de la revolución social en América Latina”, versión ampliada de un artículo publicado en PENSAMIENTO PROPIO, año 1, núm. 13, Managua, abril de 1984; “Democracia y Revolución en Nicaragua”, publicado como Cuaderno de PENSAMIENTO PROPIO, INIES-CRIES, Managua, mayo de 1984; “Movimientos sociales y revolución: el caso de Nicaragua”, versión revisada de una ponencia presentada en el Seminario sobre Movimientos Sociales en América Latina, CEDLA, Ámsterdam, octubre de 1983, aún inédito; y “1984: Elecciones en Revolución”, inédito. Todos ellos han sido resultado de un trabajo más amplio realizado en la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES), presidida por Xabier Gorostiaga, a quien agradecemos su apoyo. La Fundación Simón Guggenheim contribuyó para que pudiéramos contar con el tiempo necesario para redactar los dos trabajos principales del conjunto. Rosa María Torres, compañera y crítica, alentó nuestro trabajo y, a través de sus propios escritos sobre la educación popular en Nicaragua, estimuló la necesidad de resaltar el carácter profundamente democrático y creador de esta Revolución.

J. L. C.

Managua, diciembre de 1984

Índice

Prefacio 2

La naturaleza y objetivos de la CRIES

CAPÍTULO I

Nicaragua, o la legitimidad de la revolución social en

América Latina


  1. El punto de partida

  2. Las fuentes de la legitimidad

  3. Las innovaciones de la Revolución Sandinista

  4. Algunas contradicciones del proyecto revolucionario

  5. Los sentidos de la legitimación por el pluralismo

CAPÍTULO II

Democracia y revolución en Nicaragua

  1. Introducción

  2. Democracia y revolución social en la periferia

    1. El programa democrático y las revoluciones

en la periferia

    1. El programa socialista y las revoluciones

en la periferia

  1. La Revolución Popular Sandinista

3.1 La naturaleza de la RPS

3.2 La práctica política de la Revolución

Popular Sandinista

3.3 El sentido político-social de la Revolución

en Nicaragua

3.4 Los problemas de la construcción de una

democracia sustantiva en Nicaragua

3.5 La nueva fase de institucionalización

y sus perspectivas


  1. Epílogo: nota metodológica

CAPÍTULO III

Movimientos sociales y revolución: el caso Nicaragua

  1. Introducción: la teorización acerca de los

movimientos sociales y las luchas sociales

  1. La práctica de la transformación social en Nicaragua

  2. Epílogo: algunas cuestiones teóricas que se planean

a partir de la práctica revolucionaria en Nicaragua

CAPÍTULO IV

1984: Elecciones en revolución

  1. La novedad de las elecciones nicaragüenses

  2. Los resultados electorales

  3. El contenido político de las elecciones y la

Coordinadora Democrática

  1. El significado de los resultados electorales

  2. La construcción y el sostenimiento de la

hegemonía revolucionaria

  1. La unidad nacional como condición para la

continuidad del proceso revolucionario

  1. Las bases materiales de la unidad nacional

  2. El pueblo organizado, garantía última de la

Revolución

  1. La vocación de no-alineamiento

  2. Las formas revolucionarias

  3. Los desafíos de la Revolución Popular Sandinista

ANEXO

La cumbre de partidos políticos

CRIES


LA NATURALEZA Y OBJETIVOS DE LA

COORDINADORA REGIONAL DE INVESTIGACIONES

ECONÓMICAS Y SOCIALES: EN BUSCA DE UNA

ALTERNATIVA REGIONAL

CRIES es la institucionalización de un proceso de coordinación y complementariedad en torno a una tarea específica.

Este proyecto pretende encontrar alternativas viables que nazcan desde los intereses y prioridades de las mayorías de los pueblos de la región.



CRIES pretende conjuntar los esfuerzos de los intelectuales de la Región para potenciar un pensamiento propio que lleve a formular alternativas basadas en la satisfacción de las necesidades de los sectores populares y en la mayor participación de éstos en la toma de decisiones sobre su futuro.

Por ello, CRIES convoca a los recursos académicos humanos y materiales con que cuenta la Región para aglutinarlos en torno a este proyecto específico de los centros e institutos participantes; su objetivo es evitar la duplicación de esfuerzos y conseguir un efecto multiplicador de los resultados para esta tarea concreta.



CAPÍTULO I

Nicaragua, o la legitimidad de la

Revolución social en América Latina

1. El punto de partida

En 1979 Nicaragua reapareció con fuerza en la escena político-ideológica de América Latina. Pero había antecedentes importantes a esta presencia del pueblo nicaragüense en la lucha de Latinoamérica por su autodeterminación. En enero de 1933, el “pequeño ejército loco” del general Sandino expulsaba a las tropas norteamericanas que desde 1926 habían ocupado, por tercera vez, su país. En febrero de 1934, los pueblos latinoamericanos se movilizaban ante la noticia del asesinato de Sandino por orden de Anastasio Somoza, el comandante de la Guardia Nacional que los norteamericanos habían dejado organizada antes de retirarse. En 1961 nacía el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que comenzaría una lucha prolongada contra la dinastía somocista. Esos hijos de Sandino iban a acabar con el gobierno del hijo de Anastasio Somoza García, dando fin al régimen familiar del cual F.D. Roosevelt pudo decir: “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. La ley del “patio trasero” sostenida empecinadamente por los sucesivos gobiernos norteamericanos, perdía así su principal agente en Centroamérica. El 19 de julio de 1979 triunfaba la Revolución Popular Sandinista, luego de que el FSLN llamara a la insurrección en mayo del mismo año. Otra vez, en América Latina, la vía de la lucha armada, articulada con la movilización general del pueblo, lograba doblegar el poder despótico de una dictadura sostenida por los Estados Unidos de Norteamérica. América Latina, acosada por sangrientas dictaduras militares, cuando no jaqueada por continuos cuartelazos, sangrada por un sistema económico internacional que lejos de permitir vislumbrar un posible desarrollo enfrentaba a las masas obreras y campesinas con sacrificios aún más terribles en su humanidad, veía con esperanzas este triunfo. Y pronto iba a preguntarse qué clase de Revolución era la que se estaba dando en Nicaragua. El sistema mundial de desinformación iba rápidamente a tender una cuidadosa cortina, no de silencio sino de ruido, anunciando que una “nueva dictadura comunista” amenazaba la paz del hemisferio.

Sin embargo, en estos casi seis años de Revolución, la cortina de desinformación tendida con dedicación y recursos inusitados por la Administración norteamericana, no pudo evitar que cada tanto se filtraran noticias de que algo novedoso estaba ocurriendo en esta parte del mundo. Una Revolución que intentaba sintetizar cristianismo y revolución, a pesar de la oposición virulenta de la jerarquía de la Iglesia. Una Revolución que planteaba la posibilidad de una economía mixta, donde la propiedad estatal, el campesinado cooperativizado o individual y la burguesía, se articularan para sacar al país del atraso, a pesar de la oposición de la ultraizquierda. Una Revolución que pretendía romper con la dicotomía entre pluralismo político y revolución social, gobernado de acuerdo a leyes y llamando a las primeras elecciones democráticas en la historia del país, a pesar de la empecinada y cruenta oposición del principal adalid de la democracia en el continente. Una Revolución que hoy cosecha su café y su algodón con el fusil al hombro, preparada para enfrentar la posibilidad de una invasión directa de la potencia militar más poderosa del hemisferio, que hace de la derrota del sandinismo condición de su credibilidad a nivel internacional

El punto de partida estructural de esta Revolución no difiere mucho de la situación actual de otros pueblos latinoamericanos: atraso económico, dependencia externa de una economía agro-exportadora de materias primas o de “postre” (café, algodón, azúcar, banano, carne), sin más industria que la artificialmente creada por el Mercado Común Centroamericano, dominado por el capital norteamericano, con maquinarias obsoletas dedicadas al “toque final” de insumos o partes importadas. Una competitividad relativa de las exportaciones agrarias, basada en la sobre-explotación de los trabajadores rurales y del campesinado marginado a las peores tierras, minifundista y precarista, forzado al autoconsumo, desnutrido, presionado para vender un magro excedente de granos básicos y su fuerza de trabajo para el corte. Ausencia de un proletario industrial que se ajustara a los patrones que la teoría revolucionaria del siglo pasado exige. Predominancia de marginales o “informales” en Managua, la principal ciudad con casi el 30 por ciento de la población nacional. Una endeble burguesía, orientada más al consumo suntuario que a la acumulación, con los ojos más puestos en “los Estados” (Unidos) que en el mercado interno o en los valores nacionales. Un Estado atrasado, instrumento de la familia Somoza, pantalla pobre de una dictadura sin necesidad de guardar las formas democráticas. Un país pequeño en lo económico y en lo demográfico, sin un censo que certifique si tiene tres o tres millones y medio de habitantes, pero evidentemente compuesto por jóvenes y niños en su mayoría.

La revolución política, hecha por campesinos, marginales urbanos y estudiantes, bajo el liderazgo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que sintetizaba no sólo la herencia ideológica de la gesta de Sandino y las teorías revolucionarias, sino que incorporaba a su práctica un profundo contenido cristiano, en su fase final arrastró tras de sí a prácticamente todos los sectores sociales que visualizaron el seguro final de la dictadura.

La Nicaragua revolucionaria, en el centro de América, entre los Estados Unidos de Norteamérica y América Latina, condensa hoy contradicciones que son propias del pueblo latinoamericano todo, enfrentando directamente al poder del imperialismo, planteando la necesidad de redefinir las relaciones interamericanas, proponiendo salidas para la desesperante situación de las masas empobrecidas y sojuzgadas por la dictadura del mercado y de las armas.

A través de su propia práctica, la Revolución Popular Sandinista refresca el campo de la democracia y también el campo del socialismo, y su contribución trasciende las fronteras nacionales. La Nicaragua galardonada en 1980 por la UNESCO por su Cruzada Nacional de Alfabetización; la Nicaragua que pudo en 1980 lograr una renegociación inédita de su deuda externa gracias al apoyo político de las Naciones Unidas; la Nicaragua elegida en 1983 miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; la Nicaragua cuyo reclamo en ese mismo año, es aceptado por los Tribunales de Justicia de La Haya; la Nicaragua que firma el Acta de Contadora y recibe por ello un amplio apoyo internacional; la Nicaragua que en 1984 es elegida vicepresidente de la Junta Interamericana de Defensa; la Nicaragua que ha contado con la solidaridad de países que atraviesan a su vez por una crisis económica, esa Nicaragua Revolucionaria tiene una legitimidad que todo el aparato ideológico, todas las flagrantes presiones de la Administración Reagan no han podido minar. Y esa legitimidad está en relación directa con la des-legitimación internacional creciente de las políticas del imperialismo contra ese pequeño, heroico país.

2. Las fuentes de la legitimidad

Objetivamente, la dirigencia revolucionaria se legitima en tanto logra consolidar el poder revolucionario, manteniendo abierta la posibilidad para el pueblo de transformar la sociedad, construyendo estructuras económicas más justas, desarrollando las libertades sociales e individuales, garantizando la autodeterminación nacional. En ese sentido, desactivar y finalmente vencer a la contrarrevolución armada es un componente objetivo de esa legitimación.

Otro elemento fundamental es el contenido mismo de las políticas gubernamentales, el signo popular de las mismas, la tendencia a mejorar en términos absolutos y relativos las condiciones de vida de las mayorías.

Pero el elemento político crucial es la sistemática búsqueda e implementación de vías para posibilitar que el pueblo, crecientemente organizado y autónomo, se convierta en el sujeto revolucionario, perdiendo así su condición de “masa”, de ciudadano anónimo y atomizado.

En todos estos campos, los casi seis años de gobierno revolucionario registran logros pero también limitaciones importantes. Aunque los avances son claros para quien quiera verlos y existen explicaciones evidentes de por qué no se avanzó más en cada caso, en la vida cotidiana de los nicaragüenses persisten frustraciones materiales. La muerte sigue presente, pues aunque se haya derrotado al somocismo como régimen, subsiste el somocismo como contrarrevolución, alimentado abiertamente por la Administración Reagan. Por otro lado, se dista aún de haber logrado una satisfactoria autoconciencia y organización autónoma de las masas.

Por esto debe resultar asombroso para los observadores, que el gobierno revolucionario, a la vez que sigue pugnando contra el poder militar, el boicot económico y la lucha ideológica de la contrarrevolución encabezada por el gobierno de la mayor potencia mundial, haya decidido atenerse a su propuesta original de llamar a elecciones, abriendo la posibilidad de que la insatisfacción sea capitalizada por sectores disidentes e incluso opositores de la Revolución. Al hacerlo, se reafirmó la voluntad política de construir una sociedad distinta que no calca ninguno de los modelos conocidos, en un intento novedoso de combinar revolución social y democracia, que atrae la atención y la emoción de un amplio espectro de fuerzas progresistas en el mundo.



3. Las innovaciones de la Revolución Sandinista

Aunque el desarrollo histórico irá mostrando la eficacia –y la posibilidad de posterior generalización- de algunas vías adoptadas, es ya evidente que la Revolución Popular Sandinista rompe con los esquemas preconcebidos en muchos sentidos.

En primer lugar, por la forma misma de acceder al poder, combinando la lucha armada con un comportamiento hegemónico que llegó a concitar el consenso activo o pasivo del más amplio espectro social que posibilitaba la sociedad nicaragüense.

En segundo lugar, por el mantenimiento de un proyecto de unidad nacional que no excluye a ningún sector social, que se concreta por ejemplo, en las políticas estatales dirigidas a mantener una economía mixta.

En tercer lugar, y como componente de lo anterior, por la propuesta de lograr el control social del excedente a través del monopolio estatal del sistema financiero y de la comercialización externa, y no mediante la expropiación generalizada de los medios de producción, es decir, sin la desaparición del empresario privado.

En cuanto lugar, por un comportamiento político que se caracteriza por su flexibilidad, dentro de un modelo que podríamos denominar como “hegemónico” y no “dictatorial”. Esto puede resumirse en que la Dirección Revolucionaria no confunde realidad con ideología revolucionaria, reconociendo la heterogeneidad del campo ideológico y político en el ámbito internacional como en el interno. La consolidación y desarrollo del poder revolucionario incluye entonces como componente importante, el reconocimiento de otras ideas y fuerzas, la búsqueda del consenso, el recurso del diálogo.

Esta práctica no es fácil en medio de una grave crisis económica mundial y regional, agravada por el asedio externo, ni cuando se tiene la impaciencia de avanzar en las realizaciones revolucionarias por cuya posibilidad debió lucharse tantos años. Así, el gobierno revolucionario recurrió esporádicamente a formas de represión, como las aplicadas a los directivos del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y de la CAUS en 1981, a la censura previa de la prensa oral y escrita cuando las incursiones contrarrevolucionarias comenzaron a arreciar, y también a una suerte de congelamiento de las luchas sindicales en sus formas clásicas, dada la necesidad de mantener los niveles productivos y la intención de sostener el proyecto de unidad nacional. De la misma manera, a nivel de discurso, la retórica antiimperialista tendió a acentuarse por momentos ante la retórica de los voceros y “diplomáticos” norteamericanos, que se empecinaban en presentar a la Revolución Popular Sandinista como un apéndice de la Unión Soviética o de Cuba.

Sin embargo el balance es claro: Nicaragua ha sostenido una clara posición en la escena internacional, manteniendo activamente abierta la posibilidad de negociaciones, no respondiendo a la continua provocación de la Administración Reagan, la CIA y los contrarrevolucionarios, que utilizan como santuario el territorio hondureño o costarricense, y apelando a todos los recursos legales que permite la comunidad internacional para defender los derechos de la nación a la autodeterminación, y para deslegitimar las acciones de la Administración Reagan.

En lo interno, desde un comienzo se ha mantenido un sistema pluralista en relación a partidos políticos y fueras sociales, tanto en lo que hace a la conformación del poder ejecutivo y del gabinete ministerial, del Consejo de Estado, del sistema judicial, como a los sindicatos y corporaciones empresarias, a la escuela, a las iglesias, etcétera.

De la misma manera, la política económica, analizada desapasionadamente, muestra claramente la decisión de incentivar la producción privada, al punto de que no faltaron quienes visualizaron esta política como una “piñata” para el capital.

Asimismo, tanto en lo económico como en lo político, se establecieron continuamente reglas de juego que tomaban la forma de leyes nacionales, reduciendo sustancialmente las posibilidades de uso discrecional del poder que siempre abre una situación revolucionaria.

Recientemente, la Revolución Popular Sandinista reafirmó otro aspecto innovador: la búsqueda de una combinación de formas representativas (elección de presidente y vice-presidente y de una Asamblea Nacional) con formas de participación popular en la construcción de una democracia sustantiva, que conjugue la socialización económica con la socialización del poder político. Esto implica también la combinación del sistema de partidos políticos con la participación a través de las organizaciones de masas, y otras formas directas de participación popular en la gestión social.



4. Algunas contradicciones del proyecto revolucionario

Si consideramos el punto de partida del gobierno revolucionario: una sociedad civil subdesarrollada por décadas de tiranía y un Estado atrasado, reducido a su papel explotador al servicio de los Somoza, todo en el contexto de una economía agro-exportadora difícil de sustituir, con una estructura social fuertemente sesgada hacia sectores campesinos y artesanales, con un proletariado y una burguesía limitados en su desarrollo como clase, debemos admitir que las tareas que se impone la Revolución Popular Sandinista son de una extrema dificultad.

Por lo pronto, esas mismas innovaciones permiten un desarrollo de contradicciones sociales que fácilmente conducen a que la dirección se sienta legitimada al ser atacada políticamente tanto por la derecha como por fracciones de la izquierda. Acusada de “socialdemócrata” y de “comunista” a la vez. Pero esta es una forma de expresión, subjetivizada, de las contradicciones objetivas del peculiar proceso revolucionario en Nicaragua. Se pretende, en condiciones estructurales de subdesarrollo y coyunturales de crisis, mejorar sustancialmente las condiciones de vida de las mayorías, y a la vez, sostener una convergencia de intereses con sectores capitalistas. Se pretende, con el trasfondo de una sociedad política marcada por los comportamientos que generó la tiranía somocista, abrir la posibilidad real del pluralismo político y la competencia por el poder, y a la vez, garantizar la hegemonía popular para llevar adelante la transformación social. Se pretende, con el trasfondo histórico de una débil sociedad civil, desarrollar la organización de las masas para consolidar las posibilidades de un auténtico poder popular y a la vez desarrollar el Estado para garantizar el control social del excedente y la autodeterminación nacional frente a la agresión externa. Se pretende realizar una verdadera transformación social con la colaboración de los sectores afectados en sus intereses particulares y, además, ir cristalizando esas transformaciones en leyes, en reglas de juego.

Dado el papel central como conductor de este proceso, no es extraño que el FSLN aparezca no sólo como la heroica vanguardia revolucionaria sino también como “el gobierno”, blanco de críticas desde distintas perspectivas. Y no puede ser de otra manera, pues el FSLN se ubica en el punto donde se condensan todas las contradicciones que desata esta revolución social y política. Pero esas contradicciones son objetivas, y su desarrollo a través de las luchas sociales y políticas que implica esta Revolución en proceso, no puede ser resuelto por una decisión del FSLN ni tampoco por una decisión colectiva a través de las elecciones, so pena de frenar la Revolución misma, o de adoptar una vez más los modelos clásicos.


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