Williamsjame s elsignificado



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A esto preguntará el contradictor: ¿El conocer la ver­dad no tiene algún valor sustantivo en sí mismo, aparte de las ventajas colaterales que pueda aportar? Y si se admite que existen satisfacciones teoréticas, ¿no empuja­rían fuera de casa a las satisfacciones colaterales, y no iría el pragmatismo a la bancarrota si las admitiera todas? La fuerza destructora de todo este discurso desaparece tan pronto como empleamos las palabras de un modo concreto en lugar de abstracto y preguntamos, como buenos prag­matistas, en qué se conocen las famosas necesidades teoré­ticas y en qué consisten las satisfacciones intelectuales.
¿ No son todas meras cuestiones de consistencia, y no enfáticamente de consistencia entre una realidad absoluta y su copia mental, sino de una consistencia realmente sen­tida entre juicios, objetos y hábitos de reacción en el propio mundo experimentable de la mente? ¿Y no serían conce­bibles ambas, nuestra necesidad de tal consecuencia y nues­tro placer en ello, como consecuencias del hecho natural de que somos seres que desarrollamos hábitos mentales, há­bitos que por sí mismos se adaptan beneficiosamente en un medio donde los mismos objetos, o la misma clase de objetos, vuelven a darse y siguen una "ley"? Si esto fuera así, lo que habría resultado primero habrían sido los bene­ficios colaterales del hábito como tal, y la vida teorética se habría desenvuelto en ayuda de éstos. Éste parece haber sido, en efecto, el caso más verosímil. En el origen de la vida cualquier percepción presente puede haber sido "ver­dadera", si tal palabra pudo entonces ser aplicable. Después, cuando se organizaron las reacciones, éstas se hicieron "verdaderas" siempre que lo esperado fue cumplido por ellas. De otro modo fueron reacciones "falsas" o "erró­neas". Pero como la misma clase de objetos necesita la misma clase de reacción, así debió establecerse el impulso para reaccionar gradualmente y siempre que los resultados frustraron lo esperado se sintió una desilusión. He aquí un germen perfectamente plausible de todas nuestras más elevadas consecuencias. Actualmente, si un objeto recla­ma de nosotros una reacción del género que habitualmente le conviene a la clase opuesta de objetos, nuestra maquinaria mental dejará de marchar suavemente. La situa­ción es insatisfactoria intelectualmente.
Así, pues, la verdad teorética cae dentro de la mente, siendo el acuerdo de algunos de sus procesos y objetos con otros procesos y objetos, acuerdo que consiste en relaciones bien definibles. En cuanto que se nos es negada la satis­facción de sentir tal acuerdo, cualesquiera beneficios cola­terales que puedan surgir de aquello en lo que creemos, no son sino polvo en la balanza, supuesto siempre que inte­lectualmente estemos bien organizados, y la mayoría de nosotros no lo está. La cantidad de acuerdo que satisface a la mayoría de los hombres y de las mujeres, es mera­mente la ausencia de choque violento entre sus pensamien­tos y sus afirmaciones habituales y la limitada esfera de percepciones sensitivas en que se hallan incluidas sus vidas. La verdad teorética que la mayoría de nosotros pensamos que "deberíamos" obtener, es, pues, la posesión de una serie de predicados que no contradicen explícitamente a sus sujetos. La preservamos, con frecuencia o sin ella, abandonando otros predicados y sujetos.
En algunos hombres la teoría es una pasión, como lo es la música en otros. La forma de consecuencia interna se sigue más allá de la línea en la que se detienen los bene­ficios colaterales. Tales hombres sistematizan, clasifican, hacen cuadros sinópticos e inventan objetos ideales por el puro amor a unificar. Con mucha frecuencia los resulta­dos, resplandecientes por la "verdad" ante los inventores, parecen patéticamente personales y artificiales a los espectadores; lo cual es tanto como decir que el criterio pura­mente teorético de verdad puede dejarnos plantados con tanta facilidad como cualquier otro criterio, y que los absolutistas, con todas sus pretensiones, se encuentran "embarcados" concretamente con aquellos a quienes atacan. Me doy cuenta de que me he extendido mucho en mi disertación. Pero todo el asunto es inductivo, y la aguda lógica apenas está todavía en orden. El gran impedimento que he tenido ha sido la no existencia de una alternativa claramente establecida por parte de mis adversarios. Como final y con objeto de una mayor claridad voy a recapi­tular los puntos principales del humanismo, tal como los concibo. Son los siguientes:
1. Para ser verdadera, una experiencia perceptual o conceptual debe conformarse con la realidad.
2. El humanismo entiende por "realidad" las experien­cias conceptuales o perceptuales con las que una expe­riencia presente dada pueda, de hecho, hallarse mezclada 40
3. Por "conformidad" el humanismo entiende tomar en cuenta, de tal modo que se obtenga algún resultado satisfactorio intelectual y prácticamente.
4. "Tomar en cuenta" y ser "satisfactorio" son térmi­nos que no admiten definición, dado que son tantos los modos en que estos requerimientos pueden desarrollarse prácticamente.
5. Vagamente y en general tomamos en cuenta una realidad "conservándola" de la forma más inmodificada posible. Pero para que sea satisfactoria no debe contra­decir a otras realidades externas a ella y que pretendan también ser conservadas. Todo lo que puede decirse por adelantado es que debemos conservar toda la experiencia que podamos y reducir al mínimo la contradicción en lo que conservemos.
6. La verdad que la experiencia conformadora abarca, puede ser una adición positiva a la realidad previa, y más tarde los juicios tendrán que conformarse a ella. Pero, virtualmente al menos, puede haber sido verdadera con anterioridad. Desde el punto de vista pragmático, la ver­dad virtual y actual significa lo mismo: la posibilidad de una sola respuesta, una vez suscitada la pregunta.



1 1 H. W. Schneider: Historia de la Filosofía Norteamericana. México, Fondo de Cultura. 1950, pág. 546.


2 1 "Pragmatism is, then, an attempt to explain in empirical terms the place of thinking and of knowledge in the world without falling into the difficulties which beset other empiricisms". (J. L. Blau: Men and Movements in American Philosophy. New-York, 1952, pág. 233).



3 1 Sobre el pragmatismo, exclusivamente considerado como mé­todo, puede consultarse Peirce and Pragmatism, de W. B. Gallie, Penguin Books, 1952.


4 1 How to make our ideas clear. En "Classic American Philosophers". Nueva York, 1951, pág. 78.


5 2 Pragmatismo. (Traducción y prólogo de Luis Rodríguez Aranda). Buenos Aires, Aguilar, 1954. Biblioteca de Iniciación Filosófica.


6 1 Dewey. La reconstrucción de la filosofía. (Traducción de A. Lázaro Ros. Prólogo de Luis Rodríguez Aranda). Buenos Aires, Aguilar, 1955. Biblioteca de Iniciación Filosófica. Págs. 148 y siguientes.


7 1 "The fixation of belief", en el libro citado, pág. 67.


8 1 La reconstrucción de la filosofía, pág. 84.


9 1 Pragmatismo, pág. 166.


10 1 La reconstrucción de la filosofía, pág. 220.


11 1 Pero verificabilidad, añado yo, vale tanto como verificación. Frente a un proceso-verdad completo, hay millones en nuestras vidas que actúan en embrión. Éstos nos conducen hacia la verifi­cación directa, hacia las proximidades del objeto que contemplan; y luego, si todo se desenvuelve armónicamente, estamos tan segu­ros de que su verificación es posible que la omitimos, y corrien­temente nos justificamos por todo lo que sucede.


12 1 Cf. "El Significado del Pragmatismo", capítulo II del libro de James Pragmatismo en esta colección.


13 1 Me complazco en dar al profesor Carveth Read, la bienve­nida a la iglesia pragmatista, en lo que concierne a su epistemo­logía. Véase su vigoroso libro The Metaphysics of Nature, 2a 1908). La obra de Francis Howe Johnson What is Reality? (Bostón, 1891), que he conocido sólo mientras corregía estas pruebas, contiene sorprendentes anti­cipaciones de la indicada visión pragmatista. The Psychology of Thinking, por Irving E. Miller (Nueva York, Macmillan Co., 1909), que acaba de aparecer, es uno de los documentos pragma­tistas publicados más convincentes, aunque no use la palabra "pragmatismo". Al hacer estas referencias no puedo abstenerme de citar un extraordinario y agudo artículo por H. V. Knox en la Quarterly Review, abril, 1909.


14 1 Leída ante la Aristotelian Society el 1° de diciembre de 1884 y publicada por vez primera en Mind, vol. X (1885). Éste, y los artículos siguientes, sólo han sufrido ligeras correcciones, que consisten especialmente en la omisión de redundancias.


15 2 Entiéndase en el sentido de "sensación de realidad" la pala­bra "sensación". A este sentido se refiere James con el vocablo equivalente inglés "feeling". (N. del T.).


16 1 "La relatividad del conocimiento" mantenida en este sentido es, observémoslo de paso, una de las supersticiones filosóficas más extrañas. Cualesquiera que sean los hechos que se citen en su favor se deberán a las propiedades del tejido nervioso, que puede agotarse por una excitación demasiado prolongada. Los neurál­gicos cuyo dolor persiste durante días, nos aseguran, sin embargo, que los límites de esta ley sobre los nervios son muy amplios. Pero si pudiéramos, físicamente, alcanzar una sensación que durara eternamente inmutable, ¿qué argumento lógico o psicológico existe para probar que no se sentiría mientras duraba, y que se sentiría tal como era todo el tiempo? La razón del prejuicio opuesto parece ser nuestra repugnancia en pensar que a una cosa tan estúpida como tal sensación, se le permitiera llenar la eternidad con su presencia. Su condición sería un conocimiento intermi­nable conducente a un no-saber acerca de.


17 1 Véase, por ejemplo, la Introducción de Green al Tratado de la naturaleza humana de Hume. Pág. 36.


18 1 Si al entrar A exclama B: "¿No has visto a mi hermano en la escalera?", pensaremos que la respuesta de A podría ser: "lo he visto, ciertamente, pero ignoraba que era tu hermano"; la ignorancia de la fraternidad no impide la capacidad de ver. Pero quienes a causa de la falta de conexión de los primeros actos con los que nos ponemos en contacto, los niegan como "conoci­dos" por nosotros, para ser consecuentes deberían mantener que si A no percibió el parentesco del hombre de la escalera con B debería haber sido imposible que lo hubiera visto.


19 1 Parece extraño llamar accidental a tan importante función, pero no veo cómo podremos solventar la cuestión. Lo mismo que si al partir de la realidad y preguntarnos cómo puede cono­cerse sólo podríamos contestar invocando una sensación que la reconstruirá en su modo particular más peculiar, así al partir de la sensación y preguntar cómo puede llegar a conocer, sólo podre­mos responder invocando una realidad que la reconstruirá en su modo más público. No obstante, en cualquier caso el dato de que partimos seguirá siendo el mismo. Es fácil perderse en mis­terios verbales sobre la diferencia entre cualidad de la sensación y sensación de la cualidad, entre recibir y reconstruir el conocimiento de una realidad. Pero al fin debemos confesar que la noción de un conocimiento real implica un dualismo inmediato del cognoscente y lo conocido. Véase la Metaphysics, de Bowne, Nueva York, 1882, págs., 403-412, y varios pasajes de la Logic, de Lotze, § 308. (No es bueno haber usado la palabra "inme­diato". 1909).



20 1 Es cierto que el intransigente objetante podría volver a la carga y admitiendo que un sueño reflejará completamente el uni­verso real y que todas las acciones soñadas se correspondieran instantáneamente por acciones duplicadas en este universo, insis­tir aún en que esto no es sino armonía, y que está lejos de ser claro si el mundo de los sueños se refiere a aquel otro mundo, cuyos detalles copia tan fielmente. Esta cuestión conduce de lleno a la metafísica. No impugno su importancia, y la justicia me obliga a decir que a no ser por las enseñanzas de mi colega el doctor Josiah Royce, no hubiera captado toda su fuerza ni escla­recido tanto mi propio punto de vista práctico y psicológico. En esta ocasión prefiero adherirme firmemente a aquel punto de vista, pero espero que vean antes la luz las críticas más importantes del doctor Royce sobre la función del conocer. (Me refiero en esta nota al libro de Royce Religious aspect of philosophy que se iba a publicar entonces. Mantenía este libro poderoso que la noción de "referencia" implicaba la de un espíritu comprensivo que poseyera la q real y la q mental, y que utilizaría la última expre­samente como un símbolo de la primera. En aquel tiempo yo no pude refutar esta opinión trascendentalista. Después, en gran parte por influencia del profesor D. S. Miller (véase su ensayo The meaning of truth and error en la "Philosophical Review", de 1893, vol., II, pág. 403) comprendí que cualquier actuación claramente experimentable serviría como intermediaria exactamente del mismo modo que lo harían las intenciones absolutas del espíritu.



21 1 Es decir, no existe un Ivanohe real ni incluso en la mente de sir Walter Scott cuando escribía la novela. Este Ivanhoe es úni­camente el primero de los Ivanhoe-solipsismos. Es cierto que pode­mos hacer un Ivanhoe real si queremos y decir entonces que los otros Ivanhoes lo conocen o no, según que se refieran a él y se parezcan o nc a la novela. Esto se realiza presentando a sir Walter Scott como autor del Ivanhoe real, y haciendo así un com­plejo objeto de ambos. Este objeto, no obstante, no es una narración pura y simple. Tiene relaciones dinámicas con el mun­do común a la experiencia de todos los lectores. El Ivanhoe de sir Walter Scott se imprimió en volúmenes que todos podemos manejar y a los que nos referimos cuando queremos saber cuál de nuestras versiones es la verdadera, es decir, la original de Scott. Podemos ver el manuscrito, y en resumen podemos retro­ceder a la mente de Scott por muchas vías y canales de este mundo real de nuestra experiencia, cosa que en modo alguno podemos hacer con Ivanhoc o Rebeca, el Templario o Isaac de York de la novela tomados como tales y separados de las condi­ciones en que fueron producidos. Dondequiera, pues, tenemos la misma prueba: ¿podemos pasar continuamente de dos objetos en dos mentes a un tercer objeto que parece estar en ambas mentes, a causa de que cada una de ellas siente toda modificación impresa en ella por la otra? Si es as!, los dos primeros objetos expresados son derivados, al menos, del tercer objeto mismo, y puede afirmarse que, si se parecen el uno al otro, se refieren a una y la misma realidad.



22 1 Entre tales errores están aquellos casos en los que nuestra sensación opera sobre una realidad que se le parece parcialmente y sin embargo, no lo pretende: por ejemplo, cuando tomo su paraguas en lugar de coger el mío. No puede decirse que conozca su paraguas o el mío, al cual identificará después mi sensación por completo. Los estoy confundiendo a ambos, estoy equivocando sus detalles, etc.

Acabamos de hablar como si el crítico fuera necesariamente una mente, y la sensación criticada otra. Pero la sensación criticada y su critico pueden ser, más pronto o más tarde, sensaciones de la misma mente, y puede parecer aquí que podemos dispensarnos de la noción de operar para demostrar que el crítico y lo critica­do se están refiriendo a representar y significar lo mismo. Creemos que vemos directamente nuestras sensaciones pasadas y sin llamar­las sabemos a qué se refieren. Al menos, podemos siempre fijar la intención de nuestra sensación presente y hacer que se refiera a la misma realidad a que cada una de nuestras sensaciones pasadas puede haberse referido. Así, pues, no necesitamos "operar" aquí para estar seguros de que la sensación y su crítico significan la misma q real. ¡ Pero tanto mejor si así fuera! Hemos resuelto el caso más complejo y difícil en nuestro texto y podemos continuar con el más fácil. Lo principal ahora es detenerse en la Psicología práctica, ignorando las dificultades metafísicas.


Una observación más. Se advertirá que nuestra fórmula no con­tiene nada que corresponda al gran principio del conocer estable­cido por el profesor Ferrier en sus Institutes of Metaphysic y adoptado aparentemente por todos los seguidores de Fichte; prin­cipio, según el cual, para que se constituya el conocimiento debe existir conocimiento de la mente cognoscente junto con lo que sea conocido: no q, como hemos supuesto, sino q más yo mismo debe ser lo menos que pueda conocer. Es cierto que el sentido común de la humanidad nunca sueña con usar tal prin­cipio cuando intenta discriminar entre estados conscientes que son conocimiento y estados conscientes que no lo son. Así, pues el principio de Ferrier, si tiene alguna importancia, debe serlo respecto a la posibilidad metafísica de la conciencia en general, y no respecto a la constitución prácticamente reconocida de la conciencia cognoscitiva. Podemos pasarlo de largo sin ocuparnos más de ello.



23 1 Es un incompleto "pensamiento sobre" aquella realidad, ya que la realidad es su asunto, etc.


24 1 Aunque ambos puedan terminar en la misma cosa y ser pen­samientos incompletos "sobre" ella.


25 2 La diferencia entre idealismo y realismo es aquí indiferente. Lo expuesto en el texto está de acuerdo con cualquiera de las dos teorías. Una ley por la que un precepto mental mío haya de cambiar el tuyo directamente no es más misteriosa que una ley por la que se haya de producir, en primer lugar, un cambio en la realidad física, y luego la realidad cambie la tuya. En cualquier caso, tú y yo parecemos entretejidos en un mundo continuo y no constituímos un par de solipsismos.


26 1 "No hay distinción de significado tan delicada que no consis­ta en algo que no sea una posible diferencia de práctica. . . Pare­ce, pues, que la regla para obtener el más alto grado de claridad de aprehensión es como sigue: considerar qué efectos, que con­cebiblemente puedan ocasionar resultados prácticos, tiene el objeto que concebimos. Así, pues, nuestra concepción de estos efectos es toda nuestra concepción del objeto". Charles S. Peirce: "How to make our Ideas clear", en Popular Science Monthly. Nueva York, enero 1878, pág. 293.


27 1 Extracto de una comunicación presidencial a la "American Psychological Association", publicada en la Psychological Review, vol. II, pág. 105 (1895).


28 1 Suele decirse que una piedra de un campo puede adecuarse al agujero de otro campo. Pero la relación de adecuación, mien­tras no exista alguien que la lleve y la arroje en él, es sólo el nombre para el hecho de que tal acto puede ocurrir. Igualmente con el conocer los tigres en este momento. Es sólo un nombre previo para un proceso posterior asociativo y final que puede ocurrir.


29 1 Véanse los artículos del doctor Miller sobre "Verdad y Error" y sobre "Contenido y Función", publicados en la Philosophical Review, julio, 1893, y noviembre, 1895, respectivamente.


30 1 Lo que se quiere decir con esto es que "la experiencia" pue­de referirse a dos de los grandes sistemas asociativos, al de la his­toria mental del experimentador, o al de los hechos experimen­tados del mundo. La experiencia forma parte de ambos sistemas y puede considerarse indudablemente como uno de sus puntos de intersección. Cabe trazar una línea vertical para representar su historia mental; pero el mismo objeto, O, aparece también en la

historia mental de personas distintas representadas por otras líneas verticales. Cesa así de ser la propiedad privada de una experien­cia y se convierte, por decirlo así, en una cosa compartida o co­mún. Podemos trazar de este modo su historia externa y repre­sentarla por una línea horizontal. (También es conocida represen­tativamente en otros puntos de las líneas verticales, o intuitiva­mente además, de modo que la línea de su desarrollo externo tendría que ser curva y desviada, aunque yo la trazo recta por simplificar.) En cualquier caso, sin embargo, es la misma sustan­cia la que figura en todas las series de líneas.


31 2 Observará el lector que el texto está escrito desde el punto de vista del realismo ingenuo o del sentido común, y elude la controversia idealista.


32 1 Reimpreso, con ligeras modificaciones verbales, de Mind, vol. XIII, N. S., pág. 457 (octubre de 1904). Se han hecho un par de interpolaciones de otro artículo de Mind: "Humanismo y verdad, una vez más", del volumen XIV.


33 1 Práctico en el sentido de particular, no en el sentido de que sus consecuencias no puedan ser tanto mentales como físicas.


34 1 No conozco a ningún "mero" pragmatista, si esta cualidad significa aquí, como parece, la negación de toda concretidad en el pensamiento del pragmatista .


35 1 Me siento obligado a citar aquí como ejemplo del contraste entre los temples del humanista y del racionalista, en una esfera remota de la filosofía, las siguientes observaciones del affaire Dreyfus, escritas por alguien que nunca oyó hablar de humanismo o pragmatismo: "Autant que la Révolution, «l'Affaire» est désormais une de nos «origines». Si elle n'a pas fait ouvrir le goufre, c'est elle du moins qui a rendu patent et visible le long travail souterrain qui, silencieusement, avait preparé la séparation entre nos deux camps d'aujourd'hui, pour écarter enfin, d'un coup soudain, la France des tradicionalistes (poseurs de principes, chercheurs d'unité, constructeurs de systèmes à priori) et la France éprise du fait positif et de libre examen; la France révolutionnaire et romantique si l'on veut, celle qui met tres haut l'individu, qui ne veut pas qu'un juste périsse, futce pour sauver la nation, et qui cherche la verité dans toutes ses parties aussi bien que dans une vue d'ensemble. . . Duclaux ne pouvait pas concevoir qu'on préferát quelque chose â la verité. Mais il voyait autour de lui de fort honnêtes gens qui, mettant en balance la vie d'un homme et la raison d'État, lui avouaient de quel poids leger ils jugeaient une simple existence individuelle, pour innocente qu'elle fût. C'etaient des classiques, des gens à qui l'ensemble seul importe". La vie de Emile Duclaux, por Mme. Em. D. Laval, 1906, pági­nas 243, 247-248.


36 1 Vol. ii, pág. 641.


37 1 Cosas mentales que, naturalmente, son realidades dentro del mundo mental.


38 1 Alusión a una anécdota contada por Locke en su Essay Concerning Human Understanding. Véase la nota relativa a esta anéc­dota en la pág. 211 de Pragmatismo, en esta colección. (N. del T).


39 1 En un artículo criticando al Pragmatismo (como lo concibe él) en el Mc Gill University Quarterly, publicado en Montreal, mayo de 1904.


40 1 Esto significa meramente excluir la realidad de clase "desco­nocida", de la que no se puede dar una explicación en términos perceptuales o conceptuales. Incluye, naturalmente, toda realidad empírica independiente del cognoscente. Así, pues, el Pragmatismo es realista, epistemológicamente hablando, en su explicación.

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