Williamsjame s elsignificado



Descargar 419,36 Kb.
Página1/7
Fecha de conversión09.01.2017
Tamaño419,36 Kb.
  1   2   3   4   5   6   7

W I L L I A M S J A M E S


E L S I G N I F I C A D O

D E L A V E R D A D

Traducción del inglés

y prólogo de LUIS RODRÍGUEZ ARANDA




AGUILAR

Libera los Libros



El título original de esta obra de WILLIAM JAMES (1842-1910) es THE MEANING OF TRUTH y se publicó por primera vez en 1909


El presente volumen contiene solamente cuatro ensayos o capítulos de la obra original, íntimamente relacionados con el libro
Copyright © 1957, by M. Aguilar, Editor, Buenos Aires.

Indice




PROLOGO 3

EL SIGNIFICADO DE LA VERDAD 16

PREFACIO 16

LA FUNCIÓN DEL CONOCER 24

LOS TIGRES EN LA INDIA 44

HUMANISMO Y VERDAD 48

PROLOGO


El espíritu del pragmatismo norteamericano


¿Hay ya ante nosotros, en la actualidad, la suficiente perspectiva para lanzar una ojeada de conjunto sobre la filosofía pragmatista norteamericana e intentar compren­derla en su significado histórico? Creemos que sí. Aunque uno de sus epígonos Deweyha muerto recientemente, no obstante la densidad polémica que obscurecía las cues­tiones ha cedido en tan gran medida que ahora los pro­blemas se nos ofrecen en una dimensión histórica propicia al análisis.
El motivo de ocuparnos en este estudio del pragmatismo en la filosofía de Estados Unidos, radica en que dicha doc­trina significa su aportación más original a la historia de la filosofía occidental. Al mismo tiempo es la que mejor expresa el carácter norteamericano. La época en que apun­taron los primeros brotes del pragmatismo hacia 1881, con Peirceseñala, quizá, el momento más vigoroso de Estados Unidos, ya que organizada la vida y corregidos en gran parte los tremendos abusos individuales, todas las fuer­zas parecen concentrarse, en un gigantesco esfuerzo, para ocupar en el mundo un lugar central y dirigente. Con este background surge el pragmatismo.
No debe creerse, sin embargo, que el pragmatismo surgió espontáneamente en Norteamérica. No existe una filosofía autóctona en Estados Unidos. El pragmatismo se debe a la lenta y contradictoria difusión de la filosofía europea en aquel medio. Para comprender mínimamente lo ocurrido en el pensamiento norteamericano hay que tener en cuenta el espíritu y los problemas de la Ilustración europea. Norte­américa está formada por la Ilustración. Heredó de ésta el amor por el empirismo, la tolerancia religiosa y política y, sobre todo, la igualdad de derechos entre la sociedad burguesa, todo lo cual fue realidad en Norteamérica antes que en la propia Europa, predicadora de ellos.
Esta dependencia respecto de la Ilustración europea se manifiesta, sobre todo, más que en el planteamiento de los problemas mismos en la realización práctica de las solu­ciones. La fidelidad a Europa se acusó en que llevaron a cabo prácticamente la mayor parte de las teorías de filó­sofos ingleses, franceses y alemanes. Este interés por la realización, que se manifestó prontamente en la vida pú­blica, comenzó a caracterizar al país. Empezó a justificarse y ensalzarse la acción y a ver en todo lo que contribuía al desenvolvimiento de la vida un bien estimulante, incluso ético. En su autobiografía, Benjamín Franklin apuntaba la idea de que las acciones malas "están prohibidas porque nos hacen mal", o bien que las buenas están mandadas para que se obedezcan "porque nos benefician, en todas las cir­cunstancias". Pero la realización importante que, sin pro­ponérselo, originó la Ilustración europea en Norteamérica
fue algo más que la difusión de sus ideas: la creación de grandes tipos humanos con suficiente vigor para impo­nerlas en el ambiente en que vivían. Porque era aquélla una época en que se estructuraba una nación, las ideas importadas tenían doble valor que en Europa. Una vez aprendidas en los textos de los escritores contemporáneos, los hombres de Estados Unidos tendían a imponerlas como esquemas fácilmente adaptables a la realidad ambiente. Pero lo importante eran los hombres, la tremenda inicia­tiva con que combatían por ideas ya convertidas en lugares comunes, por principios que comenzaban a desvirtuarse. La facilidad con que tenían repercusión en la vida pública las ideas lanzadas al torbellino cotidiano hizo sentir pronto en todos los espíritus la importancia de la acción como elemento real.

La originalidad norteamericana


Mientras pululaban los sistemas filosóficos y hombres de distintas ideas y creencias se adherían con entusiasmo a doctrinas procedentes de Europa, se formaba lentamente un fondo del que había de emerger con enorme vigor la filosofía que nos ocupa. En tanto que privaron doctrinas éticas, el idealismo trascendental alemán o reminiscencias ya lejanas de la Ilustración, Norteamérica no hacía más que repetir a Europa. A partir del famoso artículo de Peirce How to do our ideas clear, el panorama cambió. Fue en este momento cuando comenzó a perfilarse la posibilidad de una doctrina original (aunque, como veremos más ade­lante, el pragmatismo nació como un método.)
Lo que hace ocupar al pragmatismo un puesto único en la historia de la filosofía son los grandes efectos que su aplicación práctica produjeron en la sociedad. En general, toda doctrina filosófica se mantiene en un plano teorético alejada de las preocupaciones y afanes de la vida cotidiana. La originalidad del pragmatismo reside ante todo en su tendencia a la acción y en su estrechísima relación con la experiencia humana. La configuración de la realidad fue el primer objetivo propuesto una vez que quedó más o menos delineada la doctrina pragmatista. "Este ideal fue aplicado por Dewey a la reforma educativa, por Jane Addams a la reforma de la sociedad urbana y a las relaciones internacio­nales, por Veblen y Ayres a la reforma de la organización industrial y de los intereses creados. La filosofía recibió una elaboración sistemática y más técnica como teoría del go­bierno por parte de Arthur F. Bentley y la trinidad de Chicago, Charles E. Merriam, H. D. Lasswell y T. V. Smith".1.
No hubo un programa común, o un manifiesto, en la estructuración de las doctrinas pragmatistas. Más bien esto es algo que se ha visto a posteriori. En sus comienzos, los iniciadores diferían ampliamente unos de otros. A. O. Lovejoy señala trece significaciones diferentes de la palabra pragmatismo en el movimiento mismo. Parece ser, siguien­do las indicaciones que acerca de ello dió Peirce, que el pragmatismo surgió de las discusiones de un grupo de ami­gos que se reunían a charlar en Boston y Cambridge hacia 1870. El mismo Peirce bautizó a este grupo con el nombre de "Metaphysical Club". Las diferencias ideológicas entre ellos fueron tan amplias que cuando Peirce creyó que se desvirtuaban sus principios llamó a su filosofía "pragmaticism" en lugar de "pragmatism". Posteriormente, Dewey incorporó el método pragmático dentro de lo que él llama "experimental naturalism". Incluso para James el pragma­tismo era un método que conducía a una filosofía más amplia.
Todo lo dicho parece acumular dificultades en lugar de aclarar conceptos acerca del tema que nos ocupa. ¿Qué hay, pues, de común en las doctrinas pragmatistas para que se pueda hablar de ellas y de sus hombres situándolos bajo un común denominador? ¿Y en qué medida representa el pensamiento norteamericano una amalgama semejante de variantes doctrinales de un movimiento que, sólo hasta cierto punto, se presenta unificado?
Como fundamento de todas las doctrinas se ofrece de común en el pragmatismo lo siguiente: el deseo de explicar en términos de experiencia el puesto que ocupan en el mun­do el pensar y el conocimiento.2 Como explicación, la respuesta de que el conocimiento es activo, y que nuestras ideas no son sólo una copia fiel de la realidad.

Presuposiciones del pragmatismo


Aparte de su base empírica, la teoría fundamental que el pragmatismo tiene siempre en perspectiva, y que a la vez subyace en todas sus doctrinas, es la de la evolución. La exposición de la famosa teoría por Darwin centró posterior­mente la atención de los pragmatistas en la idea de que en el mundo no se dan seres inmutables sino procesos. Según el pensamiento de los pragmatistas, si esto era así, ocasio­naba dos cosas: primero, que el inmutable mundo del ser que la metafísica tradicional estudiaba con tanto ahínco era algo ficticio; segundo, que el pensar no era algo dado al hombre definitivamente, sino que posiblemente consistía en un instrumento de adaptación al medio.
El pragmatismo no fue en sus comienzos una doctrina con una base dogmática, ni siquiera una filosofía compar­tida en sus creencias o demostraciones por todos sus adherentes. En Peirce comenzó como un método, concretamente como una máxima lógica para conducir nuestro pensamien­to, con preferencia en cuestiones metafísicas. Partían de una creencia, más o menos explícita en cada uno de ellos: el tremendo incremento logrado por la ciencia experimental no tenía un paralelo semejante en filosofía. ¿No habría modo de que el pensamiento teórico alcanzara parecidas metas?
De aquí arrancó todo y aquí comenzaron a adquirir per­files propios las ideas de cada uno de los pragmatistas.
Éste es el momento de deshacer un equívoco extraordi­nariamente vulgarizado en Europa. La creencia de que la filosofía pragmatista centra su atención en la acción lo que es ciertoy de que la vida norteamericana es espe­cialmente material, ambas creencias han llevado a admitir, como un dogma indiscutible, que dicha filosofía se originó como resultado de un culto hacia todo lo que es práctico y utilitario por hombres igualmente prácticos. Pero esta creencia no es cierta. El hecho de que se haya concedido primacía a la acción en el conocimiento y en la vida se debe a un pensamiento teorético. Peirce, fundador del pragmatismo, fue un teórico eminentemente y por su vida se asemeja más a un europeo que a la idea que tenemos del norteamericano medio. Mead y Dewey están muy influidos por Hegel y el mismo James no dejó de estudiarlo nunca. La formulación del pragmatismo partió de espíritus teóricos y la afirmación del valor instrumental de los con­ceptos quizá la más abreviada síntesis que se puede hacer del pragmatismoes ajena, por completo, al culto por la acción y la práctica.
Hemos dicho ya que el pragmatismo se concibió por sus fundadores como un método3. Lo que intentamos en este estudio es poner de relieve los problemas y soluciones comu­nes o semejantes que hacen posible hablar de una "filosofía pragmatista".

El valor de las ideas


La cuestión central que se plantean nuestros filósofas es sencillamente ésta: ¿qué es una idea? Naturalmente esta pregunta se la habían hecho con anterioridad otras filosofías, pero la diferencia no está en la pregunta sino en la respuesta. Las dos grandes tenden­cias del pensamiento occidental habían expuesto así su opi­nión: una idea, decía el realismo, es el concepto que se forma en nuestra mente como consecuencia de mostrár­senos la realidad. Con esta opinión el realismo acentuaba el absolutismo de la realidad y al mismo tiempo el carácter reflejo de la idea. Ésta era, por decirlo así, algo inmuta­ble en cuanto que respondía a una realidad material. El idealismo insistía, con preferencia, en el carácter represen­tativo y creador de la idea. El pragmatismo rechaza ambas concepciones, arguyendo que se basan en pruebas que no responden a la realidad. La idea no es una presentación, ni una representación; la idea no es, sino que se hace y "funciona en la vida como un plan de acción". Qué sea la idea carece de importancia, si es que esta frase tiene algún sentido. La idea que se tiene de algo no es, en modo alguno, una copia de ese algo. "Our idea of anything is our idea of its sensible effects", escribe Peirce. ("Nuestra idea de una cosa es nuestra idea de sus efectos sensibles")4 . Para que adquiramos el conocimiento pleno de un objeto, necesitamos saber qué consecuencias de índole práctica se seguirán de la idea que tenemos de ese objeto.
James se adhiere a la doctrina de Peirce y hace suya su afirmación exponiéndola como el principio general del pragmatismo. "Para lograr una perfecta claridad en nues­tros pensamientos de un objeto, por consiguiente, necesi­tamos sólo considerar qué efectos concebibles de orden prác­tico puede implicar el objeto; qué sensaciones podemos espe­rar de él y qué reacciones habremos de preparar"5.
Dewey continúa dentro de la misma línea. Considera posible la existencia de un idealismo genuino y compatible con la ciencia tan pronto como la filosofía admita que las ideas no son enunciados de lo que es o de lo que ha sido sino de actos a realizar. En su libro La reconstrucción de la filosofía se expresa así: "La mente tenía totalmente un papel pasivo y conformista en el conocimiento... ...Los progresos realizados en la biología han vuelto el cuadro del revés. En todo lo que se manifiesta la vida hay actividad, hay un obrar... ...El conocimiento no es un algo aislado y cerrado dentro de sí mismo, sino que es algo que forma parte del proceso mediante el cual se sostiene y se desenvuelve la vida. Los sentidos pierden el lugar que ocupaban como puertas de entrada del conocimiento y to­man el lugar que les corresponde como estímulos para la acción"6. Dewey ataca, como lo hizo también James, el concepto del conocimiento como copia de la realidad. La misión del pensamiento no consiste en reproducir los carac­teres que ya paseen los objetos nos dice en su libro The Quest for Certainty— sino en juzgarlos como potenciali­dades de lo que ha de resultar mediante la operación que se indica. Este principio sigue diciendose aplica a todos los casos, tanto al más sencillo como al más completo. Juzgar que este objeto determinado es dulce, por ejemplo, significa predecir que cuando sea gustado resultará la con­secuencia de que, en efecto, es dulce.
La insistencia en el valor instrumental de las ideas se explica teniendo en cuenta la orientación científica de los pensadores pragmatistas. Peirce, además de filósofo, fue un físico que trabajó de modo oficial para el gobierno de su país en la U. S. Coast Survey. James llegó a la filosofía procedente de la medicina y su reputación mayor la consi­guió como psicólogo. Las fuerzas que con mayor vigor influyeron en el pensamiento filosófico de Dewey proceden "from persons and from situations". No obstante, fue De­wey, precisamente por estar más dedicado a la filosofía, el que con mayor fuerza aplicó los métodos de la ciencia, a la investigación filosófica.

La misión de la filosofía


Probablemente donde existen más diferencias entre los filósofos que agrupamos bajo el nombre de pragmatistas es en su concepción de la filosofía. Peirce cree firmemente en la posibilidad de considerar y resolver problemas metafísicos. El pragmatismo consituye tan sólo un método para ello, el pragmatismo no es, desde luego, una filosofía. "To describe the methods of scientific investigation is the object of this series of paper"7. Los problemas suscitados hasta ahora en la metafísica se han originado debido a confu­siones que pueden atribuirse a una diferencia de método lógico. Por consiguiente, si se emplea un método adecuado, los problemas se aclararán. Para demostrar que muchos de ellos son falsos problemas se vale del criterio del "sig­nificado" (meaning). ¿Qué significa un término filosófico que en un problema presenta dos soluciones posibles? Sig­nifica sencillamente las consecuencias prácticas que puede tener. Si, por consiguiente, los dos bandos que sostienen posiciones diversas en la cuestión se atienen a las consecuen­cias prácticas, el problema se esfuma, ya que entonces se comprende que ambos decían lo mismo. Diferían en las palabras, se equivocaban en el método. Si se aplicara el método pragmatista los problemas metafísicas se aclararían. El ideal de Peirce era convertir la filosofía en una especie de ciencia exacta. Este ideal es posible, creía, si se aplican sus conceptos de belief y meaning.
Para fijar el concepto de lo que Dewey considera que es la filosofía, expone primero lo que hasta entonces se había creído que era y su función en el mundo. Surgió la filoso­fía en el pasado como un intento de justificar, desde un punto de vista racional, el espíritu de las creencias y cos­tumbres tradicionales. Y como sus problemas carecían de una racionalidad intrínseca concedieron gran importan­cia a la razón y a la demostración. De haber tenido la filosofía racionalidad ¿por qué no mostrar simplemente la realidad de la cuestión? En virtud de ese modo de obrar la filosofía se convirtió en una "exhibición de terminología complicada, de lógica sutilizadora, de falsa devoción a las formas simplemente externas de la demostración completa y minuciosa" 8. Además, la filosofía, hasta ahora, ha hecho una distinción entre dos reinos del existir. El religioso y sobrenatural se convirtió al ser tratado metafísicamente en el mundo de la realidad más elevada. La filosofía se creyó en el deber de demostrar la existencia de una realidad trascendente. Ahora bien, en la actualidad las creencias, las costumbres, la vida son distintas. La filosofía, por lo tanto, tiene que ser distinta. Hoy la misión de la filosofía consiste en aplicar los métodos científicos a todos los cam­pos de la investigación. Tal es el medio adecuado para resolver los problemas planteados por la democracia indus­trial en que vivimos. En posesión de una gran técnica y con grandes resultados logrados por la ciencia, no podemos admitir los conceptos metafísicas del pasado que se basaban en realidades y presupuestos diferentes.
Las antiguas ideas sobre la filosofía se basaban en la creencia de que el conocimiento era algo pasivo, cuya misión consistía en copiar la realidad. Pero actualmente, en pose­sión de una gran técnica y después de los avances logrados en las ciencias, hay que destruir los obstáculos que se opo­nen al reconocimiento de esta verdad: que el conocimiento no es algo ajeno a la actividad social, sino que es uní forma de ella "como- la agricultura y los transportes". De este modo, cree Dewey, desaparece el dualismo, hasta en­tonces existente, entre mundo real e ideal. Las cosas tam­poco tienen un "ser", no "son" realmente. Son lo que ellas pueden hacer y lo que con ellas puede hacerse; es decir, cosas que pueden descubrirse mediante ensayos deli­berados.
Por un camino distinto, James llega a conclusiones pare­cidas sobre el objetivo y misión de la filosofía en el futuro. Para James, fisiólogo y psicólogo, el carácter de la filosofía que se profesa depende del temperamento que se posee. Todas las concepciones existentes son reflejos de tempera­mentos distintos. Tal diferencia particular nos dice en la Conferencia primera de Pragmatismo— es la que priva en literatura, arte, gobierno y costumbres, e igualmente en filosofía. Así como en las costumbres hallamos ceremo­niosos y despreocupados, en política dictatoriales y anarquis­tas y en arte clásicos y románticos, se nos ofrece un contraste semejante en filosofía en el par de términos "racionalista" y "empirista". En su pintoresca terminología James llama al racionalista "the tenderminded", espíritu delicado, y al empirista "the rough-minded", espíritu rudo. Entre otras cualidades, el primero es religioso e idealista, pero carece de sentido para los hechos; el segundo se atiene a los he­chos, pero es irreligioso y escéptico. ¿Qué hacer ante este dilema? ¿Es posible sobreponerse al temperamento, ya que éste es en cada uno de nosotros algo poco definido, "una mezcla de ingredientes opuestos, cada uno de los cuales aparece muy moderadamente", y aceptar otro camino? Este tercer camino es la filosofía que con el nombre de pragma­tismo ofrece James. Lo que el pragmatismo significa para él es solamente esto: empirismo y huida de abstracciones, soluciones verbales, razones a priori, principios inmutables y absolutos. No significa ningún resultado especial, sino que es exclusivamente un método.
Ahora estamos en condiciones de comprender que esta última afirmación no deja de ser discutible. Existen fuer­tes razones para creer, a la vista de los hechos, que, a pesar de las diferencias entre unos y otros pragmatistas, es posible estructurar sus doctrinas bajo el nombre general de "filosofía pragmatista".

El problema de la verdad


Tradicionalmente, el problema de la verdad se ha venido solucionando con la respuesta de que verdad es la adecua­ción de la cosa con el entendimiento: Una proposición es verdadera cuando lo que expresa concuerda con la cosa sobre la que juzga.
Este concepto sobre la verdad tenía que ser puesto en duda entre los pragmatistas, sencillamente a causa de su concepción de lo que es una creencia (Peirce), del carácter activo del conocer (James) y del valor instrumental de los conceptos (Dewey). En cualesquiera de los tres casos que en realidad son tres modos diferentes de enunciar un pen­samiento comúnse planteaba una nueva alternativa al problema de la verdad. ¿Qué significa adecuación o con­cordancia entre una cosa y el entendimiento? Hay adecua­ción cuando una idea en el entendimiento reproduce a una cosa sensible. Podemos reproducir la esfera del reloj visto en la pared, en el sentido de que si cerramos los ojos ten­dremos una imagen de dicha esfera. Pero ¿qué ocurre cuando la idea no puede ser una reproducción? Si queremos saber "cómo anda" el reloj entonces es difícil lograr una re­producción semejante, ya que de ningún modo el entendi­miento se enfrenta con la realidad. Reducido a sus términos más tajantes esto significa: ¿qué ocurre cuando no existe me­dio alguno de comprobar la adecuación representaciónentre una cosa y el entendimiento? Si decimos que en la época antediluviana ocurrió cierto hecho, ¿podrá conocerse la verdad de este hecho? ¿Cómo verificar dicha verdad? Existen aquí dos problemas: uno el de la refe­rencia de toda verdad al sujeto, y otro el de la necesidad de comprobar la proposición enunciada.
La verdad del hecho a que nos referimos no es una pro­piedad exclusiva de él, sino que la verdad es algo conocido, pensado o dicho sobre la realidad: tal es la opinión prag­matista. No obstante, si el hecho ocurrió en la época ante­diluviana, con independencia de que alguien lo observara, no puede dejar de ser cierto. La respuesta pragmatista a esta objeción dice que la verdad del hecho se halla prede­terminada por su naturaleza. Es un conocimiento en forma de mera posibilidad, pero sólo adquiere la categoría de verdad en el momento en que se conoce. No existe la ver­dad cuando no hay conocedor, ideas ni actuación. Existe la verdad posible o virtualmente porque la existencia del hecho puede originar un cognoscente.
¿Cómo saber que un juicio es verdadero? Un juicio es verdadero, no por el hecho de afirmarlo sino por el hecho de su comprobación. Pues si, en efecto, concedemos que un juicio es verdadero antes de comprobarlo la situación para el pragmatista será embarazosa. Por eso se pregunta él mismo: "what concrete difference will its being true make in any one's actual life?" Tal es lo importante, y como antes de comprobar la verdad del juicio ésta no nos afecta para nada, ni tiene consecuencias para nosotros, de aquí que el pragmatista conteste: "ideas verdaderas son las que podemos asimilar, validar, corroborar y verificar. Falsas las que no podemos" 9. Esto es debido a que la verdad de una idea, de un juicio, etc., no es una propiedad estática de aquélla o de éstas. La verdad no "es" sino que le "sucede" a una idea. La verdad del hecho mencionado anteriormente se hace cierta por su verificación. Naturalmente, no es nece­sario ni es posible recurrir a una comprobación experimental. Verificación significa, dice James, las consecuencias prácticas de una idea y éstas son, a su vez, las que tenemos en la mente siempre que decimos que nuestras ideas concuerdan con la realidad. Estas consecuencias nos conducen a otras partes de la experiencia con las que sentimos que están de acuerdo las ideas originales.
Tanto James como Dewey están de acuerdo en sostener que la prueba de la validez de la verdad radica en que realicen bien una función. Si lo hacen con éxito, las ideas son válidas, verdaderas. Si en su actuación aumentan la confusión, la incertidumbre, entonces son falsas.
Esta opinión es, naturalmente, discutible, como toda cues­tión filosófica. Pero, ante la torpe interpretación que se dio de la teoría y desgraciadamente sigue dándose—, James y Dewey protestaron con calor. El éxito o la utili­dad a que se refieren los pragmatistas cuando hablan de la verdad no se refieren a utilidad o satisfacción personal, como ocurriría si se planteara este caso: "es verdad que este cuadro es un Rembrandt auténtico, y no falso, porque me conviene venderlo a buen precio". La refutación de una afirmación semejante, cuyo único criterio de verdad reside en la conveniencia particular, es demasiado fácil para que se haga con seriedad. Ningún pragmatista, en efecto, ha sostenido tal concepto de la verdad. Dejemos expresarse a Dewey: "Un concepto de la verdad que hace de ella un simple instrumento de ambición y exaltación privada es tan repulsivo que causa asombro que haya habido críticos que han atribuido ese concepto a unos hombres en su sano juicio. En realidad, verdad como utilidad significa servi­cio para contribuir a la reorganización de la experiencia que la idea o la teoría proclama que es capaz de realizar. No se mide la utilidad de una carretera por el grado en que se presta a los designios de un salteador de caminos. Se mide por cómo funciona en la realidad como tal carre­tera, como medio fácil y eficaz de transporte y de comuni­cación pública. Lo mismo ocurre con la aprovechabilidad de una idea o de una hipótesis como medida de su verdad" 10.

Consideración final


Una lectura atenta de los epígrafes anteriores muestra que es posible hablar de una filosofía pragmatista norte­americana. Los pragmatistas han acentuado mucho el ca­rácter metódico de esta filosofía, pero nosotros podemos decir hoy que las investigaciones de todos ellos, encamina­das en una misma dirección, han originado una doctrina peculiar con soluciones comunes a los problemas. Las diferencias entre ellos son meramente personales, así como pueden diferir, por ejemplo, filósofos de una misma ten­dencia idealista o materialista. Que el pragmatismo sea sólo un método no obsta a que sea también una filosofía.
El mayor mérito del pragmatismo, quizá, estriba en el vigor con que ha afirmado el íntimo enlace entre el hombre y el mundo. Naturalmente, sus propósitos no han sido tan sólo una afirmación. La labor educativa de Dewey, basada totalmente en sus principios pragmatistas, es algo sin prece­dentes en la historia de la educación americana. "Huida de abstracciones" ha significado en ellos amor y preocupa­ción por el hombre y sus problemas. En ocasiones su buen deseo los ha hecho exagerados. Lo que debido a su estruc­tura y función requería una consideración especial, los pragmatistas lo han juzgado a su modo: así, Dewey dice que el conocimiento es una forma de actividad social "como la agricultura y los transportes".
La actitud antimetafísica de los pragmatistas no es co­mún a todos, aunque de los que nos hemos ocupado únicamente podemos exceptuar a Peirce. Este rasgo, por muy acentuado que sea, no es privativo del pragmatismo. Las raíces de esta incomprensión hay que buscarlas en el empi­rismo anglosajón, del que proceden ideológicamente.
Luis rodríguez aranda
  1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal