Vocabulario de religiosidad popular



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BIBLIOGRAFÌA


--- Constitución sobre la Sagrada Escritura (1962) Verbum Dei nos. 64-68

--- Decreto Ad gentes (1965) no.14

--- Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano, Medellín (1968), 8,9; 6,8

--- Directorio General de Pastoral Catequética, (DGC) -1971-, nos. 20.19.6.130

--- Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (OICA), (6 de enero de 1972)

--- Evangelii Nuntiandi nos. 52.44

--- Mensaje del Sínodo de Obispos de 1977, nos. 30 y 8.

--- Tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano, Puebla (DP), (1979) nos. 358.193.1183. 998. 1206.1134.1140.1157.

---Exhortación Catechesi tradendae (1971), nos. 34.44.



--- Código de Derecho Canónico, cánones 788.789

--- La catequesis de adultos en la comunidad cristiana, del Consejo Internacional para las Catequesis, (1990).

---Floristán, Casiano: Para comprender el catecumenado, Ed. Verbo Divino, Navarra, 1989.

--- Bravo Benjamín, Cómo revitalizar la parroquia, México, 1985.

--- Id., Manual de agente de pastoral, Folleto, 1986.

---Diccionario del Vaticano II, Madrid, BAC. 1969, pp. 77-81.


BENJAMÍN BRAVO
CATEQUESIS Y RELIGIOSIDAD POPULAR
La *religiosidad popular es una realidad y una experiencia que abarca grandes sectores de la Iglesia y de la sociedad mexicana. No distingue grupos ni ideologías, ni posiciones económicas. El pueblo mexicano tiene un gran sentido de las cosas sagradas. Sabe dar en su vida diaria un lugar especial a todo lo que se relaciona con lo sagrado. Esto se comprueba al ver su afición por las *imágenes, las devociones, los *santuarios, las bendiciones, las peregrinaciones y otras muchas manifestaciones religiosas.

Es un hecho que la religiosidad del pueblo tiene grandes valores muy unidos al Evangelio, por medio de los cuales “se evangeliza a sí mismo”, pero también hay que reconocer que en ella encontramos elementos que oscurecen la fe y le quitan su auténtica fuerza de *liberación cristiana.

Para comenzar hay que decir que la catequesis, como ministerio de la Iglesia, ve la Religiosidad Popular como una gran pregunta que no ha sido respondida suficientemente, como un problema pastoral que no ha sido plenamente atendido y como un desafío que requiere mucha creatividad.

Cinco son las actitudes más frecuentes que se han dado frente a la religiosidad popular.

a) Insensibilidad pastoral. Se la ve como un hecho que forma parte de una tradición religiosa-folklórica, pero que no cuestiona ni hay que cuestionar.

b) Se la observa como una actitud de subestima y considera como un conjunto de expresiones propias del pueblo pobre e ignorante, ajenas a los sectores donde se practica un “cristianismo renovado”, presente en los grupos selectos de la Iglesia.

c) En contrapartida de lo anterior, la religiosidad popular es tomada en cuenta en la pastoral, es promovida y fomentada, pero con grandes ambigüedades (por ej. la económica) y sin ningún discernimiento crítico.

d) Se da también una postura de investigación científica por parte de la sociología religiosa, de la fenomenología de la religión y de la teología, sobre la religiosidad popular. Ello conduce a descubrir su complejidad y a valorar de distinta manera.

e) Finalmente, se aborda la religiosidad popular en una actitud de servicio pastoral, reconociendo en ella su fuerza evangelizadora, destacando sus valores y sus antivalores, aprovechando sus múltiples expresiones y reoriéntandola hacia una experiencia más profunda del Dios de Jesucristo.

La catequesis, como misterio ligado a la palabra de Dios y a la experiencia de fe de la comunidad cristiana, se comprende como una permanente actualización de la revelación divina en la cuál se nos entrega el designio de Dios. Mediante una “educación ordenada y progresiva de la fe”, busca “formar hombres comprometidos personalmente con Cristo, capaces de comunión y participación en el seno de la Iglesia y entregados al servicio salvífico del mundo”.

Esto significa que la catequesis hace su camino con la comunidad de los discípulos de Jesús, en un proceso pedagógico de crecimiento continuo de la experiencia cristiana para llevarla a plenitud y madurez. Significa igualmente que ha de confrontar siempre con la revelación de Dios las búsquedas, las relaciones, los comportamientos y las demás expresiones religiosas del pueblo, a fin de que ganen autenticidad cristiana. Significa finalmente que la catequesis ha de situarse dentro de la religiosidad popular como una humilde servidora que ejercita un diálogo pastoral crítico y a la vez respetuoso.

Cabría preguntarse sobre las exigencias que le plantea a la catequesis la religiosidad popular.

a) Ante todo, hay que reconocer y comprender la catequesis popular como un hecho cultural, social, histórico y pastoral. Ésta ha de partir de una *inserción y una investigación que le permitan iniciar procesos de fe, apegados al ritmo del pueblo que viva la religiosidad con un estilo propio.

b) la catequesis necesita tener una visión pastoral de la religiosidad popular, es decir, asumirla y abordarla como un espacio donde el pueblo busca a Dios y se encuentra con él a su manera. Dicha visión pastoral conducirá a discernir los signos religiosos que están en armonía o en desacuerdo con el plan de Dios.

c) La catequesis ha de acercarse a la religiosidad popular con una pedagogía que exprese los rasgos característicos de la pedagogía de Dios revelada en Jesús. Dichos rasgos podrán resumirse de la siguiente manera:

--- gran respeto a las formas populares de religiosidad;

--- escucha atenta para descubrir en ellas las acciones del Espíritu;

--- cuestionamiento evangélico a la luz de los valores que propone la palabra de Dios;

--- discernimiento para distinguir lo que es auténtico de lo que no lo es;

--- paciencia histórica para aceptar que en la religiosidad popular se va caminado siempre con pequeños avances.

Acompañamiento permanente, con la bondad, la sabiduría pastoral, la fortaleza y el amor, sin los cuales la catequesis no podría considerarse pedagogía de la fe dentro de la religiosidad popular.

d) La catequesis ha de servir a la religiosidad popular con criterios antropológicos, bíblicos, cristológicos, eclesiales y litúrgicos. De éstos se desprenderán las tareas específicas de la catequesis en la religiosidad popular con el fin de incorporarla al camino de la fe.



  • La catequesis ha de revelar en la religiosidad popular el proyecto que Dios tiene sobre el hombre y su comunidad. Toda expresión religiosa que ofenda la dignidad humana o no deje crecer al hombre como persona, como hermano, o como hijo, estará en desacuerdo con el querer de Dios.

  • La catequesis ha de proclamar permanentemente en la religiosidad popular la palabra de Dios, la única que tiene poder y autoridad para juzgar y discernir, cuestionar y valorar todo respecto a Dios y toda forma particular de relación con él.

  • La catequesis mostrará a la religiosidad popular que Jesucristo es el centro y la meta de toda experiencia de Dios. En él se vive el verdadero encuentro con el Padre y con los hermanos. En Jesús se descubre el autentico sentido de la piedad cristiana, que consiste en comprometerse con los valores del Reino y en adorar al Padre “en Espíritu y verdad”

  • La catequesis manifestará como en la religiosidad popular el pueblo cristiano vive la comunión y la fraternidad que constituyen el corazón de la vida comunitaria. La religiosidad popular contiene muchos signos comunitarios que la catequesis asumirá en la fe. Igualmente encierra grandes valores sociales que podrían ser germen para impulsar el compromiso social de los creyentes. La catequesis puede crear puentes entre la religiosidad popular y la liturgia cristiana. En la liturgia se consuma la acción liberadora del Señor a favor del pueblo. Muchas expresiones religiosas del pueblo pueden entrar en la liturgia y muchos elementos litúrgicos pueden enriquecer la religiosidad popular.

La religiosidad popular se compone de signos, *símbolos, actitudes, experiencias, gestos, acontecimientos, métodos y contenidos muy vitales, participativos y comunitarios. La catequesis podría tener allí una cantera inagotable para educar la fe del pueblo desde su manera propia de buscar a Dios y de encontrarse con él.
BIBLIOGRAFÍA

--- Equipo de catequesis México-Morelia, Sugerencias para evangelizar a partir de la fiesta patronal (1969).

--- CELAM, Iglesia y religiosidad popular en América Latina (documento) no. 29 (1977).

--- Primera semana latinoamericana de catequesis, Quito (Ecuador), Documento, (1982).

--- Departamento de catequesis del CELAM, Líneas comunes de orientación para catequesis en América Latina (1987).

--- Comisión Episcopal de Evangelización Catequesis, Guía pastoral para la catequesis de México, (1992).

--- Dorado González, Antonio, “Pueblo de Dios, religiosidad popular y catequesis”, en: Revista Medellín no. 52 (1987)

--- De Vos, Franz, “Catequesis y religiosidad popular”, en: Revista Catequesis Latinoamericana, no.3. México 1981. (V. Análisis de la religiosidad popular, Calendario Religioso popular, Inculturación).


FRANCISCO MERLOS
CATOLICISMO POPULAR
La universalidad del catolicismo lleva en sí mismo lo popular desde sus orígenes, pues desde un principio Dios eligió a su pueblo Israel y más tarde, en la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo único para continuar esta elección en una sola Iglesia que congregara a todas las gentes y naciones, comunidad fundada en medio del pueblo con la gente más sencilla de Israel, aquella que abrió su mente y su corazón a la revelación del Padre en Jesucristo. Las circunstancias históricas y culturales, a veces, han hecho que esta catolicidad dé una imagen o más popular o más elitista. Sin embargo, la constante más sobresaliente ha sido la de su universalidad expresada en el último concilio con toda su fuerza en la Lumen Gentium y Gaudium et Spes. Así pues, la Tradición de la Iglesia ha heredado esta riqueza popular del AT y NT, que en su caminar por el tiempo y en el mundo ha encarnado y enriquecido las tradiciones populares y culturales de los otros pueblos con los que ha convivido; esto continúa realizándose de una manera muy peculiar en el nuevo continente latinoamericano.

La *cultura y la religión, llegadas a América en el siglo XVI por medio de España y Portugal, vivían en Europa su siglo de oro no solo por la sabiduría de sus teólogos, sino también por la concentración de las ciencias y de las artes en las congregaciones religiosas. (Franciscanos, dominicos, agustinos, jerónimos y más tarde los jesuitas) que emprendieron la conquista espiritual del Nuevo Continente con toda su fuerza y métodos propios.

Entre las características propias de la cultura y de la religión transportadas, sobresale la estrecha relación entre la expansión de la civilización de la época y la adhesión a la religión católica. Debido a la unidad entre lo religioso y lo profano, el sistema de vida personal y el comunitario quedaban sancionados por la ortodoxia religiosa, unida a la limpieza de la sangre y el orgullo del linaje. Este sistema de vida se trató de implementar en el Nuevo Continente.


  1. La conquista católica

Este acontecimiento -encuentro de continentes- marcó definitivamente uno de los momentos de la historia. A partir de entonces, en un continuo mestizaje; se fueron fusionando entre sí las civilizaciones, las costumbres, las lenguas y las religiones.

El primer encuentro fue demasiado violento y doloroso, más por los vencidos, que perdieron su identidad y memoria cultural, que para los vencedores, que impusieron con seguridad su esquema cultural y religioso. Para los vencidos significó la pérdida y la conquista de sus dioses por un Dios, de muchas tradiciones dispersas por una tradición, y de unas maneras de vivir más naturales por otras con características ético-sociales propias. La experiencia de una civilización adquirida por unos y otros no sería fácil de asimilar inmediatamente; tampoco de podía hacer que por la fuerza desapareciera la vencida, como de hecho se pretendió.



b) Religiosidad e influencia de Trento en el Nuevo Continente

En la cultura occidental de aquella época se podrían distinguir diferentes grupos y tendencias. Cabe recalcar dos de ellos: el formado por una jerarquía de constitución y formación monacal, con una fuerte concentración de los conocimientos científicos, artísticos, teológicos y arquitectónicos; y el otro que sería el popular con su rica tradición y creatividad propias, con sus expresiones y devociones también propias.

El Concilio de Trento legitimará todas aquellas formas de expresión religiosa que se fueron originando y entremezclando entre la cultura occidental y la oriental desde el siglo IV. La formulación de las grandes celebraciones litúrgicas hará que el pueblo se vuelquen en lo que se podría llamar simplemente “pia exercitia”, es decir, devociones populares que existían desde muy temprana época: veneración de las reliquias de los mártires, visitas y peregrinaciones a sus tumbas, etcétera. Este concilio será también la guía en las formas de llevar el cristianismo al Nuevo Continente: la insistencia en los aspectos del dogma, la disposición para la recepción de los sacramentos, la jurisdicción y los atributos de la Iglesia.
BIBLIOGRAFÍA

--- Sánchez, Gerardo, Religiosidad popular en México, 1988.

--- Dussel M. y Esandi, El catolicismo popular en Argentina, Buenos Aires 1970: Origen histórico de la Religiosidad Popular. Cuaderno 5, varios aspectos de la religiosidad popular.
GERARDO SÁNCHEZ
CATÓLICO
Es el término usado para designar a los que han sido bautizados en la Iglesia católica.

En el lenguaje popular, sin embargo, se usa para señalar a una persona que sabe rezar o acude a misa dominical, a quien se le considera “muy o buen católico”. En ocasiones, se le distingue del “creyente”, que es la persona que, a pesar de que no observa las normas de la Iglesia católica, y más aún, está en contra de aspectos importantes de su disciplina, “cree a su modo” y “va a la Iglesia cuando le nace”. Mas, rara vez se da el calificativo de católico a personas que, sin ser bautizadas, “creen en Dios y en la Virgencita”.

Con el objetivo de tener un acercamiento más preciso al término y de facilitar el trabajo pastoral, parece útil distinguir cuatro tipos de católicos.
1. El comprometido
Es un término usado en documentos oficiales de la Iglesia para designar al católico que ha realizado en su vida la vocación bautismal no sólo como agente de la Iglesia, sino como constructor de una nueva sociedad y de un nuevo orden de cosas (V. Reino de Dios).

También se le da el nombre de maduro, formado, liberador, apóstol. Este es el ideal que se propone a todos los católicos laicos (EN 70).

La mayoría de estos católicos han sido educados en un proceso de fe. Esto los ha llevado a preferir los contenidos de fe y liturgia oficial de la Iglesia y a ver con suspicacia y no pocas veces con desprecio a la *religiosidad popular. (V. Fe y religiosidad).

Muchos de estos ejercen un *ministerio eclesial. El católico miembro de *comunidad de base, trata de integrar en la evangelización la *cultura y la religiosidad popular; además, gracias al modelo de *catecumenado que vive, ha llegado a comprometerse en el mundo secular, por medio de *estructuras intermedias y de macroestructuras.

El porcentaje de comprometidos es muy reducido en proporción con el número de católicos.
2. El cautivo
Bajo este término convencional se comprende a aquellos católicos que asisten regularmente a la misa dominical, que creen en contenidos individualistas (“hay un solo Dios”, “hay que confesarse”, “hay que casarse por la Iglesia”, “los viernes de cuaresma son vigilia”, “yo no me quiero condenar”…), que tienden a ser pasivos en la práctica de su fe, que poco incide en su vida familiar, casi nunca en lo social y menos aún en lo político. Han vivido cautivos en esta actitud durante toda su vida.

La mayoría de estos vive tanto de la fe recibida en la Iglesia, como de la religiosidad transmitida a la familia. Esta situación les permite ser “puentes” entre el *agente de pastoral-clérigo y el católico religioso-popular, pudiendo llegar a ser efectivos *promotores de la religiosidad popular en medio de la comunidad. El porcentaje de cautivos en la urbe es muy bajo. Tal vez entre el 5% y el 10% de los católicos. En la provincia es mucho mayor. Tal vez llega al 20-25%.


3. El religioso popular
Bajo este calificativo se pretende incluir a todos aquellos bautizados que son los portadores de la *religiosidad popular, o por ser descendientes directos de los creadores de ella, o por ser transmisores y promotores del *calendario religioso popular y de sus verdades centrales.

La inmensa mayoría de este tipo de bautizados es *pobre, *indio, o con un mestizaje cercano a la raíz indígena. Su práctica y sus contenidos religiosos están compuestos por las religiones prehispánicas, por el dogma traído en el siglo XVI y XVII por los misioneros españoles (cielo, infierno, juicio, purgatorio, diablo; el nacimiento y la pasión de Jesús; las *devociones a *María la Virgen), además por las prácticas religiosas vigentes en estos siglos, en Sevilla y en Castilla: procesiones, penitencias, cofradías, devociones, etcétera.

El porcentaje de este tipo de católicos es muy alto en las zonas indígenas y campesinas. En la urbe cada día decrece más su número. Probablemente entre un 10-15%.
4. El alejado
Bajo este término se comprende a aquellos que, habiendo sido bautizados en su niñez, no volvieron a tener contacto regular con la Iglesia católica; sólo recurren a ella por motivos sociales, sea por *compadrazgo, en alguna *fiesta (boda, primera comunión, presentación de tres años…), sea en algún *novenario. Conservan todavía débiles reductos de *religiosidad popular, a veces ya mezclada con *superstición y *magia.

No es raro que ya hayan simpatizado con alguna *secta protestante o con religiones asiáticas o autóctonas.

El término “alejado” abarca una gama variada de tipos, que explica el motivo del alejamiento. Entre los principales se encuentran:

--- los anticlericales,

--- los indiferentes,

--- los no evangelizados ni catequizados,

--- los casi-miembros de alguna secta,

--- los desilusionados,

--- los intelectuales,

--- los resentidos,

--- los creyentes no practicantes,

--- los catequizados pero no evangelizados,

--- los que sólo recibieron “catecismo para la primera comunión”

Es el grupo de católicos con mayor porcentaje. En la urbe quizás oscile su número entre un 75 u 85%.

La *parroquia ordinaria carece del primer tipo de católicos; se centra en la atención sacramental de los segundos; sobrelleva a los religioso-populares y no llega al mundo de los alejados. Evangelizar a estos dos últimos grupos constituye el gran reto para una nueva *evangelización.
BENJAMÍN BRAVO
CEMPOALXÓCHITL (FLOR DE)
Nombre

El nombre científico de esta flor es Tagetes erecta L., pero es conocida popularmente como “flor de muerto”, “cempasúchil”, “clavelón”, “copetuda”, “tapayola”, “flor azteca”, “zempasúchil”, “clavel de la India”. Es originaria de México y se le encuentra en gran abundancia en el Valle Central y en general en todas las regiones calientes del país. Se conoce alrededor de treinta tipos originarios de América Tropical y subtropical. Se encuentra también en el Viejo Mundo. Por su gran importancia económica se les cultiva en diversas partes del mundo.



Significado del nombre de la planta
Proviene del nombre azteca Cempoalxóchitl. Literalmente significa “veinte flores”, pero como ese número era ponderativo entre los indígenas, puede traducirse por “muchas flores” (1).

En el Códice Badiano encontramos el siguiente significado: Centzontli… 400, muchos; xóchitl… flor en general. Centzonxochitl…mil… flores (literalmente 400 flores).

La planta, conocida como “flor de muerto” en América Central, es muy común en los cementerios, donde se siembra, porque se desarrolla fácilmente. Las flores son usadas para decoraciones solemnes. En Honduras se utiliza en baños, para remover los efectos de las emanaciones de los *muertos.

Esta es quizá la real explicación del nombre vernáculo (2).


Significado religioso
“Las flores eran muy populares entre los antiguos aztecas y eran utilizadas en ciertas ceremonias rituales, por ejemplo, la dedicaban a la diosa de la sal, que llamaban uixtocíhuatl y se celebraba el primer día del séptimo mes, llamado tecuilhuitontli. Decían que era hermana mayor de los dioses tlaloques; mataban, a la honra de esta diosa, a una mujer compuesta con ornamentos que pintaban a la misma diosa.

La vigilia de esta *fiesta cantaban y danzaban todas las mujeres, viejas y mozas y muchachas. Iban asidas de unas cuerdas cortas que llevaban en las manos, la una por un cabo y la otra por el otro. A estas cuerdas llamaban xochimécatl; llevaban todas guirnaldas de ajenjos de esta tierra que se llama iztauhyatl, guiábanlas unos viejos y regían el canto; en medio iba la mujer que había de morir, aderezada con ricos ornamentos. La noche antes de la fiesta velaban las mujeres con la misma que había de morir y cantaban, danzaban toda la noche; venida la mañana aderezábanse todos los sátrapas y hacían un areito muy solemne y todos los que estaban presentes en el areito tenían en las manos aquellas flores que se llama cempoalxóchitl. Así bailando llevaban cautivos al ‘Cu’ de ‘Tláloc’ y con ellos a la mujer que había de morir, que era la imagen de la diosa uixtocíhuatl” (3).

Existen plantas que son conocidas como divinas dentro de la cultura náhuatl y son consideradas como la representación física del dios. Así, por ejemplo, la flor de cempoalxóchitl era utilizada junto con otras plantas en baños para las doncellas que iban a ser sacrificadas y de esta manera el espíritu del dios penetraría en ellas y las purificaría (información popular).

La flor de cempoalxóchitl constituye también un elemento importante dentro de algunos rituales, como la ordenación de los sacerdotes, de cuyo atuendo forma parte. El cempoalxóchitl es en última instancia el medio por el cual el dios se transmite al hombre (información popular).

Las flores son usadas en la India para adornar los ídolos (4).

En Guerrero, como en muchos lugares de México, el culto a los muertos conserva rasgos prehispánicos. Las celebraciones prácticamente empiezan el último día de octubre, fecha en la cual se acude al cementerio a limpiar, blanquear y barrer las tumbas. El día 1°. de noviembre se prepara en las casas el altar para esperar a los “muertos chiquitos”. En él se ponen como ofrendas pan, flores y frutas. El día 2 se pone la ofrenda para los “muertos grandes”. En la tarde del día 2 se va al panteón a visitar las tumbas sobre las cuales se colocan flores y cadenas de cempoalxóchitl (5).

Otra costumbre muy peculiar de los guerrerenses consiste en colocar cadenas de flor de cempoaxóchitl en el cuello de las personas cuyo “santo” se festeja. Con esto se le desea buenaventura.

(Artículo tomado de la Revista Medicina Alternativa, órgano de difusión del Instituto de Medicinas Tradicionales Iahuilli, AC, julio 1987, con permiso del Dr. Mario Rojas Alba, Director General de esta revista.) QBPL.




  1. Martínez, M., Plantas útiles de la flora mexicana, Ediciones Botas, México, 1959, p.45.

  2. Williams, C., Flora de Guatemala, Fieldiana Botany 24, 1955, 380-381.

  3. Sahún, B., Historia general de las cosas de Nueva España, Porrúa, México, 1975, pp. 83, 921.

  4. Dhingra, S. N. y Dhingra, D. R., Essential oil of Tagets patula. Perfumery and essential oil, 1956, pp. 391-392.

  5. Luna, M.R., Geografía moderna del Estado de Guerrero, Ediciones Kotzaltzin, México, 1976, pp. 51, 54, 162-165, 178.

TERESA SÁNCHEZ

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