Vocabulario de religiosidad popular



Descargar 0,95 Mb.
Página2/20
Fecha de conversión10.07.2017
Tamaño0,95 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

B


BASTÓN
“El suceso acaecido en Cuernavaca con un ausiliar (sic) de los regidores de aquel ayuntamiento, que, por falta de un distintivo que determinara su carácter, fue altamente ultrajado en un incendio por el oficial de la tropa que asistió a conservar el orden, ha decidido a este Gobierno a disponer por punto general, de acuerdo con su Consejo, que todos los alcaldes ausiliares (sic) usen un bastón adornado con un cordón azul sin borlas, como símbolo de la autoridad que representan…

Y para que esta providencia tenga puntual cumplimiento, y la debida publicidad, la hará V.S. saber a todos los ayuntamientos de su distrito, y demás autoridades que le están sujetas: disponiendo a sí mismo se fije, en los parajes correspondientes, a fin de que llegue a noticia del pueblo” (1).

Este testimonio escrito del Gobierno del Estado Libre de México hace ver que antes de la independencia, cuando había gobierno monárquico en México, las autoridades llevaban bastón de mando según su dignidad. Después de la independencia, quisieron borrar todo vestigio de monarquía, pero la admiten como un mal necesario, pues es necesario un signo que distinga a las autoridades para que sean respetadas.

En el México prehispánico, la indumentaria –ropa y divisas- mostraban el oficio, el servicio y la dignidad de la persona. Esto queda manifiesto en los *códices. Por ejemplo, en el Códice Borbónico 22 se representa a Quetzalcóatl portando en una mano la bolsa del copal y en la otra el sahumador ahumante con tres volutas. Esto, con su indumentaria, lo presenta como divinidad creadora (2).

Actualmente, en las regiones indígenas de nuestra patria, tanto las autoridades religiosas como las civiles usan bastón de mando. En Oaxaca, los presidentes municipales, el día en que toman posesión de su cargo, van a misa y en ella ocupan un lugar especial y portan su bastón de mando. Los síndicos, regidores y el juez conciliador portan también su bastón de mando tanto en ocasiones de su vida civil como religiosa. Los fiscales de los templos tienen su bastón de mando en la sacristía, algunos de gran tamaño y otros pequeños (6.0m).

El fiscal de un pueblo de Oaxaca presume su bastón adornado con una insignia de papel de plata.


(1) Dios y libertad. Toluca, 29 de noviembre de 1831.

Múzquiz (rúbrica)

Por falta de secretario.

Joaquín Noriega (rúbrica)

Oficial segundo

Circular del Gobierno del Estado Libre de México, no. 29 de 1831.

(2) Peñafiel, Antonio, Indumentaria antigua: armas, vestidos guerreros y civiles de los antiguos mexicanos, Ed. Innovación, México, 1985; Caso, Alfonso, El pueblo del sol, FCE, col. Popular, 104, México, 1987.


EMILIO ZARAGOZA

BRUJERÍA
Las brujerías son prácticas supersticiosas que realizan las brujas o los brujos para tratar de hacer el mal a alguna persona. La maldad, se dice, consiste en hacer que la persona a quien se quiere dañar se enferme. Para ello, se entierra en el panteón su fotografía junto con un muñeco de trapo clavado con alfileres. La bruja actúa por encargo de alguien que por envidia, odio o venganza, quiere hacer daño a un tercero. Generalmente paga por este servicio.

Si se quiere perjudicar a alguna organización o alguna obra, las actividades son realizadas en la iglesia: se encienden veladoras, se reza de noche, se colocan monedas en la lámpara del Santísimo; o se ponen a la imagen de un santo, cabello, o pedazos de vestido de la persona a quien quiere embrujar.

Algunas veces se atan imágenes de los santos, sobre todo del *patrón, o se les pone de cabeza; a veces se manda a celebrar *misas para que les vaya mal a la organización o a la persona.

La gente cree que si no se le dio la cosecha o si alguien se enferma o muere, es porque le hicieron maldad. Cuando una persona muere, antes de ir a tocar las campanas, se pregunta al brujo quién hizo maldad para que se muriera.

En algunos lugares se hacen misas negras, en las que la alabanza es a Satanás.

Mucha gente cree que las brujas, gracias a su poder diabólico, se sacan los ojos y los dejan en el rescoldo de la ceniza; se quitan las piernas y se van volando con una antorcha, que se hace como una bola de lumbre. Esto lo hacen por la noche para hacer que las personas pierdan el camino. Cree, además, que tiran polvos malos y tierra del panteón hacia dentro de las casas y también que chupan la sangre de los niños pequeños. Se dice también que, si se quieren dominar a alguien o hacer que no pueda defenderse o pensar, se le toca con las manos enlodadas con tierra del panteón. (v. Amuleto, superstición).


JUANA NOGUERA y ANGÉLICA VILLAFAÑA

C

CALENDARIO RELIGIOSO POPULAR
Así como en la liturgia católica tiene un calendario bien estructurado (Adviento-Navidad-Epifanía, Cuaresma-Semana Santa-Pascua-Pentecostés, Tiempo Ordinario) a lo largo de la cual se viven los misterios de la *fe, así también el pueblo *católico religioso-popular tiene su propio calendario.

Así como la liturgia vive el culmen del año en Pascua, de manera similar el calendario religioso-popular lo vive en la *fiesta patronal. Aunque hay bautizados que celebran los dos calendarios, una inmensa mayoría celebra solo este último.

Este calendario celebra los siguientes días:

Bendición de ceras, el 1 de enero; bendición y levantamiento del *Niño Dios, el día 2 de febrero; miércoles de *ceniza; *fiestas titulares y carnaval; visita de las siete casas y prendimiento el Jueves Santo, el Víacrucis y Entierro, el Viernes Santo; día de la Santa Cruz, el 3 de mayo; ofrecimiento de flores a la virgen María el mes de mayo; día de la fiesta patronal, con el jubileo; el día de la *aparición de la Virgen “nacional”; el Corpus; el día de los *muertos, el 1 y 2 de noviembre; la Virgen de *Guadalupe, el 12 de diciembre; las posadas, la Nochebuena, Acción de gracias, el 31 de diciembre. Hay días regionales y locales que enriquecen aún más este calendario.


¿Cómo nació este calendario?
Este calendario es resultado de la popularización de la liturgia oficial (V. Religiosidad popular)

El pueblo hizo suyas y transformó en fiestas y *verdades centrales de su religiosidad ciertas fiestas y verdades secundarias del dogma y de la liturgia católicos. Sin duda le impresionaron más porque ya estaban, al menos en signos, aunque con distinto significado, en sus religiones ancestrales; es el caso, por ejemplo, de la ceniza, de la fiesta patronal alrededor de la imagen, de la *cruz, de las caminatas, de las flores, etc. Otra razón es que algunos de estos días son verdaderos símbolos reivindicativos del pueblo *pobre y colonizado. Es el caso, por ejemplo, de la Guadalupe, de la aparición de la Virgencita en cada país de América Latina, los muertos…

Algunos, desde una posición psicologista, afirman que algunas de estas fiestas son la proyección de un pueblo sufriente y destrozado.

En este calendario las fiestas importantes del calendario oficial, como son la Pascua, Pentecostés y la Navidad brillan por su ausencia; del mismo modo el acto celebrativo pascual que es la misa dominical no entra como acto esencial en la religiosidad del pueblo, sino sólo como acto decorativo. De ahí que, a pesar de las insistentes invitaciones que el *agente de pastoral-clérigo hace al pueblo para participar en ellas, el pueblo no responde, pues no las siente suyas.


¿Qué puede hacer el agente pastoral ante el calendario religioso popular?
1. Descubrir el calendario religioso del pueblo, tanto el nacional, como el regional y el local.

2. Apoyar dicho calendario aún más que el mismo calendario litúrgico; ya que la mayor parte del pueblo lo celebra.
3. Elegir y nombrar en los diversos sectores del territorio parroquial al *promotor de la religiosidad popular, que celebre este calendario en medio del pueblo.
BIBLIOGRAFÍA

--- Fernández, Abel: Comunidad desde la religiosidad popular, Lib, Parroquial, 1990.

--- Bravo, Benjamín, Religiosidad popular, Folleto, 1987; Id.: Procesos de conversión a partir de la religiosidad popular, Folleto, 1989.
BENJAMÍN BRAVO
CAMBIO SOCIAL
Todas las religiones tienen como objeto cambiar a las personas y los pueblos. El supuesto básico de la religión es que lo material y humano es distinto de lo divino y que es posible, precisamente mediante la religión, trascender lo cotidiano para acceder al plano de la acción de Dios. Unas religiones pretenden que sus creyentes vivan según normas cuya finalidad es la salvación, que se alcanza más allá de este mundo. Otras permiten que quienes observan sus preceptos lleguen a cierto estado de dominio sobre el cuerpo y situaciones concretas que se consideran como obstáculos, para que así la humanidad sea y actúe como Dios quiere. Otras religiones proponen a sus seguidores lo que creen, lo que han recibido como la voluntad de Dios, respecto al mundo y de la humanidad, y llaman a vivir según ese plan de Dios. Las religiones se presentan como un sistema de palabras, escritos, símbolos, explicaciones y celebraciones que deben mover acciones concretas que conviertan la situación global de los creyentes. Esta conversión, según las distintas religiones, puede ser muy íntima y personal, o abarca no sólo a las personas singularmente sino también a los grupos. Cuando la conversión que pide la religión es integral, es decir, llega a todos los niveles de la vida, naturalmente que incide también en lo social, y entonces las religiones se convierten en un dinamismo bastante vigoroso de cambio social.

Los *pobres, porque frecuentemente no tienen la posibilidad de acceder al mundo conceptual y simbólico de las religiones oficiales, no alcanzan a comprender cabalmente sus proposiciones, y, sin oponerse a ellas, elaboran poco a poco una alternativa religiosa que responda a sus necesidades concretas y les permita efectivamente responder a ellas según su manera de ser histórica y cultural. Con frecuencia se afirma, quizás a la ligera, que la *“religiosidad popular” (nosotros preferimos llamarla religión del pueblo) puede estar mezclada de ignorancia y otos vicios, por lo que sus prácticas en el fondo “alienan” a las personas de su verdadera historia y las sumergen en el ritualismo y la rutina. Todo esto no resulta objetivo si analizamos esas experiencias religiosas desde el punto de vista histórico, social, cultural y religioso.

Nosotros hemos constatado que las proposiciones de la religión del pueblo no son únicamente proposiciones, sino que en la práctica exigen realizaciones económicas (comidas festivas, repartir bienes, colaborar en el trabajo personal y comunitario), sociales (servicios, festejar, organizarse con autoridades propias), culturales (uso de símbolos, objetos, tradiciones propias) y religiosas (celebraciones, ritos, etc.); realizaciones que en su conjunto presentan y representan otro mundo completamente distinto del mundo cotidiano y oprimido en el que viven. Al mismo tiempo, ese otro mundo es perfectamente este mismo mundo, solo que convertido y cambiado por la dinámica religiosa.

Concretamente estas prácticas religiosas repetidas y profundizadas van ejercitando al pueblo en ser sujeto activo de su propia historia. De hecho, actualmente, los grupos populares que tienen fuertes expresiones de religión propia son aquellos que han ido logrando tener una presencia más articulada en los cambios sociales que últimamente han caracterizado los momentos que vivimos (V. Estructuras Intermedias)


CLODOMIRO L. SILLER
CARNAVAL
El carnaval es una fiesta que se celebre por tradición religiosa en algunos pueblos. Contienen elementos de las *fiestas patronales y tienen también lo propio. Hay, por otro lado, carnavales que no son fiestas religiosas, se salen del sentido simbólico organizativo de la *religiosidad popular, o porque nacieron fuera de ella o porque perdieron su sentido religioso.

Tiempo. El tiempo para celebrar el carnaval corresponde a los dos, tres o cuatro días anteriores al miércoles de ceniza, que, según el calendario católico, se mueve cada año entre el seis de febrero y el seis de marzo. Según el calendario indígena (prehispánico) corresponden al mes primero o segundo.

Los símbolos y ritos correspondientes a la fiesta de carnaval pueden encontrarse en fiestas celebradas entre el 23 de diciembre y el tres de mayo. Marcan el principio del año y, sobre todo, del año avícola. Incluso la *Semana Santa en algunos lugares puede contener el significado de la fiesta de carnaval.

Por el tiempo y los elementos que se manejan, puede decirse que esta fiesta es una fiesta de primavera. Situada a finales de invierno o a principios del ciclo agrícola, anuncia la vida que vence a la muerte, el calor al frío, la luz a la oscuridad (los días se alargan); es el tiempo de los retoños, de la fecundidad de la renovación.

En carnavales más ligados a la mentalidad indígena, se habla de liberación: la materia que el hombre debe sacrificar -en el mes Xipe Totec- para realizar su salvación (1) entrando en la dinámica creadora divina.



El juego. En la fiesta del carnaval participan personajes que hacen representaciones o actividades que además de ser simbólicas producen risa. A veces son mitos que escenifican o situaciones de la vida de las que se hacen burla. Este hecho hace de la fiesta de carnaval un tiempo propicio para el descanso, la descarga de tensiones, la creatividad.

Pero también ese hecho hace que el carnaval pueda ser manipulado por gente ajena a la religiosidad popular, quien lo explota comercialmente, ya sin sentido religioso y lo despoja de la sabiduría y fe populares.

Tal vez por ser una fiesta donde se permitían muchas cosas (antes de la llegada del tiempo penitencial de la cuaresma), los elementos indígenas se pudieron expresar en esta fiesta con bastante libertad.

La guerra. La mentalidad indígena, presente en la religiosidad popular, es dialéctica o dual; característica que aparece en los carnavales. Es muy socorrido que en los carnavales se dé el enfrentamiento entre bandos; el mismo tiempo de su celebración es ya un enfrentamiento -cósmico- (invierno-primavera), algunos personajes vestidos de viejos (huehues, mascarudos, xithás…) representa lo viejo que se va. Aparece en enfrentamiento social: entre barrios del pueblo, entre pueblos, o entre clases (2); el enfrentamiento entre la seriedad, el respeto, el orden y sus contradictorios; y hasta en lo divino: imágenes que representan características divinas diversas (3).
En muchos carnavales se representan guerras entre esos elementos, con mayor o menor realismo. Las representan algunos personajes vestidos con algunos ropajes o máscaras, o dentro de una danza, o la población en general, como los dos barrios de un pueblo, o varios pueblos; en algunos lugares legan a golpearse con otra fruta o cascarones de huevo llenos de confeti (sustituto de pétalos de flor); en otros lugares son personajes los que representan la lucha (cuerpo a cuerpo o con espadas), y la muerte-resurrección

Estas guerras no se hacen con enfrentamientos que aniquilan, sino como una superación: ni siquiera la muerte se aniquila, si no que es para la vida; hay una dinámica creadora. Por eso estas guerras siempre terminan en la resurrección y en la liberación del pueblo.



Pistas pastorales. La alegría del pueblo, que se libera de tensiones y alaba gozosamente a Dios por la vida, hace del carnaval una oportunidad única para que el pastoral se integre con su pueblo y exprese y viva con él su gozo y su vida.

Es una necesidad acompañarlo con la palabra (en los momentos apropiados) para reforzar la conciencia del pueblo que celebra.

Anunciar juntos el renacer de la vida y la superación de las contradicciones crea la base para los esfuerzos que se darán durante el año para hacer historia lo que se representa simbólicamente. Hacerlo historia en el cultivo de la tierra, en la superación de las contradicciones sociales, en los acercamientos de Dios a nuestra vida.

Acompañar al pueblo en el cuidado que debe tener de que la fiesta de carnaval no se comercialice y pierda su sentido alejándose de sus propios significados.




  1. Laurette Séjourné, Pensamiento y religión en el México antiguo, FCE, México, 1975

  2. En algunos carnavales la gente se disfraza para hacer burla de aquellos que la han molestado. Donde hubo hacendados y descendientes de ellos en la explotación del campesino, se disfrazan de charros y hará todos los desfiguros imaginables. En Cadereyta, Querétaro pregunté por los xithás (“viejudos”) iban en su mayoría vestidos de policía, y me dijeron: por que ha habido policías muy malos con la población.

  3. Véase patrón. Para cuando aparece el enfrentamiento entre bandos que traen una imagen distinta, Dios se manifiesta y actúa privilegiando, según el tiempo y el espacio, algunos de sus atributos; por eso en algunos carnavales puede “vencer” el atributo divino de la fecundidad, la juventud, el dar la vida.

BERNARDO GUÍZAR SAHAGÚN


CATECUMENADO
Es una de las etapas sin duda la más importante, del proceso de *evangelización.

Es el camino de conversión que se sigue con adultos no bautizados y, en forma análoga, con adultos y jóvenes *católicos alejados. Se trata de que vivan la fe recibida en el bautizo.

Para distinguirlos de los primeros, los no bautizados, se ha dado en llamarlos neo-catecúmenos.

En esta etapa se busca revivir la fuerza de hijo de Dios, recibida en el bautismo, proclamando para esto durante un tiempo prolongado, la Buena Nueva del *Reino de Dios, adaptada a la situación concreta, acomodada al tiempo litúrgico y enriquecida con celebraciones de la palabra; se busca además dar no tanto una información sobre los dogmas y mandamientos, sino hacer vivir la acción salvífica de Dios en la historia del pueblo. De esta manera, finalmente, lograr que catecúmeno se adhiera al misterio de Cristo, pasando del hombre viejo al hombre nuevo según Cristo, por medio de un cambio de sentimientos, de costumbres y de su realidad social. Esto le provoca rupturas y dolores, pero también gozos (1).

Esta estructura de conversión que, creada por la Iglesia de los primero siglos, culminaba con el bautismo, exigía además dos condiciones, la fe y la conversión. Para tal efecto usaba distintos medios: formación de un grupo, abandono de los ídolos, experiencia del Dios de Jesucristo, anuncio de Jesucristo, comunicación de bienes…

A partir del siglo II, el catecumenado se institucionaliza. Vive su esplendor hasta el siglo V, en que empieza a decrecer hasta casi desaparecer en el siglo VI. La razón de esta lamentable pérdida se debió a que el bautizo se confirió sin muchas exigencias, y a que el sacramento de la reconciliación se empezó a administrar cuantas veces se solicitaba.

Durante la evangelización fundante en México, el catecumenado fue muy breve y desdibujado: Una especie de escuela de catecismo en donde se trataba de educar a la niñez, especialmente a los hijos de los principales, para que ellos enseñasen a los adultos el catecismo elemental en su propia lengua, y lograr así la rápida conversión de los jefes indígenas. La conversión fue, por ello muy superficial e incipiente.

El Concilio Vaticano II pide que se restaure el catecumenado de adultos, divididos en distintas etapas. En 1972, el Ritual Cristiano de Adultos (OICA) da una serie de criterios, entre los que sobresale la insistencia de centrar en el catecumenado en el misterio pascual, concretamente en los sacramentos de iniciación.

El catecumenado es preparado por un período anterior, llamado precatecumenado o evangelización primera. En este periodo se acostumbra proporcionar al que quiera ingresar al catecumenado cuatro medios o “herramientas” que le ayudarán a cambiar, a saber:

1.- un *grupo al que se le integra;

2.- un análisis de la realidad integral;

3.- la lectura de Biblia, como proyecto de Dios en dicha realidad;

4.- un camino para cambiar dicha realidad.

Una vez que el pre-catecúmeno entiende globalmente estas “herramientas”, las empieza a “usar” en el catecumenado: en grupo, analiza en forma progresiva su realidad, para iluminarla con el Evangelio, a fin de transformarlo.

Este momento, el más largo de esta etapa, culmina con la celebración de los sacramentos de iniciación (bautismo, confirmación, eucaristía). A veces se introducen ritos que señalan el proceso y acceso a cada uno de los momentos catecumenales.

Aunque las realidades sean de analizar, iluminar y transformar, deberían ser cualquier área de la vida (personal, familiar, religiosa, laboral, económica, política, cultural, social…), esto no sucede siempre en todas las maneras o tipos de estructurar un catecumenado. Esto trae, como consecuencia, que existan distintos tipos de catecumenado.


Tipos de catecumenado
a) Tipo carismático

Pretende renovar el bautismo a partir de una experiencia de Dios Espíritu Santo. Esta vivencia lleva al catecúmeno a cambiar su vida en las áreas personal y religiosa, como punto de partida para cualquier otro cambio; por lo mismo, fuera de estas dos áreas no integra ni en sus reflexiones ni en sus compromisos, otro tipo de realidades; de ahí que su carisma se centra en la transformación espiritual de sí mismo, expresada en una fe casi absoluta en la fuerza de la oración y en misterios y servicios exclusivamente religiosos y asistenciales.


Como ejemplo de este tipo se puede nombrar el neocatecúmeno de Kiko Argüello, la Renovación Carismática y el proceso de conversión que sigue Sistema Integral de Evangelización (SINE).

b) Tipo familiar

Es, en su estructura y en su temática, un catecumenado centrado en las realidades familiares. Considera la familia como el quicio sobre el que se mueve cualquier ulterior transformación de las demás áreas y problemas de la vida humana. Como este tipo de catecumenado es sostenido por los distintos movimientos familiares, hay que identificar el ingreso al movimiento como el ingreso al catecumenado. Entre los ejemplos más conocidos de este tipo se encuentran el Movimiento Familiar Cristiano y los Encuentros Conyugales.

c) Tipo de Comunidades Eclesiales de Base

Es un tipo catecumenal nacido de abajo, de la base; de ahí el calificativo que se añade a este tipo de grupo: grupo base o *comunidad de base.

Siguiendo el método de la conscientización, da preferencia a aquellas áreas de la vida en las que supone se encuentra la estructura del pecado (la realidad social, económica, política): El criterio de la conversión es el *Reino de Dios, por cuya instauración en la sociedad se lucha. A sus miembros los une un compromiso transformador y liberador.


¿Hay catecumenado en las parroquias?
La mayor parte de las parroquias carece de estructuras catecúmenas que favorezcan la conversión de los bautizados; ni siquiera se hace esfuerzos por generar las cuatro “herramientas” precatecumenales antes dichas.

De las pocas parroquias que cuentan con procesos catecumenales, la mayoría sigue el primer tipo, el carismático. Muy pocas parroquias siguen sosteniendo el segundo tipo, el familiar. Más bien este es apoyado por los secretariados de los respectivos movimientos.

El tercer tipo, establecido en muy pocas parroquias, tiene dos variantes: los grupos aglutinados y apoyados en su línea teológica y frecuentemente en su material catecumenal, por el Secretariado Nacional de Comunidades de Base; y aquellos que, convocados por la propia parroquia, casi siempre del clero diocesano, son promovidos en su conversión por la respectiva *parroquia. Uno y otro expresan su fe en *estructuras intermedias.

De estos tres tipos catecumenales, el tercero es el que más interés ha mostrado por la *religiosidad popular; sin duda se debe a que la mayoría de sus integrantes son pobres, entre quienes se gesta dicha religiosidad. Frecuentemente en este tipo se mezclan los procesos de conversión a partir de la *fe y la religiosidad (V. Fe y religiosidad).

Se tiene que admitir al mismo tiempo, que el católico está mostrando una preferencia por el primer modelo, el carismático, que, aunque no toma muy en cuanta aspectos determinantes de su religiosidad, como el *calendario religioso, las *verdades centrales y su expresión en la liturgia, incluye, sin embargo, ciertos aspectos de la misma y los “moderniza “; como serían el don de la curación; el don de hablar en lenguas, de interpretar sueños y *apariciones; el don de la *oración; el espontaneísmo, la preponderancia del sentimiento, la poca exigencia de dogmas.

Queda, pues, como reto para nueva *evangelización, o crear un cuarto tipo de proceso catecumenal, propio del bautizado religioso popular; o completar con la riqueza de la religiosidad, estos tres tipos antes dichos.




  1. OICA, nos. 19; 2; 296; 20; 14; AG 13; DCG 18; SC 64-66; 71; 109; LG 17;14: O.P. 6; PO 5; AG 15.



1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal