Vivir en sevilla construcciones visuales en torno al flamenco -vanguardias y tradición- entre 1966 y 1999



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CENTRO ANDALUZ DE ARTE CONTEMPORÁNEO
Monasterio de la Cartuja de Santa María de Las Cuevas
Avda. Américo Vespucio, 2. 41071 Sevilla

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VIVIR EN SEVILLA

Construcciones visuales en torno al flamenco -vanguardias y tradición- entre 1966 y 1999

Del 16 de Diciembre de 2004 al 27 de Marzo de 2005



Comisario: Pedro G. Romero
CENTRO ANDALUZ DE ARTE CONTEMPORÁNEO

Monasterio de la Cartuja

Avda. Américo Vespucio, 2- SEVILLA




Las nuevas concepciones artísticas que aportan los estudios de cultura visual están borrando las, a menudo artificiales, fronteras entre disciplinas artísticas, entre alta y baja cultura, entre cultura de elite y cultura de masas.

En este sentido, las revisiones que puedan hacerse de la historia de la visualidad moderna en Andalucía son un campo de trabajo amplio e inexplorado, que permitirá recuperar operaciones de sentido artístico para los artistas que al día de hoy trabajan con conceptos de vanguardia visual.



Una historia del arte monopolista ha pretendido dejar de lado muchos de los aspectos que en la cultura visual de Andalucía hacían aparecer moderna a la tradición. Fenómenos populares como el flamenco, los toros, las fiestas civiles y religiosas, etc., han servido para prestigiar un arte de elite que pronto traicionaba su propio ambiente político y social, dando lugar a una esquizofrénica relación entre las obras de arte modernas y sus públicos.

Muchas de estas producciones artísticas a medio camino entre la cultura experimental y la cultura de masas han sido, a menudo, abandonadas al albur del mercado y una vez que la cultura de elite los ha digerido -como experiencia vital o anécdota biográfica- suprimidas de la historia oficial y olvidadas.


Muchos de estos fenómenos se dan en torno al flamenco, un arte popular moderno que por su propia incapacidad crítica y por los diversos abusos y manipulaciones a que ha sido obligado, parece divorciado de las corrientes artísticas modernas en que se ha generado. Lo cual es inexplicable en los campos de estudio musicales y coreográficos, donde como fenómeno moderno no tiene cabida aunque si la tienen tradiciones similares como la del jazz, el tango o el afro.
Después de la Guerra Civil española nuestra modernidad ha estado ligada en muchos sentidos al flamenco desde el informalismo abstracto al “postismo”, desde la abstracción concreta al “tardopop”, desde Estampa Popular a la Nueva Fotografía, etc. Es en esta perspectiva, en torno a las producciones visuales que van desde finales de los sesenta hasta 1980 cuando surge la figura del productor musical, director de cine y jugador Gonzalo García Pelayo. Todo un personaje, cruce de camino de un montón de aventuras estéticas, renovador de la visualidad del flamenco, director de algunos de los filmes más radicales del panorama español –especialmente la cinta Vivir en Sevilla- y heterodoxo artista que considera sus performances en el mundo del juego profesional su gran obra de arte.


El Film Vivir Sevilla.


El centro de la exposición, el inicio de sus recorridos parten del filme Vivir en Sevilla, núcleo central de la exposición. Vivir en Sevilla es una película a la vez magistral y fallida, en su trama se mezclan historias del retorno del exilio y de la represión a la delincuencia juvenil, aventuras eróticas y filosóficas, cine dentro del cine y metarrelatos, Miguel Ángel Iglesias y Farruco, liberación sexual y viejos arquetipos novelescos, flamenco rock y bailes de flamenco ‘puro’ y sobretodo un vagabundeo libre, una deriva caótica por la ciudad de Sevilla que titula la película.
Entre todos los materiales que se despliegan en el filme, dos centran la atención de esta exposición: los dibujos psicodélicos y políticos que un artista esquizofrénico muestra abundantemente en la película y las cartelas con textos, sentencias, poemas, filosofías y diálogos que salpican una y otra vez la cinta, hasta convertirse en absolutos protagonistas de muchos de sus tramos. Deleuze y Barthes, rizomas de la imagen esquizofrénica y fragmentos del discurso amoroso.
Vivir en Sevilla, sin embargo, no trata sobre Sevilla, ni tan siquiera sobre Andalucía o algunas de sus modalidades creativas ligadas a las relaciones de lo popular y la modernidad. Aunque incluye todo esto, el proyecto versa sobre las diversas formas de acción y reacción que han enfrentado a una modernidad procedente del proyecto ilustrado con una cultura popular que había digerido de otro modo los substratos culturales preilustrados, festivos y barrocos. Lo paradójico es que la modernidad encontró en este mundo, en principio antitético, los substratos necesarios para renovar críticamente su proyecto moderno e ilustrado.
Y todo ello fue posible, principalmente, porque ese substrato popular no era nada ajeno al proceso de modernización de la cultura de elite sino que, como advirtiera George Bataille, “había sabido, mejor que nadie, asimilar las propias contradicciones de la modernidad”. Esto es evidente en el conjunto de materiales que se presentan en Vivir Sevilla, un claro precedente -el grupo de Nazario está claramente ligado a la “emigración” andaluza y Pedro Almodóvar siempre reconoció su deuda “libertaria” con un film como Frente al mar- de lo que luego serían la cultura del rollo en Barcelona o la movida madrileña. Pero también es un fenómeno paralelo, cohetáneo en su tiempo, al Tropicalismo brasileño o a la Funkulture de los afro-norteamericanos.
Vivir en Sevilla es además, un conjunto de ejemplos y ejemplares de esa gran maquinaría de producción de sentido que son el cante, el baile y el toque flamencos, con la cultura y la civilización que han generado a su alrededor. Cuando el pensamiento sobre la multitud y los fenómenos de creación colectiva vuelven a ponerse en un primer plano de la reflexión intelectual y poética, Vivir en Sevilla podría presentarse como caso de estudio de lo que significa esa poíesis en comunidad.
Gonzalo García Pelayo renovó la escena musical española tanto con sus producciones musicales como dirigiendo programas musicales en televisión o el mítico sello Gong, haciendo emerger fenómenos como el flamenco rock, el flamenco primitivista, el rock andaluz, la psicodelia, los nuevos cantautores, la nueva trova cubana, el folk comprometido latinoamericano, el heavy metal o la rumba pop.
García Pelayo se implicó en los fenómenos musicales relacionados con lo flamenco, desde su participación en grupos como Smash hasta sus producciones de otros como Lole y Manuel, Triana, Joselero de Morón, Paco Taranto, Gualberto, El Negro del Puerto, María Jiménez, Laventa, La Susi, Agujetas, Diego de Morón, La familia Montoya, etc, etc. Y lo que es más pertinente para nuestro proyecto, renovó la estética de los discos de flamenco, la imagen de los artistas, la fotografía, las grafías, todo ello a partir de sus experiencias en la contracultura norteamericana y con las colaboraciones de numerosos artistas y grafistas de diversa suerte en su propia producción. Y no sólo apadrinó el flamenco más vanguardista y moderno -Gualberto, Smash, Lole y Manuel- sino que inventó un flamenco primitivo, “auténtico”, salvaje y paradójicamente, tan moderno como el otro -Agujetas, Diego de Morón, La familia Montoya-.
Gonzalo García Pelayo intentó realizar un cine experimental enraizado en la propia cultura de ciudades como Sevilla, Jerez de la Frontera, Cádiz o la Costa del Sol. Su trilogía experimental Vivir en Sevilla, Corridas de Alegría y Frente al mar , -que la miopía crítica de su tiempo descalificó emparentándola con la nouvelle vague, algo evidente en sus puntos de partida, cuando los resultados estaban más cerca de Jonas Mekas y la ola de vanguardia pop norteamericana- supone un intento de dar cauces a una nueva visualidad que mezcla la estética underground con el flamenco más racial, el experimentalismo formal con reclamos eróticos- en la línea del Passolini de la trilogía de la alegría- con los que conseguir nuevos y más amplios públicos.
Gonzalo García Pelayo ha aplicado categorías estéticas, es decir categorías narrativas y formalmente nuevas, al mundo del juego profesional y son famosos sus logros: saltar la banca en varios casinos internacionales, que le han prohibido la entrada, campeonatos internacionales de póquer ganados por su escuela, grandes premios millonarios a sus sistemas de apuesta quinielística, etc.
Lo importante es resaltar a Gonzalo García Pelayo como encrucijada, algo así como dice José Manuel Gamboa, “no se si era un creador, pero era siempre el hombre adecuado en el momento adecuado, y tantas casualidades tienen que deberse a una intención estética”. Este es el sentido de su protagonismo en la exposición, la definición de una estética –unas veces con influencia ambiental, otras con influencia directa- que va desde el grupo musical Pata Negra a la obra última del artista Federico Guzmán, desde los filmes gitanos de Tony Gatlif a las obras sevillanas de la del colectivo Fiambrera Obrera, desde los cómic de Nazario hasta los vídeos de Guillermo Paneque, etc, etc.
La exposición está organizada en tres apartados principales, la música, el cine y el juego, estructurada a través de un recorrido por tres etapas principales: Desde el antifranquismo (1967-1982), En la transición (1975-1983) , y A la democracia (1982-1999).


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