"villarrubia, Matías Miguel s/ homicidio simple" legajo nº 0413, Fº61, Lºi juzgado: Juzgado de Garantías Nº 2 Uruguay



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10) María Silvina TALEB, afirma que realizó el Informe Químico Nº M085/0563, indicando que recibió siete sobres de papel manila rotulados como la ropa de la víctima de autos, entre otros efectos que detalla. En cuanto a la campera de la víctima, fue recepcionada con una serie de cortes (4) en la manga izquierda, los cuales fueron fotografiados y medidos, producidos por un elemento punzo cortante (cuchillo o tijera), aclarando que ésta no tenía puño. Según ella pudieron producirse por alguna pelea, y en su caso la actitud de la víctima habría sido defensiva. No puede aseverar que los cortes fueran realizados en distintos tiempos. Agregó que recibió hisopos de un grupo sanguíneo que coincide con el grupo sanguíneo de la víctima. La manopla tenía rastros de sangre y si la cantidad de la muestra le hubiera permitido determinar el grupo lo habría hecho. Que se reservó para estudios de ADN.

11) Juliana Andrea HERRERA, reconoció el Informe Químico Nº 159/0565, indicando que se trató de un análisis toxicológico de una muestra de orina y de sangre de Scheiver, las que se procesaron por separado. Que se encontraron en orina la fenitoína que es un anticonvulsivante, y el mirasonal que es un tranquilizante, utilizándose habitualmente este tipo de medicamentos en los ingresos de emergencia. Interrogada si según su experiencia, si se tomaron muestras tres días después del hecho es factible que puedan desaparecer elementos, contestando la testigo que sí, que hay sustancias que pueden desaparecer en sangre. Que en la muestra de orina se pierden más tarde, así es que cuarenta y ocho horas después se pueden detectar sustancias o drogas. Que en sangre hay que hablar de horas para detectar el consumo de drogas.

12) Pablo Daniel LEIVA, refiere que esa noche andaba de recorrida con el Jefe Departamental anterior, estando a tres o cuatro cuadras ya que circulaban por calle 9 de Julio, cuando se les informó de una gresca sobre calles Galarza y Maipú. Que se arrimaron ya que estaban a escasas cuadras, y vieron un Volkswagen Gol, modelo viejo, con una de las puertas abiertas, una chica afuera del auto y otra adentro. Que ninguna de ellas podía explicar qué había pasado. "No sé qué pasó" decían. Pasó para el lado del conductor y vio a un muchacho arrecostado sobre el asiento, consciente por cuanto aún respiraba, aunque lo hacía mal. Que se pidió una ambulancia al móvil de la Sala del Comando. Llegó otro móvil y después llegó la ambulancia. Que en un momento abrió la puerta del conductor y vio que le salía mucha sangre de la cabeza, le pidió a la novia si tenía un trapo, y como no tenía entonces le cortó el puño de la manga con una navaja que tenía en la camioneta. Que la joven lo sostuvo hasta que llegó la ambulancia. Que a ésto lo realizó de un solo corte. Preguntado que fuera si recuerda el estado de la campera, contestó que era una campera de salida, que no vio otro corte en la campera, que él no recuerda que los haya tenido. Señaló que al arribar al lugar estuvo con la supuesta novia del muchacho y su hermana, que así se identificaron. Señaló que la posición del auto era sobre calle Galarza, a unos quince metros de Maipú, que estaba bien estacionado, puede ser que la cola estuviera un poco para afuera. Cree que había una camioneta adelante, y pegada a la camioneta estaba el auto. Que se le exhibió la campera, reconociéndola el testigo. Señaló que la visibilidad era buena, que había buena iluminación.

13) Mariano Ariel MAZARIN , afirma que conoce a Lucas Caballero por el hecho en cuestión, porque Inda le dijo que había tenido un altercado en el puerto con la víctima y que tenía un auto de similares características. Cuando fueron al domicilio, el auto de Caballero era de otro color, y éste le dijo que Villarrubia tenía ese auto. Que fueron al domicilio donde los atendió el hermano de Villarrubia y les dijo que el vehículo estaba en el garaje. Que hizo el allanamiento y secuestro. Reconoce las actuaciones donde obra su firma, aclarando que como resultado de ellas se secuestró el vehículo y otros elementos de su interior. Que Lucas Caballero al igual que Inda le dijeron que había un inconveniente entre los dos sujetos por una campera. Agregó haber tomado conocimiento de que Inda se hizo presente, quien era amigo de la víctima, y fue uno de los que dijo de los inconvenientes sucedidos en la zona portuaria.

14) El testigo Germán Andrés INDA, recuerda que era amigo de Scheiver, lo conocía desde los 16 años, era un hermano para él, bueno, honesto, sin mala leche, trabajador. La víctima conocía a una persona llamada Lucas Caballero, sabe que se conocían pero no la extensión de su amistad. Hubo una diferencia entre ambos, Ezequiel le contó que tenían buena relación, hasta que una vez le pidió prestado un buzo o una campera, y no se la quiso devolver, allí chocaron, por la actitud de no devolverlo. Se creó un conflicto en el que él estuvo presente, fue con Lucas Caballero y sus amigos; luego del hecho del crimen pudo darse cuenta que Matías Villarrubia coincidía con uno de los que participó en el conflicto. Este se produjo en el puerto, hace 6 o 7 meses, no recuerda hace cuanto. Recuerda que estaba él y Ezequiel en la casa de Manuel Gauna, salieron en la moto a comprar. Iban por Avda. Paysandú cuando se cruzan con Caballero en el auto con tres o cuatro amigos. Ezequiel le pide de palabra el buzo, Caballero le hace seña como que sí se lo iba a devolver, como para parar más adelante. Estacionó y Ezequiel se bajó de la moto. Caballero fue a donde estaban, el resto se bajó del auto y se fueron a agredirlo. Él se quedó hablando con Caballero y un hombre de 40 años aproximadamente. Estos seguían agrediendo a Ezequiel, uno se bajó con una llave cruz. Se fueron para el lado sur de Avda. Paysandú, él se quedó discutiendo con Caballero y el otro hombre mayor. Luego apareció Ezequiel con la llave cruz, aparentemente se había sacado de encima a los amigos de Caballero. Se quedaron insultando invitando a la pelear alrededor del auto. Les tiraron botellas. Subieron por calle 8 de Junio, paró la moto porque escuchaba gritos, era esa persona mayor que estaba con Caballero, tenía un arma calibre 22, incitaban a que peleen, hubo un intercambio y se fueron, volvieron a lo de Gauna. Una vez que pasó el hecho vio las imágenes en que aparecía Villarrubia, coincidían con la imagen del acompañante del auto. Ezequiel le reclamaba por celular a Caballero, pidiéndole el buzo y explicaciones. Las respuestas de Caballero eran negativas, no le interesaba arreglar las cosas. Supone que Scheiver lo conocía al imputado porque se juntaba con Caballero. Después del incidente en el puerto se fueron por calle 8 de Junio a lo de Gauna. En la casa había otros amigos Manuel, Flavio Piccoli, Jonathan Bochatay. Comentaron el incidente. El pedido de Scheiver fue en buenos términos en el momento de interactuar, lo pidió de buena manera, sin insultar, solo quería la prenda. Caballero respondió con normalidad, como si no hubiera problema. Ezequiel trabajaba en Friar, una cadena de carnicerías. Interrogado por la Defensa contesta que no puede precisar hace cuanto fue la pelea del puerto, 6 o 7 meses de la fecha el homicidio. Que con Caballero y Scheiber nunca salieron juntos. Que Gauna vive en Mitre entre Hernández y República del Líbano. No llegaron a comprar antes del incidente porque se fueron a pasear. Después del incidente estaban muy nerviosos, fue él solo al drugstore. No denunció los hechos relatados, por el hombre con el arma, no sabían quien era, como tenían un arma de fuego ni quisieron pensar en eso. Cuando vio a ese hombre estaban en calle 8 de Junio y el Paysandú, la distancia entre ambos era de 20 a 25 metros.

15) Convocado que fuera Jonathan Agustín BOCHATAY, manifiesta que conocía a Scheiber desde hacía 8 años. Tenían una relación de amistad muy buena. Era muy carismático, tranquilo. Trabajaba en Friar, una carnicería. Ezequiel en un momento frecuentaba a Lucas Caballero, no sabe si se juntaba con Villarrubia, pero sí que se juntaba con ese grupo. Se dejo de juntar, lo conoció por el problema de la prenda y se enteró de la pelea en el puerto. Estaban en lo de Manuel Gauna. Ezequiel e Inda habían ido a hacer un mandado, fueron al puerto, no sabe a qué altura le contaron que se habían encontrado con Caballero, le pidieron la campera y se pelearon. Se estacionaron, se bajaron los acompañantes y agredieron a Ezequiel. Se lo contó éste media hora después, cuando volvió. Ese problema fue a mediados o empezando la primavera del año pasado. No sabe si Ezequiel tuvo problemas con otras personas. Señala que vio a Scheiver y a Caballero juntos en la costanera y después en el boliche. Hasta antes de lo que sucedió piensa que eran amigos, que tenían buena relación, no pensó que se iban a pelear por una campera. El día de la pelea estaba en lo de Gauna, no recuerda si habían traído cerveza, creería que sí, porque era una reunión de amigos. Recuerda que volvieron con mercadería. Desconocía que Scheiver tuviera una manopla, de ello se enteró al otro día del accidente, antes él no sabía nada de la manopla, se enteró de ella por Romina Malarino en el hospital.

16) Por su parte Claudio Rodrigo PICCOLI, alega que es amigo de Ezequiel, lo conocía de hacía 8 años, eran muy amigos. Sabe que a veces trabajaba de carnicero, al momento del hecho trabajaba en Friar y tuvo carnicería propia. Ezequiel le dijo que tenía otros amigos que había conocido el año pasado, lo nombró a Caballero, pero no conoce a ninguno de los dos. Ezequiel y Caballero tuvieron problemas, aquel le había prestado una campera y no se la quiso devolver. Después se pelearon en el puerto por la campera, una noche que estaban en lo de Gauna. Fue desde la fecha, 9 o 10 meses atrás, fue el año pasado. Se enteró porque Inda y Ezequiel contaron lo que había pasado. Que se habían encontrado, le reclamó la campera, Caballero le dijo que se la iba a dar, cuando pararon se bajaron del auto y lo agredieron, mayormente a piñas, y uno con una llave cruz, pero no lo alcanzó. Andaba en su moto. Refiere que el día del hecho se lo encontró, hablaron lo felicito y no lo vio más. No vio si había consumido algo, estaba tranquilo y lúcido, se quería cuidar porque tenía novia nueva. Estaba con ella y la hermana. Interrogado por la defensa, contesta que se lo encontró entre las 12 y la 1 de la mañana en el puerto cerca del monumento a la madre. El domicilio de Gauna es Mitre 1555 entre Hernández y República del Líbano. Inda y Ezequiel salieron a hacer unas compras, cuando volvieron, cree que compraron un vino y una gaseosa. Ese día no tenía manopla, después de esa pelea obtuvo una, el dicente la vio, la que Ezequiel le mostró tenía unas calaveras. Se le exhibe la manopla y no la reconoce

17) Por último, Eduardo GANDOLA, dijo que se realizó la entrevista de cuya lectura en lo cuantitativo arroja elementos o aspectos medibles de la personalidad, desarrollo o capacidad intelectual, y en lo cualitativo habla de lo proyectivo en el momento de la entrevista, su situación afectiva al momento de la misma. Las conclusiones desde lo cuantitativo es que se encuentra dentro de los parámetros de normalidad según su instrucción. En cuanto a lo proyectivo, hay elementos que pueden ser interpretados como de labilidad emocional afectiva, escasa capacidad para simbolizar en lo concreto, a las exigencias del medio. Dificultad para proyectar o anticipar acciones. Según el test realizado no siguió el patrón esperado. En relación a lo imputado a Villarrubia, éste entiende la situación en la que se encuentra, también puede dominar sus reacciones. Reconoce su informe y contesta que con dificultad para anticipar acciones, se refiere a que es en general, no ante situaciones extremas, no lo ha visto actuar en las mismas. Esto tiene que ver al orden y planificación de sus acciones, relacionado con su nivel de desarrollo de pensamiento abstracto pueden planear mejor. Los que tienen pensamiento concreto tienen esa dificultad. En situaciones generales, ante un proyecto hay una cierta consecución implícita de pasos a seguir, a fin de llegar a un objetivo. Estos pasos a seguir no están tan claros en el imputado, son improvisados. Presenta escasa capacidad en lo proyectivo. Es pensamiento concreto frente a lo simbólico. Se evalúan situaciones generales no particulares, la escasa capacidad no le da un estado total de consciencia o perturbada o disminuida. No tiene que ver con la alteración de la consciencia, sino del pensamiento, de qué manera resuelve cuestiones generales, sin que esto altere su consciencia. En cuanto a lo simbólico se refiere a la capacidad de abstracción, a la fantasía, lo que puede ocurrir. En ese espacio hay consciencia, también lo hay en el pensamiento concreto.

Que, de igual modo se ha incorporado como prueba documental la aquélla ofrecida y admitida oportunamente en la etapa intermedia y que da cuenta la respectiva acta de debate. Igual tesitura se ha tomado en relación a los efectos secuestrados.

IV- Que, a los fines de establecer la materialidad del hecho, es dable tener en cuenta que la presente causa se inicia a raíz de la comunicación que recibe la Sala de Tráfico del Comando Radioeléctrico aproximadamente a las 4:00 horas del día 8 de marzo de 2.014, que daba cuenta que en la intersección de las calles Maipú y Galarza de la ciudad de Concepción del Uruguay se había producido una pelea, resultando una persona herida -a la postre identificada como Ezequiel Scheiver-. Constituídos que fueran en el lugar, el Oficial Ayudante Ramón B. Quintana, constató la presencia de personal de criminalística, Sub. Comisario Jacquet y el Oficial Subinspector Antoniow, como también así el Jefe de la División de Investigaciones, procediéndose a realizar en el lugar las medidas de rigor, inspección ocular, secuestro de elementos relacionados con el hecho -cuchillo de cocina marca tramontina, con restos de sangre, una manopla de acero con restos de sangre, pañuelos descartables con restos de sangre y dos pulseras- (cfr. testimonial de Quintana y su pertinente respaldo documental en el Parte de novedad, acta de secuestro, croquis referencial y acta de Inspección Ocular incorporados a la causa).

Que, habiendo sido trasladado al hospital local la persona que resultara lesionada, se constituyó la prevención en el lugar y se procedió al secuestro de las prendas de vestir de Scheiver y, en el lugar del hecho, practicar idéntica medida sobre el automóvil marca Volkswagen modelo Gol dominio colocado SZB-117 (cfr. actas de secuestro respectivas).

Que, el testigo Gaillard da razones sobre las tareas investigativas realizadas a fin de dar con el paradero de quien se peleara con la víctima, efectuando un relato pormenorizado que permite reconstruir sin fisuras cómo se llega a la persona de Villarrubia como partícipe de tal acontecer.

Que, a su vez, el nombrado Scheiver fue ingresado de urgencia en el hospital local por herida de arma blanca en zona temporal izquierda, en coma, con contusión temporal y hematoma extradural (cfr. historia clínica, en especial parte de terapia intensiva de fecha 08/03/14). El testigo Dr. Gabriel González -Neurocirujano-, ha dado un acabado relato sobre las distintas asistencias médicas efectuadas sobre Scheiver, como también así el lugar de ingreso del elemento punzo cortante, el hueso pterion; reconociendo que un cuchillo de las características del secuestrado, se compadece con aquél capaz de provocar las lesiones por él observadas.

Así el nombrado testigo, refiere a la particular región lesionada como aquélla más débil del cráneo, sindicándola junto con las fosas oculares como el lugar más apto para producir lesiones en el cerebro con un elemento punzante sin que demande fuerza excesiva. Detalló de igual modo que, en un principio existía el hematoma extradural, pero en virtud del examen de las pupilas ya se advertía lesión cerebral; por lo que, al intervenir quirúrgicamente a Scheiver, ve el hematoma subdural producto de la lesión de la arteria silviana, la que tenía una laceración longitudinal de 4 centímetros; siendo concluyente que ninguno de los dos hematomas -sub/extradural- produce el infarto que ve en el cerebro de Scheiver, al que califica como muy dañado, y que ello era producto de la laceración de la arteria.

Que, de igual modo, del seguimiento efectuado por el Sr. Médico de Tribunales, Dr. Adrián Siemens, surge que 8 de marzo de 2.014, Scheiver se encontraba con asistencia respiratoria mecánica y con pronóstico reservado, habiéndosele practicado craniectomía, drenaje de hematoma y hemostasia, producto de la lesión de la arteria silviana izquierda, desencadenada por una herida de arma blanca en la región temporal izquierda penetrante. Ya el día 10 de marzo de 2.014, el pronóstico era malo a corto plazo, debido a que se encontraba la víctima con principio de hipotermia, midriasis fija bilateral y reflejos periféricos negativos, con mínima actividad eléctrica; produciéndose su deceso el 11 de marzo de 2.014, por isquemia e infarto del hemisferio cerebral izquierdo, lo que por edema cerebral le produce un enclavamiento y paro cardíaco (cfr. informes de estado de salud de fechas 8 y 10 de marzo de 2.014 e informe de autopsia de fecha 11 de marzo de 2.014).

El testigo Siemens al deponer en debate, en resumidas cuentas coincide con lo testimoniado por González en derredor a la gravedad de la zona afectada, y la importancia de la arteria silviana en la irrigación del hemisferio izquierdo del cerebro y sus consecuencias; explayándose sobre la paulatina desmejoría de Scheiver, viendo la falta de reacción en sus pupilas -sin reflejos corneanos o neurológicos-, lo que daba cuenta de la muerte cerebral, corroborado con los encefalogramas que daban respuesta eléctrica mínima. Ratifica asimismo que la causa de fallecimiento fue la lesión grosera en la arteria silviana que se encarga de la irrigación del 80% de hemisferio izquierdo, provocando esa falta de la irrigación la muerte.

Que, a esta altura del desarrollo, cabrá poner de resalto que en autos no se encuentra controvertido por parte del imputado que él haya participado en la pelea con Scheiver en la madrugada del día 8 de marzo de 20.14, reconociendo que se trenzó con éste a golpes y que previamente se había bajado del auto con un cuchillo que habitualmente usaba para comer cuando trabajaba; indicando que Scheiver se habrá pinchado -en franca alusión al cuchillo- cuando se cayeron por segunda vez en dicha pelea.

Que, sin perjuicio de tal reconocimiento, las testimoniales judicializadas de las hermanas Malarino y de Brenda Allois, son contestes en señalar desde sus distintos puntos de óptica cómo se dieron los hechos previos a la pelea y qué apreciaron de ésta.

Así en calle Galarza entre Perón y Urquiza, los autos en que se condujeran Villarrubia y Scheiver se encontraron por primera vez (cfr. fotografías obtenidas de las cámaras del Nuevo Banco de Entre Ríos), ya intercambiaron palabras los conductores en el semáforo de 14 de julio de la misma arteria, con desafíos entre ambos, para luego entre calle Maipú y Reibel -siempre sobre calle Galarza- detenerse los rodados para bajarse ambos conductores a los efectos de pelear.

Que, las disquisiciones en derredor a la forma en la cual quedaron los autos estacionados y el alcance dado por la defensa al término interceptación, no tiene mayor incidencia en lo que hace a la descripción fáctica de la imputación, no afectándose con ello derecho de defensa alguno.

Es más, la propia Allois, al describir cómo fueron las maniobras previas al estacionamiento de los autos, mostró con sus manos cómo se sucedió el sobrepaso de Villarrubia -ello al ser exhibida la testimonial que se le tomara en la IPP-, denotando cierta práctica obstructiva al cerrarse hacia el cordón derecho para estacionar, ello inmediatamente después del sobrepaso por la izquierda -incluso refiere que miró hacia atrás girando su cabeza a la derecha (ésto es, entre el asiento y el parante del auto) lo que permite inferir que el rodado de Scheiver se encontraba posicionado más a la derecha que el de Villarrubia en tal oportunidad (de estar en una misma línea recta y paralelo al cordón, es obvio que la testigo debió mirar por sobre su hombro izquierdo, esto es, entre los dos asientos del auto, donde lógicamente hay mayor espacio y menor obstrucción para la observación).

Romina Malarino, también relata esta suerte de encerrona que obliga a Scheiver a realizar una especie de frenado, previo a estacionarse; relatando también Ayelén Malarino la apreciación de que Villarrubia les impidiera el paso. En definitiva las tres testigos coinciden en que la intempestiva maniobra del acusado afectó de algún modo el normal tránsito del rodado de Scheiver; no existiendo entonces elementos que permitan dudar en dicho punto sobre su veracidad -todo ello sin perjuicio de que luego, al estacionarse ambos rodados, pudieran proseguir su tránsito por calle Galarza si así lo hubieran decidido-.

También son coincidentes en que inmediatamente después que se aparcaran los autos, ambos conductores se bajaron de los vehículos y comenzaron a golpearse, cayéndose en la cinta asfáltica para luego levantarse a los tumbos para caerse nuevamente sobre la vereda sureste de Galarza y Maipú.

Corresponde aquí dar pábulo a las manifestaciones del Sr. Fiscal en derredor al lugar en donde aconteciera ese primer embate entre los contendientes - reflejado en el plano del Informe Técnico nº 033/14-, sindicándolo en el sitio donde se encontrara la pulsera sobre la cinta asfáltica -casi sobre la línea de construcción de las casas sobre calle Maipú-, y si a ello se lo concatena con el espacio existente entre la Ford Ranger y la línea transversal de la esquina -teniendo en cuenta el largo de ambos rodados y el espacio entre los tres autos que quedaran estacionados sobre el cardinal Norte de calle Galarza (15 metros al decir de Leiva)-, éste lo fue en proximidades del auto de Scheiver y no como afirmara el imputado, en las adyacencias al suyo y previo a que la víctima le abriera la puerta. Nuevamente se considera cuanto dijera Allois, que se fija hacia atrás para ver si Scheiver se bajaba y cuando se da vuelta, Villarrubia ya no estaba dentro del auto.

De igual modo, las manchas de sangre existentes en la ochava Sureste de la intersección de referencia, denotan el lugar en donde fue herido Scheiver con el arma blanca que Villarrubia reconociera portaba en la oportunidad. Se ha acompañado al debate, el cuchillo tramontina secuestrado con evidentes restos de sangre, el anexo fotográfico que da cuenta del lugar en el cual es encontrado éste por la prevención, explicando de igual modo las testigos Malarino las razones de su hallazgo sobre la vereda y el posterior traslado al tablero del auto. Asimismo el informe de la Dirección de Criminalística de Paraná da cuenta que existe correspondencia entre el grupo y factor de la sangre de la víctima y los restos de ésta existentes en el cuchillo tramontina (cfr. en igual sentido la testimonial de Juliana Herrera).

Tanto Ríos, como Ayelén y Romina Malarino, reconocen que inmediatamente después de cesada la pelea, Scheiver se encontraba ensangrentado, perdiendo luego de unos instantes el conocimiento, por lo que debió ser trasladado al hospital por medio de una ambulancia. Pablo Leiva, ilustró el cuadro de situación con el que se encontró al llegar al lugar, y refirió específicamente de dónde emanaba la sangre -"le salía mucha sangre de la cabeza"-, por lo que improvisó una compresa con parte del puño de la prenda que vistiera la víctima a los efectos de tratar de contener la hemorragia.

En definitiva, teniendo en cuenta el expreso reconocimiento del imputado, adunado a la prueba documental y testimonial recabada a la fecha, y analizada bajo el prisma de la sana crítica, debe inferirse sin mayor hesitación, que fue el nombrado Villarrubia quien mediante el uso de un cuchillo tramontina, produjo la herida punzo cortante en la zona de la sien, más precisamente del hueso pterion, de Ezequiel Scheiver, provocándole con ello una lesión en el hemisferio izquierdo del cerebro y en la arteria silviana, lo que desencadenó edema, isquemia e infarto del hemisferio cerebral izquierdo, y a la postre produjo un enclavamiento y deceso por paro cardíaco.

En este punto de las consideraciones, creo que corresponde tratar el específico planteo de la defensa en derredor a la pretensa involuntabilidad de Villarrubia.

Así ésta, -interpreto en función de lo planteado en resumidas cuentas-, se estructuraría en un doble orden, ya sea como función reductora de la acción -bajo los dichos del imputado de que cuando se cayeron "...se habrá pinchado..."- o ya de la imputabilidad, en la fórmula esgrimida por la defensa de una insuficiencia de la capacidad psíquica como disminución de la "consciencia como función sintetizadora" -automatizada por la pelea-.

a.- En lo que refiere a la primera postura fincada en la ausencia de acción, considero que ella no se compadece con la prueba producida en el debate. Para ello tengo en cuenta la propia declaración del imputado, quien refiere que él se cae porque se tropieza con el cordón de la vereda y Scheiver queda sobre él, y ahí le empieza a pegar hasta que Villarrubia lo toma de la cara y ahí lo deja.

Claramente ya la versión del imputado se contrapone con una mecánica fortuita de la lesión, dado que aún cuando el pterion sea la zona delicada y la más delgada de la estructura ósea craneana, no por ello es permeable a que se introduzcan por él elementos filosos sin ejercicio de fuerza.

El testigo González fue claro al señalar que debieron perforarse 5 milímetros de hueso, lo que demandó una energía importante para penetrarlo sin llegar a ser excesiva. En definitiva o el impulso para que se produzca la perforación provino de la acción de Scheiver contra el cuchillo que debió estar afirmado contra algo que contrarreste o resista la inercia del cuerpo de la víctima -vgr. suelo o pared, producto de la diferencia de masas comprometida en la colisión-, o el impulso para penetrarlo vino de la acción de arrojar un golpe curvo con el cuchillo sobre el pterion que cedió ante dicha fuerza inercial -vgr. la cabeza estática al momento de la colisión-; y es precisamente este último supuesto el que se condice con lo relatado por el imputado, aún cuando expresamente así no lo haya afirmado, ya que quien cae contra el suelo fue Villarrubia y no a la inversa.

Debo adunar a lo supra expuesto que, el arma blanca entró y salió de la cavidad craneana de Scheiver, por lo que, para que se dé esta última circunstancia, en todo momento debió ser empuñado el tramontina, con la fuerza suficiente para asirlo y clavarlo, y luego, en sentido inverso a la fuerza penetrante para extraerlo, todo ello sin solución de continuidad para que suceda la maniobra completa.

Desde otro vértice de mira, las testigos Malarino aluden a esa segunda caída y a los insistentes e ignorados reclamos de ambas novias para que cese la pelea; sin embargo, inexplicablemente para ellas, de manera intempestiva ésta finaliza - "...Ezequiel se levanta muy de golpe y se va para el auto..." (Romina Malarino), "... como que se paran de una y cada cual va para su auto..." (Ayelén Malarino)-; patentizando ello a mi juicio el preciso momento de la puñalada. Esto inclinó la balanza en la medición de fuerzas y determinó el corte abrupto del combate buscado. Implícitamente ambos contendientes supieron de inmediato quien había ganado el pugilato y por qué, ya no mediaban razones para seguir con el mismo.

En un mismo sentido se expide la testigo Allois, la que refirió sobre un intento de separarlos cuando estaban en el piso y que después cada cual se subió a su auto; indicando de igual modo Ríos que, vio dos personas tiradas una arriba de la otra peleándose.

En este carril argumental, cabe descartar entonces como causa que excluya la acción la fallida fórmula de fuerza física irresistible, dado que el desarrollo previo demuestra que Scheiver no se cayó sobre el cuchillo sino que éste fue introducido en la cavidad craneana por Villarrubia, por lo que tal acontecer se da de bruces con la alegada imposibilidad de conservar el dominio del suceso.

b.- Concatenado a ello, debo desestimar de igual modo la alegada involuntabilidad sinuosamente esgrimida por la defensa técnica.

Para fundamentar lo supra referenciado, tengo en cuenta en primer lugar que el concepto de acción viene de la mano de la evitabilidad del comportamiento exterior; y en segundo, que no se puede confundir/equiparar a los actos reflejos con los movimientos/actos instintivos, ni con las conductas automatizadas.

En este sentido, los actos reflejos responden a una acción muscular involuntaria por excitación externa de los nervios motores sin influencia psíquica (vgr. golpe en el nervio); mientras que, por el contrario, los movimientos instintivos reconocen su origen en una reacción rápida que es el resultado de comportamientos almacenados en los centros superiores devenidos de la experiencia, movimiento que es transmitido psíquicamente y dirigido a un objetivo; por lo que, en términos de Roxin, eso basta para admitir que hay una manifestación de la personalidad y por tanto acción (cfr. Claus Roxin, Derecho Penal Parte General, T. I, 2ª Ed., Ec. Civitas S.A., año 1997, pag. 262).

Ya sostenía Welzel que "el hecho de que muchos de nuestros movimientos corporales, en virtud del ejercicio continuo, estén automatizados, no menoscaba la condición final de acción, sino que, por el contrario, la favorece; el pasear también es una actividad dirigida finalmente aunque nosotros no necesitemos dirigir cada paso como un niño pequeño".

En definitiva, existe consenso en la doctrina dominante para reconocer el carácter de acción a esta clase de movimientos, dado que es evidente que el autor, poniendo un esfuerzo suficiente puede controlarlos. Así afirma Donna, que en los movimientos instintivos de defensa, reacciones pasionales o de cortocircuito, o movimientos semiautomáticos, se trata de procesos formadores de la voluntad que con una contramotivación importante pueden ser evitados (Cfr. Edgardo A. Donna, Derecho Penal Parte General, Tomo II, Rubinzal Culzoni Ed., Buenos Aires, 2.008, pag. 185).

En este carril argumental, ha de rechazarse de plano esa alegada falta de acción "desde el momento en que tomó el cuchillo instintivamente y empezó a pelear" -conforme lo insinuara la defensa-, dado que en el lapso de tiempo que ello importó, indefectiblemente existió un extenso proceso de motivación, basta traer groseramente como ejemplo, el bajarse del auto en vez de poner el seguro a la puerta y continuar su derrotero.

Aún no merece recibo el planteo, si se lo circunscribe sólo al instante previo de asestarle la estocada mortal; toda vez que, como ya lo explicitara, encontrándose bajo los golpes de Scheiver, Villarrubia toma con una mano la cara de su oponente y con la restante dirige el tramontina a su cabeza o simplemente realizó la última de las acciones descriptas.

c.- Considero de igual modo, que deben rechazarse las propuestas defensivas que niegan las concretas capacidades individuales de Villarrubia para dirigir sus acciones.

Para ello traigo a consideración los exhaustivos testimonios rendidos por el Dr. José Cabelluzzi y el Psicólogo Eduardo Gándola, los que han sido suficientemente claros en desbrozar que la dificultad para proyectar o anticipar acciones observada en el imputado, responde específicamente a la consecución implícita de pasos a seguir a fin de lograr un objetivo, viendo improvisación para ello; rechazando de plano que este proceso tenga que ver con la alteración de la conciencia.

Sobre el punto ahondó Cabelluzzi, explicando que en términos generales cuando se trata de actos violentos, sería muy raro que se actúe en un estado de total normalidad, siempre existe una perturbación tomando como base la situación basal de la tranquilidad, incluso ante una discusión subida de tono se da tal alteración.

A este respecto explica el especialista que ello es distinto a que exista un estado de inconsciencia; pues se toma como variable que las personas tengan o no antecedentes de patologías, consumo de sustancias, enfermedades o tratamiento psiquiátrico o incluso si aparecen en su discurso manifestaciones de malestar psíquico, o en los tests que se le practican, de no darse tales supuestos no hay alteración de conciencia; las conductas violentas en principio tienen consciencia, una finalidad.

Debo agregar a ello que, tales conclusiones no colisionan en nada con la postura sostenida por el Dr. Zaffaroni en su obra Derecho Penal Parte General, el que aún cuando no ate tales alteraciones a lo patológico, si responde a un criterio psicológico jurídico, bastándole para la insuficiencia que "la personalidad no alcance el nivel de integración requerido para que la consciencia se desarrolle de forma relativamente adecuada a los requerimientos del medio" (cfr. autor citado, 2da. Ed., Ediar, Buenos Aires, 2.002, pags. 424, 701 y sgtes.); no corroborándose en autos la existencia de dicha deficiencia.

La duda que pretende hacer valer el Dr. Moretti sobre los resultados de la pericia es la cartesiana que no se condice con las pruebas producidas, donde la crítica de las conclusiones se basa en una eventual situación diversa para la que no aporta elemento alguno que permita dar apoyatura a su teoría. Una cosa es enunciar un supuesto y otra muy distinta es que se dé su ocurrencia.

La defensa ha tratado de trasladar a los hombros de la fiscalía una deficiente actividad probatoria por "no comprobar las circunstancias que eximan la responsabilidad del imputado", mas esa supuesta falta de capacidad de acción fue alegada recién en la instancia de debate sin que haya mediado previamente una efectiva declaración del imputado en la IPP -se abstuvo en la oportunidad-, por lo que el titular de la acción pública no vulneró cuanto dictan los artículo 55 y 388 del ordenamiento adjetivo, resultando suficiente a los efectos la pericia psicológica-psiquiátrica practicada.

Sin perjuicio de todo ello, no debe perderse de vista que "...la capacidad penal es la regla y su excepción debe ser probada, pues cuando el ordenamiento jurídico parte de la igualdad de todas las personas no sienta la absurda máxima de que todas las personas sean realmente iguales, sino que ordena que los hombres deben recibir igual trato ante la ley (ROXIN, ibídem, p. 808).." (Cfr. S.T.J.E.R. en las causas "Ocampo, Daniel A." del 15/04/09 y "Sanchez, José H." del 10/08/09); agregando el Dr. Chiara Díaz en el voto del último fallo de referencia que "...quien invoca haber obrado en grado de inimputabilidad queda en situación de sostenerla con elementos demostrativos de su existencia al momento del hecho...", circunstancia ésta de la que ha hecho oídos sordos la defensa; no habiendo articulado en su caso, las vías procesales y/o impugnaticias expresamente previstas en el ordenamiento a los efectos (los tardíos planteamientos defensivos sobre el punto, amén de ser una mera disconformidad, constituyen cuestiones ya precluídas).

Colofonando entonces el punto bajo trato, considero que amén de que los peritos hayan sido claros al señalar la inexistencia de indicadores sobre falta de consciencia en Villarrubia, resultan acertadas las consideraciones fiscales en derredor a que el imputado hizo un relato de cómo sucedieron a su entender los hechos, sin lagunas en cuanto a su continuidad - no dando pábulo siquiera para afirmar un "corto circuito"-; y en lo que al uso del cuchillo refiere, reconoce que se bajó con el mismo para hacer frente a la pelea, siendo indicativos de su uso, no sólo la lesión en la cabeza de Scheiver sino también los cortes defensivos existentes en el buzo con capucha secuestrado (cfr. Informe de Sanchez y fotografías del folio 12, como también así testimonial de Taleb y de Leiva en cuanto que él hizo un solo corte en dicha manga), todo lo cual me lleva a sostener la plena capacidad de acción de Villarrubia al momento del hecho.

Teniendo en consideración todos los elementos "ut supra" detallados, a mi juicio ellos permiten cerrar el razonamiento realizado en orden a la valoración del plexo probatorio producido en el debate, que conducen a una única conclusión válida: que Villarrubia mediante la utilización de un cuchillo tramontina realizó una acción jurídicamente relevante, provocando una seria lesión en el cerebro y la arteria silviana de Scheiber, la cual desencadenó en la muerte del nombrado, debiendo en definitiva responder
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