Valores. Sociedad y creatividad



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VALORES.- SOCIEDAD Y CREATIVIDAD.

Dr. Ovidio S. D´Angelo Hernández

Investigador Titular-CIPS-1999

Resumen

La reconstrucción de valores constituye una dirección estratétiga en la sociedad de hoy, que puede estar orientada hacia la rutinización o conservación o hacia la creatividad. Una concepción reflexivo-creativa, a través de modos de concertación grupal y social constituye, junto al rediseño de la totalidad de los procesos sociales, la posibilidad de conformación de proyectos de vida constructivos y creadores en el plano de la persona y lo social, que aporten en la dirección necesaria de una sociedad más desarrollada e integralmente humana.
Values, Society and Creativity.



Abstract
Reconstruction of values is an strategic course in today society. It could be oriented to conservative, rutinary or toward creativity. A reflective-creative conception through groupal and social arrangement and, furthermore, whole social processes redesign may create possibility to construct creative personal and social life´s projects. It could be aportative way to create a most develop and humanistic society.

VALORES.- SOCIEDAD Y CREATIVIDAD.

Dr. Ovidio S. D´Angelo Hernández

Investigador Titular-CIPS-1999
Introducción
La cuestión ética, como problema social relativo a la expresión de los valores y a su formación, a la transparencia del comportamiento y las intenciones, al enfrentamiento y solución de múltiples dilemas morales de la vida cotidiana y de las relaciones sociales, es una temática de interés sostenido. Las relaciones entre la conciencia individual y la social, entre el individuo y el contexto socio-cultural de la época y el país constituyen, en los tiempos que corren, una de las problemáticas de más difícil abordaje teórico y práctico.

El cambio brusco del contexto socio-económico y político mundial, en los últimos años, ha conmovido marcos referenciales cuyo impacto en los valores éticos de las personas, es considerable. Nuevos exámenes son requeridos para las nuevas realidades; nuevas búsquedas, integraciones y diseños, en todos los órdenes, pero también en el campo de la formación de la persona y los valores éticos, son urgidos por la complejidad dinámica del presente.

En este sentido, se abren muchas interrogantes: ante las difíciles situaciones y retos que plantea la complicada realidad contemporánea de sociedades que se caracterizan por la pobreza y la injusticia social frente al derroche de recursos, la intolerancia y la violencia, la polarización social y la existencia de intereses económicos y de poder, la manipulación del ciudadano por grupos de intereses políticos y los medios masivos de comunicación, etc..

De cara a las perspectivas y necesidades de progreso económico y social, del desarrollo de un orden de convivencia realmente humano que permita el florecimiento y autorrealización de las personas, las realidades de hoy se alzan como barreras que presentan una sombra de duda e incertidumbre sobre el futuro.

En otro orden de cosas, pero muy vinculado a lo anterior, un paradigma educativo se ha agotado. Nuevos conceptos, de interés también para la formación de valores del individuo, han ido imponiéndose en la arena mundial, como intento de fomentar un modelo de persona educada y socialmente constructiva, capaz de enfrentar positivamente, de manera creativa, los retos enormes de los tiempos actuales y revertir los signos de deterioro material y espiritual de que somos testigos hoy, en sus múltiples manifestaciones.

Ante esta situación los esfuerzos mancomunados de diferentes fuerzas sociales constructivas necesitan de una coherencia de paradigmas y acción multilateral que orienten el cambio necesario en las direcciones más sensatas y beneficiosas para toda la sociedad.

Las corrientes de educación liberadora, de pensamiento crítico reflexivo, los enfoques constructivistas y de creatividad, entre otros, han contribuido a definir los contornos de esta nueva dirección transformadora.

En su sentido más profundo, se trata de una dirección de pensamiento y acción educativa social en la que confluyen múltiples articulaciones, bajo un tronco común de inspiración humanista.

Una concepción de valores éticos y de desarrollo humano, del acervo universal, junto a las tradiciones propias, de nuestro pensamiento filosófico y social latinoamericano, constituyen los pilares de la estructuración de los fundamentos y el desarrollo de la dimensión ética de la persona que proponemos.

El culto a la dignidad plena del hombre y al sentido de identidad nacional y cultural patrióticos, como reclamaba nuestro José Martí, constituyen el aliento central de esta elaboración .

Junto a los valores universales, aquellos procedentes de nuestra mejor tradición nacional, que enaltecen la dignidad humana o referidos a la solidaridad y a la justicia social o al examen reflexivo a que nos invitara Félix Varela, conforman el marco conceptual de una ética para la práctica social transformadora.

Lo universal contextualizado en nuestra realidad nacional, en su historia de tradiciones y en su examen crítico a la luz de las necesidades actuales del desarrollo social y de los ideales de mejoramiento humano. De eso se trata, como punto de partida para la acción transformadora social.

Algunos de los principios claves de este enfoque transformador se sustentan en la idea central de que el conocimiento (y la formación de valores) no es un asunto de transmisión de información, sino que requiere de los diferentes actores e instituciones sociales una acción para la incentivación de la exploración, la búsqueda creadora y el análisis argumentado, basados en los intereses, la experiencia vital y la práctica social de los sujetos . Se trata de una realidad que no puede ser "asimilada", sino "construida", enriquecida y renovada constantemente en la dialéctica de conformación y confirmación de la propia identidad cultural.

El logro de congruencia entre un ideal tal de persona reflexiva, creativa e íntegra como el propuesto y la realización de un modelo de sociedad que la fomente en todos los campos de la vida constituye, sin lugar a dudas uno de los retos importantes del presente.

El desarrollo de un nuevo tipo de persona social autónoma, responsable y comprometida con

su entorno social y cultural, con la conformación de una identidad propia de contorno universal‑nacional abierta al desarrollo de la plenitud de la esencia humana requiere de nuevas formas de interacción activa con sus condiciones materiales y espirituales de existencia, con su entorno cotidiano.

Esta propuesta de desarrollo ético de la persona en su dimensión humana y social, se sustenta en algunas consideraciones teórico-prácticas:

1)El desarrollo de la persona no se agota en su autorrealización interior, en el cultivo de su mente y espíritu, sino que se completa con su aporte constructivo en las esferas de lo social. Riqueza interior y labor por el bien común se reúnen en el modo de ser y hacer de la persona reflexiva; creativa y moralmente íntegra, portadora de valores de dignidad y solidaridad humana, que se expresan en su condición de ciudadano promotor de una sociedad de progreso y justicia.( Por tanto es ésta la condición que habría que promover en todos los escenarios sociales).

2)El acuerdo en estos valores humanos esenciales, considerados como valores universales, es sólo una parte (importante) del fundamento del desarrollo ético. Es preciso diferenciar estos valores genéricos o principios de inspiración general, de aquéllas perspectivas de enfoque que los dotan de un contenido concreto que, incluso invocándolos, en ocasiones llegan a afirmar una dirección diferente a la de los enunciados generales. Por eso, el análisis debe partir de una concepción general del hombre, del aporte del pensamiento y la historia universal en la construcción del ideal de progreso y justicia social y llegar a la crítica de las concepciones particulares, sustento de la sociedad específica en que este hombre se inserta, en la que adquieren un contenido concreto esos valores universales. (Por tanto, se requiere de esa construcción crítica de los valores para su formación efectiva y aportadora).

3) En estrecha relación con lo anterior, una visión genérica del hombre y sus valores, enmascararía las causas sociales de la diferenciación en la existencia concreta. De aquí que el modelo de hombre digno, solidario, íntegro, debe tomar en cuenta las relaciones sociales reales en que ésto es posible.

Sociedades alienadoras del individuo, burocratizadas, o consumistas, manipuladoras e instauradoras de una docilidad y conformismo acrítico de diversos tipos de "hombre‑masa", que alientan la desigualdad y la injusticia social, los privilegios infundados, el cercenamiento de los deberes y derechos sociales y ciudadanos básicos del individuo, la desigual oportunidad de acceso a las esferas de lo económico, lo político y lo cultural, que no permiten el florecimiento real de la esencia humana, constituyen contextos inapropiados para el desarrollo coherente de la dimensión ética de la persona.

Por tanto, el plano de la formación de los valores éticos de la persona está en estrecha correspondencia con el examen de los fundamentos de las relaciones sociales concretas en que ésta se desempeña, de las bases de sustento de sus instituciones y valores sociales, de la tradición histórica y la vida cotidiana de la sociedad en cuestión.

En este sentido puede interpretarse la célebre frase de Marx sobre la esencia humana como el conjunto de las relaciones sociales, y esto es válido para el análisis de cualquier tipo de sociedad contemporánea y de su incidencia en la formación y desarrollo de los valores éticos, lo que invoca al examen profundo, amplio y crítico de las bases constitutivas de cada sociedad específica en su correspondencia con el ideal de desarrollo humano creativo. (Por tanto, el análisis reflexivo y propositivo del contexto real es una condición para la formación adecuada de valores).

4) Una concepción tal de principios y perspectivas de enfoque de los valores éticos debe entonces estar abierta al desarrollo reflexivo y creador.

En este sentido, no es concebible la educación en valores (entendida como función de todo el conjunto de subsistemas sociales) bajo el paradigma transmisor receptivo, que supone la existencia de unos valores portadores de verdades absolutas y totalmente conformadas o invariables que deban ser "enseñadas", transmitidas y sólo asimiladas por los individuos.

Por el contrario, el enfoque del desarrollo creativo de valores éticos en el proyecto de vida individual y colectivo, parte de posiciones constructivistas, críticas y creativas , sustentadas en un concepción integral social y humanista.

Es el propio individuo el que debe descubrir y analizar las bases de conformación de los valores, "construirlos" y desarrollarlos creativamente en interacción social.

Esto no significa dejar de considerar los valores y tradiciones propias que constituyan la raíz de la identidad cultural nacional, sino incorporarla bajo el prisma de su análisis universal y promover su enriquecimiento.

5)En este sentido, se enfatiza el tomar como punto de partida de la educación en valores la experiencia vital, las necesidades e intereses, los hechos de la realidad cotidiana en que están inmersos los individuos para proceder a su examen profundo, a la búsqueda de las relaciones y fundamentos, al descubrimiento de la incoherencia y los conflictos morales subyacentes, al debate abierto de las debilidades e insuficiencias y de los mecanismos de manipulación o de irracionalidad social.

Sólo sobre la base de la formación ciudadana reflexivo-creativa y la acción consecuente se puede llegar a desarrollar valores éticos personales de alto orden, que aporten a la construcción de proyectos de vida individuales y colectivos, de una sociedad mejor para todos, como antídoto al mal contemporáneo de la crisis de valores.

Se requiere del debate sobre temas éticos que abarcan una amplia gama de aspectos de la vida social, de las relaciones interpersonales cotidianas, áreas de conflictos del comportamiento moral, de conformación del sentido de identidad personal, cultural, nacional, etc., vinculados a la formación de la dignidad y solidaridad humana y la integridad de la persona.

6) El concepto de integridad de la persona es central para el enfoque de desarrollo ético creador en los proyectos de vida. Esto se basa en la unidad de dos planos de análisis (el de la personalidad y el de la persona). Ello supone, de un lado, la interrelación funcional de procesos y contenidos de la cognición, afecto y de la dimensión ética del individuo y, de otro, la unidad de estos planos de elaboración intelectual, afectiva y valorativa con la práctica, con el comportamiento y la posición social del individuo en el contexto real de su vida.


La resonancia de los asuntos tratados se extiende a todos los campos y proyecciones posibles de la vida social. En tiempos convulsos, que se caracterizan por una cultura a la vez fragmentada y globalizadora, el desmantelamiento de algunas utopías sociales, la intolerancia étnica y política, la desigualdad, la injusticia social y el poder de manipulación social, entre otros aspectos, incrementa de manera alarmante la incertidumbre, la desesperanza, la inmediatez o desestructuración de los proyectos de vida del individuo, el deterioro de los valores morales esenciales del ser humano.

En este contexto muchas líneas de investigación quedan abiertas en direcciones y áreas significativas, en relación: con acciones de promoción de valores y proyectos de vida de personas crítico-reflexivas e íntegras, con los procesos de crisis y cambio social, relaciones alienadoras e impersonales institucionalizadas, problemas del poder y la democracia real, una sólida conformación de la identidad personal y nacional, por sólo citar algunos de los temas implicados que necesitarían ser abordados con profundidad y urgencia en la investigación concreta de nuestras realidades.

En este marco contextual, el enfoque del desarrollo integral y ético de los proyectos de vida de la persona se propone contribuir a enaltecer y fomentar los valores esenciales de dignidad, solidaridad e integridad moral del individuo, en el contexto de sus situaciones vitales, como elemento promotor de relaciones sociales renovadoras basado en las raíces culturales nacionales hacia un orden superior de progreso, justicia social y plenitud humana.
Etica.- Pensamiento Crítico y Psicología Humanista.-
La corriente de pensamiento crítico presenta un interés especial por la formación de un tipo de persona en la que los procesos de reflexión y creatividad se unen íntimamente al desarrollo de valores éticos que crean la posibilidad de modos de relaciones humanas y racionales entre las personas, sobre la base del alto valor del respeto mutuo y la consideración recíproca.

Los aportes de la psicología humanista en este campo del desarrollo personal ético son relevantes y coincidentes con la corriente crítica.

Las características a lograr en una persona madura, desarrollada integralmente, en una "persona que funciona plenamente" requiere, según C. Rogers (1982, 172-189):
- Autenticidad y autoexpresión:

Se cultiva la disposición a expresarse tal cuál uno es, sin rasgos defensivos (autoaceptación de errores y deficiencias). Se estimula el tratar de ser y expresar su auténtico "yo" y la coherencia personal; esto es, la concordancia entre lo que se experimenta, aquello de lo que es consciente y lo que comunica.

- Confianza en las elecciones personales y en la dirección de su propia vida.

- Desarrollo permanente de sus potencialidades, autorrealización y creatividad.

- Receptividad hacia sus experiencias (interior y exterior)

- Valoración positiva de las relaciones personales profundas.
Estas cualidades le permiten al individuo aprender de los otros y de sus críticas y le propician un mayor acercamiento a la gente, de manera que pueden expresarse más abiertamente (1982,172); por tanto, se trata de la reciprocidad de la autoexpresión, del cultivo de una tolerancia razonable y del respeto a la condición humana de las personas.

Esa disposición a la tolerancia y el respeto del modo de ser y de los puntos de vista del otro no significan un relativismo absoluto respecto a las normas y costumbres sociales aunque, sobre todo, es en la corriente crítico-reflexiva donde el respeto mutuo se fundamenta en base a argumentos racionales de convivencia que son construidos (elaborados personalmente) a través del diálogo reflexivo.

La concepción de la libertad de experiencia personal, en Rogers, contribuye a la creación de personas menos sujetas a los estereotipos, prejuicios y costumbres sociales rígidos e impositivos, que generan individuos defensivos y, muchas veces, la incongruencia en el plano de los actos morales (doble moral, etc.).

En ambas corrientes (la crítica y la humanista), la autenticidad y la autoexpresión del individuo se convierten en elementos centrales de la noción de persona plena, que funciona sobre la base de compromisos contractuales de la responsabilidad ciudadana, libremente asumidos (y en el mejor de los casos, bien argumentados y basados en criterios de progreso humano).

Rogers, (1967, 136), considera que las bases de la relación humana son:

- la comprensión, la tolerancia, el respeto y la aceptación

Entonces, el objetivo -señala Rogers- es el de desarrollar individuos abiertos al cambio, que puedan encarar de manera constructiva las perplejidades y problemas del mundo actual (1982, 124).

En la corriente crítico-reflexiva lo diferente es que esta comprensión facilitadora de la autoexpresión es pre-condición del diálogo reflexivo y constructivo con vistas a la elaboración más profunda y argumentada e, inclusive, para la transformación posible de valores y puntos de vista, a partir de consideraciones racionales.

El fomento de un pensamiento crítico, o de más alto orden, o multilógico, sería una de las claves de formación del ciudadano reflexivo y creativo. Así, para L. Resnick(1988), el pensamiento de más alto orden implica un conjunto de actividades mentales elaborativas, con requerimiento de juicios matizados y análisis de situaciones complejas de acuerdo con criterios múltiples......Para Richard Paul,(1990, 109) el pensamiento multilógico requiere la habilidad de pensar de manera precisa e imparcial en un contexto de puntos de vista y marcos de referencia opuestos o contradictorios que caracterizan la realidad de las relaciones interpersonales en la vida cotidiana.

El propio Paul (1990,64) observa que gran parte de los actos de la vida cotidiana se basan en creencias apoyadas en la experiencia, costumbres, convenciones, etc. que no han sido examinadas racionalmente o son producto del encubrimiento de mecanismos individuales y sociales no conscientes. Estas creencias y valores pueden presentar contradicciones o inconsistencias que requieren de clarificación, desmitificación , interpretación y reanálisis.

En la base de la formación de valores se entremezclan las disposiciones, creencias, afectos y juicios que dan lugar, según M. Lipman (1992, 306), a dos posiciones básicas:

- Posición de conservación: Se considera a sí misma como representando y preservando valores tradicionales de la sociedad.

Postulado: Es necesario trasmitir los códigos morales considerados valiosos, de generación en generación, garantizando de esa forma la integridad y la continuidad social.

Lo característico de esta posición es el respeto por unos ideales, asociados a la identidad nacional, que son la herencia del pasado y al mismo tiempo una guía fiable para el futuro.

Enfatiza el contenido de los valores más que las habilidades para su examen.
- Posición de preparación para el cambio: Es expresión de valores de diversidad e innovación cultural.

Postulado: La habilidad para la discusión argumentada pasa a primer plano de atención más que el contenido de los valores.

Lo que ocurre, frecuentemente, es el énfasis en una u otra posición, de corte más tradicionalista o más innovador. Lo cierto es que, por otra parte, la conservación e integración y desarrollo de los valores para la educación moral ciudadana deberían constituir un proceso dialécticamente articulado en el que se expresen las mejores tradiciones formadoras de la identidad nacional inspiradas en lo autóctono y en los avances del pensamiento humanista universal, a la vez que incorpore el sentido positivo del cambio social.

No obstante, permanecen abiertas las cuestiones sobre: ¿qué valores concretos se deben formar? ¿cómo decidir cuáles son los mejores valores? (Lipman, M., 1992, 305)

Para Lipman, se trata de desechar las formas de comportamiento que son obviamente autodestructivas y propiciar su transformación en comportamientos autoconstructivos. Y esto se logra a partir de que se asuma la responsabilidad de generar ambientes de apoyo y tolerancia que promuevan el autorrespeto y el autodominio, los que considera como el paso más esencial que tiene que ser dado hacia la involucración en una educación moral (Lipman, M., 1980, 156). En este sentido enfatiza que, a menos que el ambiente creado conduzca a la confianza y respeto mutuos para cada individuo, nada se lograría en la dirección señalada.

M. Lipman destaca la importancia de que esta formación en valores se lleve a cabo en contextos comunitarios y cooperativos (Ibidem).

El propósito educativo no se cumple sino socialmente, a partir de la interacción interpersonal de nuevo tipo en el campo más amplio de las relaciones interpersonales y sociales, en la familia, en la comunidad, en las organizaciones sociales y en la perspectiva de la proyección individual y grupal en la vasta dimensión de las instituciones sociales y las relaciones macro-sociales.

Un proceso de construcción social como el que se genera a través del aprendizaje cooperativo-reflexivo en comunidades de indagación en esos diferentes contextos supone, además, la definición de posiciones de valor, orientaciones y metas vitales, puntos de vista sociales, que a la vez que se especifican y personalizan van constituyendo un referente grupal común. La formación de proyectos de vida individuales se va concertando en la elaboración del proyecto de vida colectivo de grupo. Una visión del mundo más amplia, hacia la sociedad en su conjunto, determinaría los puntos de tensión y convergencia entre estos proyectos individuales, colectivos y de nación, como marco general.

Las estrategias reflexivo-creativas se insertan entonces como instrumentos educativos para la conformación de lo personal y lo social en las dimensiones en conflicto de: tradición Vs creación, individualismo Vs cooperación, enajenación Vs integración social responsable.

Cuando la persona argumenta, hace autocorreciones, brinda sustentaciones y construye el conocimiento con los otros, crea una nueva realidad y la compara con la propia existencia, extrae inferencias, elabora alternativas, escucha a los demás y reconoce lo valioso de sus puntos de vista, etc., ese aprendizaje lo está capacitando para ejercer sus roles sociales de manera más integral, constructiva y solidaria, como ciudadano capaz de tomar lo valioso existente y construir, sobre ello, creativamente, en concertación con los demás.

El desempeño en comunidades de indagación y el dominio de otras estrategias reflexivo-creativas aplicadas a un nuevo estilo de relaciones sociales, crea la posibilidad no sólo de un desarrollo personal y ético, sino de una nueva calidad de relación social, el fomento de una cultura realmente democrática en el grupo; por tanto, genera un desempeño colectivo altamente eficiente y humanizado, en el sentido más extenso de este término.

Esta práctica pudiera sustentar los procesos de cambio social en comportamientos responsables, argumentados, creativos, concertados socialmente.

El énfasis vigostkiano en el papel del diálogo como constructor del pensamiento, de la interacción social del aprendizaje desarrollador de las potencialidades individuales, se proyecta aquí en el plano constructivo de lo social creativo y humano.

De instrumento o formas de aprendizaje específico, los enfoques y estrategias de desarrollo reflexivo-creativo pasrían a conformar nuevos estilos y estructuras de relación social y de dirección social para fomentar maneras diferentes y humanizadas de la construcción colectiva de la vida social y la solución concertada de los problemas sociales. Una de las vías de elaboración de estas nuevas pautas de convivencia y creación de la sociedad es la transformación de manera paulatina de los estilos de educación social (en la escuela y en todos los subsistemas educativos, en las instituciones) hacia una formación reflexivo creativa.

Lo paradójico, en este sentido, en el campo de la formación de valores, resulta de la posible contradicción entre una postura, intención y convicción de quien encarna la autoridad moral (maestro, padre, jefe, etc.), de la pasión conque los propios puntos de vista madurados teórica y experiencialmente tienden a proyectarse en la enseñanza de los otros, y la posible refracción o rechazo que toda posición "hecha", "terminada", y trasmitida como el "deber ser" pueda ocasionar en el niño o joven que se autoafirma y, (en parte), se opone a lo "viejo" que no corresponde con su experiencia cotidiana y puntos de vista.

Por lo tanto, mientras más "presión" social se imponga al asunto, quizás sea mayor el rechazo directo o indirecto (evasión, anomia, doble moral, abulia social, etc.) que se presente.

Se requiere un análisis de la coherencia ética entre el pensar, sentir, decir y hacer y sus discordancias posibles con la realidad cotidiana.
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