Universidad Nacional Autónoma de México Programa de Posgrado en Ciencias de la Administración Ecosistema Emprendedor de la Zona Metropolitana del Valle de México (2012-2014): Caracterización y Desarrollo Tesi s



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Universidad Nacional Autónoma de México

Programa de Posgrado en Ciencias de la Administración


Ecosistema Emprendedor de la Zona Metropolitana del Valle de México (2012-2014): Caracterización y Desarrollo


T e s i s
Que para optar por el grado de:
Doctor en Ciencias de la Administración

Presenta:



Jorge Alejandro Peralta García

Comité Tutor


Tutor principal: Dra. Clotilde Hernández Garnica

Facultad de Contaduría y Administración UNAM
Dra. Patricia Mercado Salgado

Facultad de Contaduría y Administración UAEMex
Dr. Luis Alberto Gómez Alvarado

Facultad de Contaduría y Administración UNAM

Ciudad de México, junio de 2016

Agradecimientos
Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), a la Universidad Nacional Autónoma de México por el apoyo financiero y la oportunidad de realizar mis estudios doctorales.
A mis tutores, la Dra. Clotilde Hernández Garnica, la Dra. Patricia Mercado Salgado y el Dr. Luis Alberto Gómez Alvarado por su dedicación, paciencia y generosidad al guiarme, exigirme y aconsejarme para llevar a término este proceso de investigación. A mis lectores, la Dra. Blanca Tapia Sánchez y el Dr. Jorge Armando Juárez González por la revisión de este trabajo, así como por sus atinadas observaciones y recomendaciones.
A todos los colegas que me hicieron el favor de acompañarme a lo largo de esta investigación, animándome en los momentos más difíciles, dándome sus consejos, revisando textos, participando en las reuniones que se organizaban para discutir la mayor parte de los temas que han sido plasmados en esta investigación.
A los agentes del ecosistema emprendedor y a los emprendedores que fueron actores vivos de la investigación y que permitieron documentar su actividad emprendedora.
A mi equipo de colaboradores por toda su dedicación y generosidad.
A mi esposa Alejandra por su apoyo incondicional y a mis hijos Josemaría, Mariana, Andrea, Alejandro y María Teresa por tantas tardes y fines de semana que sacrificaron durante estos años.
A mi madre Rosamaría y a mis hermanas Andrea y Martha por su compañía y apoyo de siempre. A todos mis amigos por su apoyo.

Resumen
La actividad emprendedora es un tema relevante por la relación que tiene con la generación de riqueza, la creación de empleo, el desarrollo social y la innovación para el desarrollo de una región. A pesar de que en México crece el interés por la actividad emprendedora, la mayor parte de los estudios acerca de ella proceden de países anglosajones que viven una realidad social y económica distinta a la mexicana. En esta investigación se aborda específicamente la caracterización del ecosistema emprendedor de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM).
Las teorías sobre el desarrollo económico tienen una visión institucionalizada de la organización empresarial, en la que no es relevante el proceso de nacimiento de una empresa y la figura del emprendedor con su capacidad creadora. Esta capacidad se ve limitada si no encuentra la forma de relacionarse y colaborar con otras organizaciones, que le permitan acceder a recursos económicos y de capital relacional e intelectual.
Para abordar el concepto del ecosistema emprendedor se realizó una diferenciación entre otras comunidades de aprendizaje e innovación, como el sistema de innovación o el clúster. El análisis de la teoría económica acerca del emprendedor y la teoría de redes permitieron identificar sus características principales y poder diferenciarlo.
Emprendimiento dinámico, emprendimiento de alto impacto, empresas de base tecnológica y startups son términos que se usan de forma indistinta para referirse a modelos de negocio que se encuentran en una fase temprana pero con posibilidades de convertirse en una empresa en crecimiento, aportando al crecimiento económico y a la creación de empleo. Estos términos fueron estudiados y diferenciados de los emprendimientos de autoempleo, que han sido analizados desde una perspectiva distinta.
En las últimas décadas, México tiene un crecimiento económico mediocre e importantes rezagos en el desarrollo y bienestar de su población, sin embargo, en la actividad emprendedora tiene una posibilidad para el crecimiento económico y una oportunidad para que la sociedad tome un rol protagónico en su desarrollo. Además de las condiciones económicas globales, nacionales y locales, la legislación, las alternativas de financiamiento y la formación de redes de colaboración son clave para favorecer o no el desarrollo de la actividad emprendedora en la ZMVM.
Para conocer el ecosistema emprendedor de la ZMVM, se estudió una red de colaboración y 22 emprendimientos dinámicos que se apoyaron en ella para su desarrollo entre 2012 y 2014. El trabajo se basó en el método de Investigación Acción Participativa y se usó como técnica de apoyo la sistematización de experiencias. Este método exigió la participación activa del investigador, así como la recolección de datos directamente de los participantes para descubrir los factores que incidieron en la formación y desarrollo de estos emprendimientos dinámicos.
Como quedó demostrado en la investigación, el ecosistema emprendedor que se estudió en la ZMVM es, en esencia, una red de colaboración que por medio de las funciones que realizan los agentes en la región, impulsó el desarrollo de la actividad emprendedora y de los emprendimientos dinámicos de ese lugar.
En el estudio se demuestra la forma espontánea en que surgió el ecosistema emprendedor, sin embargo, los agentes que lo conforman tienen la intención de colaborar –por medio del intercambio de capital relacional, intelectual y económico– para favorecer el desarrollo de la región a partir de la influencia que los agentes ejercen sobre los fundadores de emprendimientos dinámicos, las características y el alcance de sus proyectos, así como en algunas variables del entorno.
Summary
Entrepreneurial activity is a relevant topic due to the relation it has with wealth and job creation, social progress and innovation for any region development. Even when entrepreneurial activity interest keeps on growing, most of the studies related to it come from English-speaking countries, experiencing different social and economic reality from the Mexican one. On this investigation, entrepreneurial ecosystem from the Metropolitan Area of Mexico City portrayal is approached.
Theories on economic development have an institutionalized vision of corporate organization, in which the creation of a company and the entrepreneur figure with his own creative ability, become irrelevant. This ability is perceived as limited if it does not find the way to relate and collaborate with other organizations that allow access to economic resources of both relational and intellectual capital
Approaching on the entrepreneurial ecosystem concept required a separation from learning and innovating communities, as the innovating system or cluster was carried out. The economic theory analysis on the entrepreneur and the networking theory, allowed the identification of main characteristics and being able to distinguish from each other.
Dynamic new companies, High impact undertaking companies, companies of technologic basis and startups, are terms used equally to relate business models that are set on an early stage but with possibilities of becoming a rising company, contributing to the economic growth and to job creations; models that have been studied to set a difference between self-employment companies that have been analyzed from a different perspective.
Mexico, with a poor economic growth in the last decades, falls behind in terms of population wellness and development. However, it finds in entrepreneurial activity a possibility to enhance economic growth and a chance for society to take a leading role on its own development. Apart from global, national and local economic conditions, legislations, financing alternatives and creation of collaboration networking are key to favor or not entrepreneurial activity development in the Metropolitan Area of Mexico City.
To recognize the entrepreneurial ecosystem in the Metropolitan Area of Mexico City, a networking of collaboration was studied as well as 22 start-ups supported it for its development between 2012-2014. This work was based on the Participatory Action Investigation and was used as support technique for the systematization of experiences. This method demanded active collaboration of the researcher as well as the compilation of data directly from participants to discover elements that aimed the formation and development of startups.
The entrepreneur ecosystem studied in the Metropolitan Area of Mexico City, is in essence, a collaboration network - as it was stated during the investigation- that through functions that agents in the region perform, motivate the development of the entrepreneurial activity, generally and particularly from the startups in that place.
The study proves the spontaneous way on which the entrepreneurial ecosystem emerged. Nevertheless, with the intention of conforming agents collaboration, through the exchange of relational, intellectual and economic capital, to favor region’s development from the influence of applied agents startup founders, characteristics and approach of their projects, as well as in some surroundings variables.

ÍNDICE
Introducción 12
Capítulo 1. Marco teórico

    1. El emprendedor y las teorías base 15

    2. Comunidades de aprendizaje e innovación 38

1.3. Ecosistema emprendedor 44

1.3.1 Conceptos, elementos y características 44

1.3.2 Desarrollo de ecosistemas emprendedores 53

1.3.3 Análisis de ecosistemas emprendedores. 58


Capítulo 2. Marco de referencia: Caracterización del Entorno de la Zona Metropolitana del Valle de México

2.1. Desempeño económico de México y la Zona Metropolitana del Valle

de México 72

2.2. Cultura emprendedora 81 2.3. Un panorama del capital emprendedor 88 2.4. Leyes y reglamentos 95

2.5. El Capital Social 97

2.6. Innovación y emprendimiento como motor de la economía 100


Capítulo 3. Problemática y Método de Trabajo

3.1. Descripción de la problemática 104

3.2. Justificación y pregunta de investigación 109

3.3. Proposiciones 111 3.4.Objetivos de la investigación 112

3.5. Alcance de la investigación 112

3.6. Método de investigación 113

3.7. Diseño de Investigación 120

Capítulo 4. Desarrollo de las redes de colaboración del

ecosistema emprendedor de la zona metropolitana del valle de méxico

4.1. La red, las reuniones de trabajo y sus agentes participantes 129

4.2. Naturaleza de las relaciones 151

4.3. Las relaciones entre los agentes y el emprendedor 161



Capítulo 5. Emprendimientos dinámicos de la zona metropolitana

del valle de méxico

5.1. Los emprendimientos dinámicos seleccionados 167 5.2. El emprendedor y sus influencias 168

5.3. Naturaleza del emprendimiento dinámico 179

5.4. Influencia del entorno en el emprendimiento dinámico 186



Conclusiones 199
Bibliografía 212
Anexo 1. Reportes de las reuniones del ecosistema emprendedor 230

Anexo 2. Graficas del analisis de la red del ecosistema emprendedor 253

Anexo 3. Reporte de las entrevistas a fundadores de

de emprendimientos dinámicos 260

ÍNDICE DE FIGURAS


Figura 1. Definiciones de sistemas de innovación

40

Figura 2. Diferencias entre cadena de valor y clúster

42

Figura 3. Definición de innovación social

43

Figura 4. Los 20 ecosistemas emprendedores con mayor potencial

59

Figura 5. Ranking de la región América Latina del ICSEd-Prodem 2014

68

Figura 6. Ranking global del ICSEd-Prodem 2014

68

Figura 7. Posición de México en Latinoamérica y el mundo ICSEd-Prodem 2014

69

Figura 8. Comportamiento del PIB en México y en la ZMVM. 1990-2014

73

Figura 9. Indicadores relevantes de la economía mexicana. 1990-2014

74

Figura 10. Comportamiento del PIB, tasa de desempleo e inflación en la ZMVM. 1990-2014

78

Figura 11. Comportamiento del PIB real ZMVM. 2005-2015

79

Figura 12.Capital emprendedor como porcentaje del PIB. Países seleccionados 2008

93

Figura 13. Creditorio bancario y no bancario como porcentaje del PIB. 2008

94

Figura 14. Redes de emprendedores

98

Figura 15. Agentes del Ecosistema Emprendedor que participaron en el estudio

115

Figura 16. Emprendimientos dinámicos

116

Figura 17. Pilares, factores, cateogrías e ítems analizados en los emprendimientos dinámicos

118

Figura 18. Etapas de la sistematización de experiencias

120

Figura 19. Agentes del Ecosistema Emprendedor

131

Figura 20. Número de participantes presenciales y a distancia por reunión

134

Figura 21. Reuniones del Ecosistema Emprendedor de la ZMVM

137

Figura 22. Aprendizajes Categoria 1. Agentes del Ecosistema Emprendedor

138

Figura 23. Aprendizajes Categoria 2. Capital emprendedor

142

Figura 24. Aprendizajes Categoría 3. Áreas de desarrollo de negocio

144

Figura 25. Aprendizajes Categoría 4. Internet, tecnología e innovación

146

Figura 26. Aprendizajes Categoria 5. Formación de emprendedores

149

Figura 27. Identificación y número de emprendedores y agentes participantes

153

Figura 28. Red de colaboración y naturaleza económica del Ecosistema Emprendedor de la ZMVM

155

Figura 29. Relaciones de colaboración del Ecosistema Emprendedor de la ZMVM

157

Figura 30. Relaciones de naturaleza económica del Ecosistema Emprendedor de la ZMVM

159

Figura 31. Red de relaciones entre emprendedores del Ecosistema Emprendedor de la ZMVM

162

Figura 32. Naturaleza de las relaciones de acuerdo a la fase de desarrollo y madurez de la organización

164

Figura 33. Fundadores de emprendimientos dinámicos entrevistados

168

Figura 34. Condiciones sociales (antecedentes empresariales en la familia)

169

Figura 35. Porcentaje de emprendedores con antecedentes empresariales en la familia

170

Figura 36. Miembro de la familia que aporta los antecedentes empresariales

170

Figura 37. Condiciones sociales (influencia de la familia y el ambiente social)

171

Figura 38. Variables de influencia de la familia

172

Figura 39. Condiciones sociales (tolerancia a la frustación y al fracaso)

173

Figura 40. Tolerancia a la frustración (fracasos previos)

173

Figura 41. Cultura (El emprendimiento en los medios de comunicación y la reputación de la actividad empresarial)

175

Figura 42. Sistema educativo (nivel de estudios, universidad y su influencia en el emprendedor

176

Figura 43. Nivel de estudios

177

Figura 44. Instituciones educativas

177

Figura 45. Influencias para emprender en el nivel de educación superior

178

Figura 46. Plataforma de CTI, cadenas de valor y modelo de negocio

180

Figura 47. Innovación y tecnología incorporadas a los proyectos

181

Figura 48. Conocimiento tecnológico propio o de aliados

181

Figura 49. Aliados para insertarce en cadenas de valor constituidas

182

Figura 50. Tipos de modelo de negocio

182

Figura 51. Origen e influencias en el proyecto y el uso de métricas

183

Figura 52. Visión vs oportunidad en el origen de un proyecto

184

Figura 53. Metricas utilizadas comúnmente en un proyecto

185

Figura 54. Entorno (desempeño de la economía, legislación y apoyos públicos)

187

Figura 55. Percepción del desempeño económico de la ZMVM

188

Figura 56. Percepción sobre si las leyes fomentan la actividad emprendedora

189

Figura 57. Tiempo para constituir legalmente su empresa (semanas)

190

Figura 58. Organismos públicos que apoyaron emprendimientos dinámicos

190

Figura 59. Socios e inversión

191

Figura 60. Origen de los recursos para iniciar la empresa

191

Figura 61. Proyectos con inversión de fondos de capital emprendedor

192



Introducción
Durante los últimos años, la actividad emprendedora se ha convertido en un tema de gran importancia debido a su impacto en el desarrollo económico y en la generación de empleo. Este interés ha requerido mayor profundidad en el estudio de la figura del emprendedor y de la actividad emprendedora. Hasta hace poco tiempo, la unidad de análisis principal fue la empresa en funcionamiento y no el emprendedor ni la empresa en fase temprana.
En un proceso de emprendimiento, el emprendedor y su proyecto van experimentando cambios que son el resultado de la evolución de sus capacidades, de las experiencias vividas y de la influencia de agentes del entorno que les proporcionan recursos valiosos a los que sería difícil acceder por sus propios medios.
Este interés en la actividad emprendedora ha creado diversos términos, entre ellos el de ecosistema emprendedor. Cada vez es más común encontrarlo en publicaciones, discursos de funcionarios públicos y en el lenguaje común del emprendedor, sin embargo, no existe claridad ni consenso sobre su significado, características y sus límites, lo cual no ha creado un vacio de conocimiento al respecto.
El marco teórico (en el capítulo 1) permite explorar las aportaciones que ha realizado la teoría económica con respecto al emprendedor y las comunidades de innovación y aprendizaje. Asimismo, explora los estudios que se han desarrollado sobre ecosistemas emprendedores a nivel global y en Latinoamérica.
Al tratarse de redes de colaboración, fue necesario hacer un recorrido por los avances que la teoría de redes ha propuesto para la colaboración de organizaciones que se plantean el objetivo común de impulsar la actividad emprendedora.

De la misma forma, en el marco teórico se precisan algunas definiciones tales como empresas de base tecnológica, startups y emprendimientos dinámicos, mismas que son utilizadas a lo largo de esta investigación para proponer una base conceptual que permitan la discusión en los capítulos posteriores.


La delimitación de espacio está circunscrita a la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) y temporalmente se ubica de 2012 a 2014. En este territorio y periodo se detectaron y documentaron las funciones y las relaciones de los agentes participantes del ecosistema emprendedor, Su objetivo ha sido seguir los pasos de los emprendimientos dinámicos que nacen y crecen bajo su influencia. En el capítulo 2 se analiza el contexto de la ZMVM en el que se ha desarrollado el ecosistema emprendedor.
Responder a la pregunta de investigación que consistó en saber cuáles son las funciones, la naturaleza de las relaciones y la contribución de los agentes del ecosistema emprendedor para el desarrollo de emprendimientos dinámicos ubicados en la ZMVM, requirió un proceso de análisis acorde a un fenómeno que se encuentra en etapa de desarrollo.
Para llevar a cabo el estudio se utilizó el método de Investigación Acción Participativa, que es parte de la investigación social (Greenwood, Whyte y Harkavy, 1993) y que consiste en un proceso educativo dinámico que conlleva el involucramiento y la actuación de los participantes (Freire, 1996).
Para desarrollar el estudio se eligieron dos unidades de análisis: los agentes del ecosistema emprendedor que forman una red de relaciones con emprendedores y entre ellos mismos, y por otra parte, los emprendimientos dinámicos que reciben la influencia de las funciones de los agentes.
La experiencia de la evolución de la red, la observación de las relaciones entre los agentes del ecosistema emprendedor y de ellos con los emprendedores, permitió observar la naturaleza de esas relaciones que se documentó en el capítulo 4 de esta investigación.
En el capítulo 5 se analizó la influencia de los agentes del ecosistema emprendedor en 22 emprendimientos dinámicos, ya que la mejor forma de medir los impactos es analizando la génesis y el desempeño de los emprendimientos de este tipo que se vieron beneficiados de su participación en una red.
El análisis de la red de colaboración de los agentes del ecosistema emprendedor (capítulo 4) y el desarrollo de los emprendimientos dinámicos (capítulo 5) permitieron encontrar los factores que más inciden en su formación y desarrollo. Su análisis perfiló de mejor forma los proyectos emprendedores en fase temprana para identificar con mayor claridad sus áreas de oportunidad y sus fortalezas, lo cual les facilitará a los emprendedores y agentes del ecosistema emprendedor realizar acciones concretas que mejoren su desempeño e incrementen sus posibilidades de éxito.
En el capítulo 6 se presentan las conclusiones a las que se llegaron respecto a las acciones del ecosistema emprendedor en la ZMVM, sus agentes y las funciones que impactan en el nacimiento y desarrollo de emprendimientos dinámicos. En las conclusiones se reflexiona acerca de la madurez del ecosistema emprendedor y la línea de investigación que queda abierta para nuevas investigaciones que incidan en la promoción de la actividad emprendedora en México, como un factor relevante para su desarrollo.

Capítulo 1. Marco teórico
El objetivo del capítulo es dar sustento teórico al análisis de la actividad emprendedora. Si bien esta actividad es eminentemente práctica, su sistematización y por lo tanto la generación de conocimiento alrededor de ella, requiere de un fundamento teórico.
En este estudio se analizan los emprendimientos con capacidades de crecer y convertirse en motor del desarrollo de su región. Para estudiarlos se parte del concepto de emprendedor y las teorías que explican este concepto, posteriormente, se analizan las comunidades de aprendizaje y el ecosistema emprendedor.

1.1 El emprendedor y las teorías base
Las teorías de desarrollo económico han incorporado al emprendedor como un factor importante del desarrollo económico. Un emprendedor es aquel que no sólo se apoya en su talento y recursos, sino que también busca apoyos en su capital relacional y en diversos agentes que favorecen la actividad emprendedora.


  1. El emprendedor y las teorías de desarrollo económico

Para Blaug (2007), la economía se ha centrado tradicionalmente en la oferta, la demanda, la inflación, el desempleo y los factores demográficos, entre otros, dejando al emprendedor y su capacidad creadora en un plano de menor relevancia o al menos, analizado con menor rigor que los factores de la producción.
Toro y Ortegón (1999), refieren que la palabra emprendedor se deriva del vocablo francés entrepreneur, utilizado desde principios del siglo XVI; con él se identificaba a las personas relacionadas con las expediciones militares. Para Cohen (1995) y Ginebra (1994), este término se asociaba en su origen con una acción de cierta envergadura que implicaba valor, riesgo, incertidumbre, pero sobre todo, acción.
Según Bravo (1998), los economistas clásicos han prestado atención a diversos aspectos relacionados con el entorno empresarial, lo que permite a la ciencia administrativa contar con un amplio número de herramientas para analizar el comportamiento de la empresa y del empresario.
Tal parece que los teóricos han restado relevancia al papel del empresario en la vida de la empresa. Tal vez la creciente separación entre la dirección de una organización y su propiedad en las empresas que alcanzan ciertas dimensiones, haya contribuido a crear una visión excesivamente institucionalizada de la organización empresarial. Sería conveniente, como lo sostiene Bravo (1998), volver a los orígenes del proceso de nacimiento y desarrollo de las empresas e identificar las condiciones del entorno que contribuyen al impulso de las nuevas empresas que provocan una transformación del sistema económico.
La figura del emprendedor se asocia con frecuencia al rol del capitalista y dueño de los medios de producción, sin embargo, se trata de una figura distinta, más centrada en la gestión de la empresa, que no siempre coincide con la propiedad del capital.
En contraposición de algunos economistas clásicos, el emprendedor es el actor central de la economía ya que genera una dinámica que equilibra los beneficios buscados por los actores involucrados: el capital de los inversionitas, la demanda del mercado, los intereses de las personas que se emplean, las entidades gubernamentales que cobran impuestos, etcétera.
Chamorro (2007) refiere que para Menger y Knigth, el emprendedor tiene un rol fundamental al establecer las reglas y gestionar sus acciones para que todos los actores involucrados trabajen unidos y sincronizados bajo un plan que genere riqueza y beneficio.
Como señala González (2004), algunos economistas, escépticos ante el tratamiento del tema del emprendedor en la teoría económica, han catalogado su función dentro del factor productivo de la mano de obra, haciéndola parecer un tipo de trabajo común. No obstante, la labor del emprendedor podría, bajo determinados parámetros, catalogarse como un tipo de trabajo que no es común.
Asimismo, surge la confusión entre los conceptos “emprendedor” y “empresario”; generalmente se piensa que en el momento en que un emprendedor consolida una empresa, deja de ser emprendedor para convertirse en empresario. Para los fines de esta investigación, no hay distinción entre los términos ya que se parte de que el empresario continúa siendo emprendedor al mantener su capacidad creadora, al menos en potencia.
Como advierten Rodríguez y Jiménez (2005), existen algunos aportes a la teoría del empresario de los economistas Cantillon, Say y Mill, el primero es representante de la escuela preclásica y los otros dos de la escuela clásica.
En lo que respecta a los neoclásicos, se consideran las ideas y planteamientos de dos economistas alemanes que más aportaciones han realizado a la teoría del emprendedor: Thünen y Mangoldt. Ambos son precursores del enfoque marginalista que consiste en clarificar el beneficio que recibe el emprendedor a cambio del riesgo involucrado, como lo señalan Hébert y Link (1989).
De acuerdo con Rodríguez y Jiménez (2005), en Estados Unidos de América el tema sobre el emprendedor fue tratado por diversos autores. Hawley, por ejemplo, hizo énfasis en el emprendedor como factor del crecimiento económico, mientras que Clark concibió al emprendedor como un coordinador de la actividad económica. Knight aportó dos contribuciones importantes al pensamiento del emprendedor: la primera sobre la distinción entre los riesgos controlables y la incertidumbre no controlable; y la segunda donde construye una teoría sobre el beneficio económico en la que relaciona la incertidumbre no controlable con el veloz cambio económico y con los distintos niveles de capacidad empresarial.

Para Chamorro (2007), Knigth es quien coloca al emprendedor como factor productivo y establece una relación entre el manejo que éste hace del riesgo y la incertidumbre para obtener beneficios. Knigth lo considera como un agente dinámico e innovador que genera beneficios.


Aunque a partir del siglo XX se concede gran importancia al emprendedor en la teoría económica, éste sigue siendo poco explorado. Aún no se explican a fondo los mecanismos con los que la generación de nuevas empresas impacta en las variables económicas, incluso, Rocha (2012) señala que algunos economistas evitan hablar al respecto. En los últimos 25 años, el tema ha cobrado relevancia y es tratado por economistas modernos, entre los que destacan: Kizner, Druker y Stevenson. Estos economistas ven al emprendedor como un agente transformador de la realidad económica que tiene talento para descubrir y aprovechar las oportunidades que presenta el mercado a través de un proceso de toma de decisiones.
De acuerdo con Holcombe (1998), si se toma en cuenta la visión de desarrollo económico de Adam Smith, tendría que darse por hecho que la clave del desarrollo es la innovación en la división del trabajo, sin embargo, Adam Smith no dio muchas claves para explicar este proceso. Es gracias al trabajo de Kirzner (1998), que puede verse al emprendimiento como una actividad clave para explicar la concepción de crecimiento aportada por Smith.
De acuerdo con el Global Entreprenurial Monitor (Reynolds, 2004), al inicio del siglo XXI, las actividades para convertir ideas en oportunidades económicas están en el corazón del emprendimiento. El nivel nacional de actividad emprendedora tiene una relación estadísticamente significativa con los distintos niveles de crecimiento económico.
Reynolds sostiene que este dinamismo “implica una permanente regeneración de stock de negocios de un país, [al tiempo] que le permite estar mejor posicionado para competir en el mundo dinámico y global. Cuanto más dinámica y cambiante sea una economía como consecuencia del nacimiento y muerte de empresas, con un efecto neto positivo, mas sólida será dicha economía” (Reynolds, Bygrave, Autio & Arenius 2003: 17).
Schumpeter (1978) vinculó al emprendedor y a la economía por medio de lo que él denominó unternehmergeist o el espíritu emprendedor, que es la acción del individuo que, tras observar la posibilidad de obtener ganancias, desarrolla en la práctica oportunidades para obtener el beneficio que intuyó previamente. En otras palabras, el emprendedor cumple con la función de ubicar una oportunidad y encontrar la manera de capitalizarla, por lo que se convierte en un agente catalizador de la economía.
Para Schumpeter, el emprendedor tiene la capacidad de descubrir caminos nuevos para resolver problemáticas y esta en su naturaleza la capacidad para identificar la oportunidad, ejecutar el plan de acción y conseguir que los negocios se hagan a través de destrucciones creativas (creative destructions) con un potencial de rentabilidad. Por esta razón, según Schumpeter la verdadera función de un emprendedor es tomar iniciativas y crear (Liouville, 2002).
Para Rodríguez y Jiménez (2005), el emprendedor, desde la perspectiva de Schumpeter, tiene la misión de detectar invenciones para transformarlas en una oferta aceptable para la sociedad. Para Schumpeter, el emprendedor no necesita participar de la invención, sino que basta con percibir las oportunidades de sus aplicaciones a partir de los conocimientos existentes. Lo anterior hace que el emprendedor no requiera de un perfil técnico, sin embargo, sí es necesario que se identifiquen y aprovechen las oportundades de negocio.
El concepto de destrucción creativa que introdujo Schumpeter, refleja el dinamismo del proceso competitivo, el cual es esencial debido al sistema de mercado que se produce en todas las industrias. Por esta razón, la posición competitiva de las organizaciones, independientemente de su posición en el mercado, será transitoria debido a la constante innovación.
La competencia basada en la innovación tiende a homologar las ventajas competitivas de las empresas, lo que lleva a una especie de selección natural a largo plazo. De esta manera, sólo podrán mantenerse en competencia aquellas empresas que innoven constantemente, por lo que se llevará a cabo una “destrucción creativa”.
Kirzner (1998) incluye una visión del emprendimiento basada en la innovación, mientras que Holcombe (1998) señala que el foco del emprendedor es encontrar oportunidades de utilidad que previamente han pasado desapercibidas por otras personas, es decir, muestra a un emprendedor como aquel que ha encontrado una veta no explorada. Kirzner veía la conexión y el hecho de que esta oportunidad desapercibida debería venir de algún lugar, es decir, de los descubrimientos de otros emprendedores que pueden ser conocidos o no. Muchas veces la oportunidad surge de fracasos que el mismo emprendedor u otros no supieron aprovechar.
Por su parte, el profesor y economista norteamericano William Baumol25, compartió en sus primeros trabajos la visión de Schumpeter de un emprendedor más relacionado con la innovación y que claramente se distingue del gerente o directivo, que en lugar de crear, gestiona el día a día de la empresa y asegura su permanencia.
En su obra más reciente, Baumol (1990) destaca la presencia de dos tipos de emprendedores: los innovadores y los replicadores, los primeros aventuran nuevas ideas y modelos de negocios y son capaces de satisfacer mejor una necesidad o encontrar algo que otros no están cubriendo; mientras que los segundos, se basan en negocios ya creados y son capaces de organizar su puesta en marcha. Ambos siguen diferenciándose del gerente, sin embargo, la visión de Baumol incluye una especie de emprendedor que fue olvidado por el concepto de innovación.
De acuerdo con la literatura sobre este tema, el desarrollo económico se ve influenciado por el emprendedor a través de una acción que busca oportunidades inadvertidas por otros, para convertirlas en unidades de negocio que permiten a la economía mantener su ritmo de crecimiento. Sin embargo, la existencia de un emprendedor que replica modelos exitosos, nos habla de que el factor de innovación no es tan necesario para definir a un emprendedor, sino más bien iniciar desde cero un negocio, aunque éste ya esté comprobado y sea poco innovador. Aquí se abre la necesidad de demostrar que el desarrollo económico se ve influenciado por el emprendedor, no sólo por su habilidad para innovar, sino sobre todo por su acción, por su habilidad de crear o hacer.
De acuerdo con Spulber (2008), un individuo se relaciona con actividades de emprendimiento para crear una empresa y generar riqueza a partir de ella, es ahí cuando destaca la característica creadora del emprendedor, quien, como señala Baumol (1990), no necesariamente identifica una oportunidad completamente nueva. Independientemente de la novedad de su propuesta. Para Baumol la esencia está en el talento que se tiene para construir un modelo de negocio diferenciado alrededor de la oportunidad, lo anterior le permite hacerse un espacio en el gusto del mercado objetivo.

De acuerdo con Kirzner (1978), las decisiones del emprendedor son reservadas para personas que toman decisiones, independientemente de los recursos que tengan a su alcance. El emprendedor al conocer dónde existen las oportunidades que no han sido aprovechadas tiene una ventaja competitiva; su actividad principal consiste en descubrir dónde existe una oportunidad en el mercado debido a las necesidades insatisfechas de los consumidores potenciales. Shostak (1999) identifica al emprendedor como un innovador y señala que una debilidad de la visión de Kirzner es precisamente el enfoque que circunscribe al emprendedor como un actor cuya finalidad es aprovechar las oportunidades que se le presentan.


Esta característica creadora del emprendedor, según Ekmekcioglu (2011), está relacionada con el manejo del riesgo que también conlleva, sin embargo, este riesgo se va compensando por la ganancia esperada. El riesgo que toma el emprendedor innovador al crear un negocio en un mercado aparentemente inexistente o no explorado, comparado con el de un emprendedor que replica un modelo de negocio probado, es mucho más alto, no obstante, en ambos existe el riesgo. Por lo tanto, y como señala Contín (2007), para estos dos tipos de emprendedor es válido que su participación en el desarrollo económico radique en correr el riesgo de crear una nueva unidad de negocio que generará flujo de efectivo y permitirá el desarrollo o crecimiento de otras empresas.
Al definir a los animal spirits, móvil del comportamiento empresarial, Schumpeter era consciente de que sus atributos difícilmente se encontraban en todas las personas, de modo que para adquirir la confianza que un emprendedor tiene en su acción, se requieren aptitudes que sólo se dan en una pequeña parte de la población y que caracterizan tanto al tipo como a la función de empresario.


  1. Teoría de redes

El emprendedor es capaz de iniciar un negocio sin involucrar su operación a largo plazo porque ese es el rol del director de empresa, quien requiere de una red de agentes que le permitan cumplir con esa función. Tanto para el emprendedor innovador como para el replicador, la función de crear se ve limitada si no encuentra la forma de relacionarse y colaborar con otras instituciones, organismos y empresas.
Cuando se investiga una realidad en un entorno complejo, la visión de las redes y los sistemas permite acercarse a la interpretación de los procesos sociales inestables, se amplía la comprensión de los resultados esperados y las consecuencias de ciertas prácticas. De esta forma el entorno complejo se simplifica para ver aspectos particulares que en el todo podrían perderse. La red permite analizar las partes para comprender mejor el todo, sin confundir los efectos con los que participa cada una de las partes.
La teoría de redes hace converger diferentes corrientes de pensamiento y áreas del conocimiento: antropología, psicología, sociología, administración y también matemáticas. Estos orígenes históricos han sido tratados por Scott (1991) desde la Teoría Gestalt. Dentro de estas concepciones, la percepción de un objeto se realiza a partir de una totalidad conceptual compleja y organizada, esta totalidad posee propiedades específicas diferentes a la simple adición de las propiedades de las partes.


  1. La Teoría de redes entre 1930 y 1970

Sus antecedentes históricos se clarifican en la Teoría de Lewin de 1936. Este teórico señala que la percepción y el comportamiento de los individuos de un grupo, así como su misma estructura, forman un espacio social donde participan sus agentes y su entorno, configurando así un campo de relaciones particulares que pueden ser analizadas formalmente por procedimientos matemáticos.
En esta misma línea se inscribe Moreno (1934) y su sociometría. Este autor es considerado uno de los fundadores de la teoría de redes bajo el nombre de sociometric. Moreno se interesó por la estructura de los grupos formados por razones terapéuticas. En la misma corriente teórica se sitúa Scott y los grupos dinámicos de Heider (1946).
Como señala Lozares (1996:2), la teoría matemática de grafos de Cartwright y Zander (1953), de Harary y Norman (1953), de Bavelas (1948, 1950) y de Festinger (1949), trata de formalizar los estudios de Lewin, Moreno y Heider. Todos ellos fueron psicólogos que analizaron pequeños grupos a partir de modelos de grafos teóricos para estudiar su estructura social y evidenciar cómo la estructura del grupo afecta a los comportamientos individuales. Otra de las fuentes u orígenes de las redes proviene, como señala Lozares, del funcionalismo-estructural antropológico desarrollado en Harvard entre 1930 y 1940 por L. Warner y E. Mayo a través de sus investigaciones sobre la estructura de los subgrupos en sus trabajos en Hawthorne, empresa eléctrica de Chicago.
Para Scott (1991), no hay evidencia de la existencia de influencias entre las corrientes Gestalt, Grafos y la del funcionalismo estructural de las décadas de los años 30 y 40 del siglo XX. La teoría de redes sociales refleja la visión de la estructura como redes que se analizan por técnicas específicas y como conceptos sociológicos basados en la teoría del conflicto.
Barnes (1954) analiza la importancia de las relaciones informales e interpersonales como la amistad, el parentesco y la vecindad en la integración de una pequeña comunidad. La mayor parte de los aspectos de la vida social se pueden contemplar como un conjunto de puntos (nodos) que se vinculan por líneas para formar redes de relaciones. Scott (1991) señala que para Barnes la esfera informal de relaciones interpersonales se contempla como una parte, es decir, como una red parcial de una red total.
Nadel (1957) parte de la definición de estructura como la articulación de elementos en la formación de una totalidad. Las estructuras sociales son estructuras de roles. Al separar el contenido de la forma, Nadel sugiere que la estructura puede investigarse por medio de métodos comparativos y por modelos formales matemáticos.
Como lo menciona Lozares (1996), las redes sociales tienen una rica tradición en la antropología cultural. Hacía mediados de los años cincuenta del siglo XX, los antropólogos –particularmente Barnes (1954)– estudiaron la urbanización y encontraron que las aproximaciones de la tradición antropológica a las organizaciones sociales, no son suficientemente ricas en las sociedades complejas. Ya para entonces era evidente que se necesitaban nuevos conceptos para cuantificar las relaciones en el trabajo de campo, entre otros, apertura, conectividad, círculo social, densidad, calidad, intensidad, intencionalidad, entre otros.
En Mitchell (1969) convergen la escuela del funcionalismo estructural representada por Warner, Gluckman, Barnes, Boot y Nadel y la escuela que proviene de la Teoría de Grafos, desarollada por Koening, Cartwright, Zander, Harary, Norman y Bavelas, quienes sientan las bases sistemáticas para el análisis social de las redes.
En las décadas de los años 50 y 60 del siglo XX, los sociólogos prestan poca atención a las redes sociales. No obstante, en la obra de Cartwright y Harary (1956) y Davis (1963, 1967), se desarrollan también progresos decisivos en el campo de los métodos y de la conceptualización matemática. Sin embargo, como sostiene Galaskiewicz y Wasserman (1993), la teoría de redes sociales no se considera una herramienta confiable en la sociología más ortodoxa.
Al final de los años 60, se da una ruptura con las corrientes mencionadas a partir del llamado estructuralismo, desarrollado en la Universidad de Harvard y en particular por la escuela de White (1963), Boyd (1969) y Lorrain (1971). White establece las redes como un método de análisis estructural a partir de modelos matemáticos algebráicos, de la Teoría de Grafos y del desarrollo de técnicas como la escala multidimensional (Lozares, 1996).


  1. La Teoría de redes entre 1970 y 1990

Desde Moreno en 1934, hasta los años 70, el concepto de red social es investigado con mayor frecuencia. Pero de acuerdo con Alba (1982), es sobre todo a partir de los años 70 que proliferan las temáticas y los contenidos de investigación que utilizan la perspectiva y los métodos de las redes sociales como instrumento de análisis. Antes de la década de los años 70, se realizaron numerosos intentos para diseñar métodos, estudiar detalladamente las relaciones sociales y entender su comportamiento, muchos de estos intentos fueron relativamente rudimentarios y no condujeron a métodos atractivos, de sencilla comprensión y uso para los investigadores. Para los años 70, con un mayor desarrollo de la base matemática y con la llegada de los algoritmos de computación, es posible la implantación práctica de la Teoría de Grafos; el procesamiento de datos en forma computarizada permitió un ahorro de tiempo, mayor exactitid y mayores posibilidades de representación gráfica.
Como señala Lozares (1996), los años 70 marcan un gran momento de crecimiento de la teoría de redes con el nacimiento de la International Network of Social Network Analysis (INSNA) en el año 1978, de la revista Social Networks así como de muchas otras investigaciones. Los científicos sociales Knoke y Kuklinski (1982) y Galaskiewicz y Wasserman (1993) se sienten atraídos por un tipo de análisis que presenta aspectos de la estructura social. Ambos proponen un tratamiento más objetivo en temas abstractos lo que promueve nuevas perspectivas.
En el campo metodológico, teórico y conceptual en estos años, las redes llegan a ser consideradas como cuerpo especifico de métodos. La teoría de las redes sociales abre nuevos marcos de referencia o la reinserción de teorías existentes. Aun cuando el análisis de redes es para algunos una orientación teórica particular sobre la manera de entender la estructura de los fenómenos sociales (vinculada a las teorías estructurales de la acción), para otros constituye una teoría en sentido estricto con aplicaciones concretas.
El avance en los métodos, algoritmos y técnicas ha sido importante, sobre todo en la aplicación del formalismo general matemático. A partir de la necesidad de identificar subgrupos de actores a distancias dadas dentro de la red, de agruparlos y de justificar por qué un conjunto de actores está en el mismo subgrupo, etcétera, Galaskiewicz y Wasserman (1993), señalan que se han desarrollado técnicas de análisis estadístico para datos relacionales y ha proliferado el software que permite un manejo más exacto y eficiente de la información, lo que logra una combinación importante entre rapidez y profundidad.
En la recolección de datos y elaboración del muestreo, se han llevado a cabo nuevos esfuerzos y se han usado métodos para describir la estructura global (por ejemplo, para estudiar su densidad y la reciprocidad de los lazos). También se han hecho intentos de obtener muestras de lazos relacionales, aunque hay que decir que los resultados en este sentido no han sido eficaces.
Si bien los años 70 representaron un auge de la teoría de redes, aún era notable la escasez de estudios basados en datos y métodos de redes y en el énfasis en contenidos metodológicos (Alba, 1982). A partir de los años 70, los mayores avances se han dado en los métodos, mientras que los procedimientos analíticos ganan en sofisticación y en capacidad de análisis.
Otro cambio importante fue la ampliación de su uso, ya que en la tradición sociométrica encabezada por Moreno, había una aplicación centrada en pequeños grupos como herramienta de la psicología. En una práctica más reciente, las redes constituyen un medio para estudiar fenómenos más estructurales y macroscópicos.
Lozares (1996) se refiere a los estudios de Wasserman y Faust, que hablan de las tres motivaciones que se involucran en la creación y el desarrollo de las redes sociales: las motivaciones empíricas, las teóricas y las matemáticas.


  1. Aplicaciones de la Teoría de redes

La Teoría de redes permite el análisis sobre organizaciones a pequeña escala, como pueden ser: grupos escolares, de profesionales, políticos, de jóvenes, clubes sociales, o de los agentes de un ecosistema emprendedor.
La ventaja del análisis de redes permite límites claros en la enumeración e identificación de los individuos para lograr clasificaciones más adecuadas y precisas.
Asimismo, se han realizado estudios de organizaciones de mayor tamaño: élites de comunidades, redes en la economía nacional, redes de científicos en una disciplina profesional y relaciones internacionales. Dentro del marco organizacional institucional, Ruiz (2004) sostiene que las redes han tratado las relaciones de poder y autoridad, sobre todo en organizaciones complejas formales, por ejemplo, las redes de poder que se tejen entre la clase política de los países.
La creación de un negocio requiere de un ambiente propicio para desarrollarse. Como sostiene Feld (2012), este ambiente debe de contar, en lo general, con la interacción de un conjunto de factores que incidan favorablemente en la actividad emprendedora, y, en lo particular, en el emprendedor y su proyecto (para hacerlo crecer e impactar de forma relevante en el desarrollo económico). Los actores de ese ambiente propicio pueden ser estudiados como una red.


  1. Teoría basada en recursos y capacidades

Como indica Foss y Klein (2007), la teoría basada en los recursos de Penrose (1959) y Barney (1991), explica el logro de la ventaja competitiva de la empresa sobre la base de la combinación y utilización de los recursos de los que ésta dispone o puede desarrollar. Algunos autores como Russo y Fouts (1997) y Sánchez, González y García (2007), han extendido parcialmente los planteamientos de esta teoría y los han discutido con relación al desarrollo competitivo de una región. De hecho, para Auerswald y Branscomb (2003), las regiones se desarrollan a partir de contextos únicos definidos por una configuración industrial, histórica y local, así como por el patrón de inversión en recursos que se efectúa con el tiempo.
Cabrera y Soto (2012) analizan las propuestas de West, Bamford y Marsden (2008) en la que aplican los preceptos de la teoría basada en los recursos para analizar el desarrollo empresarial de una economía emergente. Por otra parte, West y Bamford (2005) utilizan las propuestas para estudiar la creación de empresas de base tecnológica (EBT)26. Esta teoría permite identificar los recursos territoriales que soportan el surgimiento y desarrollo de las EBT y como consecuencia el crecimiento económico que se genera en las regiones en las que se desarrollan estas empresas.
West y Bamford (2005) ofrecen una alternativa teórica para explicar el grado en el que las regiones fomentan o no la generación de EBT, es decir, ven por etapas la incorporación de tecnología en las empresas de una región y bajo un esquema de una gradualidad, lo que permite evaluar la fase de desarrollo en la que se encuentran estas empresas y por lo tanto, la etapa en la que se ubica el ecosistema emprendedor local.
La teoría basada en los recursos se sustenta en diversos planteamientos básicos que son discutidos por West y Bamford (2005) y Marsden (2008) para el contexto regional. Esta teoría, como lo señala Wernerfelt (1984) y Barney (1991), permite explicar las ventajas que poseen ciertas regiones y la capacidad de adquirir o desarrollar un conjunto de recursos que otras regiones no tienen.
Porter (1990) señaló que entre los recursos específicos que posee un territorio, se encuentran tanto sus recursos naturales (por ejemplo, sus condiciones naturales), como los recursos creados por la comunidad, ya sean de uso generalizado (la infraestructura), o especializado (los institutos de investigación específicos). Esta dotación de recursos funciona, al parecer de West y Bamford (2005) y Marsden (2008), como un sistema y se sostiene a través del tiempo. Cuando el análisis se realiza a nivel de la empresa, Grant (1991) distingue los diferentes tipos de recursos entre los cuáles se encuentran: los recursos tangibles (activos financieros o físicos), intangibles (prestigio, marcas y tecnología) y humanos (valores culturales, talento y experiencia).
Como explican Cabrera y Soto (2012), los recursos específicos que posee un territorio ya sean naturales o los creados en el tiempo por su comunidad, tienden a influir en el desarrollo de nuevas organizaciones empresariales. Brush, Greene y Hart (2001) clasifican los recursos en humanos, sociales, financieros, organizativos y físicos. Venkataraman (2004) añade los tecnológicos para el caso específico de las empresas que operan en este sector.
Desde una perspectiva de análisis regional, los recursos se clasifican en cinco tipos. A continuación se describen los recursos humanos, sociales, tecnológicos, financieros y físicos:
• Recursos humanos: Para el caso de las EBT, el hecho de que una población cuente con un nivel elevado de titulados en especialidades relacionadas con las tecnologías, la comercialización y las finanzas, puede otorgar los elementos necesarios que nutren al capital humano de una región.

Al parecer de Lee y Peterson (2000), Hayton, George y Zahra (2002) y de Neck, Meyer, Cohen y Corbett (2004), dentro de los recursos humanos también se incluyen los valores sociales, que tienen un impacto importante en el comportamiento emprendedor de una población.

Tominc y Rebernik (2007) señalan el hecho de que una sociedad considera que la empresa propia es una alternativa profesional deseable y que ésta contribuye a un ambiente de promoción del emprendedor, en el que se otorga un estatus elevado a aquéllos que tienen éxito con sus negocios, así como el respeto por aquellos que han intentado emprender y no han sido exitosos.
• Recursos sociales: La complejidad y dinamismo de los entornos tecnológicos provoca en los emprendedores de base tecnológica un mayor interés y necesidad por formar parte de redes sociales (Hagedoorn, 2002). Por su parte, Jack y Anderson (2002) defienden el carácter contingente del involucramiento social.

La velocidad con la que se dearrolla una empresa tecnológica genera un contexto de alta competencia y de sentido de urgencia por el desarrollo de sus nuevas soluciones a los problemas identificados. Los emprendedores requieren estar a la vanguardia en el conocimiento tecnológico ya sea para el desarrollo de sus productos o para su comercialización.


Sin embargo, el desarrollo de una empresa de base tecnológica requiere además del conocimiento técnico, un conocimiento específico de la industria y del contexto de la región, así como de las distintas propuestas que buscan resolver una problemática. Todos estos conocimientos difícilmente recáen en una sóla persona o incluso en un solo equipo de trabajo. Esto podría justificar la urgencia por promover activamente el acceso a diversas redes que puedan dar un apoyo.
De esta forma, los recursos que se encuentren en su zona de influencia son claves para la proliferación de las EBT, así como también para su consolidación y crecimiento.
• Recursos tecnológicos: Sin el acceso a recursos tecnológicos, el talento de muchos emprendedores se centrará en el desarrollo de negocios tradicionales. Sin la incorporación de la tecnología en cualquiera de sus vertientes será muy difícil que los emprendimientos incorporen ventajas competitivas diferenciadoras que permitan el crecimiento y pongan barreras de entrada a sus eventuales competidores. La vinculación con agentes tecnológicos de apoyo, como los organismos públicos y privados que dan soporte al emprendimiento, universidades, centros de investigación, servicios de asesoramiento, entre otros, facilitan las posibilidades de los emprendedores de identificar y explotar nuevas tecnologías que puedan convertirse en oportunidades de negocio.
En este contexto, la existencia de empresas incubadoras, como señala Siu y Bao (2008), suele ser relevante. Estas pueden ser independientes o bien pertenecer a organizaciones públicas o privadas, ya sean institutos de investigación e instituciones públicas, así como a empresas del ámbito internacional o local. En México, las incubadoras suelen ser departamentos de las universidades, públicas o privadas, en la mayor parte de los casos depedendientes jerárquicamente de las estructuras académicas.
También destaca la existencia del clúster, parques tecnológicos, centros tecnológicos, asi como organizaciones de apoyo al emprendedor con un enfoque en EBT. Éstos, al parecer de Vohora, Wright y Lockett (2004) y Audretsch y Keilbach (2007), pueden ser factores de impacto en la generación de nuevas tecnologías pues realizan una importante actividad de investigación, además de favorecer el desarrollo de “derrames” (spillovers) de conocimiento. Estas organizaciones basadas en el conocimiento, señala Spilling (2006), están demostrando ser altamente eficaces para el desarrollo de nuevas tecnologías con potencial de materializarse en opciones de negocio rentables.

• Recursos financieros: Los recursos financieros siempre son importantes para el desarrollo de un nuevo proyecto. En primera instancia, el desarrollo tenológico requiere recursos económicos, pero ya concluída la fase de desarrollo, la puesta en marcha de la nueva empresa y su crecimiento requiere recursos económicos que requieren una lógica distinta que el financiamiento tradicional para empresas ya constituídas. Concretamente, Collinson y Gregson (2003) y Neck, Meyer, Cohen y Corbett (2004) han destacado el papel desempeñado por bancos, empresas de arrendamiento (leasing), empresas de capital emprendedor, inversores privados o fondos de desarrollo regional.


• Recursos físicos: Son los recursos que posee una región, entre los que se incluyen infraestructura de comunicación, espacios de arrendamiento para oficinas, espacios de co-working, zonas habilitadas para la instalación industrial, entre otras. Pueden ser privados o bien, auspiciados por instituciones gubernamentales. Probablemente, estos recursos no constituyen un elemento básico indispensable para la estimulación del desarrollo de un sistema empresarial en un territorio en el que no existe tradición emprendedora, pero su carencia representa un obstáculo que inhibe y obstaculiza su desarrollo. Estos factores forman parte de ese “ambiente adecuado” que se requiere para emprender.
West y otros (2008) sugieren la importancia de los recursos intangibles, ya que sin esos recursos los activos físicos pierden su capacidad para apoyar eficazmente la creación de nuevas empresas. De esta forma, los recursos tangibles tienen un lugar especial en los requerimientos de los emprendedores, sin embargo, como lo señala Venkataraman (2004), no son suficientes, se requiere del talento necesario para usarlos y que realmente se conviertan en una plataforma que soporte su desarrollo.
Para West y otros (2008), los activos más valiosos de una región son escasos, no imitables ni comercializables y difícilmente sustituibles, es en ellos en los que se fundamentan los elementos diferenciadores que los distinguen. Cada territorio ha de caracterizarse por un conjunto de recursos que forman parte de su idiosincrasia y sobre los que se sostienen los resultados de dicha comunidad en materia de proliferación de EBT o de empresas que tienen potencial de crecimiento. Este potencial se basa en una propuesta de valor innovadora y con ventajas competitivas diferenciadoras, a la que Kantis (2014) denomina emprendimientos dinámicos27.
Con base en la Teoría de los recursos, es posible entender por qué algunas regiones que desean crecer por medio del desarrollo de emprendimientos dinámicos, intentan replicar la estructura y el conjunto de recursos de otra región de referencia, sin embargo, no es posible reproducir su funcionamiento porque como señala Piscione (2013), cada lugar tiene características que lo hacen único.
D. Los intangibles y la ventaja competitiva

En el ámbito empresarial, desde hace algunos años se escucha hablar de los intangibles en general y del capital intelectual en particular, conceptos relativamente recientes. En la última década del siglo XX, surgieron definiciones de varios autores, cada una enfocada desde diferentes puntos de vista pero que se pueden resumir en un solo concepto: “El capital intelectual es un conjunto de activos intangibles, son recursos y capacidades inmateriales y críticas, son manifestaciones de conocimiento individual y organizativo. El capital intelectual es experiencia aplicada, relaciones con agentes externos, destrezas profesionales que agregan valor a las organización, aunque no siempre esos intangibles son identificados por todos” (Mercado y Cernas, 2012: 9).


El capital intelectual es un conocimiento que se convierte en recurso valioso, difícil de replicar cuando se gestiona de una forma en que genera valor convirtiéndose en una ventaja competitiva. Falta mucho por explorar sobre el impacto que tiene el conocimiento que posee una organización y el que va adquiriendo con el tiempo, así como el que se desarrolla con las relaciones de colaboración y cooperación con otras organizaciones, orientadas a la consecución de objetivos diversos (Mercado y Cernas, 2012).
También se define al capital intelectual en términos de los conocimientos, habilidades, experiencias y destrezas de una organización, adquiridas por su personal, y que se manifiesta de manera intangible. Dicha información intangible, a pesar de no estar reflejada en los estados financieros tradicionales, posee y puede producir valor o tiene potencial para generarlo en el futuro.
Para el desarrollo de una nueva empresa, el cúmulo de experiencias de sus fundadores, así como de los accionistas o empleados que se van incorporando son de vital importancia.
El capital relacional y el capital intelectual han sido utilizados en algunas investigaciones acerca de emprendedores como las de Lepak y Snell (1999), Baron y Markman (2000), Mosey y Wright (2007), Politis y Landström (2002) y Seghers, Manigart y Vanacker (2009).
Como señalan Lepak y Snell (1999), se entiende por capital humano emprendedor, al cúmulo de conocimientos y habilidades que los fundadores, inversionistas o colaboradores han adquirido previamente durante su trayectoria profesional, así como a todas las experiencias previas a su incorporación a la empresa que los llevan a construir ventajas competitivas. Cameron y Quinn (1999) afirman que la cultura emprendedora es aquella que propicia un lugar para trabajar, dinámico y creativo. Según estos autores, una organización con una cultura emprendedora se sostiene por el compromiso hacia la experimentación y la innovación, tomando en cuenta los riesgos que todo cambio trae inherente, pero no deteniendo su acción por el temor al fracaso.
Euroforum (1998) define al capital intelectual como un conjunto de activos intangibles de una organización que no se encuentran reflejados en los indicadores cuantitativos que crean valor o tienen potencial para generarlo en el futuro. De acuerdo con Ros (2002), el capital intelectual de una empresa es la suma del conocimiento de los miembros y su interpretación práctica a través de marcas, patentes, procesos, entre otros. Éstos no siempre se pueden medir debido a su naturaleza intangible.
El conocimiento que aporta el personal a la organización, la satisfacción de los empleados, el conocimiento preciso de las operaciones del negocio y procesos claves, la satisfacción de los clientes así como su capacidad estructural, son activos claves para lograr el éxito, además de que determinan el posicionamiento de las organizaciones en el mercado y forman parte importante de las razones de compra del consumidor.
En el caso de las economías emergentes, es imperiosa la optimización de todos los recursos intangibles, en especial de aquellos que determinan la generación de valor para las empresas, es por eso que se han incrementado los estudios en torno al conocimiento, control y medición de los mismos (Almaguer, Moireira y Urzúa 2012).
El capital relacional es un concepto importante para entender este tema. Euroforum (1998) se refiere a él como el valor que tiene para una empresa el conjunto de relaciones con el exterior. Incluye también la calidad y sostenibilidad de la base de clientes y su potencialidad para generar nuevos clientes en el futuro, estos factores son claves para su éxito. Además, tiene en cuenta el conocimiento que puede obtenerse de la relación con otros agentes del entorno.
El capital relacional encierra el conjunto de recursos ligados a las relaciones externas de la empresa con sus clientes, sus proveedores o sus socios que aportan innovación y que no necesariamente estas circunscritos a las relaciones de índole económica. El capital relacional contiene, tanto la relación entre los agentes participantes como la percepción que tienen los externos de la compañía y serán capaces de transmitir en sus respectivos entornos (Edvinsson y Malone, 1997).
Según Salazar, Castro y Sáez (2006), el Modelo Intellectus define a este componente como el conjunto de relaciones que se incorporan a la organización, como consecuencia del valor de las relaciones que mantiene con los agentes del mercado y con la sociedad en general.
De igual manera, el capital relacional incluye las formas de relación de la organización con su entorno. Bueno, Salmador y Merino (2008), señalan que la relación con los clientes reales y potenciales, la capacidad de crearlos en el futuro, la satisfacción, la preferencia y su lealtad, las alianzas estratégicas y acuerdos con ellos, así como la imagen ante proveedores, bancos, accionistas y demás organizaciones con las que se relacionan, se convierten en un activo intengible que genera valor en las organizaciones.
En la actualidad, el nivel de complejidad al igual que la competitividad de los mercados van en ascenso, los clientes se vuelven más exigentes, lo que requiere de mayores inversiones, tanto monetarias como de recursos humanos, en todos aquellos factores que permitan su satisfacción y lleven a las organizaciones a convertirse en las preferidas de los consumidores. Las empresas deben encontrar nuevos métodos de gestión de las relaciones con sus clientes, así como invertir en ellos como lo hacen en sus empleados y en sus estructuras.
El capital intelectual es un concepto amplio que sirve para sintetizar y evaluar aquellos recursos de la organización que tienen una naturaleza intangible y que por lo tanto, resulta difícil cuantificar en los estados financieros de la organización, y más bien, se necesita analizar los impactos de su actuación.
El capital social (relacional) Nahapiet y Ghoshal (1998:243) lo definen como: “la suma de los recursos actuales y potenciales incluidos, disponibles y derivados de las redes de relaciones que posee un individuo o una unidad social”.
El capital social surge de las redes y relaciones de la estructura social en la que se desenvuelven los emprendedores. Coleman (1988) señala que los individuos siguen normas y patrones específicos que dan lugar a los comportamientos, las obligaciones y los canales a través de los cuales se relacionan. Por tanto, las estructuras y patrones entre los participantes afectan la forma en la que se desarrollan esas relaciones, si se aprovechan son una fuente contínua de beneficios.
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