Universidad de Chile Facultad de Filosofía y Humanidades



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Imagen 23: Esta imagen revela la naturaleza oculta y hechiceril de las mujeres, en ella una joven bruja 
ha conquistado mágicamente al hombre que entra en la habitación,  lo que representa la  identidad 
peligrosa e intrínseca del género femenino, situación  que se ve aumentada al parecer porque ella se 
encuentra embarazada. Obra flamenca del Siglo XV.  
 Fuente: ROBERT BARTLETT. Panorama medieval, Editorial Blume, Barcelona, 2002, pág. 203.  
 
 
 
98

 
Como Platón en la obra El Banquete, Bruno incluye solo a dos mujeres en su obra 
amorosa. Se trata de Laodomia y Giulia, quienes  figuran en el diálogo quinto. A juicio de  María 
Rosario Gonzáles Prada, ambos personajes no son identificables y podrían ser, dado el carácter 
del diálogo, amores de juventud del nolano
187
, no obstante, todos los demás actores de la obra son 
siempre hombres. En el diálogo  primero habla Tansilo  (poeta italiano muerto en 1568 y cuyos 
versos eran familiares para Bruno) y Cicada (en él se ha querido reconocer a un soldado conocido 
por el padre del nolano que también es mencionado en el tercer diálogo del libro De la Causa , 
principio y uno). En la segunda parte, diálogo primero los interlocutores son: Cesarino (este 
nombre es un apellido común en Nola, podría ser que se tratase de un compañero de armas del 
padre de Bruno)  . En el diálogo tercero, de la misma segunda parte conversan dos personajes 
irreales,  Liberio (representa al autor) y Laodomio. En el diálogo cuarto conversan  Severino y 
Minutolo, (este último representa al autor).  
Esta obra muy vinculada a la asinidad positiva abordada por el libro La Cábala del 
Caballo Pegaso desarrolla una contrapartida subjetiva pues los furores son expresión y reacción 
personal,  afectiva e intelectual hacia el infinito en la naturaleza, describiendo el proceso inverso 
de acceso a la unidad, 
“el camino de retorno a través de una filosofía del amor que permite el paso de 
una moral práctica- para el vulgo- a una moral heroica”
188
.  
La obra aborda el tema del intelecto y la voluntad, ilustrada por el mito de Acteón 
convertido en ciervo y devorado por sus propios perros, metáfora para  reconocer como el alma 
se dispone por el amor y  retorna hacia la unidad en la medida que es capaz de amar. De esta 
forma, llega el héroe a alcanzar la divinidad, percibiendo a Diana como reflejo, vestigio en la 
naturaleza y en el interior propio del hombre; de Apolo a la unidad trascendente  pues la 
divinidad no se agota en la naturaleza ya que la visión directa de la divinidad es negada al 
hombre en esta vida temporal. De aquí el verdadero ascenso místico, equivalente a la  visión 
neoplatónica pero diferenciada por su condición cognoscitiva y no ontológica. 
Bruno también trata sobre la naturaleza del movimiento espacial. El movimiento es el 
resultado del deseo de alcanzar una condición de mayor equilibrio natural diferenciado por  tres 
objetivos: conservar el ser y la vida que se halla en movimiento;  huir al contrario y   conseguir el 
propio bien. En esta dinámica, las definiciones amorosas que propone Bruno son tres: 
1. El amor como vínculo, es  manifestación de una ley del ser a través de la fusión de su 
animismo y de las concepciones lucrecianas. 
                                                           
187
 En la introducción del libro de Giordano Bruno. Los heroicos…Op cit, pág. X.  
 
 
99
188
 Ibíd., pág. XII 

 
2. El amor como  fuerza cósmica, por medio de la cual el espíritu convertido en amor 
actúa sobre todos los seres vivos y hace que éstos por el apetito del otro tiendan a modificarse y 
cumplan de este modo el ciclo del ser. 
3. El amor como  movimiento en la variación del estado, es vínculo que se manifiesta de 
modo diverso según los diferentes casos. El movimiento amoroso es el deseo de alcanzar una 
condición naturalmente más equilibrada. En el caso del héroe, el equilibro no puede alcanzarse 
pues el infinito (su objeto) no se agota jamás, dando lugar  a la constante insatisfacción del 
furioso héroe intelectual, base de las ascesis del conocimiento.  
En general, la relación amor- conocimiento es muy estrecha pues los objetos se conocen 
en una relación afectiva ya que solo mediante el amor la materia se libera de sí misma mostrando 
sus verdades. 
Asimismo, en esta obra, Bruno reflexiona sobre la doble naturaleza del alma humana: 
intelectual y material, representada por un solo fuego que dulcemente se consume en un solo 
amor. Bruno no considera que el contraste  existente en el alma pueda ser resultado de la idea de 
inmortalidad sino únicamente dentro de los límites de la propia naturaleza humana mediante la 
ascesis cognoscitiva.  
El alma es una esencia contradictoria porque en su parte superior es intelecto y exaltado 
corazón, mientras que, en su parte inferior es cuerpo vivificado por el alma.  Cuando  el sentido 
se eleva (furor divino)  a la imaginación, la imaginación a la razón, la razón al intelecto, el 
intelecto a la mente, entonces el alma toda se convierte en Dios y habita el mundo inteligible del 
cual desciendo inversamente (furor animal)  llegando así a la parte inferior, convirtiendo al 
mundo sensible a través del intelecto, la razón, la imaginación, el sentido, la vegetativa facultad. 
De esta forma, existen tres grados de elevación inteligente relacionadas con los dos tipos de 
inteligencia: 
1. Inteligencia celeste: en la que lo intelectual supera a lo animal. 
2. Inteligencia humana: en la que lo animal supera a lo intelectual. 
3. Inteligencia unida: donde lo intelectual y animal se juntan e igualan como demonios y 
héroes. 
 
 
100
De acuerdo a estos grados, podemos notar como, según Bruno, el alma no asciende ni 
desciende sino que gira en círculo en la cadena del alma. Ella, al estar compuesta de potencias 
superiores e inferiores, tiende con las superiores hacia la divinidad y con las inferiores hacia la 
mole material. Como señalan los pitagóricos y platónicos, 
el alma realiza el doble movimiento de 
ascenso y descenso por el cuidado que tiene de si misma y de la materia, siendo movida  por el apetito del 

 
bien e impulsada,  por otra parte, por la providencia del destino”
189
.  En este movimiento, de acuerdo 
a los diversos grados de ascenso y descenso resultan afectadas en cuanto a inclinaciones y 
hábitos, mostrando la diversidad de furores, amores y sentidos. La escala de los afectos humanos 
que es  tan numerosa en grados como la escala de la naturaleza, dado que el hombre manifiesta en 
todas sus potencias todas las especies del ser que se encamina  hacia los furores animales o 
divinos y que ascienden por el furor heroico desde el animal
190
.  
Todos los furores conducen al  yugo que es el amor divino, el cual  no pesa  ni transporta 
a su servidor pero si lo  cautiva y lo hace  esclavo en tanto lo eleva, lo magnifica por encima de 
cualquier libertad y lo hace feliz.  
En esta obra el nolano, trata la relación entre 
“el entender, el ver y conocer aquello que 
enciende el deseo y es, en consecuencia, por ministerio de los ojos como resulta inflamado el corazón y 
cuanto más alto y digno sea el objeto que a ello se presenta, tanto más vasto es el fuego y vivaces las 
llamas” 
191
. Así, el texto organiza y hace dialogar a los ojos con el corazón, señalando la infinitud 
de ambos. En este sentido, el modelo cognitivo contempla como los ojos poseen una facultad 
privativa que tiende a cualquier cosa pues es potencia, los ojos imprimen en el corazón y vuelven 
a recibir la impresión del corazón. Mientras que el corazón posee una cualidad perfectiva, siendo 
acto y perfección es infinita luz, cuyo  fin es la privación y las tinieblas,  así, recibe las 
impresiones de los ojos. Es decir, del afecto logramos el conocimiento
192
.  
En el diálogo quinto, Laodomia  y Giulia cuentan la historia de los nueve ciegos, que 
antes eran nueve jóvenes muy apuestos y enamorados que al no alcanzar el amor y temiendo la 
desgracia  partieron a Campania,  jurando  no separarse sin haber intentado antes los medios 
posibles para hallar la belleza. En esta empresa, se encontraron con Circe que les hizo aparecer 
un palacio donde surgió la hija de Apolo, a quien ambos le juraron sus votos.  
  
Ella los trató de un modo tal que, ciegos, errantes y en vano fatigados hubieron de surcar 
todos los mares, ríos, montes y llanuras por diez años al término de los cuales llegaron a las islas 
británicas donde se encontraron en presencia de las bellas y graciosas ninfas del padre Tamesis. 
Ellas los acogieron y luego, cada uno tomó la cítara y cantó en versos, después todos juntos 
cantaron la “canción de los iluminados”, danzando en círculo alrededor de la ninfa. El mito alude 
al “amor de si” (philautia) capaz de desembocar en una teoría del movimiento, llevando consigo 
la concepción de la civilización como identidad de la naturaleza  que repite el ciclo de  
                                                           
189
 Ibíd, pág. 91. 
190
 En el Apéndice N °2 esta  la Lista de los quince furores con sus representaciones. 
191
 Bruno. Los heroicos... Op cit, pág. 186. 
192
 Bruno aduce nueve principios y causas particulares de la ceguera que imposibilita a los hombres el saber. En el Apéndice N °  
 
 
101

 
generación y, al mismo tiempo, es ruptura y progreso de creación de objetos artificiados en una 
tendencia contradictoria que manifiesta con claridad la ambigüedad humana.  
Así, Giordano demuestra que el hombre posee por naturaleza  la perfección, emerge aquí 
la figura del héroe intelectual, el cual  crea una ética de la actividad intelectual. Por ello, el amor 
es quien ilustra, esclarece, abre el intelecto,  haciendo penetrar  en  él  toda  cosa y suscitando 
milagrosos efectos; el amor enceguece solo por la innoble disposición del sujeto ya que este 
sentimiento no puede ser ciego, su alta virtud es la vista. De aquí que el que ama es sabio y el que 
se reconoce ignorante  es padre de todo querer, de toda felicidad y beatitud sensible. Esta 
condición genera furores, los cuales pueden ser de  dos distintos tipos: 
1. Furores que  manifiestan únicamente ceguera, estupidez e ímpetu irracional, teniendo a 
la insensatez ferina como seguidora. Esta actitud es propia del misticismo cristiano ciego. 
2. Furores que consisten en cierta divina abstracción por la cual algunos alcanzan a ser en 
verdad mejores que los hombres ordinarios. Este último, es propio de individuos extraordinarios 
y admirados por ser superiores receptáculos del saber  o  bien, avezados artífices y eficientes en 
la acción mágica.  
De esta forma, enfurecerse de amor por saber parece ser una respuesta y una fórmula de 
expiación por la cual Bruno, como hombre moderno,  purifica sus culpas de manera tal de 
acrisolar el pecado original que había tenido a occidente cautivo al sentir que su existencia debía 
ser el pago de un terrible error.  Para el nolano, vivir  es reflexionar sobre el mundo pero  aún más 
allá, prolongar el sentimiento de que nosotros no solo vivimos el mundo sino que lo creamos. 
Este Adán moderno siente que  la humanidad es superior a la naturaleza, ella imprime la huella 
de su imagen a todas las criaturas y obras divinas, de manera tal que a una nueva visión del 
universo debió corresponder una nueva visión del ser enamorado, apasionado por  la libertad que 
le otorga conciliar, en una fórmula teorética, la plena confianza, la fe medieval en Dios y la 
autoestima de su vida humana.  
El trabajo de estas nuevas potencialidades es lo que Bruno intenta desarrollar al orientar al 
ser de acuerdo a pautas morales abiertas y libres, lo que se condice y representa un momento 
controversial de formación privada y urbana en el que eran discutidos los modales, la cortesía, las 
formas de conversar, el tono de voz, los gestos y el silencio
193

De acuerdo a ello, la actitud del autor sigue siendo la misma, unir dos polos contrarios de 
                                                                                                                                                                                            
3 está la Lista con los  nueve tipos de cegueras. 
 
 
102
193
 En efecto, este es el sentido de los tres más prominentes tratados de urbanidad: el   conocido libro El cortesano de Castiglione 
que data de 1528, también el de La civil conversazione de Stefano Guazzo escrito en 1574 y el de Il Galateo, del italiano Della 
Casa, de 1558. 

 
tensión moral. Por una parte, su voluntad pretende volverse al mundo y, por otra parte,   
diferenciarse de él. Es como si las ansias de saber pudieran superar la completa soledad de 
Giordano,  consagrándose a cada parte del universo pues su existencia solo podía  medir la órbita 
de su propia seguridad cuando recorría cabalmente la silueta del todo.  
Es el mito de Prometeo,  la transformación íntima mediante la cual Bruno es creador y 
salvador, un artesano de su realidad que labra críticamente su obra perfeccionándola y 
depurándola. Ser no es vivir como receptáculos sino como libres escultores y modeladores de un 
acontecer subjetivo, una realidad sensible  incapaz de separar lo perceptible de lo inteligible, la 
función espiritual del cuerpo y del alma. Pensar es llegar a ser uno solo con la cosa que se piensa, 
la unidad es posible porque  todas las partes son miembros de un mismo complejo vital. Esta es la 
demanda que hace la magia y la respuesta que Bruno fabrica, nos detendremos en ella  en el 
siguiente punto. 
 
Antecedentes para la creación de su obra mágica 
 
Para acercarnos a fondo a la obra mágica bruniana debemos hacer un salto en su vida. 
Expulsado de Inglaterra Bruno retornó a Francia. Desde esa fecha en adelante nunca nuestro 
autor alcanzó la misma producción intelectual, tampoco volvió a ocupar la  estructura dialogal  
característica de las obras analizadas ni  regresó  al genio literario de su expresión poética ni 
mucho menos al gozo  de la protección y seguridad que el embajador francés por expresa orden 
real le brindó. 
Nos ubicamos en octubre de 1585, cuando el embajador francés Mauvissiére, reclamado 
desde su patria abandona Inglaterra y Bruno se une a su séquito migratorio. La travesía del Canal 
de la Mancha no fue demasiado afortunada ya que la nave que ocupaba se vio atacada y saqueada 
por los piratas. A juicio de Frances Yates
194
  cuando los viajeros llegaron a Paris, el ambiente 
dejaba entender con claridad que no iba a pasar demasiado tiempo sin que el Sena se viera de 
nuevo colmado de sangre. La situación era extremadamente precaria. Guisa ya había movilizado 
sus fuerzas y contaba con el respaldo de España; en julio, Enrique III se había visto obligado a 
concluir el tratado de Nemours, que anulaba las libertades formalmente concedidas con 
anterioridad a los hugonotes, lo cual constituía prácticamente su sometimiento a los deseos  
rebeldes de Guisa y a los de la relación extremista de la Liga católica fomentada por España.  
                                                           
 
 
103
194
 Yates. Op cit, pág. 338. 

 
Un mes atrás, el papa pro- español Sixto V había promulgado su bula contra Enrique de 
Navarra y el príncipe de Condé, proclamando que a causa de su herejía dichos príncipes no  
podían en modo alguno acceder al trono de Francia, medida que hacía inevitable el estallido de 
una nueva guerra. Esta complicada situación explica por qué Bruno no pudo seguir gozando  del 
apoyo real. No se celebrarían nunca más aquellas cenas en la embajada francesa de cuyos 
invitados emanaron hermosos poemas de amor. Mientras tanto,  Philip Sydney también había 
abandonado Inglaterra para dirigirse a combatir contra las tropas españolas en los Países Bajos, 
donde fue muerto al año siguiente. 
A juicio de Yates, Bruno declaró a los inquisidores que durante aquel tiempo vivió la 
mayor parte del tiempo a sus propias expensas y frecuentando el trato 
de aquellos señores que ya 
conocía”
195
. 
Existen dos sucesos muy particulares de la estancia de Bruno en Francia. 
El primero fue el que se conoció como “La Polémica Mordente”: Fabricio Mordente había 
inventado un nuevo tipo de compás que añadiéndosele un dispositivo especial a sus ramas, era 
capaz de producir 
“maravillosos efectos absolutamente necesario al Arte, que es el imitador de la 
naturaleza”
. Bruno quedó profundamente impresionado por la novedad, incluso estuvo motivado 
a escribir cuatro diálogos acerca del invento, en los que tomaba bajo su amparo al inventor, a la 
vez que declaraba que éste no había llegado a comprender todo el significado de su divina 
invención pero que él sí lo había hecho porque, al igual que repetidas veces durante su vida, era 
el único capaz de entender el peso real que en la memoria y mente humana tenían los adelantos. 
Estos comentarios molestaron profundamente a Mordente, quien compró toda la edición de 
diálogos y la hizo destruir salvo dos copias (una completa y otra incompleta que es posible leerla 
hasta el día de hoy), también acudió donde Guisa para pedir ayuda contra Bruno
196
.  
El segundo suceso dice relación con sus hazañas en el Colegio de Cambray, lugar donde  
Bruno convocó a los doctores de Paris para enunciar sus 
ciento veinte artículos sobre la naturaleza 
y el mundo contra los peripatéticos”.
   Estos artículos fueron publicados en Paris por su autor en 
1586 bajo el nombre de su discípulo Jean Hennequin, junto con una dedicatoria a Enrique III y 
una carta dirigida  a Jean Filesac, rector de la Universidad de Paris. El escrito se compone de una 
carta gentil y modesta en la que agradecía su hospitalidad y les hacía saber que se encontraba 
apunto de abandonar la ciudad.   Esta obra fue publicada dos veces: una vez bajo el título Centum 
et viginti articuli y luego en Wittenberg bajo el titulo Camoeracensis acrotismus.  
Tras esta edición, Bruno convocó a sus lectores en Cambray, los días 28 y 29 de mayo de 
                                                           
195
 Ibíd, pág. 338. 
 
 
104
196
 Ibíd, págs. 339 -342. 

 
1586, donde su discípulo Hennequin presentó sus tesis, principalmente elaboradas en Inglaterra,  
mientras el nolano se encontraba sentado en una pequeña silla. Finalizada la exposición, Bruno se 
alzó de su silla preguntando si había alguien dispuesto a defender las tesis aristotélicas y atacar 
las suyas. Ante el silencio que obtuvo por respuesta empezó a gritar aún con más fuerza, como si 
la victoria fuese suya. Sin embargo, en aquel mismo momento un joven llamado Rodolphus 
Calerius se puso de pie, el que tomando la defensa de la postura aristotélica le señaló que si antes 
nadie se había parado era porque Bruno era indigno de recibir cualquier réplica razonable, 
invitando a Bruno a responderle. El nolano permaneció callado  haciendo amago de marcharse, 
mientras los demás lo presionaban a retractarse de las calumnias efectuadas a Aristóteles 
finalmente, éste consiguió liberarse de la turba. Al día siguiente la discusión se extendió por un 
tiempo indefinido
197
.  
En este hostil ambiente, la producción bruniana de su segunda vuelta a Paris corresponde 
al mismo contenido de toda  la producida durante su estadía en Inglaterra con la diferencia de que  
todas ellas están dedicadas a Enrique de Navarra,  simpatía que sin duda pudo perjudicarle a la 
hora de enfrentar el proceso que lo condujo a la muerte. Bruno temiendo ser ultrajado por sus 
posturas antiaristotélicas y sabiendo que Mordente había recurrido a Guisa, abandonó la ciudad 
de Paris, trasladándose a Alemania.  
Permaneció dos años en Witenberg, donde se desempeñó como profesor universitario, 
lugar donde el gremio lo habría aceptado gustosamente, señala él mismo: 
“A pesar de ser un 
individuo sin renombre ni autoridad alguna entre ellos. Huido de los tumultos desencadenados en 
Francia, y careciendo del apoyo de toda recomendación principesca (…) me habéis prestado una especial 
y cordialísimo acogida, me habéis incluido en el cuerpo de vuestra academia, me habría aceptado y dado 
una plaza entre un núcleo de hombres tan nobles y doctos que creo ver en ellos no una escuela privada o 
un cenáculo exclusivista, sino como conviene a la Atenas de Alemania, una verdadera universidad”
198

Lo 
anterior resulta ser muy razonable si pensamos que Witemberg era un connotado y tolerante 
centro editor. 
 A comienzos de 1588, Bruno abandonó Wittenberg  trasladándose a Praga, donde residió 
por seis meses. En Praga  se hallaba la corte imperial de Rodolfo II, quien de manera muy 
tolerante y abierta otorgaba protección a astrólogos y alquimistas procedentes de toda Europa 
para que le ayudasen en la búsqueda de la piedra filosofal. Bruno se acercó a él, dedicándole un 
libro titulado Articuli adversus mathemathicos, destacada obra contra   los matemáticos. Por esta 
                                                           
197
 Ibíd, págs. 343-348. 
 
 
105
198
 Ibíd, págs. 352 – 353. 

 
obra, su autor recibió cierta cantidad de dinero, con el que se trasladó a Helmstadt,  donde se 
matriculó en la Universidad Juliana de Brunswic, entidad fundada diez años atrás (1579)  sobre la 
base de los principios liberales del protestante duque Julio de Brusnwick – Wolfenbuttel , quien 
falleció y fue sucedido por su hijo católico Enrique Julio.  
La situación política religiosa en Helmstadt era muy fluida y pese a que un pastor 
protestante intentó excomulgarlo, Bruno contó con  el apoyo de Enrique Julio, quien además le 
pidió escribiese la oración fúnebre en memoria de su padre. 
A juicio de Yates, la Oratio Consolatoria – a la cual lamentamos no tener acceso-  resulta 
ser muy interesante porque revela  como Bruno, a diferencia de los escritos realizados durante su 
estadía inglesa y francesa, manifiesta un cambio hacia  una posición radicalmente anticatólica y 
antipapista. 
Las loas retóricas al fallecido duque asumen un tono particularmente bruniano cuando el 
discurso se adentra en las constelaciones australes y boreales, a las cuales ascienden las virtudes de Julio 
a la vez que son abandonadas por los vicios que las ocupan. Nos enfrentamos aquí con una postura 
decididamente antipapista, como cuando la cabeza de Gorgona, llena de serpientes en lugar de cabellos, 
es puesta como símbolo de la pérfida tiranía papal que tiene  más lenguas que  cabellos sobre la cabeza, 
todas ellas blasfemas contra Dios, el hombre y la naturaleza y tales que enfrentan al mundo con el 
repelente veneno del vicio y de la ignorancia”
199
.  
El incremento y mayor énfasis  de su postura  se explica en la polarización religiosa 
existente. En aquel mismo año, la Liga Católica se había asegurado violentamente el control de 
Paris, Enrique III había sido asesinado en 1589 y la capital francesa era  asediada por las tropas 
de Enrique de Navarra. En este contexto, el pensamiento reformado asume cada vez más una 
postura anticatólica intransigente que eleva al máximo la figura del  duque fallecido, a quien 
Bruno le dedicó sus poemas escritos en latín durante varios años probablemente motivado 
también por la conveniencia de poder seguir escribiendo, sobre todo tratados de magia. 

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