Universidad de Chile Facultad de Filosofía y Humanidades



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Imagen 16: "El sol y la luna” (que también simbolizan el azufre y el mercurio y los principios masculinos y 
femeninos) luchan entre si pero los emblemas de sus escudos indican que cada uno contiene al otro, a finales 
del siglo XIV.  
Fuente: ROBERT BARTLETT. Panorama medieval, Editorial Blume, Barcelona, 2002, pág. 222.  
Mediante esta imagen podemos graficar la condición dual de los principios brunianos: Luz/ oscuridad; 
bien/mal; filosofía nolana/ cristianismo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
65
 

 
Del hermetismo Bruno extrajo la idea de que sólo la condición del hombre perfecto es el 
furor que  conduce a la contemplación del universo filosófico, el ser excelente y digno no es 
Jesús (verbo encarnado) sino  el hombre natural que mediante la filosofía y la magia estudia 
uniéndose concientemente con la divinidad: 
“La filosofía  sólo puede alcanzar la felicidad natural de 
regresar y unirse a Dios a través de su presencia en las cosas, en la naturaleza” 
112
,  no existe otra 
voluntad natural que la divina ley natural siempre presente. Aprovechando esa voluntad, según 
Bruno, el hombre es Dios en la tierra, él es concreción determinada de la naturaleza, quien debe 
su excelencia y dominio al trabajo de sus manos, las que le permiten desplegar sus capacidades 
cognoscitivas infinitas. Por lo tanto, la dignidad humana es consecuencia de la misma labor del 
cuerpo que permite su expresión al alma intelecto único y universal. 
En conclusión, el corpus de filósofos que Bruno estudió se encuentra presente, aunque no 
esté citado en la obra nolana, en todos los autores que hemos detectado. Frente a ellos, la gran 
diferencia de Bruno con todos los filósofos de su tiempo era  que ellos creían que Dios era lo 
infinito y, por tanto, lo incomprensible, lo oculto, mientras que Bruno, pensaba que saber era la 
labor más natural e inherente a la vida. En este sentido, Bruno aparece muy reacio a todo tipo de 
cambios estructurales que acerquen el pensamiento a las características del saber novedoso 
absolutamente propio. Al respecto, tal como lo hacía un filósofo medieval, Giordano continuó 
hablando sobre Dios y el alma humana utilizando las mismas fuentes que la filosofía de dos 
siglos atrás. No obstante, ¿por qué si utilizó las obras de Platón y Aristóteles comprendió cosas 
tan distintas de las que entendió Tomás de Aquino?  
La explicación más plausible es la que la historia nos brinda. Giordano vivió en un tiempo 
en el cual los estudios humanistas, mucho más disminuidos que en el siglo anterior, iban al 
rescate de talentos no pertenecientes a la elite privilegiada otorgándoles la posibilidad de 
ascender social e intelectualmente. Es el caso de Bruno, hijo de una lavandera y de un soldado 
mercenario quien, desde una mirada crítica y aguda, fue resultado de la labor intelectual 
integradora contextualizada en un tiempo de profundas querellas existenciales y filosóficas. 
Giordano no pudo leer las obras de la misma forma que los demás pensadores medievales porque 
él pertenecía a una generación posterior, diferente, compleja y contradictoria de humanistas de 
origen humilde
113

                                                           
112
 MIGUEL ANGEL GRANADA. El umbral de la modernidad. Estudios sobre filosofía, religión y ciencia  entre  Petrarca y 
Descartes, Editorial Herder, Barcelona, 2000, pág. 240. 
 
 
66
113
 Este es el caso del muy reconocido por Bruno, Erasmo de Rótterdam, filósofo neerlandés, latinista y clérigo regular de la orden 
de San Agustín, hijo ilegitimo de un médico rural llamado Gerado y de Margarita, controvertido pensador y crítico de la Iglesia 
católica, tildado por sus contemporáneos como  “príncipe de los humanitas”. ERASMO. Obras escogidas, Traslación castellana 
directa, comentarios, notas y un ensayo bibliográfico de Lorenzo Riber, Editorial Aguilar, Madrid, 1964, pág. 9. 

 
Giordano Bruno, humanista 
 
Todas las características anteriores se condicen con la formación humanista de Bruno. 
Para comprobar la hipótesis que sostengo sobre la condición de humanista de Giordano Bruno 
nos parece adecuado comenzar por caracterizar las bases de su conciencia histórica. Sobre su 
tiempo, Bruno decía: “
Hoy somos más viejos y tenemos más años que nuestros predecesores en lo que 
afecta a ciertas cuestiones como la que ahora nos ocupa. No pudo ser tan maduro el juicio de Eudoxo que 
vivió poco después del renacimiento  de la astronomía que acaso incluso renació con él, como el de 
Calipo, que vivió treinta  años después de la muerte de Alejandro Magno […] Por lo mismo, Hiparco 
debía ser más que Calipo, pues vio la invitación ocurrida hasta 196 años después de la muerte de 
Alejandro. Todavía más debía haber visto Mohamed Aracense al cabo de 1200 años. Todavía más 
Copernico 1849 años después. Pero que algunos de los más recientes no hayan sido por eso más avisados 
que los anteriores ya que la mayoría de los que viven en nuestros días no tengan, sin embargo, más juicio, 
se debía a que los primeros no vivieron y estos últimos no viven años ajenos y (lo que es peor) tanto unos 
como otros vivieron muertos sus propias vidas” 
114
 
¿Qué quiere decirnos esta cita? Creemos que Bruno descubre el momento en que frente a 
la idea estática del saber medieval surge la tendencia a incorporar  el conocimiento a zonas  hasta 
el momento desconocidas, buscando en sus productos novedades a descubrir. Para Bruno ser 
conciente históricamente es reconocerse identitariamente en el desarrollo progresivo del 
conocimiento y en la completa seguridad y complicidad tanto en tiempos anteriores como en el 
estado actual y futuro del saber
115
. Así, nuestro autor resalta la idea de que la ciencia no llega a su 
perfección en un solo individuo, lo que no impide la idea de que el conocimiento sea una realidad 
acabada en si misma y abierta a un proceso infinito de perfeccionamientos sostenidos entre 
quienes son capaces y tienen las condiciones naturales para reflexionar filosóficamente de 
manera adecuada
116
.Luego, a diferencia del concepto de historia medieval, el conocimiento 
histórico moderno nos permite atesorar la experiencia y, de esta forma, lograr un uso más 
adecuado de la razón
117

Ahora bien,  si consideramos como cierto que Bruno intentó destruir un tipo de teología 
                                                           
114
 Bruno. La cena…Op cit, págs.80 -81. 
115
 MARAVALL. Antiguos y modernos, Editorial Alianza, Madrid, pág. 41. 
116
 Ver. Istituti editoriali e poligrafici internazionali. Bruniana & Campanelliana. Richerche filosofiche e materiali storico – 
testuali.  Esser spogliato dall’umana perfezione e giustizia. Nueva evidencia de la presencia de Averroes en la obra y en el 
proceso de Giordano Bruno, Vol. 2, Anno V , Pisa, Roma,1999. 
 
 
67
117
 EUGENIO GARIN. Medioevo y renacimiento, Editorial  Taurus,  Madrid, 1986, pág. 140. De ahí que la obra nolana pueda 
entenderse como una conversación franca con la realidad civil de su tiempo. Sobre el estado político, para el nolano, el brazo 
armado del poder era la religión cristiana que  asumía la autoridad y lograba la sumisión del “vulgo” para  los fines mundanos  de 
la sociedad, de tal forma de eliminar todo conflicto, asegurándose y haciendo prevalecer su filosofía.  

 
no es menos evidente que se orientó hacia otra forma de teología que consideraba al hombre 
como sujeto natural inmerso en el cosmos, bondadoso, divino y naturalmente generado: 
“Los 
dioses han dado al hombre  el intelecto y las manos y lo habían hecho semejante a ellos, concediéndole 
un poder sobre los demás animales, el cual consiste en poder actuar no solo según la naturaleza y lo 
ordinario, sino además fuera de las leyes de ella a fin de que (formando o pudiendo formar otras 
naturalezas, otros cursos, otros órdenes con el ingenio, con esa libertad sin la cual no poseería  dicha 
semejanza) viniera a conservarse dios de la tierra
118

. Ser humano, para Giordano Bruno, era ser  
inmanente, es decir, quien 
“no debe buscar la divinidad lejos de nosotros, puesto que la tenemos al 
lado, incluso dentro, más de lo que nosotros estamos dentro de nosotros mismos”
119
.  
En este sentido, el concepto de historia bruniano se sitúa en una línea de pensamiento 
anticristiano contrario a  la concepción de mundo indigente, y además no divino, es decir,  
distante de la visión cíclica, cristiana, agustiniana y lineal del espíritu marcada por los hitos del 
paraíso, el pecado, la encarnación y el término escatológico del juicio final y el paraíso. Por el 
contrario, Bruno afirmaba  la  historia como la permanente alternancia  de la luz y las tinieblas, es 
decir, de la luz egipcia clásica y de las posteriores “tinieblas del cristianismo”
120

Son cualidades propiamente humanistas justamente aquellas que redundan en la 
exaltación existente en el sentido positivo del mundo construido por el ser humano y la   
evaluación  crítica del cristianismo. Para Bruno, lo trascendente era el análisis riguroso del 
individuo y de las relaciones construidas en la conciencia del mismo; la pertenencia a su pasado y 
la libertad de pensamiento. De este modo, Bruno se entiende a sí mismo y a los demás como  un 
ser libre de hacer, de construir y de ser soberano para oponerse a la “verdad” supuesta de las 
‘autoridades’ y la tradición. 
Por eso evaluar las filosofías por su antigüedad es como pretender 
decidir si fue antes el día que la noche o viceversa. Aquello, pues, sobre lo que debemos el ojo de nuestra 
consideración es si nosotros estamos en el día y a la luz de la verdad brilla sobre nuestros horizontes o 
bien sobre el de nuestras antípodas advirtamos, si estamos nosotros en las tinieblas o ellos y en 
conclusión, si nosotros que damos comienzo a la renovación de la antigua filosofía, estamos en la 
mañana para dar fin a la noche o bien en el ocaso para poner fin al día” 
121

 
 
 
                                                           
118
 Bruno. Expulsión de la…Op cit, pág.227. 
119
 Bruno. La cena de las…Op cit, pág.77. 
120
 Ver Imagen 17. 
121
 Bruno. La cena de las.. Op cit, pág.  83. 
 
 
68
 

 
 
 
 
Imagen 17:  “La nave de los locos”. Grabado del célebre libro de Sebastian Brant (1494).  
El reino de la locura, los desórdenes del mundo, el retorno de los cambios cíclicos, todo en esta imagen 
recuerda las ideas escatológicas occidentales. 
 Fuente: MARC  DECENEUX. Histoire de la fin du monde, Editorial Ouest- France, 1999, 
 
 
 pág. 29. 
La imagen representa el concepto de historia medieval que Bruno combate, en él los seres  humanos mitad 
burros y mitad hombres pendían su vida de la decisión divina que destornilla el círculo como símil de su 
vida  siempre permanente e igual.  
Como vemos en la imagen, la inestabilidad de la historia medieval se traducía a términos cosmológicos, en 
los que la profecía era la vía para comprender la planeada conexión de acontecimientos, de acuerdo con la 
sucesión temporal de calamidades.
 
 
 
 
 
 
69

 
En este sentido, si procuramos una definición del humanismo desde Giordano Bruno nos 
aventuramos a pensarla como un ambicioso ideal de renovación, sólida escuela  de inagotables 
pensamientos esenciales, en resumidas cuentas, estamos ante más que un movimiento ante una 
tradición histórica perfectamente deslindable, una línea  continua de hombres de letras que 
transfieren sus conocimientos unos a otro sintiéndose herederos de un mismo legado al vincularse 
entre sí en el estudio de las studia humanitatis
122
. Ser humanista para Bruno era integrar parte de 
un ideal constitutivo, un objetivo de perfección, un sueño grandioso de todo el conjunto de la 
civilización europea reconstruida sobre la base de las letras antiguas y su gigantesca ambición por 
la filosofía y la poesía.  
Según Francisco Rico, para quien el humanismo es un sueño debido a su cualidad siempre 
ideal e interminable en su complejidad, Giordano sería  parte de una tercera  fase final  de 
generación de humanistas, la que se caracterizó por ser distante a un estilo de vida sin reservas, 
desinteresado y absolutamente entregado a las preocupaciones  filológicas y su preocupación por  
la antigüedad. Pensamos que es cierto, Bruno es hijo de una campaña de difusión que convirtió a 
los studia humanitatis en un programa escolar generalizado, en el que la figura que representa al 
intelectual no es la que acomete empresas y anuncia grandezas sino la del maestro anodino, 
voluntarioso o mediocre. Si   el triunfo de este movimiento fue  poner  los cimientos para la 
educación y formación de las elites europeas sin olvidar  los grandes talentos  de procedencia más  
modesta, Giordano destacó no por su peso erudito sino porque, en términos prácticos consiguió 
su apadrinamiento en las altas esferas donde la aristocracia le prestó su decisivo apoyo 
económico mirándolo con benevolencia al considerarlo, en un principio,  como un elemento 
propio de su modo de vida y de las modas que implicaba su prestigio de clase, el que  entendía el 
saber como una verdadera genealogía y una teoría del poder.   
De este modo, Bruno pertenece a esa etapa del humanismo en la que todo parece volver a 
lo mismo, aquella donde culminaba el gran esfuerzo, a través del cual la escuela humanística, 
presionando sobre la nueva industria de la imprenta, había conseguido proponer  su derecho a 
existir en la sociedad como clase privilegiada. Nos referimos a un momento donde la tradición 
histórica del humanismo italiano se cerraba a sí misma en una concha profesional y profesoral 
que renunciaba a la plaza pública, regresando a ser una minoría crítica, caracterizada por 
censurar, corregir e incluso descartar autores  antiguos. Así, Giordano pertenece a ese tiempo, 
donde después de su crepúsculo comienza la depreciación, tal cual como si fuese un proceso 
                                                           
 
 
70
122
 Para definir el humanismo y relacionarlo con Giordano Bruno hemos ocupado el libro de FRANSCICO RICO. El sueño del 
humanismo. De Petrarca a Erasmo, Editorial Alianza, Madrid, 1993. 

 
natural e inevitable tendiente hacia la especialización  del conocimiento, lo que le restaba vuelos 
al sueño originario del humanismo en tanto también iba socavando el mito de la lengua romana 
como panacea universal.  
Pues bien, dentro de una celda, encerrado y encerrándose, Bruno ahonda los problemas 
sociales, tomando partido por la elitización del saber para unos pocos iluminados y la 
internacionalización  de  la moderna 
“cultura de una nueva época”
123
,
 esta vez, muchísimo más 
práctica y debilitada en su programa escolar. De esta forma, los humanistas perdieron su 
voracidad inicial, ya no son más el motor de la civilización sino, una columna de materias de 
“cultura general”, una obligación básica.  
Creemos que Bruno estuvo muy conciente de este proceso. Sin embargo, él mismo no 
pudo huir de esta tendencia transformándose, en ciertas etapas de su vida, en  un pedagogo más, 
un profesor muy engreído y en un autor polémico e irreverente: 
De mi gémina luz, yo, nimia tierra, 
no parco manantial tiendo hacia el mar. De aquello que mi pecho tanto oprime, el hálito abundante 
recoge el viento avaro. La llama que brota de mi corazón. Puede sin aminorar alzarse al cielo; con 
lágrimas, suspiros, con mi ardor, al agua, al aire, al fuego doy tributo. Agua, aire y fuego acogen una 
parte de mí, pero mi diosa tan cruel e inicua se me muestra. Que ni mi llanto halla refugio junto a ella. Ni 
esta voz escucha. Ni jamás compasiva ante mi ardor se vuelve” 
124
 .  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                           
123
 Ibíd. P. 105. 
 
 
71
124
 Bruno. Los heroicos…Op cit. P. 96. 

 
Bruno autor 
 
 
 
 
Imagen N °18: Letra  asignada a  Giordano Bruno. Corresponde a  un álbum donde Bruno escribió 
la cita de Salomón y Pitágoras (Eclesiales, I, 9-10), se conserva en la Biblioteca de Stuttgart.  
Fuente: www.giordanobruno.info. El texto señala: “Salomón y Pitágoras. ¿Que es lo que es ahora? 
Lo mismo que fue. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que es ahora. Nada nuevo bajo el sol”. 
Traducción de la autora. 
 
 
De la síntesis de sus estudios resulta el creador: Bruno escritor. Estamos ante el legado de 
una “letra humanística cursiva” o “escritura itálica” debido a que ésta era una forma típica de los 
humanistas. Ella se caracterizaba por su elegancia, sutileza y finura, su inclinación progresiva  
hacia la derecha, sus sutiles y caídos largos, sus-ligaduras abundantes, su “a” redonda, su  “e”  
abierta en los dos trazos, su “s” en un solo trazo y su “g” abierta por abajo.  Ella también revela el 
sostenido combate entre las formas de escribir medievales de estilo gótico con la síntesis  
moderna originada en el reencuentro con las formas de escritura clásicas
125
.  
Ahora bien, estudiemos las formas de escritura bruniana. Si adoptamos la tesis de Hayden 
White sobre que un libro es una 
estructura verbal  en forma de discurso en prosa narrativa
126
 
podremos analizar sus libros más allá de la combinación de datos y explicaciones. Al respecto, 
podemos decir que sus libros son un verdadero tejido de símbolos a leer cuya naturaleza poética  
y lingüística desentraña una identidad residente en la conjunción de elementos morales y 
                                                           
125
 “Síntesis: composición de un todo por la reunión de sus partes. Suma o compendio de una materia o cosa”. RAE.  Diccionario 
de la Real Academia de la lengua española. Op cit, pág. 1886. La idea de apreciar el humanismo y su tiempo como un fenómeno 
global se sustenta en la constitución de una línea continua no excluyente entre  el pensamiento clásico, el medieval y el moderno 
ordenada progresiva y acumulativamente. Garin. Op cit.  
 
 
72
126
 HAYDEN WHITE. La Imaginación Histórica del Siglo XIX., Editorial FCE, México, 1992, pág. 92.  

 
estéticos. Un buen libro es para Bruno el que posee contenido moral por sobre todos los temas: 
“Los libros divinos concedidos al servicio de nuestro entendimiento, no se ocupan de demostraciones y 
especulaciones sobre las cosas naturales, como si de filosofía se tratara, sino que establecen mediante 
leyes, en beneficio de nuestra mente y ánimo, la conducta en lo relativo a las acciones morales”
127
, es 
decir, un libro provechoso es un libro que nos marca posturas éticas y conductuales a seguir.  
Veremos: “
Si yo, ilustrísimo caballero, condujese el arado, apacentase un rebaño, cultivase un 
huerto, remendase un vestido nadie me miraría, pocos me tendrían  en cuenta, raros serían los que me 
reprendiesen, y fácilmente podría  complacer a todos. Mas, por ser delineador del campo de la 
naturaleza, preocupado del pasto del alma, ansioso de la cultura de la mente y artesano experto en los 
hábitos del entendimiento, he aquí que quien es mirado me amenaza, quien es observado me asalta, quien 
es alcanzado me muerde, quien es comprendido me devora. No es uno, no son pocos; son muchos, son 
casi todos”
128

De esta forma comienza el libro Sobre el infinito universo y los mundos. Tal como 
en todos sus libros, Bruno los escribe con la seguridad y el convencimiento de su verdad. 
Siempre primero, una epístola proemial que incluye agradecimientos al  mecenas que respaldó su 
obra y los argumentos que validan inicialmente su texto; segundo, el texto mismo organizado en 
diálogos, en los que rara vez cita a autores, más bien hace alusión tácita a sus lecturas 
incorporadas. 
Cada libro nolano comienza y se desarrolla con la utilización de un campo discursivo 
complejo, el que prefigura el panorama histórico de acuerdo a  “actos poéticos” mediante los 
cuales el intelectual hace del estudio su dominio y, sobre éste, aplica las teorías  específicas que 
utilizó para explicar lo que realmente estaba sucediendo en él, es decir, un combate permanente 
con el cristianismo, un hombre que entendía su existencia en la discusión constante, en un 
diálogo casi mayéutico. 
El acto poético bruniano es  una forma lingüística que concibe la historia como  una 
creación poética artística ordenada en un lenguaje irónico y metafórico
129
, el que trabaja en la 
captación original  imaginativa de la verdad, una forma de conocimiento que no separa al 
universal de su existencia  viva en el objeto particular, que no hace contrastar leyes y fenómenos, 
fines y medios ni  relaciona una cosa con otra en subordinación con el proceso de la razón 
humana sino que  comprende una cosa exclusivamente en la otra y por virtud de la otra, tal como 
en la siguiente cita: 
Las raíces amputadas que germinan, son cosas antiguas que reaparecen, son 
                                                           
127
 Bruno. La cena…Op cit, pág. 145. 
128
 Bruno. Sobre el  infinito…Op cit, págs. 53 -55. 
 
 
73
129
 La Metáfora es una  forma lingüística que mediante la semejanza indica lo aludido. Mientras que, la ironía es una fórmula 
lingüística  mediante la cual se niega el nivel figurativo afirmando lo literal, es una forma bastante absurda  que parte del 
conocimiento latente en al lector sobresaltando su carácter negativo. White. Op cit, pág. 9. 

 
verdades ocultas que se descubren, es una nueva luz que, después de larga noche, despunta en el 
horizonte y hemisferio de nuestro saber y poco a poco se acerca al meridiano de nuestra inteligencia
130


“El meridiano de nuestra inteligencia” alude al mundo que tenemos en nuestras mentes, “las 
raíces amputadas”, una existencia sin fundamentos, las vidas de todos esperando por la llama de 
luz del nolano. 
Poeta combativo que escribió a la luz del sol y de las velas 
“os consagro estas anclas, estas 
jarcias, esta fatigadas velas y éstas para mi más caras y para el  mundo futuro más preciosas  
mercancías” 
sus libros
131
. Nuestro escritor es un creativo, un hombre que procura figurar sin 
reglas en un contexto tendiente a la construcción de ellas. 
“Dijo que existen y pueden existir tantas 
clases de poetas cuantas maneras de sentimientos, e invenciones humanas pueden existir y existen”  
132

Lo anterior denota que Bruno era un hombre que aspiraba a la tolerancia a pesar de que en su 
vida personal no la practicase. 
Otro de los rasgos más claros en un análisis de las obras nolanas es el desarrollo de su 
imaginación
133
. Pese a sus personales ataduras, Giordano creía que imaginar era ser libre,  era 
construir sensiblemente la percepción de acuerdo a la pauta de la razón, la que establece en el arte 
de la memoria su conexión paradójica con la infinitud del universo a partir de la experiencia 
visual. Para Bruno, la imaginación era una energía ilimitada, relativa, homogénea, donde todo 
podía ser posible, era una fuerza motriz, un sentido interno que creaba la experiencia sensible, 
básica para la elaboración del conocimiento, decía: 
“Los filósofos son  en cierto modo pintores y 
poetas, los poetas pintores y filósofos, los pintores filósofos y poetas; los verdaderos poetas, los 
verdaderos pintores y los verdaderos filósofos se estiman y admiran recíprocamente, pues no es filosofo  
sino quien imagina y pinta, por lo que no sin razón se dice  que inteligir es especular con imágenes y el 
intelecto es imaginación o no es imaginación […]Del mismo modo  que nada inteligimos  sin imagen, 
tampoco recordamos nada sin imagen”
134
.
 Podemos deducir de la cita que la imaginación era central 
en su teoría del conocimiento pues constituía la experiencia sensible, base del saber y de la 
elaboración correcta  de la que depende nuestra suerte.  
Para tal fin, Giordano escribe metafóricamente a través de fábulas, es decir, narraciones 
propias de un estilo literario heredero de la tradición alegórico-mitográfica de origen platónico, 
estoico y neoplatónico caracterizado por la utilización simbólico representativa de los mitos 
                                                           
130
 Bruno. Sobre el infinito… Op cit, págs. 214- 215. 
131
 Bruno. De la causa… Op cit, pág 17. 
132
 Bruno. Los heroicos… Op cit, pág 33. 
133
 Nos serviremos aquí del trabajo de MIGUEL ANGEL GRANADA. Nouvelles de la republique des Lettres. La Imaginación y 
la construcción del universo infinito en Giordano Bruno. Vol. II. 1999. 
 
 
74
134
 Ibíd, pág. 46. 

 
clásicos. Mediante ellos, Bruno avalado por su extrema sensibilidad, creía que escribir era 
cumplir una misión en el pleno consentimiento de que ella se difundiría en el ámbito intelectual y 
al interior de una emergente cultura impresa. Recordemos que durante el siglo XVI la enorme 
difusión de  la literatura mitológica caracteriza a los humanistas, quienes brindaron extraordinaria 
atención al  uso de signos, imágenes y alegorías

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