Universidad de Chile Facultad de Filosofía y Humanidades



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65
. Para el caso bruniano lo 
interesante es que Giordano inserto en dicho estado no se paralizo de miedo ni detuvo su 
pensamiento, sino que lo cuestionó a fin de encontrar nuevas respuestas.  
Por tanto, en su obra podemos apreciar la presencia de todo un estado social en el cual los 
hombres orientaban su vida apaciguando el miedo derivado de la frustración de no sentirse  
señores de su propio mundo y de la fragilidad a que se sentían expuestos, sentimiento que 
apaciguaban en la utilización de la magia como respuesta ante la indefensión de su mundo. De 
ahí que la época fuese una de las más fecundas en la ejecución de prácticas mágicas de elite o 
populares mal llamadas brujeriles. 
Mediante estas prácticas se lograba vencer el temor, el terror de volver a errar tan 
gravemente como lo hiciese la humanidad en el mito de la expulsión del paraíso, en el cual  el ser 
fue arrojado a su propio mundo, al espacio del permanente cambio, a la inestabilidad, la 
desorientación, la desconfianza y la alerta constante.
La serpiente era la más astuta de todos los 
animales del campo que Yahvé había hecho y dijo a la mujer: ‘¿Es cierto que Dios les ha dicho: no 
coman de ningún de los árboles del jardín?”. La mujer  respondió: “Podemos comer  de los frutos de los 
árboles del jardín, menos del fruto del árbol que está  en medio del jardín, pues Dios nos ha dicho: No 
coman de él ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirá” La serpiente replicó: “De ninguna manera 
morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos y 
serán como dioses y conocerán el bien y el mal”
66

Veremos a continuación si tras el tiempo 
transcurrido, las dudas humanas insisten en  seguir mordiendo del fruto del saber. Mientras la 
Iglesia, madre protectora de la cristiandad, también la ha mordido, Bruno se pregunta: ¿Cuál es la 
naturaleza que construye el hombre sobre si mismo como hijo de Dios? ¿Nuestra naturaleza es el 
pecado o la herencia divina? 
 
 
                                                                                                                                                                                            
ciencia”. Traducción de la autora. Bruno. La cena…  Op cit,  pág. 22. 
65
 Delumeu. El miedo en.. Op cit. 
 
 
40
66
 LA BIBLIA. Antiguo Testamento. La creación. Génesis 3.31. 3.14, Ediciones Paulinas Verbo Divino, Madrid, 1972, pág. 56. 
Ver Imagen 11. 

 
 Si esperamos en el siglo XVI,  una conciencia intelectual colectiva que asuma, desde el 
error primero,  la reflexión y la aceptación del fruto ya engullido para de esta forma comenzar la 
aceptación de la tentación incurrida no como un castigo sino como la condición inicial del 
hombre que quiso ser Dios, del error quizás surgiría la certeza. Podremos hacer de la inseguridad, 
la confianza y de la duda un método Y, sobre todo ¿Cómo Bruno responderá a estas 
disquisiciones? Planteamos que su respuesta será el resultado de la reflexión que desarrolla su 
pensamiento como la síntesis de las condiciones de posibilidad que obtuvo, es decir, su 
formación domínica, sus estudios filosóficos, el saber humanista y, finalmente, el resultado: su 
propio pensamiento. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
41
 

 
 
 
 
 
Imagen 11:  

Adan y Eva


Fuente: ZAMPA, GIORGIO. La obra pictórica completa de Durero, Editorial Noguer, Barcelona, 
                                                                     1970, pág. 98. 
 
 
 
 
42

 
La formación filosófica del nolano 
 
Como se señaló anteriormente, la formación filosófica del nolano posee y es fruto de la  
historia intelectual de su tiempo. En ella Bruno se encontró integrado en un medio y una 
tradición, siendo uno más entre muchos otros filósofos que destacaron por su curiosidad y 
arrogancia. Deduciremos que como resultado de todas sus influencias, Bruno no fue ni un 
autodidacta ni un hombre completamente original en sus reflexiones. La filosofía bruniana no es 
excepcional a la hora de  desechar la Escolástica y renovar la filosofía de los antiguos. En efecto, 
durante el siglo XV los humanistas, los pensadores de la Academia Platónica de Florencia 
fundada en 1440, los de la Academia Romana, todos los empapados del caudal clásico 
procedente sobre todo del Imperio Bizantino en ruinas, desde Lorenzo Valla a Luís Vives 
trabajaron en esa dirección.  
En general, de acuerdo a los especialistas, toda la filosofía del Renacimiento se 
caracterizó por una considerable falta de precisión y de rigor. No podemos definirla, en modo 
alguno, como un periodo metafísico creador, pues aún no se ha pensado con plenitud la situación 
ontológica de este mundo habitado por el hombre racional, distante de las dependencias divinas 
medievales. Los filósofos, como Bruno, aún no manifestaban cuestionamientos vitales sobre su 
nueva situación intelectual, lo que  en efecto ocurrirá mas tarde en los primeros decenios del siglo 
XVII por obra de Descartes
67

En una historia de la filosofía entendida como un proceso de engranajes de sistemas 
cerrados, perfecta y originalmente elaborados, la filosofía renacentista presente en Bruno apenas 
puede justificar dicha presencia, debido a que el mismo panorama intelectual de la época es un 
abigarrado conjunto de movimientos contradictorios entre sí. No existe una sola filosofía del 
renacimiento, sino un conjunto de corrientes de pensamiento, cuyo carácter en común es 
justamente, aparte del hecho de compartir su contemporaneidad, esa especie de novedad o 
inmadurez, ese carácter balbuciente y como apresurado e impetuoso en el que mediante una 
terminología antigua se van esbozando ciertas actitudes nuevas sobre el mundo, el hombre, el 
conocimiento y Dios
68
.De modo que se comprende porqué Bruno plantea su filosofía sin darse el 
tiempo necesario para  que sus pasiones cuajen con más estabilidad, serenidad y coherencia.  
La formación filosófica que Bruno recibió, mucho antes que él escribiera sus obras y 
saliera a la luz pública, trabajó en pos de anunciar renovadas ideas tales como: la autonomía del 
                                                           
67
 JULIAN MARÍAS. Historia de la filosofía, Editorial Alianza, México, 1991, págs. 183-184. 
 
 
43
68
 FERNADO SAVATER (et al). Historia de la filosofía, Editorial Noguer, Barcelona, 1988, pág.174. 

 
individuo, la infinitud, la dignidad y la libertad del hombre infinito presente en carne y hueso, 
unido al interés esencial por el conocimiento de la naturaleza. Todas estas temáticas fueron 
tratadas con anterioridad por los clásicos y un siglo antes por los neoplatónicos: Marsilio Ficino, 
Giovanni Pico de la Mirándola y Nicolás de Cusa
69
.  
En su programa educativo, la formación reflexiva del nolano cuenta a la filosofía griega 
entre sus más preciadas influencias. Muchísimo antes que Bruno hablara de la inmanencia 
humana, fueron los clásicos quienes constituyeron un verdadero programa de autodivinización 
del hombre a través del conocimiento unido a la  asimilación a Dios mediante el cultivo de lo 
divino en el hombre y por la perfección moral y felicidad consecuente del trabajo intelectual.  
Para los griegos saber era ser salvado y feliz, un destino en el desarrollo de las 
potencialidades y capacidades naturales. La filosofía era una  forma superior de vida, perfección 
del hombre y dicha suprema; actualización de lo superior y divino  intelecto. Ser sabio era ser 
verdaderamente libre pues significaba estar realmente conciente, habitando y cuestionando el 
mundo de las verdades
70
.Bruno comparte y hereda esta idea, transformándola en el sentido 
existencial de su vida y trabajo como escritor. Dado lo anterior, podemos denotar que para Bruno 
la filosofía era una ambición total, un ideal que justificaba su eclecticismo como autor. Con la 
siguiente cita de Giordano podemos ejemplificar la riqueza y profusión de pensamientos de éste 
autor y el carácter sintético de su pensamiento: 
“Es propio de un cerebro ambicioso y presuntuoso el 
querer persuadir a los demás de que no hay más que  un solo camino para llegar al conocimiento de la 
naturaleza. Aunque la vía más constante y más firme, más contemplativa y más clara y el modo más 
elevado de consideración deban ser siempre preferidos, eso no es una razón para condenar cualquier 
otro modo que produzca buenos frutos, aunque no sean del mismo árbol. Los epicúreos han dicho muchas 
cosas buenas, aunque no se elevan por encima de las cualidades de la materia. Heráclito tiene muchas 
cosas excelentes aunque no se ocupa de nada más allá del alma. Se saca provecho de Anaxágoras quien  
coloca por encima de ella un intelecto, el mismo Sócrates, Platón, Trimegistro y nuestros teólogos han 
llamado Dios”
71
Esta cita demuestra como la lectura le permitió a Bruno identificarse y construir 
su sentido de acuerdo a las ideas hipostáticas o de unión con la naturaleza divina: la escala 
compuesta entre  Dios, la Inteligencia, el Alma del mundo y la materia son originalmente de 
Plotino; la idea de Identidad proviene de Parménides, el atomismo era una reflexión de 
Demócrito; la idea del universo infinito siempre presente en el todo pertenece a Anaximandro y 
                                                           
69
 En las páginas que siguen estudiaremos la relación de ellos con Bruno. 
70
 MIGUEL ÁNGEL GRANADA. La reivindicación de la filosofía en Giordano Bruno, Editorial Herder, Barcelona, 2005, pág. 
13. 
71
 Bruno. De la causa. Op cit, pág. 170. 
 
 
44
 

 
más tarde a Nicolás de Cusa. 
Otro antecedente claro en su formación es su encuentro con las tendencias neoplatónicas, 
simbiosis entre la filosofía platónica y los influjos orientales, judíos, griegos y egipcios que se 
dieron cita en Alejandría. Originalmente esta filosofía fue fundada por Amonio Saccas (175 – 
241 AC) maestro de Plotino, principal representante que identificó la idea platónica del bien con 
la monada pitagórica, llamando “uno” a la suprema esencia de la cual emana todo lo que es el ser, 
tanto en lo espiritual como en lo corporal. Ella se caracterizaba por intentar conciliar la reflexión 
de dos mundos opuestos, el de Platón con el de la terminología aristotélica ligada al cristianismo.  
Durante el siglo XV, tras el retorno de los sabios bizantinos a la península itálica, el 
gobierno de Cosme de Médicis reinauguró el estudio formal de esta tendencia, fundando la 
Academia neoplatónica a cargo de Marsilio Ficino, con  lo cual dicha corriente se convirtió en la 
gran tendencia reflexiva de la época. Dado lo anterior resulta fácilmente detectable en Bruno la 
presencia de dicha filosofía. 
Efectivamente, sabemos que Giordano  estudió del neoplatonismo la tesis sobre la 
existencia en la naturaleza de una jerarquía que ascienden desde la materia hasta lo inmaterial, de 
la oscuridad a la luz; así como aquella que establecía que la naturaleza es inteligible en la medida 
que es expresión de Dios. Para esta filosofía las ideas humanas eran sombras o reflejos de las 
ideas divinas y aunque el conocimiento fuera capaz de profundizar y progresar en proporción a la 
elevación de la mente desde los objetos, de la percepción sensible hacia la unidad originaria, 
siempre lo esencial se entendió como algo impenetrable al entendimiento. De esta forma, el 
neoplatonismo había representado siempre el mundo como una creación o “emanación divina”, es 
decir, como un reflejo de Dios, el cual subrayaba la trascendencia y la desavenencia con la 
inteligencia humana.  
Al respecto, el neoplatonismo bruniano se expresó en la actitud de dar la espalda al 
mundo de la dispersión, orientándolo hacia la unidad de la cual procede y siempre es su alma  
individual con la universal omnipresente, lo cual hacía desaparecer la oposición entre los sentidos 
y el intelecto. La particularidad de Bruno en este contexto es que él rompió con la idea de las 
seculares asociaciones dedicadas al conocimiento jerárquico de las cosas, acercándose más hacia 
el panteísmo
72
, lo que  descartaba la idea cristiana de que solo lo que experimenta el alma vale y 
que Dios se “autodespliega” 
73

                                                           
72
 Del griego "pan" (todo) y "theos" (Dios). Creencia de que todo es divino. No existe entonces un Dios personal sino que Dios y 
el universo son la misma cosa. No habría entonces, en esencia, distinción entre Dios y el mundo.  
 
 
45
73
 Para un análisis más exhaustivo sobre la filosofía platónica en el siglo XV y XVI puede consultarse el libro de EMILE 
BREHIER. Historia de la filosofía, Tomo I, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1944, capítulo séptimo: el renacimiento, 

 
De acuerdo a las mismas influencias clásicas y pese a aquellas diferencias, consideramos 
que Bruno es parte del espíritu de la filosofía de su tiempo, debido a su formación como 
intelectual y la idea fundamentalmente atingente a la unidad  de la naturalezaA juicio de Ernest 
Von Aster, el pensamiento que flota en este periodo es el de una unidad dinámica de la 
naturaleza, así quien con el conocimiento penetra en las profundidades de la naturaleza tiene que 
tropezar con las mismas fuerzas fundamentales unitarias que dan al universo su cohesión íntima.  
La búsqueda de esas fuerzas unitarias era la actitud que guiaba la filosofía de los siglos 
XV y XVI, como la de Rogelio Bacon, que intentara manejar al penetrar en las fuerzas 
desconocidas y en los elementos ocultos. En este sentido, la abundancia de libros sobre el tema 
fue evidente sobre todo, debido al auge de la imprenta, por lo que podemos deducir que Bruno 
tuvo a su alcance muchas lecturas
74

 
Las lecturas de Bruno 
 
La potestad  que antes explicábamos era lo que se conocía como magia, es decir, el  
concepto mediante el cual  el ser humano penetraba en la naturaleza. En cuanto a la historia de la 
reflexión mágica, Bruno compendia en su obra los extensos cuestionamientos  habidos sobre el 
sentido de la naturaleza filosófica y la magia ocultista occidental, es decir, del sofisticado sistema 
que remonta sus orígenes a la literatura hermética y la gnosis romana.  
En este panorama, la extendida historia del esoterismo cuenta con variadas definiciones. 
La más propicia es la que de acuerdo al sentido etimológico de la palabra explica por 
esoterismo’ 
el  ‘eso- thodos’, “método o vía hacia el interior, introspección abierta  hacia una intelección de las 
relaciones  complejas que reúnen lo divino, la naturaleza  y el hombre
75

, por lo que el sentido 
humanista y filosófico del esoterismo es clarísimo
76
.  
Las lecciones del esoterismo en el alba del Renacimiento han sido diversas pero existe 
una línea de pensadores continua y visible en el pensamiento bruniano marcada sobre todo por el 
próspero trabajo intelectivo del siglo XV. Para la comprensión del pensamiento mágico bruniano 
dividiremos a los autores del siglo XV de los contemporáneos a Bruno. En las obras nolanas es 
posible detectar que Bruno leyó a: 
                                                                                                                                                                                            
págs.665-701. 
74
 ERNEST VON ASTER. Historia de la filosofía, Editorial Zig – Zag, Santiago de Chile, 1926, págs. 179-182. 
75
 JEAN PAUL CORSETTI. Historia del esoterismo y de las ciencias ocultas, Editorial Larousse, Argentina. 1993, pág. 9. 
 
 
46
76
 Al respecto como es deducible, los vínculos que el esoterismo mantiene con el humanismo del siglo XVI varían de acuerdo a 
las definiciones que por tal tengamos. Sin embargo, lo que si podemos efectivamente afirmar es que el esotérico es un humanista 
debido a la preocupación humana en que funda sus estudios.  

 
* Gémiste Plethón (1355-1452) humanista y neoplatónico bizantino discípulo de Proclo 
(matemático griego. 1410-1485), cabalista, trabajó los Oráculos caldeos, la tradición zoroástrica y 
el brahmanismo. Sabemos según Corsetti, que la relevancia de Plethón fue decisiva en la 
recuperación de la  antigua sabiduría o “prisca philosophia”
77
 
  
* Theophrastro Bombast de Hohenheim quien se hacía llamar Paracelsus (1493-1541). 
Mago, alquimista y médico, escribió numerosos tratados donde concebía al individuo como  una 
porción del universo en la que está presente todas las fuerzas que en él operan, debido a lo cual 
concibió cuatro principios en los que debía apoyarse la medicina, a saber, la filosofía, la 
astronomía, la alquimia y la virtud.  
*  Raimundo Lulio (1235-1315): filósofo y escritor mallorquín, fuente principal del 
pensamiento de Paracelso, escribió más de 250 obras de filosofía (Ars magna), de ciencia, de 
educación, de mística, de gramática, novelas en latín y en mallorquín, su lengua natal. Creía en la 
unidad de toda la vida, la relación espiritual de todo el universo, del mundo grande y pequeño 
(macrocosmus-microcosmus). El hombre (microcosmus) solo se podía conocer a  través del 
mundo y el mundo a través de los hombres pues todas las cosas tenían alma. Lulio pensaba que el 
asunto único de la filosofía era el conocimiento de la naturaleza que solamente se consigue con la 
observación de la misma, no con la lectura de los libros
78
.  
           A  estos  filósofos  magos  se  debe  agregar a los cuatro escritores más destacables en los 
libros brunianos: Nicolás de Cusa; Marsilio Ficino, Giovanni Pico della Mirándola   y Cornelio 
Agrippa, de quienes nos ocuparemos con mayor detalle. 
El primero de entre los que analizaremos es Nicolás de Cusa (1401- 1464): obispo, 
cardenal y legado pontificio al servicio de la Iglesia. Místico neoplatónico esencialmente 
influenciado por Dionisio Aeropagita y Erigena. 
No resulta para nada curioso el hecho de que en su libro Sobre el infinito, universo y los 
mundos Bruno señale: 
“Mucho  ha sabido y ha visto este caballero y, en verdad, es uno de los más 
distinguidos ingenios que hayan respirado estos aire” 
79
 pues del Cusano, Bruno adopto la idea del 
universo infinito y la docta ignorancia.   
 
 
                                                           
77
 En castellano quiere decir ‘antigua filosofía’. Ver significados de las respectivas palabras en: REAL ACADEMIA 
ESPAÑOLA. Diccionario Vox Ilustrado Latín- Español. Español – Latín, Editorial Bibliograf Calabria, Barcelona, 1998, págs. 
343.  393 y 371. Corsetti. Op cit, págs. 9 y 176. 
78
 Ver Imagen 12. 
 
 
47
79
 GIORDANO  BRUNO. Sobre el infinito, el universo y los mundos, Ediciones Aguilar, Buenos Aires, Argentina, 1972, pág. 
156. 

 
 
 
 
 
Imagen 12: Dibujo del hombre microcosmos, expresa de manera simbólica la parte de la teoría de 
las correspondencias que afirma que el alma humana es un espejo mágico del universo, un mundo en 
pequeño que contiene todos los factores presentes en el universo. Asi, por ejemplo, el factor de la 
personalidad humana simbolizado por el corazón se corresponde con el factor del universo 
simbolizado por el sol. En ocasiones estas correspondencias se entendían como equivalencias 
literales, sobre todo en la astrologia popular, pero los magos expertos adoptaban una postura más 
filosófica. Por lo que no es raro que a un mago se le encargara la fabricación de talismanes para 
protegerse de las malas influencias de asepectos planetarios desfavorables. 
 Fuente:FRANCIS KING. Magia. La tradición oculta, Editorial del Prado, Madrid, 1993, pág.109. 
 
 
 
 
 
48

 
Asimismo y pese a los casi cien años que distancian la vida de  ambos, Bruno comenta el  
máximo libro del cusano titulado Sobre la docta ignorancia o sobre la ignorante doctrina
80
, libro 
escrito en 1440 y dedicado al padre cardenal Julián Cesarin, cardenal legado del papa Eugenio 
IV. En la cita siguiente es posible detectar su lectura:
“Que en cuanto a la aprehensión de la verdad, 
ha obrado como un nadador entre tempestuosas olas  y ha sido arrastrado hacia arriba o hacia abajo, 
porque no vio la luz continua, abierta y clara, y no nadó en superficie llana y tranquila sino 
interrumpidamente y con ciertos intervalos. La razón  de ésto es que él no había rechazado todos los 
falsos principios de los que estaba imbuido por la doctrina corriente de la cual habría partido, de manera 
que, quizás por un rasgo de ingenio, le viene muy a propósito el título dado  a su libro”
81
.
 
Bruno acuerda con el cusano, la idea de que no existen seres finitos porque todos, desde el 
momento en que nos disponemos a saber, somos iguales a la eternidad divina. De este modo, 
desde una perspectiva cognoscitiva, los conocimientos son también una serie de conceptos 
aproximados, la aproximación al ser absoluto, así como a la esencia de las cosas es una constante 
posibilidad que nunca llega a su actualización. Por lo tanto, la verdad absoluta escapa siempre al 
conocimiento finito consistiendo en una gradual aproximación sin fin. Así, se desprende que la 
sabiduría sea el conocimiento total de las realidades  donde el hombre ha de conformarse con la 
ignorancia, no con la ausencia de conocimiento sino con la que resulta del conocimiento de las 
limitaciones de su entendimiento natural.  
La diferencia con el pensamiento bruniano es que el Cusano creía en un tipo de  teología 
negativa fundada en  la inherente necesidad humana fundada en la distancia que tiene Dios con el 
humano y, por ende, su imposibilidad para comprenderlo pues Dios excede al ser humano, 
hallándose por encima de todo aquello que puede ser concebido como máximo absoluto. 
Mientras que Bruno cree en la identidad común entre Dios y el hombre. Pese a ello, tanto la 
perfectibilidad del ser como la concepción del universo infinito son los rasgos en común con 
Bruno. La idea de que el hombre está centrado en su propia finitud y  no apetece otro ser distinto 
del suyo precisamente se funda, en ambos, al estar centrado en Dios infinito, por lo que era 
necesario conocer y amar al absoluto como realidad universal e idéntica naturaleza. 
Nos 
conocemos en virtud de que la inteligencia absoluta nos es y nos conoce en sí misma” 
82
 pues Dios habla 
en nosotros, Dios nos hace coincidir construyendo un espíritu de concordia  en la humanidad  
basado en la finalidad de que la magia sea resultado de la labor intelectual.  
El segundo de entre los pensadores que fácilmente son reconocibles en Bruno es Marsilio 
                                                           
80
 NICOLAS DE CUSA. La docta ignorancia, Editorial Aguilar, Madrid, 1957. 
81
 Bruno. Sobre el infinito… Op cit, pág. 156.  
 
 
49
82
 Ibíd, pág. 51. 

 
Ficino (1433-1499), hombre de corte y religioso, quien sostuvo su trabajo intelectual en la 
profunda convicción en torno a la tolerancia cultural. Fue él quien inició la tradición de escribir 
tratados sobre el amor fundamentándose en el intento por lograr  la síntesis del platonismo y  el 
cristianismo. Su obra máxima fue su Teología sobre la inmortalidad de las almas
83
, publicado en 
1482.  
Ficino es un autor muy presente y evidente en Bruno, por lo que llama la atención que no 
lo cite en ninguna de sus obras, actitud que se condice con la acusación de plagio imputada a 
Bruno en la Universidad de Oxford donde el nolano impartió lecciones sobre cosmología y la 
inmortalidad del alma, querella que puso fin a las lecciones oxonienses. Al respecto, la relación 
entre ambos es clara por ejemplo, si leemos el diálogo bruniano titulado Los heroicos furores éste 
resulta difícil de comprender  si no se toman en consideración rasgos de la teoría del amor 
ficiniano expuesto en el libro Sobre el furor divino
84
. También agrava sus acusaciones de plagio 
el hecho de que sobre la teoría de la inmortalidad del alma Ficino sea un precursor y un autor 
que, por el estudio y traducción de la obra platónica fue vital a la hora de sostener la 
trascendencia infinita del ser, sobre todo, presente en la discusión neoplatónica característica del 
siglo XVI, lo que acrecentó y tornó comprensible sus acusaciones. 
Desde luego mucho más cristiano que Bruno, Ficino pensaba que el hombre es alma 
inmortal que trasciende buscando el bien y la belleza infinita. Estas dos cualidades eran prueba 
del origen divino del todo. Cuando Dios venció al caos sin forma creó al mundo formado 
mediante el amor, por lo que todo cuanto sobrevive en la tierra es amor divino Nuestra alma se 
mueve por el amor, el que posee dos ámbitos: uno hacia el exterior terreno, material y 
perecedero, y  otro, hacia lo interior y divino, espiritual e inmortal. Estas dos opciones son la 
belleza y el bien. Se deduce que ambas sean aspectos de la misma cosa pues en la amplitud 
ascendente de la belleza confluye en su origen el bien. La diferencia reside en que la belleza es 
algo muy inmediato que llega al ser mediante los niveles más elementales de su capacidad 
cognoscitiva, mientras que el bien, es un resultado más abstracto e inasible que necesita una 
preparación especial inicial
85

                                                           
83
 La obra cúlmine de este autor es: MARSILIO FICINO. Théologie platonicienne de l'inmortalité des ames, texte critique établi 
et traduit par Raymond Marcel, Editorial Société d'Édition Les Belles Lettres, Paris, 1964.  
84
 En la introducción de María Rosara Gonzales Prada del libro de Bruno. Los heroicos... Op cit, pág. XXVIII.  
 
 
50
85
 En una carta dirigida a  Lorenzo de Médicis en ocasión de exhortarlo al encuentro con Venus, representante de la humanidad o 
amor, señala: “Pues la misma humanidad ( Humanitas) es una ninfa de gentileza excelente, nacida de los cielos y amada más que 
otras por el Dios todopoderoso. Su alma y su mente son el amor y la caridad, sus ojos la dignidad y la magnanimidad, las manos 
liberalidad y magnificencia, los pies gentileza y modestia. El conjunto es, por tanto, templanza y rectitud, encanto y esplendor. ¡ 
Oh que exquisita belleza!. Que hermosa de ver. Mi querido Lorenzo, se ha puesto plenamente en tus manos una ninfa de tamaña 
nobleza. Si te unieras a ella en matrimonio y la declarases tuya, ella endulzaría tu vida entera y te haría padre de hermosos 

 
Otra de las obras de Ficino que Bruno con seguridad leyó fue el libro De Amore
86
, obra 
escrita en Florencia durante  el mes de julio de 1469 y organizada en forma de diálogos. 
Mediante ella, el autor revive ‘El Banquete’ platónico celebrado en el siglo V AC, esta vez con la 
presencia y convocatoria de Lorenzo de Médicis. Esta obra resulta ser una verdadera ontología 
del amor cósmico, el que se define como verdadero deseo de belleza, es decir, de armonía y 
proporción. Por medio de esta lectura, Bruno comprendió también que la belleza que se halla en 
los cuerpos como reflejo de la hermosura del alma, siendo resplandor de la belleza divina, por eso 
el amante  amando los cuerpos bellos ama a Dios en las cosas, de la misma forma, que es 
conducido al bien, a la divinidad que es fuente de la belleza universal 
También Bruno leyó de Ficino, la idea de que existe un orden compuesto por cuatro 
estratos que son: en primer lugar Dios; segundo la mente angélica; tercero, el alma del mundo y, 
cuarto, el cuerpo del mundo. El tercero de estos estratos se desdobla en: alma propiamente dicha 
con su capacidad intelectiva, generativa y creadora, ubicada entre Dios y la materia; y el alma de 
la naturaleza o flujo vital, ubicada entre la naturaleza y la mente angélica. En este ordenamiento, 
el hombre se caracterizaba porque con su alma humana podría acoger los atributos de los grados 
superiores e inferiores. De esta forma, el humano era asignado en la tierra por Dios para 
“ornarla”, ésta  es la responsabilidad que el creador le asignó a su hijo para ser como él, Dios en 
su mundo.   
Asimismo, Ficino fue el primer teórico de la magia renacentista quien señaló que para que 
el hombre fuera absoluto señor en su mundo, Dios le había entregado la magia como instrumento. 
Ella reconocía que todo el mundo se constituye de amor, por lo que la tierra es una gigantesca 
armonía dispuesta en cuatro círculos, que son: Mente, alma, naturaleza y materia. En ellos, Dios 
ha sembrado, en el mismo orden: las ideas, las razones, las semillas y las formas, de tal manera, 
que todo tenga un sentido claro perfectamente manipulable mediante la magia. Por ello, de 
acuerdo a Ficino, la magia era el amor mismo, la designación de una cosa por otra en 
concordancia a la armonía que existe en su afinidad natural por lo que las partes de este mundo 
son miembros de un solo animal pues dependen todas de un solo autor uniéndose entre sí por su 
participación de una sola naturaleza. Por lo tanto, la magia era el resultado de la afinidad naciente 
                                                                                                                                                                                            
hijos”. E H. GOMBRICH. Imágenes simbólicas, Editorial Alianza, Madrid, 1983, pág. 104. 
86
 MARSILIO FICINO. De amore. Comentario a ‘El Banquete’ de Platón., Editoriales Tecnos, Madrid, 1986.  
 
 
51

 
del amor en común, natural e instrumental
87

De este modo, para ambos la magia era una ciencia del imaginario en alianza estrecha 
entre lo erótico y lo manipulable, la magia era el resultado de una experiencia fantástica 
efectuada por medio de los canales del espíritu caracterizados por su traspaso del orden universal 
al acordar el macrocosmos con el microcosmos. Ficino y Bruno postulaban que  la magia actuaba 
sobre el spiritus. Entre el alma del mundo y su cuerpo natural, circula en efecto un spiritus mundi 
que omnipresente en todo el universo atrae y absorbe las influencias astrales. De este modo, el 
mago podía servirse de la naturaleza, la que le ofrecía ser manipulada a fin de atraer al espíritu. 
Esta teoría de la que Ficino es su precursor  tiene sus antecedentes en la lectura del Picatrix, 
manual de magia árabe escrito en el año  1256 y considerada la obra de magia más completa que 
existe, por lo que también podemos inferir que Bruno tuvo influencias de aquella
88
.
  
El tercero de los pensadores en cuestión es  Giovanni Pico della Mirándola (1469-1533): 
Humanista y filósofo italiano. Estudió derecho en la Universidad de Bolonia y en los más 
importantes centros de Italia y Francia, publicó en Roma sus célebres novecientas tesis, tituladas 
Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae    en1486. Más tarde, en 1489 publicó 
Heptaplus, comentario cabalístico sobre el libro del Génesis, y en 1492 De ente et uno, una 
crítica al platonismo de Ficino.  
  
Aquí analizaremos la obra fundamental de este autor titulada Discurso sobre la dignidad 
del hombre 
89
  publicado en 1496 y escrito para proceder a inaugurar el debate sobre 900 tesis 
fundamentales derivadas del estudio de la teología y filosofía cristiana, árabe, griega, hebrea y 
siríaca. Pese a las intenciones del autor, la disputa nunca se llevó a cabo debido a que los 
contenidos de la obra fueron impugnados por la Iglesia católica, prohibiéndose la disputa e 
incluso obligándose al autor a variar  el texto y a retractarse de varias de sus afirmaciones. Según 
                                                           
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 “Toda la fuerza de la magia se basa en el amor. La obra de la magia es la atracción de una cosa por otra por una cierta 
afinidad natural. Las partes de este mundo, como miembros de un solo animal, dependiendo todos de un solo autor, se unen entre 
sí por su participación en una sola naturaleza”. Ibíd, pág. 154. 
88
 Se trata de un libro de imaginación e invención, un manual de iniciación a la magia que posee tres procedimientos: Primero: 
Astrológico con tres variantes: astrología judiciaria o regente, materialización de fuerzas astrales en talismanes y captación directa 
de la espiritualidad planetaria por medio de la invocación; Segundo: confección de filtros o fórmulas eficientes que inducen 
efectos, y, tercero, prácticas de magia simbólica o dramatizaciones mágicas. ABUL CASIM MASLAMA BEN AHMAD. 
Picatrix. El fin del sabio y el mejor de los medios para avanzar, Edición de Marcelino Villegas, Editorial Nacional  de Madrid
Madrid, 1982. 
 
 
52
89
 El nombre original fue el de “Oratio” que  en latín quiere decir discurso, elocuencia, plegaria u oración. REAL ACADEMIA 
ESPAÑOLA. Diccionario Vox Ilustrado Latín- Español. Español – Latín, Editorial Bibliograf. Calabria, Barcelona, 1998, pág. 
343. GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA. Discurso sobre la dignidad del hombre, Traducción, introducción, edición y 
notas de Pedro J. Quetglas, Editorial PPU, Barcelona, 2002. 

 
Pedro Quetglas
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 estas novecientas tesis son una recopilación, fruto de los estudios  anteriores del 
autor entre los cuales puede citarse la primordial influencia de Ficino cuando Pico por segunda 
vez acude en 1484 a Florencia atraído por el círculo erudito amparado por Lorenzo el Magnífico.   
Pese a que no disponemos de estas proposiciones, el pilar fundamental de la obra  se 
basaba en la preocupación por la posición del hombre en el universo, éste ultimo dividido en tres 
mundos: físico, celeste y angélico más un cuarto que es el humano caracterizado por  resumir  los 
tres anteriores. En lo que respecta a la naturaleza de Dios, Pico consideraba que existía un 
acuerdo entre Platón y Aristóteles, desarrollando la teoría de la unidad y simplicidad de Dios, 
cuestión a la que antes había aludido el Cusano. La premisa esencial que Pico postuló era de 
fondo bastante sencilla: “la unidad supera la multiplicidad”
91
, es decir, Dios es siempre uno, por 
lo tanto, no existiría  la multiplicidad divina.  
De acuerdo al texto, el hombre posee un lugar central en el universo, él es la más 
afortunada de las criaturas hijas del Señor  a causa de la misma gracia divina que le otorgó el don 
de la libertad para ir haciéndose a si mismo y convertirse en lo que desee
92
. Mientras Dios lo 
observa y gobierna el universo, el ser humanista puede encontrar en el pensamiento de Pico un 
modelo del comportamiento que debe adoptarse para no hacer mal uso de la libertad recibida. Los 
rasgos de este nuevo hombre son evidentes en los textos brunianos, precisemos sus similitudes: 
- Su temperamento osado y entusiasta frente a nuevas empresas. Esta manera de ser y 
fogosidad ambos filósofos la entendían como fruto del conocimiento de sí mismos. Dado lo cual, 
Bruno  aseveraba: 
“Heme aquí hecho docto. Porque así como el que no entiende el Uno no comprende  
nada, así también el que alcanza  verdaderamente el uno lo explica todo; y aquel que más se acerca a la 
inteligencia del Uno, mas se aproxima a la comprensión del todo”
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- Su insaciable deseo de saber. Su capacidad  de análisis científico, el que lo lleva  a 
distinguir entre los postulados que merecen seriedad y atención y los que no. En este punto, 
Bruno y Pico son sectarios con respecto a la exclusividad del saber “para unos pocos 
distinguidos”, cuestión que en Pico se manifiesta en su interés por el saber cabalístico. La cábala  
significa en hebreo receptio (recepción), ella nació de las instrucciones dadas por Dios a Moisés 
mediante la revelación heredada a unos pocos capaces de comprender sus enigmas
94

 
 
                                                           
90
 Ibíd, pág. 13. 
91
 Ibíd, pág. 29. 
92
 “El hombre es  un gran portento y un animal digno ciertamente de admiración”. Ibíd, pág. 49. 
93
 Bruno. De la causa… Op cit, pág. 156 
 
 
53

 
 

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