Universidad de Chile Facultad de Filosofía y Humanidades



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cazadora Diana.  Mientras peinaba sus cabellos Acteón se acercó a  la entrada  y vio a la diosa, las ninfas corrieron a tapar a la 
diosa pero ella más alta, sobresalía como una nube bañada en el crepúsculo. Entonces Diana buscando sus armas  salpicó de agua 
el rostro del intruso Acteón, diciéndole: ‘ahora vete y cuenta si has visto a Diana desnuda’. Inmediatamente después, un par de 
astas de ciervo aparecieron en la cabeza del cazador. El joven atemorizado ahora en el cuerpo de su antigua presa huyó 
despavorido, prontamente   los perros detectaron su presencia y fue cazado. De esta forma, llegó la muerte a su encuentro por los 
mismos soldados que comandaba. THOMAS BULFINCH. Mitología. Leyenda de dioses y héroes, Tomo I, Editorial Nueva 
España, México. 1948, págs. 45. – 47. 
36
 Idea de la filosofía del filósofo español Ortega y Gasset. Se refiere a la realidad primera, aquella en la que descansan el resto de 
las realidades. Esta realidad primera es  la vida. JOSE ORTEGA Y GASSET. Historia como sistema y otros ensayos de filosofía, 
Editorial Alianza, Madrid, 1987 
 
 
26
37
 Entiéndase por simpatía la comunicación interior habida entre dos o más objetos debido a las relaciones naturales de orden 
analógico  o de parentesco por medio de las cuales todos los seres de la naturaleza se hallan en interacción mutua. Mientras que 
por sagrado, comprendemos todo aquello que dada su conexión con lo divino resulta venerable. 

 
 
 
 
 
 
 
Imagen 8: Imagen de Diana. Primera obra conocida de Jean Goujon, titulada “Estatua de Diana apoyada 
sobre un ciervo”, data de 1530. Fue considerada por los artistas del Renacimiento italiano como la 
primera obra de un escultor influenciado por Miguel Ángel. 
Fuente: FERNAD BRAUDEL. Le Modele Italien, Editorial. Arthaud, Paris, 1989, págs. 92 – 93. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
27
 

 
Capítulo Segundo 
La formación intelectual del nolano 
 
Su llegada a Nápoles. 
 
Giordano Bruno nace pues, en el contexto de aquella Italia amenazada por las guerras 
habidas entre 1494 y 1559,  en las cuales Francia que ansiaba Nápoles preparaba un ejército en 
Lyon con el que vencía en Florencia. No obstante, el dominio francés había finalizado antes 
cuando en 1498 asumió Luis XII, quien pierde Nápoles, territorio que pasa a manos españolas. 
De ahí que podamos entender que el padre de Bruno trabajase a las órdenes del gobierno español, 
poder que enfrentará permanentemente las provocaciones de Francia, sobre todo de parte de 
Francisco I. Estas disputas no terminaron hasta la firma del tratado de Cateau Cambrai en 1559, 
acuerdo  con el que se  asegura la preeminencia española. 
Nacido en este violento e inseguro ambiente Bruno, a juicio de Miguel Ángel Granada
38

habría llegado a los catorce años de edad a Nápoles, es decir, tres años después de la firma del 
tratado de Cateau Cambrai. En Nápoles llegó a aprender humanidades y dialéctica, adentrándose 
en el ambiente cultural de las academias literario filosóficas, en la filosofía aristotélica, el 
averroísmo y el neoplatonismo ficiniano
39
.  
Bruno obtuvo dicha formación  gracias al contacto muy temprano con el poeta Luigi 
Tansillo
40
 (1510-1568), patricio y oficial de caballería del virrey de Nápoles Don Pedro de 
Toledo, marqués de Villafranca, amigo de su padre y modelo juvenil del arte literario, cuya obra 
fue proscrita por la Inquisición. 
  
Dewerman en su estudio titulado Giordano Bruno y el espejo del infinito
41
 recrea el 
diálogo de Bruno con los Inquisidores en el que a propósito de su formación habría señalado:  
“¿Fue él , pues Luigi Tansillo, el que os enseñó ya de niño, como vos decís, obscenidades lascivas 
y chistes baratos, so pretexto de libertad en el arte y como hoja de higuera de las desnudez y frivolidades 
de toda índole?” 
 – preguntaba la Inquisición a nuestro protagonista. 
 
 
                                                           
38
 GIORDANO BRUNO. La Cena de las cenizas, traducción y estudio preliminar de Miguel Ángel Granada, Editorial  Nacional, 
Madrid, pág. 13. 
39
 Ver Imagen N ° 9. 
40
 En su obra Los heroicos furores, Bruno  habla mediante la caracterización de Tansillo. Bruno. Los Heroicos... Op cit.  
 
 
28
41
 Dewermann. Op cit, pág. 66. 

 
 
 
 
 
 
 
 
Imagen 9:  Domenico Ghirlandaio (1449 – 1494. La aparición del angel a Zacarias, detalle. 1486-
1490, Florencia, Santa María Novela.  
Este detalle muestra un grupo de humanistas, entre los cuales destaca Ange Politien, Christoforo 
Landino, Marsilio Ficino y Gentile de Becci. 
Fuente:FERNAD BRAUDEL. Le Modele Italien, Editorial Arthaud, Paris, 1989, págs. 92 – 93. 
 
 
 
 
 
 
 
 
29

 
A lo que Bruno contestaría
“Exactamente eso- repliqué yo cortesmente.-. En particular me 
enseñó a considerar el arte como una forma de expresión de las propias leyes y verdades 
[…] 
El noble 
Luigi Tansillo, venerables señores, no está hoy por desgracia delante de vosotros. Lo único que yo puedo 
ya decir a la luz de vuestras declaraciones actuales es esto: ¿Cómo podéis haberos olvidado  hasta tal 
punto de vuestro deber, que presentáis a ese seductor de la juventud, para mí todavía demasiado 
disimulado en los años de  infancia indefensa, y no hace tiempo que lo habéis llevado al limbo de vuestra 
hoguera, que purifica por gracia todos los pecados? El tal Tansillo, si no recuerdo mal, murió con una 
muerte muy tranquila”. 
Consecutivamente, los inquisidores le habrían preguntado: 
“¿Cómo fuiste a Nápoles con 14 
años? ¿Y de dónde un mercenario al servicio de España, como vuestro padre, pudo sacar el dinero para 
los estudios de su hijo? Y explicadme asimismo cómo de un hombre como vos pudo nunca salir un fraile. 
Ceñíos ahora, si es que esto se puede demandar a quien habla con tanta petulancia”
42

 
“Pues bien, Dios omnipotente así lo dispuso
43
”, 
respondió Bruno. 
Tras el dejo de ironía de su respuesta, lo cierto es que Bruno vivió en Nápoles en casa de 
un tío, el fabricante de terciopelos Agostino, quien- a juicio del mismo Eugen Dewermann- lo 
habría albergado grata y desinteresadamente. Más tarde,  cumplido los 17 años, el día 15 de junio 
de 1565, Bruno entró al Convento de San Domenico, cercano a la catedral de San Maggiore, 
donde también se habría formado Tomás de Aquino. Es aquí donde más claramente y por primera 
vez se nos permite descubrir al sujeto, a la figura, ya no al niño sino al hombre que comienza a 
construir la polémica, denominador común para su vida. Podría decirse que aquí comienza el 
mito de Giordano Bruno ya que con este dato comienza su leyenda. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                           
42
 Ibíd, pág. 69. 
 
 
30

 
En el contexto intelectual: Bruno estudiante y lector.  
 
Cuando la palabra escrita comenzaba a tener la relevancia moderna y el ingente rol 
protagónico en las extensiones comunicativas y culturales, leer era y hasta ahora sigue siendo, la 
activación de un potencial enorme de reservas emocionales, impresiones y vivencias ejercitadas 
en la apreciación de emplear la atención e inteligencia en un esfuerzo por prolongar, fertilizar 
nuevas y propias ideas
44
.  
¿Cuándo el nolano estudiaba, como lo hacía? Sabemos que la formación humanista le 
otorgó gran preocupación al tema de la memoria, tal como Bruno lo demostró en sus obras. Para 
ello, la primera vez que Bruno leía un texto debía identificar las cualidades formales que lo 
hacían fácil de recordar: 
“La métrica, la aliteración y las combinaciones de sonidos especialmente 
llamativas se convirtieron en las marcas de unos textos proyectados de forma más oral que visual. El 
humanista se sumergía más en el texto cuando pronunciaba sensualmente las palabras en el papel o la 
vitela que cuando interpretaba su significado”
45

Ello no quiere decir que el significado no tuviera 
importancia sino que era fundamental para su interpretación. Para comprenderlo, Bruno 
estudiante debió ejercitarse gradualmente: En primer lugar, el maestro parafraseaba el documento 
clásico en cuestión, línea por línea. Tanto la prosa como el verso, la historia como la filosofía, 
eran reducidas a un latín escueto aunque correcto. Solo entonces volvía a recorrer el maestro los 
mismos pasajes por segunda vez, más despacio. Durante este recorrido identificaba los hechos y 
personajes históricos, explicaba los mitos, las doctrinas y develaba la lógica de los tropos
46

utilizando los numerosos problemas que surgían al paso como pretexto para todo tipo de 
discreciones imaginables. De este modo, Bruno estudiante aprendía que cada texto era, además 
de un relato concreto, un complejo rompecabezas cuya lógica interna el maestro tenía que ir 
sacando a la luz pacientemente
47
. 
 
 
 
                                                                                                                                                                                            
43
 Ibíd, pág.  70. 
44
 Ver Imagen 10. 
45
 Los textos clásicos que se imprimieron para las universidades francesas y de otros países durante el siglo XVI muestran 
claramente  este tipo de procesos. Los impresores colocaban una barra de metal entre cada dos líneas de texto, dejando espacio en 
blanco para que el estudiante pudiera introducir el resumen del profesor en latín. GUGLIELMO CAVALLO – RROGER 
CHARTIERHistoria de la lectura en el mundo occidental, Editorial Taurus, Madrid, 1998, págs. 308 – 309. 
46
 “Tropo: Empleo de la palabra en sentido distinto del que propiamente le corresponde, pero que tiene alguna conexión  o 
semejanza / Alude a textos breves con música que durante la Edad Media se añadía al oficio litúrgico y que, poco a poco empezó 
a ser recordado alternativamente por el cantor y el pueblo, dando origen al drama litúrgico”. Real Academia Española. Op cit, 
págs. 2034. 
 
 
31

 
 
Imagen 10: Etudiants et moines dans une biblioteque. Miniature, Le Roman de Troire, par B. De Sainte-More. S. 
XV. Paris, Biblioteque Nationale. Fuente: FERNAND BRAUDEL. Le Modele Italien, Ed. Arthaud, Paris, 1989, 
págs.50 – 51. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                                                                                                                                                            
 
 
32
47
 Cavallo – Chartier. Op cit. Pág. 309. 

 
Las materias  con que Bruno contó como estudiante humanista fueron múltiples. Supo de 
geografía, mitología y geografía.  Aprendió a interpretar palabras e imágenes empleadas en la 
retórica formal; aprendió a buscar alusiones, a organizar metódicamente su estudio y fuentes, a 
tratar cualquier texto que le pareciese importante dedicándose y deduciendo de cada palabra 
empleada, ocupando el arte de la decodificación de discursos para lo cual empleaba las Filípicas 
de Cicerón. En todas estas prácticas, podemos imaginar a Bruno leyendo con su pluma en la 
mano, tomando notas a medida que recorría el texto, de manera tal, que la escritura se 
transformaba en sí misma en parte integrante de la lectura.  
De esta forma formado en un ambiente puramente intelectual, nuestro protagonista se 
proveyó de todas las armas reflexivas  capaces de componer su perfil crítico
48
.Podemos concebir 
a Bruno aprendiz sentado en una mesa leyendo, tratando de leer lo que aún no sabía pronunciar, 
otorgando en su memoria espacio para las palabras, haciéndolas parte de si, transformándolas 
para luego silenciarse y reflexionar
49
.En el mismo esfuerzo, el nolano admite la existencia del 
aprendizaje cuando el texto es leído y a su vez escuchado por otros. Burquio, personaje 
ridiculizado por Bruno, el que probablemente haya sido algún doctor inglés que polemizó con él, 
en su obra La cena de las cenizas, admite: 
“Y yo, aunque entiendo poco, si no entendiere las 
opiniones, escucharé las palabras; si no escucharé las palabras, oiré la voz” 
50

No obstante, personalmente, para el nolano el camino hacia aquellas interrogantes es el de 
la intimidad en la lectura silenciosa. Podemos suponer a Bruno estudiante, en su muda lectura por 
momentos retirada del mundo, leyendo a los autores:  
Los clásicos griegos: Aristóteles (384-322 a.c); Anaximenes (588-534 a.c.): Anaximandro 
(611-546 a.C.); Anaxágoras (500- 428 a.c); Diógenes de Laercio (primera mitad del siglo III a.c); 
Empédocles (482-430ac); Eratóstenes (275-194ac); Epicuro (341-270 a.c); Heráclito de Efeso 
(535-470 a.c); Heródoto (484-426 a.c); Hesiodo (S. VIII-VII a.c); Homero (S. IX a.c); Jenofonte 
(430- 354 a.c); Pitágoras (582-500 a.c); Platón (427-347 a.c); Plotino (205-270d.c); Plutarco (50-
120d.c); Ptolomeo (S. II); Sexto Empírico (II-III d.c); Tales de Mileto (624- 548 a.c)
 51
.  
                                                           
48
 “Estudiar: lo que pasa entre leer y escribir. Lectura que se hace escritura y escritura que se hace lectura. Impulsándose la una 
a la otra. Inquietándose la una a la otra. Confundiéndose la una en la otra. Interminablemente”. JORGE LARROSA. La 
experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación, Editorial FCE, Barcelona, 2003, pág. 12. 
49
 “Estudiar es leer preguntando: recorrer, interrogando las palabras de otros. Y también: escribir preguntando […] Las 
preguntas están al principio y al final del estudio. El estudio se inicia preguntando y se termina preguntando. Estudiar es 
caminar de pregunta en pregunta hacia las propias preguntas”   Ibíd, pág. 19. 
50
 Ibíd., pág. 106. Leer en los siglos XVI y XVII no es siempre ni en todos lados un acto de intimidad en reclusión. La lectura en 
voz alta  en este tiempo no es una necesidad para el lector sino una practica de sociabilidad, en circunstancias y finalidades 
múltiples. La lectura puede crear lazos sociales, reunir alrededor de un libro, cimentar una relación de convivencia  bajo la 
condición de no ser ni solitaria ni silenciosa. Chartier. El mundo como… Op cit., pág. 122. 
 
 
33
51
 Recordemos que desde el siglo XIII, las bibliotecas de todas partes emitieron reglamentos que exigían la lectura silenciosa, esto 

 
Entre los autores romanos debió leer a: Cicerón (106-43 a.c); Horacio (56-8 a.c); 
Lucrecio (94- 53 a.c); Ovidio (43 a.c-17 d.c); Plinio (23-79 d.c); Séneca (4 a.c-65d.c);  Terencio 
(S.II a.c); Virgilio (70-19 d.c). 
Entre los autores de la era cristiana (antes del siglo XV): Orígenes (S. I d.c); Averroes 
(1126-1198); Dante Alighieri (1265-1321); Raimundo Lulio (1232-1315); Francisco Petrarca 
(1304-1374); San Agustín (354-430); Lucio Apuleyo (124-180); Dionisio, el Aeropagita (finales 
del siglo V principios del VI).  
Entre los autores del siglo XV (antes de su nacimiento): Agrippa (1486-1535); Aretino 
(1492-1527); Ariosto (1474-1533); Calepino (1440-1510); Copérnico (1473-1543); Nicolás de 
Cusa (1401-1464); Marsilio Ficino (1433-1499); Nicolás Maquiavelo (1467-1527); Pico della 
Mirándola (1463-1494); Paracelso (1493-1541); Erasmo de Rótterdam (1469-1536).  
  
Y finalmente, entre los autores contemporáneos a él (S. XVI): Alejandro Dicson; Rafael 
Eglin; John Florio; Franco Niccolo; Giovanni Domenico; Gwinne Matthew; Hirvet Gentian; 
López de Gomarra (1510-1560); Fernández de Oviedo (1478-1557); Franceso Patrizzi; Petrus 
Ramus (1515-1572); Stephanus Henricus; Luigi Tansillo (1510-1568). 
Asimismo, con respecto a los libros, Giordano demuestra, mediante Sofía personaje 
central de su obra Expulsión de la bestia triunfante, una actitud positiva, incapaz de despreciar 
ninguna lectura por poco provechosa que fuere:   
“Sofía: Que no hay lectura, no hay  libro que no sea examinado por los dioses y que si no carece 
por completo de sal
52
, no sea aprobado por ellos; y que si no es del todo necio, no lo aprueben ya aten 
con cadenas en la representación multiforme de todas las cosas y  en los frutos multiformes de todos los 
ingenios, ya que se complacen  en todas las cosas que hay y en todas las representaciones que se hacen 
no menos que se cuidan de que existan y dan orden y permiso de que se hagan. Piensan además que el 
juicio de los dioses es distinto del nuestro común y que no todo lo que es pecado para nosotros y según 
nosotros es pecado para ellos y según ellos. Esos libros ciertamente, igual que las teologías, no se deben 
poner al alcance de los hombres ignorantes que además son malvados, porque extraen de ellos una mala 
enseñanza…. 
Saulino: ¿No hay pues, libros escritos por hombres de mala fama, deshonestos y disolutos y 
quizás con un mal propósito? 
                                                                                                                                                                                            
en el siglo XVI se convirtió en norma de obligación absoluta lo que crea una esfera de intimidad entre el lector y el texto, esfera 
en la que el intercambio se intensificó, mientras que el contexto exterior se aleja y se borra. PAUL ZUMTHOR. La letra y la voz 
en la literatura medieval, Editorial Cátedra, Madrid, 1987, pág. 127. La lista que a continuación se muestra corresponde tanto a las 
pocas obras que Giordano cita como a las obras que los traductores y estudiosos de sus libros  han identificado.  
 
 
34
52
 La sal era uno de los componentes más usados por los alquimistas. En efecto, ellos  se familiarizaron con una amplia gama de 
lo que actualmente llamamos reactivos químicos en la convicción de que  todas las cosas son manifestaciones de tres principios: 
Azufre, Mercurio y Sal, los cuales indican tres formas en las que se manifiesta la Cosa Una. 

 
Sofía: Claro que sí, pero tampoco esos libros carecen de enseñanza y de los frutos del 
conocimiento de quien los escribe, de cómo escribe, porqué y donde escribe, de qué habla, cómo habla de 
ellos, cómo se engaña a sí mismo, como los demás se engaña sobre él, cómo se aleja y cómo se inclina a 
un sentimiento virtuoso o vicioso, como nos suscita la risa, el aburrimiento, el placer, la nausea. En todo 
hay sabiduría y providencia y todo está en todo y especialmente en contrario está donde se halla el otro y 
éste se obtiene especialmente de aquel”
53
.  La cita anterior nos demuestra que Bruno reconoce el 
saber como un estado superior por lo que deducimos que el nolano aprovechó todas las lecturas 
para criticarlas o acordar con ellas. De aquí que podamos entender su carácter crítico pues 
Giordano piensa que saber es un camino repleto de encuentros y oposiciones, luces y sombras 
para componer una sola verdad: Dios está presente en todos y en todo cuanto crea el ser humano. 
 
Su formación domínica
54
 
 
Donde podríamos decir que más provechoso fueron sus estudios fue en la Orden de los 
Predicadores, más conocidos como Domínicos
55
 “Ordo Fratrum Praedicatorum” fundada por el 
religioso nacido en Burgos, San Domingo de Guzmán (1170-1221) y considerada por la Curia 
Romana como primera de las Ordenes mendicantes desde el día 22 de diciembre de 1216 cuando  
fue aprobada por Honorio III. El carácter de la Orden se fundó en la predicación y salvación de 
las almas, siendo esencialmente doctrinal. En cuanto a sus objetivos los dominicos fueron 
fundados para convertir la “ciencia” en instrumento de la “verdad”, transfigurándola por la 
‘caridad’  y preparándola por la “pureza” para ponerla al servicio del “apostolado”. 
En esta orden, el Nolano cambió su nombre de Filipo por el de Giordano en honor a un 
maestro del cual no tenemos referencia; sabemos que además debió vestir hábito coral, túnica, 
escapulario, capilla blanca, capa  y capuchas negras, todo de lana. Su Firma era antepuesta por la 
abreviatura Fr, que quiere decir, Fray o hermano, seguidas de   las letras O. P, es decir, “Ordinis 
Praedicatorum”. 
No es extraño que un espíritu ansioso de sabiduría, como el de Bruno, optase por los 
Domínicos y que sea ahí donde obtuviese el grado de “Doctor en Teología”. La misma orden 
tenía como principales medios para alcanzar sus fines el estudio ordenado en el apostolado que 
había de ser continuo, devoto, dirigido por la fe y por el amor a Dios. Ello se disponía en un 
                                                           
53
 GIORDANO BRUNO. Expulsión de la…. Op cit., págs. 185- 186. 
54
 En este punto ocuparemos el libro de TOMAS MALTHUS. Enciclopedia de la Religión Católica, Tomo V, Editorial Dalmau y 
Jover. S.A, Barcelona, 1953. 
 
 
35
55
 La palabra dominicos alude “a quien administra el dominus”.  De aquí que podamos comprender el carácter apostólico de dicha 
orden.  

 
ambiente de silencio continuo, donde la oración poseía un carácter público, capaz de fecundizar 
el estudio evangélico con la reflexión y el sentimiento de amor, cantos del oficio y misa. Además,  
en esta disciplina, Bruno debió adaptarse obligatoriamente a la abstinencia perpetua de “carnes” 
dentro del convento, al ayuno desde el 14 de septiembre hasta la Pascua Florida, así como 
también durante todos los viernes del año y en muchas vigilias de fiestas; debió vestir siempre el 
hábito y exponerse a la acusación pública de sus faltas; junto con seguir la adoración del Rosario, 
devoción predilecta de la orden.  
Podemos suponer la rígida disciplina domínica y el control de todo lo que sucedía al 
interior. En efecto, tal era su rigor con el compromiso católico que al breve tiempo de ser 
fundada, esta orden se constituyó como uno de los brazos fuertes de la Iglesia. Los Papas acudían 
a ella buscando obispos, nuncios y legados, hasta tal punto que no contando aún con un siglo de 
existencia, la tercera parte de los obispados del mundo estaban ocupados por domínicos. Sabemos 
que dicha vocación de servicio nació cuando Santo Domingo de Guzmán fundó la orden con la 
aspiración de salvar las almas mediante el estudio compaginado con la oración. Razón por la 
cual, sus frailes eran monjes y apóstoles contemplativos y activos, hombres de estudio y de 
acción, tal como lo era y fuese destinado a ser Bruno. Por tanto, era un hecho absolutamente 
normal el que  domínicos estuvieran ocupando cátedras en Paris, Bolonia, Oxford, Colonia, 
Padua entre otras universidades, tal como Bruno lo hizo durante su vida
56
 
En cuanto a la formación domínica, podemos deducir que todo lo aceptado por la Iglesia 
constituía parte de sus estudios. Sin embargo y como es lógico, las Sagradas Escrituras, 
juntamente con la tradición escolástica constituían la fuente de la verdad permitida y la razón 
revelada como únicas normas permitidas para asegurar la teología
57
.  
Pese a dicha formación, la experiencia de Bruno en la orden fue negativa, no faltándole 
palabras para criticarlos y calificarlos despectivamente como 
monjes cucharones” 
58
, refiriéndose 
al “ocio glotón” y al “retiro espiritual vicioso”; al misticismo que observaba en la segregación y 
ascetismo  la clave incorrecta de contacto con Dios, despreciando la voz viva de los efectos 
naturales, por lo que señalaba: 
“Rogad, rogad a Dios, carísimos, que si no sois todavía asnos os haga 
volveros asnos. Basta con que lo queráis, porque de cierto se os concederá la gracia sin dificultad 
alguna, ya que, aunque seáis asnos por naturaleza y la disciplina común no sea mas que una afinidad, 
                                                           
56
 A juicio de Malthus. “Los domínicos llegaron a ser la aristocracia intelectual de la Iglesia, raros eran los hombres eminentes 
en las disciplinas sagradas que no pertenecieran a la Orden de los Predicadores. Pasan de diez mil los autores dominicos 
catalogados por  Echard y sus continuadores, y de cuarenta mil los volúmenes escritos. Prueba evidente de que siempre han 
mantenido el cetro de la intelectualidad muy alto”.Malthus. Op cit, pág. 1033. 
57
 Bruno cita en sus obras pasajes bíblicos, tales como el Apocalipsis, el Eclesiastés, Job, entre otras.  
 
 
36
58
 Bruno. Expulsión de la… Op cit., pág. 273. 

 
debéis advertir y considerar muy bien si sois asnos según Dios; quiero decir, si sois aquellos 
desafortunados que permanecen atados delante de la puerta o bien aquellos otros afortunados que entran 
dentro”
59
. 
  
Así, el espíritu inquieto de Bruno no tardó en manifestar sus choques con la rígida 
atmósfera de la orden. Tras ser ordenado sacerdote en 1572  ocurrió el primer conflicto derivado 
de su defensa de la fe arriana, su rechazo al culto de los santos y el cuestionamiento de la 
virginidad de María, lo que lo condujo a la instrucción de un proceso en 1576, en el que 
agravando su descrédito se descubrió su afición a las obras erasmianas, las que estaban 
prohibidas, lo que denota la relevancia de la lectura como operación de construcción de sentido 
cristiano
60
.  
Sus lecturas inadecuadas para un marco dogmático hicieron que Bruno creyera que lo más 
prudente era, a sus 28 años,  escapar en búsqueda de un espacio vital donde le fuera posible vivir  
y profesar sin temor sus convicciones
61

Este conflicto lo convenció de que el cristianismo era una falsedad porque en términos 
teóricos ocultaba el saber y las enseñanzas teóricas, pretendiendo fundamentar y orientar normas 
éticas para gentes carentes de mando y sanción; en términos conductuales según Bruno rindiendo 
culto a un personaje “falaz” , “mentiroso” como Cristo  y el Papa, escribe: 
“hombres mortales, 
inútiles,  infames, necios, vergonzosos, fanáticos, deshonrosos, infortunados, inspirados por genios 
perversos, sin ingenio, sin facundia y virtud alguna, que vivos no valieron para si y no es posible que una 
vez muertos valgan para si o para otro” 
62

A juicio del nolano, la humanidad por siglos errada, ha experimentado  la ruptura con su 
condición divina por medio de una malévola enseñanza, la que ha imposibilitado la comunicación 
con Dios, pervirtiendo la verdad. Para representar a Cristo, Bruno en la tercera parte del tercer 
diálogo de la obra ‘La Expulsión de la bestia triunfante’ propone a Júpiter enviar a la Tierra a 
Orión y  señala:  
“Este, porque hace maravillas y- como sabe Neptuno- puede caminar sobre  las olas 
del mar sin hundimiento, sin mojarse los pies, y con eso consiguientemente podrá hacer otras muchas 
                                                           
59
 GIORDANO BRUNO. Cábala del Caballo Pegaso, Traducción y estudio de Miguel Ángel Granada, Editorial Alianza 
Universidad, Madrid, 1990, pág. 90. 
60
 Los libros de Erasmo de Rótterdam fueron referentes claros para Bruno. Desde una mirada más cristiana que la bruniana, 
Erasmo publicó, en 1509, su máxima obra  Elogio de la locura, en ella explica la degeneración histórica de la humanidad por 
medio de la cual, el catolicismo desvió sus valores convirtiéndose al salvajismo. Lo anterior redundaba en el carácter silénico de 
la realidad, es decir, el carácter travestido y mentiroso por medio del cual los silenos se muestran como representaciones aparentes 
que pueden ser de dos clases: auténticamente buenas o negativas revestidas de falsas grandezas como la Iglesia. Giordano 
demuestra haber leído a Erasmo tanto en el espíritu revindicador de la realidad como en el diagnóstico de su realidad. Bruno alude 
a la teoría de los silenos: “ Los caballos del sileno favorables a los perdidos dioses, rebuznarán para poner de nuevo espanto a 
los más de los estúpidos gigantes; revolcándose en su lecho cenagoso, los cerdos de largos colmillos nos ensordecerán con su 
molesto gruñido”. Bruno. De la causa… Op cit, pág. 32. 
61
 En la Introducción de Miguel Ángel Granada del libro de  GIORDANO BRUNO. La cena… Op cit, pág. 14.  
 
 
37
62
 Bruno. La Expulsión... Op cit, pág.272. 

 
bellas gentilezas, enviémoslo con los hombres y hagamos que les dé a entender todo aquello que a 
nosotros nos parezca y guste, haciéndoles creer que lo blanco es negro, que el intelecto humano allí 
donde mejor le parece ver es una ceguera y que lo que según la razón parece excelente, bueno y optimo es 
vil, perverso y extremadamente malo; que la naturaleza es una puta ramera; que la ley natural es una 
bellaquería; que la naturaleza y la divinidad no pueden concurrir en un mismo buen fin y  que la justicia 
de la una no está subordinada a la justicia de la otra, sino que son cosas contrarias como las tinieblas y 
la luz” 
63
. 
Esta historia  parece situarse en el momento en que hace crisis la religión pagana, por lo 
que Cristo habría venido a instaurar la fe religiosa cristiana, la que a juicio del nolano, es una 
verdadera “cárcel” donde los intelectos son capturados por una “teoría vulgar” inserta en un 
universo falso o ficticio, cuya ausencia de verdad se expresa en los lazos morales y sociales 
negativos asociados al sectarismo cristiano, evocando la historia europea de aquel tiempo, es 
decir, la de un continente totalmente disgregado, descompuesto en sus estructuras civiles. 
Más tarde y según los estudios del filósofo Granada, tras vagabundear por diversas 
localidades europeas y sobre todo de la Liguria, se encontró en 1578 en Venecia donde publicó 
una obra titulada De’ segni de’ tempi, la cual se encuentra hasta el momento extraviada, lo que 
resulta ser doblemente lamentable si se considera  que  en ese mismo año Bruno pudo haber 
brindado una explicación a las apariciones astronómicas que tanta embrollo suscitaron. Hablamos 
de la aparición de la nova en 1572, la del cometa de 1577 y de las grandes conjunciones previstas 
para 1583 y 1584.  
También, sabemos que hacia 1579 Bruno había abandonado Italia, comenzando su 
peregrinar por diferentes países europeos en los que publicó sucesivamente sus obras. Durante 
ese año, Bruno estaba en Ginebra, lugar común de asilo para los exiliados religiosos italianos. 
Allí, la comunidad evangélica le procuró trabajo como corrector de pruebas de una imprenta, 
labor adecuada que le fue de gran utilidad para la publicación de la suya. Sin embargo, la 
personalidad conflictiva de nuestro protagonista no se hizo esperar. La publicación de un panfleto 
acusatorio contra el profesor de filosofía de la Universidad, Antoine de la Faye, significó la 
detención, encarcelamiento y excomunión de Bruno. Sin embargo tras reconocer su culpa pronto 
fue perdonado, lo que curiosamente no revirtió su decisión de abandonar  la ciudad trasladándose 
a Toulouse, donde permaneció hasta 1581. 
Allí, Bruno consiguió un puesto de profesor ordinario de filosofía en la Universidad de la 
ciudad, impartiendo lecciones sobre el libro  aristotélico De Anima, los argumentos nemotécnicos 
lulianos y la publicación de una obra llamada Clavis magna que versa también sobre las artes 
                                                           
 
 
38
63
 Ibíd, págs. 281 – 282. 

 
lulianas. 
Como es propio del carácter insubordinado e independiente de Bruno, prontamente la 
amenaza de un recrudecimiento del enfrentamiento civil entre católicos y calvinistas hugonotes lo 
decidió a trasladarse a París. Allí hacía casi veinte años, que habían estallado las guerras 
religiosas en Francia donde se enfrentaban católicos y hugonotes fruto del fracaso del coloquio de 
Poissy y la matanza de Vassy, las que se prolongaron hasta 1598, año de la promulgación del 
Edicto de Nantes por el nuevo rey Enrique IV. Este hecho resulta sumamente relevante a la hora 
de entender el ambiente de crisis religiosa en que se movía el nolano y que permitía justificar sus 
críticas, al mostrarnos como la religión era la política del mundo europeo.  En este sentido, el 
catolicismo se comprendía como un factor de unificación e integración del cuerpo social en torno 
al monarca. A su vez, lo que hoy puede resultarnos complejo es que lo que otorgaba  sustento 
espiritual y trascendencia al sujeto humano, se tornase en aquel escenario como una fuente de 
desintegración y de enfrentamiento social violento, además de perfilar un Estado unitario  
impotente y expuesto a la presión e intervención internacional a favor de los bandos en conflicto: 
Inglaterra por los calvinistas; España y el papado por los católicos tridentinos.  
Tras su llegada  a Paris en 1581, el Nolano se insertó en el ambiente universitario elitista, 
relacionándose con los grupos políticos platónicos cercanos al monarca, con quienes tenía mucho 
en común. Incluso se piensa que sus lecciones sobre la memoria habrían atraído la atención del 
monarca Enrique III. En palabras del propio Bruno
:“Acquistai nome tale che il re Enrico terzo mi 
fece chiamare un giorno, ricercandomi se la memoria che avevo e che professavo, era naturale o pur per 
arte mágica; al cual diedi sodisfaziones; e con aquello che li dissi e feci provare a lui medesmo, connobbe 
che non era per arte mágica ma per scienza” 
64
.  
En este ambiente, Bruno publicó en 1582 las primeras obras que han llegado hasta la 
actualidad: el De Umbris Idearum, dedicada al mismo Rey. Se trata de una obra de gran 
importancia a la hora de establecer el itinerario intelectual de Bruno, desde las posiciones de una 
jerarquía ontológica y cosmológica hasta la uniformidad posterior de su obra ya que presenta en 
sí un sistema de memoria artificial en la perspectiva del método inventivo y enciclopédico, 
representación global del cosmos como capacidad operativa sobre el ser. Más tarde,  escribió el 
Cantus Circaeus, el De compendiosa architectura et complemento Artis Ulli  y también 
Candelaio , comedia satírica en vulgar.  
Teniendo en mente estos datos, desde Bruno, nos preguntamos: ¿Cuáles podrían haber 
                                                           
64
 “Fue  mi fama tal que el Rey Enrique III me mandó llamar un día, preguntándome si la memoria que tenía y que profesaba, era 
natural o por arte  mágica; al cual me presenté; y con lo que dije e hice probé a él mismo que no era por arte mágica  sino por 
 
 
39

 
sido  las interrogantes existenciales naturales y humanas del siglo XVI?; ¿Cómo encontrarse en 
un mundo, entendido desde la religiosidad, que se halla a la deriva del juicio final pero que, en lo 
tecnológico y en el cultivo de la sensibilidad encuentra nuevos ámbitos? 
Las fuentes brunianas dan cuenta de que el complejo dilema existencial forjado respondía 
a la profunda sensación de ser controlado tanto por un Dios al cual los hombres no sabían como 
satisfacer, como por un diablo presente poseedor de mil caretas

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