Universidad de antioquia



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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

INSTITUTO DE ESTUDIOS POLÍTICOS
OBSERVATORIO DE ANÁLISIS DE ENTORNO Y PROSPECTIVA EDUCATIVA INSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Fase II: Política y Gobierno Universitario
BASE DE DATOS ANALÍTICA
Sentido cultural de la autonomía universitaria y de la vigilancia de su calidad

Tipo

Artículo en revista científica

Autor

Páramo Rocha, Guillermo

Publicación

Aquelarre

Volumen

08

Ejemplar

17

Páginas

107 - 126

Fecha

Jul. - Dic. 2009

Idioma

Español

Archivo

Hemeroteca

Posición en archivo

Segundo piso

Catálogo de biblioteca

Universidad Pontificia Bolivariana

Número de registro

359250

Adicional

Daniel Gómez

Fecha de adición

domingo, 09 de diciembre de 2012 05:18:23 p.m.

Modificado

domingo, 09 de diciembre de 2012 05:18:23 p.m.




II. FICHA ANALÍTICA

Tipo de Documento
(L: Libro, A: Artículo,
D: Documento no publicado,
C: Conferencia)

Investigación

Estudio/Caso

Diagnóstico

L

CP


A

D

C

L

A

D

C

L

A

D

C




























x







Otro, ¿Cuál?




L

CP





A




D




C





Perspectiva disciplinar

Antropología


x

Ciencias Políticas



Demografía



Economía




Geografía



Historia

x

Psicología




Sociología




Otra





Enfoque Metodológico

Cualitativo



x

Cuantitativo





Mixto




Hipótesis:
(identificar la o las hipótesis central del documento)

“A mi juicio, la exploración de nuestro mito del sabio puede ayudarnos a interpretar por qué en todo el mundo la idea de universidad plena ha llegado a implicar su autonomía, y a comprender algunos sentidos de nuestro papel como universitarios hoy en día, especialmente nuestra relación con el Estado y nuestra responsabilidad para con la sociedad” (p. 1)

Definiciones, contenido y características:

Sabio: “Resulta muy difícil definir al sabio en toda su complejidad, pero, entonces, un atributo de la sabiduría es el de trascender las escalas de lo local y de lo inmediato; del orden de cosas que determinan el mundo de la gente en general. El sabio se ocupa de lo extraordinariamente grande o de lo extraordinariamente pequeño; de las eras y de los picosegundos; del lejano pasado o del distante futuro; de lo más abstracto o de las concretas señales que, aunque han estado siempre delante de todos, sólo él y los otros sabios pueden identificar” (p. 5)

“Sabios son aquellos que construyen y exploran mundos ajenos para los demás” (p.9)



Logos: “La palabra silenciosa pero eterna en los labios de la Naturaleza, el habla con la cual expresa el cosmos sus ínsitas razones” (p. 5)

Conclusiones

“(…) hay una conexión entre nuestras ideas de sabio y de universidad. Ese nexo se revela con especial claridad en nuestras más espontáneas actitudes. Las actitudes más espontáneas con frecuencia descubren lo más hondo de nuestro ser cultural. Hoy tenemos nuestros propios sabios, pero la arqueología de nuestro ideal de sabio tiene muchos estratos; en los más profundos se reconoce la vigencia de invariantes que vienen desde de la antigüedad” (p.9)

“(…) la equivalencia entre la caricatura del sabio y la del profesor es una evidencia de que, en nuestro mito, la idea de sabio tiende a identificarse con la del profesor de una universidad (…) se supone que en la universidad están los sabios o los filósofos de ahora, los amantes de la sabiduría; es que la institución que fundó nuestra cultura para satisfacer su necesidad de sabios fue, específicamente, la universidad” (p. 15 – 16)

“Cuando admitimos que un nombre propio es por antonomasia equivalente al de una calidad, tenemos que ese nombre es el paradigma de un mito; del mito que fija culturalmente el sentido de esa calidad: Leonardo es un paradigma de sabio porque podemos decir con pleno sentido que alguien “es un Leonardo” para decir que es un sabio” (p. 20)

“(…) son sus propios sabios y sus propias instituciones de sabiduría quienes le suministran a un pueblo el paradigma de su propia sabiduría. Si no es así, el paradigma de ese pueblo será el de otra sabiduría. Una de las consecuencias que esto trae es que un pueblo será dueño de sí mismo si reconoce sabios entre sus propias gentes y en su propia historia. Y, para que un individuo o una institución alcance la estatura paradigmática de la sabiduría de su pueblo o de su cultura, se necesita que ese pueblo o esa cultura admita que tales individuos o instituciones, en materias de comprensión y conocimiento, están “más allá” (…)Las personas y los pueblos perecen o son esclavos de la naturaleza o de otros hombres cuando no son dueños intelectuales de sí mismos, porque solamente siendo intelectualmente dueños de sí mismos pueden saber quiénes son, cuál es su historia, cuál es su territorio, cuál es su universo, cuáles son sus recursos y cuál es su necesidad; e igualmente, comprender cuáles son sus limitaciones y peligros, y cuáles son los rumbos que no deben seguir y las empresas que por necias, fútiles o desproporcionadas no deben acometer” (p. 20 – 21)

“Basta con el hecho de que las culturas se inserten en los grandes espacios y en las largas duraciones para que requieran de unos especialistas que trasciendan las escalas de magnitud de la vida ordinaria y comprendan de dónde se viene, a dónde se ha llegado y para dónde se va. Pero dentro de las escalas de lo inmediato y lo local es que se desenvuelve su vida cotidiana. Entonces en las culturas debe haber unos sabios o sabedores en quienes confiar” (p. 22)

“Decir “que lo expliquen los sabios” es tanto como hacer un reconocimiento de su autoridad. Pero, en la cultura, la autoridad del saber es paradójica pues, cuando quienes reconocen la autoridad de los sabios son los que no son sabios en lo que aceptan que el sabio es sabio, ese reconocimiento no descansa en el saber sino en alguna otra forma de confianza” (p. 25)

“El saber es soberano: en el límite, solamente los sabios pueden saber quiénes son los sabios y si alguien que no ha sido considerado sabio es capaz de saber qué tan sabio es un sabio, es tan sabio o más sabio que aquel. Los sabios, además, son quienes saben cómo saber. Las sociedades, entonces, tienden a delegar en los sabios que ya han reconocido el reconocimiento de los otros sabios, a confiarles la formación de los otros sabios y a inhibirse de intervenir en un campo extraño de saber. Los sabios ya reconocidos reciben una investidura que de manera invariable se expresa en el ritual, en una máscara y en la construcción de un carácter o persona” (p. 26)

“En esta cultura, en la nuestra, buscamos sabiduría en lo que llamamos ‘universidad’. En nuestra cultura, de esa necesidad de sabios resultó el reconocimiento de la universidad. En nuestra cultura pueden distinguirse muchas formas de saber indispensable para la sociedad que no están asociadas a la universidad; sin embargo ésta representa y a ésta se le confía el más alto saber, el saber que se considera más escaso, poderoso y especializado” (p. 28 – 29)

“Las universidades conectan autoridad con antigüedad. Si bien lo que sale de sus laboratorios y sus aulas revoluciona constantemente a la sociedad, las universidades se enorgullecen de mostrar trayectorias a lo largo de siglos y, aún en las de reciente fundación, tienen importancia la procedencia de sus primeros académicos de universidades más antiguas y los nexos que se tengan con esas universidades más antiguas. En cualquier caso, esas nuevas universidades emplean las jerarquías, los términos, la parafernalia, los escudos de armas y las divisas, las costumbres y los organismos, las ceremonias y, a veces, inclusive, el estilo arquitectónico de origen medieval” (p. 30)

“Hoy, cuando ‘universidad plena’ implica ‘autonomía’ en cualquier parte del mundo, la justificación cultural y ética de ese privilegio debe ser la naturaleza del saber: nadie sabe mejor qué es una universidad y cómo debe hacerse una universidad que una universidad; nadie puede ser más eficaz en el reconocimiento de la universidad espuria que la universidad real. Es por eso que el Estado y la sociedad que éste representa se inhiben de intervenir en ella. En Colombia, -no sé si en otros países- el principio de autonomía universitaria se consagra en su proyecto último y en su carta fundamental que es su Constitución. Sobra decir que ese especialísimo privilegio expresa aquí también la confianza en que la universidad es una institución determinada por la naturaleza del saber” (p. 31)



Observaciones/notas ampliadas:

Es interesante la analogía que el autor hace entre la figura del sabio y la universidad, sin embargo el texto no es pertinente en el marco de una investigación sobre gobierno universitario porque la alusión a aspectos como autonomía o gobierno son mínimos





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