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RESUMEN


En los últimos años, estudios y teorías sobre el impacto de la educación parvularia han proliferado, así como también aquellos que evidencian la importancia del clima en el aula y el desarrollo de competencias emocionales en los docentes. La literatura examinada reconoce que las competencias emocionales son relevantes tanto en el bienestar de los docentes, como en el proceso de aprendizaje de los niños. No obstante, se observa poca literatura sobre el desarrollo de competencias emocionales en educadoras de párvulo y su incidencia en el proceso formativo de infantes.
A ello se suma que, en el contexto nacional, las educadoras se ven demandadas a desarrollar una educación emocional en los párvulos, ya sea porque los nuevos estándares de la formación inicial así lo definen como porque en los planes y programas de educación parvularia se incorpora la educación socio emocional de los párvulos. Algunos autores advierten que, para promover la educación emocional en otros, el docente debe tener desarrollado algunas competencias emocionales.
En este contexto conviene conocer la perspectiva de las mismas educadoras y responder a la pregunta: ¿Cómo significan y valoran las educadoras de párvulo las competencias emocionales en el ejercicio de su profesión? El objetivo de éste estudio fue comprender desde la perspectiva de educadoras de párvulo de la Región de Aysén, el significado que adquieren las competencias emocionales en el ejercicio de su profesión.
Coherente con ello, se definió una estrategia metodológica cualitativa, para lo cual se procedió a realizar diez entrevistas en profundidad a informantes claves que representan a cuatro grupos de voces significativas: visión desde establecimientos educativos públicos; visión desde establecimientos educativos privados, visión desde instituciones formadoras de educadoras y técnicos; visión desde entidades gubernamentales que promueven políticas públicas en educación e infancia. Se realizó un análisis inductivo, inspirado en las orientaciones de la teoría fundamentada.
La tesis se estructura en siete capítulos. El primero plantea el problema de estudio, el segundo ofrece elementos para un marco conceptual de referencia, el tercero explicita la estrategia metodología usada, el cuarto organiza los resultados en cinco tópicos: identidad docente, entornos en los que se ejerce la profesión, experiencias significativas y conflictivas experimentadas por las educadoras, comprensión y valoración de las competencias emocionales por parte de las educadoras, visión sobre el desarrollo de dichas competencias y propuestas para la formación inicial y continua. El quinto capítulo ofrece conclusiones y propuestas. El sexto referencia la bibliografía usada y el séptimo los anexos.
Es posible concluir que el significado que adquieren las competencias emocionales en las educadoras puede estar influido por: la visión que tenga de su profesión, el entorno en el que trabaja, las situaciones conflictivas que les ha tocado vivir, la formación inicial y continúa recibida en relación a la educación emocional. Todos estos aspectos son fuente de conocimiento para el desarrollo de competencias emocionales, en tanto interpelaciones desde la práctica y no sólo fuentes teóricas de reflexión.

Las condiciones en las que se desarrolla el trabajo pueden actuar como elementos que generan estrés laboral en la relación de las educadoras con los párvulos o entre los equipos profesionales. Las entrevistadas visibilizan como fuentes de tensión: los bajos sueldos, que generan búsqueda de empleos o ingresos complementarios; políticas de ampliación de cobertura, que incrementan el número de estudiantes por curso; énfasis en pre escolarización y preparación para buenos resultados en pruebas estandarizadas; conflictos al interior del aula y falta de preparación pedagógica de algunas técnicas, entre otros.


De los discursos de las entrevistadas se deduce que las mayores fuentes de estrés se dan en establecimientos públicos, ya sea por la organización institucional como por el tipo de niños y familias que acuden. Esto se asocia a la marcada segmentación social de la educación, donde se observa que a las instituciones públicas asisten principalmente niños de niveles socio económico medio y bajo, mientras que en los privados es medio alto.
Una idea común entre las entrevistadas es que para educar las emociones en los niños hay que estar bien emocionalmente. No obstante, no hay mayor reflexión sobre cómo se da esa transferencia a los niños, más allá del efecto modelaje y de la predisposición imitativa de los niños. No hay discursos en relación al clima en el aula o apego o sobre pedagogía emocional.
Existe la percepción de que las competencias emocionales se forman en todo momento del ciclo vital, en la educación inicial, como en la educación continua y en las propias comunidades educativas; en este último caso, asociadas a prácticas de autocuidado.
Las competencias emocionales deben ser parte del currículum de formación inicial. Se advierte que, en la actualidad, no hay instituciones de educación superior que promuevan estas competencias en los futuros profesores, así como tampoco herramientas pedagógicas para contribuir a la educación emocional de los niños.
Gran parte de las entrevistadas reconoce que es necesario profundizar, en la formación inicial y continua, información, teorías, estudios sobre el niño, su desarrollo, sus necesidades y sus derechos.


Palabras Claves:

Educación emocional - Formación de profesores – Educación parvularia


INTRODUCCION

Este estudio aborda el desarrollo de competencias emocionales en educadoras de párvulo. Por una parte, estudios de eficacia escolar señalan que estas competencias se asocian al clima educativo y a las relaciones entre alumnos, alumnos y profesores y entre profesores que se dan al interior del aula y del establecimiento educacional. Ambos elementos ponen de relieve la importancia de un adecuado manejo emocional por parte de los profesores. Por otra parte, estudios sobre Burnout en profesionales de servicio advierte de alta prevalencia de este síndrome en grupos de profesores.


Si es tan importante que los docentes desarrollen competencias emocionales, surgen interrogantes al respecto: ¿cómo y cuándo las aprenden?, ¿cómo aprenden a manejar las emociones y a propiciar un adecuado clima educativo en el aula? Es un supuesto de este estudio que dicho aprendizaje debe iniciarse en la formación inicial, y continuar en la práctica educativa y en la educación continua. Sin embargo, este tema no está formalmente introducido en la mayor parte de las instituciones que realizan formación inicial docente en la actualidad, ni en la oferta de educación continúa extendida a lo largo del país, lo cual plantea un desafío no solo curricular, sino también en las estrategias de enseñanza - aprendizaje. Además, es un desafío cultural, en tanto la valoración por la dimensión emocional presenta desventajas por sobre la preminencia de la valoración de lo cognitivo y racional, en esquemas de pensamiento que lo consideran duales.
Para iniciar procesos de formación que contribuyan al desarrollo de competencias emocionales en las educadoras, es necesario comprender su perspectiva sobre el tema. En ese sentido, el estudio se plantea la siguiente inquietud: ¿Cómo significan y valoran las educadoras de párvulo las competencias emocionales en el ejercicio de su profesión? Por tal razón, se propone como objetivo general comprender, desde la perspectiva de educadoras de párvulo de la Región de Aysén, el significado que adquieren las competencias emocionales en el ejercicio de su profesión.
En concordancia con esto, se optó por una metodología cualitativa que permitiera aproximarse a la perspectiva de los actores y dimensionar el problema desde el punto de vista de quienes están inmersos en el desafío de la educación parvularia en esta región. Resulta relevante comprender a los sujetos y su contexto, pues desde esa visión se pueden construir políticas, programas y acciones de mejoramiento de la educación parvularia regional, que resulten pertinentes y desde donde se promueva la corresponsabilidad, ya que es el resultado de una reflexión y problematización de los propios actores implicados.
El documento se estructura en cinco capítulos; el primero plantea el problema del estudio, el segundo ofrece un marco conceptual de referencia para aproximarse al objeto de estudio. El tercer capítulo describe la opción metodológica. En la cuarta sección se analizan los resultados del trabajo de campo. Finalmente, el último capítulo presenta las conclusiones del estudio.


Capítulo 1.- PLANTEAMIENTO DEL ESTUDIO




1.1 Problematización

El análisis de las emociones y su incidencia en el proceso de enseñanza – aprendizaje ha sido estudiado en los últimos 30 años desde diferentes disciplinas. Una de las premisas básicas, pero no por ello menos reveladora, es la importancia de establecer adecuadas relaciones interpersonales sobre la base de una concepción integral de ser humano, que no escinda lo racional de lo corporal y lo emocional.


Casassus nos recuerda que los estudios neurológicos han abordado en los últimos años el campo de las emociones, su funcionamiento y la importancia para el funcionamiento fisiológico y psicológico. Las emociones son muy importantes para la supervivencia, ya que todo nuestro quehacer está impulsado por alguna emoción. De tal modo, la salud, razonar adecuadamente, la afinidad con cierto sistema de valores y creencias, el aprendizaje, entre otros, dependen del mundo emocional. Como bien dice Damasio (2004) nuestra vida son las emociones.
El presente estudio pone atención sobre las competencias emocionales de educadoras de párvulo en ejercicio en la Región de Aysén. Existe evidencia que sugiere que el bajo nivel de desarrollo de competencias emocionales en los docentes incide tanto en su salud -por ejemplo, incidiendo en la aparición de trastornos como el Burnout-, así como en el proceso de aprendizaje de los niños y jóvenes que precisan no solo un adecuado clima en el aula, sino además incluir en su proceso formativo la educación emocional (El Sahili, 2010; Robeliano y Korner 2005, Quaas 2006, Valdivia 2003, Jaramillo 2006, Díaz et al 2012, Aris 2009 y Moriana 2004).
En el caso de los párvulos, un componente fundamental de su desarrollo es el emocional. Diversas teorías de desarrollo de la infancia afirman que se trata de una dimensión significativa en la construcción de la personalidad, en el desarrollo moral, en la adquisición de habilidades para las relaciones interpersonales, entre otros aspectos (Carrasco y Schade 2013, De Andrés Viloria 2005, Schore 2013, Ibarrola 2014, Steiner 1950, Lopez Cassá 2005 y 2012, Mineduc 2013). El desarrollo emocional del niño se genera a partir de la interacción con sujetos significativos, siendo el principal la familia. No obstante, conforme crece y se integra a las instituciones educativas, más aún con la masificación de la educación parvularia, se tornan significativos los educadores y los otros niños. Cabe preguntarse, en el contexto actual, si todos estos actores relevantes cuentan con estas competencias para promover una educación emocional.
En particular, interesa conocer cómo las educadoras valoran y comprenden las competencias emocionales, y cómo describen el desarrollo de estas competencias en la formación inicial y continua. Si bien en las últimas décadas se han impulsado transformaciones curriculares importantes tanto en la formación inicial de profesores como en las bases curriculares de educación parvularia, la preocupación por el desarrollo de competencias emocionales parece no haber llegado a esta agenda de cambios. El discurso público imperante señala que los precarios resultados escolares (medidos por pruebas estandarizadas) tienen como principal responsable a los profesores. De este análisis surge el énfasis en las políticas públicas de mejorar la formación de profesores, principalmente en dos sentidos: el saber pedagógico y el saber disciplinar, de manera de asegurar el conocimiento de la materia que enseñan (Avalos, 2002).
En este estudio se sostendrá que el ejercicio profesional no solo implica el manejo didáctico y de metodologías que favorecen el aprendizaje o el saber disciplinar y el cumplimiento de un currículo prescrito, sino que involucra además el manejo emocional, la autoimagen y autoestima de los docentes y sus estudiantes.
Por ello resulta relevante comprender cómo las educadoras de párvulo comprenden y valoran las competencias emocionales en el ejercicio de su profesión y, por consiguiente, la necesidad de incluir en el proceso formativo la educación emocional.

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