Unidad Internacional de los Trabajadores– Cuarta Internacional (uit–CI)



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Perú: Dos Estrategias



Nahuel Moreno

Unidad Internacional de los Trabajadores– Cuarta Internacional (UIT–CI)


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Perú: Dos Estrategias

Nahuel Moreno



Capítulo I

La movilización campesina es el motor de la revolución peruana


Al momento de escribirse esta carta, el hoy reconocido líder de las masas peruanas, Hugo Blanco, estaba ya en plena tarea de sindicalización campesina en el valle de La Convención y las tomas de tierras empezaban a marcar el camino que conduciría a la movilización armadas de decenas de miles de trabajadores indígenas. En abril se realizó en Buenos Aires una reunión del SLATO, en la que se decidió el traslado de Daniel Pereyra y otros compañeros a Perú para fortalecer el trabajo. Los delegados peruanos que participaron se volvieron con esta carta para entregársela a Hugo Blanco.

Buenos Aires, 24 de abril de 1961

Mi querido amigo (a Hugo Blanco):

Me planteas angustiado que no ves con claridad cómo se combinan las consignas de transición en esta etapa de la revolución de tu país. Tu angustia es justificada, ya que no hay problema más difícil que precisar la etapa que vive un país y las tareas revolucionarias que le corresponden.

En general todos coincidimos que en nuestros países están a la orden del día dos grandes tareas históricas: la liberación nacional y la revolución agraria. El problema es ver cómo se combinan y concretan ambas tareas históricas.

Creo que tú tienes el mérito de haber visto antes que nadie que en vuestro país se había iniciado ya la revolución agraria. Esto significa que si nosotros planteamos en este momento la liberación nacional en un plano de igualdad con la revolución agraria, estamos disolviendo el proceso concreto de la revolución peruana, que ha comenzado como revolución agraria, en una forma abstracta correctísima: las dos grandes tareas históricas en nuestros países latinoamericanos son la revolución agraria y la liberación nacional. Si hiciéramos así, olvidaríamos también que cada país y cada revolución, tienen leyes específicas en su proceso revolucionario. Lo difícil no es conocer y dominar las leyes generales de las revoluciones en abstracto: poder dual, combinación de tareas, carácter permanente de la revolución, etcétera, sino descubrir la especificidad de cada proceso revolucionario, cómo se combinan esas leyes generales para dar lo específico y lo que es más dificultoso todavía, cuál es la ley nueva, única, concreta, específica de esa revolución y si ella es un nuevo rasgo general, una nueva ley general de los procesos revolucionarios, es decir, si eso nuevo solamente es para este caso revolucionario o se eleva a una nueva ley general.

Vuestra revolución tiene un rasgo específico: ha comenzado en esta etapa como revolución agraria y no como una revolución obrera o de todo el pueblo contra el imperialismo. Tiene como su vanguardia al campesinado de una zona, el Cuzco, que se plantea el problema de la tierra, mientras el proletariado de las ciudades y de las minas, se mantiene a la retaguardia, a la defensiva. La revolución boliviana fue lo opuesto: empezó como revolución obrera y antiimperialista por sus objetivos y por su combinación de clase, para transformarse después del triunfo, en agraria. La vanguardia de la revolución boliviana fue el proletariado de La Paz y las minas, junto con el pueblo paceño, que se plantearon como tareas inmediatas, la imposición de un gobierno nacionalista y la nacionalización sin pago de las minas.

Comprobamos así, que la revolución peruana tiene como vanguardia revolucionaria, en esta etapa, a la zona y al sector social más atrasado del país, en oposición a la revolución boliviana que tuvo como vanguardia a la clase más avanzada en las zonas de mayor desarrollo capitalista. Tanto las revoluciones peruana como boliviana, se diferencian a su vez, de la gran revolución cubana. Esta tuvo a su vanguardia, en un principio, a la juventud burguesa y pequeño-burguesa, inclusive sectores desclasados de ellas, para apoyarse en el movimiento campesino que nunca se elevó a una organización y movilización masiva y que más bien sirvió de apoyo a la pequeño burguesía revolucionaria. Lo curioso es que la revolución cubana también tuvo objetivos específicos, distintos a la peruana y boliviana, ya que fue esencialmente democrática en sus comienzos: liquidar a Batista para lograr libertades democráticas. Se trata de precisar cuáles son las tareas históricas más importantes y urgentes de la clase y región que ha comenzado el proceso de la revolución permanente en Perú, para extenderlas y combinarlas con las tareas más urgentes e importantes de las otras clases y de todo el país. Estas tareas y esa combinación de tareas y objetivos serían el programa específico de la revolución peruana.

Los grandes problemas del campesinado peruano en general y del cuzqueño y puneño en particular son dos: la tierra y el derecho democrático a votar. En Perú, el campesinado y los sectores más pobres de las ciudades, no votan por su carácter de analfabetos. En Bolivia las masas han dado el ejemplo imponiendo el voto para toda la población, sin distinción de ninguna naturaleza. Nosotros tenemos la obligación de reivindicar el mismo derecho para las masas más pobres de Perú, especialmente para el campesinado. El hecho de que los indios no voten es un reflejo de la explotación semifeudal que sufren y de la diferenciación racial. Nosotros somos campeones en la lucha por los derechos democráticos. Los dos más importantes son: el derecho a elegir sus representantes por parle del pueblo tal cual es, aclarando que es así como consecuencia de lo que han hecho de él las clases explotadoras que han dominado el país de los analfabetos y los alfabetizados, con dominio de la lengua española o quechua, bárbaro o civilizado, con tierra o sin tierras; el derecho a educarse y tener el idioma oficial que quieran, que elijan.

El gran problema que se presenta es cómo combinamos esta lucha por la tierra y el voto para el campesinado (que es una lucha que interesa específicamente a las masas rurales), con los problemas que afligen o preocupan a las masas urbanas y especialmente a la clase obrera de Lima, de la costa y de los grandes centros mineros. Concretamente, cómo combinamos las tareas actuales, presentes, de la clase más revolucionaria en esta etapa de la revolución peruana, el campesinado, con la clase obrera y las masas urbanas, potencialmente de mayores posibilidades revolucionarias.

Si nos planteamos este problema, debemos empezar por señalar que el gran problema que van a enfrentar las masas urbanas, serán las elecciones del próximo año. En líneas generales las masas urbanas votan por oposición a las campesinas. Con nuestra intervención en las elecciones se trata de llevar conciencia a la clase obrera y a las masas urbanas, acerca de la etapa actual de la revolución peruana. Concretamente, de la revolución agraria en curso. Se trata de revelarle a los trabajadores urbanos, que hay una revolución agraria en marcha, que ellos desconocen. Dado el carácter de los trabajadores urbanos, que vienen del campo y están ligados íntimamente al agro, por relaciones familiares y locales, este planteo no es nada dificultoso.

La cuestión es con qué herramientas intervenimos en las elecciones. Con el grupo de compañeros totalmente desorganizados, aunque con la mejor tradición, que conforman el POR (Partido Obrero Revolucionario), o con una herramienta viable, mucho más útil. El castrismo en Perú, como en el resto de Latinoamérica, ha provocado el surgimiento de tendencias revolucionarias en los distintos partidos y movimientos que se reclaman del pueblo y la clase obrera. Tenemos el APRA Rebelde, los social progresistas, los comunistas leninistas, la Juventud Comunista, los ex apristas revolucionarios que no forman parte del APRA Rebelde, y que están desperdigados por todo el territorio, etc. Todos ellos reflejan el sano propósito de hacer la revolución peruana con métodos revolucionarios. Todos ellos quieren inspirarse en la revolución cubana y hacer una revolución que nos lleve al socialismo. De la unión de esa vanguardia surgirá la gran herramienta de que carece el actual movimiento revolucionario peruano: el partido revolucionario. Justamente la inexistencia de ese partido revolucionario, es la más grande rémora que tenemos para unir la revolución agraria del Cuzco a las otras zonas del país y la revolución agraria a la revolución urbana y de la clase obrera.

Es así como se presentan tres tareas combinadas, impostergables, para desarrollar la revolución en Perú. Ellas son: primero, el desarrollo y organización del proceso de la revolución agraria con la consigna de tierra y voto para el campesino. Segundo, combinar la revolución agraria con la lucha obrera y de las masas urbanas, elevando a éstas a la condición de aliadas y, posteriormente dirigentes de las masas campesinas. Para ello nada mejor que intervenir en las elecciones denunciándolas como fraudulentas por no votar la mayor parte de la población. Tercera, unir a la vanguardia revolucionaria castrista, como la herramienta viable para cumplir las otras tareas. La urgencia de la revolución peruana obliga a plantear como consigna propagandística, para toda esta etapa, la del partido único de la revolución peruana, la de la unidad en la acción, democráticamente, a través de un solo partido revolucionario, de todos los grupos revolucionarios, alrededor de un claro programa revolucionario. La consigna de “partido único de la revolución peruana”, la consigna de unidad de los grupos revolucionarios, pasa a ser así, una consigna de importancia histórica y fundamental para el desarrollo de la propia revolución peruana.

Con saludos fraternales


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