Unidad 2 berger y luckman. La construccion social



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UNIDAD 2



BERGER Y LUCKMAN. LA CONSTRUCCION SOCIAL

Cap.1: LOS FUNDAMENTOS DEL CONOCIMIENTO EN LA VIDA COTIDIANA



La realidad de la vida cotidiana

La vida cotidiana se presenta como una realidad interpretada por los hombres y para ellos tiene el significado subjetivo de un mundo coherente. Un mundo q se origina en sus pensamientos y acciones, y q está sustentado como real por éstos. El método conveniente para clasificar los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana es el del análisis fenomenológico, método puramente descriptivo, y como tal, empírico, pero no científico.

Entre las múltiples realidades existe una q se presenta como la realidad por excelencia. Es la realidad de la vida cotidiana, su ubicación privilegiada hace q se la llame suprema realidad. La tensión de la CC llega a su apogeo en la vida cotidiana, es decir, ésta se impone sobre la CC de manera masiva, urgente e intensa en el más alto grado. Es imposible ignorar y más difícil atenuar su presencia imperiosa. Consecuentemente, me veo obligado a prestarle atención total. Experimento la vida cotidiana en estado de plena vigilia. La realidad de la vida cotidiana se presenta ya objetivada, o sea, constituida por un orden de objetos q han sido designados como objetos antes de q yo apareciese en escena. La realidad de la vida cotidiana se organiza alrededor del “aquí” de mi cuerpo y el “ahora” de mi presente. Este “aquí y ahora” es el foco de atención q presto a la realidad de la vida cotidiana. Mi interés por las zonas alejadas es menos intenso y menos urgente. La realidad de la vida cotidiana se me presenta, además, como un mundo intersubjetivo, un mundo q comparto con otros. Esta intersubjetividad establece una diferencia entre la vida cotidiana y otras realidades de las q tengo CC. Mi “aquí” es el “allí” del otro; hay una correspondencia continua entre mis significados y sus significados en este mundo, q compartimos un sentido común de la realidad de éste. La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad, está ahí, sencillamente, como facticidad evidente de por sí e imperiosa. El mundo de la vida cotidiana se impone por sí solo, y cuando quiero desafiar esa imposición debo hacer un esfuerzo deliberado y nada fácil. La vida cotidiana se divide en sectores, unos q se aprehenden por rutina y otros q me presentan problemas de diversas clases. En tanto las rutinas de la vida cotidiana prosigan sin interrupción, serán aprehendidas como no problemáticas. Cuando esto ocurre, la realidad de la vida cotidiana busca integrar el sector problemático dentro de lo q ya es no problemático. Comparadas con la realidad de la vida cotidiana, otras realidades aparecen como zonas limitadas de significado, enclavadas dentro de la suprema realidad caracterizada por significados y modos de experiencia circunscriptos. El arte y la religión son productores endémicos de zonas limitadas de significado. Todas estas se caracterizan por desviar la atención de la realidad de la vida cotidiana. Si bien existen desplazamientos de la atención dentro de la vida cotidiana, el desplazamiento hacia una zona limitada de significado es de índole mucho más extrema. Yo deformo la realidad de las zonas limitadas de significado en cuanto empiezo a emplear el lenguaje común para interpretarlas, es decir, “traduzco” las experiencias q no son cotidianas, volviéndolas a la suprema realidad de la vida cotidiana. Sin embargo, todos ellos también viven en la realidad de la vida cotidiana.

El mundo de la vida cotidiana se estructura tanto en el espacio como en el tiempo. La estructura espacial es totalmente periférica con respecto a nuestras consideraciones presentes. La temporalidad es una propiedad intrínseca de la CC. El torrente de la CC está siempre ordenado temporalmente. La intersubjetividad tiene también una dimensión temporal en la vida cotidiana. La estructura temporal de la vida cotidiana me enfrenta a una facticidad con la q debo contar, es decir, con la q debo tratar de sincronizar mis propios proyectos. La misma estructura temporal es coercitiva y proporciona la historicidad q determina mi situación en el mundo de la vida cotidiana; no sólo impone secuencias preestablecidas en la agenda de un día cualquiera, sino q también se imponen sobre mi biografía en conjunto.



Interacción social en la vida cotidiana

En la realidad de la vida cotidiana se privilegia la interacción “cara a cara”, la cual implica un intercambio continuo entre mi expresividad y la del otro. En esta situación “cara a cara”, el otro es completamente real. Esta realidad es parte de la realidad total de la vida cotidiana y, en cuanto tal, masiva e imperiosa: “lo q él es” se halla continuamente a mi alcance. Esta disponibilidad es continua y pre-reflexiva. En cambio, “lo que yo soy” no está tan a mi alcance. Estas relaciones son sumamente flexibles.

La realidad de la vida cotidiana contiene esquemas tipificadores en cuyos términos los otros son aprehendidos, y “tratados” en encuentros “cara a cara”. Los esquemas tipificadores q intervienen en estas situaciones son recíprocos: yo aprehendo al otro como tipo y ambos interactuamos en una situación q de por sí es típica. Las tipificaciones de la interacción social se vuelven progresivamente anónimas a medida q se alejan de la situación “cara a cara”. Un aspecto importante de mi experiencia de los otros en la vida cotidiana es q tal experiencia sea directa o indirecta. El grado de interés y el grado de intimidad pueden combinarse para aumentar o disminuir el anonimato de la experiencia. También pueden influirla independientemente.

La realidad social de la vida cotidiana es pues, aprehendida en un continuum de tipificaciones q se vuelven progresivamente anónimas a medida q se alejan del “aquí y ahora” de la situación “cara a cara”. La estructura social es la suma total de estas tipificaciones y de las pautas recurrentes de interacción establecidas por intermedio de ellas.



El lenguaje y el conocimiento en la vida cotidiana

La expresividad humana es capaz de objetivarse, o sea, se manifiesta en productos de la actividad humana, q están al alcance tanto de sus productores como de los otros hombres, por ser elementos de un mundo común. Dichas objetivaciones sirven como índices, más o menos duraderos, de los procesos subjetivos de quienes lo producen, lo q permite q su disponibilidad se extienda más allá de la situación “cara a cara”.

La realidad de la vida cotidiana no sólo está llena de objetivaciones, sino q es posible únicamente por ellas. Un caso especial de objetivación, pero q tiene importancia crucial, es la significación, o sea, la producción humana de signos. Un signo puede distinguirse de otras objetivaciones por su intención explícita de servir como indicio de significados subjetivos. Los signos y los sistemas de signos son objetivaciones en el sentido q son accesibles objetivamente más allá de la expresión de intenciones subjetivas “aquí y ahora”. Esta “separabilidad” de las expresiones de subjetividad inmediatas se da también en los signos q requieren la presencia del cuerpo como mediador.

El lenguaje, q aquí podemos definir como un sistema de signos vocales, es el sistema de signos más importante de la sociedad humana. Su fundamento descansa en la capacidad intrínseca de expresividad vocal q posee el organismo humano; pero no es posible intentar hablar de lenguaje hasta q las expresiones vocales estén en condiciones de separarse del “aquí y ahora” inmediatos en los estados subjetivos.

La vida cotidiana, por sobre todo, es vida con el lenguaje q comparto con mis semejantes y por medio de él. El lenguaje se origina en la situación “cara a cara”, pero puede separase de ella fácilmente: tiene capacidad de comunicar significados q no son expresiones directas de subjetividad “aquí y ahora”. Esta capacidad la comparte con otros sistemas de signos, pero su enorme variedad y complejidad lo hace mucho más fácil de separar de la situación “cara a cara” q cualquier otro. El lenguaje es capaz de transformarse en depósito objetivo de vastas acumulaciones de significado y experiencia, q puede preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras. Esta capacidad q tiene el lenguaje de cristalizar y estabilizar para mí, mi propia subjetividad persiste (aunque modificada) cuando el lenguaje se separa de la situación “cara a cara”. Es una de sus características más importantes.

El lenguaje se origina en la vida cotidiana, a la q toma como referencia primordial. Si bien el lenguaje también puede usarse para referirse a otras realidades, conserva empero su arraigo en la realidad de sentido común de la vida cotidiana. Como sistema de signos, el lenguaje posee la cualidad de la objetividad. El lenguaje se me presenta como una facticidad externa a mí mismo y su efecto sobre mí es coercitivo. El lenguaje me obliga a adaptarme a sus pautas, me proporciona una posibilidad ya hecha para las continuas objetivaciones q necesita mi experiencia para desenvolverse.

El lenguaje también tipifica experiencias, permitiéndome incluirlas en categorías amplias en cuyos términos adquieren significado para mí y para mis semejantes. A la vez q las tipifica, también las vuelve anónimas.

Debido a su capacidad de trascender el “aquí y ahora”, el lenguaje tiende puentes entre diferentes zonas dentro de la realidad de la vida cotidiana, y las integra en un todo significativo. Las transcendencias tienen dimensiones espaciales, temporales y sociales.

Como resultado de estas trascendencias, el lenguaje es capaz de “hacer presente” una diversidad de objetos q se hallan ausentes (espacial, temporal y socialmente) del “aquí y ahora”. Ipso facto, una enorme acumulación de experiencias y significados puede llegar a objetivarse en el “aquí y ahora”.

El lenguaje, además, es capaz de trascender por completo la realidad de la vida cotidiana. Puede referirse a experiencias q corresponden a zonas limitadas de significado, y abarcar zonas aisladas de la realidad. Cualquier tema significativo q de esta manera cruce de una esfera de la realidad a otra puede definirse como un símbolo, y el modo lingüístico por el cual se alcanza esta trascendencia puede denominarse lenguaje simbólico.

El lenguaje construye entonces enormes edificios de representación simbólica q parecen dominar la realidad de la vida cotidiana como gigantescas presencias de otro mundo. El lenguaje es capaz no solo de construir símbolos sumamente abstraídos de la experiencia cotidiana, sino también de “recuperar” estos símbolos y presentarlos como elementos objetivamente reales en la vida cotidiana. De esta manera, el simbolismo y el lenguaje simbólico llegan a ser constituyentes esenciales de la realidad de la vida cotidiana, y de la aprehensión q tiene de esta realidad el sentido común.

El lenguaje constituye campos semánticos o zonas de significado lingüísticamente circunscriptos. Elabora esquemas clasificadores para diferenciar los objetos según su “género” (diferente de “sexo”) o su número; formas para predicados de acción opuestos a predicados de ser; modos para indicar grados de intimidad social, y demás.

Dentro de los campos semánticos así formados se posibilita la objetivación, retención y acumulación de la experiencia biográfica e histórica. La acumulación es, por supuesto, selectiva, ya q los campos semánticos determinan qué habrá q retener y qué habrá q “olvidar” de la experiencia total, tanto del individuo como de la sociedad.

Mi interacción con los otros en la vida cotidiana resulta, pues, afectada constantemente por nuestra participación común en ese acopio social de conocimiento q está a nuestro alcance. Este acopio social abarca el conocimiento de mi situación y de sus límites.

La participación en el cúmulo social de conocimiento permite la “ubicación” de los individuos en la sociedad y el “manejo” apropiado de ellos. El acopio social de conocimiento establece diferenciaciones dentro de la realidad según los grados de familiaridad.

Mi conocimiento sobre mi propia ocupación y su mundo es muy abundante y específico, mientras q del mundo ocupacional de los otros tengo apenas un conocimiento muy esquemático. El cúmulo social de conocimiento me proporciona, además, los esquemas tipificadores requeridos para las rutinas importantes de la vida cotidiana, no sólo las tipificaciones de otros q se mencionaron anteriormente, sino también tipificaciones de toda clase de hechos y experiencias, tanto sociales como naturales. Así pues, vivo en un mundo de parientes, colegas y funcionarios identificables.

El cúmulo social de conocimiento, al presentárseme como un todo integrado, me ofrece también los medios para integrar elementos aislados de mi propio conocimiento.

La validez de mi conocimiento de la vida cotidiana es algo establecido para mí, y para los otros, hasta nuevo aviso, o sea, hasta q surge un problema q no puede resolverse en esos términos. Mi conocimiento de la vida cotidiana se estructura en términos de relevancias, algunas de las cuales se determinan por mis propios intereses pragmáticos inmediatos, y otras por mi situación general dentro de la sociedad.

En la vida cotidiana el conocimiento aparece distribuido socialmente, vale decir, q diferentes individuos y tipos de individuos lo poseen en grados diferentes. El conocimiento, al menos en esbozo, de cómo se distribuye el acopio de conocimiento con alcance social, es un elemento importante de dicho acopio.

Cap.2: LA SOCIEDAD COMO REALIDAD OBJETIVA

INSTITUCIONALIZACIÓN

a) Organismo y actividad

El hombre no posee ambiente específico de su especie, está firmemente estructurado por la organización de sus propios instintos. Todos los animales poseen estructuras predeterminadas por el capital biológico de las diversas especies animales. Las relaciones con el hombre y su ambiente se caracterizan por su apertura al mundo. Su relación con su mundo circundante está por doquiera estructurada imperfectamente por su propia constitución biológica. La peculiaridad de su constitución biológica radica en los componentes de sus instintos, q se califican de subdesarrollados a comparación de otros mamíferos superiores. Tiene impulsos q son inespecíficos y carentes de dirección. Esta peculiaridad del organismo humano se basa en su desarrollo ontogénico.

Proceso por el cual se llega a ser hombre, se produce por la interrelación con un ambiente natural y con un orden cultural y social mediatizado para él, por otros significantes q se hallan a su cargo.

El organismo humano presenta una enorme plasticidad ante las fuerzas ambientales q operan sobre él, se advierte al observar la flexibilidad de la constitución biológica del hombre cuando está sometida a una variedad de determinaciones socio-culturales. Ej: la sexualidad. Toda cultura tiene una configuración sexual distintiva, con sus propias pautas de comportamiento sexual y supuestos antropológicos en el campo sexual; producto de las formaciones socio-culturales del hombre más q de una naturaleza humana biológica. El período en q el organismo humano se desarrolla hacia su plenitud en interrelación con su ambiente, es también aquel en q se forma su yo humano.

Vinculación excéntrica: experiencia q el hombre tiene de sí mismo oscila siempre entre ser y tener un cuerpo, equilibrio q debe recuperarse una y otra vez.

La auto-producción del hombre es siempre una empresa social. Los hombres producen juntos un ambiente social con la totalidad de sus formaciones socio-culturales y psicológicas. La constitución biológica del hombre proporciona sólo los límites exteriores para la actividad productiva humana. El organismo humano no tiene medios biológicos para proporcionar estabilidad a su comportamiento. La existencia humana se desarrolla empíricamente en un contexto de orden, dirección y estabilidad. La estabilidad deriva de dos planos: en 1º lugar, todo desarrollo individual del organismo está precedido por un orden social dado, es decir, la apertura al mundo, intrínseca a la construcción biológica del hombre, está siempre precedida por el orden social. En 2º lugar, la apertura al mundo es siempre transformada por el orden social en una relativa clausura al mundo. El orden social es un producto humano constante, realizado por el hombre en el curso de su continua externalización. Existe solamente como producto de la actividad humana. La externalización, en cuanto tal, constituye una necesidad antropológica q se funda en el equipo biológico del hombre. El ser humano no se concibe dentro de una esfera cerrada; continuamente tiene q externalizarse en actividad.



b) Orígenes de la institucionalización

La actividad humana está sujeta a la habituación, ésta implica q la acción de q se trata puede volver a ejecutarse en el futuro de la misma manera y con idéntica economía de esfuerzos. Las acciones habitualizadas retienen su carácter significativo para el individuo, aunq los significados q entrañan llegan a incrustarse como rutinas en su depósito general de conocimiento. La habituación comporta la gran ventaja psicológica de restringir opciones, lo q libera al individuo de la carga de todas las decisiones, proporcionando un alivio psicológico y también aliviando la acumulación de tensiones resultantes de impulsos no dirigidos, así, la actividad humana se desenvuelve con un margen mínimo de decisiones. La habituación torna innecesario volver a definir cada situación de nuevo, así se puede anticipar la actividad q habrá de realizarse en c/u de ellas. Los procesos de habituación anteceden a toda institucionalización.

Las tipificaciones de las acciones habitualizadas constituyen las instituciones. Estas son accesibles a todos los integrantes de un grupo social, y la institución misma tipifica tanto a los actores individuales, como las acciones individuales.

La institución estable que las acciones de tipo X sean realizadas por actores del tipo X

Las instituciones siempre tienen:

•Historicidad: por el hecho mismo de existir, controlan el comportamiento humano estableciendo pautas definidas de antemano, q canalizan en una dirección determinada.

•Control: mecanismo de sanción establecido para sostén de la institución. A estos mecanismos se los denomina Sistema de Control Social. Su eficacia controladora es de índole secundaria. Un sector de actividad humana q se ha institucionalizado, es decir q ha sido sometido a control social. Se requieren mecanismos de control adicionales cuando los procesos de institucionalización no llegan a cumplirse cabalmente.

Las instituciones se manifiestan generalmente en colectividades q abarcan grandes cantidades de gente. Para q se produzca la tipificación recíproca debe existir una situación social continua en la q las acciones habitualizadas de 2 o más individuos se entrelacen. Cuando el mundo institucional se transmite a otros la institucionalización se perfecciona. Las habituaciones y tipificaciones se convierten en instituciones históricas q, al adquirir historicidad también adquieren al mismo tiempo objetividad. Esto significa q las instituciones se han cristalizado, se experimentan como si poseyeran una realidad propia q se presenta al individuo como un hecho externo y coercitivo.

Para los padres el mundo se vuelve serio, y para los hijos el mundo q les han transmitido sus padres no resulta transparente del todo, puesto q no participaron en su formación, se convierte en el mundo. Se puede hablar entonces de un mundo social en el sentido de una realidad amplia q enfrenta el individuo de modo análogo a la realidad del mundo natural. Sólo como mundo objetivo pueden las transformaciones sociales transmitirse a la nueva generación. En las 1ª fases de socialización, para el niño todo aparece como inherente a la naturaleza de las cosas. Las instituciones aparecen dadas, inalterables y evidentes por sí mismas. El mundo institucional transmitido por los padres ya posee el carácter de realidad histórica y objetiva. El proceso de transmisión fortalece el sentido de realidad de los padres. Un mundo institucional se experimenta como realidad objetiva. Tiene un proceso q lo produjo, tiene historia q no es accesible a la memoria biográfica. Esta historia tiene objetividad q se le presenta al sujeto como hecho innegable, y no puede hacerlas desaparecer.

Resistencia al cambio o evasión: ejercen en el individuo un poder de coacción por sus mecanismos de control. Su realidad objetiva no disminuye aunq el individuo no comprenda el propósito, o el modo de operar de éstas. Son una realidad externa al individuo y no se puede comprenderlas por introspección.

La objetividad del mundo institucional es una objetividad de producción y construcción humanas. El proceso por el q los productos externalizados de la actividad humana alcanzan el carácter de objetividad se llama objetivación.

Dialéctica: producto de la interacción entre el hombre (productor) y su mundo social (producto). El producto vuelve a actuar sobre el productor.



Sólo al aparecer una nueva generación puede hablarse con propiedad de un mundo social. Al llegar a este punto el mundo institucional requiere legitimación (modos con q poder explicarse y justificarse). Realidad histórica q la nueva generación la recibe como tradición. El orden institucional en expansión elabora legitimaciones q son aprendidas por las nuevas generaciones, al mismo tiempo q las socializa dentro del orden institucional. Con la historización y la objetivación surge la necesidad de desarrollar mecanismos específicos de controles sociales. La nueva generación plantea un problema de acatamiento y su socialización, dentro del orden institucional, requiere q se establezcan sanciones. Cuanto más se institucionaliza un comportamiento, más controlado se vuelve.

Las instituciones tienden a la cohesión, y esta tendencia va aumentando a medida q el individuo comparte sus significados y su integración biográfica con otros:

* Algunas relevancias serán comunes a todos los integrantes de una colectividad

* Muchas áreas del comportamiento serán relevantes sólo para ciertos tipos.

La lógica no reside en las instituciones y sus funcionalidades externas, sino en la manera como éstas son tratadas cuando se reflexiona sobre ellas. La CC reflexiva superpone la lógica al orden institucional. El lenguaje proporciona la superposición fundamental de la lógica al mundo social objetivado. El lenguaje como instrumento principal construye la legitimación. La lógica q se atribuye al orden institucional es parte del acopio de conocimiento socialmente disponible y q se da por establecido.

La integración de un orden institucional puede entenderse como el conocimiento q sus miembros tienen de él, por ende, el análisis de dicho conocimiento es esencial para el análisis del orden institucional en cuestión. Toda institución posee un cuerpo de conocimiento q provee las reglas de comportamiento institucionalmente apropiadas (nivel pre-teórico). Esta clase de conocimiento define y construye los roles q han de desempeñarse en el contexto de las instituciones mencionadas, y controla y prevé todos esos comportamientos. Cualquier desviación radical q se aparte del orden institucional aparece como una desviación de la realidad, y puede llamársela depravación moral, enfermedad mental, o ignorancia. Este es el conocimiento q se aprende en el curso de la socialización, y q mediatiza la internalización dentro de la CC individual de las estructuras objetivadas del mundo social. El conocimiento relativo a la sociedad es una realización: como aprehensión de la realidad social objetiva, y como producción continua de esta realidad.

e) Alcance y modos de la institucionalización

Si la mayoría de las estructuras de relevancia son generalmente compartidas en una sociedad, el alcance de la institucionalización será amplio; si son pocas las compartidas, ese alcance será restringido y en algunos casos fragmentado (compartidas por grupos dentro de una sociedad, pero no por ésta en su conjunto).

Una sociedad en la q haya una creciente división del trabajo lleva a la especialización y segmentación del acopio común de conocimiento, lo q posibilita el conocimiento separado subjetivamente, de cualquier relevancia social. La institucionalización no es un proceso irreversible, a pesar de q las instituciones tienden a persistir una vez formadas, por razones históricas, en ciertas áreas de la vida social, puede producirse la desinstitucionalización.

La segmentación del orden institucional y la distribución de conocimiento, planteará el problema de proporcionar significados integradores q abarquen la sociedad y provean un contexto total de sentido objetivo para la experiencia social fragmentada, y el conocimiento del individuo. Estará tb el problema de la integración significativa total, y tb el de legitimar las actividades institucionales de un tipo de actor con otros tipos.

Otra consecuencia de la segmentación institucional es la posibilidad de q exista subuniversos de significado segregados socialmente, q resulten del incremento de la especialización en roles, hasta el punto de q el conocimiento específico del rol, se vuelve completamente esotérico en oposición al acopio común de conocimiento.

La probabilidad de q aparezcan nuevos subuniversos aumenta a medida q se va produciendo la división del trabajo y el superávit económico.

Con el establecimiento de subuniversos de significado, surge una variedad de perspectivas de la sociedad en general, a la q cada uno contempla desde el ángulo de un sólo subuniverso, estas perspectivas multiplican el problema de establecer una cubierta simbólica estable para toda la sociedad.

Cuando un cuerpo de conocimiento se ha elevado a nivel de un subuniverso de significado relativamente autónomo, tiene la capacidad de volver a actuar sobre la colectividad q lo produjo. La relación entre el conocimiento y su base social es dialéctica: el conocimiento es un producto social y un factor de cambio social.

A los profanos hay q mantenerlos alejados y a veces hasta ignorantes de la existencia del subuniverso; si no la ignoran, y si el subuniverso requiere privilegios y reconocimientos especiales de la sociedad en general, entonces el problema consiste en mantener alejados a los profanos y lograr q reconozcan la legitimidad de ese procedimiento. Esto se efectúa mediante diversas técnicas de intimidación, propaganda racional e irracional, mistificación y en general empleo de símbolos de prestigio.

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