Una fuerza o energía suprapersonal que opera a través de mí



Descargar 283,28 Kb.
Página6/6
Fecha de conversión02.07.2017
Tamaño283,28 Kb.
1   2   3   4   5   6

Anduve a la deriva. Parecía que mi voluntad ya no podía darme rumbo y decidí, de un modo más o menos consciente, ver qué sucedía, nada más. Un día, mientras caminaba por Snowdonia con Srimala, vi en el aparador de un agente de bienes raíces un anuncio que me llamó la atención. Vendían una casita en ruinas en algún lugar en las montañas. Eso parecía darme un buen pretexto para salir a explorar al campo y, sin considerar en realidad las posibles implicaciones de lo que estábamos haciendo, tomamos el auto y fuimos a las montañas de Berwyn.

La cabaña abandonada resultó ser un sitio lóbrego y húmedo a un lado de la carretera, en la parte oscura de la colina, pero la mujer de la agencia nos había dado una hoja en la que se anunciaba otra, similar, que pensó que podría interesarnos, así que fuimos a buscarla, siempre con el mismo ánimo de ociosa curiosidad. Cuando dejamos atrás el pequeño poblado de Bala, con sus construcciones de fino granito, vimos ante nosotros la enorme masa de Arenig Fawr. La cima de la montaña estaba cubierta de nieve, radiante bajo la luz del sol. Seguimos las instrucciones que indicaban cómo llegar a la cabaña y nos llevamos una maravillosa sorpresa al encontrarnos con la majestuosa presencia de esa elevada cordillera, a la que nos acercábamos cada vez más. De inmediato vimos los riscos escarpados que caían a plomo directo desde la cima, destacando verticales y oscuros, en contraste con aquel blanco esplendor. El camino nos condujo directo a la montaña y no iba más allá.

A un kilómetro y medio de la montaña vimos un portal con un letrero: ‘Maes Gwyn’. Así se llamaba la propiedad que habíamos venido a ver. Salimos del auto y caminamos por una vereda cubierta de hierba, andando por una pequeña cuesta, entre las ovejas. Poco a poco, totalmente aislado, fue apareciendo un pequeño conjunto de granjas, construidas con un estilo perenne, a base de rocas de granito toscamente decoradas y techadas con hierro corrugado hundido, rojo y oxidado. En torno al lugar, como centinelas, había tres grandes hayas y un seto de sicomoros. Se oía el rumor de un arroyuelo. Su murmullo incesante era el único sonido en esa inmensa quietud. Todo alrededor era espacio. Si uno se paraba en el patio junto a los graneros y la cabaña podía ver montañas en cualquier dirección, delineadas contra el horizonte, ya que el lugar se hallaba en el centro de un gran círculo de elevadas colinas, la parte más aislada hacia el oriente de la cordillera de Snowdon, alzándose nítido y claro en la fresca luz invernal. Los dos estábamos como hechizados por la magia de ese sitio.

Aunque supuestamente no habíamos llegado ahí con la intención de comprar una propiedad, pronto todo empezó a moverse en esa dirección. Mi madre me había dejado una herencia considerable hacía poco y enseguida me di cuenta de que bastaba con eso para hacer la adquisición. Sin embargo, la construcción en general estaba en muy mal estado. Apenas si eran un poco más que montones de piedras acomodadas. La cabaña era el lugar más obvio para volverse habitable pero, como no habría sido posible vivir ahí más de 50 años, requeriría una remodelación. Me alcanzaba para comprarla pero no podría hacer gran cosa con ella. Más tarde ascendimos por la cumbre rocosa de Cnicht, adentrándonos en Snowdonia y Srimala, aún dudosa, dijo que ella tenía algo de dinero, por la venta de su casa en Norwich. A ella le atraía la idea de llevar una vida más solitaria en la campiña. Así fue. Una y otra reflexión espontánea nos fueron llevando a eso, en medio de la grandeza de aquella montaña.

El plan era renovar dos partes de la propiedad, en las zonas opuestas del conjunto de edificaciones, ocupando cada cual su propio mundo. Srimala viviría en la antigua cabaña y yo usaría la otra de vez en cuando, para retiros, pero seguiría viviendo principalmente en Birmingham. Srimala se mudó ahí en el 2005, en cuanto concluyó la renovación. Con el tiempo yo me fui de Madhyamaloka, en el 2006 y me asenté por completo en Maes Gwyn. De pronto estaba haciendo exactamente lo que tantas veces les recomendé a otros que evitaran hacer.

Sé que a algunas personas les ha afectado que comprara esa propiedad y que de algún modo viviera ahí con Srimala. Hay quienes se han sentido traicionados, contravenidos o desalentados por eso. Hay quienes se han enojado porque yo no estaba practicando lo que decía, independientemente de que estuvieran de acuerdo o no con aquel sermón. En cierta forma comparto esos sentimientos. Lamento no haber seguido siendo un ejemplo del modo de vida que jamás he dejado de valorar tanto y me entristece que eso haya sido causa para que alguien dejara de encontrar inspiración en la vida comunitaria o desanimara a quien pensara en adoptar ese estilo de vida, aunque al fin y al cabo uno debe vivir en comunidad porque eso desea y no porque alguien más lo hace. Sin embargo y sobre todas las cosas, siento una gran vergüenza por todo el proceso semiconsciente que se desenvolvió en una atmósfera interna de desilusión y desesperanza. No lo platiqué con nadie más. Ni siquiera pensé en eso en realidad. Surgió la oportunidad y mi corazón brincó hacia ella. Seguí ese impulso. Creo que de haberlo tomado con más calma y en una situación más favorable que la que me encontraba podría muy bien haber capeado la tormenta sin dejar de vivir en una comunidad.

Aceptando la anterior, he de decir que me ha ido muy bien viviendo en Maes Gwyn y que, en general, estoy muy feliz así y que no pienso ahora en cambiar nada. Sencillamente me dejé llevar a esta situación y al fluir hasta aquí me he sentido muy afortunado al descubrir que tuve las circunstancias que necesitaba. Maes Gwyn me permitió retirarme a la ‘cueva del corazón’para que pudiera surgir algo nuevo, como de la crisálida de una oruga termina por emerger con sus exquisitas alas una mariposa. Necesitaba espacio, silencio y sencillez. Necesitaba alejarme lo más posible de mi antigua vida y de todo lo que pudiera evocar mi energía naturalmente extravertida y activa, siempre lista para comprometerse y hacer. Necesitaba escuchar lo que estaba ocurriendo bajo la superficie y aprender a vivir de un modo más profundo y completo.

En galés, Maes Gwyn significa ‘lugar blanco’o ‘tierra blanca’. Le pregunté a Robin Evans, el vecino que nos vendió la propiedad, por qué le pusieron ese nombre y contestó que ‘¡Debe de ser porque es muy pura!’Lo cierto es que ‘gwyn’puede significar ‘puro’, ‘noble’o ‘bendito’. Para mí eso es lo que ha resultado ser, una Tierra Pura. Asimismo, la presencia de Srimala ha sido una bendición. Con su sabiduría concisa y con la sencillez de su corazón ha sido un gran apoyo y un ejemplo inspirador. Me basta con mirar su cara para saber de inmediato si me estoy escapando de la realidad para meterme en una mera fantasía o en lo que pudiera ser. Además, ella misma muchas veces desea estar sola, de modo que me deja seguir haciendo lo que necesito.

En el 2008 cerramos la entrada y nos recluimos en Maes Gwyn ocho meses sin tener contacto con el exterior. No pasábamos de recargarnos en la cerca una que otra vez para platicar con Robin sobre las ovejas y el clima. En todo ese tiempo no me subí a un automóvil ni caminé más allá de unos terrenos después de las casas. Anantamani tuvo la generosidad de acudir cada tres semanas para acercarnos las provisiones requeridas, dejándolas en la parte alta del camino. Durante los primeros dos meses Srimala y yo nos veíamos de vez en cuando, pues la madre de Srimala había fallecido recientemente, pero luego los dos pasamos cinco meses cada quien tras sus muros, en su respectiva parte de la propiedad.

Mi periodo de soledad, para empezar, fue extremadamente doloroso. Me parecía haber perdido todo el sentido del rumbo y me sentía muy desilusionado con gran parte de aquello que antes me mantuvo en pie y, sobre todo, conmigo mismo. Sentía un tremendo remordimiento. ¡No era una simple autocompasión! Además me sentí solo, profundamente solo. ¿Acaso había desperdiciado mi vida? ¿Qué iba a hacer ahora? No tenía claro lo que estaba haciendo ni sabía quién era yo. Encima, como una manifestación externa de mi estado, el clima era de lo más galés, un paño constante de nubes oscuras que me agobiaban con su lluvia incesante y días de viento que intranquilizaban a mi alma. Sentía que debía encarar toda la fuerza de mi karma anterior, remontándome a unos cuarenta o cincuenta años o más. Incluso parecía provenir de antes de mi nacimiento.

En retrospectiva me parece que esa misma energía que había empleado en mi vida hasta entonces me condujo a esa instancia. Con la comprensión que pudiera tener de mí mismo y del Dharma me había entregado a la práctica del Dharma, a un estilo de vida en el Dharma y al servicio del Dharma. Siempre he sido muy comprometido. Había usado mi voluntad para ir adelante. En términos generales había sido servicial, si bien mis limitaciones me llevaron también a cometer algunas locuras y a causarles daño a algunas personas. Ahora ya no podía seguir así. La pura energía de mi compromiso generó mi propia humillación. ¡En verdad había sido humillado!

Dejé que soplaran los vientos del pasado y algo nuevo empezó a emerger como una figura en la niebla. Me di cuenta de que no había perdido toda la fe en absoluto. Por debajo del nivel del pensamiento y el sentimiento reconocí que tenía una confianza inquebrantable en el Buda. Él había alcanzado la bodhi. Lo sabía por mi propia experiencia, aunque me hallara muy distante del Buda ahora. Podía sentir que había algo en la naturaleza de la conciencia misma que poseía la certeza absoluta de que el Buda había logrado la liberación. Podía paladear lo que eso significaba y podía apoyarme en eso tranquilamente. Poco a poco fueron acomodándose todas las piezas. Supe que había sido Bhante quien me dio la oportunidad de conocer al Buda y sentí una profunda gratitud y confianza en él, por eso y por mucho más. Vi que la Orden y el movimiento que él había fundado eran el medio por el cual muchas personas contactaban con la realización del Buda. No sabía de manera específica qué era lo que iba a hacer en lo sucesivo pero, fuera lo que fuese, sería para servir al Dharma a través de la Orden y el movimiento como discípulo de Sangharákshita. Todo volvía a donde había estado y, no obstante, todo era muy diferente.

Mi vida ha ido cayendo en un nuevo molde, si bien con muchos de los rasgos antiguos. Cada año paso dos periodos de tres meses en la India, donde he tenido que ponerme en los zapatos de Suvajra para guiar al equipo de hombres en proceso de ordenación. Suvajra, contra sus deseos, tuvo que dimitir por razones de salud. No hago yo las ordenaciones. Lo que hago es fungir como un kalyana mitra para los miembros del equipo y trabajo estrechamente con los demás preceptores, públicos y privados. Además de esto, conduzco varios retiros, dirijo estudios y doy pláticas. Sigo un programa muy completo, mientras estoy ahí, tratando de hacer tanto como me es posible en el tiempo de que dispongo.

En Gran Bretaña visito el Centro Budista de Londres, del cual soy presidente. Estoy ahí cada año durante dos periodos de una semana o diez días y asisto a las reuniones bienales del Colegio de Preceptores, también durante una semana más o menos. Visito Hungría dos veces al año. Ahí estoy en contacto con un grupo de mitras gitanos que dirigen varias escuelas secundarias para jóvenes gitanos que no han podido trabajar dentro del sistema escolar del estado. Asimismo, paso tanto tiempo como puedo en Maes Gwyn, llevando una vida más reflexiva y solitaria, intentando en especial mantener una escritura fluida. En general consigo apartar unos cuatro meses libres al año para estar en Maes Gwyn y he mantenido un flujo estable de artículos que, en su mayoría, se basan en mis conversaciones con Banthe y, por supuesto, lo visito de vez en cuando para continuar con nuestras pláticas.

En resumen, siento que llevo mi vida de una manera eficaz y que estoy entendiendo el Dharma cada vez con mayor profundidad. Siento que estoy sirviendo al Dharma en estrecha compañía con un amplio número de amigos. Lamento la forma en que manejé mi salida de la vida en comunidad y lo veo como algo que era, de cualquier manera, inevitable, pero algo tenía que cambiar en mí y las circunstancias en Maes Gwyn permitieron que eso sucediera, al menos en cierto grado. Ahora creo que cuento con una base excelente para practicar y servir al Dharma y no pienso en cambiar, en estos momentos, las condiciones en que se encuentra mi vida, aunque estoy preparado para lo que pudiera venir.

Sé que al ser propietario de un terreno y al vivir junto a Srimala he ‘solidificado mi identidad egoica’en cierta medida, como yo mismo lo he dicho en este artículo. No dudo que quizá deba pagar un precio por eso, pues los apegos tienen su precio. Sin embargo no siento que esas circunstancias me tengan tan atado. De hecho siento que respaldan mi vida en el Dharma bastante bien. ¡Mas estoy consciente de que éste es el tipo de afirmación arrogante que podría volverse contra mí!

Quiero enfatizar algo más. He descrito, de un modo muy breve y superficial, una especie de ‘crisis espiritual’por la cual pasé los últimos diez años. Fue un episodio doloroso y lleno de misterio en mi vida, pero ahora no lo veo más como un error, aunque no dudo que bien podría haber sucedido de una forma más tranquila y menos trastornadora. Desde cierto punto de vista, la vida en el Dharma es un rompimiento constante con el aferramiento al ego, para poder abrirnos a esas fuerzas suprapersonales. Es algo que ocurre una y otra vez en diversos niveles. Rompemos una estructura del yo pero la remplaza otra, más sutil y benigna, si es que estamos trabajando de manera hábil. También ésta hay que romperla... y así sucesivamente hasta que la estructura se vuelva tan floja y sutil que ya no adquiera la solidez suficiente como para obstruir el flujo de estados dhármicamente condicionados.

Hay en quienes esas descomposiciones y recomposiciones pasan casi desapercibidas y hay en quienes se dan de un modo dramático y hasta catastrófico. Incluso es posible que en algunos a veces sean imperceptibles y a veces dramáticas. Como quiera que se manifiesten sucederán. Así ha de ser si es que avanzamos en el Dharma. Lo cierto es que la vida en el Dharma genera esos rompimientos o, mejor dicho, irrupciones. Uno practica el Dharma, lleva un estilo de vida dhármico, sirve al Dharma y lo hace todo con tanta intensidad como le es posible, de acuerdo con su comprensión y sus capacidades en cada momento. Eso va acumulando una tensión. Las contradicciones internas quedan expuestas, los sentimientos sin resolver se resisten a ser suprimidos, el entendimiento superficial deja de ajustarse a la experiencia, salen a la superficie dudas y confusiones. Todo lo que uno va dejando atrás o, como suele decirse, lo que uno va ‘evitando’, se rehúsa a seguir siendo ignorado. Muchas veces las cosas se resuelven después de una buena conversación con un amigo o de pasar una temporada en un retiro, pero en ocasiones a alguien ese cúmulo de tensión que se halla bajo la superficie lo lleva al estremecimiento de sus bases. Pienso que eso fue lo que me pasó.

La manera en que ocurra ese tipo de cambio de un nivel a otro dependerá mucho del carácter de cada quien, de las circunstancias que le rodean y de la intensidad de su vida en el Dharma. Creo que un factor condicionante muy significativo en mi caso fue que desde mi ordenación, cuando tenía 25 años, había estado en puestos importantes dentro de la Orden y el movimiento. Asumí mis responsabilidades con tanta energía, inteligencia y lealtad como pude y la tensión se fue acumulando hasta que explotó.

Cuando miro hacia atrás y veo todo eso observo que es algo que tenía que suceder, dados mi carácter y mi situación. Lamento mucho el daño que pueda haber causado por mi ignorancia. Sin embargo y esto es fundamental, no me arrepiento en absoluto del proceso por el que he tenido que pasar, aunque deseo con toda sinceridad e, incluso, espero, no volver a tener que pasar por eso otra vez, al menos no de esa forma.

Este proceso en particular ha llegado pues a su conclusión, como una compleja progresión musical que empieza con armonías ordenadas que lentamente parecen disolverse en una disonancia caótica, hasta que los temas discordantes se reúnen y se resuelven en una nueva pauta más rica, dejándonos con una profunda sensación de paz. Para mí la afinación simbólica llegó cuando Bhante hizo una encantadora visita a Maes Gwyn, junto con Vidyaruchi, en septiembre del 2011. Ya había estado mencionando durante varios meses la posibilidad de venir a vernos. Sin embargo y con toda intención no quise presionarlo, porque me pareció que el largo camino en carretera por las colinas sería fatigoso para un anciano. No obstante, él y Vidyaruchi vinieron, tomando el camino que ascendía por las montañas de Berwyn y que pasaba por los brezales azotados por el viento y moteados con ovejas.

Era evidente que había venido por su propia buena voluntad, sólo para estar un rato con nosotros y saborear el sitio en el que nos encontrábamos, el cual, por supuesto, no podía mirar en realidad. No sucedió gran cosa; tomamos el té, comimos, Bhante vio nuestras respectivas casas y se sentó a platicar con cada uno de nosotros. Cuando le ayudé a caminar, apoyándolo, por el resbaladizo patio rumbo a mi casa, tocó con delicadeza, casi con cariño, la superficie dispareja del muro de granito gris. Meditamos un rato juntos en nuestro recinto, frente al gran Buda de cerámica azul que él había comprado hacía muchos años en Italia y que nos había dado ‘como un préstamo por tiempo indefinido’. Recitó él las bendiciones, tomamos algunas fotos y luego Vidyaruchi lo llevó de regreso. Atravesaron en el auto el camino cubierto de hierba y se alejaron, antes de que la luz comenzara a apagarse.

En junio del 2012 invitamos a algunos de nuestros vecinos de habla galesa, incluidos nuestros constructores, para que nos ayudaran a dedicar el recinto en el idioma de esta bella tierra.26 Anantamani hizo una corta introducción en galés para que todos supieran lo que íbamos a hacer y dirigió con mucho sentimiento la Ceremonia de Dedicación, que ella había traducido. Todos se unieron con mucha desinhibición. Eran calvinistas metodistas de nacimiento, si bien ahora, en muchos casos, algunos de ellos lo eran más o menos nominalmente. Después develamos dos placas de pizarra con inscripciones en galés. Una conmemoraba la obra de los trabajadores ‘por haberle dado nueva vida a estas viejas piedras’y la otra era un homenaje a la visita de Bhante:

Bendithiwyd y Neuadd Fwdha hon

gan ein Hathro,

Urgyen Sangharakshita,



Medi 201127

1 Ver www.sangharakshita.org

2 Este artículo supone que estamos familiarizados con los tres que escribí antes del mismo, basados en mis conversaciones con Sangharákshita, “Revering and Relying upon the Dharma” [Reverenciar al Dharma y confiar en él], “Reimagining the Buddha” [Volver a imaginar al Buda] e “Initiation into a New Life” [Iniciación a una nueva vida]. Hay otros dos artículos que también abordan estos temas, The Dharma Revolution and the New Society [La Revolución del Dharma y la Nueva Sociedad] y A Buddhist Manifesto [Un Manifiesto Budista]. Todos pueden encontrarse en www.subhuti.info.

3 Sangharakshita, Dear Dinoo: Letters to a Friend [Querido Dinoo: Cartas a un amigo], Ibis Publications, 2012.

4 En contraste con su contraparte, en la práctica trascendental, en la que maitrí o karuná no tienen una autorreferencia.

5 Vea Majjhima Nikaya, suttas 56 y 58, donde hay ejemplos de cómo el Buda identificaba su budeidad con compasión. Vea también el Vinaya, I.21, donde el Buda exhorta a sus primeros discípulos a que vayan y enseñen el Dharma “por compasión, por el bienestar, por el beneficio y por la dicha de los devas y de la humanidad”. Sobre todo, está el Sutta Karaniyametta, Sutta Nipata, v. 143.

6 Consulte Sangharakshita, Going for Refuge [La historia de mi Ida a Refugio] y The Bodhisattva: Evolution and Self-trascendence [El bodhisattva: evolución y autotrascendencia].

7 Vea Bhikkhu Analayo, The Genesis of the Bodhisattva Ideal, Hamburg University Press, 2010.

8 Vea un ejemplo representativo en la exploración de la historia textual del Sutra Rastrapalaparipricchá, un importante sutra entre los primeros del mahayana, en Daniel Boucher, Bodhisattvas of the Forest and the Formation of the Mahayana, University of Hawaii Press, 2008.

9 Vea, por ejemplo, el Sutta Dvedhavitakka, Majjhima Nikaya, 19.

10 Sangharakshita, In the Sign of the Golden Wheel, pp. 336-339. Vea más acerca del doctor Mehta (que es el amigo que él menciona) y su relación con Sangharákshita en las excelentes notas que sobre éste hace Kalyanaprabha en Sangharakshita, Dear Dinoo, pp. 119 en adelante.

11 Me cuenta Sangharákshita que este poema ‘se escribió solo’, sin que nadie lo invitara, de un modo en que muy pocos de sus demás poemas lo han hecho. Pensó nada más en el primer verso y el resto del poema surgió sin ningún pensamiento consciente. Dice que se sorprendió cuando lo revisó después de haberlo escrito, para comprobar que estuvieran bien la métrica y la rima.

12 ‘Es suficiente para causarte estupor, Vaccha, suficiente para causarte confusión. Porque este Dhamma, Vaccha, es profundo, difícil de ver y difícil de entender, pacífico y sublime, inalcanzable mediante el simple razonamiento, sutil, para ser experimentado por los sabios’. Aggi-Vacchagotta-sutta, Majjhima Nikaya. 72. 18.

13 Vea una exploración más completa de este tema en Subhuti, Tres mitos de la vida espiritual, [Three Myths of Spiritual Life, www.subhuti.info]

14 Vea la nota 11.

15 Looking Ahead A Little Way, plática ofrecida a la Convención Internacional de la Orden Budista Occidental, 1999: http://www.freebuddhistaudio.com/audio/details?num=194.

16 Sangharákshita, The Rainbow Road [El Camino del Arco Iris], capítulo 8.

17 Traducido por Mark Tatz, Asangha’s Chapter on Ethics, p. 56, Edwin Mellen Press, 1986.

18 Vea nota 2.

19 Vea Sangharakshita, Forty-Three Years Ago: Reflections on my Bhikkhu Ordination, pp. 42-49.

20 De la traducción de Edward Conze, Buddhist Wisdom Books: The Diamond Sutra and the Heart Sutra, p. 56. Vea los esclarecedores comentarios que hace Sangharákshita sobre ese episodio en Sangharakshita, Wisdom Beyond Words, p. 157.

21 De la traducción de Sangharakshita, Dhammapada, The Way of Truth, 154. Tradicionalmente se dice que el Buda pronunció estas palabras inmediatamente después de su iluminación.

22 Sangharakshita, The History of my Going for Refuge, p. 93.

23 Sangharakshita, Facing Mount Kanchenjunga, 1991, p. 38.

24 Szerb, Antal, The Pendragon Legend, Pushkin Press, 2007.

25 Ella cuenta su propia historia en Srimala, Breaking Free.

26 Moksapriya filmó este acontecimiento y puede verse en www.subhuti.info.

27 “Esta sala de Buda fue bendecida por nuestro Maestro, Urgyen Sangharákshita, septiembre 18, 2011”.
1   2   3   4   5   6


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal