Una, Dos, muchas redes: Itinerarios y afluentes del pensamiento y abordaje en redes



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Una, Dos, muchas redes:

Itinerarios y afluentes del pensamiento y abordaje en redes



Por Elina Dabas y Denise Najmanovich




Navegar es preciso, vivir no es preciso

.......

Vivir no es necesario, lo que es necesario es crear

Fernando Pessoa


La red social, en tanto forma la trama de la vida, no es una sino múltiple, está en perpetuo flujo, cambia su configuración y permite diversos modos de abordaje, tanto conceptualmente como en la práctica profesional y vital de cada cual. Por eso no podemos -ni queremos- presentar una teoría, o un modelo de red, sino tan sólo presentar una cartografía viva e implicada de nuestra relación, de nuestros recorridos, en y con las redes sociales. Cada uno alumbra su red al recorrerla y es fecundado por ella en su caminar.

Las redes, como nosotras las pensamos y vivimos, son dinámicas, muestran diversidad de afluentes y admiten itinerarios singulares. El pensamiento y las prácticas con enfoque de red no tienen un solo modo correcto o verdadero de desarrollarse o expresarse, un solo itinerario o un solo afluente que deba ser recorrido por todos y cada uno, un único modelo adecuado desde el cual estemos obligados a pensar. Lo que hoy vamos a presentar es un recorrido que tiene que ver con el devenir de nuestras vidas y que seguirá el curso de los múltiples senderos que vayan surgiendo en nuestros andares. No pretendemos imponer un paradigma sino mostrar una posibilidad, desplegarla, recorrerla.

Elina Dabas


Desde muy niña estuve tejiendo redes. Sin embargo, me di cuenta de ello mucho después cuando un periodista me pregunto cómo y por qué se me había ocurrido trabajar en redes. En ese momento “se hizo la luz” y le contesté que probablemente todo había empezado en mi infancia cuando intentaba unir lo que aprendía de mi familia materna judía rusa con lo de mi familia paterna católica ortodoxa sirio libanesa. Obviamente en aquél tiempo no sabía ni podía pensar explícitamente en términos de redes, pero gracias a aquel reportaje pude recuperar esa experiencia.

El trabajo me ha llevado a recorrer diversos afluentes. Tres décadas atrás inicié la práctica clínica con niños y adolescentes con problemas de adaptación escolar y aprendizaje. Después incorporé activamente el trabajo con sus familias. Casi al mismo tiempo comenzaba una carrera académica en la universidad, lo cual me permitió impulsar algunos programas comunitarios desde esa institución, insertados en el área de extensión. El corte abrupto que produjo la dictadura militar me apartó de todo vestigio de accionar institucional. A partir del regreso al sistema democrático en 1984, no sólo volví a la universidad y también comencé a desarrollar mi trabajo clínico en un hospital público en Buenos Aires y esta práctica me dio la posibilidad de hacer visibles las redes. Las características de esta institución pudieron haberse constituido en un obstáculo insalvable: largas listas de espera; derivaciones desprotegidas, cambio permanente de profesionales y falta de espacio para trabajar. A esto tenemos que agregar el predominio de una visión reducida de la salud, encerrada y aislante, que lleva, en la mayoría de los casos, a que los servicios de Salud Mental funcionen con la dinámica de un hospital psiquiátrico aunque estén inmersos en un hospital general. Los profesionales se instalan en el servicio y esperan la demanda, que luego siempre los supera. Sin embargo, todos estos obstáculos constituyeron para mí y el equipo de trabajo la posibilidad de pensar en nuevos escenarios: un servicio de Pediatría, en el cual tuvimos la oportunidad de crear dispositivos novedosos: las multifamilias y espacios de co-operación con los médicos en la promoción de la salud de los niños. En poco tiempo esta modalidad de trabajo se extendió a otras instituciones de salud.

La primera publicación de esta experiencia en 1988 (Los contextos del aprendizaje, Nueva Visión), tuvo como consecuencia que muchos profesionales de diversas áreas me preguntaran si se podía trabajar con el enfoque de multifamilias en otros ámbitos. Esta pregunta provenía tanto de los responsables de un Programa de Educación Rural para jóvenes, como desde la coordinación de un Proyecto para construcción de barrios con familias que habitaban villas miserias; o desde juzgados de familia, entre otros.

Entonces, decidí remar por los canales que se abrían.

Esto generó una gran turbulencia en mi forma de pensar, de actuar y de vivir la vida. De la cotidianeidad citadina en una metrópolis que aspira a parecer europea y del primer mundo, académica y profesional, pasé a encontrarme con los múltiples rostros latinoamericanos. Y logré conocer esas vidas, esos barrios, esos pueblos ya no sólo desde los textos sociológicos o políticos sino desde los senderos infinitos de sus historias, logros y dolores, que comenzaron a formar parte de mi trama vital.


En este camino he encontrado innumerables personas, maestr@s , que me ayudaron a pensar, que estimularon mis ganas de crear, de innovar. En los años 80 tuvo mucha importancia el encuentro con Carlos Sluzki, con quien me formé en el Mental Reseach Institute de Palo Alto. También fue muy significativo aprender allí la modalidad de trabajo de Salvador Minuchin. Ambos desarrollaban un tipo de trabajo terapéutico que incluía a las familias y no sólo a los individuos. Más aún, ninguno se restringía exclusivamente a los límites familiares, en la medida en que ambos tenían clara la importancia de la comunidad más amplia. La experiencia de Multifamilias (Dabas, E. “Red de Redes. Las prácticas de intervención en redes sociales”, Paidós, 1993), daba resultados excelentes en términos de reformular el problema inicial de la consulta en muy poco tiempo, promoviendo cambios importantes en los niños y niñas, consensuados por sus padres, sus maestros y ellos mismos. Sin embargo nos sentíamos inseguros puesto que no estaba “fundamentado” en otras experiencias, ni santificado por ningún autor “prestigioso”. Seguimos adelante a pesar de las dificultades (¿Cómo se consideraba para las estadísticas hospitalarias una prestación multifamiliar?) y los cuestionamientos (en los ateneos solían pedirnos que definiéramos que era “esto de las multifamilias”: ¿terapia?, ¿grupo?). En este tramo del camino nos encontramos con Mony Elkaim. Primero, a través de su artículo “Sistema Familiar y sistema social”, publicado en el libro “Dimensiones de la terapia familiar” (Andolfi M., Paidós, 1985) y luego personalmente en un seminario que dictó en Buenos Aires en 1987. Mony trabajaba con familias árabes migrantes en un suburbio de Bruselas y a partir de su experiencia comenzó a valorizar la importancia de los vínculos que se daban entre estas familias. Este trabajo con/ en la comunidad le permitió ver que "cuando las personas que tienen un problema similar lo comparten, se produce la ruptura del aislamiento que sienten frente al mismo”, y que esto en sí mismo tenía un efecto terapéutico. Para mí este hallazgo fue beneficioso en un doble sentido, por un lado por el apoyo que sentí al conocer la experiencia de Mony, y así saber que nuestro trabajo en el hospital podía ser comprendido por alguien más, y también desde la reformulación de mi práctica y la apertura de mi pensamiento, al darme cuenta de la importancia que tenía fortalecer múltiples vínculos en todo lo que refería al trabajo de promoción de la salud.

Hacia finales de los 80, se produjeron otros dos encuentros importantes en mi itinerario: uno con Ross Speck y el otro con Johan Klefbeck. Speck había publicado un libro sobre “Redes Familiares” (Amorrortu, 1973) que fue una de mis primeras lecturas cuando comencé a trabajar este enfoque. A medida que desarrollaba y enriquecía la práctica, iba encontrando en ese texto nuevas perspectivas, pues lo que aprendemos siempre está en relación a nuestras preguntas, al contexto de vida en que hacemos la lectura, con quienes la compartimos, en que red la enlazamos. En este libro Speck inaugura la idea del “efecto red” que es lo que se produce cuando un colectivo descubre que juntos pueden lograr algo distinto a cuando lo intentaban por separado. En las “asambleas de red” que él convocaba, en las que participaban las familias, amigos, compañeros de estudios y otras personas allegadas a los pacientes, observaba la producción de una retribalización, es decir, se reactivaba y reconfiguraba la red vincular de todos los participantes. Este acto de retribalización posibilitaba, a través de la emoción y los afectos, que se hiciera visible lo que permanecía invisible a los ojos. Esta “capacidad de visibilizar las redes” es uno de los elementos más importantes del pensamiento y del abordaje desde la perspectiva de las redes sociales.

Speck es uno de los padres fundadores del abordaje terapéutico desde el enfoque de red. Para él, la red social es la forma en que se expresa la vida social. En su libro explica porqué elige la noción de “red social”, en lugar de hablar de tribu, que era un término muy usado en la antropología y sociología, mientras que red social en los 70 era aún un término relativamente joven y “ no contaminado” .

En su libro, Speck dice algo muy bonito al respecto:


"Las tribus confieren sentido a muchos individuos merced al encadenamiento de relaciones que otorgan identidad y la sensación de participar en una totalidad más amplia. Una tribu comparte la experiencia, acumula una historia y abarca con gran maestría tanto reglas formales como cuanto conjunto de personas aleatorias e informales.

El mediador en la red debe ampliar sus propios horizontes y comenzar a formular estrategias sobre una nueva base teórica”
Mencioné anteriormente a Johan Klefbeck, a quien tuve la posibilidad de conocer en un seminario que organizó Mony Elkaim en Bruselas en 1989. Johan Klefbeck, con quién conservamos una relación personal y laboral muy estrecha, compartiendo conmigo la experiencia que él desarrollaba en Suecia me ayudó a hacer visible el más allá de la familia, gracias a una estrategia que nosotros continuamos utilizando y recreando: el mapeo de redes (“Los conceptos de red y los métodos de abordaje en red”, en Dabas, E. y Najmanovich, D. Redes, el lenguaje de los vínculos”, Paidós, 1995)

En el mapeo de redes, tal cual Klefbeck lo trabajaba, aparecía claramente la diversidad de vínculos importantes y significativos además de los familiares así como la intensidad afectiva con que eran percibidos por el informante. Más adelante, nosotros trabajamos otra perspectiva, al comprender que, en tanto la red está siempre presente, ésta se configura de un modo u otro según cuál sea el problema o la necesidad a resolver.

Otro elemento clave del mapeo es el que se relaciona con la densidad de los vínculos. Al mapear, solíamos interrogar “¿con cuántas instituciones se vincula esta institución?, ¿con cuántas personas se vincula esta persona?”. Esta pregunta la formulábamos desde un modo de pensar jerárquico, centralizado, cuantitativo: considerábamos una sola dirección – la que nos brindaba el informante-; considerábamos significativo el tamaño de la red en función de cuántos se nombraban. De este modo, no visualizábamos que, en tanto la red es la trama de la vida, los vínculos entre las personas y/u organizaciones relacionadas con el actor poseían vinculaciones preexistentes entre ellas, con una historia de prácticas de sostén, ayuda, acompañamiento, provisión de diversos recursos, entre tantas otras que se recuperaban, renovaban y abrían la posibilidad de experiencias nuevas en función de una situación inédita.

Vuelvo a incluir en mi itinerario, a Carlos Sluzki. En 1995 publica un libro muy interesante que es “La red social, frontera de la práctica sistémica” (Gedisa), donde comienza a hacer una sistematización muy interesante del enfoque del trabajo con redes personales ligado al campo de la salud, fundamentalmente desde la perspectiva médica y de la salud mental. Enfoca esta perspectiva con las problemáticas de tercera edad, en situaciones de divorcios, migración, entre otros. Incluye algunos aspectos interesantes de características de la red, por ejemplo : tamaño; distancia geográfica; la heterogeneidad, o la homogeneidad de los vínculos; la distribución.

Quiero también mencionar el encuentro con dos argentinos. Tanto sus producciones como el trabajo compartido en diversos seminarios resultaron para mí sumamente esclarecedores. Uno de ellos es un psicólogo cordobés, Sebastián Bertucelli. Ha publicado numerosos artículos y dos libros sobre “ Redes comunitarias en salud pública”, el primero, basado en la experiencia realizada en Río Tercero y el segundo en Santa Rosa de Río Primero. El abordaje metodológico que desarrolló dejó muy en claro que las redes preexisten a cualquier intervención, lo cual contrasta fuertemente con la penosa idea que circula de que las redes se arman. Es una penosa idea, ya que a partir de ella se considera la intervención como una intromisión en la vida de las personas y las comunidades, desde el lugar hegemónico del operador, quien posee, además de los títulos universitarios y credenciales diversas, la capacidad de armar redes.

El abordaje que sistematizó Bertucelli, fue además una apoyatura muy importante para aprender otros sistemas de mapeo que hoy estamos utilizando, como la georeferenciación, que se realiza a partir del descubrimiento de las personas y las familias‑llaves en una comunidad. Son aquellas en las que se reconoce un alto grado de interés social, reflejado por la presencia en su red de numerosas “relaciones de proximidad” y por su constante y silenciosa participación en una o varias organizaciones del barrio. Las personas llave son muchas veces la vía de acceso a estas familias (S. Bertucelli, Proyecto Brochero. Control de Tuberculosis, 1988, Inédito) Sus palabras nos permiten asomarnos a la vivencialidad de estos conceptos:


Aquí trabajamos desde la primera representación gráfica de la red de cada familia‑llave que habíamos construido al finalizar nuestro estudio exploratorio, siempre a partir de lo que la familia nos expresaba y apoyándonos en la experiencia acumulada en relevamientos de contexto en prevención secundaria.”
a.2. Las familias - llave "caminan su red" sin que medie intervención de los profesionales. Diciembre 1982 - Abril de 1983.

a.3. Ajustes conjuntos y sucesivos desde el acuerdo de Noviembre de 1982 en el contexto de la tarea realizada. Abril 1983 - Noviembre de 1983.
En encuentros sucesivos con cada familia, siempre en sus domicilios, revisamos la tarea realizada por ellas desde las siguientes preguntas:

- ¿A quiénes comunicaron el mensaje de salud? (listado de personas con nombre, (Apellido y dirección); ¿A quiénes derivaron al laboratorio del Centro de Salud? (listado idéntico al anterior); ¿A qué personas no pudieron ustedes derivar a pesar de haber reconocido síntomas en ellas? (listado idéntico a los anteriores).
Todas estas preguntas nos las hicimos con la imagen de la red de cada familia - llave delante y fue notable observar como aquí, en el contexto de la tarea, las familias agudizaron su memoria y creatividad. Fue así que a nuestros ojos, sus redes crecieron en cantidad (miembros de su red que antes en otros registros habían olvidado, fueron incorporados aquí) y en calidad (la tarea de Control de Tuberculosis entre sus amigos, parientes, vecinos por ser sumamente delicada les exigió definir cada vez más y mejor sus relaciones con sus pares, les exigió considerar el grado de confianza, para de acuerdo a esto, ver cómo podían ayudarlos). Las familias‑llave nos relataron su experiencia en forma divertida, como si se tratara de un juego. Recorrieron con su conocimiento de Tuberculosis en forma progresiva todas sus relaciones, en general progresando desde los contactos más próximos afectivamente hacia los más lejanos, trascendiendo el área de responsabilidad del Centro de Acción Comunitaria y del Centro de Salud. Todo para ser "comedidos para servicio" como dice la gente. En la parada del ómnibus, luego durante el viaje, en el trabajo, en reuniones de cooperadoras, de Centro Vecinal, a sus clientes en los casos en que la familia‑llave tenga un comercio, etcétera. Desplegaron todo tipo de “técnicas” para acceder a sus contactos. Por ejemplo, en relaciones de vecindad donde “no se tenía la confianza suficiente” merodearon hasta llegar por medio de otra más próxima afectivamente....Otra, mate en mano, recorrió sus redes como si hiciese este trabajo desde siempre.”
Este dispositivo de georeferenciación coadyuva a la certeza cada vez mayor que uno inicia un trabajo en un puntito de un proceso que empezó mucho antes que uno llegue y que va a seguir mucho después que uno se vaya, o sea, que la red siempre se despliega dinámicamente.

Tanto la persona llave como la familia llave pueden abrir nuevos vínculos con otros miembros de esa comunidad, a través de lazos de confianza, sedimentados en la historia compartida.


Diversas perspectivas, la permanente práctica en territorios diferentes y las abruptas transformaciones sociales y políticas en nuestro país y en Latinoamérica, me han llevado en estos últimos años a repensar el término intervención, ya que su uso provocaba asociaciones disímiles. En este contexto hay una significación que sobresale: la de la intervención militar, y tampoco podemos dejar de lado la del saber dominante relacionado con los ámbitos académicos o la intervención que realizan los políticos, quiénes toman decisiones inconsultas y la mayoría de las veces carentes de consenso. Por lo tanto, no es en la palabra donde yace el obstáculo, sino en las experiencias personales y sociales que le otorgan significación.
Otro argentino que quiero mencionar es Saúl Fuks de la Universidad Nacional de Rosario, quien generó un programa de extensión desde la Universidad destinado a fortalecer el entramado y la organización social en un barrio periférico, trabajando desde temas de salud, de educación, de reclamos por el mejoramiento del hábitat.

La experiencia no fue hecha para que los alumnos hicieran pasantías sino que , en función de lo que la población había solicitado, mejorar niveles de calidad de vida, poder trabajar en la articulación de las demandas entre y hacia las esferas de gobierno. Con mucho cuidado y con autorización de la población a lo largo de los años, se fue programando la pasantía de los alumnos de la facultad. Esto es todo un mérito porque muchas experiencias se arman ad-hoc para ubicar a los pasantes, lo cual genera, como decía Bateson, la destrucción de la ecología.


Un aporte sumamente significativo para mí provino de Robert Castel. En su libro “La metamorfosis de la cuestión social” (Paidós, 1996) desarrolla la noción de desafiliación y de zona de vulnerabilidad, que historizadas desde diversos contextos aportaron aperturas a la dimensión política de la perspectiva de redes.

Pude recuperar entonces aprendizajes realizados en mi trabajo con grupos, terapéuticos, comunitarios , de aprendizaje. La experiencia de haber acompañado procesos en los cuáles se producían soluciones novedosas ante problemas o circunstancias apremiantes. Las lecturas sobre Educación popular, principalmente la obra de Paulo Freire hasta las osadas transgresiones de Pichón Riviere reflejadas en varios de sus textos, proponían lo interesante de la capacidad de los diversos colectivos de producir resoluciones de problemáticas que son en general impensadas, creativas e inéditas.


Otras voces y presencias significativas han sido Marcelo Pakman, con quien aprendí una epistemología comprensible y con Joaquín Rodríguez Nebot, en Uruguay, con el que compartimos sentires y pensares sobre prácticas institucionales desde el enfoque de red. Cristina Ravazzola, en Argentina, quien aportó perspectivas sumamente interesantes acerca del trabajo con familias y Denise, enseñándome, a través de conversaciones, espacios compartidos y producción conjunta, que pensar es cambiar de ideas. Muchos otros y otras me han acompañado en este devenir.

Numerosos han sido los senderos transitados, pero en realidad se trata de pensar y actuar desde un enfoque que implica atravesar un proceso de desadaptación de modelos adquiridos, no siempre sencillo de realizar.

Muchas de nuestras acciones son impredictibles, azarosas, coyunturales. Dependen del encuentro con los otros, de la posibilidad de recorrer el territorio, de autorizarse a transgredir. Pero nos acompaña siempre una certeza: la confianza en la capacidad de las personas, el registro claro de que nadie puede solo y un animarse a abrir ventanas, transitar senderos, explorar hendijas.


Denise Najmanovich

Antes de comenzar mi recorrido quisiera invitar a los lectores a conectarse con la siguiente lámina:


La ilustración es un recorte de un cuadro de Carlos Kravetz, con quien llevo enredándome desde hace más de veinte años. La cita es de Proust, a quien obivamente no he podido conocer en persona y sin embargo es parte de mi red intelectual, uno de esos grandiosos compañeros virtuales que nos da la literatura.

Vayamos adentrándonos en esta red textual tomando la propuesta de Proust como una invitación para leer con un espíritu curioso, juguetón, explorador. Mi recorrido de la “Red Social” no es idéntico al de Elina, ningún itinerario encarnado puede serlo, tenemos distintas historias, hemos vivido en diversos lugares y tenido experiencias diferentes; nuestros intereses y gustos intelectuales tienen puntos de convergencias y áreas desencontradas.

Es un hábito muy extendido entre los intelectuales el hablar de una temática como si hubiera nacido con ellos, o como si con ellos llegara a un punto de madurez y veracidad insuperables. Sus fuentes se limitan a algunos pocos autores (generalmente de su propia “parroquia”) reconocidos como antecedentes y al mismo tiempo superados por quien los ha elegido como ilustres predecesores. Este estilo ha logrado su legitimidad y su potencia basándose en la suposición de que existe una verdad y que puede ser conocida. Descubrirla y atraparla es el objetivo acariciado por esos cazadores de verdades. No es esta nuestra posición ética, ni nuestra concepción del conocimiento. Si en cualquier campo del saber esta pretensión se encuentra hoy en entredicho, en ninguno resulta más absurda que en relación a las “redes sociales”. El abordaje del tema, que queremos dejar explícito a través de este itinerario, es completamente diverso: no hay vía privilegiada para entrar a una red, ni caminos prefijados, podemos llegar a ella en cualquier sitio y recorrerla de muchísimas formas diferentes. No existe, ni puede existir, una única y verdadera definición de red. En el caso de que precisemos una definción (y vale la pena sospechar siempre de esta “necesidad”), será provisoria y tendrá fines operativos, nunca normativos. Tampoco existen “los antecedentes” sino tan solo “mis referentes”. Cada cual ha llegado a pensar la “Red Social” inmerso en su propia red, gracias a otros, con otros, contra otros, a pesar de otros, influido por otros. Cada cual va recorriendo la red en función de problemáticas, de estilos de conocimientos, de competencias profesionales y hasta gustos diferentes.

En mi caso he elegido comenzar el viaje considerando el aporte de una corriente de la sociología que se denomina: “Análisis de redes sociales”. (Existe un excelente sitio en castellano para profundizar esta temática: http://usuarios.lycos.es/redes/ )

José Luis Molina, un español que trabaja muy seriamente en este campo, (sitio web personal: http://seneca.uab.es/antropologia/jlm/) presenta al “Análisis de Redes” como un nuevo paradigma caracterizado por:


El estudio de relaciones entre objetos, más que por el estudio de sus atributos (i), la preocupación por los efectos de la forma de la red de relaciones en la conducta (ii) y su interés por des­cribir la estructura social (iii) (Molina, J. L. El análisis de redes sociales”, Edicions Bellaterra, Barcelona, 2001.)
La capacidad de tener en cuenta las relaciones, de hacer foco en ellas y de pensar siempre de modo relacional es característica de todas las perspectivas de redes. Sin embargo, no debemos ser ingenuos y suponer que los atributos nunca son pertinentes, puesto que ni las relaciones ni los atributos son algo dado. Es en nuestros análisis que consideramos a ciertos modos de interacción como relaciones existentes entre ciertos tipos de objetos (“sujetos”) que categorizamos según sus atributos.

Como muy bien destaca José Luis Molina:


La sociología tradicional explica los procesos sociales a partir de la agregación de cualidades biológicas (sexo, edad...) o sociológi­cas (estatus socioeconómico, actitudes políticas...) y su tratamiento estadístico como variables aleatorias independientes. No se tiene en cuenta la estructura de relaciones de los individuos involucrados y se tiende a interpretar la conducta social como un fenómeno guiado por normas internalizadas a nivel individual(Molina, J. L. El análisis de redes sociales”, Edicions Bellaterra, Barcelona, 2001.)
Coincido plenamente con la postura de que para la comprensión de los fenómenos sociales es imprescindible partir de un abordaje vincular, pero en ningún caso se trata simplemente de “dar vuelta la tortilla” minimizando la importancia de los atributos. En una dinámica de interacciones, como la que caracteriza a las redes sociales, los vínculos modifican los atributos y viceversa. Paradójicamente, un enfoque que se pretende exclusivamente relacional desde la mirada del sociólogo puede “velar” el proceso de categorización tomándolo como algo ya dado, y por lo tanto eludiendo su carácter relacional con el investigador. De este modo se lo hace inaccesible a la crítica la clasificación desde la cual se ha organizado toda la investigación. Nuestro abordaje de redes reconoce la complejidad de la dinámica vincular y permite trabajar de manera tal que, según la temática en cuestión y los requerimientos del colectivo con que trabajamos, vamos modificando nuestro foco de atención de tal modo que podemos tener en cuenta diversos niveles y tipos de problemáticas a lo largo del tiempo. Desde nuestra perspectiva, las redes son mucho más fluidas, de lo que permite ver el “Análisis de redes”. Las herramientas construidas a-priori confinan el mundo a un punto de vista fijo, limitando el campo perceptivo y restringiendo los mundos posibles a un único esquema preconcebido que hace “desparecer” una enorme diversidad de áreas de experiencia. Es por ello que trabajamos con una concepción de focalización que he bautizado “zoom multidimensional” que permite tener un punto de vista móvil que consideramos imprescindible cuando trabajamos con realidades fluidas como las redes sociales.

La gran virtud que tiene el “Análisis de Redes”, es haber instalado el tema de redes sociales en el ámbito académico de la Sociología. El otro aporte importante se relaciona con el desarrollo de metodologías de análisis que son muy valiosas instrumentalmente pero que llevan fácilmente a que la confusión entre el mapa y el territorio. Las pretensiones de formalización son peligrosas porque tiene el doble efecto de “cristalizar la red” y el de privilegiar el método por sobre el objetivo de conocimiento.

No es extraño que quienes se acercan al tema de las redes sociales en función de necesidades diferentes a las meramente académicas (ya sea porque son activistas o porque son profesionales cuya práctica en las redes no se limita a la “observación”), sientan a la vez atracción y rechazo por el “Análisis de Redes”. El atractivo se debe a su poder para visualizar relaciones, y desde este punto de vista a mi criterio debe ser siempre bienvenido. El rechazo tiene que ver con ese efecto de congelación que he comentado y que es fruto de un tipo de herramienta construida a-priori y también con la escasa sutileza y adaptabilidad a los diversos contextos y necesidades del campo social. (Los interesados pueden profundizar esta temática leyendo el excelente artículo de Mimi Sheller -lamentablemente sólo disponible en Inglés-, 'The Mechanisms of Mobility and Liquidity: Re-thinking the Movement in Social Movements', publicado por el Departmento de Sociología de la Universidad de Lancaster. El sitio web donde pueden consultarlo es http://www.comp.lancs.ac.uk/sociology/soc076ms.html )

Otro afluente en mi itinerario tiene que ver con cierta curiosidad por la genealogía del término “redes sociales”. Según pude encontrar en mis navegaciones éste fue utilizado por primera vez (en el mundo académico) por John Barnes (1954). Barnes, un antropólogo que estaba desarrollando un trabajo de campo en relación a los vínculos en una aldea de pescadores en Noruega, tenía grandes dificultades para dar cuenta de la multiplicidad y variedad de prácticas sociales que encontraba en su trabajo de campo. Las categorías sociológicas disponibles en su “caja de herramientas” conceptual no le permitían comprender lo que encontraba sin desvirtuarlo completamente. Esta situación de atolladero lo impulsó a crear la noción de “red social”. Ésta llegó a la existencia académica atravesando fronteras, creando nuevas posibilidades, ligando lo que estaba separado en los compartimentos estancos creados por las categorías rígidas que el estructuralismo y el funcionalismo (los modos valorizados de construir sentido en las ciencias sociales de la época) habían utilizado para cuadricular la realidad social.

Para muchísimos profesionales e interesados en las ciencias sociales la noción de red social fue primero una brisa de aire fresco y luego un verdadero huracán que arrasó con los tabiques divisorios y comenzó a forjar la posibilidad de dar cuenta de realidades sociales multidimensionales y dinámicas.

Otro afluente importante es el que se relaciona con las figuras de Kurt Lewin y Jacob Levy Moreno. Estos autores compartían el interés por lo grupal: Lewin estudió el concepto de “distancia social", y Moreno desarrolló la sociometría y el psicodrama. Ambos influyeron tanto en el desarrollo de la corriente de “Análisis de Redes Sociales” como en el campo de la psicología social y la terapia familiar. Es interesante que nos demos cuenta que autores de diversas procedencias pueden inseminar y hacer germinar sus ideas en áreas muy distantes de las que le dieron origen, áreas que además tienen poca o nula relación entre sí. No hay una lógica o una necesidad que guíe la propagación y fertilización de las ideas y metáforas. Las historias racionales son siempre “reconstrucciones pedagógico-políticas” construidas a-posteriori y no verdaderos cursos vitales.

Otro afluente con gran caudal en estos momentos es el que viene de la mano de Manuel Castells, que ha logrado un gran éxito en la instalación y expansión de la metáfora de redes más allá de las fronteras académicas y de los cotos de caza disciplinarios. Su monumental obra en tres tomos denominada "La Era de la Información”, cuyo primer volumen se denomina precisamente “La sociedad en red” ha contribuido probablemente más que ninguna otra para se expandiera y valorizara la noción de red. En ella Castells despliega cientos de ejemplos que dan cuenta de la importancia de la idea de red para pensar la sociedad, la economía y los vínculos en muy diversos países y en distintos campos de la vida social. Castells enfatiza particularmente el rol de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el fenómeno conocido como “globalización” y en la generalización y expansión de las redes. Seguramente este énfasis en la contemporaneidad y la importancia para la economía y la organización empresaria, le han valido buena parte de su éxito. Sin embargo, y a pesar de que Castells no descuida el valor de las redes para pensar y actuar en los nuevos movimientos sociales y los escenarios políticos actuales, su obra adolece de serias deficiencias. En primer lugar, y a pesar de que la noción de red resulta omnipresente en el análisis Castells, el autor no la utiliza para pensar la producción del conocimiento. Además, al pretender que la forma red es la dominante absoluta en las sociedades contemporáneas, descuida el análisis de otras formas organizativas y de la compleja interacción entre ellas. Finalmente, él sociólogo catalán-americano parece no haberse dado cuenta de que las redes existen desde mucho antes de que las tecnologías actuales las potenciaran, mediaran, transformaran ni del hecho de que aún hoy la relación entre estas tecnologías y los modos de organización social no son lineales, ni homogéneos, ni armónicos.

Su pretensión de novedad y la ligazón determinante entre su noción de red y la tecnología informacional va a contramano de la fertilidad, potencia y multidimensionalidad de la noción de red. Veamos la definición de red de Castells (a pesar de que el autor plantea que es fundamental para sus desarrollos, increíblemente recién la presenta en la página 506 de su libro.)



Primero definiré el concepto de red, ya que desempeña un papel central en mi caracterización de la sociedad en la era de la información. Una red es un conjunto de nodos interconectados. Un nodo es el punto en el que una curva se intersecta a sí misma. Lo que un nodo es concretamente, depende del tipo de redes a los que nos refiramos. Son los mercados de la bolsa y sus centros auxiliares de servicios avanzados en la red de flujos financieros globales. Son los consejos nacionales de ministros y los comisarios europeos en la red política que gobierna la Unión Europea. Son los campos de coca y amapola, los laboratorios clandestinos, las pistas de aterrizaje secretas, las bandas callejeras y las instituciones financieras de blanqueo de dinero en la red del tráfico de drogas que penetra en las economías, sociedades y Estados de todo el mundo. Son los canales de televisión, los estudios de filmación, los entornos de diseño informático, los periodistas de los informativos y los aparatos móviles que generan, transmiten y reciben señales en la red global de los nuevo medios que constituyen la base dela expresión cultural y la opinión pública en la era de la información. La tipología definida por las redes determina que la distancia (o intensidad o frecuencia de la interacción) entre dos puntos (o posiciones sociales) sea más corta ( o más frecuente, o más intensa) si ambos son nodos de una red que si no pertenecen a la misma. Por otra parte, dentro de una red determinada, los flujos no tienen distancia, o es la misma entre los nodos. Así pues, la distancia (física, social, económica, política, cultural) para un punto o posición determinados varía entre cero (para cualquier nodo de la misma red) e infinito (para cualquier punto externo a la red). La inclusión / exclusión de las redes y la arquitectura de las relaciones entre sí, facilitada por las tecnologías de la información que operan a la velocidad de la luz, configuran los procesos y funciones dominantes de nuestras sociedades.

Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí, es decir, siempre que compartan los mismos códigos de comunicación (por ejemplo, valores o metas de actuación). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto, susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio. Las redes son instrumentos apropiados para una economía capitalista de innovación, la globalización y la concentración descentralizada; para el trabajo, los trabajadores y las empresas que se basan en la flexibilidad y la adaptabilidad; para una cultura de la deconstrucción y reconstrucción incesantes, para un política encaminada al procesamiento inmediato de nuevos valores y opiniones públicas y para un organización social que pretende superar el espacio y aniquilar el tiempo. No obstante, la morfología de redes también es una fuente de reorganización de las relaciones de poder. Los conmutadores que conectan las redes (por ejemplo, el control ejercido por los flujos financieros de los imperios de medios de comunicación que influyen en los procesos políticos) son los instrumentos privilegiados del poder. Por lo tanto, son los conmutadores los que poseen el poder. Puesto que la redes son múltiples, los códigos y conmutadores que operan entre ellas se convierten en las fuentes fundamentales para estructurar, guiar y confundir a las sociedades. La convergencia de la evolución social y las tecnologías de la información ha creado una nueva base material para la realización de actividades por toda la estructura social. Esa base material, compuesta por redes, marca los procesos sociales dominantes, con lo cual organiza la misma estructura social.
Ya al comienzo de este trabajo advertimos sobre el peligro de las definiciones (tanto cuando son tomadas como “descripciones objetivas de objetos o procesos” como cuando son transformadas en credos). La de Castells peca a la vez de ser demasiado abstracta y, simultáneamente, resulta excesivamente restrictiva pues no da cuenta de la multiplicidad de las redes y de sus modos de articulación con otras formas organizativas con las que coexisten, co-evolucionan e interactúan. El protagonismo y la dominancia exclusiva que le otorga a las redes opaca y vuelve invisibles a una gran diversidad de modos de relación y organización que conforman y estructuran los colectivos socio‑técnicos contemporáneos. En cualquier caso es notoria la falta de elucidación de una noción que estructura toda su obra. No es extraño que falte esta elaboración puesto que las definiciones suelen pretender haber resuelto un problema cuando no han hecho más que plantearlo.

A diferencia de Castells, con Elina y todo el equipo de Fundared, desde hace años hemos planteado que la arquitectura de/en red ha existido desde siempre pues la “forma red” da cuenta de un modo de conexión no formalizado ni instituido, de las interacciones no planificadas, de los acontecimientos inesperados, de las erosiones en las arquitecturas formales, de las circulaciones no previstas, de la potencia de la multitud, de la densa trama de relaciones que escapan, se superponen, eluden, burlan, atraviesan el control de los ingenieros sociales de todos los tiempos.

Hoy en día, cuando el discurso de las redes está en pleno auge y podríamos decir que está “de moda”, hasta tal punto que diversos organismos internacionales, del gobierno y variadas ONG’S locales y globales claman por la construcción de redes, es imprescindible ejercer la sospecha, extremar la astucia, cultivar la sensibilidad para distinguir los modos instituidos e instituyentes, lo congelado y lo formal de lo vital y no domesticable, lo que nuestros instrumentos permiten concebir y encontrar y aquello que resulta opacado o desapercibido.

Quiero también destacar el valor de la obra de Castells en cuanto a la claridad con que el autor nos muestra que no sólo es posible pensar en términos de geometrías variables y de flujos, sino que resulta mucho más fértil y eficaz para dar cuenta de las problemáticas socio-económicas actuales.

Otra vertiente importantísima para el pensar y actuar en las redes sociales es la que trae sus aguas desde la teoría general de sistemas, la cibernética, las teorías de autoorganización y de autopoiesis; parientas cercanas y precursoras de los desarrollos que condujeron a las ciencias de la complejidad y a la concepción de Edgard Morin sobre el pensamiento complejo.

La Teoría General de los Sistemas, creada por Ludwig von Bertalanffy, creó un espacio de pensamiento que hizo genuinas las preguntas por la organización más allá de los modelos mecánicos. A partir de los desarrollos de Bertalanffy, el sistema no puede ya explicarse únicamente a partir de la naturaleza de sus constituyentes elementales, o por una sumatoria de relaciones fijas, sino que se admite que el sistema es más que la suma de sus partes, que tiene una naturaleza organizacional que puede y debe ser tenida en cuenta.

La noción de sistemas abiertos resultó crucial para la biología y abrió las puertas (aunque no cruzó el umbral) para un pensamiento genuinamente dinámico. Apenas un primer paso hacia la complejidad, pero un paso fundamental y profundamente innovador. La sistémica clásica no incluyó la metáfora de redes, pero inauguró un estilo de interrogación que hizo visibles las conexiones, las interacciones transformadoras. Junto con la cibernética de primer orden empezó a ser posible salir de los modelos lineales y pensar las retroalimentaciones (feed-back) y la organización. Sin embargo, todavía hicieron falta varias décadas para llegar hasta la dinámica no lineal y los sistemas complejos evolutivos que permitieron no sólo pensar la conservación sistémica y la homeostasis sino también la emergencia, el orden que se crea a partir del caos, la organización lejos del equilibrio y la coevolución de los sistemas autoorganizadores en sus ambientes.

Edgard Morin aportó al pensamiento sistémico la renovadora perspectiva de la complejidad, aportando las nociones de multidimensionalidad, unidad múltiple y archipiélago sistémico, entre muchas otras. Así como he sostenido que Castells no ha elucidado la noción de “red” que utiliza en su obra, Morin ha planteado que Bertalanffy y sus sucesores, han “omitido profundizar su propio fundamento, reflexionar el concepto de sistema. Por esto, el trabajo preliminar todavía está por hacer: interrogar la idea de sistema” (Morin, E. “El Método. La naturaleza de la Naturaleza” Tomo I., Ed. Cátedra, 1981). Es importante aclarar que ni en este caso, ni en ningún otro, el objetivo de la elucidación es llegar al “concepto” puro de “sistema” o de “red”, puesto que se trata de una búsqueda sin término, de una elaboración sin conclusión pero no por ello sin productos. Lo que Morin nos brinda no es una definición de sistema mejor que las anteriores, sino un campo más fértil de significados que nos permite concebir una familia amplia de formas de “ser o devenir sistema”. Nos dice con su elegante prosa que “El fenómeno que nosotros llamamos la Naturaleza no es más que esta extraordinaria solidaridad de sistemas encabalgados edificándose los unos sobre los otros, por los otros, con los otros, contra los otros: la Naturaleza son los sistemas de sistemas, en rosario, en racimos, en pólipos, en matorrales, en archipiélagos. No existen realmente más que sistemas de siste­mas, no siendo el simple sistema más que una abstracción didáctica”. Si Fritjof Capra hubiera leído a Morin tal vez le hubiera pedido prestada esta frase para iniciar su excelente libro “La Trama de la Vida”. Esta figura pulsante de sistemas en transformación, constelación, co-formación o interacción que nos presenta Morin es justamente el tejido del universo que Capra convoca en su texto. La red por su arquitectura variable y su capacidad de extensión, deformación, transfiguración puede adoptar múltiples formas en su devenir vital y cuando la exploramos tenemos siempre que tener en cuenta el “zoom” o grado y modo de focalización, la escala de relación, la profundidad del campo que estamos considerando, la forma de movilidad de nuestro punto de vista: en suma debemos siempre que tener en cuenta que somos parte de la red que pretendemos conocer y que la forma de nuestra interacción en/con ella es la que la hace emerger de una manera específica.

No hay una única forma “red” como no hay una única forma de concebir los sistemas. Como nos ha enseñado Edgard Morin, siempre corremos el peligro de que “ la idea de unidad global se nos im­ponga hasta tal punto que ciega, lo que hace que a la ceguera reduc­cionista (que no ve más que los elementos constitutivos) le suceda una ceguera «holista» (que no ve más qué el todo). Se ha re­marcado muy a menudo que el todo es más que la suma de las par­tes, pero muy raramente se ha formulado la proposición contraria: el to­do es menos que la suma de las partes. Y que yo sepa ni siquiera ha soñado en unir las dos proposiciones: El todo es más y menos que la suma de sus partes

Morin me ayudó a sutilizar y complejizar la noción de sistema gracias a sus trabajos sobre pensamiento complejo, organización y subjetividad. Éstos cobraron una fuerza y un relieve aún mayor cuando entraron en resonancia con mis lecturas de Gregory Bateson. En su hermoso libro “Naturaleza y Espíritu” (Amorrortu, Buenos Aires, 1990) este pensador imposible de catalogar, nos invita y ayuda a descubrir la pauta que conecta "al cangrejo con la langosta, a la orquídea con la anémona y los cuatro conmigo, y contigo, y a los seis con la ameba en un extremo y con el esquizofrénico que está en el psiquiátrico, en el otro". Gracias a él aprendí que las redes son pautas de conexión, y también que podía –y quería- sensibilizarme para captarlas, porque las redes están allí, tejiendo al universo en una dinámica inagotable. La Modernidad ha deslegitimado todas las percepciones y experiencias que no entraban en la cuadrícula de sus sistemas explicativos. Su estética cognitiva se centró en aquello que la geometría euclidiana podía comprender, desmenuzar, describir: formas regulares y procesos lineales. Bateson nos propone otro tipo de conexión con el mundo, otro modo de conocer(nos) totalmente diferente al personaje de Wordsworth para el cual:


Un narciso en la ribera del río

era para él un narciso amarillo

Y no era nada más
Lo que Bateson llama estética es la capacidad de conexión con el narciso a partir del reconocimiento y la empatía. Esta estética que busca siempre la conexión y no la escisión entre el sujeto y el mundo. Leyendo su obra “Pasos hacia una ecología de la mente” comprendí que era preciso cultivar una curiosidad abierta, sin fronteras, afectiva, emotiva, a la vez que racional para poder aprehender y desplegar las formas, los patrones de conexión. En suma aprendí que para pensar en red era preciso desarrollar una estética vincular. Esta estética no debe confundirse con el esteticismo, con la ambición meramente formal, sino que implica una capacidad de sentir la vida, conectarse con otros en su diversidad, para poder apreciar la red que enlaza a los quarks con el jaguar (como titulará muchos años después Murray Hellman a su libro sobre las ciencias de la complejidad).

Maturana y Varela me permitieron seguir a fondo la exploración de la trama vital y simultáneamente cuestionarme sobre nuestro modo de conocerla y de evolucionar en ella. Su obra es la base sobra la cual Capra desarrolla su concepción del mundo como una red de redes que enlaza los aspectos físicos, biológicos y sociales, desde el micro al macrocosmos.

Hace más de dos siglos, Bichat lanzó al mundo un desafío: “Decir que la fisiología es la física de los animales, es dar una idea extremadamente inexacta; desearía decir que la astronomía es la fisiología de los astros” (Recherches physiologiques sur la Vie et la Mort, 1800. Citado en Canghuilhem, G. “El conocimiento de la vida”, Anagrama, Barcelona 1976).”. Durante décadas sus palabras parecían más bien un clamor vano y una esperanza irracional, hoy gracias a Bertalanffy, Bateson, Maturana y Varela empiezan a sonar premonitorias.

Otras dos vertientes importantes en mi itinerario de redes son las que me enredaron con Bruno Latour y el colectivo de trabajo ANT (Actor-Network Theory) por un lado y con Deleuze y Guattari por el otro. Los primeros provienen de un campo relativamente joven pero muy activo y muy provocativo: los estudios sociales de la ciencia. En un mundo académico que se ha caracterizado por encuadrar y etiquetar, por atrincherarse tras banderas y sillones, creando bandos y bandas de pertenencia excluyente, Latour se atreve a hablar de híbridos, de realidades complejas, de redes multidimensionales, de espacios fluidos, y a rechazar la distinción absoluta entre humanos y no-humanos, entre naturaleza y cultura. Con el aprendí que “ la de red es más moldeable que la noción de sistema, más histórica que la noción de estructura, más empírica que la noción de complejidad” y también que “las redes cruzan las fronteras de los grandes señoríos de la crítica: no son ni objetivas ni sociales, ni son efectos de discurso, a pesar de que son reales y colectivas y discursivas” (...)”¿Es acaso nuestra culpa que las redes sean a la vez reales, como la naturaleza, y narradas, como los discursos, y colectivas como la sociedad? (Bruno Latour, Nunca hemos sido modernos. Ensayo de Antropología Simétrica. Ed.Debate, Barcelona).

Su espíritu iconoclasta no se limita a las producciones ajenas, después de varios años de construir el estilo de abordaje de la Actor-Network Theory se dieron el gusto de hacer un congreso al que titularon “After Networks” (Después de las redes). Latour comenzó su presentación planteando que sólo criticaría cuatro cosas la noción de actor, la de red, la de Teoría ¡y el guión!. Él y muchos de los participantes del encuentro habían encontrado en sus investigaciones que la noción de actor era demasiado individualista, la de red disciplinadamente sistémica, el guión que los conectaba no daba cuenta de la dinámica de interacciones en la que emergen simultáneamente los actores-actantes (puesto que la red social para este grupo no está formada sólo por seres humanos) y la noción de teoría es demasiado rígida, externa, no implicada e impide dar cuenta de la producción de conocimiento que se está realizando así como de la dinámica relacional que permite el conocer.

En Gilles Deleuze y Felix Guattari encontré la invalorable noción de Rizoma para enriquecer este recorrido en/por las redes.. El rizoma es tal vez la mejor analogía para pensar la red social, aunque como todas las analogías ilumina ciertos aspectos y oscurece o difumina otros (su texto puede encontrarse sólo: “Rizoma” Pre-textos, Valencia, o como introducción de “Mil Mesetas”, de la misma editorial). El rizoma es un modo de extensión superficial ramificada en todos los sentidos, con concreciones en los bulbos y tubérculos. Algunos de los caracteres del rizoma son:


1°: Principio de Conexión: cualquier punto del rizoma puede se conectado con otro cualquiera. No hay un orden a-priori, no hay diseño, no hay deber ser.

2° Principio de Heterogeneidad: El rizoma es por naturaleza heterogéneo, diverso en su itinerarios pudiendo conectar eslabones semióticos, organizaciones de poder, artes, ciencias, luchas sociales, etc.

3° Principio de Multiplicidad: La multiplicidad nada tiene que ver con la suma, ni con la unidad. “Una multiplicidad no tiene sujeto ni objeto, sino tan sólo determinaciones, grandezas, dimensiones que no pueden crecer sin que ella cambie de naturaleza”.

4°Principio de Ruptura Asignificante: “Todo rizoma contiene líneas de segmentariedad, según las cuales es estratificado, territorializado, organizado, significado, atribuido, etc.; pero también líneas de desterritorialización por la que huye sin cesar.


Para conocer un rizoma “no hay método, no hay receta, sólo una larga preparación” (Gilles Deleuze). Lo mismo ocurre con las redes sociales que a pesar de que todos nacemos, vivimos y crecemos en ellas, su conocimiento no ha sido legitimado sino más bien eludido, sustraído, inhibido por la omnipotencia de la razón analítica, de la pretensión metodológica positivista y de por la unicidad de discurso implícita en toda concepción que suponga la posibilidad de una verdad independiente de aquellos que la producen y sostienen.

He llegado a las redes a partir de la crisis de la epistemología clásica que me llevó hacia el pensamiento complejo y también gracias al encuentro con Elina, a su entusiasmo y experiencia así como a su generosidad para compartir y su curiosidad para explorar. Junto a ella y todo el equipo de Fundared navegamos las redes sabiendo que en este campo (y probablemente en todos los demás) la compañía es tan o más importante que la travesía. Por eso hemos elegido finalizar este itinerario, que desde luego no ha concluido, con la palabras de un poeta que espero transmitan el tono y el sino de esta búsqueda sin término:


—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos la vida...
... soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra...
(Octavio Paz. Piedra de sol).


 Publicado en “Viviendo Redes”, Elina Dabas (Comp.), 2006


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