Un esquema analítico para la política económica y social david Anisi Universidad de Salamanca



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UN ESQUEMA ANALÍTICO PARA LA POLÍTICA ECONÓMICA Y SOCIAL
David Anisi

Universidad de Salamanca

En los Estados de Bienestar europeos, el acceso a multitud de bienes se hace prescindiendo del mercado.

No es dinero lo que se muestra para ser atendido en un hospital: es un derecho el que se ejerce. Ni tampoco se compra con dinero la entrada en una universidad pública: se llega a ella por unas características personales de conocimientos, inteligencia, preparación, etc.

Tampoco todo el dinero que se maneja es fruto de la venta de algo en el mercado. Se puede haber recibido en herencia, percibido como parte de una beca, obtenido como una prestación, etc.

Algunos seguimos pensando con los clásicos que la economía no es ninguna ciencia de la elección, sino aquello que nos permite interpretar el cambio social. Buscando esta explicación muchos interesados comienzan el estudio de la economía en los manuales al uso, y con lo que se encuentran es exclusivamente, o casi, con el estudio del mercado.

Trato de presentar en estas páginas una visión y un esquema en el que el mercado ocupa su importante posición, pero sin excluir a todo el entramado jerárquico y el retículo valorativo imprescindibles para entender el aspecto económico de nuestras sociedades.


I.-El conocido "flujo circular de la renta"

Debemos empezar recordando que una sociedad es más que un mercado. Y no quiero decir con esto que existan importantísimas relaciones sociales aparte de las relaciones económicas. Estoy diciendo que hay importantísimas relaciones económicas aparte de las del mercado.



Si sólo el mercado importase en lo económico una descripción adecuada de las relaciones económicas básicas podría hacerse recurriendo a lo que en casi todos los libros de Introducción a la Economía aparece como "El flujo circular de la renta" y que se corresponde con lo que se muestra en el Cuadro I1.


Incluso si sólo nos refiriéramos al mercado, el Cuadro I estaría incompleto. Muchas veces contemplando ese esquema dibujado en la pizarra pregunto a mis alumnos de primer curso sobre qué es lo que creen imprescindible en ese esquema. Unos dicen que los hogares, otros que los mercados, otros que el dinero, y una vez uno dijo: lo único imprescindible es la pizarra puesto que sin ella no se habría podido dibujar. Y yo le di toda la razón.

Antes de poder representar nada necesitamos una pizarra donde poder dibujarlo. Antes de hablar de mercado necesitamos de un Estado donde éste pueda establecerse. En el imperio del Gran Khan una ciudad puede especializarse en la producción de abanicos porque el espacio de poder del Khan garantiza que la única forma de acceder a esos abanicos será mediante la compra. El sistema jerárquico del Khan garantiza que nadie podrá robar esos abanicos ni acceder a ellos mediante violencia. El comercio se establece porque alguien define y defiende los derechos de propiedad. Eso es lo básico que está ausente del Cuadro I.

El esquema representado en ese Cuadro ofrece la síntesis del funcionamiento de un sistema de mercado. Dada la pizarra en la que se representa - esto es el Estado que define y defiende los derechos de propiedad sujetos a intercambio- ese sistema refleja la situación en la uno tiene en la medida en que da. La capacidad adquisitiva de los individuos surge de aquello que han conseguido previamente vender. Uno impone sus deseos en la medida en que ha sido capaz de satisfacer los deseos de otro, lo que, independientemente de la eficiencia asociada, sugiere también una idea de "justicia".

La mayor parte de los economistas no pondrían ninguna objeción a que se introdujese en el esquema un Estado mínimo que definiese y defendiese los derechos de propiedad, recaudara impuestos y proporcionara unos bienes públicos como la seguridad interior, la administración de justicia y la defensa frente el exterior. Y precisamente también por esto último, la totalidad de los economistas admitiría la inclusión en el esquema de un sector exterior con el que ambos mercados se relacionarían mediante exportaciones e importaciones de mercancías y capital, y, quizá, por movimientos de divisas internacionales.

Pero no son esas modificaciones a las que me refiero cuando digo que lo económico trasciende al mercado. Lo económico no es el mercado más un Estado y un contexto internacional. Lo económico es un sistema donde los recursos, las materias primas, el trabajo, el petróleo, la producción de ordenadores o los viajes a Marte responden no sólo a indicaciones del mercado sino a pulsiones jerárquicas o a persuasiones valorativas. Y este cúmulo de relaciones es el que trata de recoger el Cuadro II.

La diferencia con el Cuadro I está en la aparición de la triada J-M-V (jerarquía, mercado, valores) que figura en numerosas partes del Cuadro II2.

En el Cuadro II se pueden distinguir dos actividades que requieren tiempo: la producción, unida a la distribución aunque diferenciada de ella por lo que después veremos, y la transformación. La primera de ellas recoge el concepto tradicional de elaboración de bienes. Esos bienes pasan a disposición de los individuos que usando tiempo los transforman en elementos que satisfacen necesidades o deseos.

Podemos imaginar la primera de las actividades como aquella en la que se producen videos, comida, bebida, flores y tranquilidad. La segunda actividad, la que hemos llamado transformación, sería cuando usamos todo lo anterior para cenar viendo una película en el jardín.

Hay cosas que se compran, como el video la comida y la bebida, cosas que producimos nosotros mismos como las flores, y otras cosas, absolutamente imprescindibles para la satisfacción final, como es la tranquilidad, que se derivan del hecho de habitar un país civilizado donde la policía y otras instituciones sociales permiten que uno cene en paz con sus amigos sin tener que dedicarse a otear si se acerca el enemigo. Por ello, junto a "Producción" y "Distribución" aparecen unas letras: J, M, V. La J es la inicial de "Jerarquía" y hace referencia a aquello que se ha producido y a lo que se ha accedido, como la seguridad en nuestra cena, recurriendo a la organización social. La M es la inicial de "Mercado" y se refiere a aquello que ha sido producido para ser vendido y que, como los videos, la comida y la bebida, ha sido comprado. La V, finalmente, la inicial de "Valores" agrupa a todo aquello que, como las flores, la organización de la cena o la conversación que mantendremos, se produce y accede a ello por deseos y apetencias.



Tanto para la producción como para lo que hemos denominado transformación, a la que también se conoce como consumo, se usan activos productivos como puede ser el trabajo cualificado para la producción de videos, los recursos comunes del océano para la obtención del pescado que cenaremos, la tierra el abono y el agua necesario para las flores, la inteligencia y los medios para lograr la apacibilidad...

Esos activos son básicos para el proceso de producción y transformación; pero luego hay otros activos, a los que hemos denominado activos distributivos en el Cuadro II, y que son los esgrimidos por los individuos para acceder a lo producido o transformado.

Para acceder a los videos uno usa activos monetarios y los compra, y para acceder a la protección policial basta con tener la condición de residente legal.

Pero no sólo se tienen activos monetarios y derechos legales. También existen otros activos, a los que llamaremos valorativos, que permiten acceder a bienes elaborados o transformados. Y con ellos disfrutamos de la compañía de nuestros amigos, o, porque tiene esos activos aún sin saberlo, algún niño huérfano de un país lejano y pobre queda apadrinado por un europeo.

El Cuadro I no puede representar el hecho de que un pequeño vaya a la escuela pública, ni que exista un acceso universal a la sanidad, ni que se reinserte a un delincuente, ni que muchas personas puedan dar su vida por sus amores o por su país. El Cuadro I sólo incluye el lenguaje de los precios, que siendo importantísimo en nuestras sociedades, no es el único.

Hay precios, pero también órdenes y persuasiones. Y distinguir unos de otros es básico tanto para poder entender nuestra época, como si queremos saber algo de la elaboración de la joyería púnica.

II.-Órdenes, precios y persuasiones

Si alguien desea algo que no tiene y que otra persona posee, para obtenerlo puede o bien forzarle a entregarlo, o bien comprarlo, o bien conseguir que voluntariamente lo ofrezca. Es decir, le da una orden, le ofrece un precio, o simplemente le persuade.

La mezcla es lo habitual: en nuestro trabajo las tareas que realizamos quedan establecidas mediante órdenes que recibimos o reglamentos que aplicamos. Pero probablemente estemos allí trabajando a cambio de un salario. Y si, por ejemplo, la institución en la que trabajamos fuese una Fundación los objetivos de esta responderían a determinados fines valorativos.

Si desde nuestra ventana vemos que un individuo está descargando un camión de fruta poco sabremos de porqué lo hace a menos que bajemos e indaguemos. Quizá es un soldado que cumple las órdenes recibidas de un superior, o quizá pueda ser alguien al que se le ha pagado una cantidad determinada por descargarlo, o quizá también pueda ser un voluntario que lleva esa fruta a un Centro de Acogida.

La vida cotidiana - la nuestra y la de los demás - está repleta de órdenes, precios y persuasiones que canalizan nuestro tiempo hacia distintas actividades. Y estará bien que comencemos nuestra reflexión tratando de establecer las semejanzas y diferencias que entre ellas existen.

Hay una semejanza leve: órdenes precios y persuasiones son relaciones de cambio. Se cambia el pago de impuestos por la ausencia de una posible multa, se cambia un libro por cierta cantidad de dinero, se cambia una fregada de platos por una sonrisa.

Basados en esa semejanza algunos economistas han dejado de estudiar el mundo concreto de las órdenes y las persuasiones ya que, en el fondo, piensan ellos, son como unos precios.

Cuentan que en un examen de anatomía en la Facultad de Medicina el estudiante se sentaba frente al Tribunal que había de calificarle, y el presidente introducía la mano en un saco que tenía a su lado, sacaba un hueso y preguntaba al estudiante sobre él. Y dicen que un estudiante llegó al examen, se sentó y cuando el presidente, tras la extracción pertinente del saco, le preguntó: "¿Qué es esto?", el alegre estudiante salmantino contestó: "Un hueso". El presidente bonachón replicó: "Ya, hombre ya, pero ¿qué hueso?", y nuestro estudiante respondió: "No, si yo no vengo a por nota".

No nos valdrá a nosotros esa postura, y al menos tendremos que distinguir tres huesos: el hueso órdenes, el hueso precios, y el hueso persuasiones.

Para distinguirlos convenientemente haremos tres preguntas dirigidas a quien obedece la orden, acepta un precio o se convence con una persuasión.


La primera será: ¿está vinculada la aceptación a un premio o castigo?.

Las diferencias inmediatamente aparecen entre los tres huesos. Nadie te premia por pagar impuestos, pero si se te castiga si no lo haces. Frente a la posible compra de una alfombra quedarás contento si lo haces, pero no te sentirás mal por no hacerlo. Si estás persuadido de que debes enviar un donativo a Intermón - Oxfam tendrás una satisfacción si lo haces y un cierto desasosiego si te niegas.

Una orden no queda vinculada a un premio si la cumples, pero sí a un castigo si no lo haces. La aceptación de un precio supone una satisfacción si se realiza la compra pero no hay una molestia asociada a su rechazo. Frente a una persuasión, en cambio, hay siempre un premio en el caso de seguirla y un castigo en el caso de no hacerlo.

Como iremos viendo, el tema que estamos tratando es complejo. La extrema interrelación existente en nuestras vidas entre los elementos jerárquicos, los valorativos y los de mercado hace que tengamos que usar frecuentemente la palabra "fundamental" para poder distinguir los distintos conceptos.

Hemos puesto por ejemplo de orden el pago de impuestos señalando que nadie te premiará si lo haces pero si se te castigará en el caso de no hacerlo. Si embargo es posible que esta orden tenga un componente valorativo. Quizá una campaña de publicidad por parte del Ministerio de Hacienda, o la moralidad privada resultante de una vida, lleve a pensar que está bien pagar impuestos.

Así el pago queda también asociado a la satisfacción del nivel cumplido y la orden se asemeja a una persuasión. Y de seguir por ese camino nos encontraremos con que sólo hay un hueso. Por eso usamos la palabra "fundamental". El pago de impuestos responde fundamentalmente a una orden, es decir si esta orden no existiera probablemente el sistema impositivo se derrumbaría.


La segunda pregunta que haremos para poder distinguir órdenes de precios y persuasiones será: ¿El emisor tiene una importancia abstracta o concreta?

Si estás en el ejército como soldado y alguien se dirige a ti para indicarte que realices una tarea concreta no te fijas a la hora de obedecer si es hombre o mujer, gordo o delgado, simpático o repelente; únicamente miras los galones o estrellas que luce y obras en consecuencia. El emisor de una orden, fundamentalmente, no tiene ninguna importancia concreta aunque sí abstracta. Se le obedece no por la persona en sí, sino por la autoridad que representa.

Y ninguna importancia tiene el emisor de un precio - otra vez fundamentalmente - ni abstracta ni concreta. Puedes despreciar o adorar los grandes almacenes y abominar o admirar a un vendedor concreto y su uniforme, pero para realizar la compra examinarás fundamentalmente la relación existente entre el precio que te proponen y el objeto de deseo.

Otra cosa muy distintas sucede con la aceptación de la persuasión valorativa en el que la importancia concreta del emisor - y pensemos que ese emisor es en buena parte de los casos uno mismo - es definitiva. Te da igual de que se disfrace, o que ropajes lleve o que poder ostente tu amigo. Le haces caso por ser él en concreto.

Así en el caso de las órdenes el emisor tiene, fundamentalmente, una importancia abstracta y no concreta, en el caso de los precios el emisor carece de importancia, y en el caso de las persuasiones valorativas la importancia es únicamente concreta.

Tabla I





Órdenes

Precios

Persuasiones

Vinculación inmediata

entre la actividad y...










Premio

NO

SI

SI

Castigo

SI

NO

SI

Importancia del emisor










Abstracta

SI

NO

NO

Concreta

NO

NO

SI

Voluntad de participación










General

SI

SI

NO

Específica

NO

SI

SI
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