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Enrique Soro / Revista Musical Chilena

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En 1906 Enrique Soro fue designado profesor de armonia y contrapunto del Conservatorio Nacional de Musica y, al ano siguiente, en reconocimien­to de sus meritos y condiciones como profesor y musico, se le nombre Sub-director del plantel. Entre 1919 y 1928 ocupe el cargo de Director del Con­servatorio Nacional y profesor de piano y composici6n.

Durante dos decadas toda su actividad se concentre en este centro de es­tudios superiores de musica. Los conciertos que organize para alumnos y publico en general contribuyeron a divulgar los grandes valores de la mu­sica: Haydn en 1913; Bach en 1914; Wagner en 1915; Saint-Saens en 1916; Mozart en 1917, culminando en 1920 con la ejecuci6n de las nueve Sinfonias de Beethoven ejecutadas por la orquesta organizada y dirigida por Nino Marcelli, discipulo de Soro 16.

Frecuentes fueron sus viajes al extranjero: en 1912 a Lima para dirigir su Himno de los Estudiantes Americanos, premiado en el Concurso Internacio­nal convocado por esa ciudad; a fines de 1915 viaj6 a Estados Unidos para representar al Ateneo de Santiago en el Congreso Cientifico Panarnericano en Washington. Alli dirigie su Himno Panamericano, premiado en 1908, con resultados que superaron toda expectativa. En la Casa Blanca, en el Car­negie Hall y en salones privados dio recitales que incluyeron el Andante Ap­passionato y la Sonata en Do sostenido menor, entre otras. La critica perio­distica fue un£nime al calificarlo como 6ptimo pianista y compositor. "The New York Times" estime que ann cuando aparentemente su musica refle­jaba su formaci6n europea, estaba muy bien construida, era interesante, me-Modica y arm6nicamente, y poseia una concepci6n formal siempre 16gica y clara 11. A su paso por Nueva York acepte un contrato por cincuenta anos con Schirmer, selectiva y exigente firma editora de musica 18. Grabb, ade­m£s, siete rollos matrices para la Aeolian Company, casa constructora de autopianos mec£nicos, y discos para la Columbia Gramophone Company.

En 1917, 1938 y 1940 realize giras de conciertos por Argentina. En 1922 viaj6 a Europa por etapas, comisionado por el Gobierno chileno, para estu­diar la organizaci6n de los Conservatorios de Musica: Mexico, Cuba, Es­tados Unidos, Espana, Italia, Francia, Suiza y Alemania. En Dada uno de

16 Este ultimo fue nombrado en 1919 Subdirector del Conservatorio Nacional de Musica.

16 En 1940 era director de la Orquesta de San Diego, California.

17 The New York Times, "Composer plays his works", New York, 25 de marzo, 1916. is A la fecha de este contrato algunas de sus obras habian sido ya editadas en Milan por Fantuzzi, desde 1899, por Bognani, desde 1903 y por Ricordi, desde 1908.



estos pafses obtuvo exitos resonantes. En Estados Unidos cumpli6 los con­tratos que tenia con la casa de discos "Columbia" de Filadelfia y con la edi­tora Schirmer. En Madrid se present6 en el penultimo concierto de abono de la Sinf6nica National dirigiendo el Allegro de la Sinfonia Romhntica. "El Impartial", diario madrileiio, coment6: "El autor que es adem6s un director de orquesta excelente y expresivo, fue calurosamente aplaudido..." 19. En Italia, la casa Ricordi "enriqueci6 sus repertories con algunas de las ultimas obras del maestro" 20 y fue amablemente acogido por Mascagni y Puccini. En Paris conoci6 a Raveaux, director del Conservatorio, hizo amistad con Casals y Ravel, recibi6 elogios de D'Tndy y Buzzoni, y la casa editora "Evette et Schaeffer" solicit6 sus obras. En Berlin fue objeto de una estimu­lante critica del music6logo frances Bruno Schroder, en "Allgemeine Musi­calische Zeitung''21, a rafz de sus actuaciones con la orquesta Filarm6nica dirigida por Hagel, en las que ejecut6 el Concierto en Re Mayor para pia-no y la Sinfonia Rom intica.
Revista Musical Chilena / Raquel Busies V.

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En 1929 interpret6 su Concierto en Re Mayor para piano en los Festiva­les Sinf6nicos Iberoamericanos, organizado por la Diputaci6n Provincial de Barcelona 22, obteniendo el Gran Premio y Medalla de Oro; ofreci6 tambien un recital de piano en el Teatro del Pabell6n de Chile en Sevilla, y tuvo la oportunidad de ejecutar, junto a Pablo Casals, su Sonata para violoncello y piano, dedicada al notable cellista. Reproducimos uno de los tantos co­mentarios de prensa: "El entusiasmo del publico se voice) en aclamaciones y la severa critica barcelonesa, cuya reputaci6n es sabida, le dedic6 elogios de los que no suele prodigar..." 23.

Los afios 1918 y 1919 son relevantes en la vida del maestro Soro. En 1918 triunfa en el Teatro Municipal de Santiago con el Gran Concierto en Re Mayor para piano y orquesta 24, obra que le valiera el homenaje mils entu­siasta del publico y, come ya hemos podido apreciar, un resonante exito en el extranjero. En 1919 estrena la Suite Sinf6nica N° 2, desarrollada sobre un poema del autor y ofrece importantes audiciones de musica de camara "genero casi desconocido en Chile, y cultivado con esmero por los mss grandes compositores de musica en el mundo" 25. Sin embargo, y tal Como lo antici‑

16 M. M. "Los Conciertos de la Orquesta SinfOnica de Madrid", El Impartial, Madrid,

19 de abril, 1923.

20 A. A., "Enrique Soro", Musica D'Oggi, Rassegna di vita e dicolture musicale, Milde octubre, 1923.

21 Gaceta fundada por Robert Schumann.

22 Participaron, ademas, los compositores chilenos Carlos Lavin con Tres Cantos arau­canos y Pedro Humberto Allende con el poema sinfonico La eoz de las tales.

23 Anonimo, "El concierto del eminente compositor ohileno Enrique Soro", El Liberal, Sevilla, 24 de octubre, 1929.



24 En este esteem nacional actu6 comp solista el pianista Osvaldo Rojo.

25 P. R., "El Gran Concierto Soro", Zig-Zag, Santiago, 21 de junio, 1919.



paramos al comienzo de esta biografia, 1921 es el aiio mks trascendental, cuando estrena la Sinfonia Romdntica, "obra que ha tardado tres alms en escribirse, constituye una gloria musical nuestra, ya que es 'la primera sin­fonia escrita en Chile y creo que en America" (sic) 26. Carlos Silva VildG-sola relata que la obra de Soro "produjo en la concurrencia, brillante y nu­merosa, que llenaba la sala, un efecto esplendido, y ha sido juzgada por los entendidos como una muestra del talento, la inspiration elevada y la cien­cia musical del artista chileno"2i.
Enrique Soro / Revista Musical Chilena

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Esta obra proyecto y prestigio por anos el nombre de Soro y de Chile en los paises extranjeros. Un semanario recuerda que las "radiodifusoras de Nueva York y de todas las capitales europeas y del Jap6n transmitian a gran orquesta sus producciones" 28.

Alejado del Conservatorio National de Musica en 1928, el maestro se de-dice a la docencia privada a alumnos muy seleccionados y prosiguio su la­bor come compositor enviando sus obras directamente a Schirmer. De este periodo destacan Cuatro Valses Pateticos, para piano, de 1938, y obras para piano dedicadas a sus hijos, como Recordando la Ninez.

A partir de 1930 su actividad musical se redujo mayoritariamente a los conciertos ofrecidos por la Sociedad de Compositores Chilenos, de la que fue Vicepresidente, y a los conciertos Sinfbnicos de Ias Temporadas Oficia­les.

En 1940 el Ministerio de Education y la Municipalidad de Santiago le rindieron merecido homenaje al cumplir cincuenta afios como compositor y en 1943 fue honrado con el Premio National de Arte, lo que le significe amplio reconocimiento publico y la edition en homenaje suyo del N9 30 de la Revista Musical Chilena de aquel ano.

Dos obras sinfonicas cierran su vida productiva: Tres Aires Chilenos y la Suite en Estilo Antiguo. El compositor Alfonso Leng dijo de esta tiltima: "En la mtisica de Soro existe siempre un autentico lenguaje que pue­da o no gustar por razones de tendencia estetica, pero que tiene Ias cuali­dades permanentes de espontaneidad y musicalidad, con un sello personal inconfundible que lo ha hecho triunfar en todo el mundo" 29.

Hemos dejado para el final su vida privada. Su principal apoyo en lo es­piritual y afectivo fue primero su madre, luego en los anos de juventud, su

Y6 Samuel Fernandez Montalva, "La sinfonia romantica de Soro", El Diana Ilustrado, Santiago, 6 de mayo, 1929.

27 Carlos Silva Vild6sola, "Concierto sinf6nico de Soro", El Mercurio, Santiago, 7 de mayo, 1921.

2s Enrique Soro, "El nombre de Chile en Ios paises extranjeros", Zig-Zag, N9 1.844, Santiago, 25 de julio, 1940.

29 Alfonso Leng, "Sobre el Concierto Soro", El Mercurio, Santiago, 31 de mayo, 1943.



hermana y sobrinos. En 1924 cash con Adriana Cardemil Fuenzalida, su in­teligente y tranquila companera hasta el 28 de noviembre de 1944. Su muer­te lo destruy6 moral y fisicamente, se alej6 del papel pautado y se refugi6 en sus cuatro hijos, el menor de los cuales, unto var6n, s6lo tenia dos antis. Para un hombre tan human y sensible, esa fue su derrota.
Revista Musical Chilena / Raquel Bustos V.

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Mantuvo hasta su muerte los contactos con la musica a trav6s del Instituto de Investigaciones Musicales y su entonces director, Vicente Salas Viu. Fa­llecido el 3 de diciembre de 1954, sus restos fueron despedidos en una solemne ceremonia realizada en el antiguo Conservatorio Nacional de Musica de calle Compania, rodeado por el carino de sus familiares y amigos. En el camposanto, la Orquesta Sinf6nica de Chile interpret6 el Andante Appassionato.

LA oBRA


El Chile musical del siglo XIX y comienzos del XX —invadido por el lirismo italiano— fue testigo de los esfuerzos esporadicos realizados por particula­res y organismos privados que se esforzaban por dar a conocer en el pals la musica de ciimara y sinf6nica que desde hacia anos se habfa impuesto en Europa. A estos ambiciosos planes, para los cuales no se contaba siquie­ra con el numero de mtisicos profesionales suficientes para formar una or­questa sinf6nica, se unieron otros mas ambiciosos, promovidos por los corn­positores chilenos que ansiaban la consolidaci6n de un lenguaje musical nacional que trascendiera mras allfi de nuestras fronteras. Concretar estas aspiraciones fue trabajo duro. El publico solicitaba formas livianas, ligeras. No obstante, los estrenos de las obras de los grandes maestros europeos des­pertaron la curiosidad, pero fue necesaria una verdadera campana de ins­trucci6n desde la prensa escrita. Mayor esfuerzo aim bubo de desplegarse ante el estreno de cualquier obra de c&mara chilena.

Carlos Silva Cruz escribla en 1919 que el genero de camara "constituia las delicias del publico inteligente en todos los paises cultos", y agregaba que "el gusto por ella podia ser considerado como term6metro que marcaba fiel y exactamente el grado a que alcanzaba la comprensi6n musical de un pue­blo". Terminaba diciendo que cuando en ese pueblo se habfa cultivado con seriedad esa elevada rama del arte, ello era un "sign evidente del avance de la evoluci6n estetica y la coronaci6n y cima del progreso espiritual"S0.

Cinco anos m's tarde, Silva Cruz debia volver a repetir estos conceptos a raiz del estreno del Trio en Sol menor, de Soro. Insistia en que el "am‑

Carlos Silva Cruz, "La musica de c~mara", El Mercurio, Santiago, 23 de junio, 1919.

biente estaba maduro solo cuando todo el mundo sabia lo que significaba un sonata, lo que valia un trio y los puntos que calzaba una sinfonia"al.
Enrique Soro / Revista Musical Chilena

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Dentro de este panorama, la ubicaciOn de Enrique Soro fue la que le senalO su calidad de hombre honesto, abierto, sincero. Su obra fue escrita para todos, sin discriminar entre eruditos y legos, pues bien sabia e1 que la supervivencia de la obra de arte depende del use e interpretation que de ella haga el ser humano. Sus obras de cumara y sinfonicas son para los en­tendidos, para los demits creO canciones, valses, himnos. Jacobo NazarO (seudOnimo) escribia en un diario de Concepcion: "...su obra corriente (porque ha hecho musica para el grueso publico), lo ha hecho traicionar lamentablemente su estOtica.. •" a2. No obstante, ecuuntos a partir de esta musica "corriente" escrita por Soro se acercaron, comprendieron o comen­zaron a entender la musica chilena o universal?

Esta atenciOn y solicitud hacia el medio, sumadas a sus grandes condi­ciones de pianista, que confirman las criticas nacionales y extranjeras, deter­minaron su inclination por la composiciOn de obras para piano. En su exten­so catalogo se contabilizaron, segun nuestro registro, 164 exclusivamente para piano, contra 39 de ciimara, 49 para canto v coro y 14 obras sinfO-nicas. Es evidente su reverencia incondicional hacia este instrumento que utiliza en toda la extension de su teclado y en la amplia gama de combina­ciones armOnicas y contrapuntisticas. Como pianista eximio, agrega a las composiciones dificultades tecnicas que exigen a sus interpretes superaciOn, dominio armOnico y, sobre todo, un gran sentido melOdico.

Si bien Soro incursionO con gran exito en la musica sinfonica, no lo conside­ramos realizado en el manejo de los grupos instrumentales, lo que bien puede deberse a su dualismo de pianista-compositor. Las crOnicas de la Opoca alu­den a este aspecto, recalcando las reminiscencias sonoras de compositores como Schumann, Grieg, Mendelssohn, Debussy, Franck y principalmente Wagner, de quien fue ferviente admirador y al que eonsiderO el miisico mas completo as.

Es innegable, adem&s, que el compositor se inclinO por el gusto popular imperante, deslizaandose por el terreno de los recursos propios de la Opera italiana a'. Las "ruidosas ovaciones y peticiones de repetition" que premia­ban las versiones orquestales del Andante Appassionato y la Danza Fantds‑

sr Carlos Silva Cruz, "Concierto Soro, El Trio en Sol menor", El Mercurio, Santiago, 0 de mayo, 1924.



s2 Jacobo Nazare (seud6nimo), "Soro en Concepcion", El Sur, Concepcion, 20 de ene­ro, 1919.

ss Opinion recogida en entrevista de prensa concedida al Universal artifice, Mexico, 21 de Julio, 1922.



sa Vease Sinfonia Romdntica, pp. 128-135, MS.

tica comprueban, como comenta un articulista en 1915, que su instrumen­taci6n lograba efectos magnificos 35. Mayor cautela demostraron algunos es­pecialistas, valga el ejemplo de don Samuel Fernandez Montalva, al que aludiremos con frecuencia. En una "carta abierta" dirigida a Soro y publi­eada en un diario de Valparaiso, dice: "...los instrumentos no conversan amigablemente antra si y de repente me pareci6 sentir frases inesperadas que chocaron a mis oidos En otro parrafo agrega: "Recuerde que una or­questa como la que Ud. nos present6... permite al autor dos o tres melodias distintas que, combinadas con mano maestra... atraen al auditorio y no lo fatigan con repeticiones imposibles de evitar" sa. Estas opiniones correspon­dieron a la ejecuci6n de la Suite Sinfdnica N9 2, tipica de la musica progra­matica de Soro.
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Sin duda Fernandez Montalva hace referencia a la recargada simulta­neidad instrumental y a los poco habituales desmembramientos sonoros de las frases, cuando ascribe: "El Nocturno, primera parte de la Suite Sinf6nica, comienza con un motivo iniciado por el oboe y clarinete de fuerza suficiente para triunfar desde el primer momenta. Este tema, correcto y discreto, pasa a los cornos y luego a las trombas con sordina para finalizar en los arcos. La frase esta bien hasta aqui, pero luego, al internarse de nuevo en los metales y maderas, decae un tanto la intenci6n fresca y suave con que se inicia. . ."37.

Estas palabras anticipan nuestra apreciaci6n de que las lineas mel6dicas de las obras pianisticas, en su transcripci6n para grupos orquestales perdie­ron esa espontaneidad original, su intenci6n y concepci6n primeras. Un ejemplo es la versi6n para orquesta del Andante Appassionato, de 1916.

El compromiso musical de Soro con el medio distO mucho de restringirse a las situaciones antes planteadas. Dos cr6nicas firmadas por el compositor y publicadas por la Revista "Zig-Zag" en 1918 y 1919, nos indican que tenia un conocimiento cabal de las circunstancias y de las limitaciones que aque­jaban al quehacer musical chileno. Es asi coma en- 1918 hace referencia a la importancia que han tenido en el ambiente los conciertos organizados por las embajadas extranjeras que no incluyen "...obras vulgares y de dudoso gusto... sino que las obras mss admirables que ha podido concebir el alma humane", to que ha permitido elevar la mediocridad ambiente. En 1919

35 Querubis (seudoninro), "El Concierto Sore", Las Ultimas Noticias, Santiago, 21 de julio, 1915.

36 Carta fechada el 30 de -Mayo, 1919, publicada ese aiio en La Union, Valparaiso, 1919.

37 Fernandez Montalva, en ibid.



38 Enrique Soro, "El ano musical Ziz-Zag, Santiago, 1918. Ese ano se eiecutaron obras de Mendelssohn, Chopin, Liszt, Saint-Saens, Debussy y Lang y nos visitaron la Pavlova y Arthur Rubinstein.

Soro concluye su cr6nica con las siguientes palabras: "...En resumen, puedo asegurar que el cultivo de la musica va tomando de dfa en dia, en nuestro pals, mayor incremento y es de esperar que en el afro venidero nuestros artistas nacionales y extranjeros desarrollen su mhs amplio programa de trabajo, dedicando especial atenci6n a los conciertos sinf6nicos que sirven para educar, con mayor refinamiento, el gusto por la mhs sublime de las artes" 39. Para fomentar mejor esta superaci6n, Soro escribi6 valiosas obras de chmara y sinf6nieas.
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ESTI O DE SORO: GENERALmADES
El anhlisis de una selecci6n de cuarenta obras y la audici6n de al­gunas grabaciones nos permiti6 establecer que existe un estilo Soro. Este se caracteriza por la permanencia de los elementos formales den­tro de un esquema regular y constante, por el acentuado lirismo de su linea mel6dica y el procedimiento arm6nico trabajado a partir de la armonfa clhsico-romhntica. Este ultimo elemento, la armonfa, experimenta cambios que comprometen al ritmo y muy principalmente a la melodia. Bashndonos en estos cambios, establecimos dos periodos estilisticos: el de Formaci6n, hasta 1911, el de Madurez, entre 1911 y 1952, el que incluye un subperfodo de Experimentaci6n.

El ano 1911 es demarcatorio de esta division porque, obras compuestas a partir precisamente de esa fecha, como el Quinteto en Si menor y la Sonata N9 1 en Do sostenido menor, incluyen elementos que las diferencian de las compuestas antes de 1911, y que corresponden, sin duda alguna, a la conso­lidaci6n de su estilo.

Algunas compositions, como la Suite en Estilo Antiguo, escrita en 1943, escapan a esta divisi6n cronol6gica. Como su nombre lo indica, la Suite es una obra en la que se imita una serie de danzas de los siglos XVII y XVIII y su catheter mismo implica una vuelta a los procedimientos del primer periodo. Esta obra es una recreaci6n estilistica en la que Soro demuestra, como to hemos comprobado, una perfecta asimilaci6n del catheter de cada una de estas danzas.

Dos especialistas, muy cautelosos en lo que a fechas se refiere, han plan­teado la division cronol6gica del estilo de Soro. Daniel Quiroga, en su estudio sobre la "Musica de Camara de Soro", identifica su estilo en las primeras obras, lo considera "plasmado" ya en el Cuarteto y "maduro" en la Sonata
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