Tutora: María Alejandra Gutiérrez Galo Autora



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Fases de la rehabilitación

Para Florit Robles en “La rehabilitación psicosocial de pacientes con esquizofrenia crónica” describe diferentes fases que se dan en lo que es el proceso de la Rehabilitación Psicosocial. Éstas no deben ser consideradas como estadios lineales, debido a que en ocasiones se superponen o hay que ir de adelante a atrás en el proceso e inclusive saltar alguna de las fases. Las mismas son la acogida, evaluación, establecimiento de un plan individualizado de rehabilitación, intervención propiamente dicha y seguimiento.

  • Fase de Acogida: la persona suele enfrentarse a una situación novedosa y por tanto generadora de estrés, cuando comienza un proceso de rehabilitación psicosocial. Es muy variable el tiempo que debe durar dicha fase, debido a la situación de cada persona. No existe una única forma de efectuar la acogida debiendo flexibilizarse en función de las siguientes variables:

  • De acuerdo al grado de voluntad del sujeto y su creencia en la eficacia de emprender dicho proceso de rehabilitación.

  • Según la capacidad cognitiva para entender una situación novedosa y sus implicaciones, así como la capacidad legal de la persona.

  • Nivel de implicación de su familia y entorno específicamente.

  • Grado de gravedad y cronicidad de la enfermedad.

  • Nivel de autonomía en la vida diaria. En este ítem es pertinente citar lo descripto en la guía práctica clinica (2009), la misma divide las actividades de la vida diaria (AVD) en dos modalidades; las básicas (orientadas hacia los cuidados del propio cuerpo: higiene personal, alimentación, vestido, movilidad funcional, cuidado de ayudas técnicas, descanso y sueño); y las instrumentales (orientadas hacia la interacción con el medio: cuidado de otras personas o de animales, uso de sistemas de comunicación, movilidad en la comunidad, administración financiera, mantenimiento y cuidado de la salud, mantenimiento y limpieza del hogar, preparación de la comida, hacer la compra, procedimientos de seguridad y respuestas de emergencia)

  • Aprobación de las relaciones sociales y acercamiento con otras personas con enfermedad mental grave y crónica.

Con lo antes dicho lo que se busca es que al que final del proceso el sujeto y su familia comprendan qué se pretende, tratando así que sus expectativas se ajusten en cuanto a, qué se puede solicitar al proceso de rehabilitación y qué aspectos no dependen directamente de éste, lográndose de este modo cierto compromiso y motivación por parte de la persona con enfermedad mental, iniciando el control desde el individuo sobre su propio proceso de rehabilitación. Por parte del recurso rehabilitador, se procura conocer las necesidades iniciales, así como comenzar con la individualización y adaptación de la evaluación a dichas necesidades, y recursos de la persona y de su entorno. Siendo necesario conocer de antemano la historia del tratamiento de la persona. En este momento se inicia la necesaria coordinación interinstitucional (Florit, Fernández y Morante, 1998).

  • Fase de Evaluación: Luego que se logra el compromiso, un cierto nivel de motivación hacia su proceso rehabilitador y alcanzada la adaptación del recurso a las necesidades del usuario, se da comienzo a la fase de evaluación. Aunque éste proceso se realice de forma interdisciplinar por todo el equipo, un profesional debe ser quien guie dicha evaluación y quien se responsabilice de todo el proceso. El instrumento más adecuado sería la observación natural y la entrevista semiestructurada, completando la información así a través de la implementación de pruebas conductuales, cuestionarios y tests validados; ya que son útiles para comparar intervenciones o servicios así como para valorar y profundizar en áreas muy concretas del funcionamiento de la persona o de su entorno. Siendo al mismo tiempo de gran importancia recoger datos de diversas fuentes (el propio usuario, distintos familiares y profesionales, etc.) así como en múltiples contextos. El protocolo de evaluación dependerá del tipo de servicio que se trate: residencial, laboral, psicosocial o de soporte. Es fundamental en abordajes interdisciplinarios que los/las profesionales coordinen las áreas a evaluar y quienes lo harán para evitar duplicidades.

Posibles áreas a valorar:

  1. Objetivos de la derivación y expectativas del usuario/a y su familia respecto al centro (se le agregará a la información ya recabada en fase anterior)

  2. Datos biográficos y clínicos en los que se incluye: antecedentes psiquiátricos familiares, rendimiento en escolarización, en el trabajo, con la pareja o relaciones interpersonales etc. y en cada una de ellas cómo fue el ajuste personal y social, inicio de la enfermedad (primer brote esquizofrénico), la edad de inicio y circunstancias precipitantes, respuesta de la familia y del entorno, evolución de la enfermedad, cantidad de ingresos y gravedad.

  3. Aspectos relacionados con la enfermedad y su tratamiento: enfermedad actual, su sintomatología positiva y negativa, pautas farmacológicas. Conciencia de enfermedad, factores de riesgo y protección en crisis, manejo de recursos sanitarios, tratamiento farmacológico,

  4. Área de competencia personal, afrontamiento y el manejo de los estados emocionales: se evalúan 3 grandes estados: ansiedad, disforia e ira. Así como también evaluar su autocontrol y también ver si tiene una autoestima adecuada que sirva de apoyo al tratamiento.

  5. Funcionamiento cognitivo: funcionamiento diario, teniendo en cuenta la memoria, atención, orientación temporo-espacial y otras capacidades como la escritura y escritura.

  6. Actividades de la vida diaria y de auto- mantenimiento: Higiene personal y vestido, hábitos de salud, comunicación funcional (el manejo de instrumentos para la comunicación como el ordenador, Internet, teléfonos, etc.), e integración comunitaria (capacidad del individuo para usar los diferentes recursos comunitarios existentes en su zona, el manejo del transporte y muy especialmente el administración de su dinero.

  7. Actividades Productivas: -manejo del hogar se busca ver la percepción de necesidad del sujeto a la hora de desempeñar tareas domésticas y qué grado de autonomía posee, también se deberá evaluar la capacidad para prevenir accidentes domésticos. El cuidado el otro, es necesario indagar la orientación sociocultural para saber el nivel de conocimientos que tiene sobre temas de actualidad y motivación para estar informado/a.

  8. Actividades de ocio y tiempo libre: son necesarias de ser indagadas ya que nos remiten a sus intereses pasados, presentes y futuros. Es necesario recabar información sobre actividades individuales y grupales, frecuencia de dichas actividades, dónde las realiza, el grado de gratificación, etc.

  9. La psicomotricidad: evaluar su esquema corporal funcional, motricidad, orientación espacio-temporal, etc.

  10. Área social donde se valorarán los siguientes aspectos: la competencia social entendiéndose todo el análisis de la conducta social, la capacidad para interpretar y analizar diferentes situaciones sociales, cómo se comunica, el manejo emocional, etc. Se busca en esta área poder visualizar la red social con la que cuenta el sujeto y la calidad de la misma. El núcleo familiar es de gran importancia ya que se analizará el estilo comunicacional y relacional, la capacidad para resolver conflictos, toma de decisiones, cómo y cuánto saben del diagnóstico y cómo se llevan con esa realidad, qué grado de implicancia tienen, etc.




  • Fase de establecimiento del Plan Individualizado de Rehabilitación (PIR): La evaluación permite identificar no solo el déficit que habrá que disminuir, sino también aquellas fortalezas en las que se puede basar la intervención futura. Con todo ello se fijan los objetivos de la intervención, los cuales han de consensuarse con el usuario y, si es posible y procede, con la familia. Un buen plan de rehabilitación debe contemplar las siguientes partes: objetivos propuestos, metodología a seguir, profesionales responsables del seguimiento de cada uno de los objetivos y temporalización.

En relación a lo antes dicho es pertinte citar lo definido en la Guía de Práctica Clínica sobre la esquizofrenia y el trastorno psicótico sobre la elaboración de un plan de tratamiento para un paciente con esquizofrenia o trastorno psicótico incipiente donde habría que tener en presente cuestiones longitudinales, como el curso clínico y la frecuencia, gravedad, tratamientos y consecuencias de los episodios anteriores y cuestiones transversales, por ejemplo, el estado clínico actual. Se debe intentar involucrar en el plan de tratamiento al paciente y a la familia en una colaboración activa, mediante un planteamiento integrado de las intervenciones farmacológicas y de las intervenciones psicosociales apropiadas. Luego que se ha evaluado el diagnóstico y las circunstancias clínicas y psicosociales del paciente, hay que desarrollar y aplicar un plan de tratamiento específico. Este proceso implica elegir las modalidades terapéuticas, el tipo de tratamiento/os específicos y su contexto. En relación a la gravedad de la situación clínica y debido a que en ocasiones la información sobre los antecedentes del paciente y la evaluación clínica se obtienen de forma progresiva, es posible que el proceso deba repetirse y modificarse mientras dure la relación entre el paciente y el médico. “Trabajar con los pacientes para que aprendan a reconocer los síntomas precoces de la recaída evita una agudización completa de la enfermedad. Informar a la familia acerca de las características de la enfermedad y enseñarles estrategias para afrontarla puede reducir las recaídas y aumentar de forma notable la calidad de vida del paciente.”




  • Fase de intervención: Varía entre un sujeto y otro de manera muy significativa en cuanto al proceso a seguir, su duración y en función del Plan Individualizado de Rehabilitación que se ha fijado. Un profesional de referencia debe acompañar al usuario durante toda esta fase, manteniéndolo implicado e informado en su proceso terapéutico, no dejando de lado el Plan Individualizado de Rehabilitación fijado con él. El equipo rehabilitador jamás debe perder de vista el fin, el cual es mejorar la calidad de vida del sujeto, por ende debe ser altamente creativo en el tipo de intervenciones que se ofertan a cada individuo, alejándose de programas altamente estructurados o paquetes de intervención predefinidos y listos para ser usados. Esta fase se asienta en cuatro pilares que son las tutorías, apoyo familiar, programas de rehabilitación y programas abiertos.




  • Fase de seguimiento: Es la última fase del proceso una vez cumplido los objetivos. Es el momento de prepararse para comenzar el “desenganche” nos dice A Florit- Robles con el centro y los profesionales. Debe ser cuidadosamente planificado por los efectos que podría causar en los usuarios/as. Es fundamental la búsqueda de la mayor autonomía de la persona y no la dependencia de por vida en estos programas de rehabilitación. Es un desafío para cualquier usuario/a pero no siempre es posible lograrlo por tanto a veces se hace necesario la asistencia a centros diurnos o programas abiertos, etc.


Capital humano: profesionales y su labor en la comunidad terapéutica

“Cualquier organización está formada por un conjunto de personas que, utilizando medios y recursos de muy distinto tipo, van a realizar una serie de actividades dirigidas a conseguir un objetivo común” (Pereda y Berrocal, 2001). (Modelo de Centro de Rehabilitación Psicosocial 2007 (p. 119)

El modelo de Centro de Rehabilitación Psicosocial Madrileño (2007) afirma que el principal recurso en rehabilitación psicosocial son las personas, entre estas los profesionales, encargados de activar los recursos necesarios para efectuar los objetivos de integración, normalización y mejora de la calidad de vida. A su vez, es necesario contar con un conjunto de recursos materiales que faciliten las tareas a desarrollarse, posibilitando también actuaciones potentes como forma de aumentar la eficiencia de la intervención. (p. 119)

En la Guía Practica (2009) “Se recomienda que las intervenciones psicosociales sean llevadas a cabo por profesionales que tengan formación específica, experiencia suficiente, cualificación (apoyada por supervisión y acompañamiento técnico), así como disponibilidad y constancia para poder mantener un vínculo a largo plazo. Se recomienda implantar en los planes de tratamiento intervenciones psicoeducativas para pacientes y familiares de forma habitual, graduar la transmisión de información en función de las necesidades e inquietudes del paciente y su familia y de la fase de evolución del trastorno en que se encuentre el paciente.”

Para una óptima intervención de los profesionales de salud mental en una comunidad con usuarios que presentan trastornos mentales severos y persistentes, la Asociación Española de Neuropsiquiatría plantea que es necesario articular un sistema de recursos y servicios comunitarios competentes enfocados hacia una atención adecuada e integral. Para ayudar a las personas con TMS en el desarrollo de sus potencialidades, en la cobertura de sus diferentes necesidades, a mantenerse y funcionar en la comunidad del modo más integrado y autónomo posible, evitando que los mismos sean innecesariamente aislados o excluidos de la comunidad es preciso promover y organizar en el ámbito local una red coordinada de servicios, recursos y programas. Para ello son necesarios profesionales comprometidos activamente, que cuenten con la motivación precisa y el estilo de atención flexible que demandan procesos tan complejos y dificultosos como los de rehabilitación, siempre manteniendo una actitud de respeto al enfermo mental como ciudadano de pleno derecho y una confianza o unas expectativas positivas en sus posibilidades y potencialidades de mejora y de integración. Por ende los profesionales son una pieza clave en el proceso de rehabilitación.

Marta Rosillo Herrero (2012) expone que es necesario contar con profesionales con actitud asistencial afirmada en valores, teniendo como elemento primordial el respeto al otro. Describe cuatro valores clave que sostienen el proceso de recuperación, el primero es el de orientación hacía la persona, el cual apunta a ver la persona en su totalidad, no solo el problema, otro valor se asienta en el implicar a la persona en su proceso terapéutico y de cambio, fomentando así la toma de responsabilidades, el sentido de empoderamiento y de identidad propia; la autodeterminación como un tercer valor, donde se colabora y ayuda a la persona a retomar el significado de su vida; por último la esperanza, valor que busca que el usuario asuma el control sobre su propia vida, reconociendo y potenciando los cambios positivos. Una de las prioridades principales es brindar el apoyo necesario para que las personas logren recuperar sus vidas y desarrollar al máximo sus propias capacidades como individuos y como ciudadanos y ciudadanas.

Antes de finalizar con lo que concierne al labor de los profesionales en el proceso de rehabilitación es fundamental poder dar cuenta del rol del psicólogo en dicho proceso, tal como lo describe el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte (Madrid 2007) en el documento “modelo de centro de rehabilitación psicosocial”, el psicólogo tiene como responsabilidad el evaluar, diseñar los planes individualizados de rehabilitación, llevando a cabo la intervención no solo en el centro sino que también en el ambiente natural del usuario, tutorizar a los usuarios derivados, es el responsable y encargado del diseño, desarrollo y de que se lleven a cabo los diversos programas, talleres y actividades de entrenamiento, evaluando los diferentes programas de intervención, debe desarrollar también proyectos de investigación y docencia sobre aspectos relacionados con la rehabilitación psicosocial, concurrir a las reuniones de coordinación con los distintos servicios de salud mental ,una vez que se lograron alcanzar los objetivo tiene como tarea el supervisar el seguimiento y establecer el momento del alta, etc.

De Castillo directora del centro de rehabilitación psicosocial Sur Palermo en la entrevista realizada expresa, “el psicólogo dentro de una comunidad terapéutica, donde se trabaja en conjunto con un equipo interdisciplinario con distintas profesiones, uno puede aportar su mirada, desempeñando roles múltiples desde la coordinación de grupos, talleres como por ejemplo de plástica, entre otros. Sos como un técnico “multifuncional”, aportando a su vez desde la creatividad. Siempre teniendo en cuenta a la persona desde la singularidad más allá del trabajo grupal, cada persona es única y diferente, lo que probaste en uno no sirve para otro; si sirve para acumular experiencia y enriquecimiento personal.”


La importancia del dispositivo grupal en Rehabilitación

Los tratamientos psicoterapéuticos y las intervenciones rehabilitadoras, pueden desarrollarse tanto a nivel individual como a nivel grupal. Se deberán tener en cuenta el estado y las características del paciente, sus preferencias y los recursos con los cuales disponen los profesionales y el equipo; para seleccionar que tipo de abordaje sería el más pertinente y eficaz. “Los abordajes grupales ofrecen a los pacientes un lugar de intercambio que facilita la libre expresión oral y favorece que puedan hacerse cargo del propio sufrimiento y del de los otros participantes. Permite la instauración de identificaciones multifocales y de vínculos transferenciales con los terapeutas del grupo, vínculos compartidos con los otros miembros del grupo.” (Guía práctica)

Como dice (Lorenzo, 1993) en el libro espacio grupal para pacientes psicóticos en un Centro de Salud Mental, (Vallejo Jiménez 2006). El espacio grupal como aquel lugar facilitador en donde los pacientes esquizofrénicos puedan ser escuchados, permitiéndoles restaurar y rehacer lo fragmentado en la crisis psicótica.

Vallejo (2006) cita a (García Badaracco, 1990), el mismo postula que en el grupo se trata de facilitar las condiciones de desarrollo y crecimiento que han quedado ofuscados en el progreso de su personalidad.

Bauleo (1997) afirma que la crisis psicótica debe ser comprendida en relación con los demás (medio social, familia, entre otros), por tanto el grupo hace posible que la persona pueda pensar en esa crisis y que ha sucedido en sus relaciones vinculares.

Vallejo (2006) señala que el “grupo se constituye en un espacio privilegiado para poder observar e intervenir sobre estas características de la relación de objeto, en un aquí y ahora, con otros que constituyen el mundo externo objetal” (p.333). Espacio asistencial que permite un proceso de identificación, desarrollo, crecimiento y autonomía, facilitando la maduración e individuación de los usuarios; donde no solo hay cabida para los síntomas, los fármacos o los ingresos. Lugar donde la persona por momentos logra salir de la soledad en la que está inmersa, no solo por la dificultad que tiene para comunicarse con un medio que no comprende sus experiencias, que tiende a segregarlo, que le teme; sino que también por su tendencia a aislarse y su intensa sensibilidad a ser rechazado por los otros.

Siguiendo con lo postulado por Vallejo en espacio grupal para pacientes psicóticos en un Centro de Salud Mental (2006), para que el grupo tenga cierta estabilidad es necesario un encuadre como elemento fundamental en la psicoterapia grupal, que incluya en si parámetros de espacio, tiempo, rol y tarea. El espacio debe ser un elemento estable permitiéndole así a los integrantes apropiarse del espacio grupal, aquí se irán desplegando diversos momentos resistenciales, de ausencias, interrupciones, llegadas tardes, salidas a fumar, entre otros, pasando luego a un cambio de conducta, de ser sujetos pasivos, a sujetos activos de su propio proceso de rehabilitación. Poco a poco el espacio grupal va cobrando forma y transformándose en un lugar donde pueden manifestar la angustia, el dolor y el sufrimiento, sintiéndose entendidos por los compañeros del grupo y los terapeutas coordinadores. El sentimiento de pertenencia y de apropiación de dicho espacio permite al sujeto ser el único protagonista de su propia historia. La Tarea, aquí se establece la finalidad u objetivo del grupo, no existe grupo sin tarea, siendo esta la que constituye al grupo. Cada uno de los miembros irán poniendo en juego sus diversas fantasías, trayendo expectativas de que sea el profesional u/o el equipo de trabajo quienes curen su enfermedad o tengan la explicación de lo que les pasa. Colocando al profesional como aquel que debe hacerse cargo de la tarea, situándose así como sujetos pasivos y dependientes. (Bion, 1987) dice que “la no respuesta inmediata por parte del terapeuta a estas expectativas dependientes e idealizadas genera ansiedad y cierta inseguridad.” El funcionamiento grupal posibilita la planificación de una tarea construida y compartida en un proceso lineal por dichos miembros. Se asume como tarea el poder hablar acerca de la enfermedad, de sus dificultades vinculares, de los diversos conflictos que se manifiestan en su vida cotidiana, así como también sobre sus nuevos proyectos vitales.

Por ultimo Vallejo (2006) afirma que “la psicoterapia de grupo es una modalidad terapéutica, que se muestra efectiva, como ya hemos descrito, para que estos pacientes cuenten con un espacio que les facilite descentrarse del rol de enfermos (enfermedad estigmatizada), y les procure recursos para ser más activos y protagonistas en su proceso terapéutico.” (p. 342). El grupo como dispositivo grupal, como un espacio institucionalizado que incluye una oferta terapéutica, con el fin de lograr dar respuestas asistenciales eficaces a usuarios con patologías psicóticas.



4.5 Rehabilitación psicosocial en el Uruguay

Del Castillo, Villar y Dogmanas (2011) señalan que la población asilar ha disminuido progresivamente en los últimos 25 años en nuestro país, debido a la desinstitucionalización de las personas con Trastornos mentales severos y persistentes. El desarrollo del Plan Nacional de Salud Mental (1986), la humanización de los tratamientos, la descentralización de los servicios asistenciales, la creación y desarrollo de la Red de Salud Mental y la mejora de los tratamientos psicofarmacológicos han contribuido de alguna manera a superar el modelo asilar y asegurar la erradicación del sistema manicominal. En cuanto a rehabilitación psicosocial en Uruguay, se busca lograr que la persona, como miembro activo de la comunidad logre una mejora en su calidad de vida; para esto, es necesario el desarrollar estrategias integrales desde un enfoque inclusivo y participativo.

Vicente Pardo (2002) expresa también que en los últimos años la rehabilitación psicosocial ha tenido un desarrollo significativo. Se comienzan a crear en la década del 90 nuevos centros de rehabilitación en el ámbito del MSP y del Centro Nacional de Rehabilitación Psíquica, no solo dentro de Montevideo, sino también en el interior del país.

Pardo (2003) describe que dentro de las pautas actuales del tratamiento de los trastornos psicóticos en nuestro país se pone énfasis en los abordajes como; rehabilitación psicosocial, comunidad terapéutica, rehabilitación laboral, terapia de recuperación cognitiva, terapias individuales y de grupo, intervenciones familiares y psicoeducación y alojamiento de apoyo. “Si bien en nuestro país se ha realizado algunos cambios positivos en este aspecto de la asistencia de los pacientes con psicosis, aún no se ha logrado establecer un sistema coordinado que tenga continuidad.” (p. 105).

Es significativo dar cuenta de la Ley 18.651 “Protección integral de personas con discapacidad” implementada en nuestro país en el año 2010 , citando específicamente el Artículo 1°, que “Establécese un sistema de protección integral a las personas con discapacidad, tendiente a asegurarles su atención médica, su educación, su rehabilitación física, psíquica, social, económica y profesional y su cobertura de seguridad social, así como otorgarle beneficios, las prestaciones y estímulos que permitan neutralizar las desventajas que la discapacidad les provoca y les de oportunidades, mediante su esfuerzo, de desempeñar en la comunidad un rol equivalente al que ejercen las demás personas” (cap. I)

Del Castillo (2011) habla sobre la situación actual de la rehabilitación psicosocial en Uruguay, donde enuncia que el prestador integral de salud cuyos servicios de salud mental poseen mayor grado de integración y articulación en red, es la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). La misma está conformada por diversos dispositivos que prestan servicios en el primer, segundo y tercer nivel de atención 1. Las Colonias Psiquiátricas (Santín Carlos Rossi y Bernardo Etchepare), remanentes de una cultura asistencial de asilos en el Uruguay y donde actualmente se encuentran internadas 821 personas. 2. El Hospital Vilardebó como Hospital de Agudos desarrolla diversos Programas tendientes a la Rehabilitación, entre ellos: Programa de Atención en Crisis (ACRI), Rehabilitación en Sala, Centro Diurno y Psicoeducación, Pasantías remuneradas de Capacitación Laboral en Gastronomía y Tisanería Básica y en Huerta Orgánica (convenio con organizaciones no gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil), Pasantías de reparación y reciclaje de espacios, muebles y materiales del Hospital. 3. Las Unidades de Salud Mental en Hospitales Generales en todo el país. 4. Los Centros Diurnos de Rehabilitación Psicosocial integrados por el Centro Diurno del Hospital Vilardebó, Centro Diurno Sayago y Centro de Rehabilitación de Pando de Montevideo y Área Metropolitana. 5. Los Equipos Comunitarios de Salud Mental (ECSM), 45 en total, distribuidos en 28 en el interior y 17 en la capital del país.



En la guía de intercentros (2011), se plantea que dichos centros de rehabilitación integran una red de recursos socio-sanitarios y sociales pertenecientes a ASSE. Son Centros Diurnos los cuales trabajan en modalidad de Comunidad Terapéutica, formada por personas que tienen un Trastorno Mental Severo y Persistente, que presentan dificultades en su funcionamiento psicosocial y en su integración a la sociedad, sus familias; junto a un equipo técnico interdisciplinario con el objetivo de la Rehabilitación Integral en salud mental. Se ofrecen una variedad de actividades, orientadas al apoyo y soporte social de las personas que concurren al Centro. Las actividades se desarrollan diariamente, las mismas son diversas según cada centro. Los talleres que se despliegan pueden ser, artísticos (taller de música y taller de plástica), formales (taller de entrenamiento cognitivo, taller de habilidades sociales, y taller de economía doméstica), activación (taller de expresión corporal, taller de proyectos, taller de educación para la salud), laborales (taller de cocina, taller de huerta y jardinería), actividades deportivas al aire libre, talleres de literatura, etc.
Del Castillo y Pardo (Paris 2000) “La Comunidad Terapéutica implica en sí misma un compromiso en un construir colectivo, propio a cada equipo comunitario, donde se plasman ideas, fantasías, deseos de usuarios, familiares y técnicos. Los mismos están enmarcados en una estructura que integra objetivos terapéuticos y normas socio-comunitarias, que se van procesando en un quehacer común, a lo largo de la experiencia histórica de la misma. La orientación terapéutica está centrada en la externalización y reinserción socio-activa del usuario.” (p. 2). Se busca que el usuario pueda ir participando, apropiándose del espacio terapéutico de forma activa, logrando un camino hacia una mayor autonomía, para esto es fundamental la creación de un espacio continente apropiado. Por ende se apunta a la rehabilitación desde un marco comunitario, ayudando a que la persona llegue a un conocimiento del sí mismo, a una noción integrada de su vida, que sea capaz de desarrollar la creatividad, de poder aceptar mejor las frustraciones, vincularse de una manera más participativa con su medio ambiente, logrando una mayor conciencia de la realidad externa, de sí mismo y del otro. Se debe tener en cuenta a la persona como un todo (bio-psico-social) en relación con su medio ambiente y a partir de allí trabajar desde un marco comunitario. Trabajando de esta manera en conjunto con la persona, la familia y el grupo, buscando generar un equilibrio entre sus partes “sanas” y “enfermas”.


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