Título de la ponencia Alta Fidelidad: Un ejercicio de sociología de la escucha desde la experiencia musical de los coleccionistas de vinilos Responsable y país: Raúl Alvarez Espinoza – Perú Institución



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Título de la ponencia

Alta Fidelidad: Un ejercicio de sociología de la escucha desde la experiencia musical de los coleccionistas de vinilos

Responsable y país:

Raúl Alvarez Espinoza – Perú

Institución:

Pontificia Universidad Católica del Perú

Resumen:

La presente ponencia tiene dos objetivos. El primero es indagar en el carácter aurático del vinilo, en tanto formato de escucha y forma particular de experiencia musical. Es decir, me propongo identificar los principales argumentos a través de los cuales se le construye como el formato ideal de escucha entre aquellos que se dedican al quehacer del coleccionista y construyen su propio vínculo con la música a través del mismo. En segundo lugar, haré una breve exploración del conjunto de saberes y prácticas incorporados por los coleccionistas en lo que concierne al ‘armado’ del equipo necesario para la escucha; así como los cuidados necesarios para mantener a este y sus vinilos. Para ello, se realizaron una serie de entrevistas semi – estructuradas complementadas con una serie de conversaciones informales a coleccionistas de varias partes de la ciudad a partir de la estrategia de ‘bola de nieve’ durante los meses de noviembre y diciembre del 2013; y mayo y julio de 2015.



Alta Fidelidad1: un ejercicio de sociología de la escucha desde la experiencia musical de los coleccionistas de vinilos

The size, shape, smell, texture and sound of a vinyl record; how do you explain that to a teenager who doesn’t know that it’s a more beautiful experience than a mouse click? You get up off your ass, you grab them by the arm and you take them there. You put the record in their hands. You make them drop the needle on the platter. Then they’ll know.
Jack White, músico y ex frontman de The White Stripes23
Raúl Alvarez Espinoza

Introducción

En una de las tantos memorables pasajes de la novela de Nick Hornby que da nombre a este trabajo, Rob Fleming, el protagonista del relato, reflexiona sobre lo que para él significa el dedicarse a coleccionar vinilos. Citando casi textualmente sus palabras, este señala que existe un complejo mundo detrás; un mundo más agradable, violento, colorido y apasionante, que aquel en el que vive diariamente.

¿En qué consiste esta complejidad? ¿Qué hace tan especial al vinilo frente a otros formatos de escucha musical? ¿Qué hay detrás de la labor del coleccionista? ¿Qué tiene que hacer para disfrutar más y mejor de la música?

Este artículo tiene dos objetivos. El primero es indagar en el carácter aurático del vinilo, en tanto formato de escucha y forma particular de experiencia musical. Es decir, me propongo identificar los principales argumentos a través de los cuales se le construye como el formato ideal de escucha entre aquellos que se dedican al quehacer del coleccionista y construyen su propio vínculo con la música a través del mismo. Así, buscaré reconstruir el ‘régimen de singularidad’4 del vinilo. En segundo lugar, haré una breve exploración del conjunto de saberes y prácticas incorporados por los coleccionistas en lo que concierne al ‘armado’ del equipo necesario para la escucha; así como los cuidados necesarios para mantener a este y sus vinilos. Para ello, se realizaron una serie de entrevistas semi – estructuradas complementadas con una serie de conversaciones informales a coleccionistas de varias partes de la ciudad a partir de la estrategia de ‘bola de nieve’ durante los meses de noviembre y diciembre del 2013; y mayo y julio de 2015.



Hacia una sociología de la escucha

Los estudios que abordan el tema de la afiliación a ciertas prácticas culturales, suelen partir del supuesto de que toda conducta o experiencia individual, puede determinarse a partir de las condiciones sociales de vida de la gente, tales como la clase, el género o la edad.5 De esta forma, se ha procedido a explicar muchísimas prácticas sociales siempre con la ayuda de técnicas estadísticas, claro; para darle mayor ‘validez científica’ y ‘sistematicidad’ a nuestro análisis.

Lo cierto es que la vida social nunca ha sido tan simple y cuando hablamos de ‘gustos’ y ‘pasiones’; es decir, de la dimensión más visceral de nuestra existencia, la sociología queda completamente desarmada al no saber cómo abordar ciertos tipos de vínculos sociales cargados de un contenido emocional y un compromiso personal tan fuertes, que van más allá de nuestras frías predicciones en base a ‘condiciones estructurales’, y modelos teóricos altamente abstractos. Al hacer énfasis en la cuantificación de bienes consumidos, dejamos de lado la manipulación propia del sujeto (Benzecry, 2012:35), o en otras palabras, no llegamos a comprender la forma en cómo uno llega a tejer cierto apego por aquello a lo que se siente afín.

Siendo la música de aquellas cosas que nos mueven tanto; exaltando nuestros corazones y moviendo nuestras fibras más sensibles; es necesario tomar distancia de las explicaciones en base a determinismos externos, para enfocarnos en los gestos, los objetos, los medios, las relaciones y los artificios involucrados en nuestra relación con la ella (Hennion, 2001:1). Esto es lo que Michel De Certeau (1996) y Roger Chartier (1984) llaman un ‘volver a la gente’. Es decir, tomar a aquel micro universo de prácticas y saberes, como dignos de análisis; concibiendo a la música no como un dato, sino como un proceso a explicar6. Así, más que una sociología de la ‘música’, hablamos de una sociología de la ‘escucha’ (Hennion, 2001: 3), entendiendo por ella el conjunto de conocimientos y modos de hacer incorporados y desplegados por los melómanos que les permiten configurar y construir una experiencia musical que a todas luces se presenta como un evento impredecible.7

Sin embargo, hay que tener en cuenta que este conjunto de saberes y prácticas no son autogenerados. No se trata de un proceso enteramente individual, sino que es necesario pertenecer a una red de relaciones, un grupo de soporte que guíe y eduque los conocimientos y la experiencia del coleccionista. Así, tan importante como la presencia de un conjunto de soporte no – sociales como son los vinilos y el equipo de sonido; serán las relaciones que se establezcan con un grupo de pares, los cuales ayudan al coleccionista a ‘trabajar’ su habitus.

En base a lo anterior, y en la línea de los trabajos de Hennion (2002), Hennion & Gomart (1999), DeNora (2000) y Benzecry (2012), propongo aproximarme a la construcción de la experiencia musical de los coleccionistas de vinilos, a partir de una aproximación socio – técnica. Para ello, partiré de lo que Antoine Hennion & Emile Gomart han llamado los ‘dispositivos de pasión’, entendidos como el conjunto de objetos, condiciones y procedimientos que permiten la consecución de cierto estado de cosas.8

En suma, esta es una exploración de una de las tantas ‘pasiones ordinarias’9 que constituyen parte fundamental de la vida de mucha gente, que le sirven como soporte de vida y que constituyen un complejo mundo de refinados conocimientos y minuciosas ‘formas de hacer’ para construir el sentido de realidad de aquellos inmersos en ellos.

El vinilo10: aura y humanización de un formato de escucha musical del pasado en la era de la revolución digital

En su ensayo ‘La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica’, Walter Benjamin denuncia la pérdida del aura del objeto artístico debido al desarrollo de la industria y la producción en serie. Para el crítico marxista, el aura constituye una cualidad intrínseca a la obra de arte, cualidad que la hace única e irrepetible; pero que debido a procesos sociales propios de la sociedad industrial, terminan quitándole su valor cuasi – sagrado, volviéndola un bien de consumo masivo.

Ahora, cuando se habla del vinilo, se le caracteriza como un objeto altamente especial, llegando a tejerse una suerte de mística en torno a él, volviéndose un objeto de culto. Sin embargo, al estar inserto dentro de la lógica de la industria musical, y por ende, ser una mercancía cuya producción y circulación se dan por criterios de masividad y ganancia ¿Cómo es que parece no haber perdido su aura, incluso llegando al punto de ganar cada vez más seguidores, como indican recientes estudios? ¿De qué manera un formato tan costoso ha podido sobrevivir a un contexto que apuesta por la conversión de toda expresión cultural en bytes de información?1112

Uno de los argumentos esgrimidos con mayor frecuencia por los coleccionistas es el tipo de onda característica del formato. Como señala César, el vinilo reproduce el sonido de una forma análoga que hace que escucharlo sea similar al de la experiencia de la música en vivo. Añade que a comparación de la onda del CD, la cual es cuadrada, y por ende, llega a los oídos ‘por bloques’, la onda sonora del vinilo es envolvente, cálida y acogedora.

Sin embargo, cuando el CD fue lanzado, se dijo que su calidad sonora era mucho mejor que la del vinilo, en tanto resolvía todas las fallas e ‘imperfecciones’ presentadas por el segundo, con su tecnología laser. Pero, paradójicamente, es interesante anotar que, como señalan Chivers Yochim & Biddinger (2008), a pesar de las ‘imperfecciones sonoras’ del vinilo, este tiene un valor tan especial para sus seguidores, pues detrás de esto, está una presentación más ‘honesta’ de la música, en tanto la calidad del CD es tan sofisticada , que ya parece artificial. Esto va en la línea de las reflexiones de Juan Carlos, cuando señala que los CD’s obvian detalles que los vinilos sí rescatan. Para él uno puede ‘sentir la textura del sonido, la naturalidad del sonido, pues es un sonido más honesto, más corpóreo’. Así, el sonido del vinilo cobraría un carácter más ‘auténtico’.

Esto se suma al tema de la fragilidad del vinilo como objeto. Los coleccionistas señalan que es un objeto tan delicado, que es necesario toda una serie de minuciosos cuidados para poder conservarlo. Esto implica el establecimiento de un vínculo físico y directo entre este y el coleccionista. Como muchos de aquellos con quienes conversé me dijeron, ‘uno no puede decir que es dueño de algo, si no lo tiene en sus manos’. El hecho de tocar un disco y de ver por él, es la base para la construcción de un vínculo emocional con el mismo. Apropiarse del vinilo, es apropiarse de la música en él depositada, y esta conexión físico – emocional; se alimenta con las experiencias de vida en torno al mismo, convirtiéndose así en un verdadero vehículo mnemónico, que transporta y dota de significado el momento de la escucha.13

Asimismo, encontramos una dimensión estética y visual, pues se enfatiza también el arte de las tapas. Así, Juan Carlos hace hincapié en que los artistas, al presentarte un vinilo, te quieren dar a entender algo, transmitirte un mensaje, y parte del carácter especial del formato, es que este mensaje se encuentra traducido en los elementos gráficos que se muestran en ellas.

Es cierto, el CD también tiene un diseño, pero en conversaciones informales con otros coleccionistas, estos señalaban que no había punto de comparación, pues, las dimensiones del formato, permitían apreciar la prolijidad con la que estaban trabajados los gráficos, evidenciando los detalles de la composición artística. De aquí se desprende una reflexión muy interesante de Juan Carlos, el cual señala que al comprar un vinilo, estamos honrando el trabajo del artista y sus esfuerzos por querer transmitirnos un mensaje con toda la complejidad que ello implica. Aquí podemos identificar una dimensión ética del coleccionista de vinilos, que busca reinvindicar a la música, no solamente como un bien de consumo, sino como una experiencia tanto visual, como sonora, a la cual además, hay que dedicarle tiempo y volverla a hacer un evento especial.

Finalmente, los coleccionistas resaltan que por temas de formato, el vinilo solo permite la reproducción continua de por veinte minutos cada lado. Esto obliga a que uno tenga que escuchar el disco lado por lado, prestándole atención a cada uno de los temas, comprendiendo cómo estos contribuyen al mensaje general que se quiso transmitir conjunto.

En síntesis, el ‘régimen de singularidad’14 del vinilo se constituye en base a tres dimensiones fundamentales. En primer lugar, está la dimensión del sonido, con el énfasis en la onda sonora y sus propiedades; por otro lado, está la dimensión físico/estética, que acentúa el tema de la posesión como condición para el desarrollo del apego a la música, así como el arte contenido en las tapas que evidencian la intensión de un mensaje por parte de los artistas; y finalmente, la dimensión ética que se refiere al hecho de ‘volver a serle fiel a la música’, convirtiéndola de nuevo en un evento. Es decir, escuchar música en vinilo, significa darle el lugar que la música merece.



Tiendas y foros virtuales: instancias de socialización y la construcción del habitus del coleccionista de vinilos

En este apartado, me propongo reconstruir el mundo de los coleccionistas de vinilos, en términos de las instancias de socialización en donde estos adquieren el bagaje necesario para poder disfrutar al máximo de la música. La explicación será breve y hará énfasis en la función pedagógica que tienen estos elementos para la formación del habitus del tipo de escucha que aquí nos interesa.15

Para empezar, la edad de los entrevistados está por encima los cuarenta años. Por tanto, al hablar de su relación con los vinilos, todos hicieron énfasis en que no recuerda nunca haber escuchado música de otra forma. Así, la familia constituyo un núcleo de formación primaria en su afición, mas no determinó su filiación con este tipo de práctica cultural. Ellos señalan que su afán de ser coleccionistas se desarrolló por voluntad propia y fuera del círculo familiar. Ya cuando eran mayores y empezaron a tener ingresos, empezaron a frecuentar tiendas, hablar con otros melómanos y ampliar su audioteca personal. Digamos entonces que la familia les dotó de un paquete mínimo de disposiciones para la escucha del vinilo, pero su desarrollo como coleccionistas, supuso la inserción en otras instancias de socialización y un trabajo continuo sobre aquellos que aprendían o incorporaban a fin de establecer una experiencia y perfil personalizado como escuchas de vinilos.16

Entre las primeras instancias importantes para la formación de un coleccionista, están las tiendas. En estas, uno pueden encontrarse con otros coleccionistas con los cuales es posible intercambia consejos ya sea sobre aspectos técnicos, como qué tipos de tornamesas son mejores que otros; o recomendaciones musicales. Asimismo, estos espacios funcionan como fuentes de establecimiento y afianzamiento de redes de coleccionistas, los cuales pueden servir como nodos estratégicos para la consecución de ciertos vinilos difíciles de conseguir; ya sea porque tienen conocidos que saben cómo y dónde acceder a ellos, o también por el vendedor, que a su vez, también realiza recomendaciones técnicas y musicales, y puede contactar con otros coleccionistas afines a los gustos musicales de sus clientes.

Por otro lado, están los foros virtuales, donde coleccionistas de todo el mundo, intercambian sus experiencias, sobre todo en lo que concierne a aspectos técnicos puntuales al ‘armado’ del equipo; así como consejos para su cuidado y mantenimiento. Ellos señalan que este medio ha desplazado en gran medida a las tiendas como espacios de intercambio de conocimiento en torno a todo lo que concierne a los vinilos.

Construyendo la experiencia musical

En este acápite, pasaré a mostrar brevemente las principales ideas de lo que considero son las principales prácticas y saberes desplegados por los coleccionistas de vinilos en aras en búsqueda de obtener una experiencia musical altamente placentera.



a) 'Todo es un ensamble': la elección y disposición del equipo para la reproducción del vinilo

Si bien, como hemos visto con anterioridad, el vinilo posee en sí un aura particular, su sola presencia no basta para un entero disfrute de la música. El vinilo es más bien un mediador dentro de una red de mediadores que conforman lo que siguiendo a Hennion & Gomart (1999) llamamos un dispositivo de pasión. Así, para que el acto de la escucha se lleve a cabo, los coleccionistas han de conseguir una serie de aparatos tecnológicos que les permitirán disfrutar de su música favorita, dentro de los límites que el soporte tecnológico les permiten.

A continuación presento una descripción sobre las formas en cómo estos melómanos eligen cada una de las partes de su equipo, así como también la forma en cómo lo disponen espacialmente en sus hogares, teniendo en cuenta detalles muy particulares que influyen en las posibilidades de obtener una experiencia placentera durante la escucha.

Para empezar, no se trata de elegir por elegir cada parte del equipo. Como señala César, 'tu equipo es como tu carro. No puedes ponerle a un Mercedes las llantas de un tico y viceversa'. Tal es así, que dependiendo de la calidad de la tornamesa, dependerá también la elección de la aguja, los parlantes y la pastilla17. Para Juan Carlos, siempre se debe buscar que estos sean compatibles. Así, el elegir un tornamesa de última generación Marca Sony, y ponerle unos parlantes antiguos y una aguja esférica, lejos de garantizar una buena experiencia, causará un efecto desagradable.

Abel, otro coleccionista, señala que para el caso de las agujas, hay que tener en cuenta que 'las agujas elípticas e hiperelípticas funcionan mejor para nuevos, mientras que las agujas esféricas, van mejor con los vinilos antiguos'. Añade que debido a la antiguedad de los vinilos que él colecciona, utiliza siempre agujas esféricas, porque de lo contrario, con las otras agujas, sus LP’s se dañarían y se echarían a perder.

En lo que concierne a la disposición del equipo en sus casas. Todos coinciden en dos detalles. En primer lugar, tanto Abel, César y Juan Carlos, procuran situar el tornamesa alejado de cualquier entrada de luz solar. Estos señalan que la exposición al sol, daña los vinilos doblándolos, y afectando así la calidad del sonido. Asimismo, coinciden en que los parlantes deben estar siempre alejados de la tornamesa en por lo menos dos metros. Abel enfatizó la importancia de esto debido a que el que los parlantes estén muy cercanos a la tornamesa al momento de la reproducción, puede hacer que con el efecto vibrante de las ondas sonoras que se desprenden de este, la aguja empiece a temblar y termine por rallar el disco, dañándolo de manera irreparable.



b) Cuidados del vinilo

Los coleccionistas entrevistados señalaron la importancia de darle un mantenimiento continuo a los vinilos. De preferencia tanto antes como después de su reproducción. Para esto señalaron que existen diversos preparados, pero coinciden en el uso de alcohol isuprofílico, el cual es pasado con un paño, de preferencia de seda, o muy delgado, para evitar maltratar el disco. Asimismo, recomiendan que para que este no se llene de polvo, fruto de la estática ocasionada por el contacto de la aguja, se exponga a los vinilos a un breve y tenue baño de vapor, con lo cual el polvo cae de inmediato. Además, estos son enfáticos en el hecho de que el LP debe guardarse en sobres de plástico transparente apenas terminen de ser reproducidos, precisamente para evitar que se ensucien.

Finalmente, señalan que es importante que al momento de guardarlos, se haga de manera perpendicular al mueble en donde se les ubique. Son enfáticos al momento de señalar que nunca y bajo ninguna circunstancia debe ponérselos unos sobre otros, porque de lo contrario por el peso, terminan doblándose, dañando irremediablemente la calidad del sonido.

c) El momento de la escucha

Los entrevistados señalan que el momento de la escucha es un momento especial en donde solo se dedican a disfrutar de la música. Luego de haberse asegurado de haber previsto todos los cuidados respectivos (revisar el equipo, la distancia entre el parlante y el tornamesas, además de haber limpiado el vinilo), se disponen al acto de la escucha. Esto implica, sin embargo, una suerte de ritual que consiste en sacar el vinilo del sobre, primero, luego de su caja, ponerlo en la tornamesa, poner la aguja y sentarse a escuchar mientras por un momento se dedican a observar la carátula, leen las letras y miran las fotos, como cumpliendo de manera inconsciente con un protocolo orientado precisamente a lo que comentaba Juan Carlos sobre el 'serle fiel a los músicos y respetuoso con lo que te querían transmitir.

Como se señaló en el acápite sobre el ‘aura’ de los vinilos, el hecho de que el formato tenga dos lados, que reproducen de manera continua veinte minutos de grabación cada uno; ocasiona que los coleccionistas escuchen el álbum de principio a fin; de preferencia sin pausas, con lo que señalan poder entender el porqué de cada canción en el disco; construyendo así y de manera paulatina, el mensaje general que constituye el concepto base del álbum. Asimismo, enfatizan en que al dedicarle un tiempo exclusivo a la música, haciendo una pausa a sus labores cotidianas, les es posible prestarle plena atención a cada uno de los detalles de la grabación, escuchando tanto las letras, como los sonidos emitidos por los músicos; entendiendo el todo, a través de sus partes.

Conclusiones

Como hemos visto en esta breve exploración, los coleccionistas de vinilos poseen un conocimiento muy especializado que se traduce en procedimientos puntuales orientados a garantizar una placentera escucha musical. Esto contempla el armado del equipo que debe ser compatible en su conjunto, a través de las recomendaciones de otros coleccionistas de la ciudad. Todos estos esfuerzos se sostienen en la concepción aurática del vinilo como el formato ideal de escucha y experiencial, el cual posee propiedades particulares que lo posicionan como un horizonte normativo que reinvindica a la música, como un acontecimiento especial, dándole el lugar que le corresponde en el contexto de la ‘revolución digital’ que estamos viviendo.



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1 Tomo prestado el título de la novela de Nick Hornby (1995) que dio pie a la película de Stephen Frears (2004), protagonizada por John Cusack.

2 ‘Jack White named Record Store Day Ambassador’ http://www.factmag.com/2013/02/19/jack-white-named-record-store-day-ambassador/

3 ‘Jack White and the romance of the vinyl’ http://www.bbc.co.uk/news/magazine-18545530

4 Contrariamente al proceder de la sociología crítica, Heinich aboga por una aproximación descriptiva que no busque desmitificar una creencia o denunciar una ilusión, como harían Pierre Bourdieu o Paul Dimaggio, sino ‘analizar la singularidad como un régimen específico de valorización, induciendo un funcionamiento particular de los colectivos cuando las calificaciones espontáneas instauradas por los actores, privilegian la unicidad, la originalidad, la anormalidad’ (Heinich, 2010: 58). Es decir, no pondré en cuestión la verdad o falsedad de la creencia en el ‘aura’ del vinilo, sino exploraré la forma en cómo y en base a qué criterios ha llegado a tomar tal forma. Hago mías, pues, las palabras de William I. Thomas (1928) cuando decía que ‘Todo lo que la gente define como real, es real en sus consecuencias’.

5 De hecho, esto es, a un nivel más general, uno de los principios básicos de nuestro quehacer. Cuando como sociólogos se nos pide explicar alguna conducta o fenómeno, lo que hacemos es ubicar socialmente al actor, ya sea a través de una correlación estadística o una descripción etnográfica del entorno y los factores de fondo que hace que un individual o colectivo sea lo que es. Es decir, ‘socializamos’ a los actores y con esto, basta y sobra para explicar por qué hacen lo que hacen, o piensan como piensan. Al respecto, ver la primera parte de la Sociología de la Experiencia (2010) de Francois Dubet.

6 A comparación de otros objetos artísticos como un lienzo o una escultura, la música se caracteriza por ser algo inmaterial y efímero, pues requiere de un conjunto de dispositivos o mediadores para que aparezca como tal frente a nosotros. Es por ello que se hace necesario complementar el análisis de la incorporación de un habitus especializado del coleccionista de vinilos, con el papel que cumplen, en este caso, los dispositivos tecnológicos, en la construcción del acto escucha y una experiencia musical placentera.

7 Esto se presenta a todas luces como un caso similar a lo descrito por Howard S. Becker sobre los consumidores de mariahuana. Sin embargo, los testimonios de los coleccionistas con quienes conversé, difieren con la explicación del interaccionista, en el hecho de que las primeras experiencias con el vinilo, no causó el sentimiento de extrañeza que señala Becker, sino que más bien, constituyó una forma agradable de escuchar la música. Sin embargo, en lo que sí coincido, es que, como pasa con los informantes de Becker, los coleccionistas deben llevar a cabo un conjunto de procedimientos para poder colocarse en el estado mental apropiado para escuchar la música. Esto procedimientos son aprendidos en base a su inserción en instancias de socialización específicas, como veremos más adelante. Por otro lado, quiero aclarar que la entrada de la ‘sociología de la escucha’ propuesta por Hennion, es generalizable para todos los tipos de escuchas que existen en el mundo. No es algo exclusivo de aquellos que tienen un conocimiento erudito sobre cómo escuchar música, sino que es extensivo a todo tipo de oyentes.

8 Las capacidades generadores de estos dispositivos estarán condicionadas por las aptitudes de los melómanos, quienes a partir de un conjunto de saberes modos de hacer incorporados, y dentro de los márgenes establecidos tanto por el grupo de soporte, como por el dispositivo en el que se encuentran insertos que de manera colectiva, permitirán la ocurrencia de cierto estado emocional particular, una experiencia estética y llena de placer, en donde el melómano, tras haber procedido de manera activa, experimentará un proceso de abandono de sí mismo, de entrega total a la música.

9 Tomo prestado el título de uno de los libros seminales de David Le Breton (2009) sobre la antropología del cuerpo y las emociones.

10 El vinilo es un formato de escucha que puede ser de 45', 12”, 10” o 7”, hecho de plástico y que permiten almacenar información vocal o musical. Durante mucho tiempo, y desde las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fue el medio de transmisión de contenidos musicales por excelencia, hasta que en la década del 70' y 80', su hegemonía fue desafiada primero por la aparición del cassete, y luego por la del compact – disc en la década del noventa, lo cual causó que este sufriera un serio desplazamiento en el negocio, que hizo pensar en su inevitable extinción frente a la 'revolución digital' que a partir de ese entonces, cambiaría la industria musical para siempre.

11 Contra todo pronóstico, el vinilo parece no haber sido afectado de la misma manera por este embate de la digitalización. Tal es así que según la consultora estadounidense Nielsen Soundscan, aún con sus bajos niveles de venta, este es el formato que más ha crecido de manera sostenida desde el 2008, al punto de haber registrado un alza del 55% en comparación al 2010, pasando así de 2.8 millones a más de 4.2 millones de LP’s vendidos en todo el mundo.

12 Desde hace más o menos dos décadas, la industria musical entró en un proceso de profundas transformaciones provocado por lo que se conoce como la revolución digital, la cual permite la apertura masiva a distintas expresiones culturales, a partir de la traducción de los contenidos musicales en sistemas binarios, abaratando los costos de producción y adquisición de los mismos, posibilitando así su portabilidad en soportes como el ipod o los dispositivos mp3, que permiten almacenar una gran cantidad de música a la cual se accede fácilmente por internet. Esto último ha puesto en jaque a la industria discográfica, la cual aún promueve la venta de CD’s cuando ya muchos artistas promocionan y ofrecen de manera gratuita sus singles y discos en diferentes plataformas virtuales. Para una explicación más detallada de este proceso que ha afectado a las industrias culturales en su conjunto, ver el artículo de Nelson Manrique en el libro Industrias Culturales: máquina de deseos del mundo contemporáneo (2007).

13 El aura del vinilo se alimenta además por el hecho de que en muchos casos, para conseguir un disco muy raro o de alto valor sentimental (por la música en él depositada), para algún coleccionista; este tiene que hacer muchísimos sacrificios personales o económicos para poder tener el disco entre sus manos. Así, está la anécdota de un coleccionista especializado en salsa, que me comentó que tuvo que viajar a Puerto Rico exclusivamente para conseguir un LP que había estado buscando por muchísimo tiempo; u otro que llegó a gastar dinero que tenía reservado para pagar cuentas importantes, solo por el hecho de encontrar de pronto un vinilo que había querido tener también desde hace mucho, por lo que no lo pensó dos veces para comprarlo. Este tipo de hecho, alimentan la construcción de un vínculo afectivo – emocional de un coleccionista con sus LP’s, los cuales adquieren para ellos un valor muy especial y no negociable.

14 Por motivos de espacio no pude abordar todas las dimensiones sugeridas por Heinich para el análisis, por lo que recomiendo revisar su libro The Glory of Van Gogh: An Anthropology of Admiration (1997), para una mayor profundización en el tema.

15 No abordaré aquí tampoco otro de los temas que también salió a relucir en el campo. A saber, la forma en cómo estas instancias de socialización, además de servir de espacios de formación en el quehacer del coleccionista / audiófilo, también constituyen reservorios de transmisión de los contenidos morales subyacentes a la escucha de vinilo, como el tema ya mencionado acerca de cómo a través de este formato, uno le es fiel a la música y a los artistas que la hicieron. El hecho de que el vinilo constituya el eje a partir del cual se tejen un conjunto de relaciones, redes, creencias, valores y prácticas comunes y particulares a sus seguidores (sumado al carácter aurático que se le da) hace pensar en un caso similar a lo descrito por Emile Durkheim en Las formas elementales de la vida religiosa (1982), pero este es un punto tan complejo, que merece un abordaje especial.

16 Evidentemente, una de las limitaciones de este trabajo, está en que no aborda el tema de la construcción de la experiencia musical de un coleccionista de vinilos que haya nacido en las dos últimas décadas; viviendo y siendo socializado en el marco de los procesos de transformación descritos en la primera parte de este trabajo. Queda pendiente una exploración a este tipo de escuchas y también, un trabajo comparativo con la experiencia de aquellos coleccionistas cuyos testimonios han sido recogidos aquí.

17 Esta atingencia abre una serie de cuestiones importantes para el pensamiento sociológico relativas a la gravitación de los objetos en la vida social. Me explico, cuando se habla de ‘buscar que los equipos sean compatibles’, implícitamente está la idea de que los aparatos tecnológicos necesarios para la escucha del vinilo, se encuentran un conjunto de características y propiedades técnicas que le son inherentes debido a las partes que los componen. Así, los parlantes o la tornamesa serán importantes, no tanto por lo que representan en términos simbólicos, que es como se ha solido abordar el mundo de los objetos en nuestra disciplina, sino básicamente por lo que son en términos físicos. Por tanto, es importante tener en cuenta las cualidades materiales de los objetos como tales. Son estas las que permiten o limitan ciertos usos, mediando nuestras acciones, potenciándolas o graduando el efecto último de las mismas. En el caso de los coleccionistas de vinilos, el valor de cada uno de los equipos estará no tanto en qué representan simbólicamente para su experiencia como amantes de la música, sino por aquello que según sus características internas de carácter técnico, les permiten alcanzar en términos de goce y placer estético al momento de escuchar la música. Cabe preguntarnos entonces ¿los objetos tienen algo parecido a lo que podríamos llamar ‘agencia’? Entendida esta como la capacidad de alterar un estado de cosas. Al respecto, revisar los trabajos de Bruno Latour (2008) y Bjørnar Olsen (2010).


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