Trullion: alastor 2262 Jack Vance



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13
La transición de los Tanchinaros de «diez defensas y un viejo gordo» a un equipo compensado y dúctil no se llevó a cabo sin enfados. El irascible Nilo Neronavy se negó a reconocer las capacidades superiores de Denzel Warhound. Cuando se demostró lo contrario, salió como un rayo del campo, acompañado de los delanteros desplazados y de la sheirl, su sobrina. Una hora después, en la glorieta de la Tenca Mágica, Neronavy y su grupo se constituyeron en el núcleo de un nuevo equipo, que sería conocido como los Asesinos de Peces de Saurkash. y llegaron a desafiar a lord Gensifer, que acertó a pasar por allí, a un partido con sus Gorgonas. El desafiado aceptó considerar el ofrecimiento.

Los Tanchinaros, conscientes súbitamente de sus potencialidades, se entrenaron con todo cuidado: desarrollaron precisión, coordinación y un repertorio de jugadas básicas. Sus primeros oponentes serían los Indemnizadores de Galgade, de los Marjales Orientales. Los Indemnizadores no jugarían por más de mil quinientos ozols, cantidad que, de todas formas, coincidía con los fondos de la tesorería tanchinara. ¿Y quién iba a ser su sheirl? Perinda, el representante del club, presentó a varias candidatas sin lustre, que el equipo consideró inadecuadas.

—Somos un equipo de clase A —declaró Denzel Warhound —. Hasta puede que mejor..., así que queremos una sheirl de clase A. No nos conformaremos con cualquier cosa de segunda mano.

—Tengo una chica en mente —dijo Perinda —. Es absolutamente de primera, sashei, bella, entusiasta, excepto en dos detalles sin importancia.

—¿De veras? ¿Es madre de nueve niños?

—No, estoy seguro de que es virgen. Después de todo, es trevanyi, uno de los pequeños defectos que he mencionado.

—Aja —dijo Glinnes—. ¿Y los demás defectos?

—Bien... Parece algo emocional. Su lengua posee vida propia. Con todo, es una persona muy fogosa..., una sheirl ideal.

—¡Aja! Y su nombre... debe de ser Duissane Drosset. ¿no?

—Exacto. ¿Alguna objeción?

Glinnes se humedeció los labios en un intento de definir su actitud precisa hacia Duissane Drosset. Nada que decir sobre su verbo y sashei... Sin duda proporcionaría ímpetu al equipo.

— Ninguna objeción —dijo.

Si a Duissane le desconcertó encontrar a Glinnes en el equipo, no lo demostró. Se dirigió sola al campo de entrenamiento, una conducta muy independiente para una chica trevanyi. Llevaba una capa de color pardo oscuro, que el viento del sur apretaba contra su menuda figura, y parecía muy ingenua, casi inocente. No habló mucho, pero observó los ejercicios de los Tanchinaros con atención y aparente inteligencia, y el equipo reaccionó con un notable incremento de energía.

Duissane acompañó al equipo a la glorieta de la Tenca Mágica, donde solían tomar un refresco después de los entrenamientos. Perinda parecía distraído, y cuando presentó a Duissane formalmente la describió de forma significativa como «una de nuestras candidatas».

—En lo que a mí respecta —gritó Savat—, es nuestra sheirl. No hablemos más de «candidatas»

Perinda carraspeó.

—Sí. sí, por supuesto, pero se han suscitado una o dos cuestiones, y elegimos tradicionalmente a nuestra sheirl tras discutirlo a fondo.

—¿Qué queda por discutir? —preguntó el defensa Etzing—. ¿Estás dispuesta a servirnos con lealtad como nuestra sheirl, y aceptar lo malo y lo bueno, lo bueno y lo malo? —preguntó a Duissane.

La mirada luminosa de Duissane, que vagaba por el grupo, pareció detenerse un instante en Glinnes.

—Sí. desde luego —respondió.

—¡Estupendo! —gritó Etzing—. ¿La proclamamos?

—¡Un momento, sólo un momento! —dijo Perinda, algo ruborizado—. Como ya he dicho, hay un par de detalles sin importancia que quedan por discutir.

—¿Como cuáles? —preguntó a voz en grito Etzing—. ¡Oigámoslos!

Perinda hinchó los carrillos; tenía las mejillas coloradas de turbación.

—Ya discutiremos el asunto en otra ocasión.

—¿Cuáles son esos pequeños detalles? —preguntó Duissane —. Discutámoslos ahora, por el bien de todos. Quizá pueda aclarar puntos oscuros. Continúe —insistió, observando que Perinda vacilaba—. Si se han hecho acusaciones, quiero escucharlas.

Como antes, dio la impresión de que su mirada se detenía en Glinnes durante un largo instante.

—«Acusaciones» es una palabra muy fuerte —tartamudeó Perinda—. Sólo insinuaciones y rumores acerca de... Bien, acerca de su virginidad. Hay dudas acerca de ese requisito, pese a que usted es trevanyi.

—¿Cómo es posible que alguien se atreva a decir eso de mí? —preguntó Duissane, echando chispas por los ojos—. ¡Es injusto y rastrero! Por fortuna, sé quién es mi enemigo, y jamás olvidaré su animadversión.

—¡No, no! —gritó Perinda —. No revelaré la fuente de los rumores. Lo que pasa es que...

—¡Esperen aquí! —les dijo Duissane —. No se vayan hasta que yo regrese. Ya que se me humilla y desmiente, permítanme al menos presentar pruebas a mi favor.

Abandonó furiosa la glorieta, casi tropezando con lord Gensifer y uno de sus camaradas, lord Alandrix, que entraban en el emparrado.

—¡Estrellas! —exclamó lord Gensifer—. ¿Quién será, y con quién estará tan enfadada?

—Mi señor, es la candidata a sheirl de los Tanchinaros —explicó Perinda con voz obsequiosa.

Lord Gensifer rió, muy satisfecho.

—Al escapar del compromiso ha hecho lo más inteligente de su vida. A decir verdad, es una criaturita deliciosa. No me importaría tirar de su anilla en persona.

—Una oportunidad que, casi con absoluta certeza, no estará al alcance de su mano —dijo Glinnes.

—¡No estés tan seguro! Los Gorgonas es un equipo diferente, ahora que se han producido cambios.

—Imagino que logrará jugar contra nosotros, siempre que el botín sea lo bastante elevado.

—Por supuesto. ¿Qué cantidad te parece adecuada?

—Tres mil, cinco mil, diez mil ozols... Lo que usted quiera.

—Bah. Los Tanchinaros no pueden conseguir dos mil ozols, de modo que diez mil es impensable.

—Igualaremos cualquier suma que propongan los Gorgonas.

—Tal vez saquemos algo en claro de todo esto —asintió lord Gensifer— . ¿Has dicho diez mil ozols?

—¿Por qué no? —Glinnes paseó la mirada por la glorieta.

Todos los tanchinaros presentes sabían tan bien como él que la tesorería ascendía a tres mil ozols como máximo, pero sólo Perinda traicionó su inquietud.

—Muy bien —dijo lord Gensifer con decisión —. Los Gorgonas aceptan el reto, y a su debido tiempo se llevarán a cabo los trámites necesarios.

Se volvió para marcharse, justo cuando Duissane entraba de nuevo en la glorieta. Sus rizos rojo dorados se veían algo desarreglados; el brillo de sus ojos denotaba por igual triunfo y rabia. Miró a Glinnes y arrojó un documento a Perinda.

—¡Ahí lo tiene! He de sufrir inconvenientes sólo para silenciar lenguas malévolas de víboras. ¡Lea! ¿Está satisfecho?

Perinda examinó el documento.

—Parece ser un documento acreditando la pureza de Duissane Drosset, y el certificador no es otro que el doctor Niameth. Bien, demos por zanjada esta desagradable cuestión.

—No tan de prisa —intervino Glinnes—. ¿Cuál es la fecha del documento?

—¡Es usted un ser despreciable! —estalló Duissane —. ¡El documento lleva fecha de hoy!

—El doctor Niameth no ha hecho constar la hora y el minuto precisos de su examen —observó Perinda con sequedad—, pero yo diría que eso sería llevar la exactitud muy lejos.

—Mi querida joven —habló lord Gensifer—. ¿no crees que te iría mejor con los Gorgonas? Somos un equipo educado, todo lo contrario de estos groseros tanchinaros.

—La educación no sirve para ganar partidos de hussade —dijo Perinda—. Si quiere que la dejen desnuda en el primer partido, váyase con los Gorgonas.

Duissane dirigió a lord Gensifer una mirada apreciativa. Negó con la cabeza, medio a regañadientes.

—Sólo tengo permiso para los Tanchinaros. Tendría que solicitarlo a mi padre.

Lord Gensifer elevó los ojos hacia el techo, como implorando a alguna deidad que fuera testigo de las desvergonzadas peticiones que le infligían. Hizo una breve reverencia.

—Preséntale mis respetos.

Salió del emparrado tras dedicar otro saludo a los Tanchinaros.

—Tus bravatas me han gustado —dijo Perinda a Glinnes —, pero ¿de dónde sacaremos diez mil ozols?

—¿De dónde sacará lord Gensifer diez mil ozols? Intentó que yo le prestara dinero. ¡Quién sabe lo que sucederá de aquí a uno o dos meses! Es posible que diez mil ozols nos parezcan una cantidad ridícula.

—Quién sabe, quién sabe —murmuró Perinda—. Bien, volvamos a Duissane Drosset. ¿Es o no nuestra sheirl?

Nadie protestó. Quizá, puesto que Duissane les miró de uno a uno, nadie se atrevió. Y se aceptó la propuesta.

El partido contra los Indemnizadores de Galgade se solventó con una facilidad casi embarazosa. La efectividad de sus tácticas sorprendió a los propios Tanchinaros. O eran seis veces más potentes de lo que habían pensado, o los Indemnizadores eran el equipo más débil de la Prefectura de Jolany. Los Tanchinaros recorrieron hasta tres veces el largo del campo con formaciones ágiles y decisivas; los Indemnizadores siempre tenían la impresión de luchar con dos Tanchinaros por cada uno de ellos. Su sheirl no ganaba para sustos, mientras que Duissane se erguía fría y serena, aunque algo rígida. El vestido blanco intensificaba su delicado atractivo. Los Indemnizadores, abatidos y derrotados abrumadoramente, pagaron tres rescates y abandonaron el campo sin que su sheirl hubiera sido desnudada, para disgusto de la multitud.

Después del partido, los Tanchinaros se congregaron en la Tenca Mágica. Duissane se mantenía algo al margen de la celebración, y Glinnes, al desviar la mirada a un lado por casualidad, se topó con los ojos amenazadores de Vang Drosset. Casi al instante, hizo salir a Duissane del local.

Una semana después, los Tanchinaros remontaron el río Scurge hasta Erch, en la isla Vole Menor, para jugar con los Elementos de Erch, y consiguieron un resultado similar. Lucho, el mejor hombre para formar pareja con Glinnes, pasó a atacante izquierdo, y Savat jugó de lateral derecho con la precisión adecuada. De todas formas, se apreciaban zonas débiles en el despliegue, que un equipo hábil sabría aprovechar. Gajowan, el lateral izquierdo, era inconstante y apocado, y Rolo, el libre izquierdo, se movía con excesiva lentitud. Durante el partido contra los Elementos, Glinnes vio a lord Gensifer en unos de los palcos centrales. También advirtió que los ojos del capitán de los Gorgonas se desviaban con frecuencia hacia Duissane, si bien no era el único, ya que la joven emanaba una fascinación irresistible. Vestida de blanco, era fácil olvidar su origen trevanyi. Parecía albergar una mezcla encantadora de sensaciones: melancolía, aspereza, alegría, dramatismo, imprudencia, cautela, lucidez, puerilidad. Glinnes creyó observar otros atributos. Nunca podría mirarla sin escuchar el campanilleo de las carcajadas en la oscuridad desprovista de estrellas.

El siguiente partido, contra los Dragones de Hansard, reveló el punto débil de la barrera izquierda de los Tanchinaros, cuando los Dragones profundizaron dos veces en el flanco izquierdo de sus rivales. En ambos casos fueron frenados por los defensas, y derrotados a continuación mediante ataques contra la sheirl desde el lado derecho. Los Tanchinaros ganaron el partido gracias a tres escaramuzas consecutivas. Lord Gensifer ocupaba de nuevo uno de los palcos centrales, acompañado de varios hombres desconocidos para Glinnes. Después del partido, apareció en la Tenca Mágica, donde renovó su desafío a los Tanchinaros. Lord Gensifer estipuló que cada bando ofrecería un botín de diez mil ozols, y que el partido debería celebrarse cuatro semanas después.

Perinda, algo vacilante, aceptó el reto. En cuanto lord Gensifer se marchó, los Tanchinaros empezaron a especular sobre los tortuosos planes de aquél.

—Ni siquiera Tammi es capaz de confiar en ganar con su equipo actual —señaló Gilweg.

—Se cree que barrerá nuestro flanco izquierdo —dijo Etzing de mal humor—. Hoy casi lo consiguen.

—No se jugaría diez mil ozols sobre esa base —replicó Glinnes—. Me huelo toda una serie de sorprendentes artimañas, como un equipo completamente nuevo, los Karpunos de Vertrice o los Escorpiones de Puerto Ángel, vistiendo el uniforme de los Gorgonas para esa ocasión.

—Eso es lo que debe rondar por su cabeza —convino Lucho —. A Tammi le parecería una bonita broma derrotarnos con un equipo semejante.

—Los diez mil ozols tampoco le irían nada mal.

—Un equipo de ese calibre cortaría nuestro flanco izquierdo como un melón.

Etzing hizo esa predicción mirando al otro lado del emparrado, donde Gajowan y Rolo escuchaban con expresión sombría. Para ellos dos, la conversación sólo tenía una única implicación: por la inexorable lógica de la competición, no había lugar en un equipo de diez mil ozols para jugadores de dos mil.

Dos días después, un par de hombres nuevos llegaron a los Tanchinaros. El primero. Yalden Wirp, había ocupado un puesto en el equipo soñado en principio por lord Gensifer; el segundo. Dion Sladine, había atraído la respetuosa atención de Denzel Warhound cuando jugaba en un equipo humilde, las Colinas Lejanas. El vulnerable flanco izquierdo de los Tanchinaros no sólo había sido reforzado, sino convertido en una fuente de potencial dinámico.




14
Convencieron a Rolo y a Gajowan de que se quedaran en el club como jugadores suplentes y útiles, y ocuparon sus antiguas posiciones en un partido contra los Inventores de Wigtown, dos semanas antes del encuentro cumbre con los Gorgonas. Los Inventores, un equipo de buena fama, perdieron un reñido rescate antes de descubrir la débil banda izquierda. Empezaron a lanzar ataques de tanteo contra la zona vulnerable y llegaron varias veces a la línea de fondo, para caer ante los ágiles y macizos defensas tanchinaros. Durante casi diez minutos, los Tanchinaros defendieron su terreno como si carecieran de fuerza ofensiva, mientras lord Gensifer observaba desde su palco y murmuraba de vez en cuando un comentario a sus amigos.

Los Tanchinaros ganaron finalmente, no sin esfuerzo, gracias a los tres tantos consecutivos habituales. De momento, nadie había cerrado su mano sobre la anilla de Duissane.

El fondo de los Tanchinaros sobrepasaba con creces los diez mil ozols. Los jugadores especulaban con la posibilidad de hacerse ricos. Se les presentaban varias opciones. Podían considerarse un equipo de dos mil ozols y jugar con otros de la misma categoría. En este caso, sería difícil, por no decir imposible, confeccionar un calendario. Podían catalogarse como un equipo de cinco mil ozols y jugar en esa categoría, sin arriesgar demasiado y ganando cantidades moderadas. O podían contarse entre los equipos de primera categoría y jugar partidos de diez mil ozols, a fin de conseguir tanto la riqueza como esa inefable cualidad conocida como isthoune. Si el isthoune1 alcanzaba suficiente intensidad, podían declararse un equipo capacitado para competir en el campeonato y apuntarse para probar fortuna contra cualquier equipo de Trullion o de otro lugar, por un botín que estuviera dentro de sus posibilidades.

El día del encuentro decisivo se inició con una tormenta. Rayos de color lavanda brotaban de nube en nube y, de vez en cuando, caían sobre las colinas, sacudiendo algún antiguo mena con un estremecimiento eléctrico incandescente. A mediodía, la tormenta se ciñó sobre las colinas y se estancó allí, murmurando y gruñendo.

Los primeros en salir al campo fueron los Tanchinaros, que se presentaron a una ansiosa multitud de dieciséis mil personas.

—¡Los dinámicos e inexorables Tanchinaros del Club de Hussade de Saurkash, vistiendo su acostumbrado uniforme plateado, azul y negro, que juran defender para siempre el honor de su preciosa y distinguida sheirl Duissane! El equipo se compone de su capitán, Denzel Warhound, los delanteros Tyran Lucho y Glinnes Hulden, los laterales Yalden Wirp y Ervil Savat, los defensas... —Se siguió hasta concluir la lista—. Y ahora aparece en el campo, con sus llamativos uniformes marrones y negros, el nuevo y combativo conjunto de los Gorgonas, bajo el sabio liderazgo de su capitán Thammas, lord Gensifer, que protege el encanto indescriptible de su sheirl Arelma, Delanteros...

Tal como Glinnes había supuesto, lord Gensifer sacó al campo a un equipo totalmente diferente de aquel al que los Tanchinaros habían derrotado con anterioridad. Los actuales Gorgonas aparentaban capacidad y resolución; resultaba claro que habían paladeado las mieles de la victoria. Glinnes reconoció a un solo hombre del equipo anterior: lord Gensifer, el capitán. Su propósito era transparente, y consistía en ganar diez mil ozols con la mayor rapidez posible. La ética deportiva del hussade era indefinida y azarosa; el partido dependía sobre todo de fintas, trucos, intimidaciones y todo tipo de artimañas. Por lo tanto, la estrategia de lord Gensifer no perjudicaba ni beneficiaba en nada a su buen nombre, puesto que se aplicaba a un deporte en que algunas sutilezas se pasaban por alto.

La orquesta atacó una pieza —la tradicional Prodigios de gracia y gloria—, mientras las sheirls eran escoltadas hacia sus pedestales. La sheirl gorgona, Arelma, una solemne muchacha de cabello oscuro, no daba muestras excesivas de ese impulso cálido y alentador conocido como emblanza. Lord Gensifer, según observó Glinnes, parecía tranquilo y relajado. Perdió un poco el aplomo al darse cuenta de los cambios de lateral y libre; después, se encogió de hombros y sonrió para sí.

Los equipos tomaron posiciones. Sonó un tema apoyado por instrumentos de viento, tambores y flautas, el conmovedor Las sheirls esperan suavemente la gloria.

Los capitanes se reunieron en el puente central con el arbitro. Denzel Warhound aprovechó la ocasión para lanzar un comentario.

—Lord Gensifer, su equipo está lleno de caras nuevas. ¿Son todos de aquí?

—Todos somos ciudadanos de Alastor. Los cinco trillones somos de aquí —dijo lord Gensifer. ampulosamente —. ¿Qué me dices de tu equipo? ¿Viven todos en Saurkash?

—En Saurkash o en los alrededores.

El arbitro lanzó al aire la vara. A los Gorgonas les correspondió la luz verde y se inició el partido. Lord Gensifer gritó instrucciones y los Gorgonas, resueltos, anhelantes y seguros, avanzaron. Los Tanchinaros percibieron al instante que se enfrentaban a un equipo de gran calidad.

Los Gorgonas amagaron hacia el ala derecha de los Tanchinaros, para luego descargar un brutal ataque contra la izquierda. Las robustas formas marrones y negras, con las máscaras que expresaban un júbilo estúpido, cargaron contra las negras y plateadas. El ala izquierda tanchinaro cedió lo suficiente como para rodear a un grupo de Gorgonas y acorralarles contra el foso. La luz cambió a rojo. Warhound intentó tender una trampa a un par de Gorgonas adelantados, pero los libres gorgonas se lanzaron hacia adelante y practicaron una vía de escape. Las formaciones, en constante fluctuación, empujaban y tiraban, midiendo sus fuerzas. Pasados diez minutos de juego indeciso, lord Gensifer se alejó de su hange sin tomar las debida precauciones. Glinnes saltó el foso, se enfrentó a lord Gensifer y le arrojó al depósito.

El capitán de los Gorgonas surgió del agua mojado y furioso, y reaccionó tal como Glinnes esperaba; sus instrucciones vehementes desconcertaron a su equipo. Los Tanchinaros efectuaron una embestida por el centro de sencillez clásica. Ervil Savat saltó al pedestal y aferró la anilla de Arelma. Los rasgos aristocráticos de la joven expresaron un total disgusto; resultaba patente que no esperaba tal invasión de su ciudadela.

Lord Gensifer pagó sin pestañear cinco mil ozols, y el arbitro ordenó un descanso de cinco minutos.

Los Tanchinaros aprovecharon para deliberar.

—Tammi está pálido de furia —dijo Lucho —. No se le había ocurrido que pudiera pasar esto.

—Echémosle de nuevo al depósito —sugirió Warhound.

—Ésa es mi idea, ni más ni menos. El equipo es bueno, pero podemos vencerles por mediación de Tammi.

—¡Pero cuidado! —advirtió Glinnes—. ¡Que no adivinen lo que tramamos! Hay que tirar al depósito a Tammi por todos los medios, pero como si fuera por casualidad.

El juego se reanudó. Lord Gensifer avanzó, estremecido de cólera, y los Gorgonas parecieron contagiarse de su furia. El juego se desarrolló a lo largo y ancho del campo, rápido y fluido. Durante el período de luz roja, Warhound lanzó a su flanco izquierdo, que se desvió de repente hacia lord Gensifer. Éste retrocedió a toda prisa en busca de la protección de su hange, aunque en vano. Fue interceptado y arrojado al depósito. Un camino despejado se abrió por un instante ante los delanteros tanchinaros, y Warhound les ordenó cargar en tropel. Lord Gensifer se encaramó a la escalerilla con ojos enloquecidos, justo a tiempo de pagar un segundo rescate. Sus diez mil ozols se habían esfumado.

Los Gorgonas deliberaron con aire pensativo. Warhound pidió al arbitro que se acercara.

—¿Cómo se llama normalmente ese equipo?

—¿No lo sabe? Son los Estiletes del planeta Rufous, que se hallan en una gira de exhibición. Están batiendo a un buen equipo. Ya han derrotado a los Escorpiones de Puerto Ángel y a los Infieles de Jonus..., con su propio capitán, no hace falta decirlo.

—Bien, démosles un buen baño a todos —dijo Lucho con generosidad— para que aprendan un poco de humildad. ¿Por qué martirizar tan sólo al pobre Tammi?

—¡Bravo! ¡Les enviaremos de vuelta a Rufous limpios y aseados!

Luz roja. Los Tanchinaros saltaron el foso y encontraron a los Gorgonas en la formación Reducto Infranqueable. Con dos tantos de ventaja, los defensas tanchinaros estaban en condiciones de jugar con más relajación de la acostumbrada. Avanzaron hacia el foso y lo cruzaron, acción que demostraba un desprecio casi insultante hacia la capacidad ofensiva del enemigo. Hubo una súbita ráfaga de actividad y confusión: Gorgonas y Tanchinaros cayeron al depósito. Marrones y negros se enfrentaron contra plateados, azules y negros en los caminos; colmillos metálicos relumbraron en negras sonrisas truculentas. Las figuras oscilaban y se desplomaban; los capitanes emitían gritos roncos, casi enmudecidos por los rugidos de la muchedumbre y la música estridente. Arelma se erguía con las manos unidas sobre el pecho. Su indiferencia se había desvanecido; daba la impresión de que lloraba y gimoteaba, aunque su voz no podía oírse a causa del alboroto. Los defensas tanchinaros se abalanzaron sobre las filas de los Gorgonas, y Warhound, haciendo caso omiso del hange, se abrió paso como una centella y asió la anilla dorada.

El vestido blanco cayó a sus pies. Arelma quedó desnuda, mientras una música apasionada celebraba la derrota de los Gorgonas y la tragedia de la sheirl humillada. Lord Gensifer la cubrió con una túnica y se la llevó del campo, seguido por los desmoralizados Gorgonas. Los exultantes Tanchinaros cargaron a hombros a Duissane y la transportaron hacia el pedestal de los Tanchinaros, en tanto la orquesta interpretaba el tradicional Glorificaciones centelleantes. Vencida por la emoción.

Duissane alzó los brazos y lanzó un grito de alegría. Riendo y llorando, besó a los Tanchinaros, hasta encontrarse con Glinnes. En ese momento, retrocedió unos pasos y salió del campo.

Los Tanchinaros se reunieron a continuación en la Tenca Mágica, para recibir los parabienes de sus admiradores.

—¡Jamás existió un equipo con tal decisión, fuerza y astucia!

—¡Los Tanchinaros harán famosa Saurkash! ¡Pensad en ello!

—¿Y qué hará lord Gensifer ahora con sus Gorgonas?

—Quizá enfrente a los Tanchinaros con los Selectos de Solelamut o con los Falifónicos de la Estrella Verde.

—Apostaré mis ozols por los Tanchinaros.

—¡Tanchinaros! —gritó Perinda—. Vengo del teléfono. Nos espera un partido por valor de quince mil ozols dentro de dos semanas..., si queremos.

—¡Claro que queremos! ¿Contra quién?

—Contra los Karpunos de Vetrice.

La glorieta se quedó en silencio. Los Karpunos tenían fama de ser uno de los cinco mejores conjuntos de Trullion.

—No saben nada de los Tanchinaros —dijo Perinda—, excepto que hemos ganado unos cuantos partidos. Creo que confían en ganar con toda facilidad los quince mil ozols.

—¡Animales avariciosos!

—Somos tan avariciosos como ellos... Tal vez más.

—Jugaríamos en Welgen —prosiguió Perinda — . Además del premio..., en caso de que ganemos nos llevaríamos una quinta parte de la taquilla. Podríamos llegar a dividirnos una cantidad cercana a los cuarenta mil ozols casi tres mil por cabeza.

—¡No está nada mal por una tarde de trabajo!

—Sólo en caso de que ganemos.

—Por tres mil ozols jugaré solo y ganaré.

—Los Karpunos —explicó Perinda— forman un equipo absolutamente capacitado. Han ganado veintiocho partidos consecutivos y su sheirl jamás ha sido tocada. Por lo que respecta a los Tanchinaros..., yo diría que nadie sabe lo buenos que somos. Los Gorgonas han demostrado ser hoy un equipo excelente, malogrado por un capitán indeciso. Los Karpunos son tan buenos o mejores, y cabe la posibilidad de que perdamos nuestro dinero. De modo que..., ¿cuál es la decisión? ¿Jugaremos contra ellos?

—Por la oportunidad de ganar tres mil ozols jugaría contra un equipo de auténticos karpunos.2

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