Tres paradigmas metodológicos de la sociologíA: marx durkheim weber



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TRES PARADIGMAS METODOLÓGICOS DE LA SOCIOLOGÍA:
MARX

DURKHEIM

WEBER


RAFAEL ESTEO PORRAS
PRIMERO PSICOPEDAGOGÍA




INDICE
0. INTRODUCCIÓN

I. EL PARADIGMA DE LA METODOLOGÍA MARXISTA

II. EL PARADIGMA DE LA METODOLOGÍA DURKHEINIANA

III. EL PARADIGMA DE LA METODOLOGÍA WEBERIANA

A) Weber y la investigación empírica.

B) La Metodología weberiana y la disputa alemana del método.

C) La Metodología weberiana y la lógica de la prueba empírica.

TRES PARADIGMAS METODOLÓGICOS DE LA SOCIOLOGÍA:

MARX, DURKHEIM Y WEBER
El consenso parece casi universal entre la comunidad de científicos sociales de que la obra intelectual de Marx, Durkheim y Weber representa los fundamentos más firmes de la moderna fase de investigación empírica sociológica. Consideramos que las obras teóricas y empíricas de estos tres autores representan los paradigmas más importantes de la sociología actual.

No cabe en la actualidad referirse a los problemas metodológicos de la sociología sin estudiar la obra de estos tres grandes autores. Y ello es así porque sus trabajos intelectuales siguen suministrando en buena medida “modelos de problemas” y “modelos de soluciones” a la comunidad de sociólogos contemporáneos.



1. PARADIGMA DE LA METODOLOGÍA MARXISTA.
Karl Marx (1818-1883) antecede en varias décadas a la de Durkheim y Weber, lo cierto es que la influencia de la sociología marxista ha comenzado a ser decisiva prácticamente en las dos últimas décadas. Así destacamos algunas opiniones como por ejemplo Sorokin que escribe lo siguiente: “Karl Marx y Friedrich Engels, con su división de las relaciones socioculturales en dos clases principales, las relaciones de producción que constituyen la estructura económica de la sociedad y la superestructura económica, le comunicaron una nueva vida y un gran desarrollo a la variación económica de las teorías. Casi todas las teorías recientes representan variaciones o elaboraciones de la división de Marx y Engels”.

Por otra parte Parsons considera que la obra marxiana representa uno de los tres puentes más importantes entre las tradiciones idealista y utilitarista del pensamiento social del siglo XIX.

Una vez aceptado el reconocimiento de la importancia de la obra de Marx, hay que preguntarse qué vamos a estudiar. Aquí nos vamos a ocupar del tratamiento de los datos sociales y de la lógica de la prueba científica que se dan en la obra marxiana. La mayor aportación científica de Marx fue el análisis de la estructura y desarrollo del capitalismo, y este análisis se encuentra fundamentalmente en El Capital.

El consenso mínimo que pueda existir actualmente sobra la importancia de la obra marxiana en el desarrollo contemporáneo de las ciencias sociales, no significa, sin embargo, consenso en el orden de importancia que Marx ocupa entre las figuras clásicas de las ciencias sociales.



Wright Mills, por ejemplo, considera que existe solamente la “ciencia social” y que sin la obra de Marx y otros marxistas esta ciencia social no sería lo que es hoy.

Bottamore, por su parte, reconoce que Marx introdujo en las ciencias sociales en su día un método nuevo de investigación, nuevos conceptos, y un cierto número de hipótesis audaces para la explicación del cambio social, pero destaca que en ningún momento Marx se consideró a si mismo un marxista en el sentido de creerse poseedor de una teoría de la sociedad completa y terminada.

Desde una posición más cercana a la de estos últimos autores, vamos a ocuparnos en primer lugar del papel que concedió a la investigación empírica el propio Marx. La preocupación de Marx por la dimensión empírica de la investigación social aparece ya claramente explicitada en una de sus obras, La Ideología Alemana, lo cual representa el primer intento importante de Marx de superar “la concepción ideológica de la filosofía alemana”, y de conceder a los fenómenos económicos un papel dominante en el cambio histórico.

Al referirse a que la organización social y el Estado brotan constantemente de la actividad de determinados individuos, Marx pone especial cuidado en destacar que hay que observar la actividad de estos individuos, “no como puedan presentarse ante la imaginación propia o ajena, sino tal y como realmente son; es decir, tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad”.



La insistencia con que Marx incide en la necesidad de partir de lo real, de la forma en que el hombre actúa y no “del hombre pensado, representado o imaginado” es una constante en toda su obra. El propio interés de Marx por los fenómenos sociales no tuvo su origen en remotas abstracciones intelectuales sino en problemas muy concretos.

El compromiso de Marx con la investigación de hechos sociales resulta incuestionable y siempre mantuvo la idea de que las reformas sociales debían ir acompañadas de un “conocimiento exacto y positivo de las condiciones en que la clase obrera... vive y trabaja”. La idea de que en el pensamiento marxiano estaban subordinadas las ideas teóricas y las investigaciones sociales a un ideal social preconcebido y a unos medios previamente determinados para lograrlos, es claramente insostenible.

En el Prólogo a la Contribución, es donde mejor se sintetizan las ideas marxianas en breves frases. La concepción materialista de la historia la resume Marx del siguiente modo: “Mi investigación desembocaba en el resultado de que, tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican en las condiciones materiales de vida”.

Marx señala la dirección de la relación entre el modo de producción y proceso de la vida social, política y espiritual en general. “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

Los cambios en los factores materiales determinan la dirección del cambio histórico, aunque bien es verdad que Marx reconoció que los motivos económicos no eran los motivos decisivos de la acción social. Los intereses de la clase y los imperativos de la ideología, insertados en el marco de los determinantes económicos, distan de la acción social.


Una vez reconocidos los méritos indudables de la interpretación materialista de la historia, cabe preguntarse si tal interpretación resulta suficiente para la comprensión global del cambio histórico. Marx reconoció la función social de los valores comunes y desarrolló su teoría de la ideología, pero se puede preguntar lo siguiente: ¿cómo explica Marx la forma en que la posición de clase, efectiva a través de los intereses de clase, genera la ideología?

Precisamente, uno de los grandes méritos de la contribución de Weber ha consistido en modificar la interpretación materialista de Marx, destacando la importancia de la internalización de un sistema de valores y la importancia de los factores superestructurales en la determinación de la estructura y cambios sociales. En este sentido, la perspectiva Weberiana resulta más amplia que la de Marx al considerar los efectos de los factores materiales e ideológicos en el surgimiento del capitalismo.

Pero incluso los autores que más recientemente han reconocido las limitaciones y errores de la obra marxista, no han dejado de reconocer la coherencia y la estructura lógica de la misma.

El Capital es probablemente el libro más ambicioso que se puede encontrar en la historia de las ciencias sociales, es un libro de economía que es al mismo tiempo una sociología del capitalismo y también una historia filosófica de la humanidad.

Para Althusser, lo que realmente es importante en Marx, no es tanto lo que dice sino como lo dice. Según este autor, la dialéctica hegeliana es distinta a la dialéctica marxista. En Hegel, los tres momentos dialécticos de la manifestación de la idea (tesis, antítesis, síntesis) totalidades unitarias y simples, mientras que en Marx son momentos complejos; tesis, antítesis y síntesis contienen en su seno, toda una serie de fuerzas en relación asimismo dialéctica.


El método de El Capital no es, según Godelier, el modo de descubrir, sino el modo de presentar resultados. Godelier resume de la siguiente forma el modo circular del método de El Capital: “Sabemos que el método es inseparable del contenido, que ese contenido es la materia ideal de las categorías económicas, que esta materia está ordenada, que ese orden depende del método y que el método depende del contenido”.

La “exposición” de las leyes del sistema capitalista de producción las realiza Marx, según la interpretación de Godelier, por medio de dos avances diferentes, el método hipotético-deductivo y el método dialéctico. El sistema deductivo que sigue Marx en El Capital procede por medio de tres tipos de hipótesis. La primera hipótesis en la que se apoya enteramente El Capital, es una hipótesis simplificada, que estudia la estructura pura en la relación capitalista de producción como la relación entre el capital y el trabajo y, bajo su aspecto social, la relación entre la clase capitalista y la clase obrera. En las propias palabras de Marx, “... aquí sólo existen dos clases: la clase obrera, que no dispone más que de su fuerza de trabajo, y la clase capitalista, monopolizadora tanto de los medios de producción como del dinero”. Marx, al centrarse en el estudio del sistema de producción capitalista, es consciente de la coexistencia de vestigios de sistemas económicos anteriores, pero no los tiene en cuenta para poder elaborar la teoría pura de la estructura capitalista.



Además de la hipótesis global, Marx utiliza otros dos tipos de hipótesis. El primer tipo estaría constituido por una serie de hipótesis generales, como la que relaciona la teoría del valor y su aplicación a la teoría de la producción, o la que plantea la premisa de la reproducción simple. El segundo tipo de hipótesis, las más frecuentes en El Capital, se refieren al estudio de algunas relaciones funcionales entre estructuras económicas, como podría ser la relación entre tasa de ganancia y tasa de plusvalía. Muchas de esas hipótesis, al ser operativizadas, permiten la introducción de un modelo matemático que desemboca en el desarrollo de una teoría, y en la deducción de algunas leyes de funcionamiento del sistema.

Las operaciones deductivas que realiza Marx son de varios tipos. El primer tipo lo forman un conjunto de deducciones parciales y concretas que dependen de las hipótesis no generales. El segundo tipo de operaciones deductivas lo realiza Marx a partir de la categoría de la plusvalía. Esta se muestra “como el origen invisible de las categorías visibles, como son la ganancia de la empresa, el interés y la renta”.

En opinión de Godelier, el método hipotético deductivo integra perfectamente la teoría de Marx en las teorías económicas recientes más formalizadas.

El análisis estructural se complementa en El Capital, con el método dialéctico, que permite analizar la relación general de interdependencia entre la producción y la distribución, el cambio y el consumo, considerados a través de un enfoque distinto. Las categorías del pensamiento dialéctico son las de contrario, identidad, motivación, oposición y relación recíproca. Son estas categorías las que permiten el acceso a la totalidad del sistema económico, desvelando las relaciones recíprocas de las estructuras económicas y del funcionamiento global del sistema capitalista, casi como las contradicciones internas de este último.

El método hipotético-deductivo y el método dialéctico se implican recíproca y circularmente.

El primer define “las estructuras esenciales del sistema económico y estas estructuras son las que adoran la génesis del sistema capitalista analizado con el método dialéctico”. A su vez, “estas estructuras esenciales se analizan dentro de su compatibilidad recíproca con el método hipotético-deductivo”.




Al articular Marx el análisis estructural y una teoría dinámica, combinó la historia, la teoría económica y la sociología económica construyendo un modelo del sistema de producción capitalista.

Cabe preguntarse ahora hasta qué punto este modelo marxista sigue siendo válido para las ciencias sociales contemporáneas. Para Althusser y Godelier, no se ha realizado en la moderna historia de las ciencias sociales un modelo que supere al de Marx.

Wright Mills reconoce que “la obra de Marx es un punto de partida, no una concepción determinada de los mundos sociales que estamos tratando de entender”.

Contemplando la obra de Marx como una pieza fundamental del edificio de las ciencias sociales en el que concurren una diversidad de aportaciones seminales, y no suponiendo que representa un modelo aún no superado, es como entendemos la aportación del pensamiento marxista al desarrollo del pensamiento social contemporáneo.




2. PARADIGMA DE LA METODOLOGÍA DURKHEINIANA.
Emile Durkheim (1858-1917) es una de las figuras más controvertidas de los sociólogos clásicos. Durkheim puede ser considerado el sociólogo por excelencia, que ha establecido de manera más firme los fundamentos esenciales del método científico aplicado a los fenómenos sociales.

El estudio clásico de Emile Durkheim sobre el suicidio sigue utilizándose en los libros de texto como ejemplo paradigmático de construcción de teoría sociológica. Los sociólogos matemáticos acuden una y otra vez a los estudios empíricos de Durkheim para ejemplificar sus intentos de formalización de la teoría sociológica.

Una de las más notables cualidades de Durkheim como científico, fue su capacidad para desarrollar de una manera continuada los criterios de una ciencia social, y los atributos del campo de la sociología desde sus primeras publicaciones, y que siguió durante toda su vida.

Durkheim se muestra interesado en definir las condiciones generales para el establecimiento de una ciencia social. “Una disciplina, según Durkheim, puede decirse que es una ciencia sólo si tiene un campo definido por explorar. La ciencia se interesa por cosas, por realidades. Si no tiene un material definido para describir e interpretar, existe un vacío... Antes de que la ciencia social pueda comenzar a existir, se le tiene que asignar un objetivo sustantivo bien definido”.



Para Durkheim, la tarea de las ciencias sociales es descubrir aquellas uniformidades y regularidades de la conducta humana que no sean accidentales. Y para discernir tales uniformidades y tipos en la sociedad es preciso poseer un método apropiado a la naturaleza de las cosas estudiadas y a los requisitos de la ciencia. Tal método, sin embargo, no se encontraba definido. Incluso los sociólogos no se han preocupado mucho por caracterizar y definir el método que aplican el estudio de los hechos sociales. Durkheim destaca la escasez de tratamientos que en su época existían sobre problemas metodológicos. Y esta es la tarea que Durkheim se asigna: escribir un tratado metodológico que se preocupe de los siguientes puntos específicos: 1. Precauciones que deben adoptarse en la observación de los hechos sociales; 2. Modo de plantear los principales problemas; 3. Sentido que debía imprimirse a las investigaciones; 4. Prácticos especiales que permiten obtener resultados de dichas investigaciones; y 5. Reglas que deben presidir la realización de las pruebas. Se trata, pues, de un completo y riguroso programa de investigación que Durkheim realiza plenamente sobre todo en sus obras fundamentales, de División del Trabajo Social, El Suicidio y Las Formas Elementales de la Vida Religiosa. Los datos sociológicos de los que parte Durkheim para la realización de sus investigaciones empíricas reflejan, en buena medida, su propia evolución intelectual. En la División del Trabajo, Durkheim avanza y declara que el sujeto de su estudio son los hechos de la vida moral, esto es, fenómenos como otros: consiste en reglas de acción reconocibles por ciertas características distintivas.

Los hechos sociales “son modos de actuar, de pensar y de sentir exteriores al individuo, y que poseen un poder de coerción en virtud del cual se le imponen”. La insistencia de Durkheim en distinguir la objetividad externa de los hechos sociales, en relación a los datos biológicos y psicológicos, se mantiene hasta en la última de sus obras.



Visto desde la perspectiva actual, el esfuerzo mayor que realiza Durkheim en Las Reglas consiste en separar lo más nítidamente posible lo social de lo individual, lo sociológico de lo psicológico. Aún reconociendo Durkheim que la diferencia entre hecho social y sus repercusiones individuales no se ofrece inmediatamente a la observación, a menudo es posible realizarla con la ayuda de ciertos artificios de carácter metodológico.

Los hechos sociales se reflejan de alguna manera en las estadísticas, y a éstas acudió Durkheim para realizar su estudio sobre El Suicidio, que continua siendo un modelo de investigación sociológica. Cierto es que probablemente sobre pocos temas más hubiera podido encontrar Durkheim la riqueza de datos estadísticos que encontró en su época sobre el fenómeno del suicidio. Más en cualquier caso, su estudio continúa siendo un ejemplo para la actual metodología de las ciencias sociales.

El análisis de Durkheim en El Suicidio suministra también un buen ejemplo de lo que se ha venido a llamar análisis contextual, esto es, la consideración conjunta de las características individuales y del grupo en las tasas de la conducta individual.

Así, al comparar las tasas de suicidio en dos zonas, Durkheim encontró que la relación entre sexo y suicidio era diferente en ambas zonas. Esto es, que las características zonales tienen un impacto diferencial en la asociación sexo-suicidio de ambas zonas.

Durkheim se mostró generoso en el uso del análisis replicativo, esto es, en el estudio sistemático de una relación dada en diferentes contextos. Este abundante uso de la replicación contrasta con las actuales encuestas sociológicas, en las que con frecuencia una relación se demuestra en una sola tabla.


El estudio de Durkheim sobre El Suicidio no sólo es un ejemplo para la moderna investigación sociológica empírica, sino un ejemplo de la aplicación de la lógica de la ciencia en la sociología. Wallace ejemplifica los elementos del proceso científico en la sociología con una lectura actualizada de El Suicidio. Una vez planteado el problema, en función de una teoría y una hipótesis anterior, Durkheim trató de interpretar el concepto en términos de fenómenos sobre los que pudieran realizarse las observaciones. Durkheim usó la escala de proporciones del recuento; las escalas nominales de aplicación religiosa, de sexo, nacionalidad, etc.; la escala de intervalos de calendario anual; y la escala ordinal del status matrimonial, para aplicarlas a sus observaciones. El muestreo de los suicidios los hizo en base a las estadísticas referentes a uno años dados del siglo XIX, en diversas regiones europeas, y según la edad, sexo, etc. La teoría, obtenida por la ordenación de las proposiciones, permitió a Durkheim deducir, interpretar y finalmente contrastar varias hipótesis.

El método comparativo que propugna Durkheim para la explicación casual de los hechos sociales, está exento de toda implicación cósmica, es independiente de toda filosofía. Se subordina totalmente a la idea de que los hechos sociales son cosas, y deben ser tratados como tales. El método comparativo es inseparable para Durkheim, de la sociología científica. En sus propias palabras, “la sociología comparativa no es una rama particular de la sociología; es la propia sociología, en tanto que cesa de ser puramente descriptiva y aspira a explicar los hechos”.



Buena parte del moderno funcionalismo en sociología y en antropología tiene sus orígenes en el análisis durkheiniano. Para Durkheim, no se pueden comprender y describir adecuadamente los hechos sociales a través de la simple descripción de su forma o uso manifiesto. La función de un hecho social debe ser buscada siempre en la relación que mantiene con cierto fin social. Durkheim argumenta que la principal función de la división del trabajo en la sociedad es la de promover la solidaridad social, y que la función de la religión no es psicológica sino social. Indica que debe buscarse la causa determinante de un hecho social entre los hechos sociales antecedentes, y no entre los estudios de la conciencia individual.

Durkheim insistió en el hecho de que la sociedad, “es sobre todo una composición de ideas”. “Los principales fenómenos sociales, religión, moral, ley, economista y estética, no son otra cosa que sistemas de valores y por lo tanto ideales. La sociología se mueve desde el principio en el campo de los ideales... El ideal es de hecho su campo peculiar de estudio”. Para Durkheim no es suficiente postular un cierto número de ideales para comprender cómo son posibles los juicios de valor. “Sus orígenes, la forma en que se relacionan y que trasciende la experiencia, y la naturaleza de su objetividad deben ser tenidas en cuenta”.

La obra de Durkheim posee una cualidad que pocas otras obras sociológicas tienen, la de mostrar que la investigación empírica sólo es útil cuando viene guiada por una teoría bien establecida. El mensaje del paradigma durkheiniano, siguiendo a Selvin, bien puede ser el siguiente: la metodología sólo es útil en tanto que nace de las necesidades de una teoría, y la teoría es tanto más provechosa cuanto más verificada y refinada esté por la investigación empírica.


3. EL PARADIGMA DE LA METODOLOGÍA WEBERIANA.
3.1. Weber y la investigación empírica.
Weber (1864-1920) realizó tres investigaciones sobre las condiciones de trabajo de obreros agrícolas e industriales, sobre sus actitudes e historias de trabajo, utilizando cuestionarios y observación directa. En todo este trabajo, Weber mostró explícitamente su interés por las técnicas cuantitativas, y por el concepto de probabilidad en el estudio del significado de las relaciones sociales.

Actualmente, está fuera de duda el gran interés que mostró Weber por las encuestas sociales. Igualmente Weber mostró su interés metodológico por dos temas: la elección de los informantes y la mejora del diseño del cuestionario. En las notas metodológicas que acompañan a los estudios, Weber ya estaba interesado por el tratamiento de las actitudes, aspecto sobre el que nunca llegó a tener una opinión definida.



Weber tuvo relación entre otros con dos estudios empíricos, en los que defendió el uso sistemático de tabulaciones estadísticas cruzadas, y mostró su convicción de que las entrevistas directas con personas de bajos ingresos merecían tanta confianza como el juicio de expertos informantes. Según Weber “Sólo después de haber explotado cuantitativamente el material y de haber relacionado entre sí sus diversas partes, se puede utilizar como base para la construcción de tipos de conciencia y mentalidad proletaria, de tipos sustantivos y formales. En todo caso, se debe tratar el problema en base a números, esto es, investigar diferencias en la frecuencia de ciertos estilos de expresión y de orientación de pensamiento, según la edad, ingresos, y lugar de origen de los respondientes. Los casos dudosos deben dejarse de lado, mientras que las indiscutibles, si es posible, deben reunirse en tipos, todo ello muy cuidadosamente, y con un continuo examen de los datos originales”.

Weber nunca explicitó sus ideas sobre si las actitudes podían medirse.

Según Weber existían dos formas de estudiar la “acción”, a través del método deductivo o por medio de una perspectiva empírica, que lo acercaba peligrosamente a la “psicología”. Esta última perspectiva, finalmente aceptada por la investigación contemporánea nunca llegó a convencer definitivamente a Weber, quien mantuvo su ambivalencia entre ambas perspectivas.

A pesar de los esfuerzos de Weber por proporcionar la investigación empírica, no consiguió su institucionalización en Alemania.

No es posible encontrar en Weber, al contrario de lo que ocurre en el caso de Durkheim, una obra concreta en la que poder seguir un esquema metodología general. La propia obra metodológica de Weber tiene un carácter fragmentario y, sobre todo polémico.

Nunca llegó a escribir un enunciado general de su postura metodológica, con excepción de su breve artículo “Fundamentos Metodológicos de la Sociología”.


3.2. La Metodología weberiana y la disputa alemana del método.
Los presupuestos metodológicos de Max Weber encuentran su término de referencia más apropiado en las polémicas que se produjeron en la cultura alemana cerca de los fines de las ciencias históricas sociales y de la relevancia de sus métodos de investigación.


La cultura alemana rechazaba el positivismo francés de Comte y el inglés de Spencer, aunque no la sociología como tal, así, aparece la tarea para las ciencias histórico-sociales de definir un método que hiciera posible el conocimiento objetivamente válido.

La metodología de Weber representa un esfuerzo por reconciliar dos posiciones antitéticas sobre el alcance y el método de las ciencias sociales. La sociología comprensiva weberiana resume implícitamente la distinción diltheyana entre ciencias naturales y ciencias del espíritu -en este sentido habla de ciencias histórico culturales o histórico-sociales-, al mismo tiempo que resume las relaciones con los valores que destaca Rickert.

Weber enseñó a plantear como problema no sólo los hechos, sino también las premisas de valor, la relación con los valores, de los juicios y de los intereses científicos sobre los hechos y sobre los fenómenos.

Weber se enfrentó con el problema de la formulación lógica de instrumentos de investigación que le permitiesen acceder a los resultados buscados.

En el artículo metodológico más sistemático de Weber, la objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social, trata de delimitar objetivamente el ámbito de la ciencia social. En este artículo Weber pone de manifiesto que lo que distingue al conocimiento histórico no es el tener como objeto el espíritu antes que la naturaleza o que la comprensión sea un método más válido que la explicación causal. Lo que distingue al conocimiento histórico de la ciencia natural es su particular estructura lógica, es decir, su orientación hacia la individualidad.


Aún admitiendo que las ciencias histórico-sociales pueden servirse del proceso de interpretación, Weber insiste en la necesidad de discernir relaciones causales entre fenómenos individuales, explicando cada fenómeno de acuerdo con las relaciones, diversas en cada caso, que lo ligan con otra.

El problema central de la metodología weberiana es el de la objetividad de las ciencias histórico-sociales. Weber insistió en la necesidad de establecer una línea clara entre “lo que es” y “lo que debe ser”, rechazando de pleno el punto de vista de que una ciencia empírica proporcione normas e ideales obligatorios. “Una ciencia empírica no puede enseñar a nadie qué debe hacer, sino únicamente qué puede hacer y, en ciertas circunstancias, qué quiere”. Weber admite que “el conocimiento de la cultura está condicionado por ideas de valor”, lo que hace que el conocimiento de la realidad cultural sea “siempre un conocimiento que parte desde puntos de vista específicamente particulares”.

El científico social sólo se ocupa de aquellos datos a los que atribuye significación cultural, y dentro de este esquema las relaciones con los valores designan el particular punto de vista que el investigador social adopta.

Así, el campo de investigación de la cultura pasa a convertirse en un complejo de campos de investigación autónomos, relacionados entre sí de forma distinta según la etapa del desarrollo histórico considerada. Es aquí donde Weber abandona el modelo clásico de explicación causal e introduce el concepto de explicación condicional. Weber pone de manifiesto la necesidad de sustituir la explicación causal clásica con su relación de carácter necesario, por una relación de condicionamiento, al señalar que la diversidad de puntos de vista creaban la posibilidad de diversas órdenes de explicación.



La objetividad de las ciencias histórico-sociales se logra, en la metodología weberiana, pues, a través de dos condiciones fundamentales. Distinguiendo entre investigación objetiva y juicio de valor, y destacando el carácter probabilista del procedimiento de explicación causal. Al preguntarse Weber por el lugar de los conceptos y de las reglas generales en el ámbito del conocimiento histórico, introduce la controvertida noción del tipo ideal. Ciertamente Weber no fue el creador del concepto tipo ideal, ya que en esto, como en otros aspectos, aprendió mucho de Marx.

En la obra de Weber es posible dilucidar como mínimo dos sentidos con los que utiliza el término “tipo ideales”. En un sentido, todos los conocimientos y las teorías son tipos ideales, y en otro sentido, los utiliza de una manera muy específica al referirse a los conceptos de relevancia-valorativa implicados en la distinción de complejos particulares de sentido.

Weber define el objeto de la sociología como constituido por las uniformidades de la conducta humana en cuanto dotadas de sentido. Tal como destaca Parsons, del estudio crítico del objetivismo, surgen los siguientes puntos en la metodología weberiana: 1) defensa del empleo de conceptos generales en las ciencias sociales; 2) insistencia en el carácter abstracto de estos conceptos generales; 3) aparición, como objeto de la comprensión, del aspecto subjetivo de la acción; y 4) papel central del concepto de la racionalidad de la acción, implicando una relación de medios y fines.
3.3. La Metodología weberiana y la lógica de la prueba empírica.
En el pensamiento de Weber, se puede abordar también sistemática el estudio de la lógica de las condiciones de la prueba objetiva de las proposiciones empíricas.


El problema lógico que intenta resolver Weber es el de la traslación de una racionalidad subjetiva a un conocimiento objetivo, para lo cual desarrolló las categorías de posibilidad objetiva y de explicación adecuada. Los pasos lógicos que sigue Weber en el proceso de la explicación causal son los siguientes:
1. Construcción y comprobación descriptiva de un individuo histórico: la cosa a explicar.

2. Análisis del fenómeno de manera que se descomponga en elementos de tal carácter que cada uno de ellos pueda ser subsumido bajo una ley general.

3. Se presupone un conocimiento previo de tales leyes generales.

4. Eliminación o alteración hipotética de uno o más factores del proceso con respecto al cual se quiere suscitar la cuestión de su significación causal para el resultado.

5. Construcción hipotética de lo que sería entonces el curso esperado de los acontecimientos.

6. Comparación de la concepción hipotética de un posible desarrollo con el curso efectivo de los acontecimientos.

7. Sobre la base de esta comparación, extracción de conclusiones causales.
Weber tuvo muchas críticas como la de Runciman que señaló los siguientes errores: a) no distinguió adecuadamente entre presupuestos teóricos y juicios de valor implícitos; b) no acertó en la forma en que la explicación “ideográfica” es subsumida en leyes causales; y c) no consiguió relacionar claramente la explicación con la descripción. Parsons aduce que el fracaso de Weber se debió sobre todo a la rigidez de la frontera metodológica que intentó trazar entre las ciencias naturales y las ciencias sociales.


Por otra parte, el logro metodológico de Weber no ha sido sólo el de separar las diferencias substantivas en el orden de los hechos de consideraciones del carácter lógico de la teoría científica.

Además delineó correctamente los siguientes problemas de la sociología como ciencia: el potencial obstructivo de los juicios de valor; la naturaleza subjetiva de la acción social; la unidad de los sucesos históricos; y la irreductibilidad de la sociología a la psicología.



En Weber los problemas metodológicos adquieren sentido cuando se les relaciona con los problemas teóricos y empíricos planteados. La posición metodológica de Weber, se sitúa más al nivel de la metodología de la ciencia que a un nivel epistemológico. Weber fundamentalmente, no se ocupó de la cuestión de los presupuestos sobre los que es posible o no una ciencia empírica válida en el ámbito de la significación humana y de la acción subjetivamente orientada. Aceptada esta posibilidad, la metodología weberiana se interesó, como se ha visto anteriormente, por los problemas centrales que siguen atrayendo la atención de la sociología en la actualidad.



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