Trabajo inmaterial: divergencias teóricas y conceptuales Stefania Becattini Vaccaro



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TRABAJO INMATERIAL: divergencias teóricas y conceptuales
Stefania Becattini Vaccaro

Doctora en Ciencias Sociales y Jurídica (Brasil)

Universidad Estadual de Minas Gerais

GT 17 – Reestructuración productiva, Trabajo y Dominación Social


RESUMEN: Este artículo es parte del resultado de la investigación de la tesis de doctoramiento en teoría social y cultura contemporánea. El objetivo de este trabajo fue investigar si el concepto ‘trabajo inmaterial’ presenta densidad teórica suficiente para funcionar como una categoría de investigación en las ciencias sociales. Así, hicimos una contraposición entre las ideas desarrolladas por Antonio Negri y Maurizio Lazzarato con aquellas otras propuestas por André Gorz. Por medio de una pesquisa teórico-analítica evidenciamos las diferencias y las cercanías entre los argumentos presentados por esos autores. Nuestra conclusión es que esa expresión presenta hoy más de un significado y que, además, el término está rodeado de imprecisiones. En consecuencia, los hallazgos impiden que esa expresión se constituya como una categoría analítica de investigación en sociología del trabajo.

Palabras clave: Trabajo inmaterial. Multitud. Sociedad dual. Teoría valor-trabajo.

NO MATERIAL WORK: theory and conceptual differences

Abstract: This article did a theoretical contraposition among the ideas developed by Antonio Negri and Maurizio Lazzarato and those proposed by Andre Gorz. The objective of this confrontation was verified the differences and the proximities of the arguments this authors develop about “no material work” category. So it was done a study theoretical-analytical of the conceptual approach presented by these respective authors on their texts. Our conclusion is that this term is surrounded by imprecision and the subjacent fundaments to each of these lines are different.

Key-words: no material work, crowd, dual society, labor value theory.

1 INTRODUCCIÓN

En los años 90, cuando la discusión “acerca de la reestructuración productiva, crisis del fordismo y transformaciones del trabajo” (COCCO, 2001, p. 07. Trad. libre) era muy fuerte, Antonio Negri y Maurizio Lazzarato (2001) crearon la expresión «trabajo inmaterial». Esos autores querían, con ese designativo, constituir una categoría explicativa de los cambios sociales y de las transformaciones en el ámbito del trabajo. Más tarde, ese debate ganó un refuerzo gracias a la publicación de dos otros libros – Miserias del presente y Riqueza de lo posible (2004); Inmaterial (2005) –, ambos de André Gorz.

Esos tres autores, de forma directa, establecieron un diálogo con la obra de Karl Marx. No obstante, lo hicieron adoptando diferentes perspectivas. Mientras Gorz intentó verificar la robustez de la teoría valor-trabajo ante las dinámicas contemporáneas económicas, Negri y Lazzarato dejaron de lado el abordaje de la teoría económica de Marx y se concentraron en la dimensión política de sus textos. Esos autores también adoptaron diferentes abordajes al respecto de la forma de estructuración y de organización de las sociedades.

Ocurre que la cercanía entre algunos de los argumentos desarrollados por esos autores hizo con que esas diferentes teorías fuesen reunidas bajo el designativo ‘trabajo inmaterial’, lo que ha creado una gran confusión conceptual.



2 La piedra fundamental

Las ideas elaboradas por Negri y Lazzarato tienen origen en el operaísmo. Eso significa decir que esos autores rechazan la idea de separación entre trabajo productivo e improductivo, o sea, ellos afirman que los límites de la centralidad productiva están más allá de la relación salarial (cf. COCCO, 2001). Significa igualmente decir que esos autores entienden el trabajo vivo como un concepto meta-económico que sólo tardíamente – con el desarrollo del capitalismo – ha asumido un carácter instrumental. Para ellos, Marx atribuyó un sentido amplio al trabajo vivo, lo cual se presenta simultáneamente como un acto político y como un acto de trabajo en sentido estricto.

En razón de ese entendimiento, Negri y Lazzarato sostienen que el problema central de nuestros días tiene naturaleza política porque la gran cuestión actual sería la necesidad de reavivar la potencia revolucionaria de los escritos de Marx para, entonces, definir el sujeto revolucionario de nuestro tiempo (cf. GURGEL; MENDES, 2010). Ellos extraen esa afirmativa de una relectura de los Grundrisse (2011). Obra que, para ellos, tiene un carácter más político que económico, ya que allí Marx habría evidenciado la inminencia de la destrucción del capital y de la emanación de una crisis en las relaciones sociales.

Enseguida, esos autores rechazan la idea de militantes de una clase operaria y alejan la necesidad de mediación de los sindicatos y/o partidos políticos para la toma del poder. Contra la visión tradicional, ellos defienden la emergencia de un nuevo sujeto político formado por una subjetividad autónoma que no es más subordinada al capital. Ese sujeto político, para ellos, se manifiesta en la «multitud».

La multitud, al contrario de la masa, es un proceso organizado con objetivo de resistencia, de insurrección y de poder constituyente. Su forma de actuación no es coordinada por una entidad externa, pero resultante de la democracia organizada alrededor de un determinado evento momentáneo. En esa perspectiva, la multitud traduce un proceso inmanente de anti-poder con base en el principio de la libertad y en su práctica.

Para Negri y Lazzarato, la libertad se manifiesta por medio del trabajo vivo que actúa como un contra-poder al capital para abolir su dominación. Por eso, ellos sostienen que “el concepto del trabajo vivo es la clave, sea para analizar y comprender la producción, sea para aprehender el sujeto revolucionario” (LAZZARATO; NEGRI, 2001, p. 76. Trad. Libre).

Aún, según ellos, hoy vivimos un proceso revolucionario gracias a la constitución del individuo social y del establecimiento de la hegemonía del trabajo inmaterial, en su aspecto cualitativo. Acá, el trabajo inmaterial es entendido como un acto que aumenta e intensifica la esfera de la libertad de los sujetos, porque su ejercicio amplía la “cooperación productiva que llega a incluir la producción y la reproducción de la comunicación y, por medio de ella, a su contenido más importante: la subjetividad” (LAZZARATO; 1997, p. 01).

Para esos autores, el trabajo inmaterial solamente se constituye de modo colectivo y sólo existe bajo la forma de redes y de flujos. Por eso, ellos atribuyen el carácter productivo del trabajo a los flujos comunicacionales, capaces de activar una red de sentido dentro del conjunto de las relaciones sociales. En otras palabras, al trabajo inmaterial corresponde justamente el acto de crear procesos autónomos de subjetivación y de desarrollo del individuo social.

Según esos autores, el gran cambio socioeconómico contemporáneo está en la reconfiguración de las esferas de producción y de consumo. Antes autónomas y dependientes, ahora un todo circular activado y organizado continuamente por el proceso de comunicación. El modo de producción ya no más es anclado en la explotación de la fuerza del trabajo, pero resultante de actividades intelectuales conectadas al savoir-faire colectivo. Por su vez, la producción social no es más destinada a producir mercancías, pero informaciones. Así, la publicidad dejó de ser un mero soporte de venta de productos para constituirse como una plataforma de comunicación social.

En resumen, para Negri y Lazzarato, la publicidad se transformó en un proceso de comunicación social que se ocupa de difundir valores de naturaleza política, cultural y ética. Para ellos, el consumo de esas informaciones hace con que nuevas subjetividades surjan y que otra realidad – la del comunismo – sea edificada, llevando a la muerte el capitalismo.



3. La continuación del debate

Gorz, en continuidad a sus estudios iniciados a fines del 70 sobre los avatares del trabajo, argumentó la actual desmaterialización del capitalismo y empezó a filosofar sobre posibilidades abiertas de constitución de una sociedad alternativa. Para él, esa nueva sociedad seria “dual, asentada en la contraposición entre tiempo de trabajo y tiempo libre” (SILVA, 2014, p. 104. Trad. Libre).

El tema central de Gorz fue la liberación del tiempo y la necesidad de crear mecanismos nuevos de intermediación política capaces de fomentar vivencias de libertad, de coordinar la redistribución de trabajo y el rendimiento social, así como, de comandar la generación de excedente económico. Para ese autor, la creciente complexidad productiva y su interdependencia global imposibilitan el desarrollo de sociedades autodireccionadas por los propios individuos.

Ese entendimiento deja evidente la existencia de diferencias de perspectivas entre Gorz y los filósofos italianos sobre la forma de organización de las sociedades. Mientras esos últimos rechazan la necesidad de cualquier mediación política, Gorz expresamente la solicita para que sea estructurada una sociedad dual.

Para el filósofo francés, es necesario reducir el tiempo de trabajo al mínimo posible e incentivar la pérdida de centralidad del trabajo en la conciencia de los individuos. Así, surgirían otros ideales capaces de guiar las personas y, consecuentemente, las sociedades. Por eso, Gorz defiende el ‘fin del trabajo’, o mejor, defiende el fin de la idolatría al trabajo.

Su visión es construida sobre algunos elementos de análisis – el sentido del sujeto, de clase y de historia – que no pueden ser prescindidos para entender sus ideas. Para Gorz, el ideal de clase es una utopía marxiana ya que, por definición, la clase no puede ser sujeto. Sólo los individuos podrían serlo a través del hacer político. Para él, los hombres deben tener conciencia de su autonomía, percibir sus acciones y por ellas responsabilizarse. Sin embargo, ese individuo autónomo no se hace en la esfera mercantil. La producción de sí es construida en el campo de los afectos.

Se hace evidente más un punto de diferencia con la teoría de Lazzarato y Negri. Mientras esos últimos creen ser posible la emanación de individuos autónomos dentro de los límites del mercado, Gorz expresamente rechaza esa posibilidad. Para el filósofo francés, el individuo autónomo sólo construye sus acciones y decisiones soberanas fuera de la esfera de la circulación de mercancías. Justamente por ello, él defiende el ingreso de existencia incondicional1 como presupuesto social capaz de garantizar la emanación de esa facultad.

Para Gorz (1982) el potencial de construcción de una sociedad alternativa al capitalismo está en la no clase de no trabajadores. Según él, esa no clase de no trabajadores es una capa de personas que viven la labor como una obligación externa, puesto que el trabajo no les devuelve cualquier sentido. Para esas personas, poco importa el tipo de trabajo que ejecutan, sólo lo hacen para ganar algún dinero.

Esa no clase es marcada por las relaciones capitalistas a pesar de no ser su producto directo. Sus componentes (neo-proletarios con súper cualificaciones ante los empleos que encuentran) forman una capa social heterogénea. Por consiguiente, esas personas no pueden ser definidas con base en ‘su’ trabajo, tampoco por la posición que ocupan en el proceso social. En la perspectiva de Gorz (1982), esa capa social era la única capaz de negar la lógica del presente, representada en las instituciones modernas y en la organización de la sociedad industrial. La pregunta que queda es si el autor, al atribuir a esa no clase el potencial de construcción del futuro, no ha incurrido en la misma visión profética de Marx. De acuerdo con él, no. Eso porque esa capa social es heterogénea, no presenta una unidad y ni tiene una misión a ser realizada. Además, para él, no hay una Historia a ser cumplida. Al contrario. El camino se escribe por medio de las decisiones presentes, las cuales deben ser resultantes de una absoluta libertad.

En lo que se refiere al proceso de desmaterialización del capitalismo, Gorz argumenta la ocurrencia de cambios sustanciales en el modo de producción. Para él, la dinámica de valoración del capital ha pasado de cuantitativa y material a cualitativa e inmaterial. Según él, actualmente está en curso un período de transición en que coexisten muchos modos de producción. Sin embargo, él señala haber un creciente dislocamiento del proceso de valoración para el trípode: conocimiento, valor y capital.

Para Gorz, la principal fuerza productiva en la contemporaneidad es el conocimiento. No obstante, la referencia que se hace acá no es solamente al conocimiento objetivo. La transformación sustancial de la economía está en la apropiación de los saberes (conocimientos tácitos) ya que “los factores que determinan la creación de valor son el ‘componente comportamental’ y la motivación, y no el tiempo del trabajo despendido” (GORZ, 2005, p. 10. Trad. Libre).

En resumen, ese autor ha entendido que el origen del valor crecientemente es conectado al savoir-faire de los individuos adquiridos en la cultura cotidiana. O sea, la vida como un todo se presenta como un sustrato de la riqueza económica. Por consecuencia, el tiempo socialmente necesario a la producción es incierto y las nociones de ‘sobre trabajo’ y de ‘sobre valor’ ya no son capaces de traducir la realidad.

Ese entendimiento acerca de la absorción integral de los elementos de la vida por el proceso económico es, sin duda, un punto de intersección entre la teoría de Gorz y aquélla de Lazzarato y Negri. Sin embargo, es importante observar que esas corrientes se diferencian en los análisis de los modos de apropiación del aspecto inmaterial. Aunque esos tres autores sostienen que el savoir-faire es la principal fuerza productiva, no se puede reducir una teoría a otra porque las diferencias son muchas.

Lazzarato y Negri no restringen el trabajo inmaterial al ámbito de la relación de asalariamiento, ya que para ellos la distinción entre trabajo productivo e improductivo es despropositada. Ellos aún atribuyen al individuo consumidor un rol activo en la producción. Ya Gorz (2005) entiende que la absorción de esa inmaterialidad es realizada por diferentes formas: (i) gracias a los individuos que se localizan dentro de la relación productiva (asalariada) y que fornecen conocimientos objetivos y tácitos, (ii) a causa del uso de las marcas y (iii) por medio de títulos de propiedad intelectual. Para él, el valor de los productos está en la capacidad práctica de la empresa limitar, por medios jurídicos o monopolistas, las posibilidades de reproducción de ese conocimiento, así como, en la capacidad empresarial de establecer una relación directa con su clientela y convencerla de la valía incomparable de sus productos.

Otro punto de confusión entre esas líneas teóricas viene del hecho que ambas conectan el embate político a las vivencias individuales, atribuyendo un rol importante a la comunicación social y a los aspectos culturales. Sin embargo, hay diferencias substanciales también en ese aspecto. Gorz no ha visto espacios para el ejercicio de la autonomía en el campo del trabajo heterónomo. Para él, la resistencia a esta forma de organización social es fomentada en los convivios personales fuera del mercado. Ya para los teóricos italianos es posible ‘la independencia de la actividad productiva ante la organización capitalista de la producción y de un proceso de constitución de una subjetividad autónoma” (LAZZARATO; NEGRI, 2001, p. 31. Trad. Libre).

Además, Gorz argumenta que la publicidad es un factor de importancia para la creación de las marcas y para la transformación de los productos, “mismo los más triviales, en vectores de un sentido simbólico” (2005, p. 48. Trad. Libre). Para él, la publicidad es un mecanismo de inserción de mensajes externos a los individuos, o sea, es una plataforma capaz de fomentar diferentes faltas y carencias en las personas. Ya para Lazzarato y Negri la publicidad ha migrado para la comunicación social y hoy actúa como un mecanismo de transformación y de captación de valores éticos, políticos y sociales.



4 Trabajo inmaterial

Para Lazzarato y Negri el trabajo es una unidad entre el hacer y el actuar, es decir, entre la praxis política y el trabajo en sentido estricto. En la perspectiva de ellos, la división entre trabajo productivo e improductivo es desrazonada. Así, ellos nada argumentan sobre el resultado productivo de la interacción social y no adoptan el concepto de trabajo abstracto como elemento unificador de la producción social. Por otro lado, ellos dividen la historia de los procesos del trabajo en el marco del capitalismo en dos grandes fases: antes de Taylor/Ford y después de ésos (cf. MORAES NETO, 2006).

Según los filósofos italianos, la primera fase del proceso del trabajo era dependiente del uso de una fuerza de trabajo detentora de grandes habilidades, las cuales posibilitaba a los individuos ejercer actividades plenas de contenido. Ya en la segunda fase, no existe esa necesidad a causa de la gerencia científica introducida por Taylor y de las innovaciones productivas desarrolladas por Ford. “Desde ese momento, el trabajo asalariado se caracteriza por la profunda ausencia de contenido, lo que llevó a la descualificación profesional y a la estandarización. Así, ha surgido históricamente la producción en masa” y, por consecuencia, el operario-masa (MORAES NETO, 2006, p. 42. Trad. Libre). Sin embargo, ese período también fue ultrapasado contemporáneamente. Hoy, en la tercera fase, la producción está anclada en relaciones de servicio2 de cuño afectivo, informacional y comunicativo, es decir, está basada en el trabajo inmaterial. Así, para ellos, ya no más es posible usar el tiempo cronometrado del reloj como criterio de mensuración de la productividad.

Esa demarcación histórica que los autores proponen es un equívoco. Como muy bien ha observado Moraes Neto (2006), Lazzarato y Negri en sus proposiciones ignoran el desarrollo teórico sobre los procesos de trabajo que Marx realizó en el Capital (2003). Además, ellos también conectan la producción material a la utilización masiva del trabajo vivo y la atan al ejercicio de trabajos manuales. Y lo hacen sin al menos, observar la realidad contraria de las industrias de flujo continuo. O sea, esos teóricos han reducido la relación de producción a aspectos cuantitativos e individuales que son extraños a Marx.

Ya la argumentación de Gorz camina en un sentido un poco diferente. Ese autor también ha afirmado que el tiempo no puede más servir como criterio para revelar la magnitud del valor. Sin embargo, su énfasis recae sobre la cualificación social de la fuerza del trabajo dado que, en su entendimiento, “toda producción, de modo cada vez más acentuado, se asemeja a una prestación de servicio” (GORZ, 2005, p. 09. Trad. Libre).

Para el filósofo francés, la cualificación anteriormente consistía “en una adquisición de una cuantidad determinada de saber socializado y estandarizado” (GORZ, 1982, p. 120. Trad. Libre). Eso hacía con que los trabajos, al principio, se presentasen como “equivalentes e intercambiables en grados muy próximos” (GORZ, 1982, p. 120. Trad. Libre). Hoy, contrariamente, las actividades presentan la marca personal típica de las relaciones de servicio, de modo que tales actividades pasaron a ser ejercidas intuitivamente.

Para Gorz, el problema central está en la imposibilidad actual de mensurar el tiempo necesario de reproducción de la fuerza del trabajo. O sea, ese autor adoptó como presupuesto de su raciocinio la existencia del trabajo abstracto como regla en la fase de la gran industria. Eso es muy diferente de la división histórica realizada por Lazzarato y Negri. Además, el filósofo francés establece un diálogo directo con las categorías marxianas del trabajo productivo e improductivo, al contrario de lo que hacen los filósofos italianos.

Por todo eso, es que entendemos que el intento de crear una categoría teórica a partir de la expresión ‘trabajo inmaterial’ es frágil porque ese término está rodeado de imprecisiones. La única certeza sobre este concepto es su límite negativo, es decir, hoy solamente se puede afirmar que la expresión trabajo inmaterial no se refiere al trabajo industrial manual.



5 Consideraciones finales

En síntesis lo que verificamos es que hoy existe una junción equivocada entre las diferentes teorías acá presentadas. Argumentos muy distantes están siendo unidos, sin grandes cuidados, bajo el rótulo de trabajo inmaterial. Sin embargo, esa igualdad de proposiciones es sólo aparente. El debate sobre la praxis política y sobre la participación del individuo que esos tres autores realizan es muy diferente. Mientras Gorz expresamente defiende la necesidad de instancias políticas para el establecimiento de una sociedad dual, Lazzarato y Negri abogan el fin de cualquier mediación política y evocan una democracia absoluta organizada alrededor de temáticas momentáneas.

Por otra parte, Gorz explícitamente refuta la idea de un sentido histórico. Para él, la lucha política está en crear mecanismos que permitan a los individuos romper con la lógica productivista y establecer otras dinámicas que privilegien las subjetividades. Ya Lazzarato y Negri no niegan directamente la perspectiva histórica de Marx, pero lo hacen indirectamente cuando atribuyen potencia política a la multitud. Además, contrariamente a Gorz ellos argumentan la posibilidad de ejercicio de autonomía en el ámbito de las relaciones de producción capitalista.

A lo que se refiere a la expresión ‘trabajo inmaterial’ identificamos que tanto Negri y Lazzarato, como Gorz la caracterizan como una relación de servicio, conectándola a los saberes, a los afectos y a los procesos comunicacionales. Sin embargo, los fundamentos por detrás de cada una de esas teorías – división entre trabajo productivo e improductivo; trabajo abstracto como elemento unificador de la producción social – hace con que el resultado final de las proposiciones sea bien diferente y que la circulación del término esté rodeada de imprecisiones. Por lo tanto, es un gran error equiparar esas teorías bajo el rótulo de “trabajo inmaterial”.



REFERÊNCIAS

GORZ, André. Adeus ao proletariado: para além do socialismo. Tradução de Ângela Ramalho Vianna e Sérgio Góes de Paula. Rio de Janeiro: Forense Universitária, 1982.


____________________. Misérias do presente, riqueza do possível. Tradução de Ana Montoia. São Paulo: Annablume, 2004.
__________________. O imaterial: conhecimento, valor e capital. Tradução de Celso Azzan Júnior. São Paulo: Annablume, 2005.
GURGEL, Clarisse; MENDES; Alexandre Pinto. Negri leitor de Marx: trabalho imaterial e multidão. Liinc em Revista, Rio de Janeiro, v. 6, n. 1, p. 22-38, 2010.
LAZZARATO, Maurizio. El ciclo de la producción inmaterial. Enmedio, 2007. Disponível em: . Acesso em: 18 abr. 2014.
LAZZARATO, Maurizio; NEGRI, Antonio. Trabalho imaterial: formas de vidas e de produção de subjetividade. Rio de Janeiro: DP&A, 2001.
MARX, Karl. O capital: crítica da economia política. Tradução de Rubens Enderle. São Paulo: Boitempo, 2013. Livro I: o processo de produção do capital.
MARX, Karl. Grundrisse: manuscritos econômicos de 1857-1858. Tradução de Mario Duayer e Nélio Schneider. São Paulo: Boitempo, 2011.
MORAES NETO, Benedito de. Pós-fordismo e trabalho em Antônio Negri: um comentário. Revista da Sociedade Brasileira de Economia Política, Uberlândia, n. 18, p. 39-61, jun. 2006.
SILVA, Josué Pereira da. Tempo de trabalho e imaterialidade na teoria social de André Gorz. Caderno CRH, Salvador, v. 27, n. 70, p. 101-113, jan./abr. 2014. Disponível em: . Acesso em: 20 jun. 2014.
VACCARO, Stefania Becattini. Riqueza Imaterial: uma análise sobre o trabalho e a produção do valor no século XXI. Tese apresentada ao programa de Pós-graduação em Sociologia e Direito da Universidade Federal Fluminense, 2015.

1 Sólo con la evolución de su pensamiento teórico Gorz ha pasado a defender el ingreso de la existencia incondicional. En un primer momento, él ha vinculado esa proposición al criterio de la productividad del trabajo. Fue cuando él pasó a tratar del tema de lo inmaterial que ha cambiado. Él, entonces, pasó a defender que ese ingreso garantizado fuese articulado con una política de redistribución del trabajo y de liberación del tiempo (cf. SILVA, 2014).

2 La utilización de ese término, relación de servicio, también ocasiona muchos problemas en el debate del inmaterial. Es muy común equiparar indebidamente relación de servicio y sector de servicio. Para ver esa discusión consultar Vaccaro (2015).


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