Trabajo final de grado



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UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

TRABAJO FINAL DE GRADO

Montevideo 30/10/2014


El amor en el capitalismo.

La teoría del reconocimiento de Axel Honneth como horizonte normativo

Tutora:

Sylvia Montañez Fierro



Revisora:

Ana Fascioli




Estudiante:

Silveira De León, Shubert

4.530.245-9

Índice


  1. Resumen………………………………………………………………………3

  2. Introducción…………………………………………………………………..4


Primera parte…………………………………………………………………………6

3. Reconocimiento y Autonomía……………………………………………………..7

4. Primera esfera de reconocimiento………………………………………………..11

5. Autonomía descentrada…………………………………………………………...13
Segunda parte………………………………………………………………………...18

6. Formas distorsionadas de reconocimiento……………………………………….19

6.1. El amor en el capitalismo………………………………………………..20

6. 2. Comprobación indirecta desde la sociología…………………………..23

6. 2.1. Cómo amamos según Zygmunt Bauman…………………….23

6. 2.2. Cómo amamos según Eva Illouz……………………………..26

6.3. El machismo como forma de reconocimiento distorsionado………….28

6.4. Socialización opresiva……………………………………………………29
7. Valoraciones sobre el amor en el capitalismo…………………………………….32

8. Conclusión………………………………………………………………………….35

9. Referencias bibliográficas………………………………………………………...37





1. Resumen

En el presente trabajo se articulan los conceptos de reconocimiento y de autonomía descentrada de Axel Honneth como punto de vista normativo para pensar un desarrollo social sano y justo para las sociedades postradicionales. El objetivo consiste en partir de los conceptos planteados por la filosofía del reconocimiento y analizar las relaciones más personales e íntimas de los individuos, como las que se dan en el seno de la familia (primera esfera de reconocimiento). Tales conceptos son comprendidos como ideales normativos que permiten diagnosticar situaciones de justicia o injusticia dentro de la trama social, entendiendo que los humanos somos vulnerables y necesitamos del apoyo y del cuidado de los otros para poder realizarnos como personas. En una segunda parte se realiza un enfoque ligado a la sociología, donde a partir de autores como Bauman, Beck o Illouz se analiza las formas con las que el actual capitalismo incide en las relaciones más personales, pues esta lógica muchas veces llevan a un reconocimiento distorsionado que agrava las posibilidades de autorrealización de los individuos. A este respecto se introduce el concepto de reificación pues permite pensar aquellas situaciones de instrumentalización ya sea con los otros así como para con uno mismo. De igual manera se acude a las nociones de reconocimiento como ideología y socialización opresiva, como ejemplos de reconocimiento distorsionado que no permite igualdad, sobre todo teniendo en cuenta variables de género. Por último se vuelve sobre cómo los conceptos de Honneth permiten superar estas situaciones de desigualdad.



  1. Introducción

La teoría del reconocimiento propuesta por Axel Honneth es de extrema utilidad cuando se propone pensar en término de justicia, pues permite ir más allá de un paradigma que predique que la igualdad se limite a temas de distribución de la riqueza. Para Honneth una sociedad justa es aquella que permita a cada uno de sus habitantes sentirse reconocidos y apreciados en tanto sus cualidades, siendo esto también el núcleo que le permite pensar a Honneth en los humanos como autónomos. Su teoría plantea que la autonomía estará signada por un equilibro entre las tres esferas de reconocimiento que su teoría plantea, ya que en ellas confluyen tanto el mundo interno del sujeto donde se da la autorreflexión y el pensamiento sobre las propias preferencias y deseos, pero también el valor social de esos deseos y preferencias.

En el presente trabajo me propongo presentar los planteos de Axel Honneth centrándome en la primera esfera de reconocimiento. El autor plantea entender sus postulados como una teoría normativa que permite fundamentar y sustentar planteos éticos y morales dentro de una sociedad capitalista en la cual muchas de las relaciones se ven distorsionadas por lógicas ajenas a los deseos de los individuos y al funcionamiento que por sí solos implican los vínculos. Todos estos conceptos van acompañados de la noción de autonomía relacional ya que se entiende que sólo se es autónomo dentro de un grupo y que ningún sujeto puede ser autónomo por si mismo sino que siempre lo es en dependencia con los demás. Incorporo muchos planteos provenientes de la sociología, con críticos como Bauman, Illouz, Beck entre otros. cuyo principal objetivo es describir las relaciones dentro de la familia en el siglo XXI, así como su objeto de estudio radica en describir cómo los cambios sociales influyen ya sea en la familia, las relaciones de pareja y de amistad, así como los vínculos más próximo que las personas realizan: es decir, la primera esfera de reconocimiento en la teoría de Axel Honneth, donde se dan las relaciones de amor en el sentido más lato.

A estos efectos, en un primer término me propongo desarrollar los planteos que Honneth hace acerca del tema en cuestión, desarrollando sus postulados más relevantes en su teoría del reconocimiento y centrándome en la ya mencionada primera esfera.

Luego, y como una segunda parte del trabajo se hace una doble división, a fin de analizar formas distorsionadas de reconocimiento, es decir, situaciones en el cual este reconocimiento no lleva a la igualdad ni a una relación justa, o bien situaciones en que el reconocimiento no se da en absoluto. De este modo se realiza una breve exposición de la lógica capitalista en las relaciones de enamoramiento y reconocimiento mutuo. Del mismo modo se analizan las dificultades que se presentan a través de las exigencias del mundo laboral en lo cual muchas veces lleva a que las relaciones se vean reificadas, es decir, en pos de seguir la lógica que el capitalismo impone los sujetos llegan a ser percibidos como medios y no como fines en sí mismos. Y por otro lado y en el seno mismo de la primera esfera se analizan las desigualdades que supone el machismo donde el reconocimiento es dado pero no en pos de una igualdad sino dentro de una relación de dominación, lo cual muchas veces pasan por mecanismos ligados a estructuras y tradiciones y no por consideraciones propias de los sujetos en cuestión

Este análisis, a saber, el de las patologías de la razón, se da dentro de la filosofía social, la cual se entiende como la reflexión en cuyo marco se discuten las pautas de las formas atinadas de vida social. Diferenciándose de la filosofía moral, que intenta responder sobre las acciones correctas y las obligaciones de los sujetos, y también de la filosofía política, que se encarga de pensar sobre el derecho y la distribución justa.

Siguiendo este hilo se presentarán diferentes formas patológicas en relación a lo que el reconocimiento refiere, como la ya mencionada reificación así como la socialización opresiva, para lo cual recurriré a los planteos de Benson, Bourdieu, Mackenzie, entre otros.

En la primera sección de la segunda parte el centro radica en el capitalismo y en su forma de accionar. En esta línea pretendo desarrollar de forma complementaria los planteos de Zygmun Bauman y de Eva Illouz al respecto, así como pequeñas puntualizaciones de otros autores que considere pertinente (Beck, Giddens, Hochschild etc.). En la segunda sección se analiza el machismo como centro de desigualdad, el cual no permite desarrollar una agencia moral plena en los sujetos, para ello se contrastan los planteos de la autonomía relacional y autonomía descentrada como forma de revertir estas desigualdades.

Por último se presentan las posibilidades emancipadoras surgidas de los planteos de Honneth, ya que estos pueden diagnosticar y ampliar el índice de racionalidad en situaciones de desigualdad y de sufrimiento moral. En la misma sección se realizan comparaciones y críticas que propicien una conclusión y valoración del tema del presente trabajo.



PRIMERA PARTE

  1. Reconocimiento y Autonomía

El reconocimiento es un concepto que tiene tanto una dimensión psicológica como una dimensión normativa, ambas forman parte de un mismo todo que consiste en un acto moral que está anclado como acontecimiento cotidiano en el mundo social. En este sentido se deja de lado la acepción meramente cognitiva del término y se lo asume como concepto normativo (Iser, 2013). El reconocimiento es un gesto expresivo que confirma al otro como tal y puede verse como una meta-acción en tanto muestra una motivación que tengo hacia un otro. Vale aclarar que el reconocimiento encuentra sustento en el ámbito de las razones, porque sólo cuando nuestro reconocimiento de otra persona está motivado por razones se presenta como una acción de discernimiento y por consiguiente se le puede incluir en el ámbito moral.

Por reconocimiento se designan actitudes y prácticas por las cuales los individuos y grupos sociales son afirmados en algunas de sus cualidades. A su vez, Jessica Benjamin (1998) entiende que es el reconocimiento lo que hace que una persona se sienta única y responsable de sus actos, y es conjuntamente con otros que reconocen sus actos, sentimientos, intenciones, existencia e independencia.

Honneth, a diferencia de lo que Habermas propone en su Ética de la acción comunicativa (1999), desarrolla un programa en el que defiende que los presupuestos normativos de la interacción social no pueden ser completamente entendidos ni definidos exclusivamente a partir de las condiciones lingüísticas para alcanzar un entendimiento libre de dominación. Se aleja del mismo modo de las teorías distributivas de justicia, cuyo máximo exponente es Rawls (1995) ya que Honneth considera que la concentración de la temática de la justicia por parte del Estado supone que todo lo que quede fuera de su consideración permanecerá inmune a las demandas de justicia. En este caso la familia se vería solo parcialmente afectada por la ley, adjudicándole un rol más que menor al respecto de la justicia (Honneth, 2013).

La cualidad moral de las relaciones sociales no solamente tiene que medirse por la distribución equitativa de los bienes materiales, sino, antes bien, por nuestra representación de la acción moralmente conectada con concepciones de cómo y en cuanto qué se reconocen mutuamente los sujetos, (Fascioli, 2011; Honneth, 1992)

Una ofensa moral se vincula intrínsecamente con la capacidad de una autorrelación práctica, es decir que un daño moral tendrá consecuencias en la manera en que el sujeto se autopercibe. Honneth introduce una alta sensibilidad a la vulnerabilidad de las personas, debido a que asume que siempre la constitución del sujeto se realiza en un contexto relacional, estimando que cada sujeto necesita de valoración y consideración intersubjetiva incluso en roles sociales que ejercen fuera de sus actividades como sujetos de derecho, es decir, dentro de las relaciones familiares y la estima laboral (Pereira, 2011).

Honneth entiende que la autonomía deriva de un fortalecimiento de la propia autocomprensión del sujeto, considerando que alcanzamos la autonomía a través de caminos intersubjetivos, al aprender a concebirnos a nosotros mismos a través del reconocimiento que nos otorgan otros como seres cuyas necesidades, capacidades y creencias merecen ser realizadas (Honneth, 2013; Anderson & Honneth, 2005).

Gustavo Pereira señala que “la autonomía es un conjunto de capacidades cognitivas y morales que permiten reflexionar críticamente sobre las preferencias, deseos y fines de acuerdo con valores y fines de orden supremo que le dan sentido y coherencia a la vida de las personas” (Pereira, 2009, 68). No desarrollamos la autonomía por nuestros propios medios sino que esta florece y se desarrolla sólo en relación con otras personas que están dispuestas a estimarnos en la misma medida en que nosotros debemos poder estimarlas a ellas. La autonomía es una magnitud relacional e intersubjetiva y no un logro monológico. La autonomía es intersubjetiva ya que los sujetos solo alcanzan la autodeterminación cuando aprenden a identificar sus necesidades, creencias y capacidades mediante acciones de reconocimiento recíproco dignas de ser articuladas y llevadas a cabo en la vida pública (Honneth, 2013). Solo es posible asegurar un pleno ejercicio de la autonomía a partir de la incorporación de los contextos de interacción como elemento que propicia el surgimiento de la fricción moral, es decir la capacidad de autorreflexión, la posibilidad de cuestionarse, de tomar distancia reflexiva, además de un cierto desarrollo de capacidades que solo pueden lograrse en contextos de intersubjetividad. A su vez lleva a que podamos concebirnos como proyectos siempre en ejecución -en estado abierto de Heidegger- incompletos y que requerimos del otro para cumplir siempre provisionalmente con la resolución del proceso. (Pereira, 2009)

Honneth además de retomar al joven Hegel, toma a G.H. Mead, éste ya postulaba que el yo (self) surge de una configuración de relaciones sociales específicas entre los individuos involucrados en determinados proyectos sociales (Mead, 1953).

Honneth describe tres tipos de esferas que se presentan como invariantes en toda interacción social y en las cuales se desarrolla la personalidad de todo sujeto perteneciente a tal tipo de sociedades. La clave explicativa sobre cuál es la dinámica del desarrollo de la personalidad humana, la recoge de los escritos del joven Hegel, durante su estancia en Jena. La premisa consiste en partir de una concepción antropológica que concibe al sujeto como inmerso en una trama social, en donde despliega su identidad mediante una forzosa interacción con los otros, negociando los significados sobre su propia identidad mediante el reconocimiento recíproco e intersubjetivo. Esta tesis tiene un énfasis fuertemente antropológico, ya que el mismo Honneth entienda el reconocimiento como una constante antropológica que se da de diferentes maneras a lo largo de la historia pero que siempre se encuentra presente, esta noción es rescatada a través de la traducción naturalista y materialista del ya mencionado G. H. Mead (Fleitas, 2010).

Siguiendo a Hegel, Honneth plantea la descripción de tres estadios o momentos en los cuales el reconocimiento recíproco se codifica en formas de interacción particulares, produciendo paulatinamente una creciente constitución de la autocomprensión del individuo. Tales esferas son denominadas por el autor como la esfera del amor, del derecho, y de la solidaridad. Cada una de estas esferas surge de la posibilidad teórica de reconocer diferentes tipos de reconocimiento equivalentes a la distinción de distintos tipos de autorrealización, que hacen posible una identidad del individuo sana o lograda (Fleitas, 2010). A los efectos de este trabajo me centraré en la primer esfera, sin dejar de considerar que estas esferas interactúan las unas con las otras y muchos problemas que surgen dentro de una misma esfera pueden llegar a ser solucionados por cualquiera de las otras dos.

Honneth entiende al sujeto no como un ser aislado sino como alguien inserto en una sociedad y formando parte de una comunidad determinada, es decir que considera que los sujetos toman decisiones únicamente por sus propios pensamientos y sentimientos, sino que lo hacen considerando a los demás miembros de la comunidad. Honneth introduce el concepto de autonomía descentrada, la cual requiere de condiciones tanto internas como externas al sujeto. Las internas están signadas por la esfera del amor (de ella surge la autoconfianza) y a su vez estará regida por el principio de la necesidad; la esfera del derecho (de ella surge el autorespeto) y por su parte está regida por el principio de la igualdad; y la esfera de la cooperación (de ella surge la autoestima) de modo que está regida por el principio del mérito. Las condiciones externas están determinadas por una “infraestructura de reconocimiento”, es decir, las formas específicas por las cuales el reconocimiento se vehiculariza dentro de una sociedad. Vale aclarar que las condiciones que podrían pensarse internas, subjetivas, son ajenas al medio social.

En su teoría de justica Honneth sostiene que, en tanto el sujeto necesita ser reconocido en diferentes aspectos de su personalidad que a su vez suponen diferentes esferas de interacción, la justicia social tendrá también una pluralidad de principios, uno por cada esfera de interacción relevante para la autorrealización. Entendemos por autorrealización a aquella instancia donde el sujeto se sienta plenamente reconocido y pueda entenderse como alguien importante para su comunidad.

La autorrealización se convierte entonces en el telos central, lo que aporta un componente ético: la igual oportunidad de autonomía para cada individuo no se logra sin un compromiso con la universal autorrealización de los individuos. En resumidas cuentas la fuerza normativa de una teoría de la justicia social dependerá de los principios de los que disponga para evaluar cada una de las esferas de reconocimiento que se han ido introduciendo (Rodriguez, 2010).

Honneth está interesado en darle a su teoría un fuerte sentido práctico, es por ello que el reconocimiento consiste en un acto moral que está anclado como un acontecimiento cotidiano en el mundo social, en el cual adquiere un contenido normativo. Para ello señala los tres patrones de reconocimiento (amor, justicia y solidaridad) los cuales presentan una interconexión estructural entre los tres estadios del desarrollo de la identidad individual. El telos de la identidad no distorsionada ordenará las medidas necesarias para alcanzar la expansión de la autonomía (la cual es vista como una capacidad que tiene ante todo la propiedad de ser creativa) que culmina con el reconocimiento diferencial de las cualidades y capacidades de cada sujeto como forma de obtener la autorrealización (Pereira, 2010).

La autoexpresión práctica del ser humano radica en su libre juego tanto de fuerzas físicas y espirituales, en la posibilidad de ejercer sus capacidades y llevar adelante su plan de vida buena. Hegel (2009) ya mencionaba que el proceso de formación de la voluntad se compone de las formas de la autoexperiencia que resultan de un proyecto que se orienta a la realización práctica y objetiva de las intenciones propias. Los modelos de reconocimiento como el de Honneth postulan un vínculo que nos obliga ya como seres humanos de una forma constitutiva y habilita a denunciar toda forma de reificación del otro o de uno mismo, que es un olvido de esta obligación necesaria de reconocimiento (Fascioli, 2012).

Mi interés radica en poder articular estos postulados centrándome en la primera esfera de reconocimiento que Honneth plantea, ya que la familia es el lugar donde se asientan los cimientos emotivos para todo lo que luego constituirá nuestra autoconfianza y nuestra capacidad de articular necesidades y a su vez contrastarlo con algunos postulados de sociólogos que analizan las relaciones amorosas en la actualidad, y ver en los postulados honnethianos un horizonte normativo que permita determinar formas distorsionadas en este tipo de relaciones.



  1. Primera esfera de reconocimiento

Hegel emplea por primera vez el concepto de reconocimiento al referirse a las relaciones amorosas, ya que el sujeto volitivo sólo en la experiencia del ser amado puede por primera vez experimentarse como sujeto, sujeto que necesita y que anhela. Hegel llega a expresar este concepto bajo la fórmula que señala que el amor es "un ser-sí-mismo en el otro".

Así, la primera esfera de reconocimiento en Honneth está signada por el amor, por el cual entiende la dedicación y el cuidado amoroso presente en las relaciones primarias, es decir, las que encontramos en el seno de la familia, las relaciones de pareja o bien en la amistad, ya que todas ellas tienen en común fuertes lazos afectivos -lo cual la diferencia de las dos restantes esferas, a saber derecho y valoración social-

El amar a un ser específico, a diferencia del respetar, incluye un factor que es que al amar a alguien consideramos a esa persona irremplazable e incomparable. Honneth (2007) entiende que cuando estamos enamorados o amamos a alguien, el otro se vuelve alguien único e insustituible.

La primera esfera tiene como eje el procurar el bienestar del otro en sus necesidades individuales y en ella las personas se reconocen como sujetos necesitados, o expresado de otra manera, entienden que sus necesidades y deseos tienen un valor único para otra persona (Fascioli, 2011). Amo al otro no según sus cualidades, sino según su existencia, es decir que el amor prevalece sobre la noción de mérito, a la vez que esta perspectiva postula que el amor es amor del amado y no un amor del prójimo, es decir que es un concepto restringido a un número reducido de personas e imposible de universalizar.

El amor ha sido históricamente un tema descuidado por la filosofía, y especialmente dentro de este el matrimonio y las relaciones de pareja, que al no ser parte central de la vida pública no se lo tuvo en cuenta por mucho tiempo. Para Kant (1967) el matrimonio se trataba de un acuerdo por el cual dos per­sonas confi­guran una voluntad unitaria. Por tanto, aunque el ma­trimonio se exprese como un contrato, su fuerza moral reside en el principio ontológico de integridad per­sonal, al que ese contrato obedece: el matrimonio es un contrato entre dos personas, en virtud del cual ambas partes se otorgan idénticos derechos, aceptando la condición de que cada uno en­trega al otro toda su persona y cobrando así cada cual pleno de­recho sobre la persona íntegra del otro. Esta es la única manera en que la razón reconoce como posible una rela­ción sexual recí­proca sin dar lugar a una degradación de la naturaleza humana y a una vulneración de la moralidad.

Las ideas de Kant tienen una clara influencia cristiana, ya en el Antiguo Testamento encontramos una justificación teológica del matrimonio como una institución que se justifica en contra del peligroso deseo sexual. El matrimonio es una disposición de Dios para que los humanos satisfagan sin pecado sus deseos. Kant, prácticamente mantiene el “pragmatismo” de esta concepción, donde dos personas entienden que lo más cómodo es unir sus dos voluntades, es decir un contrato que permite solucionar el problema de la instrumentalización del uno por el otro.

Como crítica a esta concepción, ya Hegel argumentó que reducir el matrimonio a una mera relación legal pierde el núcleo de cómo realmente se constituyó esta relación entre la pareja, esta es justamente la línea que Honneth retoma y trata de profundizar tomando aportes de otros pensadores, entendiendo que el concepto de “amor” debe ser tenido en cuenta por la filosofía contemporánea ya que es capaz de echar luz sobre muchos temas que hacen a la vida en sociedad.

Como ya planteaba en El arte de amar (1991) Erich Fromm, el amor es una actividad, no un afecto pasivo, es un "estar continuando" no un "súbito arranque". El amor implica cuidado, es una preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos, es un acto de voluntad y compromiso.

Honneth se vale de los planteos de la psicología genética de Donald Winnicott, ya que mantiene junto al psicoanalista inglés la hipótesis de que todas las relaciones amorosas son alimentadas por la evocación inconciente de la vivencia originaria de fusión que se imprimió en los primeros meses de vida de madre e hijo. La situación interna de ser-uno simbiótico constituye el esquema del ser plenamente feliz, de manera que en los sujetos está siempre despierto el deseo de fundirse con la otra persona.

Honneth y Winnicott en esto no se alejan de los planteos de Platón en El Banquete ya que entienden que el amor es una simbiosis quebrada por la recíproca individuación, una simbiosis rota por el reconocimiento, la cual consiste en reconocer al otro como una persona separada pero a la cual se está ligado emocionalmente y a la cual uno se dedica.

Es la unión sexual, por la que el uno se sabe reconciliado e indiferenciado con el otro. Pero, en cualquier caso, el proceso de fusión establece la condición de su posibilidad solamente a partir de la experiencia contrapuesta del otro que se perfila en sus propios límites: sólo porque la persona amada por la seguridad de la dedicación conquista de nuevo la potencia de poder abrirse por sí misma en una autorreferencia distendida, deviene sujeto autónomo con el que se puede vivir el ser-uno como una recíproca delimitación (Honneth, 1997, p.130)

El amor entendido desde esta perspectiva no solo es el primer paso para llegar a posiciones avanzadas del autorrespeto sino que también es un presupuesto esencial de toda autorrealización. Ya que como ha sido mencionado más arriba Honneth retomando a Winnicott y Erikson supone un desarrollo evolutivo y progresivo de la identidad individual que comienza en la primera esfera y que luego se extiende hacia las otras dos, pero si este reconocimiento no se logra de forma satisfactoria en el primer nivel, no se logrará tampoco un reconocimiento no distorsionado en la segunda y tercera esfera. Este tipo de reconocimiento en la primera esfera genera un tipo de autorrelación práctica, es decir un modo en que el sujeto se comprende a sí mismo, Honneth toma aquí de Erik Erikson el concepto de confianza en sí mismo o autoconfianza referido a un tipo de seguridad elemental sobre el valor de las propias necesidades, definiéndola como la confianza en las propias necesidades corporales.

El amor nos compele a garantizar un especial cuidado amoroso a aquellos a quienes amamos, idea que no nos lleva al abandono de la idea de deber moral, sino a una diversificación del mismo. A través de nuestros lazos de afecto alentamos a la otra persona a abrirse emocionalmente a nosotros de una forma que ella se vuelve vulnerable, que merece antes que un mero respeto moral, toda la benevolencia que podamos reunir.

El amor maduro significa la unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad (Fromm, 1991). Siguiendo a Harry Frankfurt (2006) el amor conduce al compromiso, genera una resonancia que permite vincularnos a futuro y a renunciar a las posibilidades de maximizar nuestras opciones, el carácter del amor opera desde el interior de la voluntad misma, nos vemos sujeto a tales limitaciones no por fuerzas externas sino a causa de nuestra propia voluntad.


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