Todos iguales pero diferentes. El derecho a una educación diferenciada



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TODOS IGUALES PERO DIFERENTES.
EL DERECHO A UNA EDUCACIÓN DIFERENCIADA
María Calvo Charro

Profesora Titular de la Universidad Carlos III

¿Cómo podríamos saber lo que nos conviene sin saber quienes somos? (Platón)

I – LA EDUCACIÓN MIXTA . UN DOGMA A DEBATE.
Poner en tela de juicio en España el dogma de la educación mixta o coeducación, es decir, cuestionar las ventajas de los colegios y clases compartidas por niños y niñas, lleva consigo de forma casi indefectible el ser tachado de retrógrado, encasillado en algún movimiento religioso radical o considerado contrario a un principio democrático fuertemente asentado y aceptado por la generalidad.

Sin embargo, sorprendentemente, en la actualidad, en algunos países desarrollados, las más modernas tendencias de la izquierda y los movimiento feministas más avanzados, están comenzando a replantearse el dogma y a exigir, sobre rigurosos estudios científicos y estadísticas, el reconocimiento del fracaso educativo de los colegios mixtos y la necesidad de aceptar que niños y niñas son diferentes y, en consecuencia, precisan de una educación diferenciada.

En los países más desarrollados de nuestro entorno se ha abierto un intenso debate público sobre la eficacia de la educación diferenciada, sus ventajas y desventajas están siendo analizadas en profundidad. En algunos de estos países la discusión y el análisis ha dejado ya paso a la adopción de medidas concretas, como la creación de colegios públicos “single-sex” o la separación dentro de un mismo colegio de clases de niños y clases de niñas durante determinadas edades.

Como ejemplo, podemos citar el caso de Nueva Gales del Sur, el estado con más población de Australia, donde las solicitudes de plaza en escuelas públicas mixtas se redujo, ya en el 2001, en un 50%1; o el de los Lander alemanes de Berlín y Renania del Norte-Westfalia, donde, desde 1998, por iniciativa de los socialistas y los verdes y con apoyo de los movimientos feministas, después de una seria investigación, se autorizaron las clases diferenciadas por sexo2. En este país la brecha definitiva se abrió en el 2004 cuando el semanario Der Spiegel, de tendencia socialista , dedicó el reportaje de la portada a analizar la situación de las escuelas en Alemania .

En Gran Bretaña, la red escolar está formada por centros masculinos, femeninos y mixtos con la misma consideración. Como es sobradamente conocido, los más prestigiosos colegios no son mixtos. Existe en este país una tradición arraigada de escuelas diferenciadas3. Aún así, en diciembre de 2004 el Ministro de educación (School Standards Minister) David Miliband, declaró la necesidad de insistir en los beneficios derivados para los jóvenes de una educación en colegios diferenciados4. Bastaría con separar a los niños y niñas durante determinadas clases aunque permanezcan en el mismo colegio e incluso la misma clase durante otros momentos del día5. Esta insistencia parte de la reciente publicación de un informe, resultado de cuatro años de investigación por la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge, en el que se analizan pormenorizadamente los beneficios que resultan de la educación diferenciada frente al sistema de educación mixta.

La coeducación en Francia comenzó a cuestionarse seriamente a partir de la publicación del controvertido libro del sociólogo (especialista en temas de adolescencia, juventud y familia) Michel Fize: “Las trampas de la educación mixta”; (2003). En el se expone cómo la coeducación en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos. Este libro ha abierto un encendido debate en la sociedad y entre los políticos franceses pues su autor es conocido por ser miembro del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRC) y sobre todo, por haber sido asesor técnico, entre 1997 y 2002, de la entonces Ministra de la Juventud y Deporte, Marie-George Buffet, miembro del partido comunista francés.6

En Québec, el prestigioso Consejo Superior de la Educación, en un informe de 1998, estimó necesaria una radical reforma pedagógica encaminada a separar chicas y chicos en las escuelas, lo que de hecho ya se está aplicando.

En Estados Unidos, la generalidad de las escuelas públicas son mixtas pero en distritos escolares de más de una docena de Estados –Texas, Colorado, Michigan y Georgia, entre otros- se separaron a alumnos y alumnas en algunas clases para mejorar los resultados académicos y la disciplina (Cfr. Newsweek, 24-VI-96). La mayoría de los cambios pretendían que las alumnas consiguieran mejores resultados en matemáticas y ciencias y que los chicos trabajasen con más orden 7.

La Administración Bush derogó, en mayo de 2002, la coeducación obligatoria que imponía la Ley de 1972 y autorizó a los distritos a abrir escuelas no mixtas (“Same sex schools”). Se han destinado más de tres millones de dólares a financiar programas experimentales en este ámbito. Citar como ejemplo emplemático la Young Women´s Lidership Academy, de East Harlem, abierto en 1996, este centro consigue tasas de éxito del 100% frente a la media del 42% en Nueva York. Aunque el 90% de las alumnas procedían de familias sin estudios, el instituto consiguió que todas en los últimos dos cursos llegaran a la Universidad8.

Según el corresponsal de Le Monde en Nueva York (9 de enero de 2003) las nuevas escuelas diferenciadas reciben un apoyo variado, desde republicanos a demócratas, pasando por neofeministas e investigadores progresistas9. Esto ha provocado que para el 2005 el Ministerio de Educación haya anunciado la aprobación de un proyecto de ley en el que se obliga a las escuelas públicas a ofrecer programas diferenciados.

Escocia puede ser el siguiente en la lista. Las estadísticas del gobierno demuestran que el 55% de las chicas de menos de 21 años accedieron a la educación superior el año 2002-03, mientras que sólo el 42% de los chicos lo hicieron. El primer ministro de Escocia, Jack McConnell, ha decidido experimentar con clases de un solo sexo (Scotsman; 14/9/04).
II – ¿PORQUÉ UNA EDUCACIÓN DIFERENCIADA?.
¿Cúal ha sido la razón de esta nueva tendencia?. ¿Por qué ahora los colegios diferenciados?. Pues bien, sencillamente por el reconocimiento de algo que hemos intentado negar a lo largo de los últimos años y que, sin embargo, es evidente, pues lo constatamos en nuestra vida diaria al relacionarnos con el sexo opuesto: Porque somos diferentes. Y esto no es una afirmación ofensiva, conservadora o reaccionaria surgida de la derecha católica más radicalizada, sino curiosamente es la nueva bandera enarbolada por la izquierda y las feministas más progresistas, con un fuerte basamento en estudios científicos que demuestran diferencias entre el varón y la mujer en sus propia estructura cerebral10.

Hay décadas de investigación en la neurociencia, en endocrinología genética, en psicología del desarrollo que demuestran que las diferencias entre los sexos, en sus aptitudes, formas de sentir, de trabajar, de reaccionar, no son sólo el resultado de unos roles tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres, o de unos condicionamientos histórico-culturales, sino que son innatas11. En palabras de Cristina Hoff Sommers (Doctora en Filosofía de la Universidad de Brandeis) conocida defensora de los derechos de la mujer y del movimiento feminista americano: “se puede decir que es como el hardware, no es un software impuesto por la sociedad”12.

En esta misma línea, señala la escritora alemana Christa Meves: “nuestras ciencias humanas desde hace treinta años han sido contaminadas por la ideología de la igualdad con la suposición, nunca demostrada, de que lo típico en el ser de los sexos solamente apareció por un desigual trato social; en cambio, la educación en una misma cacerola puede producir la igualdad de sexos”13.

Heidi Simonis, diputada alemana socialista y conocida feminista, mantiene la necesidad de superar estereotipos: “Es necesario deshacerse definitivamente del prejuicio de que las chicas necesitan clases conjuntas con los chicos para no estar en desventaja en el trabajo profesional. Eso es totalmente falso, como lo es la afirmación de que chicos y chicas aprenden a conocerse mejor estando juntos”.

En Suecia, la parlamentaria Chris Heister, presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, presentó en julio de 2004 un informe definitivo: “Todos somos diferentes”. En él se afirma que el fracaso de la educación actual radica en el empeño por despreciar las diferencias entre los sexos. En sus propias palabras: “Se ha demostrado que las niñas, de pequeñas, entre los 7 y los 15 años, asimilan con más rapidez que los niños. Mientras que en la secundaria, tienen mayores dificultades que los chicos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las chicas alcanzan la madurez mucho antes que los chicos, y aunque tengan la misma edad no se les puede tratar igual”. El informe acaba recomendando que se organicen clases solamente con niños o niñas, porque no es lícito imponer conductas o modelos educativos idénticos a ambos sexos.

En Estados Unidos, Hillary Clinton, que realizó sus estudios universitarios en uno de los 84 colleges femeninos de enseñanza superior, es una defensora convencida de las ventajas de la separación de sexos en la escuela. Esta iniciativa ha encontrado el apoyo tanto de demócratas como de republicanos. En este mismo país es actualmente un best seller el libro de la antropóloga Hellen Fisher, El Primer sexo (2003)14, en el mantiene y defiende la diferencia entre hombres y mujeres a partir de datos científicos sobre el cerebro, las hormonas y la genética. Según sus propias palabras: “A las únicas a las que no ha gustado mi libro ha sido a las feministas tradicionales porque se empeñan en creer que hombres y mujeres son definitivamente iguales. Y eso no es verdad...cada sexo juega con una baraja de cartas evolutivas distintas”.15

En España Rosa Montero, escritora y periodista, en un reportaje publicado en El País, en 1993, señalaba que “los colegios de chicas, que hace unos años eran considerados instituciones conservadoras y obsoletas, son ahora una opción ardientemente defendida por una parte importante de los educadores progresistas”.

El debate de la coeducación nace pues, como vemos, en medio de la lucha por los derechos de la mujer. Le Monde de l´Education, en su primer número de 2003, reflexionaba sobre los efectos de la coeducación: las chicas siguen recibiendo una orientación deficiente que les lleva a escoger las salidas con menos futuro a pesar de sus mejores calificaciones; además siguen siendo víctimas de violencia sexista.

Parece pues justo otorgar un trato diferenciado a lo que la naturaleza misma distingue. Pero no se trata sólo de una reivindicación feminista, sino de algo bastante más profundo: replantear la educación en sí misma, virando hacia una educación “personalizada”. Algo que aunque se observa como novedoso en países como Suecia, sin embargo, no es del todo nuevo en España, pues es una postura mantenida desde hace tiempo, aunque desatendida por la mayoría, por prestigiosos pedagogos españoles, como Víctor García Hoz16, para el que la “personalización” incluye la dimensión social de la persona sin dejar de atender a su individualidad y demanda la adecuación de la respuesta pedagógica a las diferencias humanas psicológicas, sociales y culturales17.

Los últimos estudios de educadores, psicólogos y pedagogos18, revelan que la escolarización diferenciada consigue sacar lo mejor de los estudiantes, ya que, entre otras cosas, se tienen en cuenta los distintos ritmos de aprendizaje de alumnos y alumnas. No estamos ante una masa informe de menores, seres asexuados de género neutro, sino ante niños y niñas para los que la tarea educativa debe ser una labor de filigrana similar a la que se desarrollaba con los códices medievales.

En palabras de Miguel Riera19: “hace falta una atención personalizada, más asequible cuanto más uniforme sea el grupo. Una cierta uniformidad permite atender mejor a la diversidad. Una clase sólo de niñas tendrá unas características de variables emocionales, conductuales, evolutivas mucho menos dispares que una clase mixta, por consiguiente, más fácilmente se podrá llegar a cada alumna”.

La igualdad radical parece haber agotado lo mejor de sí misma. Ahora hay que dar cauce a las diferencias, justamente para erradicar en lo posible la exclusión o las marginaciones y lograr así una auténtica igualdad de oportunidades.

III – DEFECTOS Y VIRTUDES DE LA EDUCACIÓN MIXTA Y LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA.

1 – Problemas planteados por la coeducación.
Diversos estudios llevados a cabo sobre la coeducación por pedagogos, psicólogos, psiquiatras y demás profesionales20, nos llevan al reconocimiento de una serie de efectos ampliamente demostrados: 1) no se ha conseguido la pretendida igualdad de oportunidades y de sexos, antes al contrario los estereotipos se radicalizan; 2) el rendimiento escolar es más bajo que en los colegios diferenciados; 3) la violencia de género es muy elevada; y 4) el conocimiento del sexo opuesto paradójicamente se desvirtúa, pues los niños y niñas no se muestran tal como son sino tal como al otro sexo le gustaría que fuesen, ocultando muchas reacciones, sentimientos e ideas por temor a la burla e incomprensión y esto finalmente suele generar en muchos casos reacciones de frustración en las niñas y de violencia machista en los niños.

Otro dato importante a tener en cuenta es que estos problemas adquieren mayor intensidad en los centros escolares situados en zonas de clase social baja o en colegios donde abundan minorías de otras razas.



A –Diferencias en el proceso de maduración y en el aprendizaje.

Las diferencias entre chicos y chicas pertenecen al orden natural y biológico pero inciden de forma directa en su desarrollo personal, emocional e intelectual. Está ampliamente demostrado que el proceso de maduración es diferente entre niños y niñas. Estas maduran biológica y psicológicamente antes que aquellos. Esto a su vez viene determinado por las diferencias cerebrales que se dan ya desde el seno materno entre los diferentes sexos (Vid. al respecto los profundos estudios realizados por la antropóloga Hellen Fisher). Neurocientíficos han demostrado recientemente que los hombres tienen menos conexiones entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro y que sus cerebros están en general menos compartimentalizados que los de las mujeres.

Esta diferente velocidad en la maduración de niños y niñas provoca a su vez

diferencias palpables en el rendimiento académico de unos y otras. Desde los 7 y hasta los 16 años las niñas rinden intelectualmente más (especialmente en el tramo de los 12 a los 14 años, es decir, en plena adolescencia). Por ejemplo, en lengua y escritura las chicas son siempre mejores. Un niño de diecisiete años tiene las habilidades en esas materias de una niña de catorce. Con la lectura y la escritura las niñas llevan ventaja desde el primer momento. Esto unido a la mayor indisciplina en estas edades de los chicos –pues son más movidos, activos e inquietos- provoca no pocas veces que éstos reduzcan su nivel de esfuerzo y aspiraciones al no sentirse capaces de competir con sus compañeras21.

Los varones tienen otros tiempos de desarrollo diferentes a los de las chicas. Pretender igualar organismos desiguales es injusto y trae nefastas consecuencias.

“Le Monde de l´Education” señaló, en un dossier dedicado al estudio de esta nueva problemática (2003), la preocupación de los sectores educativos por la inadaptación de los chicos. A igual edad y condiciones, el rendimiento escolar es muy superior entre las niñas. El fracaso escolar entre los chicos les hace padecer un complejo de inferioridad que a su vez provoca una difícil relación y aumenta la tensión con el sexo opuesto.

El estudio PISA de 2001, realizado para el conjunto de los países de la OCDE, llega a las siguientes conclusiones: a igualdad de edad y condiciones, el rendimiento escolar es superior entre las alumnas, especialmente en los ámbito relacionados con el aprendizaje de la lengua. El fracaso escolar de muchos chicos pone el peligro la cohabitación de ambos sexos en la escuela.

Pero no sólo la maduración es distinta, como muestran diversos estudios psicológicos, la socialización y las capacidades son también diferentes en ellos y en ellas. Esta disparidad de intereses y aficiones entre niños y niñas dificulta la tarea de los educadores, restándoles eficacia en su labor . En el varón predomina la búsqueda de independencia y el aprendizaje de poder o dominio. De ahí la mayor conflictividad latente con el profesor.

A igual edad los chicos son más impulsivos e inquietos; menos ordenados; se concentran menos; encuentran mayores dificultades para expresar sus sentimientos; se quedan atrás en destrezas verbales; muchos tienen problemas de disciplina. Muchos sobresalen en agresividad, nivel de aspiraciones, inadaptación escolar. Sin embargo, superan a las chicas en fuerza física y velocidad; perciben mejor el espacio y lugar que ocupan los objetos, teniendo más desarrollado el razonamiento abstracto (es decir, la capacidad de llevar algo real a algo simbólico representado por signos)22; además también las superan en valores políticos, técnicos y económicos23. Por otra parte, las niñas tienden a subestimar sus capacidades, incluso cuando lo están haciendo muy bien necesitan que se las anime constantemente. Los chicos por el contrario, sobreestiman sus capacidades incluso cuando les va mal, por lo que necesitan que alguien les muestre la realidad24.

Un estudio de la Universidad de Vermont de 1997, estudió el comportamiento de niños en doce países (desarrollados y no desarrollados) y en todos los casos la conclusión fue idéntica: los chicos son más proclives a pelear, decir tacos, tener rabietas, faltar a la escuela, adoptar actitudes amenazantes frente a los demás.

Estamos hablando, claro está de reglas generales, que por supuesto tienen sus excepciones, porque hay niñas que juegan igual que los niños y viceversa, pero son eso precisamente, excepciones.

La asimetría en lo psicológico es más que considerable. Si los niños y niñas están en la misma clase, señala Víctor García Hoz, y el profesor explica de forma muy razonada y analítica, las niñas se aburrirán, y si se explica de una forma más ágil y explícita, las niñas –más avispadas e intuitivas- lo captarán mientras que los niños no terminarán de entender. En estas clases donde existen tantas variables emocionales, conductuales y evolutivas es complicado para el docente llegar por igual a todos. Y resulta utópico pretender que un profesor explique de dos formas diferentes simultáneamente. Profesores de colegios mixtos norteamericanos afirman perder el 80% del tiempo de las clases salvando las crisis generadas como consecuencia de las diferencias de criterios y formas de pensar entre chicos y chicas.

Comprender y aceptar la existencia de estas diferencias biológicas entre sexos nos permite aceptar asimismo la existencia de diferentes formas de comprender y aprender en niños y niñas. Ignorar estas diferencias en la maduración, en la socialización y en las capacidades y preferencias de unos y otros afecta en último término a la igualdad de oportunidades que resulta frustrada al impedir que niños y niñas desarrollen al máximo posible las potencialidades propias de su género, de acuerdo con sus características psicológicas, somáticas y personales.

Con la educación diferenciada se pretende dar respuesta a la desigualdad de madurez que se constata entre chicos y chicas, especialmente en el periodo de la adolescencia, abriendo la puerta a la plena realización profesional y personal de los dos sexos.
B – Exacerbación de los roles machistas.
Por otra parte, el adolescente, como hemos dicho más inmaduro que las chicas, vive más bien como dominado por ellas en los primeros años de colegio y reacciona a la contra con excesos de violencia, con gestos que, más que afirmar la virilidad, pueden considerarse propios de un virilismo machista que dificulta la convivencia en la escuela y en la sociedad. Los chicos tímidos tampoco salen ganando pues reaccionan normalmente retrayéndose y encerrándose en sí mismos, aislándose en sus relaciones con las chicas.

El fracaso escolar en muchos chicos dificulta la relación con el sexo opuesto. La maduración, más lenta en el caso de los varones, lleva a no pocos chicos a posicionar su rol a través de actitudes sexistas, de violencia machista, al no poder compararse académicamente con sus compañeras. No es extraño que las chicas sea objeto de insultos sexistas en los pasillos e incluso de acoso sexual físico o verbal. Los comportamientos estereotipados y discriminatorios están a la orden del día.

Según Nicole Mosconi, profesora de pedagogía en la Universidad de París, estos estereotipos quedan reforzados en las escuelas mixtas25. Y esto curiosamente conduce a un distanciamiento entre niños y niñas, no sólo psicológico, sino también físico. Basta observar, como apuntan varios profesores escolares, la tendencia espontánea de unos y otras a agruparse en clase a un lado u otro, o en las diferentes zonas del recreo. Los patios o recreos, señala Michel Fize, son lugares en los que se fomenta la “hegemonía masculina” pues los chicos se inclinan por actividades más violentas y cinéticas e imponen su dominio en un espacio limitado y reducido a las chicas (que prefieren los juegos más calmados)26

Como ha señalado recientemente Marie-Noëlle Coevoet (Scouts d´Europe; mayo 2004), en los debates actuales son los excesos los que hacen reflexionar sobre la coeducación: comportamientos violentos y sexistas de los chicos y apartamiento de las chicas para evitar lo peor...Pero rara vez se aborda la cuestión del desarrollo del individuo, de su estructuración, de la educación de la afectividad, del afinamiento de sus gustos, de la confianza en sí mismo (lo que es verdaderamente importante para ambos sexos), de la serenidad, de la tranquilidad, de la alegría de no estar obligado a representar un papel, de no tener que defenderse.


C – El sexo masculino: el sexo débil.
La ventaja de las chicas es real y persistente en el sistema educativo. El menor rendimiento académico junto con la mayor agresividad de los chicos conduce a éstos a una situación paradójica, cual es la de convertirse en el sexo “vulnerable”, pues es el que sale perdiendo por el alto grado de fracaso académico que sufre en comparación con las chicas27.

El menor rendimiento escolar puede generar en ciertos casos –especialmente en la adolescencia- complejo de inferioridad, depresión, descenso de la autoestima, absentismo escolar, necesidad de evasión de la realidad por medio del consumo de drogas y alcohol.

La revista Business Week, en mayo de 2003, publicó un preocupante artículo sobre cómo los chicos están siendo “marginados “ por el sistema educativo, frente a unas chicas que, en igualdad de edad, los superan en capacidades28 y que además reciben el apoyo de los profesores por el hecho de ser chicas, es decir, por ser supuestamente el sexo “débil”.

Esta “inferioridad” del varón resulta acentuada si tenemos en cuenta que el 90% de los docentes no son conscientes de las diferencias entre sexos o no aplican medidas adecuadas para solucionarlas, exigiéndoles lo mismo, de idéntica forma a niños y niñas, en el mismo tiempo y pretendiendo obtener una misma respuesta por parte de ambos sexos. Se pretende que sean igual de puntuales, ordenados, constantes y tranquilos que sus vecinas de pupitre. Se quiere asimilarlos a las chicas, “más fáciles” para los docentes y esto es sencillamente imposible. Se quiere implantar en las escuelas el “ideal femenino”: niños sentados en filas ordenadas, escuchando las lecciones en silencio y tomando pulcros apuntes. Muchas chicas destacan en tales tareas pero a los chicos no les va bien porque tienen otra forma de aprender29

Los chicos se quejan de que son castigados con mayor frecuencia que las chicas sencillamente por “comportarse como chicos”30. Mientras las chicas tienden a estar sentadas y atender, los varones necesitan tener algo entre las manos, moverse en la silla o levantarse31. Se produce así una tendencia a “criminalizar” la conducta de los niños. Esta situación ha llevado en algunos casos a un fenómeno curioso pero altamente preocupante: diagnosticar a muchos niños el trastorno actualmente más estudiado en niños en edad escolar: el TDAH o trastorno de déficit de atención con hiperactividad. Cuando en realidad su único problema es el de ser varones, activos, enérgicos, competitivos y muy movidos, en clases compartidas con niñas más pausadas, tranquilas y disciplinadas. Este diagnóstico se soluciona con el suministro de un medicamento bien conocido actualmente: el Ritalín, nombre comercial de una droga (metilfedinato) que tiene un efecto “calmante” sobre los hiperactivos. Y que a medio plazo puede generar una peligrosa adicción 32. En fin, se medica a niños “sanos” para que no expresen los rasgos propios de su sexo(inquietud, agresividad, rapidez, expresividad, emotividad...) y así se asimilen más a las niñas que son las supuestamente “normales”, por el hecho de ser más tranquilas y disciplinadas.

En Estados Unidos se calcula que en algunos distritos escolares entre un 20 y un 25% de los niños están bajo los efectos de esta medicación. En este país existe entre los docentes y pedagogos cierto sector (“Activistas de la Equidad entre Géneros”) que mantiene la bondad de la coeducación, pues considera que al convivir los niños con las niñas, aquellos se dejarán influenciar por éstas y pasarán a ser más delicados en el trato, más tranquilos en sus comportamientos, más “como las niñas”. Pretenden educar a los chicos como si fueran chicas. Teoría que ha resultado ser un absoluto fracaso como demuestran diversos experimentos científicos en los que se pretendía la asimilación de sexos obligando a los niños a coser, a jugar con burbujas de jabón o a cuidar de muñecos como si de bebés se tratase. El resultado era que los niños usaban las agujas como espadas, las burbujas como torpedos y los muñecos como víctimas en sus luchas y peleas.

Todos estamos de acuerdo en que los niños tienen que aprender a tratar bien a los más pequeños, y a ser respetuosos con los mayores, y a ser amables, y a ayudar a los que les rodean, pero todo esto se aprende dándoles una educación en valores, sin necesidad de afectar a su masculinidad. El niño es “bruto” y le gusta jugar con agresividad, con rapidez, con movimiento, lo que no significa que no pueda ser al mismo tiempo, justo, solidario, empático, honesto, generoso, trabajador, sensible a los problemas de los demás.

Se ha llegado a hablar en estos días de una crisis de la masculinidad, ante el predominio de mujeres en la escuela. O de una “guerra de sexos” en la que la mujer no pretende ser ya igual al hombre sino dominarlo33. A principios de los años 90, en el Reino Unido el periódico londinense “The Times” advirtió de la posibilidad de dar lugar a una segunda clase de hombre sin habilidades y sin empleo. También el periódico “Economist” se refirió a los chicos como “el segundo sexo” el día de mañana. Y esto porque las chicas en la inmensa mayoría de los países del mundo desarrollado están alcanzando los primeros puestos en los colegios y van a la Universidad en mayor proporción que los chicos. De manera que si no hay un cambio importante en cómo educamos a nuestros hijos esta laguna educativa va a crecer hasta convertirse en un abismo34. La educación diferenciada es una forma de liberar a los niños de una “competitividad entre sexos” que no beneficia a nadie.





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