Ética del discurso. Notas sobre un programa de fundamentación



Descargar 20,27 Kb.
Fecha de conversión08.06.2017
Tamaño20,27 Kb.
La Ética del Discurso de Jurgen Habermas
En su artículo “Ética del discurso. Notas sobre un programa de fundamentación”,

Jurgen Habermas expone las tesis centrales de su ética del discurso. El núcleo

conceptual de esta concepción está compuesto por la idea de que los enunciados normativos (i.e. los enunciados que expresan normas de comportamiento) tienen un sentido cognitivo. Esto significa que la validez de estos enunciados no procede de la tradición, ni de vivencias, ni de sentimientos, ni de su mera aceptación en un determinado contexto social. Por el contrario, para Habermas, la validez de las normas depende de que estos enunciados puedan ser fundamentados o justificados racionalmente. Y esa justificación racional se consigue aplicando un regla para la validación de normas morales que Habermas denomina “Principio de universalización”. Este principio Habermas lo deriva, a su vez, de ciertos presupuestos necesarios de todo proceso discursivo orientado al entendimiento mutuo, mediante un argumento pragmático trascendental.

.Entonces, al igual que la veracidad de los enunciados aseverativos puede respaldarse cognitivamente, la validez de los enunciados normativos puede fundamentarse mediante un procedimiento racional. Sin embargo, dado que los enunciados normativos no pueden validarse mediante referencias a hechos del mundo, la validez de estos enunciados requiere de una lógica distinta de la lógica científica. La tarea de la ética del discurso consiste en exponer esa lógica distintiva y las reglas que la componen.

El principio básico que la ética del discurso propone para constatar la validez de un enunciado normativo es el Principio discursivo (D). Este principio establece que

(D) Una norma únicamente puede aspirar a tener validez cuando todas las personas a las que afecta consiguen (o pueden) ponerse de acuerdo en cuanto participantes de un discurso práctico en que dicha norma es válida (p. 86).

De acuerdo con el Principio D un enunciado normativo solamente puede aspirar a tener validez cuando todos los agentes potencialmente afectados por la observación generalizada de la norma en cuestión podrían aceptar la validez de esa norma dadas en un proceso discursivo o dialógico en el que los interesados expresan e intercambian argumentos y puntos de vista.

Es importante notar que la formulación misma del Principio D revela que los

agentes que inician una interacción para establecer un curso de acción conjunto, ya han tomado una decisión respecto de sus intenciones al involucrarse en dicho

proceso. Pues lo que los actores de un diálogo destinado a la validación de normas de comportamiento desean no es adoptar frente a los demás un curso de acción estratégico, destinado a inducirlos a adoptar una norma como válida mediante amenazas o presiones, sino a lograr un consenso racional sobre la validez de una norma sobre la base de argumentos (p. 78).

Como señala Habermas en obras posteriores (Facticidad y Validez), el Principio D es un principio normativo general que puede aplicarse indistintamente a toda

norma, ya se trate de una norma moral o de una norma jurídica. De este principio

general, Habermas deriva dos principios más específicos: el Principio Democrático d que regula la validación de las normas jurídicas y el Principio de universalización U que regula la validación de las normas morales. Según el principio U:

(U) Toda norma válida debe satisfacer la condición siguiente: que los efectos colaterales y las consecuencias que (previsiblemente) se producirán a partir de su aplicación general a favor de la satisfacción de los intereses de cada uno, pueden ser aceptadas por todos los involucrados (y puedan ser preferidas a los efectos de las reglamentaciones posibles alternativas) (p.86).


Como el Imperativo Categórico de Kant, el Principio U pretende testear y

asegurar la imparcialidad de las normas morales a ser adoptadas. Pero, para

Habermas, no basta con que cada agente realice una reflexión privada destinada a constatar la imparcialidad o la corrección moral de la norma. Más bien, el Principio U establece que la validez de una norma solamente puede surgir de una discusión real en la que todos los potenciales afectados deben ser aceptados como interlocutores competentes (pp. 87-88).
Por tanto, si tenemos dudas respecto de la validez de una norma moral como “No se debe mentir nunca” debemos iniciar un debate en el que todas las personas cuyos intereses puedan verse de alguna manera afectados por la aplicación de esta norma puedan intercambiar argumentos y exponer sus puntos de vista respecto de la aceptación o el rechazo de la norma debatida. Idealmente, este proceso debería concluir con un consenso total producido por la “fuerza del mejor argumento”. Pero, si un consenso así no pudiera alcanzarse, bastaría con un acuerdo mayoritario que siempre podría ser revisado a la luz de nuevas experiencias, evidencias o razones.

Naturalmente, siempre se podría rechazar el Principio U alegando que este

principio solamente expresa las particulares intuiciones morales de la civilización

occidental o de las sociedades democráticas modernas. Entonces, el Principio U no podría servirnos como un criterio universal para testear las normas que componen una moral positiva dado que ese mismo principio procedería de las ideas morales presentes en el sentido común de nuestras sociedades. Sin un criterio que nos permita constatar la validez de las normas positivas no tendríamos más alternativa que descartar la idea de que los enunciados normativos tienen un sentido cognitivo y renunciar a la idea de que la moralidad puede ser una empresa racional.

Para responder a la objeción relativista, Habermas produce tres tipos de reglas: reglas semánticas, reglas pragmáticas y reglas procedimentales. Estos tres tipos de reglas son las que permiten que tenga lugar un discurso con sentido. No es difícil entender por qué sin estas reglas una argumentación racional sería imposible. Si se violara, por ejemplo, la regla semántica que establece que ningún hablante debe contradecirse en el curso de la discusión, la regla pragmática que establece que ningún hablante debe introducir afirmaciones en las que no cree verdaderamente, o la regla procedimental que permite a cualquier interesado introducir sus puntos de vista en el debate, todo intercambio de razones y perspectivas se volvería imposible y no se alcanzaría jamás ningún acuerdo respecto de los asuntos debatidos (pp. 110-111).

Si bien estos tres niveles de reglas son necesarios para que se produzca una

argumentación con sentido, es de las reglas procedimentales de las que Habermas cree que es posible derivar el Principio U (p. 110). Las reglas procedimentales son las siguientes:

1- Todo sujeto capaz y de hablar y de actuar puede participar en la discusión.


2-

a) Todos pueden cuestionar cualquier afirmación.

b) Todos pueden introducir cualquier afirmación en el discurso.

c) Todos pueden manifestar sus posiciones, deseos y necesidades.


A ningún hablante puede impedírsele el uso de sus derechos

reconocidos en 1 y .2 por medios coactivos originados en el interior o

en el interior del discurso.
Para demostrar que estas reglas procedimentales no son meras convenciones

sociales sino realmente presupuestos conceptuales de un diálogo argumentativo

con sentido, Habermas recurre a la contradicción performativa. Si alguien dijera

“Una vez que excluimos del debate a los que estaban en desacuerdo con nosotros logramos convencernos mediante un diálogo argumentativo orientado al

entendimiento mutuo de que la norma N era la opción que mejor representaba los intereses de todos los afectados”, esa persona estaría incurriendo en una

contradicción performativa en el sentido de que un proceso en el que se excluye

sistemáticamente a los que piensan distinto no es un diálogo argumentativo

orientado al entendimiento mutuo (p.115).


Debe notarse, sin embargo, que el argumento de Habermas depende de una

premisa. Esta premisa consiste en pensar que incluso el escéptico que niega todo contenido normativo a los enunciados normativos se involucraría en un proceso argumentativo.Es claro que la ética del discurso propuesta por Habermas ofrece simplemente un criterio formal para decidir sobre la validez de las normas. En este sentido, el Principio U se limita a especificar un procedimiento para decidir sobre la validez de las normas sin aportar ningún contenido moral particular ni ningún principio moral sustantivo para resolver ningún problema moral en particular. Las normas concretas debatidas provienen del “mundo de la vida”, es decir, de nuestra realidad política y social, y son los propios afectados quienes, usando el Principio U como regla de argumentación, deben producir las normas de interacción correctas. Este carácter formal y abstracto de la ética del discurso, que se distancia de las instituciones y las intuiciones morales particulares de una época y una cultura podría hacernos dudar de si la ética del discurso constituye una concepción de la moralidad pasible de ser aplicada al mundo y a nuestra vida. Contra este tipo de planteos, Habermas sostiene que, a pesar de que no presupone ni anticipa soluciones para ninguna disputa moral particular, la ética del discurso no demanda simplemente que las normas superen un test de consistencia lógica o semántica sino que presupone ya una serie de ideas morales concretas (e.g. la igualdad entre las personas). Esas ideas morales son las que el Principio U captura y convierte en última instancia en el canon crítico para resolver controversias que surgen de nuestra vida cotidiana y de nuestras interaccione sociales. A su vez, la ética del discurso necesita para poder operar de ciertos procesos sociales de constitución de la identidad y la conciencia moral así como de una red de instituciones sociales determinada. Habermas lo dice con estas palabras: Toda moral universalista depende del sostén y apoyo que le ofrezcan las formas de vida. Necesita de una cierta concordancia con prácticas de socialización y educación.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal