Tesis sobre las raices del mal



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Anselm Jappe
TESIS SOBRE LAS RAICES DEL MAL*

1

El sistema capitalista ha entrado en una grave crisis. No se trata de una crisis cíclica sino de una crisis terminal, no en el sentido de un derrumbe instantáneo sino como proceso que marca el fin de un sistema plurisecular. No se trata de profetizar un acontecimiento futuro sino de constatar un proceso que empezó a hacerse visible a principios de los años 1970 y cuyas raíces remontan al origen mismo del capitalismo.


Es cuestión de lucha. Ver Mattick. ¿Qué quiere decir crisis terminal?
Conexión con los 70. ¿En qué sentido?
2

No estamos asistiendo a una transición hacia otro régimen de acumulación (como fue el caso con el fordismo) o hacia nuevas tecnologías (como fue el caso con el automóvil), ni tampoco al desplazamiento del centro del sistema hacia otras regiones del mundo, sino al agotamiento de la fuente misma del capitalismo: la transformación del trabajo en valor.


Del producto del trabajo. ¿Es decir crisis del trabajo abstracto? ¿Es decir crisis de la abstracción de la actividad humana en trabajo? ¿Crisis de la transformación de la actividad humana (trabajo concreto) en trabajo abstracto? ¿Y del valor de uso en valor?
3

Las categorías fundamentales del capitalismo, tal como Karl Marx las analizó en su crítica de la economía política, son el trabajo abstracto y el valor, la mercancía y el dinero, que se resumen en el concepto de “fetichismo de la mercancía”.



Sí, pero todas estas categorías presuponen un movimiento contrario latente: trabajo concreto, valor de uso, riqueza, reconocimiento mutuo.
4

Una crítica moral, basada en la denuncia de la “codicia” de algunos individuos o grupos, dejaría pasar lo esencial.


De acuerdo.

5

No se trata de definirse como marxista o post-marxista, ni de interpretar la obra de Marx o de completarla con otros aportes teóricos. Mejor haríamos en reconocer la diferencia entre un Marx “exotérico” y un Marx “esotérico”, entre el núcleo conceptual y el desarrollo histórico, entre la esencia y el fenómeno. Marx no está “superado”, como dicen los críticos burgueses. Incluso si nos limitamos en considerar la crítica de la economía política y, adentro de esta, sobretodo la teoría del valor y el trabajo abstracto, esto constituye la contribución más importante para comprender el mundo en el cual vivimos. Un uso emancipador de la teoría de Marx no implica superarla, ni mezclarla con otras teorías, ni tratar de identificar al “verdadero Marx”, ni tomarlo siempre de manera literal, sino pensar el mundo de hoy con las herramientas que puso a nuestra disposición. Se trata de desarrollar sus intuiciones fundamentales, a veces en contra de la letra misma de sus textos.


Bien.
6

Las categorías fundamentales elaboradas por Marx no son ni neutrales ni supra-históricas. Conllevan consecuencias desastrosas: el dominio de lo abstracto sobre lo concreto (su inversión), el fetichismo de la mercancía, la autonomización de los procesos, la dominación del hombre por sus propias creaciones... El capitalismo es indisociable de la gran industria. Valor y tecnología van juntos: son dos formas de determinismo y de fetichismo.


No entiendo eso de “valor y tecnología van juntos”. ¿Entonces habría que rechazar toda tecnología?
7

Estas categorías están sujetas a una dinámica histórica que las vuelve cada vez más desastrosas, pero que también abren la posibilidad de su superación. En efecto, el valor se agota. Desde sus inicios, hace más de 200 años, la lógica capitalista tiende a “cortar la rama sobre la que está sentada”, porque la competencia obliga cada capital particular a usar tecnologías para sustituir al trabajo vivo. Esto conlleva una ventaja inmediata para el capital individual, pero disminuye, a nivel global, la producción de valor, de plus-valor y de ganancia, creando una dificultad creciente para la reproducción del sistema. Ahora, los distintos mecanismos de compensación, como lo fue el fordismo, están definitivamente agotados. La “tertiarisazión” no salvará al capitalismo, pues hay que tomar en cuenta la diferencia entre trabajo productivo y trabajo improductivo (de capital, por supuesto!).
¿Proceso automático?
8

A principios de los años 1970, un triple -o cuádruple- punto de ruptura fue alcanzado, en lo económico (visible con el abandono del patrón oro del dólar), lo ecológico (visible con el Informe del “Club de Roma”), lo energético (visible con el primer shock petrolífero), a lo que se puede añadir los cambios de mentalidad y de formas de vidas del post-68, con la “modernidad liquida”, el “tercer espíritu del capitalismo”. De esta manera, la sociedad de la mercancía empezó a toparse con sus límites externos e internos a la vez.


¿Cabezas de una sola hidra?
9

En esta crisis permanente de acumulación -lo que significa una creciente dificultad para realizar ganancias- los mercados financieros (el capital ficticio) se volvieron la fuente principal de ganancia, al permitir cobrar beneficios esperados en el futuro. Es preciso subrayar que el auge mundial del sector financiero es el efecto y no la causa de la crisis de la valorización del capital.


La fuente principal en un sentido superficial solamente. Es muy importante decir que la producción de plusvalía sigue siendo la fuente real. La segunda oración bien.
10

Las ganancias actuales de algunos actores económicos no demuestran que el sistema, en cuanto tal, goce de buena salud. El pastel es cada vez más pequeño, incluso si algunos logran tragarse un pedazo más grande.


¿Relativamente?
11

Ni China ni otros “países emergentes” podrán salvar al capitalismo, a pesar de la salvaje explotación que ahí se vive.


De acuerdo. Ahora tal vez todo lo contrario.
12

Tenemos que cuestionar la centralidad del concepto de “lucha de clases” en el análisis del capitalismo. El papel de las clases es más bien una consecuencia de su posición en la acumulación de valor como proceso anónimo; la clases no se encuentran en su origen. La injusticia social no es lo que hace históricamente único al capitalismo: existió antes. Es el trabajo abstracto y el dinero que lo representa los que han creado una sociedad totalmente nueva, en la cual los actores, incluso los “dominantes”, son en esencia los ejecutores de una lógica que los rebasa (lo que de ninguna manera los exime de su responsabilidad).
Cuestionar siempre, pero ¿en qué sentido?¿estructuralismo? Las clases y las personas como portadores de una relación social. Más bien como luchadores contra esa lógica. No entiende la lógica como polo de un antagonismo. La lógica del capital es lucha de clases. La lógica del capital es un movimiento de totalización, una lucha para integrar toda actividad humana bajo la misma lógica de la auto-expansión del valor. El movimiento contrario (el nuestro) es un movimiento de destotalización o anti-totalización para subordinar nuestra actividad a la autodeterminación social.
13

Más allá de sus intenciones proclamadas, el papel histórico del movimiento obrero ha sido -en los hechos- el de promover la integración del proletariado. Esto fue posible durante la larga fase de auge de la sociedad capitalista; pero, hoy en día, ya no lo es. Acabar con el capitalismo no puede consistir en una distribución equitativa basada en categorías como el dinero, el valor o el trabajo; es indispensable profundizar la crítica de la producción capitalista, para lograr eliminar estas categorías y no limitarse a un cambio en el régimen de su propiedad. Hoy, la cuestión del trabajo abstracto ha dejado de ser “abstracta”; se hizo directamente visible.


No está muy clara la tesis. Entiendo que el movimiento obrero (institucionalizado) ya no tiene la capacidad de promover la integración del proletariado. De acuerdo. Claro que no es cuestión de una distribución equitativa. Lo demás de acuerdo.
14

La Unión Soviética fue esencialmente una forma de “modernización de reajuste” (también gracias a la autarquía); esto vale también para los movimientos revolucionarios y nacionalistas en la “periferia” y los países que llegaron a gobernar. Su fracaso después de 1980 es una de las causas de muchos conflictos actuales.


OK.
15

El triunfo del capitalismo es también su fracaso. El valor no puede crear una sociedad habitable, ni siquiera como sociedad injusta; más bien destruye sus propias bases en todos los ámbitos.
El valor no crea nada. El trabajo abstracto sí.
16

En lugar de seguir buscando un “sujeto revolucionario”, tendríamos que superar el “sujeto automático” (Marx), sobre el cual se basa la sociedad de la mercancía.
Trabajo concreto tiene que superar trabajo abstracto. Pero como se expresa aquí, está vacío.
17

Al lado de la explotación -que sigue existiendo, en proporciones desmedidas-, lo que ha pasado a ser el principal problema creado por el capitalismo es el hecho de considerar a buena parte de la humanidad como “sobrante”: una humanidad-basura. El capital ya no necesita de buena parte de la población y termina por devorarse a sí misma. Esta situación es un terreno favorable para la emancipación, pero también para la barbarie. Más que una dicotomía Norte-Sur, lo que se puede observar es un “apartheid global”, con islotes para ricos, protegidos por altos muros, en cada país, en cada ciudad.
No está al lado de la explotación. El carácter sobrante de gran parte de la población es aspecto de las relaciones de explotación, hoy como en los tiempos de Marx. El antagonismo central no es una lucha entre ricos y pobres. No tiene un concepto del capital.
18

La impotencia de los Estados frente al capital mundial no es una cuestión de buena o mala voluntad, sino que resulta del carácter estructuralmente subordinado del Estado y la política frente a la esfera del valor.


Como siempre.
19

La crisis ecológica no puede resolverse en el marco del capitalismo, ni con el “decrecimiento”, ni menos con un supuesto “capitalismo verde” o “desarrollo sostentable”. Mientras perdure la sociedad de la mercancía, el aumento de productividad hará que una masa cada vez más grande de objetos materiales -cuya producción consume los recursos reales del planeta- represente una masa cada vez más reducida de valor. Pues el valor es la expresión del lado abstracto del trabajo, y tan sólo la producción de valor tiene importancia en la lógica del capital. Por lo tanto, el capitalismo es esencialmente e inevitablemente productivista, orientado hacia la producción para la producción.


De acuerdo.
20

Vivimos también una crisis antropológica, una crisis de civilización y una crisis de la subjetividad. Existe una perdida del imaginario, especialmente la que nace durante la infancia. El narcisismo se ha vuelto la forma psíquica dominante. Se trata de un fenómeno mundial: el “gameboy” puede encontrarse en una casita en medio de la selva al igual que en un loft new-yorquino. Frente a la regresión y la de-civilización promovidas por el capital, nos toca descolonizar nuestros imaginarios y reinventar la felicidad.


Como tendencia contradictoria. Como momento de la lucha que es el capital.

21

La sociedad capitalista, basada en el trabajo y el valor, también es una sociedad patriarcal –y lo es en su esencia, no solamente por accidente. Históricamente, la producción de valor ha sido y es un asunto masculino. De hecho, no todas las actividades productivas crean valor, el cual se manifiesta en los intercambios mercantiles. Por lo general, las actividades llamadas “reproductivas”, que se desarrollan sobre todo en la esfera doméstica, son específicas de las mujeres. Dichas actividades son necesarias para que la producción de valor pueda realizarse, pero, en sí mismas, no crean valor. Son indispensables, pero al mismo tiempo son auxiliares en la sociedad del valor. Esta sociedad consiste tanto en la esfera del valor como en la del no-valor, es decir es el conjunto de estas dos esferas. Sin embargo, la esfera del no-valor no puede considerarse como “libre” o “no alienada” --sino todo lo contrario. Pertenecer a ella implica tener el estatuto de “no-sujeto” --durante mucho tiempo incluso en el plano jurídico. Esto se debe a que, por necesarias que sean, estas actividades no se consideran como “trabajo” y no aparecen en el mercado.


OK
22

El capitalismo no inventó la separación entre la esfera privada, doméstica, y la esfera pública del trabajo, pero la acentuó enormemente. A pesar de sus pretensiones universalistas, expresadas por la Ilustración, nació como dominación ejercida por varones blancos occidentales y nunca dejó de basarse en una lógica de exclusión: la separación entre, por un lado, la producción de valor, el trabajo que la crea y las cualidades humanas que contribuyen a ello (en especial la disciplina interiorizada y el espíritu de competencia individual) y, por el otro lado, todo lo que no es parte de esto. Durante los últimos decenios, una parte de los excluidos, en particular de las mujeres, ha sido parcialmente “integrada” a la lógica mercantil y pudo acceder al estatuto de “sujeto” --pero solamente en la medida en que demostraban haber adquirido e interiorizado las “cualidades” de los hombres blancos occidentales. Por lo general, el precio de esta integración es una doble enajenación (familia y trabajo para las mujeres). Al mismo tiempo, en un contexto de crisis van surgiendo nuevas formas de exclusión. Sin embargo, no se trata de pedir la “inclusión” de los excluidos en la esfera del trabajo, el dinero y el sujeto, sino de acabar con una sociedad en la cual sólo la participación en el mercado abre el derecho de ser “sujeto”. El patriarcado no es una supervivencia anacrónica en un mundo capitalista que supuestamente tiende hacia la igualdad frente al dinero. Tampoco lo es el racismo. Pero, en tiempos de crisis, el patriarcado “se hizo más salvaje” (R. Scholz) y el racismo se volvió posmoderno.
De acuerdo.
23

El populismo representa actualmente un gran peligro, sobre todo en Europa. Crítica a la esfera financiera, pero únicamente a ella. Junta elementos del pensamiento de izquierda y del de derecha en una mezcla que a veces se parece al “anticapitalismo” fascista. Para nosotros, se trata más bien de romper con el capitalismo como tal, no solamente con su forma neoliberal. Un retorno al keynesianismo y al Estado benefactor no es ni deseable ni posible. ¿Será que vale la pena luchar por “integrarse” en la sociedad dominante (obtener o defender derechos, mejorar su situación material, etc.) – o es esto simplemente imposible?


Bien.
24

En América latina, ya vimos los límites de las “revoluciones” a través del Estado (Venezuela, etc.), las cuales dependen de la cotización de las materias primas. Tenemos que evitar el entusiasmo engañoso de quienes suman todas las formas actuales de rebelión para concluir que ya existe una revolución en curso. Varias de estas formas bien pueden ser recuperadas por la defensa del orden actual, otras pueden llevar a más barbarie. El capitalismo realiza por sí mismo su propia destrucción -la del dinero, del trabajo, etc.-, pero depende enteramente de nosotros que lo que sigue no resulte aún peor.
Bien, pero el capitalismo no realiza por si mismo su propia destrucción.
25

El papel que pueden tener los movimientos sociales arraigados en las comunidades indígenas y tradicionales tiene que ver con las potencialidades y los límites de las sociedades no-capitalistas en general. ¿Constituye el capitalismo una excepción en la historia? ¿Es posible retomar el hilo de la evolución humana interrumpida por su aparición? Es evidente que tenemos que rechazar cualquier idea de progreso de las fuerzas productivas como presuposición del progreso moral, así como cualquier idea de una misión civilizadora del capital o de un desarrollo necesario de la industrialización. Pero al mismo tiempo tenemos que refutar la idealización de las sociedades tradicionales. Hasta ahora, toda la historia humana ha sido una historia de relaciones fetichizadas. Afirmar esto apunta a dos (auto)ilusiones: la de la modernidad que se cree ilustrada, mientras lo que la constituye es el fetichismo de la mercancía; y la de las sociedades fetichistas tradicionales que algunos quisieran considerar como la “humanidad auténtica”. Entre los aspectos más notables de las sociedades llamadas “tradicionales” encontramos prácticas como el uso colectivo de la tierra, las limitaciones de la búsqueda de poder y de riqueza. No es necesario tener una concepción “optimista”, “rousseauista” del ser humano: basta con afirmar que las distintas sociedades humanas han desarrollado respuestas muy distintas frente a sus impulsos destructivos y, que en esto, la sociedad capitalista ha sido la peor de todas.


Bien.
26

Es necesario superar la dicotomía entre reforma y revolución, pero en nombre del radicalismo, pues el reformismo no resulta de ninguna manera “realista”. A menudo se presta demasiado atención a la forma de la insumisión (violencia/no-violencia, etc.), en lugar de concentrarse en su contenido.


Bien.

27

La abolición del dinero y el valor, de la mercancía y el trabajo, del Estado y el mercado es ahora - no como programa “maximalista” ni como utopía, sino como la única forma posible de “realismo”. No se trata únicamente de liberarse de la “clase capitalista” sino de las relaciones sociales capitalistas – relaciones que involucran a todo mundo, si bien con papeles diferentes. Por lo tanto, es difícil trazar con claridad la frontera entre “ellos y nosotros” o, más aún, afirmar “somos los 99%”, como se hizo durante el movimiento Occupy Wall Street. Sin embargo, es posible que este problema tenga que plantear de muy diferentes maneras según las regiones del mundo.
Bien.
28

De ninguna manera se trata de promover una forma de autogestión de la enajenación capitalista. Abolir la propiedad privada de los medios de producción no constituiría un cambio suficiente. La subordinación del contenido de la vida social a la forma-valor y su acumulación podría, al limite, reproducirse sin una “clase dominante” o darse de una manera “democrática” sin por eso resultar menos destructiva. Por ejemplo, una fábrica autogestionada por sus obreros -viejo sueño de la izquierda- pero que necesita encontrar éxito en un mercado competitivo seguramente tomará las mismas decisiones que una fábrica dirigida por el capital privado. La culpa no es ni de una estructura técnica como tal, ni de una complexidad inseparable de la modernidad, sino del “sujeto automático” que es el valor.


Bien, pero el valor es lucha.
29

Hay diferentes maneras de entender la “abolición del trabajo”. Pensar su abolición mediante las tecnologías implica el riesgo de fortalecer la tecnolatría dominante. Más que simplemente reducir el tiempo de trabajo o plantear un “elogio de la pereza”, se trata de eliminar la distinción entre lo que suele llamarse “trabajo” y las demás actividades. En esto, las culturas no capitalistas tienen algo que enseñar a quienes estamos totalmente inmersos en el mundo de la mercancía.
Bien, pero la “abolición del trabajo” es la transformación de la actividad creativa humana en una actividad socialmente autodeterminada.
30

No existe ningún modelo del pasado que podamos reproducir tal cual, ninguna sabiduría ancestral que por sí misma nos pueda llevar a la liberación, ninguna espontaneidad del pueblo que pueda garantizar nuestra salvación. Sin embargo, el simple hecho de que toda la humanidad durante un muy largo periodo -y buena parte de ella hasta una fecha muy reciente- haya vivido sin las categorías capitalistas demuestra por lo menos que no son algo “natural” y que es posible vivir sin ellas.


De acuerdo.
31

¿Tiene la hidra una cabeza madre? Sí, se trata de una totalidad. Pero es una totalidad negativa, dada por la lógica fetichista y destructiva del capital. Es a ella a la que hay que atacar.
Sí, pero la hidra es más bien una totalidad positiva. Nuestro movimiento es un destotalizar negativo, una dialéctica negativa, un abrir. La hidra (la lógica del capital) es una agresión constante, un cerrar, nosotras y nosotros somos la resistencia-y-rebeldía.



* Este texto fue escrito como base para la conferencia presentada en el Cideci-Unitierra, el 17 de diciembre de 2015.


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