TEÓrico nº 2 docente: maría rosa del coto 7/04/2015



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TEÓRICO Nº 2

DOCENTE: MARÍA ROSA DEL COTO 7/04/2015.-
Tema: Características de la Semiótica de Primera Generación. Características de la Semiótica de Segunda Generación. Introducción a la teoría peirciana.
En primer lugar voy a hacer un resumen de lo que vimos la primera clase y que va a estar subido al sitio de la asignatura en estos días. Así planteamos que la semiótica reconoce dos períodos, llamados Semiótica de Primera generación y Semiótica de Segunda generación; cada uno de ellos posee como disciplina guía fundamental a la lingüística; el primero, a la lingüística saussuriana, y el segundo, a las lingüísticas discursivas.

El primer periodo retoma de la Lingüística saussuriana los elementos indicados en la diapositiva que a continuación se presenta.


Como podemos leer, la Semiótica de primera generación retoma, en primer lugar, la oposición matriz (o sea, la oposición central de la lingüística de la lengua), que en el caso de Saussure y los lingüistas que adscriben a su teoría es la que distingue “lengua” de “habla”. En el caso de la semiótica de primera generación no se utiliza esa terminología sino que se sustituyen esas palabras por código y mensaje. Pero lo que pervive es la idea fuerte de que de estos dos elementos el que tiene primacía es el primero, para el caso, el código. Lo que los investigadores buscaban, entonces, era dar cuenta de cuáles eran las reglas de ese código. O sea, presuponían la existencia de un código, así como cuando uno habla se presupone la existencia de una lengua. Y esto de una manera fuerte.

Por otra parte, se retoma la noción de signo de la lingüística de la lengua. O sea, se entiende al signo como una unidad que está formada por dos caras, significado y significante. En el caso de la lingüística sausuriana, ésta consideraba a las dos caras psíquicas, o sea que no poseen materialidad, no pueden ser percibidas por los sentidos.

La semiótica de primera generación retoma también la noción de unidad y la estructuración del sistema en niveles, que postulaba la lingüística de la lengua. Puede decirse al respecto que ésta planteaba la existencia de niveles de organización de la lengua, cada uno de los cuales estaba compuesto por un conjunto determinado –es decir, finito–, de unidades, y que una de sus tareas era la de identificar esas unidades y su funcionamiento dentro del nivel correspondiente. Ustedes recordarán cuando en algunos textos incluidos en Semiótica 1 se hablaba de las unidades mínimas. Esta noción se ponía en juego, por ejemplo, en ese trabajo de Metz, “El estudio semiológico del lenguaje cinematográfico” y también en “El cine: ¿lengua o lenguaje?”, en los cuales se preguntaba si las mismas unidades y los mismos niveles que aparecían en la lengua se podían observar en lo que él denominaba el lenguaje del cine. Lo que importa aquí es tener presente que en la Semiótica de primera generación hay un esfuerzo por observar niveles y ver qué unidades se corresponden con ellos.

Para poner un simple ejemplo, recordemos que en “El estudio semiológico del lenguaje cinematográfico”, Metz compara una palabra con una imagen. La imagen sería una imagen simple. Cuando él decía imagen simple quería decir compuesta por un solo elemento. Supongamos, la fotografía de un perro a la que confrontaba con la palabra “perro”. La palabra “perro” es un signo lingüístico y goza de un carácter abstracto muy alto. En cambio, la fotografía o la imagen dibujada de un perro no puede, para decirlo rápidamente, traducirse solamente por una palabra, no es equivalente a la palabra perro. ¿Por qué? Porque aporta un montón de otras informaciones que la palabra perro no aporta. Por ejemplo, la raza a la cual pertenece ese perro, si está parado, si está sentado, si está en una actitud agresiva o no, etcétera. Entonces, para traducir una imagen –decía Metz– nos tenemos que internar en el terreno del enunciado: no podemos considerar que se trata de un signo, sino de un conjunto de signos que, además, dan lugar a un conjunto de frases.

Por ejemplo, para Barthes, que ilustra esta idea a través del ejemplo de un botánico que está frente a un ramo de flores X, por ejemplo de claveles y se propone describirlos, indica que una vez que describe un clavel no necesita describir a los demás.

Por último, como vemos en la diapositiva, se retoma la concepción de sujeto de la lingüística de la lengua. Acá tenemos que traer a cuento el esquema de la comunicación que se pone en juego en el texto de Jakobson, “Lingüística y poética”.

En primer lugar, estos dos papeles, el del hablante, por un lado, el del emisor; y el del oyente o receptor, por el otro, no son equivalentes en cuanto al poder que tienen. Hay uno que tiene el poder y otro que carece de él. El que tiene poder es el que emite. Jakobson lo presenta como un sujeto que no aparece condicionado por factores de índole psíquico, psicológico o psicoanalítico. O sea, el modelo jakobsoniano piensa al emisor como un sujeto plenamente consciente, esto es, como si el inconsciente no le jugara malas pasadas, para decirlo rápidamente. Si ocurriera esto, ¿Cómo lo resolvería el modelo? Lo resolvería planteando que hay un ruido en la instancia emisora; la persona está hablando y en determinado momento, en vez de decir una palabra, le sale otra, por ejemplo. ¿Está claro? Ahí podríamos decir: que la concepción del sujeto hablante no tiene en cuenta la emergencia del inconsciente en el consciente. O sea, no tiene en cuenta lo que se denomina acto fallido en términos psicoanalíticos, no tiene en cuenta que el sujeto puede estar queriendo decir X cosa y en realidad dice otra. O sea, la teoría lo piensa como un ser consciente que sabe lo que quiere decir y no tiene obstáculo que se le interponga a ese deseo; esto es, que puede decir aquello que quiere decir, que sabe lo que quiere decir y lo dice. Si se produce un malentendido, algo que es frecuente, se lo entiende como que el sujeto que está en el lugar de la recepción entiende algo que se supone que no es lo que quiso decir el emisor: el malentendido corre por su cuenta. Es un error, se ha producido allí un ruido en lo que tiene que ver con la decodificación, que tiene origen, por lo tanto, en el receptor; esto significa que se le da un valor fundamental a la cuestión de cómo se codifica el mensaje.

Esta concepción de sujeto tiene que ver con pensarlo como el propietario del sentido, como el dueño del sentido, como el origen del sentido. Estos tres elementos son planteados por Verón, cuando habla del sujeto y hace críticas al modelo jakobsoniano, autor –Jakobson- que puede considerarse el que formaliza la imagen de sujeto que, implícitamente, posee el modelo de Saussure. Este modelo piensa al sujeto que está ubicado en el lugar de la emisión como el origen del sentido. Esto, en resumidas cuentas, quiere decir que sólo está condicionado por la lengua. Éste también es un elemento importante que se deriva de lo que ya habíamos planteado: en la lingüística de Saussure el habla no está sometida a ningún condicionamiento –a excepción del conocimiento de la lengua, o sea, al conocimiento de su gramática-; los condicionamientos se encuentran en la lengua. No los hay en el habla, que se manifiesta como un territorio libre, donde los sujetos pueden expresar libremente, sin coacciones, lo que pretenden decir.

Bueno, estos son los elementos que la Semiótica de primera generación toma de la lingüística saussureana.



En la siguiente diapositiva vemos las características de la Semiótica de Segunda Generación.


En los trabajos que adscriben a la semiótica de segunda generación, la noción de código cae, es decir, la mayoría de los autores no se va a preocupar por esta cuestión. El otro día les hablaba de un texto de Verón que es sintomático –sintomático porque no es el único autor que plantea esta cuestión– sino que, podría decirse, él se hace eco de lo que están pensando otros investigadores que, en coincidencia con lo que expresa Verón en el aludido trabajo, empiezan a considerar que la identificación del código no permite que la investigación semiótica avance; y esto porque estos investigadores van a empezar a notar que los mensajes operan de una manera particular, es decir, de una manera diferente de lo que sucede en relación con el uso de la lengua, del código lingüístico.

Otro elemento a destacar es que las corrientes que pertenecen a la semiótica de segunda generación, o bien pueden dejar de lado la noción de signo –precisamente porque hay una modificación en cuanto al objeto de estudio que hace que ya no les interese trabajar esa unidad, sino que su mirada está puesta en unidades de un nivel mucho más alto, como son las que corresponden al enunciado, al del discurso, al del texto–; o bien, siguen utilizando la noción de signo pero ya no apelan a la definición de Saussure sino que toman la planteada por Peirce –dentro de un momento vamos a introducirnos en la teoría de Peirce.

Entonces, algunos investigadores dejan de lado la noción de signo, ¿por qué la sustituyen? Por una unidad que no aparecía en el modelo saussuriano ni en la semiótica de primera generación y este término es enunciado o texto, que son nociones que proceden de las lingüísticas discursivas –las cuales algunas son posestructuralistas–. Entonces algunos autores trabajan con la noción de texto, o con la de discurso, o con la de enunciado (estos son los conceptos que empiezan a opacar la noción de signo). O bien, como dijimos, otros siguen utilizando la noción de signo pero trasladándose al pensamiento de Peirce, retomando su conceptualización de signo.




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