Teoría y Método: Una Visión Comparada de la Polarización Argentina. Eugenio Kvaternik



Descargar 418 Kb.
Página1/4
Fecha de conversión08.02.2017
Tamaño418 Kb.
  1   2   3   4




Teoría y Método: Una Visión Comparada de la Polarización Argentina.
Eugenio Kvaternik*

* Universidad Católica Argentina. Agradezco los comentarios de Adriano Pappalardo, Leonardo Morlino, Cecilia Galván y Carla Carrizo a una primera versión de este trabajo.




Introducción

Me enim semper magis movent causa eventorum quam eventa ipsa
Siempre nos impresionan más las causas de los acontecimientos, que los acontecimientos mismos.

Cicerón a Attico 10 de marzo 49 A.C.
El propósito de la revisión es redefinir los conceptos incluidos en el campo semántico para poder aproximarnos tanto a la polarización clásica como a la nueva polarización. Entendemos por polarización clásica tanto el modelo analítico del pluralismo polarizado de Sartori, como los casos incluidos en este: en especial Weimar y Chile. Denominamos nueva polarización la que se observa en las democracias confrontativas como Venezuela y Bolivia.
Nuestro análisis comienza con un cotejo de las nociones de polarización de Sartori (1966, 1976, 1982) y de Dahl (1966). Sartori define la polarización como el máximo de distancia posible que puede existir entre los rivales políticos. En su análisis la polarización es un indicador, una clave de que un régimen democrático adolece de baja legitimidad o de ausencia de consenso básico (1966, 1976). Siguiendo a Downs (1957: 118) Sartori sostiene que en un sistema polarizado ideológicamente, los extremos son literalmente polos aparte, lejanos e inconmensurables entre si (Sartori, 1976). Sin embargo y a diferencia de Downs, para quien la polarización da lugar a una distribución bi-modal de las preferencias electorales1, Sartori nos dice que la polarización da lugar a una distribución multipolar: derecha, centro e izquierda, los moderados que escapan de los extremos buscan abrigo en el centro. El autor pone cuidado en señalar que por “sistema polarizado se entiende una distancia ideológica y no un ‘estado de tensión`. La tensión puede subir o bajar, sin modificar por esto el estado del consenso. Por lo tanto, el indicador de la polarización es la existencia de culturas políticas no consensuales, o antisistema, que se manifiestan en grandes partidos ‘diferentes`, tales como los partidos comunistas y/o fascistas”2.
La polarización puede ser de diversa índole, religiosa, si esta referida al continuo clericalismo-laicismo, étnica si se da entre razas, o lingüística si se da entre lenguas diferentes. En los sistemas polarizados que este autor analiza, la polarización es ideológica, es decir, se da a lo largo del continuo, derecha-izquierda.3
Para Sartori pues, la polarización es un indicador de que un sistema político tiene baja legitimidad, es decir, indica una situación de poco consenso básico hacia el sistema, la cual se manifiesta en la existencia de fuerzas antisistema, oposiciones bilaterales y comportamientos desleales con sus estrategias de deslegitimación.

Dahl (1966:371-85) en cambio concibe la polarización como un tipo de conflicto caracterizado por una alta tensión o intensidad 4. Siguiendo también a Downs, toma su idea de que una distribución en forma de curva normal revela una comunidad polarizada o escindida. Dahl agrega dos nuevas variables a su análisis. La primera es si existe o no una coincidencia entre las diferentes opiniones de los ciudadanos. “Esto es, en que medida los individuos que están de acuerdo sobre un asunto, están de acuerdo en los otros asuntos” y la otra es la intensidad o relevancia de las opiniones (Dahl 1966: 372).


Este autor sigue la conocida distinción de la sociología del conflicto según la cual, las afiliaciones o pertenencias de un individuo a múltiples grupos favorecen el consenso y la conciliación, mientras que la superposición de antagonismos y clivajes o la división a lo largo de un clivaje principal intensifica el conflicto. Como lo formula plásticamente Edgard Ross “los diferentes antagonismos en la sociedad son como series de ondas en las márgenes opuestas de un lago, que se neutralizan mutuamente si la cresta de una coincide con el seno de la opuesta, pero se fortalecen una a otra si las crestas coinciden entre si y los senos también”5 .

Cuando las opiniones tienen baja coincidencia, es decir, los mismos individuos están en desacuerdo sobre temas diferentes y la intensidad es desigual -para tomar como ejemplo una sociedad segmentada, para un individuo el lenguaje es lo más importante, para el otro la religión y para el tercero el ingreso- los clivajes se neutralizan mutuamente. Cada individuo puede ceder en el asunto o clivaje que menos lo afecta: la cresta de una coincide con el seno de la opuesta y aumentan así las posibilidades de conciliación. En cambio, en las sociedades donde los conflictos se fortalecen, es decir, donde las crestas y los senos coinciden entre si los conflictos se consolidan y la tensión aumenta. Estas sociedades pueden ser de dos tipos. Unas son las segmentadas cuando hay baja coincidencia e igual intensidad, y otras las polarizadas, donde las opiniones se superponen6.


Para Dahl la polarización es un concepto esquivo dado que connota al menos tres aspectos diferentes:
1. La distribución de la población en forma bi-polar, dualista, es decir una distribución en forma de U. Una medida del dualismo es la proporción de la población que se distribuye entre las dos categorías más grandes.
2 Supone la idea de distancia entre estas dos grandes categorías. Mayor es la distancia, mas polarizada esta la sociedad.
3 Finalmente, se refiere a las diferentes características respecto de las cuales puede existir bipolaridad o dualismo. Estas pueden ser:
(a) Socioeconómicas: de clase, status, ingreso.

(b) Psicológicas o afectivas. El dualismo psicológico se da cuando la población esta dividida en dos grupos hostiles.



(c) Políticas. El dualismo político hace referencia a la división de la población en grupos que se distinguen por su ideología, pautas electorales e identificación partidaria. ”En el caso más simple cuando cada uno de los ciudadanos vota por el partido A o el partido B sería (por definición) completamente dualista en materia electoral”7.
Cuando el dualismo político coincide o se superpone con el dualismo social y el psicológico estamos frente a lo que Dahl denomina polarización completa -full polarization, donde la alta intensidad de las opiniones o relevancia (saliency) coincide con una distribución en U, es decir, bi-modal y una gran distancia entre las opiniones (1966: 381-83).
Tanto para Sartori como para Dahl la polarización es un término ambiguo.
Para Dahl la polarización es un concepto ambiguo porque asume que estas tres dimensiones son analíticamente diferentes y dan lugar a diferentes posibilidades lógicas y formas diferentes de polarización.
a) puede haber dualismo político cuando la población se identifica con dos partidos sin que haya dualismo afectivo ni dualismo social;
b) puede existir dualismo político superpuesto al dualismo social pero sin dualismo afectivo. Es decir si dos grupos sociales diferentes se identifican con dos fuerzas políticas diferentes, pero sin que haya sentimiento de hostilidad.
c) puede existir dualismo político asociado con dualismo afectivo pero sin dualismo social.
En el lenguaje cotidiano se dice que una competencia electoral está polarizada cuando por ejemplo entre cuatro o cinco candidatos la mayoría del electorado se distribuye a favor de dos de ellos. En este caso hacemos referencia al primer sentido del término, es decir, que el dualismo se manifiesta cuando una gran proporción del electorado se distribuye entre dos candidatos, en desmedro de los otros. Otra acepción del concepto se refiere a la posibilidad de que la polarización o distribución dualista, de lugar a alguna de las configuraciones ab o ac, por ejemplo que en una elección dos grupos sociales diferentes votan también por dos fuerzas políticas diferentes, pero sin que haya sentimiento de hostilidad entre ellos. Para Dahl el carácter equivoco del término proviene de que lo aplicamos tanto a estos escenarios como al de la full polarization8. es decir, cuando los clivajes se superponen o acumulan.
Para Sartori la ambigüedad intrínseca (cursiva G.S.) del término polarización surge de que la polarización es un estado y también un proceso y es necesario distinguir entre ambos. La polarización como estado del sistema indica que un país en un momento o período determinado esta caracterizado por tener una distancia sistémica que puede ser baja, media o alta. Cuando aludimos al estado del sistema, el atributo contrario que califica a la polarización es la no polarización. Los sistemas donde hay gran distancia entre los polos son polarizados, mientras los de baja y media polarización son no-polarizados (o moderados).

En cambio la polarización como proceso -diacrónica- se expresa a través de un contrario diferente; aquí la dicotomía es polarización-despolarización. En el primer caso se entiende que la polarización -es decir la distancia- va en aumento, los polos aparte se separan cada vez más, mientras en el segundo caso, se dice que la polarización disminuye, o sea que los polos se acercan. La presencia de fuerzas antisistemas con sus estrategias centrífugas y sus mensajes de-legitimantes explica el proceso de polarización, es decir, el distanciamiento entre los polos. Así en los sistemas polarizados cuando los partidos extremos ganan votos decimos que la polarización va en aumento, mientras que cuando pierden votos y estos van hacia los partidos de centro decimos que asistimos a un momento de despolarización


Según Sartori la competencia centrípeta explica a la vez por qué disminuye la alta polarización -los polos extremos se acercan- y por qué se mantiene la baja polarización. La competencia centrífuga aclara los orígenes de una alta polarización y por qué los polos se mantienen separados una vez que la separación ha sido producida.

Desde nuestra óptica esta ambigüedad tiene su origen en que bajo el término o concepto de polarización se entienden tres fenómenos analíticamente diferentes, a pesar de ciertos atributos comunes y el hecho de que puedan aparecer asociados en la realidad, les dan cierto aire de familia. Estos son:


a) La polarización como indicador de un déficit de legitimidad caracterizado por una distribución multipolar de las preferencias electorales, oposiciones bilaterales, fuerzas antisistemas y erosión del centro (Sartori).
b) La polarización como un tipo de conflicto caracterizado por un dualismo de opiniones - peronistas vs. anti-peronistas o izquierda vs. derecha- clivajes superpuestos y una hostilidad reciproca fruto de esa superposición (Dahl).
c) Finalmente la radicalización, es decir aquellos escenarios en los cuales el conflicto dualista o polarización completa desborda los cauces institucionales y se dilucida con recursos y procedimientos pretorianos: movilizaciones confrontativas y violencia.
Al incluir únicamente variables electorales y de competencia partidaria en la distinción entre el aspecto dinámico y el estático, entre la polarización como estado y la polarización como proceso, Sartori omite otros fenómenos del proceso político como las movilizaciones y la violencia y se detiene en la zona gris donde es difícil distinguir la polarización de la radicalización. En ambos textos, pero especialmente en el de 1966, la polarización se ilustra con los últimos tres años de Weimar (1930-1933) cuando los nazis se convierten en la segunda fuerza del parlamento en 1930 y la primera desde mediados de 1932. Según su análisis con el crecimiento electoral de las fuerzas totalitarias de derecha e izquierda, nazis y comunistas y la erosión electoral de los partidos de centro –Socialistas, Zentrum Católico y el derechista partido del Pueblo- la republica presenta al final de su existencia la configuración típica de un sistema polarizado: distribución multipolar de las preferencias electorales, oposiciones bilaterales, fuerzas antisistemas y erosión del centro.
En Weimar clara y largamente la polarización como manifestación de la crisis de legitimidad está ligada o mas bien agravada por la radicalización como tipo de conflicto. A partir de 1930 comienzan los gobiernos presidenciales de Hindenburg que sustituyen y desplazan el régimen parlamentario por un sistema presidencial apoyado en el ejército y la burocracia y ocupan el vacío de poder dejado por la ruptura de la coalición centrista. Con el paso de los socialistas a la oposición, es muy poco lo que queda del centro como polo y fuerza política. Se puede argumentar que desde septiembre de 1930 el centro parlamentario se ha reducido a un mínimo cediendo su lugar a una distribución dualista cuyos principales protagonistas serán los nazis y los comunistas que, junto a las, movilizaciones y la violencia en las calles9, configuran un claro escenario de radicalización. Resumiendo, los años finales de la república de Weimar se acercan más al modelo de la radicalización, que al modelo de la polarización de Sartori, de distribución multipolar, centro ocupado y oposiciones bilaterales, surcado por tendencias centrífugas de Sartori.
El análisis de la radicalización

El objetivo de estas líneas es a) redefinir el significado de los conceptos de polarización y radicalización luego de su discusión en la literatura y b) utilizar estos elementos para analizar dos períodos de la polarización argentina. El que va de 1951 hasta la caída del gobierno peronista en 1955 y el que va entre 1973 y 1976, es decir, del retorno del peronismo al poder hasta su caída.


Recapitulando lo que acabamos de ver, en la literatura sobre los conflictos políticos nos encontramos con tres visiones. La primera enfatiza como causa de los conflictos la distancia que separa a los protagonistas y actores políticos ya sea en materia de valores, intereses e issues. La segunda pone en cambio el énfasis en la intensidad que los actores y protagonistas acuerdan a los motivos que los separan.
La literatura, más allá de la tradición teórica ya sea del enfoque económico de Buchanan y Tullock (1967), la politización del enfoque económico por (Sartori, 1987) o en la tradición sociológica del conflicto de clases en la sociedad industrial de (Dahrendorf, 1962) o el enfoque sobre la resolución de conflictos en sociedades divididas o segmentadas10 suele mantener esta distinción analítica. Actores y grupos que pueden estar envueltos en un conflicto dotado de gran intensidad, aun cuando la distancia que los separa sea menor y los objetivos de unos y otros no sean incompatibles y el conflicto pareciera ser de fácil resolución “Los grupos están a menudo envueltos en conflictos `severos` en razón de prejuicios profundos, celos atávicos, convicciones enraizadas en la envidia, y animosidades emocionales que tienen poco que ver con la distancia e incompatibilidad de las cuestiones en disputa” (Nordlinger 1972:8) Viceversa, actores políticos separados por distancias en apariencia insalvables, como es el de los partidos políticos en los sistemas polarizados entre fuerzas extremas de derecha e izquierda -Chile entre 1930 y 1964 o Italia luego de 1946- pueden encontrar mecanismos de resolución de conflictos que no pongan en peligro la estabilidad del sistema a pesar de las profundas discrepancias ideológicas y de la existencia de objetivos en apariencia incompatibles.
Una tercera posición (Dahl,1966) y que a nuestro juicio es la que mejor define los términos del problema, recurre en cambio a las dos variables, distancia e intensidad, para analizar estos fenómenos. La intensidad es la variable que diferencia y conecta estas tres acepciones. Procedemos a su análisis a traves de un recorrido conceptual que incluye los enfoque de Dahl, Huntington y Carl Schmitt.
El Pretorianismo: de Dahl a Huntington
Para Dahl según hemos visto la baja coincidencia de opiniones y la intensidad desigual permite la conciliación: En estas sociedades es factible formar una coalición en torno a un tema principal dejando de lado y cediendo en temas secundarios11.
En cambio la baja coincidencia, con igual intensidad, intensifica el conflicto. En tal situación existe la posibilidad de que cada uno de los grupos se constituya en un potencial apoyo para movimientos políticos diferentes y separados, ya sea un grupo de presión, una facción o un partido12. Este autor ilustra su argumento con lo que ocurriría en una sociedad segmentada donde cada uno de los grupos o actores divididos respecto de la religión, la clase o la lengua o en cualquier otro tipo de sociedad, si se adjudica a sus preferencias la mayor intensidad -lo que inhibe el compromiso- se abre eventualmente la puerta a la violencia. Pero el caso de las sociedades segmentadas es solo un caso particular del argumento general que es aplicable a otro tipo de sociedades. En cualquier otro tipo de sociedad si un actor político o social, un grupo de interés o fuerza política-sindicato, ejército, movimiento estudiantil, grupo empresarial etc.- considera sus intereses y preferencias como las más salientes o relevantes, se abre la puerta a la guerra de todos contra todos.
Las intensidades iguales que frustran la conciliación están en la base de las causas que dan origen a los escenarios pretorianos de Huntington (1968). Para este autor la movilización de nuevos participantes abre al puerta a una arena política hobessiana, en la cual los grupos de interés, los movimientos sociales y las fuerzas políticas se “enfrentan desnudamente con los medios que les son propios, los estudiantes manifiestan, los ricos corrompen, los militares intervienen y los sindicatos abusan de la huelga" (Huntington, 1968:196). La violencia se convierte en la moneda que regula las transacciones frustrando la capacidad mediadora de las instituciones. No es difícil percibir que en una arena pretoriana todos los principales protagonistas, adjudican a sus puntos de vista y preferencias una intensidad similar o igual, es decir la máxima intensidad, inhiben así el compromiso que generan las intensidades desiguales y frustran las posibilidades de mediación institucional13. El pretorianismo es la ley de Gesham de la política. Así como en la economía la mala moneda desplaza a la buena, en la política la violencia y la ilegalidad desplazan a los procedimientos institucionales.
Carl Schmitt: la intensidad tout court. Promesas y debilidades
Dahl nos dice que en los escenarios de full polarization, los contendores que además de ubicarse como polos aparte crean un máximo de distancia entre sí, también están animados por sentimientos de hostilidad recíproca. ¿Como se compara esta lectura de la polarización con la visión del amigo-enemigo de Carl Schmitt (1987)?
Este autor nos dice que podemos entender la cultura como un universo compuesto de dicotomías La dicotomía entre lo bello y lo feo nos remite al campo de la estética, o la dicotomía entre lo malo y lo bueno constituye el ámbito de la ética y así sucesivamente. Siguiendo este razonamiento, el pensador alemán sostiene que la política se estructura a través de la distinción y la dialéctica entre el amigo y el enemigo. Pero en contraste con lo que sucede con los otros ámbitos para Schmitt la política no es un campo más como los restantes, delimitado por su dialéctica propia. La política no constituye o inaugura un campo análogo y de jerarquía similar a los restantes. La política no es un ámbito más como los mencionados sino una intensidad que puede llegar a cubrir y extenderse a todas las esferas y ámbitos de la vida social: religioso, socioeconómico, étnico. La diferencia entre "el amigo y el enemigo señala el máximo grado de intensidad de un vínculo o una separación, de una asociación o de una disociación (Schmitt, 1987:27). De modo tal que "el contraste político es el mas intenso y extremo, y cualquier antinomia es tanto mas política, cuando más se acerca al punto extremo del agrupamiento amigo- enemigo“ (Schmitt, 1987:30)14.

Este crescendo de intensidad nos sitúa frente a “conflictos que no pueden resolverse ni por una normativa general fijada de antemano, ni por la sentencia (Spruch) de un tercero “neutral” y por ello imparcial. ”El conflicto extremo sólo pueden resolverlo los participantes entre si” (Schmitt 1987:27). Para Schmitt esta es la consecuencia principal de la intensidad generada por la dialéctica del amigo-enemigo: la ausencia de compromiso o mediación. Aspecto que suele pasar por lo general desapercibido cuando se recurre a la dialéctica del amigo-enemigo de Schmitt de manera meramente metafórica.
¿Que vinculo existe entre la intensidad de Dahl y la intensidad de Schmitt?
Dahl enseña que una preferencia intensa de parte de un actor no dispara necesariamente una preferencia opuesta de igual intensidad de parte del otro actor: las intensidades de las preferencias pueden ser desiguales y facilitan así la conciliación. Esto sucede como sabemos en las ocasiones en las que los clivajes se neutralizan recíprocamente. El máximo de intensidad en un ámbito no culmina por tanto en la dialéctica del amigo y el enemigo. Dahl corrige a Schmitt mostrando que determinadas constelaciones de clivajes y conflictos facilitan la conciliación y soslayan la lógica del amigo-enemigo.
En la full polarization en cambio, es decir cuando los actores se enfrentan de modo que el dualismo político coincide con el social y el afectivo en la forma de polos aparte, tensión y hostilidad psicológica nos encontramos con el “máximo de intensidad de una asociación o una disociación” teorizado por Schmitt. Aquí, al revés de lo que sucede con los clivajes que se neutralizan recíprocamente, Dahl se acerca a Schmitt, o mejor dicho, Schmitt anticipa a Dahl. En la polarización completa, fruto de dualismos que coinciden y dan lugar a polos aparte hostiles y renuentes a la mediación, encuentra su confirmación la metáfora schmittiana del amigo-enemigo. Los clivajes superpuestos generan el máximo de intensidad posible y dificultan la conciliación. El conflicto adquiere y despliega una lógica, que no deja lugar una normativa general fijada de antemano, ni por la sentencia (Spruch) de un tercero “neutral” y por ello imparcial de modo que ”el conflicto extremo sólo pueden resolverlo los participantes entre si” (Schmitt 1987:27)
Schmitt, Sartori y la Polarización
Sartori recurre al modelo económico de Downs para explicar la polarización, como una alternativa a los enfoques y autores que, como Schmitt y Dahl, ponen el acento en la intensidad. A su juicio, en la política democrática, la intensidad es un atributo de las minorías. Las minorías, religiosas, étnicas, lingüísticas, son grupos reales cuyas identidades están definidas por preferencias y valores intensos15. Contrario sensu las mayorías no son grupos reales y si ocasionalmente pueden llegar a ser intensas, esa intensidad es un fenómeno efímero o pasajero.
En su importante trabajo sobre Carl Schmitt, es donde Sartori mejor expresa las relaciones entre política democrática, intensidad y radicalización. Su objeción es que la visión schmittiana es sólo una de las dos formas de la política: la política como guerra. Sartori está más interesado en la otra forma que asume la política, es decir, la política como paz, la política democrática16.
Coherente con su preocupación con la política democrática Sartori detecta en Schmitt una contradicción fundamental. Según Schmitt, la intensidad máxima de una asociación o una disociación, se alcanza en la política doméstica o interior pero al mismo tiempo, dice Sartori, Schmitt limita esa intensidad cuando se refiere a las relaciones entre los estados, tal como se pone en evidencia en su elogio al Ius Publicum Europeum, logro máximo de la civilización occidental que no criminaliza a los contendores de las guerras 17.
Coherente con su interés por la política democrática, el reproche de Sartori pareciera ser -a justo título- que si es factible limitar la intensidad en la relación entre los estados por que no hacerlo también en la política doméstica. ¿Por qué inevitablemente “los conflictos no pueden resolverse ni por una normativa general fijada de antemano, ni por la sentencia de un tercero neutral, por qué ”el conflicto extremo sólo pueden resolverlo los participantes entre si o por qué si se puede evitar la máxima intensidad en los conflictos bélicos, es decir evitar que este alcance su máxima intensidad criminalizando al agresor, no se puede hacer algo similar en los conflictos domésticos?
Sartori se expone sin embargo desde otro ángulo a una objeción análoga. El también se detiene ante ese umbral en el cual la distancia cede su protagonismo a la intensidad, es decir a la radicalización, al pretorianismo y a su moneda de cambio, la violencia, como ocurre cuando la polarización desemboca en el quiebre del régimen democrático. Si Schmitt se detiene y congela la intensidad en las relaciones entre los estados, Sartori se detiene en el umbral en el que la distancia se topa con la intensidad. ¿Pero no son acaso los escenarios de las democracias polarizadas lo más parecido a la política como guerra? ¿Las movilizaciones, las acciones ilegales, la acción directa, la violencia que acompaña o se manifiesta en la polarización como pueden ser interpretadas de otra manera que no sea como expresiones de intensidad?, ¿No involucran estos episodios a mayorías intensas que, como argumenta Carla Carrizo, a propósito del peronismo lejos están de ser efímeras?18.
No es cierto como quiere Schmitt que el contrincante es siempre un enemigo, y nunca puede ser un competidor o un adversario19, pero tampoco como quiere Sartori el adversario es casi siempre un competidor –que se acerca o se aleja electoralmente- y nunca un enemigo. Si la polarización en Sartori, al igual que la política tout court en Schmitt, puede involucrar a casi cualquier ámbito, ideológico, religioso, o étnico todo esto indica que Sartori se detiene nuevamente y no se atreve a cruzar el umbral que separa la distancia de la intensidad. ¿Es creíble una polarización étnica, religiosa o de otra índole desprovista de intensidad, reducida meramente a una competencia entre concurrentes, que esteriliza y neutraliza la intensidad entre rivales o enemigos?
La renuencia de Sartori a incorporar la intensidad, como variable explicativa reduce los fenómenos de polarización y sus consecuencias eventuales –la quiebra de la democracia- a una metáfora espacial de competencia entre imágenes de partido, o entre partidos que blanden imágenes, omitiendo que muy a pesar suyo y de nosotros, estas imágenes de la competencia electoral entre moderados y extremistas, son los pendones de enemigos que a veces están no lejos de liquidarse físicamente.20
El debate con Schmitt es una consecuencia de la mirada que Sartori tiene sobre la política y la polarización. A partir de Downs y su enfoque económico se nutre su idea de la polarización como distancia. Como lo sugiere Carla Carrizo21 el programa teórico de Sartori consiste a) en convertir en supuestos políticos los supuestos económicos de Buchanan y Tullock, Buchanan y Tullock abogan en favor de la regla de unanimidad como regla de acción colectiva. Sartori en cambio argumenta en favor de la regla de mayoría como regla óptima de acción colectiva. En cambio con la polarización Sartori efectúa la operación contraria. Despolitiza el análisis al mantener encorsetada la polarización en el modelo de la competencia económica.
No es que quiera evitar acercarse a Schmitt, nunca se despega del todo de Downs. Lo que el denomina la política como paz, es en rigor de verdad, la política como competencia de Downs. Su enfoque sobre la polarización es pues una vía media entre Downs y Schmitt. La polarización no es fruto de la intensidad generada por la dialéctica del amigo y el enemigo sino de la competencia electoral antisistémica de las fuerzas políticas que ocupan una osición extrema en el espacio y continuo electoral, izquierda –derecha.
Radicalización: enfoques y aplicaciones recientes.
2. Do Santos
En su obra sobre el sistema de partidos brasileño que culmina con la caída del presidente Joao Goulart en 1964, Wanderley Dos Santos (1979) demuestra que en el análisis de la polarización no se puede desvincular la distancia del estado de tensión, como lo hace Sartori.
En primer lugar y siguiendo a Dahl y Nordlinger -sin mencionarlos expresamente- este autor define la radicalización como una situación en la cual los principales actores políticos no están dispuestos a cooperar y ceder posiciones en aras del compromiso porque se encuentran intensamente comprometidos con sus preferencias –lo que les impide ceder- y tienen además los recursos necesarios para luchar por ellas (Do Santos 1979: 29). En segundo lugar argumenta que la polarización-radicalización no necesariamente tiene que obedecer a principios, ideología o culturas no consensuales o a factores étnicos o religiosos como sostiene Sartori. Cuestiones específicas, es decir, issues concretos aún cuando no están conectados con principios pueden dar lugar a un proceso divisivo. Así sucedió en Brasil en 1964 donde la polarización se dio en torno a la reforma agraria y el voto a los analfabetos: “Aún cuando las cuestiones de principios puedan ofrecer un escenario mas favorable para la radicalización, esto es una cuestión empírica más que analítica”(Do Santos 1979: 29).
Para este autor la polarización, es decir, la distancia entre los polos –y sus manifestaciones- la multipolaridad y la competencia centrífuga es una consecuencia de la intensidad de la lucha política y no una dimensión analítica diferente e independiente de la intensidad. Como resultado de la radicalización de los issues -reforma agraria y voto a los analfabetos- el sistema partidario brasileño de características moderadas y poca distancia ideológica, y en el que antes de la crisis los tres principales partidos UDN, PDs yPTB cooperaban satisfactoriamente en el Congreso, se transforma en un sistema polarizado con tres polos: el izquierdo ocupado por el Partido Trabalhista, el centro por el Partido social Democrático y la derecha por la Unión Democrática Nacional22. La intensidad de los issu conduce pues, y según este autor, a la polarización-radicalización. Do Santos concibe la polarización a la manera de la polarización completa de Dahl. Dada la naturaleza moderada de los partidos brasileños, la polarización no es fruto de las estrategias de fuerzas extremistas o antisistema, como en el modelo de Sartori.
Finalmente, nos dice Dos Santos, si bien es cierto que en los sistemas polarizados, los grupos opuestos, es decir las oposiciones bilaterales no pueden unir sus fuerzas de manera constructiva, siempre pueden unirse para vetar las propuestas que emanan del centro (Do Santos: 29).
La radicalización permite que los extremos se toquen como dice el refrán. Así sucedió no sólo en la crisis brasileña, sino también en el caso clásico de polarización y radicalización -la República de Weimar- donde luego de septiembre de 1932 y teniendo los nazis y comunistas la mayoría absoluta de bancas en el parlamento, unirían sus fuerzas en contra de las propuestas del centro. En resumen, para Do Santos la radicalización tiene dos componentes: a) la intensidad de las preferencias y b) el empleo de recursos-institucionales y extrainstitucionales- para imponerlas.
Bobbio

Su análisis recapitula el Zeitgeist de dos épocas: la del período entre las dos guerras mundiales y la de la guerra fría. Ambas le sugieren que en la política, además de la clásica división o díada derecha e izquierda, existe la díada extremismo vs. moderación que “no coincide con la anterior en cuanto que obedece, también ella, a un criterio de contraposición en el universo político diferente del que implica la distinción entre derecha e izquierda”. Esto significa que “la díada extremismo-moderación” tiene muy poco que ver con la naturaleza de las ideas profesadas pero se refiere a su radicalización y, consecuentemente, a las diversas estrategias para hacerlas valer en la práctica. Por lo tanto, “si es cierto que el criterio que rige la distinción entre derecha e izquierda es diferente del que rige la distinción entre extremistas y moderados, eso conlleva que ideologías opuestas pueden encontrar puntos de convergencia y acuerdo en sus franjas extremas, aún cuando se mantengan muy diferentes con respecto a los programas y a los fines últimos de los cuales sólo depende su ubicación en una u otra parte de la díada”23. En otros términos, los moderados de derecha y de izquierda tienen más en común entre si que con los extremistas de sus respectivas ideologías.


El extremismo, expresión de la intensidad máxima, recurre a no importa que medios legales o ilegales, violentos o pacíficos para poner en acción un programa. La moderación en cambio pone límites y techo a la intensidad: únicamente los medios legales y pacíficos son legítimos en la lucha política. Para Bobbio, el extremismo posee dos componentes: a) la exacerbación ideológica “fascismo y comunismo son la exasperación de la díada moderada” y b) la estrategia para ponerla en practica: violencia e ilegalidad.



Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal