Teoría y Filosofía Política, la tradición clásica y las nuevas fronteras Atilio Boron



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VI. La materialidad del poder y la abstracción real
El capital no sólo debe explotar al trabajo al nivel de la producción, sino que debe mantener su existencia negada, para arrebatarle su subjetividad. El sujeto del capitalismo es el capital. La materialidad del poder del capital reside en el valor como forma histórica específica de existencia del trabajo humano y su expansión: el capital. Pero esta materialidad es una materialidad abstracta, aunque no por ello irreal ó ideológica, donde el contenido se oculta a través de formas alienadas de existencia social. Indicar la existencia de esta materialidad abstracta del poder permite entender la dinámica de la constitución y de la transformación de las subjetividades sociales como formas virtuales de existencia real: “todo el trabajo en la sociedad capitalista está sujeto a la abstracción” (Kay y Mott, 1983:18).
¿Cuál es la dinámica de este proceso de abstracción real?
El proceso de abstracción por el cual el capital deviene poder y fuerza externa al trabajo y la existencia de estas formas políticas, económicas, sociales, culturales e ideológicas de la relación del capital, implica un vaciamiento real, y no ilusorio, de la subjetividad humana (cf.Samuels, 1993). Esta desmaterialización requiere de la construcción de identidades y formas de ser social “positivas”, que son también parte del proceso de abstracción. Siendo creaciones sociales, dichas subjetividades aparecen ó como identidades que corresponden a aspectos naturales/normales de los “seres humanos” (heterosexuales, jóvenes, criminales, neuróticos) ó como identidades colectivas (los ciudadanos, los homosexuales, los trabajadores, los desocupados). Tanto el humanismo liberal como el marxista tienden a naturalizar estas formas subjetivas y tomarlas como el punto de partida para la teorización política del orden social, las formas de gobierno y de organización, ya sea a favor del status quo o con sentido revolucionario.12
El cambio y surgimiento de nuevas subjetividades está relacionado a la transformación del capital, no sólo a nivel productivo sino respecto de las formas reales e ilusorias de su existencia y expansión, tales como el dinero (la forma más abstracta de la existencia del capital), la ley, el estado, etc. Es decir, mientras el contenido material de la alienación en tanto proceso es mantenido en la existencia del valor, las formas reales de existencia de la vida humana, incluidas las categorías históricas, se moldean y reconstituyen permanentemente (Dinerstein y Neary, 1998). Ello sucede no simplemente como “producto” de un poder omnipresente, sino a través de la lucha de clases cotidiana y dramática.

VII. Hacia la cuarta dimensión: un ejemplo
En el marco de mi investigación indagué en la subjetividad del desempleo, las nuevas formas de la lucha, y las contradicciones que subyacen a la subjetividad del “ejército de reserva” en movimiento, a través del análisis de los cortes de ruta acontecidos en Argentina en 1997 (ver en detalle en Dinerstein, 1997b; 1997c; 1998b). La crisis de sobre-acumulación de capital implica la transformación del capital en dinero y un desarrollo desparejo no sólo entre diferentes países sino también al interior de los límites nacionales. Las dos tendencias históricas del capitalismo, reducir lo más posible el número de trabajadores empleados y producir la mayor masa posible de plusvalía (Capital vol. 1: 420), resultan en la permanente destrucción y recreación de los medios de producción y fuerzas productivas. Contra el mito liberal, los capitalistas buscan incrementar el beneficio sin tener en cuenta los límites del mercado. Sobreacumulación de capital significa, en términos monetarios, D – D’: dinero, más dinero, en lugar de dinero mercancía, más dinero, donde el capital parece auto-expandiéndose, fluyendo, escapando del circuito productivo. Pero este es sólo un momento en el que el capital puede evitar al trabajo, porque D-D’ depende de la efectiva habilidad del capital de explotar al trabajo: “la disociación entre dinero y explotación aparece como la imposición del poder del dinero sobre el estado donde la reproducción expansiva de la explotación del trabajo sólo es aparentemente eliminada” (Bonefeld, 1996).
La contracara del capital no empleado en la producción es entonces el trabajo desocupado (Capital, vol. 3: 359). Marx ilustra la conexión interna entre trabajo y capital, y el significado del desempleo en este proceso: “el trabajador tiene la desgracia de ser capital viviente, capital con necesidades... Como capital, el valor del trabajador aumenta o decrece de acuerdo a la oferta y la demanda, y hasta físicamente su existencia, su vida, fue y es tratada como la oferta de una mercancía, como cualquier otra mercancía... Las cualidades humanas del hombre como trabajador...sólo existen en tanto ellas existen para un capital que es alien a él...Entonces, tan pronto como sucede que el capital - sea por necesidad o elección - deja de existir para el trabajador, éste último deja de existir para sí mismo; no trabaja... El trabajador existe como trabajador sólo cuando existe para sí mismo como capital, y existe como capital solamente cuando el capital existe para él. La existencia del capital es su existencia, su vida... La economía política... no reconoce a los trabajadores no ocupados, en tanto se sitúan fuera de la relación de trabajo. El estafador, el tramposo, el mendigo, el desocupado, el muerto de hambre, el indigente y el criminal son figuras que no existen sino para otros ojos -para los ojos de los doctores, los jueces, los cavadores de tumbas, etc.”(Manuscritos Filosófico-Políticos en Early Writings, 333-334).
De la cita se desprende que en cualquier caso, como por ejemplo el del desempleado, aunque el trabajo es el creador del capital, a través de su alienación es el capital el que aparece determinando la utilidad concreta del trabajo y por ende el significado y contenido de la vida de los trabajadores.
Este poder del capital para determinar la utilidad de nuestra capacidad y la separación de ésta de nuestras necesidades vitales, es el poder del capital para constituir subjetividades. Como se dijo anteriormente, el poder es productivo, no sólo excluye reprime, rechaza, censura..., “el poder produce realidad, rituales de verdad y sujetos”(Foucault [Vigilar y Catigar] en Fine, 1993).
En el ejemplo, la confrontación entre las necesidades de los trabajadores y las del capital y el estado, es la contradicción existente entre trabajo concreto y abstracto. Aunque parezca obvio, capital desempleado y trabajo desocupado implican una relación desigual. Cuando el capital destruye su capacidad productiva, y deviene dinero, la vida del capitalista no corre peligro. Por el contrario, el trabajador desempleado sufre la imposibilidad de su propia reproducción. Aunque la existencia del proletariado implica de por sí pobreza absoluta (Grundrisse), el trabajo desempleado implica pobreza y muerte potencial en determinadas condiciones.
En mi opinión, la existencia del desempleo masivo no es un problema sólo para el trabajo sino también para el capital, porque aunque el mayor beneficio o plusvalía se logra justamente reduciendo costos a través del desempleo, esto implica la presencia de la contradicción abierta donde el capital reconoce la utilidad del trabajo y la niega a la vez, aunque momentáneamente. Se trata de un problema “político”. En este caso, en el proceso de abstracción por el cual el trabajo concreto deviene trabajo abstracto socialmente necesario, el trabajador “desocupado” está compelido a vender su fuerza de trabajo y no puede vender su fuerza de trabajo, pues “la capacidad del trabajo sólo puede actuar como trabajo necesario si el trabajo excedente tiene valor para el capital. [Si esto no sucede} entonces la capacidad del trabajo aparece como por fuera de las condiciones de reproducción de su existencia y el trabajo necesario aparece como superfluo, porque lo superfluo no es necesario...entonces [el trabajador] se convierte en mendigo o pobre, porque ya no pertenece a las condiciones de la relación de aparente intercambio e independencia”(Grundrisse: 608-609). El trabajador experimenta este hecho literalmente como de vida o muerte. Y entonces, dado que donde hay poder hay resistencia, existe la posibilidad de que la necesidad y la pasión se reúnan nuevamente con la capacidad para la acción política, aunque esto depende, por supuesto, de diversos factores.13 La política deviene necesidad y la necesidad acción política. Durante ese proceso, los sujetos pueden experimentar nuevas forma de lucha y organización contra las formas liberales de la política que apelan a la razón y a las formas alienadas de representación.14 Esto es lo que ha sucedido por ejemplo en Jujuy en mayo de 1997 (ver Dinerstein, 1997b).

VIII. Notas sobre el ejemplo
1. Contradicción y acción
a. En tanto el capital es una relación social que implica existencia del trabajo en su forma de ser negada, y es dicha relación la que determina la “utilidad” ÿ “capacidad” humanas, cualquiera sea la subjetividad que surge en el proceso de negación, en este caso el “desocupado, el marginal / excluido, el pobre, porta conflicto y contradicción, pues se trata de la separación entre necesidad y capacidad a nivel subjetivo (Dinerstein, 1998b). Esta contradicción y conflicto se expresan no sólo a nivel de las formas políticas, económicas ú organizacionales, sino también al interior de la subjetividad.
b. El capital es así una contradicción viviente en movimiento, y la dominación que impone es precaria, porque dado que el trabajo es la presuposición de la existencia social como un todo, presuposición de la cual el capital no puede autonomizarse... “el capital vive de transformar al trabajo en contra de sí mismo sobre la base de la existencia fetichizada del trabajo asalariado...” (Bonefeld 1996: 181). Esto implica que el capital, como forma real e ilusoria objetivada de la existencia social, lleva en su movimiento de producción y reproducción una contradicción intrínseca que debe permanentemente superar, negar, esconder. Las crisis financieras, fiscales o económicas, son expresión de la incapacidad del capital de llevar a cabo este proceso de forma eficiente. Esto es lo que Foucault entendió como poder incompleto y conflictivo.
c. Por otro lado, esta política como necesidad es también contradictoria, pues la lucha por deconstruir la relación capitalista se realiza desde la subjetividad alienada capitalista. Esta es también la visión de Foucault de que los límites, que para mí están dados por la existencia de la forma ‘mercancía’, son los que nos habilitan y capacitan para la acción hacia la deconstrucción. Foucault supo explicar que las mismas subjetividades creadas por el poder son las que nos otorgan la habilidad para deconstruirnos a nosotros mismos, destruir la auto-dominación junto a las relaciones de poder que nos dominan.
d. Como vimos, la completa autonomía del trabajo respecto del capital es imposible.15 En su lugar, la noción de trabajo existiendo en y contra el capital permite ver que la lucha del trabajo es una lucha por eliminarse a sí mismo deconstruyendo las subjetividades que lo niegan, pero de mantenerse a sí mismo como trabajo abstracto o relación salarial, y como capital, para sobrevivir concretamente. En esta contradicción se hallan los límites y las posibilidades de inventar nuevas formas de subjetividad. En este sentido, trabajar sobre los límites, en palabras de Foucault, es un ejercicio de libertad ilimitada: “el problema consiste en saber si la lógica de la contradicción puede servir realmente de...regla de acción para la lucha política” (Foucault en Lecourt, 1993: 79).
2. El sujeto
La lucha de los “desocupados” o los “marginados” no conduce a su constitución como “nuevo sujeto de la revolución”. No hay sujeto de la revolución, sino distintas subjetividades que experimentan de diferente forma la contradicción inmanente en el capital, y que hay que deconstruir. Como también señalara Foucault, y por supuesto Negri, el sujeto es plural y diverso. Con su propuesta de resistir y rehusar estas formas de subjetividad a las que nos obligan el poder y la auto-dominación, señaló la importancia de la transgresión individual. Pero la transgresión individual deviene social mediante la transgresión individual hacia la desindividualización. Por ello está en contra de la política liberal y la construcción de identidades colectivas. Los discursos del poder, como el humanismo, intentan eliminar dicha fragmentación. La constitución histórica del sujeto-categoría ciudadano es un ejemplo de ello. Pero la abstracción no puede ser eliminada discursivamente o a través del terror, pues se trata de una abstracción real dada por la necesidad del capital de negar al trabajo y obligarlo a existir en formas virtuales de existencia social. El camino de deconstrucción es eminentemente político, subjetivo y social, en y contra, donde “cada resultado es apreciable sólo a posteriori” (Negri, 1992: 80)16. Es importante recalcar que este planteo dista de ser anárquico y “posmoderno”, en tanto que, aunque enajenado respecto de sí mismo, el trabajo abstracto, social, contiene la posibilidad de su propia negación, de ser no capital, de disolverse a sí mismo, al igual que a la relación a través de la cual existe, y de recomponerla sin negar su poder constitutivo como fuerza creadora en el mundo social (Holloway, 1995 en (Dinerstein - Neary 1998). Este enfoque no plantea entonces un humanismo esencial como alternativa al capitalismo: “no hay sujeto originario a recuperar, pues tanto los sujetos como las verdades son constituidas por las practicas del poder” (Tarcus, 1993: 19). Esto abre la posibilidad de formas subjetivas impensadas, y provee las bases para una realidad aún no constituida en la cual la vida humana no sea un recurso, sino el objetivo(Dinerstein y Neary, 1998).

Pero es importante insistir en que el punto de partida para la deconstrucción de la subjetividad alienada es siempre la misma subjetividad alienada, que como Foucault indicara, nos capacita y habilita para resistir. 17


3. Pasión, necesidad y acción política
¿Por qué una acción colectiva podría ser trascendente en el aquí y ahora? La existencia del trabajo en su forma de ser negada requiere de la separación entre capacidad y necesidad (Kay y Mott, 1982: 18; Heller,1976), y entre política y deseo (ver Deleuze y Guattari, 1983). El discurso del poder que constituye esta separación concreta está íntimamente relacionado con el paradigma cartesiano que plantea una jerarquía entre razón o mente y cuerpo, en la que la mente gobierna al cuerpo (Dinerstein, 1997b). Las nociones de pasión y necesidad han tenido poca cabida en el análisis tradicional de la acción social guiado por la noción de interés. El dilema post-hobesiano entre pasión, afecto e interés fue temporariamente resuelto a través del establecimiento de una actitud positiva hacia la actividad económica, principalmente en el Siglo XVIII. El hacer dinero fue denominado interés, y llegó a ser el paradigma para controlar otras pasiones más impredecibles, inconstantes y cambiantes, inapropiadas para el funcionamiento de las reglas del orden capitalista y la construcción de un orden social viable y gobernable (Hirschman, 1977). La noción de interés subyace a la teoría de la acción racional, donde el actor social es presentado poseyendo al menos tres aptitudes: ser capaz de una acción instrumental, tener control sobre su propio cuerpo, y ser autónomo/a respecto de sus iguales (Joas en Dinerstein 1997b). En estudios de casos empíricos, es factible observar que la noción de interés y razón instrumental es por lo menos incompleta, si no una entelequia intelectual, pues los actores sociales se guían por la razón y la pasión, no tienen completo control sobre su cuerpo, producto de la necesidad, y dependen en gran medida de sus pares. Mi idea es que para que una acción colectiva de naturaleza transgresora tenga lugar, al menos las premisas cartesianas que separan cuerpo de mente, donde la razón domina a la pasión, así como la noción de acción instrumental, deben ser superadas por los participantes en la praxis (Dinerstein 1997b). Como Foucault indicara, teoría y práctica están intrínsecamente conectadas en la crítica. Y la crítica no puede ser simplemente “mental”, sino también corporal. 18
4. La importancia del proceso
Al establecer la conexión interna entre metamorfosis del capital, lucha de clases y constitución de subjetividades, mi objetivo fue mostrar que por medio del constante proceso de recomposición del capital, a veces crítico, la relación del capital libera capacidades y energía humanas que no puede controlar completamente. Aún cuando el capital recomponga su dominación a través de nuevas formas opresivas de negar al trabajo en tanto capacidad humana de creación, su transformación abre la posibilidad de experimentar nuevas formas de resistencia y subjetividad transcendentes en el aquí y ahora. En estos momentos los sujetos pueden experimentar en el aquí y ahora nuevas formas de subjetividad, en las que la política se vuelve necesidad y la necesidad se convierte en actividad política (Dinerstein, 1998b, ver Kennedy, 1996). El comunismo sólo puede ser concebido como un proceso donde “lo que interesa es el proceso de liberación” (Negri, 1991b: 152). Como Marx y Engels explicaran: “el comunismo para nosotros no es una lista de cuestiones que hay que establecer, un ideal al cual la realidad se tiene que ajustar. Llamamos comunismo al movimiento real hacia la abolición del presente estado de cosas. Las condiciones de dicho movimiento surgen de las premisas existentes” (The German Ideology: 57).

Nota final
La importancia de la teoría del poder en Foucault reside en señalar que el poder es constitutivo de subjetividades, es productivo, se ha expresado en diferentes formas a través de la historia sin modificar su esencia, es incompleto y contradictorio, su contracara es la resistencia. La constitución de los sujetos se basa en la contradicción que subyace a los límites y la posibilidad ilimitada de ese poder, contradicción que nos brinda la posibilidad de resistir y rechazar los criterios de verdad que acompañan a nuestra forma de ser sujetos. No hay forma esencial humana a recuperar, sino que hay que inventar nuevas formas, impensadas, inesperadas. La crítica práctica es la forma de rehusar a lo que somos para ser: “la acción política pertenece a un tipo de intervención totalmente distinta de las escritas ó librescas. Se trata de un problema colectivo, de un compromiso personal y físico. No se es radical por pronunciar palabras. No: la radicalidad está en la existencia” (Foucault en Tarcus, 1993: 254).
A la luz del contenido material abstracto del poder proporcionado por la teoría marxista, la propuesta de resistencia anárquica y transgresión individual foucaultiana contra el poder que nos hace ser lo que somos, cobra nueva luz. Puede ser entendida así como una lucha constante en y contra la (de)codificación capitalista, que separa necesidad de capacidad y deseo de acción política. El poder no es omnipresente: aparece como, y parece omnipresente a través de, la “cosificación” y “reificación” de relaciones sociales. Cosificación y reificación que implican un proceso de abstracción real a través del cual existimos en una forma incompleta y virtual, privados de la posibilidad de saber de qué seríamos capaces de construir individual y colectivamente. Si el proceso permanente de subjetivación capitalista es social, el de des-subjetivación, su contracara, también lo es.
Acción política es la permanente construcción y de-construcción del valor y de las formas sociales alienadas entre las que debemos incluirmos como sujetos sociales. Es en definitiva un proceso de descubrimiento de lo que podríamos ser si no fuéramos lo que somos. Potencia para deconstruir el poder del poder. c

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