Teoría del Disenso



Descargar 185,4 Kb.
Fecha de conversión25.04.2017
Tamaño185,4 Kb.
Teoría del Disenso

A Paul Piccone, in memoriam

Resumen

La intención de este artículo no es reducir el tema del disenso a la teoría del conflicto al estilo



de Marx o Engels, tema que dejamos al marxismo y sus estudiosos, tampoco tratarlo desde

la polemología, asunto que ha recibido desde los años 70 un tratamiento pormenorizado y

casi definitivo por parte de Julien Freund y Gastón Bouthoul.

La intención es analizar el disenso desde la posibilidad de constitución de teoría crítica.

Sabemos que no es fácil, se necesita un trabajo interdisciplinario, aun cuando hay algunos

pocos pensadores(Cacciari, Siena, Douguin, Wagner de Reyna) meditando el tema.

Este pequeño trabajo viene a completar los Ensayos de Disenso, próximos a aparecer en su

versión argentina.

Pretendemos, con las limitaciones del caso, responder a la Escuela de Frankfurt, pues como

se sabe desde hace unos treinta años se impuso en las democracias occidentales la teoría del

consenso, que tiene su origen ideológico en dicha escuela neomarxista con el filósofo Jüngen

Habermas a la cabeza.

Esto dio por resultado que "el consenso o acuerdo de los grandes partidos políticos" se

transformara en el fundamento moral de nuestras menguadas democracias. Reemplazándose

así la genuina representación democrática, transformando al sufragio universal y secreto en

una verdadera farsa. Porque viene a justificar las decisiones ya tomadas de antemano por el

acuerdo de los grandes partidos.

Nuestra propuesta del disenso como verdadera causa agente de la teoría crítica

postmoderna, intenta abrir espacios, pliegues, al verdadero pluralismo social en el seno de

un sistema democrático procedimental y por ende vaciado de contenido.

Al consenso de los grandes partidos debemos agregar las múltiples y variadas “mesas de

consenso social” patrocinadas por los grandes lobbies e instituciones de la sociedad civil,

para que cambiando algo, nada cambie.

Abstract


The intention of this article is not to reduce the dissent theme to the theory of conflic like

Marx or Engels, theme we leave to marxists and their studiouses, neither to treat it from the

polemology, subject that has received a particular and definitive treatment by Julien Freund

and Gastón Bouthoul, since 70’.

The intention is to analyze the dissent from the possibility of critic theory constitution.

We know it is not easy, it is necessary a interdisciplinary work, although there are a few

thinkers (Cacciari, Siena, Douguin, Wagner de Reyna) meditating the theme.

This little work comes to complete the “Ensayos de Disenso”, that will appeared soon in an

argentine version.

We pretend answer to the Frankfurt School, with the limitation of the case, because it is

known, since thirty years ago, that the consensus theory has been imoposed in the

occidentalies democracies, which has his ideologic origin in the mentioned neomarxist school

of the philosophy Jungen Hasbermas.

The result of this is that “ the consensus or agreement between the great political parties”

has been transformed in the moral foundation of our diminished democracies. Then the

consensus replaced the genuine democratic representation and transformed the universal

suffrage in a farce. Because comes to justify the decisions previously taked by the great

parties agreement.

1

Our proposal of dissent as the true agent cause of postmodern critic theory intends to open



spaces to the true social pluralism in the sine of a procedimental democratic sistem, emptied

of contents.

We must add to the consensus of the great parties the multiple and varied “tables of social

consensus” patronized by lobbies and civil society institutions, for changing something

nothing changes.

El disidente no aspira a cargos oficiales

ni busca votos.

No trata de agradar al público,

no ofrece nada ni promete nada.

Puede ofrecer, en todo caso, sólo su pellejo”.

Valclav Havel

Alberto Buela(*)

Este trabajo cierra un periplo de veinte años sobre la meditación y

práctica del disenso que comenzó allá por 1984 con una

conferencia en el Palacio de los Congresos de Versailles(Francia)

junto a los pensadores como Julien Freund, Alain de Benoist,

Guillaume Faye y Pierre Vial, titulada L´Amérique hispanique

contre l´Occident, y siguió luego a través de la experiencia,

durante un lustro (1994-1999), con la revista de metapolítica

Disenso, para concluir ahora, en este ensayo.

Nuestra tesis es que el disenso, sobre todo desde las sociedades

dependientes como la nuestra, es lo que permite crear teoría

crítica, tanto en ciencias sociales como en filosofía. Y hoy, la

mediocridad de ambas disciplinas radica en esta incapacidad de

pensar críticamente. O lo que es lo mismo, explica la vigencia de

un pensamiento único que tiene su proyección política en lo

políticamente correcto, sea a través del progresismo

socialdemócrata, sea en el neoliberalismo conservador. Son estos,

2

los dos brazos de la tenaza político-ideológica que aprisiona al



mundo que comienza en el siglo XXI.

Naturaleza del disenso

El acceso etimológico que nos permite el término disenso es el

siguiente: Proviene del verbo latino dissero: examinar, discutir

una materia, que se vuelca en el sustantivo dissensus que significa

otro sentido.

El sufijo dis, que proviene del adverbio griego y que en latín

se tradujo por bis=(dos veces), significa oposición,

enfrentamiento, contrario, otra cosa. Así tenemos por ejemplo los

vocablos disputar que originalmente significa pensar distinto, o

displacer que equivale a desagrado, o disyuntivo que es no estar

junto, estar separado.

Disenso significa, antes que nada, otro sentido, divergencia,

contrario parecer, desacuerdo.

Existe muy poca literatura acerca del disenso(1) y la poca que

existe, viene desde el pensamiento institucionalmente aceptado,

con lo cual el disenso está caracterizado:

a) negativamente. “El disenso es negativo porque siempre está

referido a un consenso previo” y

b) vinculado a las minorías: “una de las características de toda

minoría es una actitud de disenso ”.

Es obvio que no compartimos para nada esta clasificación

interesada y parcial del disenso. Pues, disentir, no es sólo negar

un acuerdo sino que es, sobre todo, pretender otro sentido al que

actualmente poseen las cosas y las acciones de los hombres y el

mundo que nos rodea

Disentir es una actitud libre, personal o colectiva, de afirmar otra

cosa a la propuesta. Psicológicamente es la primera actitud del

hombre, al reconocerse como otro distinto del padre, para

convertirse en adulto. El disenso enriquece el obrar humano y

consolida una sociedad plural, al mismo tiempo que invalida

cualquier intento homogeneizador o totalitario.

3

Muchos vinculan el disenso con la discrepancia entendida como



negar el consentimiento a algo o alguien. Por el contrario, para

nosotros el disenso no se agota en el afirmar lo que no se

quiere(en la negación) sino que logra su plenitud en el

pensamiento(teoría alternativa) y la actitud (práctica) no

conformista a la dada. Es el origen del pensamiento y la conducta

alternativa al orden o la normalidad constituida.

Es que el consenso, lo hemos visto hasta el hartazgo, a pesar de

la opinión de los progresistas ilustrados, no puede servir como

fundamento de la legitimidad política de la democracia porque

siempre es el resultado de un acuerdo de partes con poder en la

sociedad (racionalidad estratégica, que viene a responder a la

pregunta de Lenín: ¿Qué hacer?) que puede conducir, y de hecho

ha ocurrido infinidad de veces en la historia del mundo, a

resultados aberrantes.

A contrario sensu, surge entonces el disenso en su función éticopolítica

por antonomasia, como origen de la legitimidad política de

la democracia pluralista y participativa, y no ya democracia

acuerdista, de pactos o logias, que se caracterizan por tomar las

decisiones antes de la deliberación. Esto es, transforman a la

deliberación de las partes en un simulacro pour la galerie.

“En todo disenso, afirma el filósofo Wagner de Reyna, hay un

enfrentamiento, una contradicción insalvable, y así resulta lo

contrario de la dialéctica, que anticipa la síntesis que vislumbra

–complacida y anhelante- en el horizonte. ... Detrás del contenido

lógico del disenso siempre hay una necesidad – axiológicamente

fundada en lo insobornable- de hacer vencer la verdad. Nada más

lejos de él, que el parloteo – hablar por hablar y discutir por

discutir- y que la jovial disposición a un compromiso que no

compromete a nada. Tal suele ser el tan celebrado consenso”(2).

La dialéctica tanto en Hegel como en Marx es un producto de la

modernidad, en su base está la vieja idea de progreso del Abad

de Saint Pierre. Hablando filosóficamente la estructura de la

4

aufhebung sein , es un suprimir que conserva para superar y no la



simpleza intelectual a que nos tienen acostumbrados los manuales

de filosofía de explicarla por la sucesión de la tesis, antítesis y

síntesis, conceptos por otra parte, que Hegel jamás utilizó.

En cuanto a su calidad ética, el disenso no depende sólo de lo

negado, vgr. Los ciudadanos norteamericanos disienten con el

envío de tropas a Iraq, sino que depende también, y

fundamentalmente, del contenido de la propuesta realizada por el

disidente o no conformista, pero como los ciudadanos del ejemplo

no tienen una propuesta alternativa, se quedan en la negación, su

actitud se encuadra mas bien en lo que sería una oposición o una

rebelión y no una disidencia.

Esto es importantísimo para comprender el por qué de la crítica

desde la izquierda a la teoría del disenso en el sentido que éste no

tiene en cuenta la dialéctica, o peor aún, afirman que es contrario

a la dialéctica porque se queda en la negación y no pasa a la

negación de la negación, núcleo y sentido del método dialéctico.

El disenso para ellos es reducido a una infinidad de sucesiones

dicotómicas de negación donde no está pensada la superación de

las mismas secuencias. Pero repetimos, que el disenso no se

agota en la negación sino que exige, tal como nosotros lo

planteamos y entendemos, la creación de otro sentido al dado, al

del statu quo reinante o vigente.

En el disenso la superación de la negación no se da como en el

recetario marxista, porque las leyes mismas del movimiento del

mundo real se expresan en la dialéctica, sino porque el disidente

cuando disiente ofrece su pellejo, según la cita de Havel. La

superación de la negación es existencial.

Cuando se disiente es porque de facto ya se está plantado en otra

realidad distinta que la vigente. El disenso no se agota como

batalla ideológica-cultural sino que al nacer de un pensamiento

situado exige tanto una práctica política como una práctica

personal.

5

En definitiva, la calidad moral del consenso como del disenso no



deriva del acto de consentir o disentir, error del progresismo

ilustrado para quien el consenso es bueno y el disenso es malo,

sino del asunto a que se aplican, estos actos.

Disenso, transgresión y rebelión

Suelen confundirse estas tres nociones, sea por lo próximas, sea

por interés.

La transgresión se produce, en general, sobre normas, pautas o

leyes ya establecidas y de uso regular que el transgresor no

respeta o viola. Esto lo hace explícitamente, como un acto de su

voluntad, y no por desidia o abandono. Vgr. El hábito juvenil de

conducir de contramano en calles y avenidas.

La transgresión es sobre materia leve y delito no grave. En grupos

marginales y adolescentes es donde se reclutan la mayor cantidad

de transgresores. Incluso no perdura mucho en el tiempo; es

epocal y supone un quantum de inmadurez psicológica. Otro de

sus rasgos es su carácter urbano o pueblerino.

Por el contrario el rebelde es, en general, “el emboscado”, como

sagazmente ha hecho notar Ernst Jünger en Tratado del

rebelde(1951): “Dos cualidades se dan en el emboscado

(Waldgänger). No consiente que ninguna superioridad le prescriba

la ley, ni por la propaganda ni por la fuerza”(3). La figura

emblemática del rebelde es Robin Hood. El recurso a la selva es

una nueva respuesta de la libertad, ante la libertad que la tiranía

ha domesticado. El rebelde cuestiona el sistema pero queda

limitado a su acción personal. Carece de un proyecto de nación.

La rebelión es siempre de pocos, porque pocos son los auténticos

rebeldes, porque pocos pueden recurrir al bosque como asiento de

la libertad y vivir en él.

6

Al clasificar al disenso como negativo, tal como lo hace el



pensamiento políticamente correcto, se lo equipara a la

transgresión y a la rebelión por lo que tienen de negativo estas

dos actitudes ante el orden constituido. Pero el disenso, como

hemos visto, va más allá de la negación de una realidad con la

que no se comulga.

El disenso es proponer, como su nombre lo indica, otro sentido,

un sentido diferente del que, actualmente, portan las cosas y las

acciones de los hombres sobre ellas. El disenso exige un proyecto

distinto al vigente para no quedarse en transgresión o rebelión;

sólo en la negación. Y ese, es su sentido más profundo y aquello

que lo torna peligroso para los satisfechos del sistema: permite

crear teoría crítica sobre el hombre, el mundo y los problemas que

lo rodean. Cualidad que ni la transgresión ni la rebelión poseen.

Disenso como método

Debemos lograr una interpretación genuina de lo que nos

acontece y sucede, no filtrada por una ideología determinada.

Esto último sólo nos lo permite el disenso como método, sobre

todo dado nuestro carácter de ecúmene dependiente- la

iberoamericana- en la producción de sentido de lo que ocurre en

el mundo.

El ilustre filósofo escocés Alasdair MacIntayre se plantea

acertadamente que: " Uno de los rasgos más llamativos de los

órdenes políticos modernos es su carencia de foros

institucionalizados dentro de los cuales los conflictos y

desacuerdos sociales puedan investigarse sistemáticamente, así

como la ausencia de intento alguno para resolverlos. Con



frecuencia, los mismos hechos del desacuerdo pasan

inadvertidos, disfrazados por una retórica del consenso”

(4).


7

Lo primero que se deduce de este jugoso párrafo es la denuncia

de "las mesas de consenso o diálogo", el mecanismo tan peculiar

de los regímenes socialdemócratas que, en lugar de partir del

disenso y aceptar la existencia del conflicto en la sociedad, parten

por principio del consenso, con lo cual no sólo ponen el carro

delante del caballo sino que logran "disfrazar el conflicto con la

retórica del consenso", según la cita. Por otra parte y eso muestra

el otro rasgo típico del progresismo: los problemas sociales se

ordenan pero no se resuelven. Al existir "la ausencia de intento

alguno para resolverlos" (cita) se espera que una especie de

fuerza de las cosas los vaya resolviendo.

Afirmando este mismo sentido el filósofo italiano Massimo Cacciari

es aún más contundente cuando dice: “a lo que se siente obligado

el político postmoderno apoyado en la idea de pax apparens es a

organizar el conflicto, a recibir las demandas, pero no a

solucionarlas”(5).

Y en segundo lugar, se deduce la recuperación de la idea de

disenso como instrumento metodológico en la creación de teoría

crítica en las sociedades de hoy. El pensamiento no conformista,

que pretenda ser crítico está obligado, no a negar la existencia, lo

que sería estulticia, sino a negar la vigencia de las megacategorías

de dominación- pensamiento políticamente correcto, único,

homogeneización cultural, globalización, igualitarismo,

desacralización, etc. - para proponer otras diferentes, distintas,

diversas.

Todo método es eso un camino para llegar a alguna parte. El

disenso como método parte, no ya de la descripción del fenómeno

como la fenomenología, sino de la “preferencia de nosotros

mismos”. Se parte de un acto valorativo como un mentís rotundo

a la neutralidad metodológica, que es la primera gran falsedad del

objetivismo científico, sea el propuesto por el materialismo

dialéctico sea el del cientificismo tecnocrático. Rompe con el

progresismo del marxismo para quien toda negación lleva en sí

una superación progresiva y constante. Por el contrario el disenso

no es omnisciente, puede decir “no sé”, y así, al ser el método del

8

pensamiento popular, puede negar la vigencia de algo sin tener



necesidad de negar su existencia.

La preferencia se realiza a partir de una situación dada, un locus,

histórico, político, económico, cultural. En nuestro caso

Suramérica o la Patria Grande. Esto reclama o exige el disenso, un

pensamiento situado, como acertadamente habló la filosofía

popular de la liberación con Kusch, Casalla et alii, y no la filosofía

marxista de la liberación(Dussel, Cerutti y otros) que es una rama

europea transplantada en América.

Tiene como petición de principio el hic Rhodus, hic saltus (aquí

está Rodas, aquí hay que bailar) de Hegel al comienzo de su

Filosofía del Derecho. Sólo desde un lugar determinado se puede

plantear genuinamente el disenso, porque de plantearlo desde

una “universalidad abstracta”: por ejemplo, la humanidad, los

derechos humanos, la igualdad, etc.etc. se hace merecedor de la

crítica desconfiada de la izquierda en general, que ve en el

disenso una peligrosa desviación reaccionario-populista.

Una vez que decimos quienes somos, desde donde planteamos las

cuestiones y cual es nuestro contexto. Es decir, una vez que

planteamos las diferencias, recién allí, podemos pasar a la

segunda etapa o etapa resolutiva. En primer lugar se plantea la

cuestión de cuál sea el sentido de los entes y los existentes. La

relación hombre-mundo. Ello nos lleva a un segundo momento, el

de la disensión propiamente dicha con los relatos y sentidos que

como pensamiento único nos vienen dados por otros, hombres e

intereses, que no son ni nuestros intereses ni nosotros, para

concluir en un tercer momento en la construcción de un relato

genuino, sea filosófico, político, económico, religioso, cultural,

científico o tecnológico.

Los pasos del disenso como método, didácticamente expuestos

son:


Primera etapa: el método como propedéutica

9

1.- Preferencia de nosotros mismos (se parte de un acto



valorativo)

2.- Genius loci (el desde dónde)

3.- las tradiciones nacionales de nuestros pueblos(las tradiciones

vivas, no las muertas)

Segunda etapa: La proyección del método hacia el hombre, el

mundo y sus problemas, según enseñara don Miguel Angel

Virasoro(1900-1967), el metafísico argentino por antonomasia.

1.- la pregunta por lo otro y los otros(hombre-mundo)

2.- la disensión(los problemas)

3.- la superación del disenso: En búsqueda de la construcción de

nuestro propio relato.

El disenso como pensamiento popular

Obsérvese que un pensamiento no conformista no niega la

existencia de lo que realmente existe, y en esto es un realismo

crítico, sino que para afirmarse debe negar la vigencia, la

pretensión de universalidad de dichas categorías. Y aquí es

cuando el no-conformismo se acerca al pensamiento popular, que

sabe, antes que nada, lo que no quiere, dado que la negación en

él funciona negando la vigencia de las cosas que lo afectan

negativamente. Pongamos un ejemplo, aunque siempre son

rengos, la globalización existe y no hay dudas de ello; el

pensamiento popular no niega su existencia, pero como no entra

dentro de sus intereses, lo que niega es su vigencia, y sigue

viviendo a su modo o como puede o lo dejan. Es sabido que sólo

la vigencia de las cosas y las ideas, más allá de su existencia,

afecta la vida de los hombres y de los pueblos. La idea de vigencia

está vinculada a la de vigor y acá quiere significar aquello que

tiene vigor y observancia sobre el hombre. Vigente es aquello que

lo implica.

10

Hoy situarse a la izquierda o a la derecha es no situarse, es



colocarse en un no-lugar, sobre todo para el

pensador(rechazamos de plano el término intelectual) que

pretende elaborar un pensamiento crítico. Y el único método que

hoy puede crear pensamiento crítico es el disenso. Disenso no

sólo con el pensamiento único y políticamente correcto sino

también y sobre todo, con el orden constituido, con el statu quo

vigente y esto último exige la práctica existencial del disenso. En

este aspecto el disenso se vincula políticamente a la resistencia al

régimen vigente, y en el ámbito personal a la virtud de la

fortaleza, que según los viejos filósofos, se define más por el

sustinere(soportar, resistir) que por el agredere(agredir,golpear).

El disenso es estructuralmente una categoría del pensamiento

popular, en tanto que el consenso, como vimos, es una

apropiación de la izquierda progresista, históricamente alejada de

lo popular, que pretende lograr la democracia deliberativa que

tiene mucho de ilustrada, y también, aunque en otro sentido,

propiedad del liberalismo, como acuerdo de los que deciden, de

los poderosos (G8, Davos, FMI, Comisión trilateral, Bildelbergers,

etc.).

El disenso que se manifiesta como negación tiene distinto sentido



en el pensamiento popular que en el culto. En este último, regido

por la lógica de la afirmación, la negación niega la existencia de

algo o alguien, en tanto que en el pensamiento popular lo que se

niega no es la existencia de algo o alguien, sino su vigencia,

entendida como validez, como sentido (6). El disenso niega el

monopolio de la productividad de sentido a los grupos o lobbies de

poder, para reservarla al pueblo en su conjunto, más allá de la

partidocracia política.

La alternativa hoy es situarse más allá de la izquierda y la

derecha. Consiste en pensar a partir de un arraigo, de nuestro

genius loci dijera Virgilio. Y no un arraigo cualquiera sino desde las

identidades y tradiciones nacionales, que conforman las

ecúmenes culturales o regiones que constituyen hoy el mundo.

Con esto vamos más allá incluso de la idea de Estado-nación, en

11

vías de agotamiento, para sumergirnos en la idea política de gran



espacio, de Patria Grande, y cultural de ecúmene.

Desde estas grandes regiones es desde donde es lícito y eficaz

plantearse el enfrentamiento a la globalización o, más

específicamente a la norteamericanización del mundo. Hacerlo

como pretende el progresismo desde el humanismo internacional

de los derechos humanos, o desde el ecumenismo religioso como

ingenuamente pretenden algunos cristianos, es hacerlo desde un

universalismo más. Con el agravante de que su contenido encierra

un aspecto loable, la fraternidad universal, pero vacuo, inverosímil

y no eficaz a la hora del enfrentamiento político.

Pero este enfrentamiento se está dando igual, a pesar de la

falencia de los pensadores en no poder elaborarlo aún, a través

del surgimiento de los diferentes populismos, que más allá de los

reparos que presentan a cualquier espíritu crítico, están

cambiando las categorías de lectura. Así la oposición entre

burgueses y proletarios de la izquierda clasista va siendo

reemplazada por la de pueblo vs. oligarquías, porque el

pensamiento popular no piensa la sociedad desde lógica de clases,

sino que su principal contradicción es pueblo vs. antipueblo u

oligarquías sobre todo financieras y las categorías de izquierda y

derecha van siendo reemplazadas por las de justicia y seguridad.

Así los gobiernos de izquierda exaltan la justicia y los de derecha

privilegian la de seguridad.

Y, mientras que desde la izquierda progresista la crítica a la

globalización se limita a reclamar que sus beneficios económicos

no queden reducidos sólo a unos pocos sino que se expandan a

toda la humanidad, desde los movimientos populares se vienen

gestando cientos de respuestas alternativas al “mundo uno”, vgr.

el banco de los pobres, la multiplicación de cooperativas, la

administración de fábricas abandonadas por sus dueños, los

miniemprendimientos, etc.etc.

La izquierda, por su carácter internacionalista no puede denunciar

el efecto de desarraigo sobre las culturas tradicionales, porque no

12

cree en ellas, ni sobre las identidades de los pueblos, pues por sus



principios ideológicos, los proletarios y los burgueses son iguales

en todas las latitudes Su denuncia se transforma así, en un

reclamo formal para que la globalización vaya unida a los

derechos humanos y a la distribución de la riqueza.

Es desde los movimientos populares que se realiza la oposición

real a las oligarquías transnacionales. Es desde las tradiciones

nacionales de los pueblos donde mejor se muestra la oposición a

la sociedad global sin raíces, a ese imperialismo desterritorializado

del que hablan ideólogos progresistas como Hardt y Negri.

Es desde el elogio del disenso, de la actitud no conformista que se

rechaza la imposición de un pensamiento único y de una sociedad

uniforme, y se denuncia la globalización como un mal en sí

mismo.

Es que el pensamiento popular, si es tal, piensa desde sus propias



raíces, no tiene un saber libresco o ilustrado. Piensa desde una

tradición que es la única forma de pensar genuinamente según

Alasdair MacIntayre, dado que, en definitiva, “una tradición viva

es una discusión históricamente desarrollada y socialmente

encarnada”(7).

De este modo les resulta imposible a los pueblos y a los hombres

que los encarnan situarse fuera de su tradición. Cuando lo hacen

se desnaturalizan, dejan de ser lo que son. Son ya otra cosa.

Consenso vs. Disenso

Desde el punto de vista lógico ambos son términos relativos uno a

otro, así, como padre lo es de hijo o alto de bajo, el disenso lo es

siempre de un consenso y el consenso lo es sobre un disenso,

pero en la práctica cotidiana, sea política o personal, el consenso

se presenta como acuerdo de partes para el logro de una finalidad

común y el disenso, no tanto como la negación al acuerdo, sino

más bien como la pretensión de otorgar otro sentido, un sentido

diferente, distinto, alternativo, no conformista a lo dado, a lo que

está presente.

13

Otra diferencia es que la idea de disenso estuvo, al menos hasta



hace unos años, desacreditada teóricamente, pues la idea de

consenso estuvo y está avalada y reforzada por los profesores de

nuestras universidades, academias y la masa de los periodistas

semicultos, estos nuevos intelectuales que conforman la patria

locutora, y que la han adoptado como ideología indiscutible e

incuestionable.

El texto que más ha influído en todos ellos estos últimos años es

Teoría de la comunicación de Jürgen Habermas y los

complementarios Derecho y Democracia, y, Facticidad y Validez.

Para este autor, último vocero de la escuela neomarxista de

Frankfurt(Apel, Adorno, Cohen, Marcuse) devenido ahora

socialdemócrata, la complejidad social y las crecientes

desigualdades presentan hoy los mayores retos para la

democracia y estos retos sólo pueden ser superados creando

nuevos foros y asambleas donde los ciudadanos deliberen y

discutan juntos, así con esta “democracia discursiva” llegaremos

al consenso democrático que permitirá la resolución de los

problemas. De este modo, “el consenso es norma adecuada para

crear teoría crítica hoy ”, según la expresión de su discípulo James

Bohman.


Esta concepción se muestra así heredera directa de las sociedades

de ideas de la Revolución Francesa, y estas sociedades – corazón

del jacobinismo- por definición no pensaban sino que hablaban. La

ideología, observa Francois Furet, historiador disidente de la

historia oficial francesa, no se piensa porque puede correr el

riesgo de ser criticada, sino que ella es toda conversada mediante

sus intérpretes como verdad socializada a través del asambleísmo

y se expresa en la religión del consenso(8).

Claro está, ni una sola palabra acerca de quién detenta el poder.

Como la película de Marcelo Mastroiani De eso no se habla.

14

Esto de no ocuparse del poder, limitando los temas a la ingeniería



política o a asuntos culturales, viene a explicar porque en los

centros académicos de mayor excelencia se percatan de que “esto

no va más” y se viene produciendo el reemplazo de la sociología,

en tanto hermenéutica social, por la politología como

hermenéutica del poder.

Así el pensamiento consensual por boca de los gurúes de turno

nos dice que la crisis de representatividad política radica en la

corrupción de los políticos y propone múltiples mecanismos para

purificarlos: eliminación de las listas sábanas, no repetición de los

mandatos, declaraciones juradas de bienes, etc. etc., mecanismos

que no son de suyo malos, pero que no llegan al meollo profundo

del problema, pues son pensados desde un pensamiento nocrítico,

desde el pensamiento conformista.

Por el contrario, pensar desde el disenso implica caracterizar la

crisis de representatividad política no como una falla de los medios

en su construcción, lo cual no es falso pero no es suficiente para

especificarla, sino porque lo que está en juego es la anulación de

la política dado que ha cesado el principio de soberanía de las

naciones.

La mutilación de la idea de soberanía nacional, archivando el

principio que nada hay sobre la nación más que la nación misma,

anuló toda política nacional autónoma. ¿De qué nos sirve elegir,

mejorando los mecanismos de representación, hipotéticamente a

los mejores, si las decisiones políticas se toman desde los centros

mundiales de producción de sentido que nos son ajenos?.

Es interesante notar que el pensamiento consensual al no ser

crítico, aunque se presenta como tal, adopta la vanguardia como

método, resumida esta actitud en la frase: “si no somos

profundos, al menos no seamos antiguos”, que se traduce en la

ciquiricata de los suyos y el silencio para los que no piensan de

igual manera.

El pensamiento disidente debe hacer un doble esfuerzo, primero

poder ser aceptado como pensamiento stricto sensu por la

15

opinión publicada, que como hemos dicho forma parte del



pensamiento consensual y, en segundo lugar, elaborar teoría

crítica y no simplemente teoría de demonización: por un lado los

buenos y por otro los malos. La realidad político social es cada vez

más compleja y el disenso tiene que reflejar en sus respuestas y

propuestas la complejidad de esta realidad.

Ante nuestra actualidad es dable rescatar la función ético-política

del disenso que consiste aquí en expresar la opinión de los menos,

de los diferentes, ante el discurso homogeneizador de la ética

discursiva o comunicativa que sólo otorga valor moral al consenso.

Pues este pensamiento consensual – discursivo e ilustrado- viene

en tanto que discursivo como un nuevo nominalismo a zanjar las

diferencias con palabras y no a través de la preferencia o

postergación de valores, como lo hace el disenso.

Y en tanto que ilustrado, sólo permite la crítica de aquellos

pensamientos, los llamados políticamente no correctos, o

situaciones sociales que no encarnen los ideales ilustrados de

igualdad y democracia. Así, la crítica nunca va dirigida a los

modelos socialdemócratas sino a los que decididamente no lo son,

como es en Iberoamérica hoy, el caso de Castro o Chávez, más

allá de la acepción de personas.

El disenso como práctica

El papel de los disidentes en la práctica del disenso ha sido el

motor en el desarrollo de la emancipación social a partir del siglo

XVIII y en la formulación de los derechos del trabajador en el

siglo XX.

Lo importante en la práctica del disenso no es la negación sino lo

que se niega, dado que esta negación implica un compromiso

existencial del disidente.

No existe ninguna razón, salvo la conveniencia personal, para que

el hombre en sociedad renuncie a sus ideas para hacerlas más

parecidas a las del resto. Nada ni nadie nos puede obligar a

16

renunciar a nuestra ideas sólo para que se asemejen a las del



resto de nuestros conciudadanos.

La teoría del consenso, llevada a la práctica desde hace unos

treinta años a través del acuerdo de los grandes partidos políticos

como lo mejor que puede sucederle a nuestras sociedades, ha

concluido en un estruendoso fracaso. Vgr. el consenso en

Venezuela entre la democracia cristiana y los socialdemócratas o

en España entre el PP y los socialistas(9).

Los diferentes consensos han terminado haciendo lo que impone

el neoliberalismo conservador, siendo sus consecuencias;

mayores injusticias, inseguridad, desempleo, pobreza,

marginalidad, menor educación, salud, calidad de vida.

Hasta un pensador liberal de la talla de Norberto Bobbio en uno

de sus últimos trabajos se da cuenta de las limitaciones del

consenso cuando afirma: “El disenso es una necesidad de la

democracia pues es, el que puede hacer posible las promesas no

cumplidas de ésta” (10). Así al caracterizar al disenso no sólo

como posible sino como necesario para la democracia, Bobbio se

percata que el disenso no se limita a ser una regla de juego más

del orden democrático sino que cumple la función positiva de abrir

espacios donde se pueda manifestar el verdadero pluralismo

social.

Hoy, se les permite a las masas de desocupados el disenso por el



disenso, expresado en la violencia por la violencia misma, aunque

siempre acotada, localizada. El poder político pretende

transformar el disenso en mera transgresión.

Claro está, que el consenso, aquel status questionis al que debería

arribar el disenso, ya ha sido establecido de antemano, por los

poderes indirectos o los lobbies ajenos a los intereses de los

pueblos y verdaderos manipuladores de nuestros menguados

Estados nacionales carentes de soberanía.

17

Esto es lo que denominamos “falso diálogo”, es decir, un diálogo



que comienza con el consenso como petición de principio,

escondiendo de entrada nomás, las diferencias de las partes y los

intérpretes. Este disimulo, esta parodia ha malogrado las mejores

iniciativas, porque ha partido siempre, por razones ideológicas de

la “parodia del otro, o del otro como un igual”, ignorando que la

única igualdad posible en un diálogo abierto y franco es la

diferencia. Y ésta se manifiesta siempre y de entrada en el

disenso.


El consenso está estrechamente vinculado a la idea de tolerancia

liberal, aquella que introduce la idea de disimulo, de simulacro en

la política, pues la tolerancia hoy, no es otra cosa que la

disimulada demora en la negación del otro. Hacemos “como si”

respetáramos al otro, cuando en realidad estamos disimulando su

negación. Y esta idea de disimulo, de simulacro encierra la

quintaesencia de la noción de ideología entendida como conjunto

de ideas que enmascara la voluntad de poder de un grupo, clase o

sector. Vemos como la idea de consenso no es neutra sino

ideológica.

Desde la América indoibérica la práctica del disenso la realizamos

en solitario, nos observamos solos, estamos de hecho fuera del

orden mundial “todo uno”, lo que transforma nuestra acción y

pensamiento en un quebrantamiento del orden establecido y a

nosotros todos los disidentes en marginales que deben ser

ordenados según el modelo de one world, o ser puestos fuera de

la humanidad.

Pensar y actuar desde lo hispano criollo es pensar a partir del

disenso con respecto al pensamiento único y políticamente

correcto que sostiene este nuevo orden mundial, del que forman

parte también las ideologías del indigenismo tan en boga en

Nuestra América.

Y pensar a partir del disenso es contravenir y contradecir a los

sostenedores conformistas de la teoría del consenso que quieren,

como nuevos nominalistas, arreglar la realidad con nomines, con

palabras, con conversación. (Cfr. La idea de democracia

18

deliberativa de Habermas, Cohen y Bohman según la cual “los



retos modernos pueden ser superados inventando nuevos foros

en los que los ciudadanos deliberen juntos y hagan uso público de

su razón”).

Y a título personal, la disidencia práctica pasa necesariamente por

el ejercicio cotidiano de la virtud, no realizado en forma

burocrática sino de manera generosa y sacrificada. Romper

diariamente con las solicitaciones del sistema y el medio ambiente

es una forma de ascesis. Heidegger dice por ahí, hablando de

cómo liberarse de la técnica “podemos usar los objetos técnicos,

pero podemos dejarlos ahí descansar,

desembarazarnos(loslassen) y tener serenidad(Gelassenhait) para

con las cosas”(11).

La disidencia como virtud resulta de un hábito creado por la

repetición de actos de resistencia al sistema corruptor y totalitario

que anula al hombre mediante la televisión y la masificación, y lo

reduce a la bestialidad.

Además, el hombre hispano en sus múltiples y variadas formas y

encarnaduras siempre fue persona, nunca masa. Es lo

absolutamente contrario a ésta.

La ecúmene hispanoamericana es, sustancialmente, disyuntiva al

nuevo orden mundial. Obsérvese hoy, el cúmulo de teorías

arbitrarias que quieren explicar el avance geográfico del

castellano. Sin ir más lejos en su último trabajo(12) el publicitado

ideólogo del hombre wihte, anglosaxon and protestans, Samuel

Huntington, expresamente sostiene que el mundo hispano es el

enemigo de la unidad e identidad estadounidense y no sólo

porque lo penetra con miles de inmigrantes sino porque sus

valores son disímiles, distintos, diferentes.

El consenso y sus cultores, la izquierda progresista y el

neoliberalismo, siempre han quedado atados a la idea de

5contrato social, por eso hoy los más atrevidos y “revolucionarios”

proponen un nuevo contrato social, como solución a los problemas

actuales.

19

El disenso práctico-político hoy se plantea desde la comunidad,



(Cfr. los nuevos comunitarismos) o mejor dicho, desde las

comunidades, es decir, aquellos conjuntos de hombres que no

sólo comparten leyes, lenguas y creencias sino también valores y

vivencias históricas –luchas por ser en el mundo- que son las

respuestas que tienen que dar, y de hecho lo están haciendo,

punto a punto al modelo de one world. Porque ante un modelo

totalizador no sirven las respuestas parciales sino corresponden

respuestas totalizadoras, holísticas se dice hoy, respecto del

hombre, el mundo y sus problemas.

Son las instituciones que la comunidad ha ido creando

espontáneamente las que hoy responden, incluso a pesar de ellas,

a las necesidades que el Estado privatizado ha dejado sin

resolver. Son las que, de alguna manera, conservan y restañan el

tejido social desgarrado en mil pedazos por la privatización del

gobierno y la política.

Privatización que se explica, porque los gobiernos y los partidos

políticos han travestido su finalidad y trabajan para los intereses

de los lobbies, sea ejecutando políticas, sea sancionando leyes

contrarias al bien común general del pueblo que los llevó al poder.

Reinstalar la solidaridad en el seno de la comunidad es el primero

y más eficaz de los remedios a la cretinización de la vida pública y

ello sólo es posible con la reiteración habitual de actos solidarios

hasta crear una segunda naturaleza en el hombre descastado de

la sociedad postmoderna.

Y si no podemos llegar, en una sociedad secularizada como la

nuestra, hasta el otro como prójimo, conformémonos con llegar al

otro como próximo, que no es poco.

1. - Cfr. Los trabajos de Javier Muguerza: Etica, disenso y

derechos humanos, Bs.As. 2002 y Ernesto Garzón Valdés: El

consenso democrático en Cuadernos electrónicos de filosofía N°0.-

20

2. – Wagner de Reyna, A. :Prólogo a Ensayos de disenso,



Barcelona, Ed. Nueva República, 1999, p.5.-

3.-Jünger, Ernst: Tratado del rebelde, Buenos Aires, Sur, 1963,

p.51.-

4. -MacIntyre, Alasdair: Justicia y racionalidad práctica, Barcelona,



Eiunsa, 1994, P.20.-

5. - Cacciari, Massimo: Drama y duelo, Madrid, Tecnos, p. 63. -

6. -Kusch, Rodolfo: La negación en el pensamiento popular,

Buenos Aires, Cimarrón, 1975. Especialmente el capítulo 6: El

juego y la negación.-

7. -MacIntyre, Aladair: Tras la virtud, Barcelona. Crítica, 1987,

p.274.-

8. - Furet, Francois: Pensar la Revolución Francesa, Barcelona,



Petrel, 1980, p.226.- Especialmente el capítulo Agustín Cochin: La

teoría del jacobinismo.

9.-La historia argentina presenta un claro ejemplo sobre la teoría

del consenso cuando en 1891 hubo un acuerdo entre Mitre y Roca

con motivo de las elecciones para la sucesión presidencial y

proponían que el partido oficial, Autonomista Nacional(PAN), y la

oposición, Unión Cívica, concurrieran a las elecciones con una lista

única de candidatos que evitara la competencia. La política del

acuerdo consistió en actos tendientes a suprimir la lucha electoral

y en la distribución de los cargos antes del comicio.

La oposición al acuerdo por parte de Leandro Alem, provocó la

división de la Unión Cívica y la creación de la Unión Cívica

Radial(UCR), “que se quiebre pero que no se doble” fue el legado

de Alem antes de suicidarse en 1896.-

10.-Bobbio, Norberto: Futuro de la democracia, México-Bs.As,

FCE. p. 49. -

21

11.-Heidegger, Martín: Serenidad, Barcelona, Ed.Serbal, p.27.-



12. -Huntington, Samuel: ¿Quién somos?, Barcelona, Paidós, 2004

(Cfr. el capítulo 9 sobre el reto hispano).

(*) filósofo

buela@2vias.com.ar

Un diálogo –esto es, a través del logos- supone que los dialogantes tienen

una identidad, que no ocultan. Y esa identidad tiene que estar en claro,

porque, si no, ¿con quién estoy hablando? ¿Con un agente encubierto? La

clarificación de la identidad permite el respeto mutuo. De otro modo hay

ocultamiento y simulación. Cada uno dice lo que el otro quiere escuchar, pero

quien habla no cree lo que dice. Cada uno, pues, se reserva, más allá y en

contra de sus palabras, la facultad de actuar como le plazca. Parece que

dialogamos, pero, en realidad, estamos afilando en secreto las armas,

mientras tiramos buenos propósitos de la boca para afuera. En esta era de la

comunicación obligada y global, el diálogo es puro “verso” como diría un reo.



22


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal