Teología moral fundamental “Síntesis trinitaria de Moral Fundamental” (III) en el Espíritu Santo



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TEOLOGÍA MORAL FUNDAMENTAL

Síntesis trinitaria de Moral Fundamental”


(III) en el Espíritu Santo
Curso: 2008

Profesor: Gustavo Irrazábal



1 Introducción. Perspectiva 1

2 Concepciones de la acción moral 1

3 La experiencia moral cristiana 7

4 Acción moral. Dimensión racional-voluntaria 9

5 Acción moral. Dimensión afectiva. La virtud 21

6 Libertad y gracia 27

7 Las virtudes sobrenaturales 31

8 Ley Nueva y discernimiento en el Espíritu 40

9 Pecado y conversión 45

10 Conversión 57

11 Reflexiones finales 60


TEOLOGÍA MORAL FUNDAMENTAL

Síntesis trinitaria de Moral Fundamental”


(III) en el Espíritu Santo

  1. Introducción. Perspectiva


La presente reflexión constituye la tercera parte del curso de moral fundamental, cuya característica más importante es su impostación trinitaria, no sólo en cuanto al contenido, sino incluso en cuanto a su estructura: 1) Al Padre / Para Gloria del Padre, 2) Por el Hijo/ Hijos en el Hijo, 3) En el Espíritu / Bajo la guía del Espíritu1. En la primera parte se analiza la aspiración a la bienaventuranza como vocación al amor (la comunión con Dios y con los hermanos). En la segunda parte, se habla del encuentro y seguimiento de Cristo por el cual se constituye el sujeto moral cristiano. En la tercera parte, nos corresponde estudiar cómo se realiza la comunión a través del obrar de la caridad.
El punto de partida en nuestro recorrido radica en la comprensión de nuestra experiencia humana y cristiana. Eso no es fácil, porque lo que solemos poner en el centro es nuestro propio yo conciente, que delibera entre alternativas y libremente decide. Así, el modelo de nuestra experiencia y de lo que es la acción moral, sería lo que hacemos en el supermercado, cuando miramos lo que hay en las góndolas y decidimos qué llevamos y qué no. Debemos, pues, analizar esta concepción más de cerca para detectar sus límites, y confrontarla con una visión más amplia y adecuada.
  1. Concepciones de la acción moral

    1. La acción como elección entre diferentes opciones


La concepción moderna del acto moral (y la que nos resulta más familiar) es la que lo concibe como una opción de la libertad entre dos o más opciones, que serían buenas o malas por referencia a la ley, a un modelo, a la “naturaleza”, a un cálculo de consecuencias positivas o negativas, etc. En ella, la experiencia moral queda reducida a la experiencia del deber, que tiene lugar en la conciencia, y que es extraña al dinamismo de la vida afectiva.

Libertad

LEY

MODELO


CONSECUENCIAS

NATURALEZA



A

B

Esta perspectiva la denominamos perspectiva de la tercera persona, porque esto es lo que vemos cuando consideramos la acción “desde fuera” (como lo haría un juez , un legislador, o un expectador).

Por supuesto que en esto hay algo de verdad. El problema es que es un visión reductiva de nuestra experiencia moral. Las consecuencias de entendernos de esta manera son muchas:


  1. En primer lugar, que nos ponemos a nosotros mismos en el centro de nuestro mundo; el otro se agrega en un segundo momento, porque yo decido libremente quererlo o no, hacerle bien o hacerle mal. En cualquier caso, el otro queda siempre fuera de mí, como una alternativa de mi libertad.  separación yo-tú

  2. Por otro lado, cuando se trata de decidir acerca del bien, éste se me presenta también como algo exterior: puedo llamarlo de diferentes maneras (norma, valor, modelo, naturaleza humana, etc.), pero se trata siempre de una ley externa a la cual decido libremente someterme o no someterme. El bien se presenta entonces como un límite de mi libertad  separación libertad – verdad

  3. ¿Cómo entra la vida teologal en este esquema? Partiendo de la perspectiva de nuestro yo libre y cómo hace para llegar a Dios (reditus), lo cual constituye un empobrecimiento, desde el punto de vista bíblico y teológico (trinitario, cristológico, eclesiológico-sacramental). En la teología moral moderna, la vida teologal deja de ser vista como la conformación con Cristo, para ser entendida como una serie de principios operativos sobrenaturales que potencian nuestras capacidades para un obrar meritorio. Y éste consiste fundamentalmente en el cumplimiento de la ley moral, en los términos que ya explicamos (2.). El orden sobrenatural se yuxtapone al orden natural sin transformarlo.  separación fe – vida

Por eso, nos encontramos ante un gran desafío: preguntarnos si antes de ese momento libre y consciente de nuestra decisión, no habrá algo decisivo para comprender nuestra experiencia y nuestro obrar. Y si es anterior a nuestra razón y a nuestra voluntad, ese momento previo y originario, tiene que estar radicado en nuestra afectividad, en algo que impacta en ella y de lo cual no somos inmediatamente conscientes.

No estamos hablando sin embargo de algo irracional. Sino de un acontecimiento de orden afectivo que tiene su propia racionalidad, que puede constituir entonces una verdad, una “luz”, que oriente desde dentro el obrar.

Con ello, nos ponemos fuera de la visión moderna de los afectos como algo irracional, ciego, perteneciente al ámbito de lo infra-personal, y que por lo tanto tiene que ser limitado, para que no ponga en peligro el obrar racional, o que debe ser domesticado, para que facilite el cumplimiento de lo que la razón o la ley ordenan.

Lo que estas reflexiones se proponen mostrar es que sólo esa visión más amplia de nuestra experiencia moral logra captar la misma en toda su complejidad, y permite superar esas separaciones a las que hicimos referencia.


    1. Acción en el dinamismo del amor inter-personal


Para entender cómo se vinculan la vida teologal con las estructuras fundamentales de nuestra experiencia humana, nos es preciso, por lo tanto, comprender nuestra experiencia moral en un contexto más amplio2. Y éste es el del amor interpersonal. En la raíz del obrar, antes de toda conciencia y de toda decisión por parte del sujeto, se encuentra la experiencia del amor. La acción voluntaria recién es entendida y valorada adecuadamente cuando es colocada en su contexto interpersonal.
Puede ser que, considerando una acción en abstracto, la vea como algo que no tiene que ver con el amor a otros: tomo un helado, lavo mi ropa, salgo a correr. Pero si considero estas acciones en concreto, su sentido, su “para qué”, no pueden ser comprendidos sin referencia a un contexto interpersonal, que con mi acción acepto o rechazo. Tomo un helado a solas para descansar y volver con los otros, o para escaparles; quiero estar presentable o quiero estar sano para no tener que recurrir a nadie, o en orden a la comunión con otros, etc.
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