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TEMA ARTE ISLAMICO

GUION-INDICE

1. RASGOS DISTINTIVOS DEL ARTE ISLAMICO
2. LA ARQUITECTURA
2.1. Características generales

2.2. La mezquita


2.2.1. Estructura

2.2.2. Tipologías


3 EL ARTE ARABE ORIENTAL
3.1. El arte en época de los omeyas (661-750)

3.2. El arte de los abbasidas (s. VIII-XI)

3.3. El arte de los pueblos orientales y las dinastías turcas.
4. EL ARTE DE AL-ANDALUS
4.1. El marco histórico

4.2. Evolución artística


4.2.1. El periodo cordobés

4.2.2. El arte de los taifas

4.2.3. La aportación de las dinastías africanas

4.2.4. El esplendor artístico de los nazaritas grana­dinos




EL ARTE ISLÁMICO: PRESENCIA E INFLUENCIA EN OCCIDENTE.
CONDICIONANTES HISTÓRICOS

El surgimiento de la civilización islámica tiene su origen en el impulso de la nueva religión predicada por Mahoma (571-632) y su capacidad de unificar a los pueblos nómadas del interior de la península de Arabia con los habitantes de las ciudades costeras del Yemen y de la franja litoral del Mar Rojo. Mahoma galvaniza algunas vivencias extendidas entre los pueblos del desierto (reconocimiento de la ciudad santa de La Meca, hábito de emprender peregrinaciones, culto a dioses locales, papel dirigente de una tribu concreta, etc.) y comienza en La Meca la predicación de una fe que reúne verdades de estirpe judaica y zoroástrica, junto a ancestrales prácticas de las tribus árabes. El credo predicado por Mahoma trataba de armonizar el mantenimiento de ciertos valores ligados a la vida nómada con una nueva fórmula religiosa que respondiera a las exigencias del nuevo género de vida surgido del comercio y el carácter urbano de la civilización que estaba formándose en torno a ciudades como Medina, corazón de las rutas caravaneras que unían, a través del desierto, oriente y occidente. Entre estos viejos valores estaban el patriarcado dentro de un sistema de relaciones tribales y la obligación de seguir ciertas prescripciones dietéticas. El rechazo de su propia ciudad le obliga en el año 622 a protagonizar la Hégira o huida hacia Medina, acontecimiento que servirá de punto de partida para la cronología musulmana.


A la muerte de Mahoma el
Estado teocrático fundado por él se extendió rápidamente por toda Arabia, Siria, Persia y Egipto. En su expansión los musulmanes adoptan y nacionalizan las formas vigentes en las tierras conquistadas, rebosantes de reliquias del arte romano, bizantino, persa, visigodo, etc. Así se explica el hecho de que una religión surgida en el desierto incorpore con decisión bellas formas para sus lugares de culto.

Podemos establecer dos etapas para los primeros tiempo de expansión y consolidación de la civilización islámica clásica, que coinciden con el reinado de las dos primeras dinastías que lograron mantener unido el imperio árabe:

1. El período de la dinastía Omeya (el Califato Omeya 661-750). Las conquistas más espectaculares se produjeron hacia occidente, pues tras someter a los bereberes norteafricanos, el camino hacia la península Ibérica quedó franco. Las disensiones entre las distintas facciones visigodas facilitarían la penetración y rápida conquista en el año 711 del reino visigodo por parte de los árabes. La expansión musulmana en occidente será frenada por los francos en 731, en la batalla de Poitiers, fijándose en los Pirineos el límite máximo de progresión islámica en occidente. En la primera mitad del s. VIII se estabilizaron las fronteras políticas de lo que será el mundo musulmán clásico, donde se asentará su civilización y, por tanto, también su arte. Damasco, la capital de Siria, convertida en el centro político del imperio árabe será, también, su principal centro creador.

2. El período Abbasi (el Califato Abbasi 79-945), en esta segunda época las fronteras políticas dejan de coincidir con las fronteras religiosas, pues hay territorios como Al-Andalus, el Norte de África y las zonas ocupadas de la India, que escapan a la autoridad política del califa. La capital se ha trasladado de Damasco a Bagdad (la actual capital de Irak) y la influencia persa crece de forma notable en la cultura y el arte islámico.



La
evolución política posterior, especialmente la preponderancia que tendrán las dinastías turcas, tendrá una profunda influencia en el ámbito cultural y artístico. Geográficamente el Islam llegará hasta las lejanas tierras de Indonesia por oriente, después de haber penetrado el centro del continente asiático y el africano. El Islam sigue siendo, aún hoy, una religión en expansión a escala mundial.

El Islam
Como sucede con el cristianismo, el Islam pertenece a una nueva generación de religiones que no tiene una base tribal, sino que se dirige al individuo. Pero quizás va más lejos en su ruptura con las viejas fórmulas religiosas al suprimir el sacerdocio o, lo que es lo mismo, predicar el sacerdocio universal. La liturgia, por tanto, se reduce a la oración individual y su instrumental sencillamente no existe.
Una fe de contenidos simples y abstractos a los que corresponderá un arte que se puede definir con los mismos adjetivos. Mahoma asumió la tradición monoteísta hebraica, incluyéndose él mismo en la nómina de profetas como el último y definitivo portavoz del mensaje divino. Como otros profetas, la tradición refiere su ascensión al cielo desde una roca situada en el lugar donde estuvo el templo de Salomón. La construcción de la Cúpula de la Roca (669) constituyó, pues, un gesto de apropiación simbólica de un lugar sagrado para judíos y cristianos, reafirmando con ello el carácter superador que tenía el Islam en relación con la tradición judeocristiana. Mahoma se considera, por tanto, un profeta divino que viene a culminar la labor de los profetas del antiguo Testamento hebreo y del propio Jesucristo.
Mahoma es un coreichita de La Meca y desde muy joven se dedica al comercio, despreciando a los nómadas del desierto. Su mente estaba impresionada por la barbarie de los árabes y por el pasado esplendor de las culturas sabeas, de las cuales La Meca era un eco apagado. Como todos los semitas se siente empequeñecido ante Dios. Esta pequeñez humana ante el poder absoluto de Dios es quizás un resultado natural de la psicología del desierto (en el que han surgido todas las grandes religiones monoteístas).
Mahoma acepta el monoteismo hebreo y cristiano (las religiones del Libro, la Biblia), como base de su nueva religión.
El Dios de los árabes recibe el nombre de Alá. Las revelaciones en forma de máximas o aforismos que Mahoma recibía cuando caía en éxtasis, fueron recogidas por sus discípulos y recopiladas bajo el título de Al-Koram. Este libro recuerda el Talmud judío y los Evangelios apócrifos. La doctrina de Mahoma es muy sencilla. Un monoteísmo universal reducido a sus elementos más simples. La vida futura (el paraíso) que promete esta religión está dibujada con imágenes materiales, especie de dibujos placenteros u horribles de fácil captación para los rudos beduinos del desierto. Sus preceptos no pueden ser más simples: hermandad, ayuda mutua y limosna, en el campo social; abluciones, oración (cinco veces al día en dirección a La Meca) y prohibiciones dietéticas, en el campo individual. Mahoma siguió fiel a la peregrinación a La Meca y a la “Piedra Negra”, que se interpretó como un anticipo de la revelación monoteísta. Abraham fue considerado fundador de la Kaaba y se entroncó la religión musulmana desde el bastardo Ismael, separándola de la descendencia de Isaac, que dio lugar al pueblo hebreo. El nombre que tomó esta religión, Islam, significa “abandono a la voluntad de Dios” y resulta significativa de la esencia providencialista y fatalista de estas creencias. Los fieles del Islam, se llaman “muslimes” o musulmanes (sometidos). Mahoma concibe la “Guerra Santa” (Yihad) como una forma de combate interior e individual contra el mal, pero también como un medio para facilitar la expansión del Islam a través de las armas. Se siente un instrumento fatal en las manos de Dios, llamado a difundir por todo el mundo su religión, por la fuerza incluso si era rechazada. El entusiasmo religioso que despertó esta religión, uno de cuyos ideales era morir en combate, hizo invencible al ejército árabe en los primeros tiempos. En la actualidad el auge del integrismo islámico (la variante más fanática del Islam) ha revitalizado este entusiasmo a través de los terroristas suicidas que, al morir en combate según su propia percepción, se convierten en mártires y, por tanto, van directamente al paraíso islámico.
El Corán no es sólo un libro religioso, sino que regula toda la vida musulmana y es el código fundamental de los musulmanes. Está dividido en 114 Suras o apartados. El otro libro que recoge la tradición es la “Sunna”, recopilada por el teólogo Al-Bochari. Las obligaciones de los musulmanes son el ayuno, prescrito desde el alba hasta la puesta del sol, durante el mes del Ramadán, noveno mes del año lunar árabe; la limosna y la hospitalidad para con todos los musulmanes y los extranjeros; la ablución (limpieza y purificación), la oración cinco veces al día y la peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida, de todo musulmán piadoso. Permite la poligamia y prohibe algunas comidas, como el cerdo, el alcohol, etc.
Las
dos grandes sectas o corrientes musulmanas están relacionadas con las diferentes interpretaciones que se producen del mensaje de Mahoma tras su muerte. La Sunnita u ortodoxa, partidarios de la familia Omeya, aceptaban el Corán y la Sunna. Sus partidarios pertenecían a las clases ricas de Arabia y de los nuevos países conquistados. La Shiíta, no aceptaban la Sunna y creían que la interpretación del Corán (al que añadían un capítulo enalteciendo la personalidad de Alí, yerno del Profeta Mahoma, al que se mitifica), debía de hacerla un personaje, el mejor musulmán, un imán, que debía buscarse entre los descendientes directos de Mahoma. Contaron con el apoyo de las clases populares y eran partidarios de una visión más rigorista de as normas que contiene el Corán; geográficamente enraizaron en el actual Irán, la antigua Persia. Actualmente la mayoría de los musulmanes son sunnitas; los shiítas dominan el actual Irán (donde existe un régimen teocrático controlado por los ayatolahs, el clero musulmán) y están esparcidos por diferentes regiones del próximo oriente.
La expansión del Islam entre los árabes y entre los pueblos que posteriormente se islamizaron, se debió tanto a los frutos de la predicación como a la guerra. Islam en árabe significa sumisión y, generalmente, al sometimiento militar sucedía la conversión religiosa, favorecida por las ventajas socioeconómicas que el nuevo estado ofrecía a quienes se sometían al Islam. Este hecho, junto al perfil igualitario de la comunidad religiosa (Umma), explican su rápida difusión, especialmente entre las clases populares del creciente fértil, primero, y de amplias regiones de las zonas áridas de Asia y África, después.
Los musulmanes copiaron gran parte de sus órganos de gobierno de Persia y Bizancio. El
poder central era absoluto y teocrático y descansaba en la persona del “Califa”, que es el jefe político y religioso de los musulmanes. Esta unión del poder político y religioso es uno de los elementos que todavía hoy dificultan la modernización política y social de las sociedades musulmanas, debido a la gran influencia que tiene el clero islámico en todas las esferas de la vida social, política y cultural. El ejemplo reciente del régimen Talibán en Afganistán, o el régimen islámico de Irán, son claros ejemplos de este fenómeno.

La expansión del Islam en occidente: la España musulmana.
En su expansión hacia occidente, los musulmanes árabes y sirios desembarcan en tarifa en el
año 711 y vencen a los visigodos en la batalla de Guadalete. No son más de 35.000, pero conquistan con relativa rapidez el reino Visigodo, muy debilitado por las luchas internas. Los nuevos invasores predican la igualdad, liberan a los siervos y se muestran tolerantes con la religión de sus pobladores. Muchos cristianos mantuvieron sus creencias bajo el poder político musulmán, fueron los mozárabes, aunque la mayoría de la población hispanogoda acabaría convirtiéndose a la nueva religión.
Del año 711 al 756, la península, que empieza a ser llamada
Al-Andalus, será gobernada por emires (gobernadores) dependientes del Califa Omeya de Damasco. El año 756 Abderramán I, un príncipe Omeya, que escapó de la matanza de Abu Abbas (el nuevo califa del Imperio Árabe que trasladará su capital a Bagdad), se instala y apodera del emirato de Al-Andalus, cuya capital era Córdoba, titulándose emir independiente. En 911, Abderramán III, descendiente suyo, se proclama califa, independizándose totalmente de Bagdad. Durante el emirato aún se reconocía la supremacía religiosa del califa de Bagdad; a partir de este momento, se rompe la unidad religiosa del Imperio Árabe. El siglo X coincide con el momento de mayor esplendor del Califato Cordobés. Sus sucesores Al-Hakan II, Hixem II, etc. prolongan el esplendor hispanomusulmán hasta el año 1031, en que el califato se fragmenta en multitud de reinos independientes llamados “taifas”. Esta fragmentación de Al-Andalus impulsará la expansión de los pequeños reinos cristianos (Reino Astur-Leonés, Navarra, Castilla, Aragón, etc.) que se habían ido consolidando en el norte de la península Ibérica, y que pronto se emanciparán de la tutela cordobesa. Esta expansión se producirá hacia el sur, aprovechando la tierra de nadie que existía en torno al valle del río Duero. Los historiadores cristianos llamaron a esta conquista, “Reconquista” por considerar que estaban restaurando la unidad política del desaparecido reino visigodo, pero en realidad nada tenía que ver con aquello. Eran otros tiempos, pero como elemento justificador y legitimador de la expansión cristiana venía muy bien.
Durante los siglos XII y XIII Al-Andalus se vió reforzado por la llegada de los Almorávides, primero, y de los Almohades, después, que intentaron, sin éxito, frenar el avance cristiano hacia el sur. En el
año 1212, en la batalla de las Navas de Tolosa, los almohades fueron derrotados definitivamente por una coalición de reinos cristianos. El final de al-Andalusreino nazarí de Granada, en la Andalucía oriental, que todavía logrará mantener un simulacro de reino independiente hasta el año 1492 cuando los Reyes Católicos (que había unido las dinastías reinantes en Castilla y Aragón), decidieron conquistar definitivamente este reino. Se ponía fin a una etapa que se había iniciado con la llegada de las tropas de Tariq en el año 711. Desde el punto de vista artístico distinguiremos dos etapas o momentos claramente diferenciados: el arte de época califal, centrado en las realizaciones cordobesas; y el arte nazarí, centrado en el palacio de la Alhambra de Granada.

Durante ocho siglos la presencia del Islam en occidente servirá para consolidar el legado de las grandes civilizaciones de la antigüedad y difundirlo a todo occidente. La filosofía griega, la ciencia, la medicina, las matemáticas, etc. recibirán un extraordinario impulso en la civilización islámica, que sabrá adoptar como propia la cultura de los pueblos sometidos y dotarla de un nuevo impulso. Síntesis y puente de civilizaciones es la mejor definición que cabe hacer de esta época clásica de la civilización islámica. No obstante, su supervivencia como realidad política estaba condenada. La expansión de la Corona de Castilla por la Baja Andalucía, la consolidación del reino de Portugal al oeste, y la expansión levantina de la Corona de Aragón, redujeron la presencia política musulmana al reino Nazarí de Granada que, desde el s. XIII, se convertirá en un reino islámico amenazado, logrando alcanzar las postrimerías del s. XV, hasta que superadas las rivalidades civiles que habían enfrentado a los reinos cristianos peninsulares, Castilla se lanzó a la definitiva conquista del reino de Granada, que sucumbirá en 1492, el mismo año en que las naves que Colon comandaba, alcanzaron las costas del continente americano. Una nueva era empezaba y parecía que los musulmanes hispanos no estaban invitados a ella.

1. RASGOS DISTINTIVOS DEL ARTE ISLAMICO
Debido a su carácter tolerante, la gran expansión musulmana llevó aparejada la adopción de gran cantidad de elementos artísticos y culturales de muchos pueblos y fuentes de variado signo: grecorro­manas, bizantinas, sirias persas, visigodas etc., que contribu­yeron a enriquecer poderosamente al arte árabe, dotándole de un carácter sintético que constituye su principal caracterís­tica. Este hecho se explica por la ausencia de formas artísticas propias anteriores al islam. En este sentido, los árabes fueron receptivos a toda clase de influen­cias artísticas reinterpretadas con arreglo a las técnicas artesanales locales de las muchas regiones dominadas por su imperio.
Además de esto, dos notas caracterizan el arte islámico:
- El predominio de la arquitectura sobre las demás manifesta­cio­nes artísticas.
- Los preceptos coránicos prohibían la representación de imágenes, con el fin de evitar la idolatría. De esta forma, el arte árabe resulta ser anicónico (ausencia de imágenes), lo que determina una estética abstracta con ausencia total de figuración. Esto explicaría el escaso o nulo desarrollo de la pintura y la escultura. La decoración, por otro lado muy abundante, se limita a temas vegetales, geométricos y caligrá­ficos.
2. LA ARQUITECTURA
2.1. Características generales
Como se ha indicado, la arquitectura árabe supone una síntesis de elementos diversos adaptados a sus necesidades. A sus construcciones, los árabes aportaron como elemento original una brillante ornamentación, lo que constituye su rasgo más caracte­rís­ti­co.
- Parten los árabes de una concepción arquitectónica original, en la que contrasta la pobreza decorativa del exterior del edificio con la exuberante ornamentación del interior. No se deja una sola porción de muro sin cubrir, dando lugar a una actitud estética que se ha venido en llamar "horror al vacío".

- Las construcciones son de escasa altura, con lo cual la sensación de armonía con el paisaje es total.


‑ Dado que los árabes eran consumados matemáticos, en sus diseños arquitectóni­cos buscaban la perfección matemática. De esta manera los edificios árabes están caracterizados por el predominio de los volúmenes cúbicos y geométricos en general, destacando las cúpulas.
‑ Los materiales utilizados son variados. La escasa utilización de la piedra contrasta con el predominio de materiales como la mampostería, el ladrillo y el yeso.
‑ Desde un punto de vista técnico, los árabes hicieron uso de toda clase de elementos de tradición romana, bizantina o siria. Entre los soportes destaca el uso de pilares y columnas delgados que soportan techumbres muy ligeras. Perfecciona­ron las bóvedas de cañón y arista e inventaron la bóvedas nervadas de crucería. Además utilizaron en sus construcciones toda clase de arcos de medio punto y de herradura, posibilitando alardes técnicos con el hallazgo de nuevos arcos con los apuntados, polilobulados y mixtilíneos, formando a menudo columnatas.
‑ En lo referente a la decoración. Predomina la temática abstracta y geométrica con gran complicación de diseños, dando lugar a la lacería. Otras veces se combinan con decoración epigráfica (escritura cúfica con pasajes del Corán, poemas etc.) o con motivos vegetales, en cuyo caso se denominan ataurique. Buena parte de la ornamentación se hace sobre placas de mármol, revestimientos de estuco o con azulejos de cerámica vidriada (alicatado).
2.2. La mezquita
2.2.1. Estructura

El principal edificio del arte islámico es la mezquita, que a diferencia del templo cristiano, no es específicamente la casa de Dios, sino el lugar de reunión de la comunidad musulmana. Etimológicamente procede de maschit (lugar de postración).


Las mezquitas eran de planta cuadrada, en buena medida como resultado de múltiples influencias. Entre sus antecedentes se señalan la propia casa de Mahoma en Medina. Otras hipótesis apuntan a un origen en las estructuras hipóstilas de construccio­nes anteriores persa‑sasani­das e incluso en las basílica paleo­cristianas.

Las partes más características de una mezquita son:


- Un gran patio (shan) en cuyo centro se encuentra una fuente para efectuar las abluciones rituales, tal y como prescribe el Corán. A veces esta fuente adopta la forma de un templete. El conjunto del patio suele estar rodeado por un zona porticada con columnas o pilares.
- Adosado al patio se encuentra el alminar o torre, donde el almuhédano llama a los fieles a la oración.
- La parte más importante lo constituye la gran sala de oraciones (haram) formada por un número indefinidas de naves, llamadas crujías, que son perpendiculares o paralelas (según el tipo de mezquita) al muro de la qibla, orientado a La Meca, donde se localiza el mirhab, una especie de nicho muy decorado. Todo el espacio del mirhab esta delimitado por arquerías y forma un recinto cerrado, llamado maxura, a fin de estable­cer una separación entre el califa o imán y el resto de los fieles. Próximo a la qibla se sitúa el mimbar, un púlpito de madera desde donde el imán dirige la oración.
Muchas mezquitas eran también escuelas coránicas, llamadas madrasas, sin duda un precedente de las universidades cristianas medievales. En estos casos disponían de dependen­cias y habitacio­nes ordenadas en torno al patio central.
2.2.2. Tipologías

Existe una gran diversidad de tipologías de mezquitas, que se agrupan siguiendo tres modelos característicos: la mezquita hipósti­la; la de cuatro iwanes; y la de planta central con cúpula, desarrollada por los turcos seljúcidas a partir del s. XIV.


- La más características de todas corresponde a la tipología de mezquita clásica o hipóstila, llamada así por tener una sala de oración formada por múltiples soportes (columnas o pilares) al modo de las estructuras hipóstilas de origen egipcio o sasanida.
Las primeras mezqui­tas, construi­das en Iraq a finales del s. VII en Kufa y Basora responden a este modelo. Sin embargo, este tipologia adopta dos variantes diferenciadas: el modelo sirio y la de tipo A-Aqsa.
Ell ejemplo del que toma su nombre la primera de estas variantes es la mezquita de Damasco (705). Se trata de una obra funda­mental en el arte islámi­co, ya que se trata de la primera mez­quita en dis­poner de un patio porti­cado (shan), al tiempo que sus tres na­ves paralela­s al muro de la qibla están cortadas por una nave tra­nsversal de­nominada axi­al. Se espe­cula con que fue­se obra de arquitectos bizantinos, pues no en vano aprovechó la estructu­ra de la antigua basílica de San Juan Bautista, a su vez construi­da sobre un temenos de época romana. Sea como fuere esta obra estará llamada a convertirse en modelo para obras posterio­res.
El modelo anterior difiere del tipo Al-Aqsa en que las naves adoptan una disposición perpendicular al muro de la qibla. Su denominación hace referencia a la mezquita Al‑Aqsa de Jerusalén (706) situaba en la famosa explanada cercana a la Cúpula de la Roca. Lo más notable de esta tipologia se debe a que otros notables ejemplos arquitectónicos, tal es el caso de las mezquitas de Kairuán (Túnez) y Córdoba siguen el modelo de la de Jerusalén.
- La tipologia de mezquita de cuatro iwanes tiene su origen en el mundo persa. Se caracteriza por disponer de un patio central alrededor del cual se organizan cuatro espacios diferenciados en forma de iwan (gran sala abovedada abierta al patio).
- Por ultimo, se destaca la tipología de mezquita de planta centralizada con cúpula que desarrollarán los turcos a partir del siglo XIV. Su modelo recuerda a la iglesia bizantina de Sta. Sofía en Constantinopla.
3. EL ARABE ORIENTAL
3.1. El arte en época de los omeyas (661-750)

La génesis del arte islámico se sitúa en el periodo omeya, epoca que coincide con la mayor expansión territorial y la organziación del imperio musulmán cuyos límites se extenderán desde España hasta la India.


Estas primeras formas artísticas están impregnadas de multiples influen­cias bizantinas. Buena prueba de ello lo constituye la primera gran obra del arte árabe: la Cúpula de la Roca admira­blemente situada en el lado este de Jerusa­lén y cuya silueta recorta el horizonte de la ciudad santa. Esta obra (mal llamada mezquita de Omar) fue construi­da en el 691-92 y bien pudo ser obra de arquitectos bizantinos. Se trata de una construc­ción de planta octogo­nal formada por dos deambulatorios alrededor de un circulo remata­do por una gran cúpula inspira­da, al parecer, en la iglesia del Santo Sepulcro. Presenta abundantes mosaicos tanto en el interior como en el exterior y es objeto de gran controver­sia entre los estudiosos. Ello se debe a que no se trata de ninguna mezquita, sino más bien de un edificio conmemo­rativo cargado de simbolismo cabalístico y matemático, acrecenta­do por el hecho de los templa­rios lo convirtie­ron en su sede emblemáti­ca, en tiempos de las Cruzadas. Las sorprendentes construcciones románicas de planta centralizada abundantes en España y otros paises levanta­das por los caballeros del Temple tienen una referencia obligada en esta singular construcción. Oleg Grabar

sostiene que, con su construcción, el califa Abd al-Malik pretendía honrar a las tres religiones monoteistas: judaismo, cristianismo e islam, pues no en vano el lugar está cargado de significado religioso (tumba de Adán, lugar de la ascensión de Cristo, y donde también Mahoma realizó un viaje a los cielos).

De esta época son también: la gran mezquita de Damasco (705) sirvió de modelo posterior a estas edificaciones, así mismo

un conjunto de construccio­nes civiles de gran interés, los llamados "castillos del desierto". Se trata de palacios construi­dos en el s. VIII que servían de residencia a califas y goberna­dores. Entre ellos se destaca el de Qusayr Amra en Jordania, que cuenta con importantes pinturas, las más singulares de época omeya y cuyo contenido figurativo (danzarinas desnudas, monar­cas, arboles etc.) pone en cuestión la supuesta aniconicidad de la plastica árabe.



3.2. El arte de los abbasidas. (s. VII-XI)
La orientalización del imperio en tiempos de los abbasidas lleva aparejada la influen­cia sasánida y de las construcciones de época mesopotámica. De esta época son la planificación y construcción de las ciudades de Bagdad y Samarra, notables ejemplos del urbanismo islámico. En esta última ciudad se levantó en el 846 la gran mezquita rematada con un alminar helicoidal, cuya referen­cia se encuentra en los antiguos zigurats babilonios.
El período abbasida conoció también un importante desarrollo de las artes industria­les, en particular la cerámica, llegando a descubrir la técnica que posibilitó el brillo metálico en las piezas de alfarería.
La expansión musulmana por el norte de Africa (Magreb) llevará aparejada la difusión del arte árabe. De esta época son las bellas mezquita de Ibn Tulun de El Cairo (s.IX) y la anterior de Kairuán en Túnez, cuyas obras se iniciaron a finales del s. VII. Esta última, presenta numerosos elementos en común con la mezquita cordobesa: idéntico trazado de la planta, siguiendo un esquema en u con nave axial, presencia de arcos de herradura y cúpulas gallonadas en la zona del mihrab.

3.3. El arte de las pueblos orientales y las dinastías turcas.
A partir del s. XI el poder abbasida desaparece. Los turcos seljúcidas harán renacer de sus cenizas al Islam, extendiendo su imperio desde Egipto hasta la India, al tiempo que otros pueblos nómadas del Asia Central se incorporan a la cultura musulmana.
Las novedades artísticas son notables. En Irán aparece el iwan, gran sala abovedada abierta al frente y generalmente con cúpula bulbosa profusamente decorada, que se utilizará en palacios y en mezquitas como la de Ispahan de cuatro iwanes con patio con aljibe. Se fija definitivamente el modelo de madrasa y de monumento funerario, también con cúpula cuyo mejor ejemplo será el mausoleo de Ismail en la ciudad de Bujara.
A partir de la toma de Constantinopla (1453) la influencia bizantina será notable. Aparece un nuevo modelo de mezquita de planta central con cúpula, que alcanzará amplia difusión con el en el imperio otomano. Sin embargo, los mejores ejemplos datan del s. XVI de la mano del gran arquitecto Sinán Pachá autor de grandes mezquitas como la Shezhade o la gran mezquita de Solimán.
4. EL ARTE DE AL-ANDALUS
4.1. El marco histórico
El año 711 marca el inicio de la presencia musulmana en España que se prolongará por espacio de ocho siglos dejando una huella imborrable en la cultura en general y en el arte en particular. El arte hispanomusulmán a pesar de presentar rasgos comunes con el arte árabe, desarrolló, no obstante, formas artísticas de gran originali­dad.
En el desarrollo artístico de Al-Andalus se identifican cuatro períodos que coinciden básicamente con las fases históricas conocidas. El llamado período cordobés, se inicia con la constitución de buena parte de España como provincia del imperio islámico, con capital en Córdoba. En el siglo XI, el Estado se fragmenta en multitud de pequeños reinos de Taifas, independien­tes entre si. En el siglo XII asistimos a un intento de restable­cer la unidad perdida, por obra de invasores norteafricanos almorávides y almohades, finalmente derrotados por los cristianos a comienzos del s. XIII. La presencia musulmana se mantendrá hasta finales del s. XV en el reducto del Reino de Granada.
4.2. Evolución artística
4.2.1. El período cordobés
La situación de Al-Andalus como provincia islámica dependiente de Damasco se mantiene hasta el 755, en que Abd-al-Rahmán I le convierte en Emirato indepen­dien­te. Son años de organización del Estado y de consoli­dación de las formas económi­cas y sociales introducidas por los árabes. Al mismo tiempo se construye el edificio que se converti­rá en el símbolo artístico del período: la mezquita de Córdoba.
En el año 929 Abd-al-Rahmán III proclama el Califato y con él se inicia el período de máximo esplendor de Al-Andalus que continua­rá con su hijo Al-Hakam II. Son años en los que se amplia y se enriquece la mezquita, al igual que la propia Córdoba, y se construye el palacio-ciudad de Medina Azahara.
a) Arquitectura califal
Esta es una etapa caracterizada por las profundas influencias visigodas y la tradición romana que se manifiestan ya desde los primeros años, en el uso de materiales y elementos constructivos.

- Por lo que respecta a los materiales, los hispanomusulmanes levantaron sólidos muros construi­dos con aparejo de soga y tizón, junto con el caracte­rís­tico trabajo del ladrillo y el yeso propio del arte árabe.


- En los soportes, se aprovechan fustes y capiteles romanos y visigodos, a veces los reinterpretan estilizando y geometrizan­do el capitel corintio y complejo que sirve de referencia.
- En lo referente a los arcos, el período se caracteriza por la utilización sistemática del arco de herradura, si bien más cerrado que el visigodo y con una tendencia progresiva a ensanchar la clave. Las dovelas se decoran alternando blanco y rojo según el modo romano. El conjunto del arco se enmarca con una moldura llamada alfiz, y a veces con contra‑alfiz. Los espacios triangulares situados entre la rosca del arco y el alfiz: las albanegas, se decoran abundantemente. Más tarde aparecerá el arco polilobulado, que a veces se combina en complicada labor dando lugar a los arcos entrelazados que crean un bello efecto visual.
- Las cubiertas usadas por los cordobeses son, igualmente, variadas y van desde de la cubierta simple de madera, a las bóvedas de cañón y arista. Pero lo más original será el uso de la bóveda de crucería que da lugar a la denominada bóveda califal, formada por nervios entrelazados sin cruzamiento en el centro, dejando un espacio poligonal, en el que se sitúa una cúpula gallonada.
- Son característicos algunos elementos propios, como los modillones de rollo y las almenas escalonadas que rematan los edificios.
- La decoración es compleja y variada. Junto con los atauriques de temática vegetal con predominio de hojas de palma, abundan los motivos geométricos formando una labor de lacería y decoración epigráfi­ca; toda ella realizada en mármoles, estucos, alicatados, e incluso, a base de mosaicos.
Sin duda el edificio más representativo y emblemático de este período es la mezquita de Córdoba. Comenzó su construcción en el año 784, por mandato de Abd-al-Rahmán I, sobre la base de la basílica visigoda de San Vicente comprada a los cristianos. De esta construcción reutili­zó buena parte de sus materia­les, principalmen­te las columnas. La planta no ofrece dudas de su relación directa con la de Caerán, pero a diferencia de aquella, la mezquita de Córdoba utiliza un original sistema de soportes de doble arquería. Sus once naves se amplían en el 833 hacia la cabecera, por mandato de por Abd-al-Rahmán II. En el 929 Abd-al-Rahmán III construye su elegante alminar, al tiempo que realiza importantes mejoras en arcos y galerías que dan al patio. En el 961 Al‑Hakam II procede a una nueva ampliación, constru­yendo un nuevo mirhab y la maxura, además de las cúpulas situadas en estos espacios, y el conjunto se decora con ricos mosaicos realizados por artistas bizantinos. Es el período más decorativo y exuberan­te. La ultima ampliación la lleva a cabo Almanzor a finales del s. X, en su parte norte, dejando descentrado el muro de la qibla.
El aspecto constructivo más importante que plantea la mezquita de Córdoba es el sistema de doble arquería de las crujías, que responde a la doble necesidad de lograr una mayor altura y conseguir la adecuada solidez del edificio. Ello se consigue superpo­nien­do dos soportes: columna y pilar en el que se enjarja un arco de herradura, al tiempo que se sitúa en su parte superior un arco de medio punto. Esta original solución constructiva, al igual que las dovelas coloreadas, parecen estar inspiradas en el acueducto romano de los Milagros en Mérida.
Otra construcción importante es la pequeña mezquita de Bib-al-Mardom (más tarde iglesia del Cristo de la Luz) en Toledo. Es de planta cuadrada dividida en nueve tramos cubiertos con un rico repertorio de bóvedas de crucería.
Entre las construcciones civiles se destaca la ciudad-palacio de Medina Azahara, cercana a Córdoba. Construida para la favorita de Abd-al-Rahmán III, se dice que sus costes superaron la tercera parte de las rentas del Estado. El conjunto estaba rodeado por una muralla con varias terrazas y jardines, alrededor de los cuales se articulaban los edificios. Los muros construidos de piedra fueron revestidos por placas de mármol con decoración muy estilizada con talla a bisel, tal como se aprecian en el célebre Salón rico. Urbanísticamente responde a una inspiración oriental, ya que carece de simetría y no existe un centro propiamente dicho.
b) Escultura y artes suntuarias
Buena parte de la decoración de los capiteles y placas de mármol de revestimiento de las salones de Medina Azahara y la mezquita de Córdoba se pueden calificar de escultóricos, tal es la perfección de su ejecución. Sin embargo los ejemplos escultóri­cos propiamente dichos son escasos, excepción hecha de algunos relieves figurativos que decoran algunas piezas de marfil y objetos de lujo.
El arte califal estaba fomentado por las familias poderosas de Al-Andalus con el deseo de emular. Las piezas suntuarias eran regalos de buena voluntad a embajado­res y damas. Se sabe que en Córdoba se crearon importantes talleres de objetos de lujo, entre los que destacan dos clases: unos en forma cilíndrica con tapa semiesféri­ca, que servían para guardar perfumes, joyas etc.; otros tenían forma de arqueta, y en ambos casos estaban decorados con marfiles labrados.
4.2.2. El arte de los taifas
Tras la muerte del caudillo Al-Mansur (Almanzor) se inicia la decadencia del Estado cordobés que acabará en el s. XI fragmen­tado en multitud de reinos de Taifas. Se trata de unidades territoriales independientes, políticamente débiles y enfrentados en interminables conflictos civiles que acabaran cayendo bajo el poder de la ofensiva reconquista­dora de los reinos cristia­nos y de invasores rigoristas procedentes del Norte de Africa: almorávi­des y almoha­des.
La característica principal del arte de este período es que se acentúa la tendencia decorativa y barroca que ya había caracteri­zado la última etapa del Califato.
Se busca una arquitectura para impresionar al extranjero, lujosa y refinada. Ello explica el sistemático uso que se hace de estructuras pobres de mampostería y ladrillo, recubier­tos de yesos coloreados, a fin de conseguir ricos efectos decorativos de forma económica. Este hecho determina que muchas construccio­nes se hayan perdido.
Los arcos de herradura se limitan al mihrab de las mezquitas. En cambio se prefiere la complicación del arco mixtilíneo con una finalidad puramente decorativa.
Los principales focos artísticos se localizan en Zaragoza, con el palacio de los Beni Hud (Aljafería). En Toledo se conservan algunas construcciones como La Puerta Vieja de Bisagra, las Tornerías, La Muralla. En Andalucía se edifican las alcazabas de Málaga y Almería.

4.2.3. Las aportaciones artísticas de las dinastías africanas
Los almorávides y almohades, pueblos bereberes norteafricanos, tratarán de restablecer el ya mermado poderío musulmán en Al-Andalus. En 1086 el caudillo almorávide Yusuf derrota a los cristianos y es proclamado "emir de los emires", integrando Al-Andalus en el Magreb. Más tarde, los almohades derrocan a los almohades, con el pretexto de que habían abandonado su pureza religiosa, y fijan su capital en Sevilla. La victoria de los cristianos en Las Navas de Tolosa (1212) sobre los almohades provocó una nueva división del poder musulmán en reinos de taifas, uno de los cuales, el de los nazaríes granadinos sería el más poderoso.
El arte de las dinastías africanas supone una reacción contra el barroquismo y refinamiento de los taifas, motivado por su rigorismo religioso y espíritu reformador.
Entre sus principales aportaciones en arquitectura se destaca el carácter austero y solido de sus construcciones realizadas, por lo general en ladrillo; el uso del pilar (la columna solo se usa con fines decorativos) y arcos de herradura apuntados con fines construc­tivos. La escasa decoración exterior se limita a una característica red de rombos, fruto de la superposición de arcos lobulados, que forman la denominada labor de sebka.
Los mejores ejemplos son del período almohade y se localizan en Sevilla. La antigua mezquita fue totalmente demolida por los cristianos para construir la catedral gótica, quedando únicamente los muros exteriores del Patio de los Naranjos y La Giralda, primitivo alminar que está emparentada con otras dos torres: La Kutubiya de Marraquech y la Torre de Hassán en Rabat. Destacaron los almohades en el campo de la construcción militar. Sus fortifica­ciones, de las que constituyen un excelente ejemplo el Alcázar de Sevilla, estaban organizadas mediante un sistema de doble muralla, llamada barbacana, y una serie de torres avanza­das situadas en lugares de defensa estratégica, conocidas como torres albarranas. La célebre Torre del Oro sevillana era una de ellas.
4.2.4. El esplendor artístico de los nazaritas granadinos

A pesar del declive musulmán en España, tras la derrota de las Navas de Tolosa, los siglos XIV y XV conocen una nueva etapa de esplendor artística y cultural de los musulmanes españoles con el Reino de Granada, hasta que en 1492 sea conquistado por los Reyes Católicos.



El arte de los nazaritas acentúa el sentido decorativo iniciado en el período de los taifas, e insiste en formas genuinamente árabes, sin ninguna influencia occidental. En estos momentos, en Europa se desarrolla el Gótico en toda su plenitud.
La arquitectura granadina se caracteriza por el empleo de pobres estructuras de yeso y ladrillo enmascaradas con una exuberante decoración a base de arabescos y alicatados. Utiliza un original soporte: la columna nazarita, de fuste delgado y liso rematado por varios collarinos, y un peculiar capitel formado por un cuerpo cilíndrico poligonal con lacería, rematado por un cubo con decoración de ataurique.
En lo relativo a los arcos, predominan los de medio punto peraltados, aunque muy disimulados por la decoración, que le dan una apariencia polilobulada.
El elemento decorativo más original lo constituye la bóveda de mocárabe, que parece estar inspirada en motivos colgantes originales de zona de Iraq y Persia, llamadas mucarnas.
Sin duda el edificio más singular lo constituye los conjuntos de La Alhambra y el Generalife en Granada.
La Alhambra (castillo rojo) es una ciudad-palacio construida sobre los cimientos de un fortaleza taifa. En ella se distinguen tres unidades: La Alcazaba, la Casa Real y la ciudad "laboral".
# La Alcazaba integra un conjunto de fortificaciones con una muralla de 1.400 m. que rodea todo su perímetro, adaptándose a la topografía terreno. En ella destaca la Torre de la Vela. Se accede a través de cinco puertas, realizadas en esquema acodado para batir mejor a los atacantes.
# La Casa Real o Vieja estaba, a su vez, formada por tres partes:
- El mexuar o Sala de audiencias. Constituía la parte pública de la ciudad-palacio. Se completaba con el Cuarto Dorado, destinado a oficina de apelación ante el rey.
- El diwán, que era la parte más oficial y, por tanto, de carácter semipúblico. Esta constituido por el conjunto de dependencias conocidas como el Cuarto de Comares, que había sido concebido como palacio independiente del resto de la Alhambra. Entre ellos se encuentra el Patio de los Arraya­nes, que tiene alberca central. Como en todo el palacio, el agua tiene un especial protagonis­mo. En el extremo norte del patio, se encuentra la Sala de la Barca y el salón del trono. También se incluyen los baños en esta parte.
- El harem o parte privada, esta articulada en torno al célebre Patio de los Leones, bien provisto de agua y en su día cubierto por un jardín. Al parecer este patio responde a un significado simbólico relacionado con el Paraíso. De esta forma, los leones, en número de doce, simbolizaría el zodíaco sostenien­do el océano. Está flanqueado por una serie de estancias que son indepen­dien­tes unas de otras. Este patio esta rodeado de cuatro salas desde donde discu­rren cuatro canales que simbolizan los ríos del paraíso. Las salas de Las dos Hermanas y la de los Abence­rra­jes, están decoradas con bellas bóvedas de mocárabes, que se reflejan en la fuente situada en el centro. Completan el harem los jardines del Partal, con estanque y palacete. Todo el conjunto se rodea de torres con doble función: militar y vivienda al mismo tiempo.
# La ciudad laboral ocupa una extensa zona. Sus edificaciones están muy mal conservadas, pesa a lo cual quedan restos de una mezquita y cementerio. Aquí vivían artesanos y personal de servicio.
El Generalife era la residencia veraniega de los monarcas granadinos y estaba situada frente a la Alhambra. Lo más llamativo son los jardines y huertas, en los cuales las flores y los juegos de agua constituían su principal encanto.

RESUMEN

La dos principales características del arte islámico son: el predominio de la arquitectura sobre las demás manifestaciones artísticas, y su carácter anicónico, lo que determina una peculiar y original concepción estética basada en la repetición de formas decorativas geométricas y abstractas. En cualquier caso, el arte árabe es el resultado de la aportación de los pueblos (bizantinos, sasánidas etc.) con los contactaron.


La arquitectura árabe tiene como notas características: la pobreza del material, el contraste entre el exterior y el interior (definido por un manifiesto "horror al vacío) la escasa altura de las construcciones, que por lo general se limita a livianas estructuras sostenidas por elegantes soportes, y el predomino de los volúmenes y formas geométricas. Desde un punto de vista técnica, los árabes se limitaron, en la mayoría de los casos, a hacer uso de materiales, elementos y técnicas de tradición romana, bizantina o persas; no obstante, incorporaron su sello personal. Así hicieron uso del yeso, ladrillo y aparejos de mampostería, amén de un largo repertorio de bóvedas de arista, nervadas, y arcos de diversa factura (apuntados, polilobulados, de herradura y mixtilíneos). En decoración abunda los temas ornamentales vegetales (ataurique) y los alicatados y estucos a base de formas geométricas (lacería) y epigráficas (escritura cúfica).
La principal edificación es la mezquita. Su tipología más característica es la de estructura hipóstila, con naves paralelas a la qibla (tipo sirio) o perpendiculares (tipo Al-Aqsa). La estructura se organiza en torno a un patio (shan) y una sala de oración organizada a base de crujías (naves) por medio de multiples soportes.

El arte árabe oriental en tiempos de los omeyas tiene en la Cúpula de la Roca de Jerusalén y la mezquita de Damasco sus principales obras. La orientalización del imperio que lleva aparejada la dinastía abbasida determina la aparición de novedades artísticas: arcos apuntados, nuevas tipologías de mezquitas (con iwanes) y nuevas construcciones (palaciegas y funerarias).


El arte de la España musulmana tiene en el período cordobés (s. VIII-XI su período de máximo esplendor. La mezquita de Córdoba sintetiza todos estos logros artísticos. Esta organizada siguiendo el modelo de la mezquita tunecina de Kairuán y presenta como novedades la utilización de un original sistema de soportes de doble arquería de inspiración romana. El mihrab orientado desde la qibla a la Meca, supone la culminación de la exuberante decoración y el barroquismo de la época del califato. Mención especial merecen los sistemas constructivos (aparejo de soga y tizón) y algunos elementos tales como las bóvedas de crucería. Los arcos califales son de herradura enmarcados mediante alfiz y los capitales son un producto metamorfoseado de la tradición corintia.
Al período cordobés sucede el barroquismo ornamental y las pobres estructuras de los taifas en el s. XI, que constituyen la base del posterior período granadino. A esta interesante etapa sucede una reacción estética de carácter rigorista, protagonizada por los dinastías africanas: almorávides y almohades. La decoración desaparece y la solidez de los muros junto con los arcos de herradura apuntados se imponen. La ornamentación se limita a una peculiar red de rombos que decoran los alminares de las mezquitas como la célebre Giralda sevillana. La derrota militar de las Navas de Tolosa (1212) supone la reducción de la presencia musulmana al reino granadino. Este nuevo período (ss. XIV-XV) denominado nazarita tiene en la Alhambra de Granada a su mejor ejemplo. Los arcos alcanzan su mayor complicación formal, al igual que las bóvedas (mocárabes). La Alhambra es una ciudad-palacio organizada en torno a diversas partes: un conjunto de fortificaciones y torres albarranas; una ciudad laboral; y la parte más destacada: el palacio real, organizado en torno a un conjunto de patios ajardinados, donde el elemento acuático juego una gran importancia, en el cual destacan el mexuar, el diwan con el Cuarto de Comares y la parte más privada que forma el harem, donde se localiza el célebre Patio de los leones.


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