Tema 9 B. El organismo de vida acentuadamente psiquico desde el punto de vista del objeto



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(Tema 9)

B. EL ORGANISMO DE VIDA ACENTUADAMENTE PSIQUICO

DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL OBJETO
Después de haber hablado sobre los aspectos subjetivos de la vida acentua­damen­te psíquica (A), dentro de nuestro intento de formular la filosofía del PK., pasamos al punto (B): Aspectos objetivos ( o sea predados) de la vida acentuadamente psíquica.

1. EL MUNDO EXTERIOR

COMO ORGANISMO DE VIDA ACENTUADAMENTE ANI­MICA

"Lebensgebilde" mundo circundante. El mundo exterior como orga­nismo de vida (pre­dado) a for­mar y a aceptar.



a. EL MUNDO EXTERIOR COMO EXPRESIÓN (OBJETIVACIÓN) Y AM­PLIA­CIÓN DEL MUNDO INTERIOR

O SEA DE LA VIDA DEL ALMA

Proyec­ción de la vida del alma indivi­dual y colectiva.



El mundo exte­rior anima­do por el alma (beseelt)
El alma, su vida, asume y plasma lugares, cosas, personas, si­tua­cio­nes, ideas... en un organismo. Así, el mundo exterior llega a ser expresión de la vida del alma, una ampliación del alma. Partici­pa en su forma interior (Ge­stalt), en el organismo que ella representa. El alma, su vida, el organis­mo de su vida, se proyec­ta, subjeti­vamen­te, en muchos "objetos". Tene­mos aquí el aspecto "expresio­nista" del alma.
Es un organismo acentuadamente psíquico. A la vez están elementos materiales y corporales. Personas. Igualmente están ideas (en­carnadas en el organismo de vida acentuadamente psíquica).

Leemos un texto de PK.
De: Dass neue Menschen werden (1951) 199-205
"La definición sicológica entiende la Heimat, desde el punto de vista psíquico. Circunscribimos, pues, sociológicamente la vinculación psíquica con la Heimat. El amor a la Heimat es la forma fundamental de un sano amor a sí mis­mo, instintivo (naturhaft) y orgánico, que es capaz de desarrollarse y necesita desarrollarse.
El amor a la Heimat, por lo tanto, hasta cierto grado, es amor a sí mis­mo. Hasta hemos añadido que es parte del amor instintivo (naturhaft) a sí mis­mo. Hay un amor instintivo, un amor natural y un amor sobrena­tu­ral1. El sentido de la educación para la Heimat consiste en hacer crecer, lentamen­te, este amor instintivo a sí mismo hacia un amor natu­ral y también sobre­na­tural. El que quiera profundi­zar esto, debe estu­diar la tercera parte de la "Santificación de la vida diaria". Allí, de una manera original, está descrito esta triple forma del amor. Para los homb­res que aspiran a la santidad, especialmente hoy día, siempre es importante dejarse abrir la mirada para el amor instintivo y natural. Se puede en­con­trar, a veces, psicópatas, también en círculos religiosos, porque no tienen el menor sentido del amor instintivo y natural. Dis­ocian lo sobre­natural de lo instintivo y natural, y con ello, se enfer­man. Generaciones de antaño que tenían una sustancia inte­rior sana, podían soportar esto más fácil­mente. El hombre actual, que está siempre ante abismos, quiere ser tratado con más precaución. (...)
La esencia del amor a la Heimat, en sentido sicológico, consiste en que reci­ba mis alrededores en mi yo. La Heimat originaria del hombre es, visto psicológicamente, el yo, el hombre mismo. El sentido de la educa­ción es que coincida la Heimat originaria sicológica con la Heimat origi­naria teoló­gica. Mi Heimat originaria, vista teológicamente, es Dios. Al incorpo­rarse el yo en Dios, de una manera que ambos conceptos de Heimat se compenetren, el hombre ha encontrado, en el pleno senti­do de la pala­bra, una Heimat. Enton­ces está profun­damen­te arrai­gado. (...)
La Heimat es una forma fundamental de un sano amor a sí mismo, in­stintivo y orgánico. Un amor a sí mismo orgánico y no mecanicista. En el amor a sí mismo mecanicista, el yo está separado del tú. En el amor a sí mismo orgáni­co, el yo acoge en sí al tú y a otros objetos. Es­cuchen bien: Este amor orgáni­co a sí mis­mo encierra una unión orgánica entre el yo, el tú y el ello. El yo, el amor a sí mismo, se amplía. Todas las cosas que acojo, así, en mi yo, de tal manera que signifiquen una amplia­ción de mi yo, se transfor­man en mí en amor a la Heimat. Cuán profun­damente han llegado a ser parte de mi yo, el padre, la madre, los herma­nos, los bie­nes, mi propiedad! Con qué fuerza deben ser conside­rados como una ampliación de mi yo! Por eso todos ellos pertene­cen al con­cepto de Heimat, al amor a la Heimat. Esta es, pues, una forma funda­men­tal del amor orgáni­co sano e instintivo. (...)
Como esta ampliación de mi yo, que se realiza a través de mi entrega a la persona y a través del acep­tar personas y cosas en mí yo, está unida con elementos de cobi­ja­miento y de seguri­dad, el sicólogo define la Heimat como el lugar donde encuen­tro y ofrezco cobijamiento.
Es algo grande si he podido adquirir en mis alrededores un sentimiento de Heimat, y Dios me desprende después de él. Pues, entonces puedo traspa­sar2 todas las cosas que experimento como cobija­miento. Entonces Dios estará más fuertemente en primer plano, pero todas las cosas que me han ayudado a desarrollarme sana e instintivamente, son introduci­das intelectivamente en Dios. Siguen viviendo en mí, pero no lo noto refle­xi­vamente. (...)

Este amor instintivo a sí mismo debe ser orgánico, no sólo entre el yo y el tú y el ello en mis alrededores, sino también en la relación entre amor al prójimo y amor a los que están lejos; entre sufrir por echar de menos la Heimat y el sufrir por echar de menos la lejanía. Con esto ya toca­mos la meta de la edu­ca­ción para la Heimat.


Pienso, por ejemplo, en los suizos. Cuantos suizos no pueden ir a países lejanos, no pueden estar fuera de su país, porque sus montañas los han tocado profundamente! Es algo muy hermoso que una perso­na pueda sentir dolor por echar de menos su Heimat.
Así como la Heimat es algo irracional, también el dolor por echarla de menos, primaria­mente, es algo irracional. Es testimonio de una afectivi­dad (Gemüt) profunda y sana. Como hombre adulto, casi quisiera uno tener dolor de Hei­mat por no poder sentir dolor de Heimat. El que conoce el dolor de Heimat en el orden natural, tiene también la disposi­ción para el dolor de no haber llegado aún a la Heimat eter­na."
El alma que se vincula a las configuraciones de vida creada por ella misma.

Y a la vez a configuraciones de vida predadas.



b. EL MUNDO EXTERIOR, ACENTUADAMENTE PSÍQUICA,

OBJETI­VAMENTE PREDADO
Pero el mundo exterior no existe sólo como conformación o con­figuración de la vida del alma individual o colectiva, respecti­va­mente, y como proyección de ella, sino también como un mundo exterior, ya configurado, objetiva­mente predado al alma indivi­dual y/o colectiva. Y existe, también en este caso, como un mundo que corre­sponde a la vida del alma (nuestro punto de vista). El mundo le sale al encu­entro, objetivamente (ob-jetivo de ob-icere = arrojar hacia o contra). Está predado en muchísimos aspectos. Ciertamente, está hecho por el hombre, pero no por cada uno en particular. El individuo, o un grupo humano determinado, lo recibe de otros.
La "vida" del alma de generacion­es anteriores lo ha creado y configurado. Esta vida se ha expresado "colectiva­mente" en él. Así el mundo exterior es el con­junto de objetiva­ciones de la vida de muchas generaciones que se perpe­túan en él. Cada uno vive en una historia de conformaciones o configura­ciones de una vida tal ("hi­storia de vida") y con esto en una sociología de tales objetiva­ciones de la vida.
Aquí, hay que mencionar las configuraciones comunitarias de una cultura. Las realidades sociológicas, tal como se expresan entre otras cosas en las cost­umbres.
Resumiéndolo, en una única palabra, podemos usar el término tradición. Ella es la síntesis de una tal configura­ción de vida, objetivamente predada.
"Heimat" es otro nombre para la totalidad de las configuraciones de vida preda­das. El P. Kentenich la describe, ampliamente, en las Jornadas Pedagógi­cas de 1951. Cfr. el texto de arriba.
Así también Schoenstatt es una configuración de vida, predada a sus inte­gran­tes. El individuo puede decidir él mismo, si quiere pertenecer o no, y qué lugar quiere ocupar dentro de Schoen­statt. Pero la configuración de vida Schoenstatt está predada. Es una configu­ración de vida que el P. Kentenich, como muchas veces destaca, ha hecho, según lo que ha leído en la vida de las almas (y del tiempo), es una objetiva­ción de la vida, de una vida muy pluri­for­m­e. Es alma hecha "Gestalt". A la vez es una configuración para la vida del alma, una casa, un hogar para su vida. En este sentido el PK. ha creado "in­stituciones" de vida para que el alma (subjetivamente) pueda desarrollarse sanamente.
"Nos esforzamos, simultá­neamente, por formar una multipli­cidad de confi­gu­ra­cio­nes novedosas de vida" (20er­Brief (1954), 11).3
Otras configuraciones de vida, en las que la vida asume igualmente una "obje­tivi­dad" permanente, son: el matrimonio, la familia. Cada uno nace dentro de una familia que le transmite una vida (acentuadamente psíquica) determi­na­da.
Igualmente los pueblos. El estado se enraíza en una configuración de vida que le es predado y ayuda a que ésta se conser­ve y crezca. Su constitución y sus leyes escritas suponen tal configuración de vida.
También la sociedad en general es una configuración de vida. En lugar de configu­ración de vida, podemos decir también organismo.
Especialmente sea destacado la configuración de vida "Iglesia". Está, por un lado, la doctrina teológica sobre el cuerpo místico que ya sugiere la imagen del organis­mo. Pero de hecho, la com­pren­sión teológica del cuerpo místico se apoya en una configu­ración de vida u organismo de tipo psicológico. Así habría que desarrollar, además de una teología de la Iglesia, una psicolo­gía de la Iglesia, una doctrina del organismo de vida (psicoló­gica) que subyace al orga­nismo teológico (sobrenatural). Este sigue sus propias leyes (psicológicas). Hace que el organismo teológico (sobrenatural) sea realmente organismo.
También podemos usar el término mundo. Esto lo observamos en expresiones, como: Cada uno vive en su mundo, construye su mun­do, uno se refiere a su mundo.
También podemos hablar de ámbito de vida.
Para designar lo aquí tratado, el P. Kentenich usa también el término "orga­nis­mo de vinculaciones". Pero es importante no quedarse, en primer lugar, con el término "vinculación" y li­mitar ésta, además, a la vinculación personal. En el PK., el acento recae, con la misma fuerza, sobre la palabra "organismo" y alude a una multi­pli­cidad de vincula­ciones. Además, es de destacar que se puede hablar, también, de un organismo de vinculaciones, dentro del alma indivi­dual (o sea, no sólo en relación al mundo exterior de vida). Los distintos "hilos" del alma se entretejen en un orga­nismo.

Menciono, además, las épocas como configuraciones de vida preda­das. El PK. describe las épocas usando la dupla "idea e imagen" como los dos aspectos que marcan las épocas. Idea hace referencia a lo supratempo­ral, a lo válido para todas las épocas. Imagen es el término con que formula lo

peculi­ar de cada época: imagen de Dios, del hombre, de la comunidad, de la natura­leza, de la histo­ria, de la iglesia...(cfr. Carta de Octubre de 1949). Cuando hay un cambi­o en una de estas imágenes o en varias o en todas, se da una nueva época.



Si, en el caso del organismo objetivamente predado, he acen­tuado el aspecto psicoló­gico de la vida quedan incluidos los aspectos intelec­tual, sobre­natu­ral y corporal, respectivamente. Ellos encu­entran en el aspecto psicológico su portador, tal como lo pudimos obser­var, en el aspecto del organismo interior. El acento y el interés especí­ficos del P. Kente­nich están justa­mente en lo psicológico (la vida del alma).

Un "mundo" determinado, pues, sale al encuentro del individuo y le está ob­jetivamente predado. A la vez, debe introducirse, subjetivamen­te, en él y entrela­zarse con él, de múltiples modos, en un pro­ceso de crecimiento, y en etapas correspondien­tes. Eso no nece­sariamente es fácil y no siempre se produce sin dificul­tades. La vida subjetiva, con su dinámica plasmadora y sus confor­macio­nes pro­pias, se encuentra con vida ya conformada y objetiva­mente preda­da. En este encuentro pueden observar­se las más diversas leyes y situa­ciones de mutua aceptación y rechazo y de asunción más o menos creati­vas.



c. CONCEPTO KENTENIJIANO DE PSICOLOGÍA
Lo dicho significa que el P. Kentenich incluye también el aspecto objetivo del mundo circundante acentuadamente psíquico, en su concepto de "psicolo­gía", como, igual­mente, el aspecto religioso que en el próximo "tema" será explica­do.
Normalmente la sicología, como hoy la conocemos, trabaja en el alma indivi­dual, ayudándole a desarrollar todo su potencial y tratando de liberarla de atadu­ras que encuentra en ella misma. Desconfía de los vínculos - y no siempre sin razón - por ver en ellos un peligro para la individualidad. En este sentido, la psicología es individua­lista (recién en el último tiempo han surgidas sicolo­gías menos individuali­stas -sicologías sistémicas de la Gestalt). A diferencia de ella, el PK. acentúa el aspecto de la vincula­ción, tiene una ex­presa psicología de la vincu­lación, sin excluir la psicolo­gía indi­vidual.

Vinculación psíquica. En este contexto el P. Kentenich habla de vinculaciones del alma (seelische Bindungen). Son vinculaciones orgánicas, vin­culaciones del orga­nismo "alma", del organismo de la vida del alma, vincula­ciones que se adecuan a este orga­nismo, hechas según sus medidas.

Pedagogía de vinculación. Aquí habría que desarrollar el tema de la pedago­gía de vinculación.

Amar orgánicamente. Aquí tiene su lugar también el tema del amor (amar orgáni­camente)
La tradición de Schoenstatt acentúa de tal manera el aspecto de la vincula­ción que el primer impulso (1912), el de la libertad pasó, tal vez demasiado, al segun­do plano.
Llegar a ser libre a través de la vinculación. O ser libre para poder vincu­larse. Ambas líneas tienen validez. Puede darse también que el organismo presione dema­siado al individuo. (cfr. Werkzeugsfrömmigkeit (1944, 181).

Leemos un texto del PK.
De: Maria - Mutter und Erzieherin (1954), 415 f.
"En lugar de vincular al alma, múltiplemente, de acuerdo a su predispo­si­ción natural y darle hogar en el mundo de la naturaleza y de la gracia, y dejarla sanar de este modo, se hurga, incesantemente y con suma unila­te­ralidad, la vida subconsciente del alma. No se termina, antes de haber sacado a la luz, a la fuerza, las predisposiciones here­ditarias y fun­damentales y todo aquello que son las primeras impresio­nes de la vida4, o sea todas las impresiones que ha recibido el fondo sub­conscien­te del alma y que no ha elaborado aún. Pero también así uno se queda con la interpreta­ción del sentido y no se procede a la consumación del senti­do: la consu­mación del sentido como está funda­mentada en el doble organis­mo de vinculaciones y la interdepen­dencia recíproca de los dos organis­mos5, arriba menciona­da.
Para clarificar más lo dicho, piénsese en una red que se ha suelto de sus gan­chos y que, tirada al suelo, se ha enredado. En principio, sería cosa fácil, ordenarla rápidamente. Haría falta, sólo, conectarla con los gan­chos, con asidero certero y audaz, y fijarla. En lugar de esto, se comien­za a separar las mallas, cada una de la otra, con esmero ilimita­do. Antes de comprender lo que ocurre, las distintas mallas se enredan de nuevo. Con esto no queremos decir que no se debería intentar, pru­dente y cautelo­samente, tal desenredo de las distintas mallas. Pero si se omite, como sería natural, el afianzamiento en los ganchos, las cosas últi­mas, no raras veces, son peores que las prime­ras. Lo que entende­mos por este afianzamiento, después de todo lo dicho, debe estar claro. Nos referi­mos, con esto, a la inserción en el doble organismo de vincu­la­ciones, o sea a la revitalización de los víncu­los con los lugares, las cosas, ideas y perso­nas, tanto en el orden natural, como en el orden sobrenatural."

(Tema 10)

2. EL MUNDO RELIGIOSO COMO ORGANISMO

Proceso de vida dios. "Le­bensgebilde" Dios

Sicología de la causa segunda

Cfr. Religión y fe.



a. EL ALMA OBJETIVIZA SU VIDA RELIGIOSA
También Dios, o más precisamente, lo que los hombres y las comu­nidades huma­nas entienden por Dios, su imagen, sus imágenes, es una configuración de vida, a partir de los más variados procesos de vida, estratos y contenidos. Estos provie­nen de la "vida" subjetiva de individuos, pueblos, épocas... Son confi­guraciones, tanto de la vida del alma individual como de la vida del alma comunitaria, colecti­va, epocal, cultural...
Nietzsche, citando a Hölderlin habla den un instinto creador de dioses.

Así podemos hablar del proceso de vida politeísmo,

del proceso de vida Santos,

del proceso de vida María



(Cfr. tema 7)

b. ORGANISMO DE CONFIGURACIONES DE VIDA RELIGOSA

OBJETI­VA­MENTE PREDADO
Allí se origina un organismo de objetivaciones de vida religiosa. Los dioses, los santos representan un cosmos de configuraciones de vida. Especialmente visible en María, lugares de peregrinación con su riqueza cultural-religiosa
En este sentido, los dioses, a la vez, son símbolos de la personalidad, de la comu­nidad, de un pueblo, de un estado... y símbolos de Dios. Como símbolos de Dios, seña­lan, en último término, al Dios espiritual, inimaginable, no nom­brable, que no obstante es re­presentado, imaginado y nombrado de las mane­ras más diversas.
Así, en Roma existía la tradición de reunir, en el Panteón, los distintos dioses de los pueblos conquistados y sometidos al Imperio Romano. Con eso fueron reuni­dos, también, los diversos pueblos como tales. Porque los dioses y diosas eran a la vez símbolos de identidad nacional. De esta manera, las diversas configuracio­nes de tipo religioso (los dioses y diosas con sus organismos respecti­vos de templos, fiestas, imágenes, tradicio­nes, leyes, experien­cias) forman al Dios "com­pleto", la totali­dad de Dios.
Algo parecido sucedió en al ámbito católico, a través de los santos. Junto con Cristo y María, forman una imagen total de Dios. A cada santo se le unen cultura, experien­cia sub­jetiva, representa­ciones individuales y colectivas... Se puede observar que los santos fueron honrados, muchas veces, más bien como seres deposita­rios de una esperanza, de determinadas ideas... y no tanto en su realidad biográfica, histórica y ética. Cada santo representa toda una configu­ra­ción de vida, representa un organis­mo. Estas configu­ra­ciones de vida se inter­relacionan entre sí, del modo más diverso, y forman un cosmos, un orga­nismo de orga­nis­mos.

El P. Kentenich ha trabajado toda su vida en este tema. También aquí habla de organismo de vinculaciones. Insiste en que debe haber un organismo de vincu­laciones naturales, un organismo de vincula­ciones sobrenaturales y una inter­relación entre ambas. En esta interrelación ha trabajado especialmente, obser­vando, tanto la dinámi­ca desde el organismo sobrenatural hacia el natu­ral, como, sobre todo, la dinámica desde el organismo natural hacia el sobre­natu­ral.

Resume esta tarea, muchas veces, con la fórmula "psicología de la causa segun­da", o más explícitamente: psicología de la causa primera, psicología de la causa segunda y psicología de la rela­ción entre ambas. Otra vez destaco la palabra "psicología". Significa: vida, proceso de vida, configuración de vida, orga­nis­mo en el sentido psicológico de la palabra.

También aquí vale que "psicología", "vida" y "organismo" se entienden en un sentido "acentuado". Tanto lo intelectual, como lo propiamente sobrenatural, como también lo corporal (p.ej. sacramen­tos, templos, ritos, símbolos) están considerado. Pero el portador, propiamente tal, de ellos es lo psíquico (desde el punto de vista del sujeto como del objeto).

(Tema 11)

3. ESPACIO HOMOGÉNEO PROTEGIDO DEL ORGANISMO DE VIDA (GESCHLOS­SEN­HEIT. CLAU­SURA)
a. IMPORTANCIA DEL ESPACIO HOMOGENEO
Redondeando nuestro análisis del tema "vida", destacamos un concepto que tiene un significado muy grande para la vida schoen­stattiana: Geschlossenheit (clausu­ra, protección de la privatici­dad). La vida necesita Geschlo­ssenheit, tanto para su surgi­mien­to como para su crecimiento.
Con eso no se quiere decir "encerramiento". Tampoco, en primer lugar, "cer­ra­zón". Si bien esto último desempeña un cierto pa­pel, de ningún modo debe con­fundirse con la Geschlos­senheit a la que aquí se alude. (Verschlossenheit: encerra­miento. Ab­geschlos­sen­heit: cerrazón.)
Más bien se trata del tema del ámbito o espacio homogéneo interior de un organis­mo.
Schoenstatt, nuestro objeto de estudio, es un tal espacio homogéneo interior.
A eso contribuyó la persecución por el nacismo. Después, el tiempo del exilio.
Pero sería un error, si esto se concibiera como mera coacción exterior. Ambas situaciones se presentaron en su justo momento, para lograr algo que, de todos modos, fue nece­sario. Esto llega a tanto, que el P. Kentenich, tras su libera­ción, y en un am­biente eclesial de universal apertura después del Concilio Vati­cano II, llama nuevamente a la Geschlossenheit. Fue necesario, para no desperd­igarse. Necesario, para que el organismo de Schoen­statt asimilara todo aquello que había surgido en los años anterio­res, y lo asimilara comunitaria­mente.
El término "catacumbas", que a menudo se usa para referirse a este estado de cosas, expresa sólo en parte lo que sucede real­mente en tales épocas de clau­sura. Desvalori­za demasiado el proceso en cuestión y contempla unilateral­mente las consecuenci­as negativas, supuestas o reales, como tener demasiado miedo a los demás, aislarse o esconderse.
Si uno, realizando tal proceso de Geschlossenheit, sin embargo, no sabe, cuál es el sentido de esta clausura, y sólo se la ve defensi­vamente, en la separa­ción del "espíritu mundano malo", entonces la Geschlossenheit tiene efectos de debilita­miento.
Es importante, que épocas en que se acentúa la Geschlossenheit se alternen "rítmica­mente" (cfr. las leyes de crecimiento) con épocas en que se acentúa la aper­tura. Pero, aún en épocas de apertura, debe y puede darse siem­pre tam­bién una fundamental Geschlos­senheit. Como, tampoco, deben quedar sin una apertura mínima tiempos en que se acentúa la Geschlos­senheit.

No obstante, no se debe presionar a los miembros de una comuni­dad tal para que dé testimonio, ante quien sea, de aquello que son y hacen. Según una expresión del P. Kentenich, esto sería una falta de "pudor espiritual". Hay un lado exterior y otro interior de la vida.


Un lenguaje para "afuera", y otro para "adentro". En cierto modo, un lengua­je doble.
Especialmente en épocas de educación y de formación de un nuevo espacio de vida, o de mayor inserción en un tal espacio, se necesita la separación del mundo exterior heterogéneo, y la concentración en lo propio. El clima típico, la atmósfera del organismo propio, son como una forma, dentro de la cual uno se arraiga individual o comuni­tariamente. El P. Kentenich habla a veces del espacio grande de Schoenstatt como de un espacio en el que se vive toda una vida, en contextos siempre nuevos (niñez en una familia schoenstattiana, la juventud en el movimien­to juvenil de Scho­en­statt... Movimiento de matrimo­nios...

Por otra parte, hay que ver, sin embargo, que si no se busca, a la vez, el con­tacto con otra vida y otras ideas, si no se dan épocas de apertura y de diálogo con otros, uno fácilmente se vuelve inseguro frente a los demás, y se pierde fácilmen­te, en la medida en que se encuentra con otras opiniones y realizaciones de vida. También es necesario la confrontación con otros, vivien­do entre ellos. No debe confundirse una unilateral pedagogía de preservación con el concepto de Ge­schlossenheit.


Pero, una vez más, quiero destacar que no sólo se trata de la dimensión reli­gioso-ética o sea de la protección del mundo malo. Se trata más bien de la identi­dad propia, de la originalidad propia, personal como comunitaria.
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