Tema 4 El idealismo Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo Tema 6



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TEMA 4 EL IDEALISMO



EL ROMANTICISMO ALEMAN
El romanticismo aparece en Alemania como movimiento opuesto a los excesos de la Ilustración, aunque no cabe duda de que los románticos admiraron a muchos filósofos ilustrados: Kant, Goethe y Seller. Así, por ejemplo, Kant abre la vía a las certezas irracionales y Goethe cree que el amor es una inclinación fatal (que te lleva al suicidio al no ser correspondido), pero que da sentido a la vida entera.

Podemos considerar los siguientes rasgos como los fundamentales del romanticismo alemán: rebelión contra la razón, que se concreta en lo siguiente: rebelión contra una racionalidad urbana que contamina el medio ambiente; rebelión contra una estética racional que somete a norma lo espontáneo y popular; rebelión contra una política que oprime las libertades; y rebelión contra una reflexión racional que excluye lo maravilloso.


La naturaleza
Los filósofos alemanes consideran la naturaleza como algo sagrado, dotado de alma y animado de espíritus. El uso de la razón ha profanado este templo. Convirtiendo los bosques y aldeas en ciudades enormes donde los hombres ya no tienen oídos espirituales para escuchar las voces sagradas.

Además, cada pueblo posee su propia naturaleza o paisaje solo los autóctonos de una tierra pueden apreciar su belleza, pues guardan una relación sagrada con ella. Este aspecto de la naturaleza lo reflejan muy bien los cuadros de Friedrich: figuras humanas ataviadas con el traje nacional alemán. También identifican a la naturaleza con la mujer, pues esta menos contaminada por el pensamiento racional. Además, se piensa que la mujer está más inclinada a los sentimientos y a la sensibilidad que a la reflexión. Por eso, la excluyen de toda participación en el mundo público. Esta posición, sin embargo, será crítica por algunos feministas, es especial aquellas que deseaban la emancipación de la mujer integrándola en el ámbito público.



También los románticos sienten nostalgia por Grecia, pues ahí los hombres estaban todavía muy cerca de la naturaleza y los mortales más cerca de los dioses. La libertad y la vida parecían fundirse en una misma cosa y la alegría reinaba entre la gente. Grecia representaba para los románticos el momento histórico lleno de belleza y espontaneidad.
Lo popular
Para los románticos cada pueblo tenía un alma, el cual inventaba su lenguaje, le daba una identidad diferente e inspiraba sus leyendas tradicionales. De ahí que se rebelan contra la construcción de las megaciudades y con la destrucción de las tradiciones, y piensan que los pueblos están corrompidos por inclinarse a aceptar los excesos del pensamiento ilustrado. La admiración de lo popular les lleva a valorizar la Edad Media. Descubriendo las producciones artísticas de este periodo, escenario de las leyendas que dieron fundamento a la creación de las naciones. La reivindicación de la espontaneidad del pueblo va unida a la libertad creadora del artista.
L a libertad
Los románticos defienden dos tipos de libertad, la individual, es decir rebelan contra las normas que impiden el desarrollo del yo, sus pasiones (el amor y la amistad); y libertad colectiva, en cuanto a la libertad colectiva o política, lo primero que hay que tener en cuenta es que consideran la democracia y el nacionalismo inseparables, pues ambos responden a la necesidad de expresarse libremente. La unificación de Alemania, que era una constelación de principados, va encontrar en los textos de los románticos justificaciones teóricas. En segundo lugar, toman la Revolución francesa como ejemplo de la expresión colectiva de la libertad.
Lo maravilloso
Los románticos sentían atracción por lo maravilloso, o sea por lo que salía de lo común. Afirman que siempre hubo una realidad secreta en el universo, más preciosa y más profunda. Y esta realidad constituye la verdadera esencia de las cosas. Para alcanzarla hay varios caminos, uno de ellos es la contemplación de la naturaleza; otro camino es dar riendas sueltas a la fantasía, es decir sin frenarla con consideraciones racionales. Sin embargo, la fuente fundamente de los datos de esta realidad oculta son los sueños.
HEGEL
Se le considera máximo representante del idealismo alemán. Nace en 1770, fue profesor en Jena y luego en Berlín. Tuvo mucha influencia a pesar de haber escrito poco. Sus obras son compilaciones realizadas a partir de los apuntes de sus alumnos. Murió en 1831.
La filosofía de la historia
El movimiento que el progreso de la libertad describe en la historia no es lineal, pero tampoco caótico o de signo negativo. Hegel afirma que las ficciones de un estado original con su pueblo original correspondiente, propias del historicismo romántico, tanto como las del progreso ininterrumpido, propias de la Ilustración, falsifican el verdadero sentido de la historia. Defiende la tesis de que es la dominación de un hombre sobre otro el motor de toda marcha de la historia. En otras palabras, la historia describe un movimiento en espiral en el que los sucesos negativos dan lugar a un estado de cosas siempre mejor: el mal es la causa del bien, la lucha no es, por tanto, accidental; sino lo que fundamenta toda la historia de la humanidad. Por otra parte, añade Hegel, la narración del pecado original nos muestra que el hombre debe ser primero lo que no debe ser( rebelde a Dios) para llegar a ser lo que es (libre). Por eso concluye que a causa de la noción de pecado original la religión cristiana es la religión de la libertad.

Ahora bien, el fin de todo el proceso histórico es la existencia de la libertad, y la etapa intermedia en el desenvolvimiento absoluto de la libertad es el espíritu objetivo cuya realización concreta es el Estado. Este espíritu más bien que dirigir y guiar a los hombres, a hacer la historia, se encarna en ellos, y aprovechando sus cualidades subjetivas, logra su fin universal. De hecho la verdadera historia comienza con la aparición del Estado.


Teorías del Estado
Si en la historia está la realidad, y el requisito de la historia es el Estado, entonces el Estado es la encarnación del Espíritu del mundo, la idea divina tal como existe en la tierra. Para probar su tesis, primero critica los defensores de que el Estado es una construcción humana( concepción mecanicista) y contractualitas ( el Estado tiene su origen en el contrato suscrito ente los miembros de una sociedad). Si el origen del Estado fuere un contrato, su acción se vería impedida por restricciones morales o legales. Cosa que contradictoria, pues Dios en la tierra, es decir el Estado, no puede ser atado a prescripciones morales abstractas ni por ningún contrato.

El príncipe, por su parte, es un técnico del mantenimiento del estado y su actuación debe estar por encima de la moralidad vigente en la sociedad cuya libertad hace posible. El estado es, sin embargo, una institución ética y objetiva que impide la proliferación de la violencia en el seno de la sociedad y regula la violencia dirigida contra el exterior.


Los componentes del Estado
La familia es la unidad ética primera. Está formada por los padres y los hijos. Su fin es la educación de la descendencia para hacerlos capaz de llevar una vida libre. La obligación de los hijos es recibir esta educación. La familia está unida por el amor y la mutua confianza entre las partes. La familia es la fuente de posibilidad de toda sociedad. Además, en el seno de las sociedades si se quiere formar ciudadanos independientes y cuidadores del orden social, deberían formarse instituciones de enseñanza pública adecuadas para tal fin. Por lo tanto, tanto la educación que el individuo recibe en el seno de su familia, como la que recibe en la sociedad forman un ámbito que lo lleva a actuar de forma verdaderamente humana. Ahora bien, hay que tener en cuenta que en la sociedad civil se genera una situación de conflicto que no puede ser superada por sus propios medios.

Con respecto a la Institución económica, Hegel afirma que el mercado funciona solo, es la mano invisible que hace de la satisfacción de los propios intereses el medio por el que se satisfacen los intereses de otros. Sin embargo, este liberalismo económico es fuente de muchas desigualdades sociales; y estas, a su vez, fuente de muchos conflictos sociales. Hegel afirma que el Estado se levanta como institución neutralizadora de la escisión social. La sociedad civil, en tanto que contradicción no resuelta, es parecida al estado de la naturaleza. En la sociedad civil el hombre sólo obtiene el bien mediante el trabajo, y es este bien obtenido mediante el trabajo lo que convierte al sujeto en persona jurídica, con derechos políticos. El bien obtenido pasa a ser propiedad.

La sociedad civil se organiza en estamentos según el trabajo de las personas. Esta división de la sociedad forma parte esencial del concepto de estado. Los estamentos son básicamente tres: El sustancial o inmediato, formado por los propietarios de la tierra y los campesinos. Se denomina sustancial porque la agricultura es la labor más importante para el desarrollo de la comunidad; El reflexivo, formal o industrial: en este estamento el papel de la reflexión individual es más acentuado, por eso se dice que la libertad y el orden surgen en las ciudades; El universal: se ocupa de los interés generales de la sociedad.
El Derecho

El Derecho tiene realidad objetiva por algo universalmente reconocido, sabido y querido. Frente a individuos que no quieren la codificación de leyes Hegel afirma que estos ignoran que toda ley no es más que reflejo de una costumbre. Solo se tiene derecho a obligar a cumplir lo que la ley permite. La ley, para serlo, debe darse a conocer. Sin embargo, este requisito encierra una contradicción, pues en sus determinaciones universales es entendible por todos, pero en su aplicación a la materia sólo es entendible por los juristas.

La ley se aplica por medio de los tribunales. Todo miembro de la sociedad tiene el derecho de acudir a él. Ahora bien, la sentencia dictada por un tribunal sólo puede justificarse racionalmente si se entiende como algo querido por el delincuente mismo. La aplicación de la ley penal por medio del tribunal transforma la venganza en justicia. El poder del príncipe en la época moderna no está por encima de los tribunales.

Hegel coloca la corporación en el medio entre el individuo y el Estado. La corporación es la asociación de profesionales para la convivencia y el socorro mutuo. Las corporaciones cumplen la función de dar un fin ético al hombre que no se conforma con ocuparse solo de sus propios intereses y al que tampoco corresponde ocuparse de los interese generales.


Relación entre lo político y lo social
Empieza afirmando que el Estado y la sociedad civil no son realidades separadas. La sociedad civil sirve de soporte al Estado, aunque este ha precedido en el tiempo a aquella. La función del Estado moderno es asumir el hecho de las libertades subjetivas y mantener la comunidad, conservando siempre un modo de existencia propio y superior a esas reivindicaciones. Las dos causas de la libertad particular son la teoría del contrato del Derecho Romano y el Cristianismo. Según Hegel, Rousseau entendió correctamente que el principio del Estado es la voluntad, pero entendía esta voluntad como lo “común”, o sea lo universal. Sin embargo, esta visión excluye del concepto de Estado “lo divino en sí y por si y su absoluta autoridad”. En otras palabras el Estado no puede resultar de un contrato, operación que regula el intercambio de bienes entre las voluntades subjetivas, porque el Estado es una voluntad objetiva.

La Revolución Francesa ha dado lugar a una sociedad de hombres formalmente iguales, pero desiguales en la práctica, pues su vida está condicionada por las exigencias del mercado y la opulencia convive con la miseria. En este sentido, dirá Hegel, la Filosofía del Derecho nace para superar esta crisis social. Aunque parezca contradictorio, si nos damos cuenta de que critica la desigualdad en la comunidad, pero respaldando un liberalismo económico: el mercado se regula internamente, sin necesidad de alguna intervención estatal.

Recordemos, como apuntamos más arriba, para Hegel el Estado no se presenta como lo completamente otro de la sociedad civil, como su complemento adecuado, ya que es el Estado la realidad ética de la que puede ser capaz una sociedad determinada. No hay ética sin Estado porque éste representa la condición mínima de orden fuera de la cual no hay reglas, pero a su vez, la ética del Estado se forma en la interacción de este con la sociedad. El mundo de la economía y del derecho privado es incapaz de producir mediaciones que eviten el crimen en la sociedad civil, solo puede conseguirlo el Estado.
Las formas del Estado
El Estado representa la libertad concreta y es para el individuo el ámbito del desenvolvimiento de su libre voluntad. El gran desarrollo en la época moderna que ha visto la sociedad civil, no debe llevarnos al error de confundirla con el Estado. De esta confusión nace la representación absoluta de los tres poderes del Estado como garantía contra el despotismo. En otras palabras, los poderes de legislar, gobernar y juzgar no son independientes en este sentido absoluto ni deben serlo, tampoco se limitan el uno al otro. El Estado no es un artefacto que tiene partes, sino más bien un organismo que consta de órganos, y la pretendida independencia de los poderes no conduciría a la eliminación del despotismo, sino a la destrucción de la soberanía. Sin embargo, Hegel hace la siguiente división del Estado: a) el poder de establecer lo universal, el poder legislativo pertenece a la multitud; b) el poder de incluir lo particular e individual bajo lo universal pertenece al gobierno, no a unos pocos; c) la decisión soberana pertenece al príncipe.

La monarquía constitucional es la forma del Estado moderno, y frente a la constitución el pueblo debe sentir que “es su derecho y su situación”.


Derecho internacional
Hegel critica la paz perpetua defendida por Kant, pues le parece una idea buena pero inalcanzable. Cada sociedad presupone un Estado soberano dotado por definición del derecho de llevar la guerra. La soberanía del Estado es un principio constituyente por eso está por encima de los acuerdos internacionales, porque no hay pretor- magistrado- entre estados que haga cumplir los acuerdos.

TEMA 5 TRADICIONALISMO Y CONSERVADURISMO



INTRODUCCION
Para entender la aparición del pensamiento conservador y tradicionalista es preciso comenzar por el desafío que supuso para las sociedades de Antiguo Régimen la emergencia del racionalismo y, sobre todo, la Revolución francesa de 1789. Con esta se empezó a cuestionar radicalmente un tipo de sociedad jerárquico y desigualitario, regido por una lógica teologico-politica. Los constituyentes franceses abolieron el sistema feudal, proclamaron libertades de opinión religiosas, colocaron los bienes del clero al servicio de la nación y pusieron en la cabeza de la Constitución de 1791 la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Este proyecto, como no podía ser de otra forma, chocó con la Iglesia Católica, sobre todo a partir de la proclamación de la I Republica francesa, que hizo todo lo posible para remplazar la influencia de la religión católica por una teología cívica.

Frente a este proyecto ilustrado, el tradicionalismo representado principalmente por Joseph de Maistre y Louis de Bonald tiene unos orígenes claramente teológicos, y se funda en la idea de una tradición inalterable ante las vicisitudes del tiempo. Por su parte, el conservadurismo, representado por Edmund Burke, es mas a fin a una perspectiva historicista, por tanto, abierto a la idea de cambio. Frente al carácter ahistórico y abstracto de ciertos contenidos de la Ilustración y del liberalismo, conservadores y tradicionalistas plantearon la problemática de si el rechazo o la destrucción de los recuerdos y de las tradiciones significaba un incremento de la libertad o abrían paso a otras formas de dominación.


EDMUND BURKE: EL CONSERVADURISMO LIBERAL
Gran Bretaña no desarrolló una monarquía absoluta. Durante el siglo XVII el intento de Carlos I de prescindir de la institución parlamentaria provocó una sangrienta guerra civil, donde el propio monarca resultó ejecutado. Tras el paréntesis de la dictadura de Oliver Cromwell y la restauración del propio monarca en 1660 el parlamento gozó de mayores atribuciones y la posibilidad de una monarquía absoluta estaba totalmente “fuera de la lógica”. Sin embargo, el sucesor de Carlos II, Jacobo II desarrolló una política contraria a los intereses del Parlamento, provocando su derrocamiento en 1688 en beneficio de Guillermo de Orange. Este derrocamiento, aunque se consiguió sin pérdidas de vidas humanas, se bautizó como la Gloriosa Revolución de 1688, y la Constitución de 1689 se convirtió en la práctica política de los británicos, un ejemplo de separación de poderes.

Por otra parte, Gran Bretaña se expande por la India, consolidándose su poder imperial. La riqueza y el desarrollo económico favorecieron la defensa de posturas conservadoras. Muchos de estos recursos se destinaron para el desarrollo de la tecnología y las artes. Además, por estas fechas se produce el nacimiento de la industria y el despegue de la red de carreteras. Hacia 1770 la máquina de vapor estaba lo suficientemente perfeccionada para que su uso fuera rentable.

Tal es el contexto social y político que vio nacer Edmund Burke en Dublín el 12 de enero de 1729. En 1744 ingresó en el Trinity College de Dublín. Sus lecturas se centraron en autores como Aristóteles, Cicerón o Santo Tomas de Aquino, Hobbes, etc. En 1780 se establece en Londres para estudiar Derecho.

Burke se sintió muy atraído por una de las facciones del Partido Whig, liderado por el marqués de Rockingham-siendo su secretario y su principal colaborador-por ser el único defensor de las tradiciones de la Revolución Gloriosa de 1688. Fue un vivo defensor de la institución parlamentaria y de la existencia de partidos políticos que contrapesaran el poder del rey. Para justificar una democracia representativa, es decir, compuesta por elites, sostiene curiosamente que las desigualdades son naturales e inevitables en cualquier sociedad, pues la masa del pueblo es incapaz de gobernarse a sí misma, porque no está hecha para pensar o actuar sin guía. La característica de esta minoría dirigente radica en su capacidad de razonamiento práctico, en el juicio o la virtud y no en la voluntad. Es decir que la representación parlamentaria no tiene que ver con la voluntad de los votantes, sino que se trata de la promulgación del bien natural por lo que el denomino “aristocracia natural”. De ahí que sea un gran defensor del sufragio restringido, los electores son un grupo elite que a su vez deben seleccionar a los que van a representar toda la población en el parlamento.

Como parlamentario Burke se distinguió por su defensa de las reivindicaciones de los colonos del actual EEUU, criticando la actitud de Jorge III, sobre todo en materia de impuestos. Sin embargo, rechazó la opción de que los americanos tuvieran escaños en Cámara de los Comunes, ya que no querían abolir la institución de la esclavitud.

En lo relativo a las prácticas de la economía, nuestro autor estaba más cerca de la visión de Adam Smith, juzgando la intervención del Estado en la economía como un acto “inútil”. Fue defensor de una economía de mercado libremente competitiva.

Hasta la Revolución francesa Burke no pretendió ser un teórico político. Sin embargo, en el fondo de sus discursos se puede constatar una crítica hacia las teorías abstractas como fundamento de la política, apelaba a la historia y a la observación, no al derecho natural racionalista. Burke se sintió muy alarmado con las declaraciones que hizo Price, comparando la Revolución francesa con la Gloriosa revolución de 1688. Frente a esta declaración aclara que la Gloriosa revolución de 1688 no constituyó una ruptura radical con las tradiciones nacionales, sino más bien la preservación de las instituciones establecidas. Por otra parte, Burke critica la idea de contrato que planteó Rousseau y los revolucionarios franceses, pues el pacto que se aludía con sus visiones no solo se programa entre los vivos, sino igualmente entre los vivos y los muertos, y aquellos que van a nacer. Las revoluciones intentaban construir una sociedad desde los cimientos sin referencia a una base histórica, es decir una sociedad con hombres abstractos. Sin embargo, los ingleses, añadía Burke, en lugar de luchar contra sus instituciones tradicionales, procuraban mantenerse fiel a ellas. Por lo tanto, el Individuo a que hacía referencia la Declaración de los Derechos del hombre era un ser inexistente, intemporal, producto de una síntesis meramente racional. Debemos tener en cuenta que no es que Burke negara que los hombres tuvieran derechos naturales, sino que defendía que estos derechos universales y abstractos, por definición asociales, pudieran tener una significación política. Por lo que al Racionalismo individualista, Burke opone la razón general fruto de la experiencia colectiva.

Ahora bien, llegados hasta aquí queremos aclarar que Burke no planteaba un retorno al Antiguo Régimen para Francia; sino más bien deseaba el establecimiento de una monarquía constitucional con un parlamento al estilo inglés. Opina de esta forma porque tenía en su mente que los principios que defendía la Francia revolucionaria llevarían, tarde o temprano, a una profunda crisis que se solucionaría con terror militar.

No cabe duda de que estos planteamientos generaron en la sociedad inglesa muchas polémicas. Una de las críticas que se le hace a Burke proviene de Paine, en sus obras The Rights of Man. En este libro defiende que no es necesario que una nación recurra a sus tradiciones para alcanzar su libertad absoluta. Según él, Burke había confundido Estado y Gobierno, pues mientras que el primero es una institución necesaria que tiene por base la naturaleza, el segundo, el gobierno, es una creación artificial.

La evolución de la revolución en Francia, y la posterior ejecución del rey Luis XVI, fue interpretada por muchos analistas, sobre todo la elite política inglesa, como el cumplimiento de las ideas del señor Burke. De ahí que Jorge III ordenó al embajador francés abandonar su territorio, rompiendo así las relaciones diplomáticos. Por su parte, Burke criticó a los partidarios de establecer relaciones con el Directorio, gobierno provisional revolucionario, ya que el deber de Inglaterra era redimir a Europa de la herejía. Edmund Burke muere el 9 de julio de 1797.


JOSEPH MAISTRE: EL TRADICIONALISMO PROVIDENCIALISTA
En 1792 se instaura la I Republica, Luis XVI acaba destronado y finalmente, en 1793, ejecutado. El gobierno de la república se apoyó en el terror, según las predicciones de Burke, eliminando no sólo a los partidarios del rey, sino también a los republicanos moderados. La oposición se desarrolló en el plano del pensamiento político, con las críticas a Joseph de Maistre y Louis de Bonald.

Joseph Marie de Maistre nació el 1 de abril de 1753. Fue hijo del presidente del Senado de Saboya. Estudió con los jesuitas, luego derecho en Turín. Su fervoroso catolicismo estuvo siempre atraído por diversas formas del iluminismo, esoterismo y ocultismo.

Tras ser ocupada Saboya buscó refugio en Suiza. En 1797 el gobierno del Directorio logró que se le expulsara de este país. Influido por Burke, afirmó que la tradición es el depósito de la experiencia de las generaciones pasadas. No existe contradicción entre la razón y la tradición puesto que la tradición es la razón heredada. Esta tesis le hace afirmar que la monarquía es el régimen que está por encima de los demás, ya que la revolución había destruido la paz que la monarquía había mantenido durante 45 años. La democracia, según Joseph no era más que un sueño utópico, que al fin al cabo se convertiría en la dictadura de las masas. El verdadero crimen de los revolucionarios es la transformación de la autoridad. Por lo que el problema político radicaba en la restauración de la autoridad monárquica sobre nuevas bases: la reflexión y la ciencia.

En Considerations sur la Fransce construye la base de su pensamiento: el providencialismo, que implica la refutación del racionalismo y del voluntarismo político-social propio de los revolucionarios. Según nuestro autor, la mano de Dios había infligido la Revolución para castigar al pueblo francés por su irreligiosidad y su adhesión a la filosofía de las luces. Además, la Revolución se había convertido en un proceso autónomo incapaz de ser controlado hasta por sus propios precursores.

Maistre combina el providencialismo y con historicismo. El escritor se mostraba dudoso acerca de la capacidad humana de crear de la nada constituciones y sistemas políticos. Contra Rousseau, señala que la sociedad no es fruto de un contrato social, y resulta absurdo que las instituciones políticas puedan ser creadas y funcionar a partir de principios abstractos irracionales. El legislador nunca hace otra cosa que reunir los elementos preexistentes en las costumbres y en el carácter de los pueblos. Una nación no se constituye por pactos de voluntad, sino a partir de los datos suministrados por la historia. Además, las constituciones elaboradas por la Republica habían sido hechas para un hombre abstracto, es decir para un hombre que no existía en la naturaleza. Por otra parte, Francia disponía de su propia constitución basada en la Leyes Fundamentales de la Monarquía, la Iglesia , los órdenes y las cortes estamentales.

Ahora bien, ¿cómo podría retornar el monarca su poder y en qué condiciones? Maiste considera que el pueblo no decidía nada en las revoluciones, y tampoco tendría derecho de decidir en la restauración del rey. Frente a los que temían las represalias monárquicas contra el ejército y los compradores de bienes nacionales. Maistre afirmaba que no habría venganza, pues los emigrados carecían de fuerza militar y política. A los propios compradores de bienes les convendría la restauración pues con el rey todo es estable.

Tras la publicación de esta obra fue muy bien recibido por Luis XVIII y sus consejeros. Maistre se profundizó en sus ideas, en su obra Reflexions sur le protestant, sobre las relaciones entre la política y religión. Para el escritor saboyano existía una clara asociación entre la ideología protestante y las de los revolucionarios. Es decir, las dos eran doctrinas de resistencia e insurrección. El uno invocaba la palabra de Dios; el otro a los derechos del hombre, pero en el fondo todo era la misma rebeldía. Estos dos hermanos han divido la soberanía, política o religiosa, y la distribuido en la multitud.

En la corte rusa, Maistre había contribuido, dada su influencia en el Zar, a fomentar la presencia de los jesuitas y la conversión de algunos miembros de la alta aristocracia al catolicismo. Esto no le cayó bien a la iglesia ortodoxa rusa. Tras la expulsión de los jesuitas, Alejandro I ordenó el regreso de su colaborado a Turín. Sin embargo, este fue recibido con cautela por el rey Luis XVIII, pues estaba descontento con la publicación de su obra Essai sur le príncipe generateur des constitucions politiques, porque suponía una desautorización de la Charte otorgada por la Monarquía restaurada, el cual no le satisfacía por defender: la división de poderes, el rey controlaba el poder ejecutivo, el judicial quedaba en manos de los jueces permanentes nombrados por el monarca y el legislativo se compartía entre la Cámara de los Diputados y la Cámara de los Pares, electos, y la Cámara de los pares, designada por el rey.

Posteriormente fue nombrado regente de la Gran Cancillería en Turín y ministro de Estado, aunque fueron cargos más bien honoríficos. En 1819 publicó Du pape, obra destinada a la población rusa para refutar una apología de la Iglesia ortodoxa. Además, sostiene en este libro que en el jefe de la Iglesia católica, el papa, recaía la misión y el deber de guiar a los soberanos de Europa. Es decir, el monarca gobierna una nación, pero a su vez debe estar sometido a una autoridad superior: el papa. Sin embargo, el contenido de dicha obra no fue bien recibido por Pio VII, aunque posteriormente puede considerarse como la pionera de la idea de la infalibilidad papal.

Joseph de Maistre murió el 28 de febrero de 1821.


LOUIS DE BONALD: LA CONSTITUCION NATURAL DE LAS SOCIEDADES.
Nació en Milla u el 2 de octubre de 1754. Estudió en el colegio de Juilly, donde se familiarizo con las lecturas de Descartes, Pascal, etc. En 1785 se convirtió en alcalde de Milla u. Siendo miembro de la Asamblea departamental, se opuso a la Revolución tras las reformas de los constituyentes y el voto de la constitución civil del clero. A finales de 1791 se dimitió para evitar represalias, emigrando a Heidelberg. En esta ciudad, donde el ejército del Príncipe todavía seguía resistiendo la Revolución, tuvo la ocasión de leer a autores tales como Leibniz, quien le influyó muchísimo. En 1796 publicó anónimamente Theorie du pouvoir politique et religieux dans la societe civile, demontre par le raisonement et l’histoire. Seis años más tarde publicó Legislation primitve.

El mensaje central de dichas obras es criticar las teorías del contrato social. Como señalamos anteriormente con otros autores, Bonald no comparte la idea de que la sociedad es resultado de un contrato social, un acuerdo de voluntades individuales. Por ejemplo, argumenta que nadie, absolutamente nadie, puede inventar el lenguaje de la nada. Si mantenemos esta postura es preciso que éste haya sido dada por un ser superior, al cual concibe como Dios. Ahora bien, como el ejemplo del lenguaje, lo mismo diríamos con la sociedad, que es anterior al hombre y obra maestra del Señor. Somos seres productos de la sociedad, y no al revés; pues ésta tiene una existencia inmemorial. Todo esto empuja a Bonald a negar la separación de poderes: el político y el religioso, puesto los dos están mezclados en lo que él denomina sociedad civil, no en el sentido liberal separado de la sociedad religiosa.

Consideraba que el ateísmo estaba muy vinculado con la democracia, el teísmo con la monarquía y el deísmo con la monarquía constitucional. A la familia la concibe como una sociedad a escala micro, donde el triado padre, madre e hijo era el modelo de toda organización social. En esta micro-sociedad al padre le correspondía ejercer el mando; la madre se ocupaba de dar consejos o consuelos; mientras que los hijos no tenían otra opción que obedecer lo dictado por el padre. Esta forma de pensar le llevó a la conclusión de que la monarquía, es el único gobierno legítimo dado por Dios, y la Republica era un régimen inventado por los hombres, sin base divina.

Defendió el mundo agrícola y rechazó el capitalismo. Por eso no son pocos autores que creen que Bonald representa un crítico precoz de la incipiente sociedad industria. La agricultura une a los individuos, mientras que con la llegada de la industria aparece la lucha de las clases enfrentadas: el burgués y el proletariado.

En 1797, Bonald volvió clandestinamente a Paris. Rehusó la oferta de Napoleón de reimprimir su Theorie du povoir si retiraba el nombre del rey de la misma. No se identifica del todo con la restauración monárquica en las manos de Luis XVIII por considerarla algo liberal, pues era partidario de la censura. Sin embargo, como el mismo nos dice no se trataba de atentar contra la libertad de pensamiento, sino más bien lo que desea era poner normas de publicación de artículos.

Louis de Bonald muere el 23 de noviembre de 1840.


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