Tema 4 El idealismo Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo Tema 6



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TEMA 2 DE LA ILUSTRACION AL ESTADO LIBERAL



JOHN LOCKE
Con la Revolución inglesa se ejecutó a un soberano, y la base en la que descansaba la sociedad se situó sobre otro plano: ya no se trataba de un acuerdo entre colectividades y el poder, sino más bien entre individuo y estado y la ley natural se convertía en derechos del individuo. Todos estos acontecimientos influyeron en el pensamiento europeo de la época. Es en este ambiente cuando nace Lock, en 1632, en el seno de una familia de propietarios rurales. En 1666 escribe el Ensayo sobre el entendimiento humano donde aborda cuestiones de conocimiento desde un punto de vista empirista. Un año después, a pesar de su delicada salud, escribió Carta sobre la tolerancia, obra donde defiende que los temas de fe deben ser tratados en un ámbito privado-individual, por lo que nadie debe ser perseguido por profesar ciertas creencias, pues los magistrados no están encargados en velar por la salvación de las almas.

Desde un punto de vista político, su obra más influente es Tratado sobre el gobierno civil, obra muy poderosa que llegó a influir a Mostequieu y voltaire. A su juicio la autoridad no tiene origen divino. Si aceptamos esta tesis, dirá Lock, habría que investigar cuál es el verdadero origen del poder político. Según él, si se parte del estado de la naturaleza los hombres gozan de toda libertad para disponer de personas y bienes sin otra restricción que no sea su propia razón y el derecho grabado en sus corazones, aunque Lock duda que haya existido este tipo de estado, puesto que para que la convivencia no degenere en un caos total es necesario que alguien se encargue de que nadie traspase los límites de la ley natural. Esto implica que todo aquel que no vive aislado suscribe un pacto por el que acuerda someterse a la ley natural. Frente a Hobbes, Lock considera que el pacto para la mejor convivencia no es posterior al estado de la naturaleza.

Cree que el estado de la naturaleza es pacífico. El derecho a preservar la propia vida, y por lo tanto la libertad, no consiste en vivir como a alguien le dé la gana, sino mas bien en someterse en las leyes de la naturaleza. Además de estos dos, hay algo que no podemos separar del hombre: la propiedad privada. Aunque en principio, argumentara Lock, la tierra y todo lo que contiene han sido entregados por Dios el hombre se hace dueño de parte de esta propiedad común a través de su propio esfuerzo, de esta forma lo común se convierte en lo privado.

Por lo tanto, vida, libertad y propiedad privada son derechos fundamentales del ser humano, los cuales sólo pueden perderse en un estado de guerra de todos contra todos. Al investigar el origen de la autoridad se da cuenta de que, aunque todos los hombres nacen libres, la autoridad del padre sobre los hijos es un hecho obvio en toda sociedad. Los padres tienen la obligación de ejercer su autoridad para atender y proteger la prole; de la misma forma los hijos deben estar sometidos a la autoridad del padre. Ahora bien, lo que diferencia una mera agrupación familiar de la sociedad política es que en esta los miembros renuncian su capacidad de decidir y de defenderse por sí mismos. Sólo los que vivimos sujetos a leyes, y disponemos de jueces a los que apelar, vivimos en el seno de una sociedad civil; el resto permanece en el estado de la naturaleza.

Los individuos se integraron voluntariamente en la sociedad política para garantizar su libertad, su vida, y el tranquilo disfrute de sus propiedades. Por eso también la monarquía no puede ser considerada sociedad civil, pues al reunir el rey todos los poderes no puede hallarse un juez imparcial que castigue los abusos cometidos por el príncipe. La sociedad civil sólo es posible si la ley obliga a todos por igual y si se dispone de la separación de poderes. En este sentido, puesto que es el consenso de hombres libres el resultado de la sociedad política, nadie nace súbdito por naturaleza, y la comunidad conserva el derecho a modificar las condiciones del pacto si considera que no está cumpliendo con lo que se había suscrito, es decir la conservación de la vida, la libertad y las posesiones de los individuos y mantener la comunidad en paz y seguridad, se trata de alcanzar el bien común. Para conseguir este objetivo, e independientemente del tipo de gobierno, el poder más importante es el legislativo, el encargado de dictar leyes, racionales y posibles. Los gobiernos absolutos, puesto que difícilmente pueden estar sometidos a leyes, difícilmente pueden producir este bien común. Sometidos al poder legislativo está el poder ejecutivo, cuya misión sería hacer cumplir leyes que rigen el funcionamiento de la comunidad; y el federativo, encargado de defenderla de las agresiones externas. En cuanto al poder judicial Lock, lo considera un aspecto del poder legislativo, aunque depositado en jueces competentes distinto de los legisladores.

Podemos resumir que Lock es un representante del pensamiento ilustrado inglés, basado en el empirismo, el interés por las ciencias, la tolerancia religiosa, el respeto por las peculiaridades individuales y una concepción muy clara de los límites de poder y defensor de una monarquía parlamentaria.


MONTESQUIEU
Los ilustrados franceses consideraban el modelo de gobierno inglés como ejemplo de moderación política y de progreso científico, aunque el suyo presentaba algunas características propias.

Montesquieu nació en 1689. Ejerció de abogado en el Parlamento de Burdeos, institución que llegó a presidir. Fue miembro de la Academia Francesa y colaboró con la Enciclopedia. Murió en 1755. Fue autor de muchos libros, sin embargo, el que aquí nos interesa es Del espíritu de las leyes, publicada en 1735. El objetivo primordial de este libro es determinar los límites dentro de los cuales debe mantenerse la convivencia humana para evitar tanto el desgobierno como la tiranía. Se trata de una muy voluminosa obra dividida en seis partes. A continuación daremos un resumen de cada parte.

En la primera parte define lo que es una ley, ‘’La relación necesaria que se deriva de la naturaleza de las cosas’’. Cree que todo tiene sus leyes, sin embargo, lo peculiar del ser humano radica en que además de estar regido por las leyes de la naturaleza, también le rigen las que el mismo haya creado.

Todos los hombres nacen iguales por naturaleza, pero apenas se integran en una sociedad pierden esta igualdad primitiva, es decir la sociedad es la cuna de toda violencia. Ahora bien, cuando los hombres en la sociedad aceptan estar bajo una autoridad o unas leyes el estado de guerra se convierte en estado político. Respecto a las leyes que han de regir a los individuos en la sociedad, Montesquieu defiende que no solamente han fundarse en la razón, sino también deben adecuarse al pueblo para el que fueron dictadas.

Primero tienen que adecuarse al tipo de gobierno adoptado por el pueblo en cuestión. Así, para las democracias el principio fundamental ha de ser la virtud, mientras que para las aristocracias debería serlo la moderación; las monarquías cuando son dictatoriales, el temor; y cuando son moderadas el honor. Además, la educación de los que viven en cada pueblo debe adaptarse al tipo de gobierno que este pueblo tiene. Ánade que en una democracia, las leyes tienden sobre todo a la igualdad y por ella se debe promover la frugalidad y las costumbres austeras. En la aristocracia debe promoverse la moderación y la sencillez, para prevenir la soberbia de las grandes familias, mientras que en las monarquías se tiende a conservar el honor y la justicia. Las leyes despóticas pondrán su acento en los castigos, este es el peor de los sistemas pues los gobernantes bajo este gobierno les interesa más su seguridad que el progreso de la nación. Un ejemplo típico de este último es Guinea Ecuatorial, que a pesar de poseer tantos recursos provenientes de la explotación del petróleo el país sigue sumiso en pobreza extrema.

El autor concluye esta primera parte señalando las causas de la corrupción de los diferentes tipos de gobierno. La democracia se corrompe cuando los gobernantes ya no son respetados por los súbditos o por no promover igualdad de oportunidades entre los individuos. La aristocracia, cuando el gobierno de los nobles se convierte en arbitrario; las monarquías, cuando crecen demasiado, y la autoridad se dispersa y cuando el rey abusa de su poder y se convierte en tirano. El despotismo es por sí un estado corrupto.

En la segunda parte, aporta información acerca de la seguridad de los estados. Los estados monárquicos, en opinión de nuestro autor, son los más seguros, sin embargo, para evitar que devenga en despotismo es necesario que el monarca este contrapesado por otros poderes, concepto fundamental para alcanzar la libertad política. Los estados pequeños son los más vulnerables, por lo que lo mejor que deben hacer es unirse y formar un ente más grande, esta idea fue muy influente en los padres fundadores de EEUU. En todo estado hay tres tipos de poder: el legislativo, que promulga leyes, las enmienda o deroga; el ejecutivo, dispone de la guerra y la paz y se ocupa de las relaciones diplomáticas y vela por la seguridad política; y el poder judicial castiga los delitos y juzga las diferencias entre los particulares. Un estado moderado es aquel en el que los poderes no se acumulan en la misma persona. Las leyes deben ser justas, producto de la razón para no dar a los ciudadanos la impresión de arbitrariedad.

En la tercera parte, trata de las diferencias que debe haber entre las leyes, según los distintos climas y las diversas costumbres ancestrales. Según él, los climas fríos hacen a la gente más vigorosos y valientes; los climas templados, que sean más voluptuosos, es decir que satisface los placeres de los sentidos y sensibles y más propensos a ser vencidos por las pasiones. Los climas excesivamente calurosos provocan que los hombres sean pasivos y perezosos. Por ejemplo, en los climas fríos hay que ser más tolerante con el alcohol, y en lo países cálidos se necesita más normas de higiene.

La diferencia de climas explica también que los países del Norte hayan tenido, en general, gobiernos libres, mientras los del Sur son despóticos. Aunque habría que señalar, según defiende el mismo autor, con estas observaciones no se trata de justificar nada, sino mas bien aportar causas que han podido influir en los hechos. También hay que tener la fertilidad del suelo. Cuanto más fértil sea ésta sus individuos serán más conformistas, mientras que los países donde se ha desarrollado en mayor medida la industria son más celosos en alcanzar las libertades. Los pueblos que viven de los negocios hay poner mucho cuidado a la hora de fijar impuestos.

Con respecto a las costumbres, estas son tan importantes para las personas que no se deben cambiar bruscamente. Así los habituados a regímenes totalitarios, si desean llegar a una democracia este camino debe ser gradual, no brusco. Este es uno de los argumentos muy usado por dictadores: la democracia debe adecuarse al tipo de costumbres de cada país, no ser importado bruscamente de los países occidentales. Además el legislador debe tomar precaución de no legislar contra el espíritu general de un pueblo, es decir, contra sus costumbres más extendidas en la sociedad. Sin embargo, también señala que las leyes deben ser capaces de modificar costumbres que se consideren obsoletas para la mejora de la sociedad.

En la cuarta parte comenta sobre leyes acerca del comercio y derecho civil en distintos pueblos y momentos históricos y termina con una reflexión sobre el problema de la despoblación en el siglo XVIII.

La quinta parte trata de la relación leyes-religión. Una cuestión central para todo pensador ilustrado era cómo conseguir la tolerancia religiosa. En este sentido, Mostequieu afirma que siempre es mejor tener una religión que estar sin ninguna, pues todas implican el respeto a unas reglas morales. Pero sí hay algunas religiones que son más adecuadas para ciertos países. Por ejemplo, la religión islámica es más adecuada para los estados despóticos, mientras que la cristiana se da muy bien con los pueblos moderados y dentro de esta la católica es mejor para los países monárquicos, mientras que la religión protestante resulta más apropiada para los estados republicanos. En cuanto a las relaciones iglesia-Estado, estas no tienen que ser conflictivas, pues tanto las reglas morales religiosas como las civiles tienden a un mismo fin: que los hombres se comporten bien. Sin embargo, hay que procurar que las riquezas de la Iglesia no crezcan demasiado. Además, cada Estado tiene el derecho de obligar a que las religiones que se practican en su territorio no perturben el orden social. Todo legislador debe tener en cuenta que la conducta individual está regulada por diferentes leyes: esta la ley divina, la legislación eclesiástica, las diversas leyes civiles; y la razón debe decirnos qué tipo de cosas ha de regular cada uno de estos códigos. Afín de que no haya confusión ni conflictos.

En la sexta parte ilustra todo lo dicho anteriormente con multitud de ejemplos sobre la evolución de las leyes romanas o francesas.
DAVID HUME
Nació en Edimburgo en 1711. En 1752 consigue la plaza de bibliotecario en la Facultad de Derecho de Edimburgo, lo que le resulta muy útil para sus investigadores. Por su formación e intereses se le considera como un pensador ilustrado, aunque se interesa en poner límites al pensamiento ilustrado, ya que le parece más idóneo un pensamiento que no se aparte de la experiencia.

En su Tratado de la naturaleza humana Hume adopta una postura que puede llamarse relativista y escéptica: nuestro conocimiento proviene de la experiencia y las ideas son el producto de la elaboración estos datos por la memoria, y son adecuadas si se comprueban su correspondencia con los objetos externos. De ahí que afirme que aunque el principio de causalidad, una idea que nace de una deducción basada en la experiencia repetida, por el hecho de ser una idea, no puede llevarnos a verdades absolutas, sino tan solo altas probabilidades. Tampoco debemos buscar causas primeras cuya existencia estaremos muy lejos de comprobar. Por lo dicho anteriormente concluye que es necesario controlar nuestra razón, ignorando lo que queda fuera del alcance del entendimiento humano. En este punto me gustaría añadir que la razón es incapaz de explicar innumerables casos, por ejemplo, experiencia que tiene una persona que ha estado muerto durante dos o cuatro horas y luego ha vuelto a la vida.

Esta misma desconfianza hacia las especulaciones teóricas la desplaza en sus ensayos sobre política. Considera que los hombres forman una sociedad cuando se someten a una autoridad, buscando satisfacer sus propios intereses. Es verdad que toda autoridad implica un cierto grado de consentimiento, es decir un tipo de grado, sin embargo, el problema está en que la teoría del contrato social no deja de ser esto: una teoría. Se pregunta si hay un documento que pruebe este pacto. Por el contrario, afirma que casi todos los gobiernos que hoy existen fueron originalmente fundados, no en base a un pacto, sino más bien en base de conquistas de unos por otros. Así que no puede decirse, de ningún modo, que es este consentimiento el que otorga legitimidad a los gobiernos. Consideramos legítimo a un rey por que ha heredado la corona de su padre, no porque hemos suscrito un pacto con él, y generalmente la gente permanece obediente a una autoridad siempre y cuando que sus intereses (propiedades o la propia vida), no abstractos como un pacto, no se ven amenazados.

Dentro los tipos de gobierno Hume se decanta por la monarquía parlamentaria inglesa. Lo prefiere porque por encima de todo por las leyes y la prosperidad que ha traído al país como consecuencia de la gran libertad de opinión que permite. Sin embargo, a pesar de alabar este modelo político objeta que este no puede ser el ideal para siempre. Los tiempos cambian y en un futuro otro modelo puede tomar la posición de liderazgo.

Dese cuenta que con todo lo dicho anteriormente Hume da un duro golpe a la teoría del contrato social.
ENMANUEL KANT
En el siglo XVIII, Alemania era un mosaico de principados bastante desigual entre sí. Muchos principados eran bastante pobres, aunque otros se destacaban por su progreso: Sajona o Prusia. Lo mismo podemos decir con los aspectos culturales. Algunos príncipes eran defensores del pensamiento ilustrativo, mientras que otros les decía poco estar atrasados culturalmente. A esto hay que añadir las diferencias religiosas.

Es en este escenario cuando nace Kant, en el año 1724. Su familia era muy humilde, por lo tanto, le costó mucho esfuerzo ganar el pan. Muere en la ciudad que le vio nacer, Konisberg, a los 80 años. Sus escritos más conocidos son los que versan sobre la teoría del conocimiento. En ellos concilia el matrimonio racionalismo-empirismo, estableciendo que el hombre ordena los datos que recibe del exterior a través de los sentidos gracias a una serie de estructuras mentales que le permiten clasificarlos, nombrarlos y manejarlos para luego comprender el funcionamiento del mundo y formular hipótesis científicas. Pero lo más importante de esta tesis es que este conocimiento que es fiable desde el punto vista de lo que percibimos no nos dice nada acerca la verdadera esencia de los objetos fuera del campo de la experiencia. Con esta tesis Kant elimina la posibilidad de la metafísica y da todo un vuelco a la filosofía occidental. Sin embargo, lo que en este ensayo queremos resaltar es su contribución sobre la historia y la vida en común.

Empieza diciendo que la razón es la fuerza emancipadora por excelencia, pues conocer nos hace sabios e independientes. Por otra parte, afirma que la razón es igualitaria, ya que todo ser humano comparte unas estructuras mentales fundamentales, es decir juzga y conoce de manera similar.

Frente a los que defendían que la evolución de la especie humana progresa de forma caótica, señala que el recorrido de que hacen los pueblos, sus historias, se encamina en una dirección especifica: organizarse de la manera más acorde posible con las normas de la razón. Así que el fin último de la humanidad es el libre acatamiento de una ley universal, que traería la paz perpetua. De hecho una de sus obras cumbre la denominó La paz perpetua. Con este texto intenta establecer las bases para lograr una paz duradera entre las naciones. A continuación agrega que es necesario respetar la independencia de todas las naciones por muy débiles que pueden ser. Además, aún en tiempos de guerra no sería normal usar métodos crueles tales como el uso de asesinos a sueldo o armas químicas de destrucción masiva. Piensa que pagar a unos individuos, militares, sólo porque se dedican a matar personas es contra los derechos humanos y pone en peligro la consecución de una paz perpetua, así que habría que deshacerse de todo tipo de ejército.

Para que esta paz perpetua pueda alcanzarse no todas las formas de gobierno son adecuadas. En este sentido, aboga por una monarquía republicana, pues en ella se necesita el consentimiento de los ciudadanos para declarar la guerra. Sin embargo, advierte que no hay confundir democracia con republica: la democracia es la tiranía de la mayoría; mientras que república implica un gobierno en el que el poder del rey está contrarrestado por el legislativo y judicial, además los tres son del todo independiente.

Critica países poderosos que confunden visitar una tierra con conquistarla y que cometen injusticias que destruyen las buenas relaciones con otros países, no consideran a los habitantes de dichas naciones como parte de la humanidad que Dios ha creado. Hoy por hoy un ejemplo típico sería el caso de los EEUU, que sin pruebas de que Irak poseía armas de destrucción masiva, y en contra de la opinión pública mundial, el gobierno de Bush hizo una declaración de guerra a este país solo por hacerse con el control de los recursos petrolíferos, sin importar la cantidad de vida que desaparecerían en dicho conflicto. Estoy totalmente de acuerdo con Kant, quien defendió que la política debe subordinarse siempre a principios más elevados. De no ser así no sería política, sino ocultismo. Para evitar esta situación no hay otro remedio que la transparencia.

Para concluir, invita a todos a contribuir para la llegada de la esperada paz perpetua, que puede ser posible sólo con el respeto mutuo y la benevolencia universal.

TEMA 3 LOS FUNDAMENTOS DE LA DEMOCRACIA: DE ROUSSEAU A LA REVOLUCION FRANCESA



JUAN JACOBO ROUSSEAU
Nace en Ginebra en 1712 en el seno de una familia modesta. Recibió educación gracias a la protección de una viuda, Madame Warens, que más tarde se convertiría en su amante. Herido en sus sensibilidad viaja a Paris, lugar donde conoció a grandes filósofos de la época: D’ Alembert, Voltair, Diderot, quienes le animaron a colaborar en la Enciclopedia. Se gana la vida copiando música y escribe varios libros entre los que destacamos: Discurso sobre el origen de la desigualdad, Contrato social, Emilio, este último es prohibido por la Iglesia. En 1788 un noble culto y humanitario le dona una residencia pequeña, pero agradable y tranquila, pero ya está cansado y enfermo. Murió apenas instalado allí, ¡qué lástima!

Rousseau supo dar voz a una generación cansada con los excesos de la ilustración, su culto a la razón, y que se inclinaba por buscar el renacer de los sentimientos. Aunque ganó enemista con la Iglesia, como apuntamos más arriba, este no fue el caso con la clase media y la mujeres. Todo esto contribuyó a que sus ideas sean propagadas con facilidad.


Las obras breves
En su obra Discurso sobre las ciencias y el arte, parte del supuesto de que las ciencias y las artes tejen guirnaldas de flores sobre las cadenas haciendo que los esclavos del despotismo se sientan felices y, en consecuencia, corrompiendo la humanidad. Cree que el saber es un arma peligrosa, con ella el hombre ha alcanzado un enorme progreso material y tecnológico, pero su moralidad, sobre todo la que tiene que ver con los valores religiosos, ha decaído drásticamente.

En el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, afirma que los hombres en el estado de la naturaleza son todos iguales, aunque diferentes sólo en fuerzas y capacidad. Por lo tanto, todo perfeccionamiento que lleve a la consecución de otros privilegios viene a ser fuente de desgracias. Los hombres en el estado de la naturaleza son buenos puesto que los sentimientos priman sobre la razón. Una vez que el individuo empezó a razonar comenzó a esclavizar a su prójimo, y el exponente de esta esclavitud no es otra sino el derecho a poseer propiedad (el verdadero origen de la sociedad).

Con el nacimiento de la agricultura y la metalurgia las capacidades y la fuerza resultan decisivos a la hora de procurar la subsistencia, así nacieron las diferencias entre ricos y pobres. Sin lugar a dudas, la actual enorme brecha existente entre ricos y pobres habría sorprendido mucho Rousseau. Eso sí anticipó acertadamente esta tendencia desigual. La búsqueda de éxito material en la agricultura y metalurgia trajo consigo un estado de tensiones en la sociedad. Puesto que los ricos se dieron cuenta de que tenían mucho que perder si no se resuelve dicha situación convencieron a los pobres para la realización de un pacto, es decir, un documento que estipulaba que todos estemos sometidos a leyes. Los pobres, ignorantemente, aceptaron el pacto con la plena esperanza de que así podían sacar algo de provecho en el reciente desarrollo económico. Si en embargo, esto no fue así pues mientras que los ricos siguieron sometidos a las leyes; los pobres se sometieron a hombres que se guiaban por criterios del capricho. Las experiencias en muchos países nos demuestran que los ricos siguen siendo ricos y los pobres siguen viviendo y muriendo en la penuria: el pacto no funcionó. Esta aguda sensibilidad por el sufrimiento de los menos favorecidos es el ingrediente que le convirtió en un precursor de las ideas que llevaron a la revolución francesa.

El contrato social
El fondo de dicha obra es averiguar si hay alguna norma para la convivencia que sea legítima. Empieza su discurso con esta frase: “El hombre ha nacido libre, pero se encuentra encadenado por todas las partes”. La asociación humana es obra de los hombres, no de la naturaleza. El derecho deriva del hecho social, no natural, y todos los derechos y libertades o la autoridad se basan en una convención. Esta tesis suponía una tremenda revolución en el pensamiento, pues se echaba por tierra el derecho natural como base de los derechos particulares. Por lo tanto, establecía un concepto diferente de la libertad. Ya no pertenecía al individuo como tal, sino que correspondía al ciudadano, pues sólo él vive en la ciudad.

Rousseau coloca de esta forma el origen de toda sociedad en un acuerdo o pacto para mutua protección y beneficio, y que se origina en la voluntad de los hombres, no en el estado de la naturaleza. Este pacto es el contrato social, que hace a los hombres parte de la colectividad. Como todos participan en la construcción del pacto, la soberanía reside en el pueblo, y si se daña a un individuo que suscribió el pacto se daña a toda la colectividad, pues su acción fue en contra de lo que todos suscribieron.

Ahora bien, las personas por su libertad o creatividad pueden desviarse de lo pactado. ¿Cómo se logra que el cuerpo social no se desintegre? Rousseau responde que a los individuos desviados hay que obligarles a que acaten el contrato que suscribió la mayoría. El contrato, además garantiza la propiedad privada pues las personas firman el contrato, recuerde en la sociedad, ya con sus bienes.

En su segundo libro afirma que la soberanía es colectiva, tiene por objetivo el bien común y no es otra cosa que el ejercicio de la voluntad general. Mientras que el poder puede ser transmitido, no así la voluntad, que es indivisible y siempre procura el bien común. Aunque esto no significa que el pueblo sea siempre infalible, pues con frecuencia lo engañan. Por otra parte, el Estado es una persona moral cuya vida consiste en la unión de sus miembros y los lazos y obligaciones que con él nos unen son sagradas y obligatorias porque son mutuos. Los castigos a los criminales se explican porque han violado lo pactado.

Las leyes son las normas que la comunidad da así misma. Es el pueblo que dicta las leyes y las hace cumplir. Por eso, todo gobierno legítimo es republicano. El objetivo de las leyes puede cifrarse en dos palabras: han de procurar la libertad y la igualdad. Y junto a las leyes escritas hay otras que residen en el corazón de los ciudadanos, que son sus costumbres, la sana opinión o los buenos hábitos: las normas escritas forman el edificio del Estado, pero las que salen del corazón son sus más sólidos cimientos.

El tercer libro se ocupa del gobierno, órgano encargado de la ejecución de las leyes y del mantenimiento de la libertad civil o política. Con respecto a la democracia, esta es más conveniente para pueblos pequeños, sobre todo de costumbres puras, que generalmente no sería adecuado para nosotros que en la mayoría de las veces somos impuros. La aristocracia conlleva en si una desigualdad, que exigiría en los nobles una grandeza del alma para una buena gobernalidad, cualidades que rara vez se encuentran en los individuos. Pasa por ultimo a considerar la monarquía. Para que esta sea buena debe ser presidida por personas con cualidades excepcionales, y además estar atento a las demandas del pueblo, que raras veces llegan a sus oídos. Habría que buscar formulas mixtas que estén adecuado a cada pueblo, sin dejar de considera los distintos climas y el grado de civilización de cada país.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que todos los gobiernos tienden, por naturaleza, a corromperse; por eso todo Estado debe disponer de asambleas, los cuales proporcionan su fuerza vital. Además, los considera como periodos de suspensión y fortalecimiento donde se vuelven a reconstruir la cohesión social. En las grandes naciones no es todo el pueblo el que se reúne, sino unos representante elegidos. De ahí deduce que la voluntad general no puede ser representada. Por lo que toda ley no ratificada en persona por el pueblo es nula, o sea no es una ley. Lo mismo pasa con los gobiernos tanto republicanos como monárquicos.

El libro termina con unas reflexiones sobre las instituciones romanas y la religión. Aunque alaba la religión para las cuestiones privadas afirma que un Estado bien construido necesita, además de una religión civil, el amor a la justicia, a ser ciudadanos libres y a procurar el bien común, entre otras cosas.


LA REVOLUCION FRANCESA
La gran influencia de Rousseau, el impacto de la Revolución americana, las dificultades económicas y las constantes críticas a la Corte habían creado un clima de descontento en la sociedad francesa. Para solventar esta situación el rey convoca en Versalles los Estados Generales. Rápidamente, se da cuenta el rey que las pretensiones del Tercer Estado van mucho más de lo que él puede admitir. Al intento de disolver la Asamblea los diputados se encierran en lo que se ha venido a llamar Juego de la Pelota, renuncian disolverse hasta tanto que se haya redactado una Constitución. El 14/07 el pueblo de París toma la Bastilla, prisión del Estado, y Lafayette organiza la guardia nacional. Estas revueltas continúan en otras provincias francesas. A continuación, en agosto se deroga el régimen feudal, y el 26 del mismo mes se proclama la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.

Sin embargo, en el seno de los revolucionarios también hubo insuperables diferencias con consecuencias de pérdidas humanas. Fue una época sangrienta que posibilitó la paz. Más abajo nos centraremos en tres autores que creemos representan mejor la época de la Revolución francesa.


Sieyes
Nace en 1748 y fue destinado por su familia a ser cura, carrera que hizo hasta alcanzar el grado de obispo. Sin embargo, parece que su vocación se acercaba más a teorizar sobre ciencia política. De ahí que escribió en 1788 Ensayo sobre los privilegios y ¿Que es el tercer estado?, esta última fue su obra más influente.

En ¿Qué es el tercer estado? Comienza precisamente con tres preguntas: ¿Qué es el tercer estado? Todo, pues si una nación subsiste es gracias al trabajo y la administración y todo el primero y el 80 de lo segundo recae en manos de los menos privilegiados. ¿Qué pide? Llegar a ser algo, es decir influir en las decisiones que afectan a la patria o tener los mismos privilegios que tienen otros estamentos. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? Nada. Dejo claro que la nación no será libre mientras que el tercer estado no lo sea, y este ha estado despojado de todo acceso al poder.

El reconocimiento de estos derechos políticos es fundamental. Sin embargo, el pesimismo de nuestro autor le llevó a afirmar que el tercer estado no debe esperar que la corona le de estos derechos, lo que más bien debería hacer es luchar por reconocimiento usando sus habilidades e inteligencia.
Condorcet
Además de filósofo y político fue un gran matemático. Sus opiniones en contra de la esclavitud y a favor de la educación femenina fueron de las más radicales de su época. Al llegar la Revolución interviene activamente siendo diputado en la Legislativa y en la Comisión. Su contribución más sobresaliente fue su Plan de instrucción pública muy avanzado. Sin embargo, es perseguido por su constante amistad con los girondinos, partido forjado durante la revolución que se opuso a la ejecución del rey. Al ser encarcelado, decidió quitarse la vida en la celda.

El libro que queremos comentar aquí se titula: Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, obra que alaba la Revolución como logro universal del espíritu humano.

Antes de adentrarnos a las principales etapas, según señala el mismo autor, permítame decir que Condorcet cree que el motor de todo progreso es la educación. Por lo que es crucial destruir todos los prejuicios y errores mediante la educación.

Para Condorcet el progreso puede dividirse en las siguientes etapas. La primera, la de las primeras agrupaciones humanas. La segunda, la de los pueblos pastores y la invención de la agricultura. La tercera, la del descubrimiento de la escritura. La vida sedentaria posibilita unas costumbres dulces, mayor consideración a la mujer y una mejor educación para los jóvenes. Sin embargo, la vida política sigue dominada por la violencia y la tiranía. La cuarta época es el esplendor de Grecia, la democracia ateniense y el florecimiento de la filosofía. Pero, como señala el autor, los griegos no trataban de eliminar los vicios, sino neutralizarlos. La quinta época es del helenismo y el imperio romano, aquí la filosofía decae y se ahogan la libertades humanas. Sin embargo, su única contribución ha sido la ciencia del derecho. La sexta época corresponde con la Edad Media, momento del reino de las supersticiones y la tolerancia religiosa, la violencia hacia los más débiles. A pesar de esto, son los árabes, en esta los que devolvieron a los hombres sus libertades. La séptima época abarca la baja Edad Media, época caracterizada por la creación de las universidades y el prestigio de las letras. Se activa el comercio y las ciudades se ensanchan. Los reyes empiezan a emanciparse de la Iglesia. Pero todavía los hombres no confían en el poder del pensamiento, dan poco lugar a la razón. La octava época lo identifica con el renacimiento y el despertar de la razón. Además, es una época sangrienta: guerras entre católicos y protestantes. En la novena época, las ciencias siguen progresando, la autoridad retrocede y el prestigio de la iglesia cae por los suelos, y avanza la tolerancia. Por último, llega la época de la división de la humanidad entre los destinados a gobernar y los destinados a obedecer. Sin embargo, gracias a la mayor difusión de la filosofía y a la mayor extensión de la educación la historia que era cosa de unos pocos, de los poderosos, pasa a ser de toda la humanidad.

Afirma que con esa fase, empieza el futuro, es decir, la decima etapa, que no puede predecirse, pero puede prepararse y para que conduzca a un progreso más rápido ha de tenerse por cimiento la educación.
Robespierre
Nació en Arras en 1758 en una familia burguesa, y ejerció como abogado en su ciudad natal hasta que traslado a París, como diputado del tercer estado. Pronto se hizo famoso por la radicalización y firmeza de sus opiniones. Siendo miembro de Salud Publica desarrollará su política de terror tanto contra los moderados como los izquierdistas. Según él, la política del terror es necesaria para la posterior consecución de la paz interna. Todo esto le hace que le vean como un peligroso que puede convertirse en dictador. En julio de 1794 le traman un complot, y tras un intento de suicidio, es guillotinado el 28 de julio de manera apresurada y clandestina.

Robespierre fue muy influido por Rousseau. Cree que la nación es una comunidad de hombres libres. Piensa que es importante la unidad de leyes y costumbres para garantizar la igualdad entre los individuos. Aunque defendió el que la gente tenga propiedad privada, agregó que el estado debe intervenir para establecer los mínimos de mejora de vida para los más necesitados. Apoyó el suministro de la educación al pueblo en los sanos principios y rectos hábitos. Y por último, considera la virtud como el principio fundamental del gobierno democrático. Gracias a la virtud podemos anteponer el interés público a los particulares y procurar el bien de la patria aunque nos cueste grandes sacrificios.


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