Tema 4 El idealismo Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo Tema 6



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INDICE


Tema 1 El triunfo del absolutismo

Tema 2 De la Ilustración al Estado liberal

Tema 3 Los fundamentos de la democracia

Tema 4 El idealismo

Tema 5 Tradicionalismo y Conservadurismo

Tema 6 El pensamiento político norteamericano: de los founding fathers a la consolidación de la nación americana

Tema 7 El liberalismo posrevolucionario

Tema 8 Utilitarismo y Liberalismo en Inglaterra

Tema 9 Del Socialismo utópico al anarquismo

Tema 10 El anarquismo

Tema 11 Karl Marx y el marxismo

Tema 12 El nacionalismo en el siglo XIX

Tema 13 Totalitarismo (I): Fascismo y nacional- socialismo

Tema 14 Totalitarismo (II): El comunismo Marxista-leninista

Tema 15 Los liberalismos de posguerra

Tema 16 Políticas del posmodernismo
ALBERTO IBARRA IDJABE ID# UB24511HSO32851

6/22/2013

INTRODUCCION


Con este ensayo intento ofrecer la historia de las ideas políticas desde el triunfo del absolutismo en el siglo XVII hasta la crisis de los grandes relatos históricos e ideológicos, reflejada en la caída del Muro de Berlín en las postrimerías del siglo XX, y cuya manifestación político-intelectual más novedosa fue el llamado posmodernismo. El libro del que se ha hecho el ensayo es bastante extenso, se trata de 16 temas, por eso el lector interesado para un estudio más detallado puede dirigirse al manual original: Ideas y formas políticas: del triunfo del absolutismo a la posmodernidad.

No obstante, a pesar de presentar al lector la información condensada esto no quiere decir que no se puede aprovechar con lo que aquí se va a exponer. Se trata de un ensayo importantísimo para todo estudiante interesado en temas relacionados con la evolución de las ideas y formas políticas. Si hoy términos como democracia, libertad, Estado, tolerancia religiosa o derecho de propiedad nos resultan familiares en la Antigüedad no fue así. Estos son algunas de las cuestiones que el lector podrá encontrar desarrolladas en este manual. El autor espera, que con este ensayo, el lector encuentre información básica y valiosa para sus futuras investigaciones en el campo de las ideas políticas y reflexión sobre los diferentes tipos de gobierno.


TEMA 1 EL TRIUNFO DEL ABSOLUTISMO

JUAN BODINO

Bodino nace en 1530, época en que en Francia todo el poder estaba concentrado en manos del rey. Después de la guerra de los Cien Años, Luis XI había logrado unificar los territorios que hoy conforman Francia. A pesar de este absoluto poder que el monarca concentraba en sus manos todavía persistían instituciones feudales que ponían en peligro la autoridad real.

Enrique III, por otra parte, que no carecía de talento político supo percibir esta amenaza, lo que le motivó aglutinar en su alrededor gran número de colaboradores intelectuales, uno de estos: Juan Bodino. Bodino estudio primero con los Carmelitas de Paris y luego se trasladó a Toulouse, en cuya universidad fue profesor, y donde publicó sus primeras obras. Tras el asesinato de Enrique III, se une a las tropas de Enrique IV, y tras la toma de Laon, se establece allí, muriendo en 1596. Su obra más influente es Los seis libros de la republica.

El primer libro examina el comienzo y fin de toda república, el cual define como recto gobierno de varias familias que comparten poder soberano. Bodino cree que no es el tamaño lo que hace una república, sino el hecho de haber dado unas leyes justas, tesoro público, territorio y un gobierno; además, de un clima agradable y sano, que favorezca la salud y el bienestar de los moradores.

La familia es el origen de la sociedad política, posición que comparten muchos sociólogos: Augusto Comte, por ejemplo. Un modo de asociación en el que todos se someten a la autoridad del padre. En la república ocurre lo mismo todos se someten a la autoridad del Rey. En este gobierno no es la posibilidad de acceder a un cargo lo que define la ciudadanía, sino la obediencia y reconocimiento del súbdito libre hacia su príncipe soberano, en otras palabras la tutela, justicia y defensa del príncipe hacia el súbdito. Según Bodino el soberano está por encima de las leyes sociales, pero no por encimas de las divinas o naturales, pues estas son las únicas que le frenan. Además, puede nombrar a quien quiere para los cargos públicos, imponer tasas y declarar guerra o paz.

El libro segundo trata de las distintas formas de la organización de la república. Frente lo defendido por el gran filosofo, Aristóteles, nuestro autor no comparte la idea de que haya tres tipos de gobiernos, ni tampoco apoya la idea de un gobierno mixto, ya que para él la soberanía es indivisible, y debe ejercerse sólo por un monarca. Ahora bien, que tal si el monarca se degenera en un tirano, se pregunta Bodino. Su respuesta es algo parcial: si el mal príncipe es un usurpador no merece otra cosa que el cuchillo. Sin embargo, si se limita a ser mal uso de un poder que ha adquirido legítimamente (por elección o herencia) no es licito atentar contra su vida, pues el súbdito jamás esa autorizado atentar contra su príncipe soberano, por perverso y cruel que este sea. La única salida que tiene el súbdito es huir y tratar de evitar el castigo.

El tercer libro trata de la conveniencia de que existan instituciones auxiliares al príncipe soberano: el Senado o los Consejeros. Bodino no da tanta importancia a esta institución, pues sólo debe servir como consultativa. Las decisiones centrales deben ser todas únicamente por el monarca, la máxima autoridad. Además, recomienda que los reyes, con regularidad, convoquen las Cortes, y que estén dispuestos a oír lo que el pueblo habla por medio de sus representantes, ya que el mero hecho de ser escuchados les hace sentir felices.

El cuarto libro trata de la evolución que sufre toda república. Los imperios o reinos, tarde o temprano, se derrumban ya sea de golpe, por un prolongado debilitamiento o por que ha sido conquistado por otro más fuerte. Para demorar este proceso de caída es necesario introducir ciertas reformas en la república. Es también importante no permitir que ningún grupo social esté por encima de los demás.

El quinto el libro trata de las modificaciones que deben sufrir las instituciones según los distintos climas y temperamentos, así como la necesidad de proteger el Estado mediante ejércitos, fortificaciones y una sabia política de alianzas.

El último libro se ocupa del modo de organizar la hacienda pública y distribuir los impuestos, y termina con la exaltación a la monarquía, como organización política más adecuada para la consecución del bien común.


THOMAS HOBBES



INTRODUCCION
Después de la paz de Westfalia, que puso fin a las guerras de religiones, la fragmentación política y religiosa de Europa es un hecho que alcanza hasta nuestros días. Los súbditos tendrán la religión que profese su príncipe. La Europa de potencias, es decir de estados soberanos totalmente independientes entre sí, sustituye a la vieja idea de cristiandad. El Pontificado y el Imperio se disputaron la primacía durante la Edad Media. En ausencia de referentes morales universalmente aceptados, la doctrina de la ley natural fue considerada por los filósofos como punto inicial de discusión en materia moral y política. De ahí que Hobbes vea el estado de la humanidad actual, es decir la vida civilizada, como un progreso respecto a un estado de de lucha de todos contra todos. Hobbes considera que en los tiempos presentes el poder real ha perdido su prestigio de tipo religioso ante el pueblo, y lo han ganado en cambio los diferentes intérpretes de la Biblia que con sus mentiras engañan al pueblo haciéndolo que rebele contra el príncipe. Además, cree que la soberanía es indivisible. Las competencias del Estado y la Iglesia no están separadas: el rey tiene derecho a legislar sobre cualquier tema. Ahora bien, otra cosa es que el monarca delegue esta tarea a otra persona.

Hobbes afirma que es el poder del Estado lo que posibilita que los hombres vivan según la ley natural, o sea sin peligro para su vida. Sin embargo, el Estado no es natural, ni una institución divina; sino una construcción de hombres. Sostiene que el orden no se establece por que todos estén de acuerdo en que sea un orden justo, ni es algo heredado por tradición, ni lo procuran las leyes, sino que se impone siempre por la fuerza y es el que tiene más fuerza el que impone su voluntad a los que tienen menos y esa voluntad expresada es la ley. En el caso de la sociedad civil es el rey quien impone su voluntad.

El individuo en una sociedad civil queda libre de toda coacción que no sea del estado. La marcha de la barbarie a la civilización no la entiende Hobbes como un progreso referente a la moralidad de los individuos, sino a la construcción de los Estados.
EL INDIVIDUO Y SUS RELACIONES
Los elementos del modelo teórico de Hobbes son los individuos no las familias, pues son estos los verdaderos constructores del estado. Son los comportamientos peculiares de los elementos del estado los que impiden el surgimiento de una verdadera ciencia de la sociedad civil. Cree que las pasiones son diversas: honor, riquezas, ciencia, poder, etc. Sin embargo, lo que todos pretendemos, según nuestro autor, es el poder.
La igualdad
Hobbes cree que en el estado de la naturaleza todos tienen derecho a todo, y son todos los hombres igualmente propietarios o no-propietarios, según se mire. En la doctrina de Bodino se parte de una propiedad previa al estado civil que está organizada ya en familias, con su correspondiente régimen de propiedad supuestamente establecido, siguiendo el modelo de Aristóteles. Sin embargo, en el modelo de Hobbes se suponen que los individuos luego pactaran para formar el estado.

En las facultades intelectuales, encuentra Hobbes que la igualdad de los hombres es más evidente aún que en el caso de la fuerza. Lo que tal vez hace de tal igualdad algo increíble es una vanidosa fe en la propia sabiduría, afirma.

Por último, señala Hobbes que la igualdad natural entre los hombres es precisamente la causa de que la lucha continua entre ellos no pueda, técnicamente, cesar, precisamente porque ningún hombre o grupo ni grupo es más fuerte por naturaleza.
La amistad
El hombre no es amistoso por naturaleza, sino un lobo para otro hombre. Los hombres si no fuera por el miedo que tienen a ser derrotados, preferirían siempre la dominación a la sociedad pactada. Los hombres no se aman por naturaleza sino que se temen. Las causas del miedo mutuo son dos: la igualdad natural, que hace vulnerables a todos, y los deseos agresivos de unos hacia otros.

Las causas de la voluntad agresiva son dos fundamentalmente: la rivalidad de ingenios por obtener la gloria, o sea, reconocimiento de los demás; y la lucha por los bienes necesarios para proveer la propia comodidad.

En resumen hay tres razones: el honor, el temor, y el interés por las que los hombres buscan la compañía de otros, y ninguna de ellas es mutua benevolencia.
La libertad
Define esta como falta de impedimento externo al acto voluntario. La libertad, entendida a la manera antigua, como posibilidad de intervención política, es incompatible con el concepto de sociedad civil, pues el poder lo ostenta sólo el soberano y no puede dividirse. De tal forma que el súbdito no le queda más que conformarse con la libertad privada de dedicarse de sus cosas y evitar que lo encarcelen. Por otra parte, el concepto vulgar de libertad, es decir libertad física de acción no impedida por nada es incompatible con la vida social, ya que sin poder ni derecho de coerción no existe Estado alguno.
El estado de la naturaleza
Todos los hombres en el estado de la naturaleza son iguales, absolutamente libres, y es justamente por eso por lo que les hace que sean enemigos unos con otros. Por ejemplo, dentro de un grupo de trabajadores que tienen el mismo nivel de cualificación es más fácil que luchen, entre ellos, por una promoción. El estado natural de los hombres es de guerra perpetua por la inclinación de los hombres a dañarse mutuamente, porque por la igualdad de los combatientes no puede terminar en ninguna victoria. Hobbes cree que la ciencia política no puede buscar las causas de la guerra, sino las causas de la paz, primero teóricamente, a partir de unos correctos sobre la naturaleza de los hombres y sobre la naturaleza de sus mutuas relaciones, después, técnicamente, en la práctica de gobierno.
Las leyes naturales
La ley natural es un dictamen de la recta razón acerca de lo que se ha de hacer u omitir para la conservación. De esta ley primera, que esta ordenada a conservar la vida de los hombres, se deriva la ley fundamental que es buscar la paz. La primera ley especial, que se deriva de la fundamental es que no debe mantenerse el derecho de todos a todo, sino que algunos derechos deben transferirse o se debe renunciar a ellos.
Los pactos
Es un contrato en que uno de los dos cumple su parte y el otro promete cumplirla. Es obligatorio cumplirlo aunque se haya hecho por miedo. Sin embargo, nadie está obligado a recibir muerte o daño corporal sin resistencia. Tampoco está obligado nadie a declarar contra sí mismo o contra su familia en un juicio. El pacto por medio del cual se instituye el estado obliga a no defender a otros de la fuerza pública, no dejar de defenderse a uno mismo.

La segunda ley natural, derivada de la fundamental, es que hay que cumplir los pactos. La violación del pacto se le llama injuria, insulto. En la sociedad civil el delito contra un individuo lo daña, pero el individuo que ha cometido la agresión no comete injuria contra la víctima, sino contra el estado por haber violado lo pactado. Al que comete injuria se le llama culpable, no injusto, y al que no la comete, inocente, no justo. Para el funcionamiento de un estado es irrelevante que la gente sea justa o injusta, lo más importante es que el estado tenga poder de coerción para reprimir toda acción delictiva.


El origen del Estado
Debe buscarse en parte en la pasión, es decir el miedo que todos los hombres sienten; y en parte en la razón, o sea lo que les sugiere que vivir en paz será el mejor remedio de este temor. Ahora bien, lo que impide que la paz reine entre los hombres no es la ignorancia (pues la ley natural prescribe el tipo de comportamiento adecuado para vivir en paz) o de la forma de obtenerla, sino la conformación de la voluntad. Para alcanzar esta voluntad, es decir la política, el resto de voluntades particulares debe ser sometido. En esta sentido, la voluntad política no es otra cosa que el Estado.

El Estado no es una construcción natural, tampoco una institución divina, sino algo que se construye socialmente. Una vez construido no puede ser de-construido por ningún particular, ya que está dotado de unos derechos y propiedades muy diferentes a los de los particulares que lo construyeron.

Frente al concepto de libertad política en la aristocracia en el que los hombres libres participan en el poder político Hobbes afirma que el poder no puede dividirse, es decir, recae sólo en la persona que gobierna que generalmente es el rey. Esta idea es fundamental si nos damos cuenta que permite concebir que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, a excepción del monarca. La libertad absoluta, concedida al rey, se convierte en poder absoluto, y con este llegamos a una sociedad civil. Lo que diferencia una asociación política de cualquier otra es que en aquella el rey tiene poder absoluto o potestad soberana. Así que el hecho de que el estado sea una construcción de particulares no quiere decir que todos tengan los mismos derechos: el monarca está siempre por encima de las leyes civiles.
La naturaleza del Estado
Cuando un hombre consigue tener un número de siervos tan elevado que lo protegen de ser atacado por otros podemos decir que esta agrupación de siervos y amo es un estado. Ahora bien, en un estado despótico el señor adquiere sus ciudadanos por su voluntad; mientras que en el instituido, los ciudadanos, por voluntad suya, se imponen a su señor. Hobbes, frente a lo que afirma Aristóteles (hay distintos modos de autoridad: la autoridad política, propia de hombres libres; la despótica, amos respecto a sus esclavos; o la parental), afirma que el hecho esencial de toda autoridad es que la voluntad de todos se someta a la voluntad del que gobierna el conjunto. Entiende, Hobbes, el poder político como un medio para obtener la paz, pues en el estado de la naturaleza el hombre es lobo para otro hombre.

El pacto de no resistencia al poder del soberano debe ser doble: cada uno se compromete con cada hombre a no dañar el amo designado por la mayoría; y segundo cada uno se pacta con el soberano a no resistir su poder para acudir a un tercero. Con respecto a las cuestiones de valor Hobbes cree que todos deben seguir los valores del soberano.

Por otra parte, afirma nuestro autor que en el estado no puede haber libertad política, porque la libertad política implica libertad de algunos frente a otros que están atados al margen de la potestad soberana a la que todos voluntariamente pactaron someterse.

Las únicas formas de Estado instituido se establecen con arreglo al número de los que ostentan la soberanía: monarquía, aristocracia y democracia, aunque el poder del soberano en los tres tipos de gobierno es el mismo y el grado de obediencia a ellos debida por parte del ciudadano, la misma. El régimen monárquico tiene muchas ventajas prácticas, aunque los abusos de poder representen el mal de este modelo. Tampoco el gobierno mixto libra al particular de ese inconveniente, pues si las diferentes partes están de acuerdo este queda sometido a esa soberanía como si fuera única, sin embargo, cuando no hay acuerdo entre las partes del gobierno mixto es fácil que se llegue a un aguerra civil: el peor de los males. Los que comparan el Estado con un cuerpo incurren en el error de designar al que ostenta el poder supremo como la cabeza de este cuerpo. La cabeza serian, más bien, los consejeros del soberano, y este el alma del estado: el oficio de la cabeza es aconsejar, pero el del alma es mandar.

El poder soberano tiene las siguientes atribuciones:

Espada de la justicia, por el que defiende a la comunidad del enemigo interno.

Espada de guerra, defender la comunidad del enemigo externo.

Derecho de juicio, solo a él le corresponde juzgar si la guerra es justa o no. Respecto a los asuntos de los particulares estos serán juzgados por un tribunal instituido por él. Ahora bien, si no hay ley sobre el caso el soberano decidirá a su arbitrio.

Derecho legislativo, promulgar las leyes civiles que definan tuyo, mío, justo, injusto, bueno o malo.

Derecho de censura, aunque el soberano no tiene derecho a inquirir sobre las opiniones o creencias de los particulares, pero si tiene derecho a prohibir toda doctrina que considere que merma el establecimiento de la paz social.

Derecho de impunidad, el soberano no está sujeto a las leyes civiles, pues las leyes civiles son la expresión de su voluntad.
ESPINOZA Y LA LIBERTAD
Fue expulsado de la iglesia por enfrentarse contra su doctrina. Tampoco fue bien recibido por las autoridades gubernamentales, además, su simpatía con el racionalismo le hizo blanco de diversos insultos. Sin embargo, no por ello sus obras no tuvieron éxito. Su obra más importante, en el que trabajo durante algo más de 20 años aplica el método de la demostración matemática y de deducción lógica para explicar la naturaleza del hombre. Considera a Dios como un ser pensante y libre, cuyo esquema mental se refleja en el orden de la naturaleza; de esta semejanza pensante afirma que el conocimiento humano es capaza de conocer la verdad. Por compartir este entendimiento divino, que es del todo bueno, no podernos despreciar ni odiar a nadie, además la filosofía nos ha enseñado que no se pude oprimir a los ciudadanos ni convertirlos en siervos, sino gobernarlos de tal forma que pueden obrar libremente. En resumidas cuentas cuanto más ejercitemos nuestro entendimiento más fácil nos llegaremos a la felicidad y la perfección.

Otra obra suya es Tratado teologico–politico. En esta obra, haciendo uso de su método racionalista, hace un crítica a los textos sagrados, es decir intentó demostrar que la Escritura no es palabra de Dios, sino una obra humana que se puede cuestionar su contenido como cualquier otra. Está de acuerdo que Dios nos habla, pero no atreves de ningún texto escrito, sino por medio de la razón que ha depositado en nosotros. De ahí que una de las tareas de todo estado es fomentar prácticas que cultiven la razón.

Criticó los autores de textos políticos porque consideraban las pasiones como un vicio, y no como algo inherente a la naturaleza humana. Para él, las pasiones son realidades necesarias.

En el segundo capítulo del Tratado político trata sobre derecho natural. Cree que la naturaleza es mucho más que la razón, pues incluye también lo irracional. Sin embargo, defiende que sólo con la razón, no la naturaleza, los hombres establecen unas normas de convivencia encaminadas al bien común, la que introduce la noción de justo e injusto, y en fin la fuente de la noción misma de derecho.

En el tercer capítulo habla acerca del derecho político, es decir de normas generales de las que se derivan las leyes. Recae sobre las autoridades establecidas por la sociedad la función de juzgar y castigar a los infractores y dirigir las relaciones con otras potencias, hacerles la guerra o firmar la paz. Sin embargo no podrán legislar sobre las creencias de los ciudadanos o conductas que atenten contra su propia vida o seguridad. Una cosa que hay tener en cuenta, dirá Espinoza, es que los legisladores deben apoyarse siempre en la tendencia universal de todos los hombres: su conservación de vida y mejora.

En el capítulo cuarto, otorga al poder político la atribución de cambiar las leyes según la conveniencia.

El quinto capítulo se pregunta sobre el fin último de la sociedad, que no es otro que la búsqueda de la paz y la seguridad de la vida. Puesto que la verdadera paz nace de un acuerdo, no de la ciega sumisión, exige que los individuos acaten lo que dicen las normas y vivan como hombres racionales y libres.

A continuación pasa a analizar los diferentes tipos de gobierno. El hecho de que todos deben estar sometidos a unas leyes, resultado de la aplicación de la razón humana, no resulta idóneo que el poder descanse en manos de uno solo, pues en estas condiciones es más fácil estar sometido al capricho del monarca. Para él, el poder monárquico debe estar acompañado de un con Consejo numeroso. Cree que no es recomendable que haya una religión del Estado, ya que la devoción y la fe son cuestiones netamente privados. Esta, de la misma manera, en contra de que se use el dinero público para pagar a los ejércitos, pues se supone que los soldados luchan por la libertad de su patria y este es su mayor recompensa. Respecto a los miembros del Consejo estos sí merecen un salario, porque trabajan por el bien común, iluminando con su saber las vías para hacerlo.

Frente al gobierno monárquico aboga por uno aristocrático pues en este poder es compartido, además, es más adecuado para la conservación de la libertad: fin del estado. Recomienda de igual forma que se fomente las artes y las ciencias para disponer de hombres preparados.

En el último capítulo, que quedó si acabar, se detiene en analizar la democracia. Para él, es el gobierno más adecuado para la conservación de la libertad, pues en él todos los ciudadanos son iguales y tienen el mismo derecho a elegir y hacer elegidos. Sin embargo, cree que este derecho sólo recae sobre los varones, ya que para él las mujeres son inferiores en talento y aptitudes, siendo incapaces de ejercer el poder para la consecución de la paz.


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