Tema 1: características del lenguaje humano



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LENGUA

BACHILLERATO

TEMA 1: CARACTERÍSTICAS DEL LENGUAJE HUMANO





  1. Características del lenguaje humano frente al de algunos animales




  1. Sistemas de comunicación humana:




  1. Distintos tipos de signos empleados en la comunicación humana. Su clasificación

  2. El signo lingüístico y sus características
  1. Características del lenguaje humano


La comunicación es el rasgo más característico de la vida en sociedad. Con frecuencia pensamos que la comunicación es una característica exclusiva de los seres humanos, y sin embargo, son muchas las especies que posen sistemas comunicativos. Uno de los ejemplos clásicos es el de las abejas, como puedes ver en este texto:

El mundo de las abejas está cada día más lleno de sorpresas. Si siempre ha llamado la atención la perfección con que construyen sus panales, más notable es lo que se ha denominado el lenguaje de las abejas.

El sabio entomólogo austríaco Karl von Frisch ha estudiado las llamadas danzas de las abejas, mediante las cuales la abeja orienta a sus compañeras hacia las fuentes de provisión de néctar que ha localizado previamente.

Al regresar una abeja del campo, comienza una danza que gira primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda; con esto informa de que ha encontrado flores de las que trae el néctar, a unos 50 metros de distancia de la colmena. El mayor o menor vigor de la danza depende de que el contenido en azúcar sea superior o inferior al 40 por ciento. La abeja indica además la situación del lugar del hallazgo en relación con el Sol mediante una corta carrera emprendida al acabar la danza: si en ella baja verticalmente frente al panal, indica que hay que volar en dirección recta alejándose del Sol; si se desvía hacia la izquierda d la vertical, por ejemplo 50º, esto quiere decir que hay que volar con igual ángulo, y así sucesivamente para cualquier posición. La distancia mayor de 50 metros la indica la abeja por la repetición del ciclo de danza y carrera.

El proceso desarrollado por la abeja en esta danza de orientación es semejante a lo que llamamos lenguaje o habla privativo de los humanos. En efecto, la abeja en este caso ha debido recordar la distancia que ha recorrido, establecer la triple posición del Sol, la colmena y la fuente de alimento, y transportar el mapa del terreno así obtenido del plano horizontal de la realidad al plano vertical del panal ante el que efectúa su gráfica demostración.

El Tesoro de la Juventud, tomo 15 (adaptación)

Efectivamente, la danza de la abeja –y sucede lo mismo en muchas otras especies animales- recuerda a la actividad lingüística del ser humano. Tanto en el caso de la abeja como en el del hombre, se produce un acto de comunicación en el que intervienen los mismos elementos: un emisor (la abeja que ejecuta la danza), un receptor (las abejas que están en el panal), un mensaje (existencia de flores), un código (la danza que efectúa) y un canal de comunicación (visual).


Aunque hay otras formas de comunicación, la comunicación humana tiene una serie de características específicas. En el siguiente texto se señala la diferencia fundamental entre la comunicación verbal y otros tipos de comunicación:


Hay un rasgo de importancia capital que sólo se da en el lenguaje humano. Se trata de la capacidad de comprender y producir un número infinito de enunciados. Esta propiedad del lenguaje se conoce bajo diferentes nombres. Chomsky la denomina creatividad, mientras que otros autores la llaman apertura o productividad.

Los seres humanos pueden hablar de cualquier cosa que deseen –por ejemplo, de un ornitorrinco que se cae de espaldas escaleras abajo- sin crearse ni crear a sus interlocutores ningún tipo de problemas. Pueden decir lo que quieran cuando quieran. Si suena un trueno, no tienen por qué pronunciar automáticamente una frase apropiada a este suceso, como por ejemplo “Hay tormenta, corramos a buscar cobijo”. También pueden decir “¿No te encantan las tormentas?”, o “Hay que meter al perro”, o incluso “Según una leyenda china, el trueno provoca el choque de dos dragones en una tina”.

En contraste con ello, la mayor parte de los animales tienen un número fijo de señales mediante las cuales trasmiten un número también fijo de mensajes que emplean en circunstancias claramente definidas... Incluso el impresionante mono vervet sólo dispone de un repertorio de treinta sonidos vocales diferenciados y, dado que entre ellos figuran el estornudo y el vómito, el número real de los que usa para comunicarse comprende unos cuantos menos. Dentro de esta gama, las posibilidades de elección son limitadas, ya que por lo general las circunstancias indican cuál es la llamada que debe usar; la cría separada de su madre emite el grito rrah de soledad, y la hembra que quiere ahuyentar a un macho que la requiere emite el grito anticopulatorio de queja.

Jean Arrchinson: El mamífero articulado.

Efectivamente, existen características específicas de la comunicación de los seres humanos. Aunque la fundamental es justamente su creatividad, no es la única.

El ser humano posee un sistema comunicativo enormemente complejo y eficaz. Tiene, como hemos visto, algunas características exclusivas y otras que no encuentran un desarrollo tan completo en ninguna especie animal. De esas características, éstas son las más importantes:



  • Creatividad. Capacidad para construir nuevos enunciados que nos permiten trasmitir nuevas experiencias a nuestros receptores. Existe una capacidad infinita para expresar y comprender el significado empleando elementos conocidos de oraciones para producir otras nuevas (a diferencia del conjunto limitado y fijo de llamadas que emplean los animales).

  • Desplazamiento. Capacidad para referirse a hechos que no se hallan espacial o temporalmente presentes. Esta característica es fundamental para el progreso cultural y técnico y no se da en ninguna otra especie animal. Gracias a ella podemos transmitir nuestros descubrimientos a los demás. (A diferencia de la mayoría de los animales, que reflejan los estímulos ambientales inmediatos).

  • Semanticidad o arbitrariedad. Capacidad del lenguaje humano para utilizar símbolos para significar o referirse a objetos y acciones. Los elementos del signo no dependen de la naturaleza de la realidad a la que se refieren (a diferencia de la velocidad de la danza de la abeja, que refleja de modo directo la distancia de la abeja, que refleja de modo directo la distancia del néctar desde la colmena).

  • Dualidad. El lenguaje humano se caracteriza por poseer una doble articulación. Esto lo estudiaremos ampliamente al referirnos al signo lingüístico. Adelantamos que los sonidos que forman las palabras no tienen un significado intrínseco, sino que se combinan de modo diferente para formar elementos (como palabras) que trasmiten significado (a diferencia de las llamadas animales, que no pueden analizarse en dos niveles de estructura similares a éstos).

  • Dependencia de la estructura. Los mensajes verbales no se constituyen a partir de la simple suma de unidades léxicas, sino que éstas se organizan en una estructura jerárquica superior. También lo veremos por extenso en el apartado de las características del signo lingüístico.

  • Transmisión cultural. El lenguaje es una capacidad innata del ser humano, es decir, todos los niños nacen con la posibilidad de desarrollar el lenguaje. Pero para que esa capacidad llegue a desarrollarse es necesario que se produzca su transmisión de una generación a otra fundamentalmente por medio de un proceso de enseñanza y aprendizaje (a diferencia de la capacidad de las abejas para comunicar el lugar donde se encuentra el néctar, que se transmite de modo genético). La mejor prueba de esta característica nos la ofrecen los niños que se crían aislados del resto de los seres humanos. Normalmente, superada una determinada edad, no desarrollan el lenguaje o lo hacen de un modo muy rudimentario.

  • Intercambiabilidad. Los hablantes de una lengua pueden reporducir cualquier mensaje lingüístico que puedan comprender (a diferencia de las distintas conductas de cortejo de machos y hembras en varias especies).

  • Retroalimentación total. Los hablantes oyen todo lo que dicen y pueden reflexionar sobre ello (a diferencia de las exhibiciones visuales que a menudo realizan los animales en el cortejo, que no son visibles para quien las realiza).

  • Especialización. Las ondas sonoras del habla no tienen otra función que señalar el significado (a diferencia del jadeo audible de los perros, que tiene un propósito biológico)

  1. Sistemas de comunicación humana:

Pero el lenguaje humano puede estudiarse atendiendo no sólo al lenguaje verbal, sino a los distintos sistemas de comunicación humana. En este campo, que sería el de la Semiología o Semiótica,se estudiarían todos los sistemas de signos posibles empleados por el hombre para comunicarse.

Vivimos rodeados de signos. Constantemente los producimos y los entendemos. Una palmada afectuosa, una palabra de saludo... son capaces de comunicarnos algo; es decir, nos transmiten un significado, nos llevan a una realidad. Un plano material, sensorial: todo signo tiene que ser perceptible por los sentidos; y un elemento significativo: aquello que el signo nos comunica. A ese plano material del signo lo llamamos significante y a lo que nos comunica el signo le llamamos significado.



  1. Distintos tipos de signos:

Los signos pueden clasificarse utilizando distintos criterios. Dentro de los signos humanos, que son los que nos ocupan en este tema, podemos distinguir entre:

  • Signos verbales: los que se utilizan en la comunicación basada en la palabra.

  • Signos no verbales: gestos, imágenes, etc.

Atendiendo al canal comunicativo por el que se transmiten, se puede hablar también de:

  • Signos visuales: una señal de tráfico, una palabra escrita.

  • Signos auditivos: un pitido, una palabra hablada.

  • Signos táctiles: un codazo, una palabra escrita en Braille.

Atendiendo a la relación entre su significante y su significado tenemos:

  • Indicios: signo que mantiene una relación natural, de causa-efecto con el significado. El humo es signo de la existencia de fuego, la fiebre lo es de la enfermedad, las canas son indicio de vejez...

  • Iconos: se llaman iconos a los signos que mantienen una relación de semejanza con su referente. Un retrato es un signo icónico de una persona, de la misma forma que un plano lo es de una ciudad. Las onomatopeyas – tic-tac, miau- también pueden ser consideradas iconos.

  • Símbolos: son signos que de un modo convencional se utilizan para transmitir significados, sin que presenten con ellos ni parecido ni ningún otro tipo de relación motivada: las banderas, la notación química, la representación de las notas musicales de un pentagrama y las palabras que utilizamos en la lengua hablada y escrita.

  1. El signo lingüístico y sus características

De entre todos los medios de comunicación que el hombre utiliza, la lengua ocupa el lugar de honor. Con ella podemos construir todo tipo de mensajes sin limitaciones temáticas; podemos hablar de lo presente y de lo ausente; de la realidad más inmediata y de aquello que sólo es producto de nuestra imaginación. Conviene, pues, intentar describir la naturaleza y funcionamiento de este complejo medio comunicativo haciendo hincapié en las características de sus elementos mínimos significativos, los signos lingüísticos (las palabras habladas o escritas):

  • Los signos lingüísticos se emiten con una clara intencionalidad comunicativa. Cierto que no todo es intencionado en un mensaje lingüístico. A partir de determinada emisión oral, el receptor puede extraer ciertas informaciones a propósito del hablante: su edad, estado de ánimo, procedencia social. Pero no podemos confundir estas deducciones, que el hablante transmite en principio sin pretenderlo, con el significado lingüístico que el hablante intenta comunicar.

  • El mensaje lingüístico tiene como soporte la materia fónica, acústica. Este carácter hablado, oral, de las lenguas humanas no puede quedar oscurecido por la importancia que en nuestra cultura ha adquirido la escritura, sistema visual sustitutorio, surgido de la necesidad de dar permanencia a lo que en otros tiempos, sin los medios técnicos de que hoy disponemos, era obligadamente efímero y limitado en el espacio. En efecto, el signo fónico sólo permanecía lo que duraba la emisión de voz y sólo alcanzaba a un receptor o receptores relativamente cercanos. El signo lingüístico es, pues, de carácter oral, fónico. Ello no quiere decir que en la comunicación intervengan en exclusiva los signos lingüísticos. Los gestos, las diferentes expresiones que adopta el cuerpo –signos visuales todos-, colaboran eficazmente en la interacción comunicativa. Pero estos signos pertenecen a otro código y no podemos confundir lo expresado lingüísticamente con lo que comunicamos por otros signos, si bien la interrelación que entre ambos mensajes se establece en un acto de comunicación concreto es evidente.

  • El signo lingüístico es arbitrario. La relación que existe entre sus dos caras, significante y significado, es de naturaleza convencional. No existe ninguna semejanza entre la secuencia fónica correspondiente a la palabra botón y el objeto conocido de todos que ella nos evoca. La arbitrariedad del signo lingüístico, si bien no es una cualidad que este signo tenga en exclusiva (pensemos, por ejemplo, en el código de señales emitidas gracias a un tambor, o en algunas señales del código de la circulación), es una característica fundamental del lenguaje humano y un hecho que nos muestra la experiencia más inmediata: aunque para el hablante nativo las asociaciones que su lengua ha consagrado le parezcan naturales, la existencia de los diferentes idiomas que sirven para expresar la experiencia humana le llevará a lo equivocado de su primera intuición. Por ejemplo, el español perro, el francés chien, el inglés dog o el portugués cao remiten a un mismo significado. Lo dicho anteriormente se ve parcialmente negado por la existencia de las onomatopeyas, signos cuya configuración fónica guarda evidente semejanza con la realidad expresada, y que han nacido de una intención imitativa: traqueteo, cacarear, croar, bisbiseo, barbotar, susurrar, etc. La importancia numérica del vocabulario de origen onomatopéyico es relativamente escasa en el conjunto del léxico de una lengua; de hecho, la onomatopeya suele ser considerada como un fenómeno marginal dentro del vocabulario. (En la lengua inglesa el número de onomatopeyas es mayor)

  • La lengua es un sistema de signos. Esto implica dos hechos:

  • La existencia de unidades bien definidas.

  • Su organización o combinación de acuerdo con reglas también definidas.

Es decir, la lengua está organizada de modo que en ella existen signos estables (en cuanto a su significante y a su significado). Palabras como mar, río, arroyo, por ejemplo, no pueden, en principio, ser descodificadas libremente; tienen un significado que la lengua ha establecido y que el hablante de un determinado idioma, en circunstancias normales, no puede modificar. Esto permite que ese hablante distinga los siguientes mensajes:

He navegado por el mar.

He navegado por el río.

He navegado por el arroyo.

En suma, la estabilidad del signo es lo que asegura la comprensión lingüística.

Ahora bien, los signos no están aislados en la lengua. Su presencia simultánea, hace que se opongan delimitándose entre sí: hablamos de la existencia de la categoría morfológica del singular porque existe el plural, de modo que el singular es aquello que no es el plural. Singular y plural constituyen en nuestra lengua un subsistema constituido por dos elementos. Veamos un ejemplo en el terreno del léxico. Según las respectivas definiciones que figuran en el Diccionario de la Real Academia Española:

Río.m. Corriente de agua continua y más o menos caudalosa que va a desembocar en otra, en un lago o en el mar.

Arroyo.m. Caudal corto de agua, casi continuo.

Si comparamos ambos signos, observamos, en primer lugar, que la diferencia entre los significantes asegura la distinción entre los significados. En segundo lugar, nos damos cuenta, en el terreno del significado, de que los dos términos están emparentados, comparten un elemento común: designan una corriente de agua. Pero, al mismo tiempo, percibimos diferencia



Río

Arroyo


‘caudal continuo’

‘casi continuo’

-

‘corto’

Estas diferencias hacen que no podamos usar indistintamente ambos signos, que no sean intercambiables a la hora de designar con ellos una determinada realidad. Pero podemos imaginarnos una lengua que despreciase estas diferencias y en la que sólo existiese un signo para designar cualquier corriente de agua, fuesen cuales fuesen sus características. En este caso, la situación sería distinta y no tendríamos dos signos diferentes que, como antes señalamos, al oponerse, se delimitan mutamente.

Por otra parte, no hablamos, a no ser ocasionalmente, mediante signos aislados. Se produce el natural encadenamiento en la cadena hablada. Y nosotros no podemos combinarlos más que siguiendo las pautas que nos vienen marcadas por cada lengua en particular. Así la concordancia oracional es obligatoria en español. Igualmente, las formas personales del verbo no admiten el morfema de género ni los determinantes pueden combinarse con total libertad yendo antepuestos o pospuestos indistintamente, etc. Secuencias como las siguientes son imposibles.

*Mis amigas se está retrasando demasiado.

*Amigas mis (o mías) se están retrasando demasiado.

El carácter sistemático de la lengua, con ser un rasgo fundamental para definir su naturaleza, no es una característica exclusiva de ella. Así, las luces (roja, verde y ámbar) que regulan la circulación constituyen un verdadero sistema, en el que cada elemento tiene un significado estable, no por sí solo, sino por oposición o contraste con los otros, de modo que el color rojo, por ejemplo, puede tener otro significado en un sistema diferente.



  • Los mensajes lingüísticos son lineales. Hablamos mediante combinaciones de signos que se emiten sucesivamente, es decir, siguiendo la línea del tiempo. Este rasgo, que no es exclusivo de las lenguas naturales –pensemos en la proyección de una película cinematográfica-, opone los mensajes lingüísticos, en cuanto a su producción y recepción, a otros mensajes, como los plásticos: un cuadro, por ejemplo. No existe un orden prefijado para su contemplación y comprensión: podemos comenzar con una visión global y luego descender a los detalles, o viceversa; podemos iniciar la contemplación por la derecha o por la izquierda, por la parte superior o por la inferior. Frente al carácter sucesivo del mensaje lingüístico, en un cuadro los diferentes elementos que lo componen forman un todo simultáneo, que se expresa en el espacio.

  • La doble articulación del lenguaje. Si analizamos cualquier mensaje lingüístico, observamos que podemos hacer una doble segmentación. En primer lugar, podemos dividirlo en unidades mínimas significativas, llamadas monemas, dotadas de una forma fónica y de un significado, es decir, que reúnen todos los requisitos de un signo lingüístico. Así, la siguiente oración:


Cuatro gatos maúllan.

Puede descomponerse en los siguientes monemas:



Cuatro / gat-/ -o -/ -s / maúll-/-a-/ -n.

Llegamos a la conclusión de que esta segmentación es la correcta mediante el método de la conmutación. Si cambiamos, por ejemplo, las unidades cuatro, gat- y maúll- por dos, perr- y ladr- nos encontramos con que reconocemos el mensaje obtenido como perteneciente a nuestra lengua:



Dos perros ladran.

Pero ha cambiado su significado ligüístico: las variaciones de la forma fónica han traído consigo un cambio de significado.

Lo mismo sucede si conmutamos gatos por gat- as. Llegamos a la conclusión de que, en este caso, el cambio de la vocal o por la a conlleva un cambio de significado: el que expresa la alternancia entre el género masculino y el femenino. Igualmente podremos conmutar la s de gatos por su ausencia, con lo que nos encontramos con la expresión de la categoría del número. Podemos enfrentar maúlla a maulló, y así descubrimos la expresión tanto del tiempo como del aspecto verbales. Por último, si conmutamos maúlla por maúllan, nos damos cuenta de que la n expresa, en este caso, la noción de plural en el verbo. Cada una de las unidades obtenidas puede formar parte de un número incalculable de mensajes.

Cuatro niños pasean.

Dos gat- os juegan

Vari-o-s amig- o- s charlan.

Más que hablar, aquella mujer maull- aba.

Cobr- a mucho dinero.

Gast- a – n cantidades fabulosas.

Las unidades significativas así obtenidas constituyen la primera articulación del lenguaje y, como hemos adelantado, se denominan monemas. Es fácil observar que no coinciden necesariamente con la palabra.

Pero no se detiene aquí el análisis. Tomemos cualquier unidad de la primera articulación: casa. Podemos distinguir en ella cuatro unidades, cuya pronunciación aislada representaremos así: /k/, /a/, /s/, /a/. Aplicando la ley de la conmutación, se obtendrá una unidad significativa distinta, simplemente cambiando /k/ por /p/: pasa; o por /m/: masa; o por /l/: cala, y así sucesivamente. Observamos que un mínimo cambio formal en el significante lleva aparejado un significado totalmente distinto, sin que podamos afirmar que la unidad conmutada signifique, por sí misma, el cambio que se ha operado: la /p/ no significa el concepto de pasa ni ninguna de sus características, como puede comprobarse oponiendo pata a bata. En suma, las unidades lingüísticas /k/, /s/, /a/, aisladamente, carecen de significado; su función es meramente distintiva. Tienen por misión distinguir significantes, que remitirán a diferentes significados, pero en sí mismas, no están asociadas a significado alguno.

Llamamos fonemas a estas unidades mínimas distintivas, que tienen forma fónica pero no significado, y que, combinadas de una determinada manera, constituyen los significantes. Son las unidades de la segunda articulación del lenguaje.


En suma, la doble articulación del lenguaje en unidades significativas y unidades distintivas constituye el rasgo diferenciador de las lenguas naturales frente a otros sistemas de comunicación. Este carácter permite que, a partir de un conjunto finito y relativamente corto de fonemas (variable según las lenguas), podamos construir un número elevadísimo de unidades portadoras de significado. La lengua no está obligada a ligar indisolublemente un significado complejo a una expresión fónica totalmente diferente en cada caso. Tiene la posibilidad de contar con unidades estables, de diferente rango, que, en sucesivas combinaciones, de acuerdo con las posibilidades y restricciones que ofrece el sistema de cada lengua en particular, producen un número infinito de mensajes. Este rasgo hace de las lenguas naturales instrumentos comunicativos económicos y eficaces, aptos para transmitir los contenidos más simples o los más complejos, expresados variadamente y en número incontable.

En castellano, además de los fonemas, como rasgos distintivos también tenemos el acento y la entonación, lo que conocemos con el nombre de los rasgos suprasegmentales.

En nuestra lengua, el acento se realiza mediante el aumento de la intensidad espiratoria (y la elevación del tono) en una sílaba determinada de la palabra.


Esa sílaba, acentuada o tónica, contrasta con las inacentuadas o átonas.

El español posee acento libre, a diferencia d otras lenguas (por ejemplo, el francés, que tiene acento obligatorio en la última sílaba). Esta libertad acentual permite que la posición del acento de intensidad haga posible la distinción de significados. Palabras o segmentos más amplios constituidos por la misma secuencia de fonemas, pero con diferente esquema acentual, remiten a significados diferentes: ánimo/animo/animó; líquido/liquido/liquidó; práctico/practico/practicó; lámina/lamina; suministro/suministró; revólver/ revolver, etc.

Esta mayor intensidad relativa que adquiere una determinada sílaba acentuada, en la medida de su valor distintivo, es un rasgo que nos viene dado por la lengua. Pero en condiciones comunicativas concretas, dependiendo de los intereses del emisor, de la presencia de ironía, de énfasis, etc., el hablante puede convertir en acentuadas sílabas átonas:

El préstamo que me pides es imposible.

Cuando producimos un enunciado, no nos limitamos a la mera sucesión de fonemas, sílabas, signos, etc., sino que esta secuencia va acompañada de otro elemento de carácter fónico que se superpone a ella, llamado entonación. En efecto, cada una de las sílabas se dice en un determinado tono (más grave o más agudo), de lo que se deriva que el enunciado se produzca con una determinada melodía. Esta melodía tiene una doble función: unificar como un todo la secuencia que constituye cada enunciado y dotarla de un significado independiente del expresado por la simple sucesión y combinación de fonemas.

Si comparamos los siguientes enunciados:

Ya se ha fijado las fechas de los exámenes.

¿Ya se han fijado las fechas de los exámenes?

Nos damos cuenta de que están constituidos por la misma secuencia de fonemas, morfemas y palabras, pero no tienen el mismo significado. En el primer caso se asevera; en el segundo, se pregunta. Y esta diferencia se expresa lingüísticamente mediante dos curvas melódicas (o sucesión de tonos) distintas.

De este hecho se deriva el que la entonación no sea un simple añadido superpuesto, sino que tiene carácter de signo. El significante viene dado por una determinada curva melódica, que remite a un significado: una modalidad igualmente determinada del enunciado, entendiendo por modalidad la actitud del hablante ante lo comunicado. En nuestra lengua existen cuatro curvas de entonación distintas, que responden a las modalidades fundamentales del enunciado: enunciativa, interrogativa, imperativa y exclamativa.

Los planos de análisis del lenguaje

Al hablar emitimos linealmente unas secuencias fónicas que tanto el hablante como el oyente asocian a un significado global:

Prepárame una taza de café.

Esta operación tan cotidiana esconde, de hecho, un mecanismo muy complejo, en el que intervienen simultáneamente aspectos diferentes de la lengua que sólo la abstracción nos permite distinguir:

  • Emitimos una secuencia de sonidos, que reconocemos como fonemas, combinados de acuerdo con unas determinadas reglas propias de cada lengua. Por ejemplo, una secuencia cono *Pferd no sería correcta en español, y sí lo es en alemán (donde significa ‘caballo’). Al mismo tiempo intervienen los que hemos llamado rasgos suprasegmentales: el acento y la entonación. Todo ello pertenece al plano o nivel fónico de la lengua, su soporte perceptible. La parte de la Lingüística encargada de su estudio sería la Fonética.


  • La combinación de fonemas produce signos que nos remiten a un significado, a los que hemos llamado monemas. De estos nos interesan aquellos cuyo significado nos remite a una realidad extralingüística: pan, mar, casa, fiel, bien, amar evocan en nuestra mente seres, cualidades, procesos, etc., que están en la realidad, esa realidad de la que estamos hablando. Estas unidades constituyen el plano léxico de la lengua. La Semántica sería la disciplina que se encarga de su estudio.

  • Por último, los signos, se combinan en diferentes unidades (palabras, sintagmas, oración), siguiendo unas reglas combinatorias propias de cada lengua. Todos los hablantes de español reconocemos como incorrectas las siguientes secuencias: *los niño; *los perro medita; *salí mis amigos con; *lo ayer hice. Estas normas de formación, de combinación, lo más abstracto del lenguaje, constituyen el nivel morfosintáctico. La Morfología y la Sintaxis se ocupan de su estudio.

Definición de lenguaje

La gran amplitud del término “lenguaje” es un problema por todos reconocido. A pesar de que las definiciones son muchas, podríamos agruparlas en tres según presenten una visión más amplia o más restringida del término.

En primer lugar, tenemos los que consideran que “el lenguaje es el medio por el cual los animales (incluido el hombre) se comunican o se piensa que se comunican entre sí”.

Otros piensan que se trata de un término sólo aplicable a la actividad humana y lo definen como “un modo sistemático de comunicar ideas o sentimientos mediante el uso de signos, sonidos, gestos o marcas convencionales que tienen significados comprensibles”.



Los últimos estrechan aún más el cerco y entienden por lenguaje “la facultad de expresión verbal y el uso de palabras en el trato humano”



  1. Características de la comunicación humana hablada frente a la de algunos animales

Si ya la definición del término lenguaje es algo en lo que los lingüistas no se ponen de acuerdo, imagínate a la hora de definir las características del lenguaje humano. Nosotros vamos a intentar definirlas según un estudio realizado por el lingüista americano Charles Hockett, que parte de la definición de lenguaje como la facultad que tiene el ser humano de comunicarse a través de signos verbales frente a los animales. En este sentido sus características serían las siguientes:

  • Canal auditivo-vocal: se emplea el sonido para salvar la distancia entre la boca y el oído, en contraposición a un medio visual, táctil o de otro tipo.

  • Transmisión emitida y recepción direccional. Cualquier sistema auditivo puede oír una señal a su alcance y es posible localizar la fuente por medio de la capacidad auditiva para localizar sonidos.

Desvanecimiento rápido. Las señales auditivas son transitorias y no esperan a que el oyente esté dispuesto a oírlas (a diferencia de las huellas de un animal o de la escritura).




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