Tea 2016 Análisis de los Medios



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TEA 2016

Análisis de los Medios

Ficha de cátedra- Enunciación

Werner Pertot

La Teoría de la Enunciación es una corriente que trabaja con el estudio de la subjetividad en el lenguaje. Por enunciación se entiende el poner a funcionar el sistema de la lengua en un acto individual de utilización del habla. Es el acto de producir un enunciado. Lo que estudia esta teoría es cómo esa acción deja marcas en el discurso. Entre los principales autores, se encuentran los lingüistas franceses Émile Benveniste, Katerine Kerbrat-Orecchioni y Oswald Ducrot.



Enunciación

Benveniste fue el primero de ellos en trabajar la enunciación. Para este autor la enunciación se produce cuando un locutor moviliza la lengua para decir algo (por las dudas: por locutor, acá vamos a entender cualquier persona que habla o escribe, no un locutor de radio). La enunciación supone convertir la lengua (el sistema abstracto de reglas y signos) en discurso (es decir, en enunciados concretos y que ocurren en una situación de enunciación específica).

El locutor enuncia su posición mediante indicios que quedan inscriptos en su discurso. Implanta a un otro delante de él, dado que toda locución postula implícita o explícitamente un alocutario (una conversación supone una persona que escucha, pero también un diario implica lectores, un programa de televisión, una audiencia, etc). El locutor emplea la lengua en una relación con el mundo.

En la enunciación, el locutor se convierte en el centro de referencia interna del discurso. ¿Qué quiere decir esto? Que el uso del “yo” y del “tu” se organiza en torno a la persona que habla. El tiempo presente también coincide con el presente del que habla. Y además todos los índices de ostención o deícticos, como por ejemplo la distancia con las cosas (decir “acá” o “allá” o que algo está lejos o cerca tiene como punto de referencia donde está parado el locutor).



Revisemos uno por uno estos índices vinculados al locutor:

  • Las relaciones de persona: Benveniste indica que hay una disparidad dentro de los pronombres personales entre la primera persona (yo) y la segunda persona (tu) con respecto a la tercera persona (él). El “yo” designa al que habla (locutor). El “tu” designa a la persona a la que se le está hablando (alocutario). Como se puede ver, ninguno de los dos tiene una referencia en sí misma. Por ejemplo, “perro” significa “animal de cuatro patas con cola, dientes, etc”. Hay una definición más o menos estable de lo que es un perro. En cambio, “yo” no contiene un significado de este tipo, sino que quiere decir “la persona que está enunciando en esta instancia de discurso” mientras que el “tú” es “el individuo al que se dirige la alocución”. De esta forma, tanto el “yo” y el “tu” obtienen su referente de la situación de enunciación. (“Yo” se refiere a la persona que está diciendo “yo”, es decir, que pueden ser distintas personas en distintas situaciones). No pueden pensárselos fuera de una situación de enunciación. En el discurso, la situación siempre está planteada y centrada en el yo, por eso se dice que el yo es transcendente con respecto al tu (sin “yo” no puede haber “tu”).

  • La tercera persona (él) en cambio está en otro plano que las otras dos: no es una instancia que remita al discurso. “Él” puede ser una infinidad de personas, mientras que yo/tu tienen una unicidad específica en la situación de enunciación: el “yo” es siempre el que enuncia y el “tu” es siempre al que se le dirige en una determinada enunciación. En cada acto de enunciación, son únicos e irrepetibles. En cambio, “él” no está ligado de esa forma a la situación de enunciación.

  • Además, en una conversación, pueden invertirse: al que le dicen “tu” (o “vos”) puede decir “yo” y situar a su interlocutor en el lugar de alocutario (“tu”). Los roles se intercambian todo el tiempo en cualquier conversación cotidiana. El “yo” es un signo móvil que puede ser asumido por cada locutor. En cambio, la tercera persona (él) no es invertible.

  • En síntesis, el “yo” es una persona subjetiva, interior al enunciado y trascendente sobre el “tu” (insistimos: el “yo” constituye el “tu” y no al revés). El “tu” es una persona no subjetiva (no yo) y exterior, mientras que “él” es una no persona (porque no es una instancia de la enunciación). Gráficamente:

Persona
+ -

Subjetiva

+ -
Yo Tu Él


  • Hay que tener en cuenta que, en ese gráfico, el “tu” se encuentra más cerca del “él” que el “yo”. No es casual: implica que puede impersonalizarse con más facilidad (por ejemplo, en frase donde se usa “tu” en forma general y no hablando de una persona en particular: Cuando nadie te escucha, es frustrante).

  • El plural de la primera persona (nosotros), para Benveniste, no es una multiplicación de objetos idénticos (el nosotros no es “muchos yo”), sino que genera una totalidad nueva. Benveniste distingue, de hecho, dos tipos de nosotros: el nosotros inclusivo (yo y no-yo, donde el “tu” está incluido) y un nosotros exclusivo (yo y ellos, sin el “tu”, que queda excluido). El “yo” es siempre constitutivo del nosotros. Para Benveniste, el único plural que suma entidades iguales es el “ellos” (una suma de él + él + él). Kerbrat también plantea que el “ustedes” o “vosotros” es una suma de objetos (tu + tu + tu). Pero en nosotros nunca es yo + yo + yo, porque hay una sola posición que puede ocupar el “yo”.

  • Las formas temporales: también se organizan con el “yo” como el centro de la enunciación. El presente siempre coincide con el momento de la enunciación y sirve como parámetro para designar el pasado y el futuro. Es importante observar que la temporalidad no es innata ni está en el mundo: es producida por la enunciación. De la categoría de presente (el aquí y ahora) nace la de tiempo.

  • Otros índices de ostensión o deícticos también se organizan en torno al yo como los pronombres demostrativos (este, ese) y algunos adverbios de instancia espacial (aquí, allí/ cerca, lejos) y temporal (ayer, hoy, mañana, pasado mañana). Es importante diferencia los deícticos, que se referencian al tiempo de la enunciación de los relativos al cotexto. Ejemplos:







Deícticos

Relativos al cotexto

Simultaneidad

En este momento, ahora

En ese momento, entonces

Anterioridad

Ayer, anteayer, el otro día, la semana pasada, recién, hace, un rato

La víspera, la semana anterior, un rato antes, poco antes

Posterioridad

Mañana, pasado mañana, el año próximo, dentro de dos días, pronto, en seguida

Al día siguiente, dos días después de eso, desde entonces, un poco después, a continuación

Neutros

Hoy, el lunes, esta mañana, este verano

Otro día




  • También algunos verbos como ir y venir (ir presupone que el lugar donde termina el proceso no coincide con el del locutor y venir presupone que sí está el locutor allí o bien que se encontrará allí cuando termine el proceso. Ejemplo: ¿Vas a venir a TEA?, supone que “yo” estoy en TEA o que voy a estarlo cuando vengas. Si no sería: ¿Vas a ir a TEA?).

  • Se los llama deícticos porque indican en forma simultánea al presente de la situación de enunciación. La deixis es una indicación contemporánea de la instancia del discurso que porta la indicación de persona (deixis, de hecho, viene del griego δεῖξις y significa “lo que indica”). El sentido de todas estas expresiones proviene de la enunciación y no se puede entender sin ella. Ejemplos: Si alguien dice: “Pesqué un pescado así de grande”, el gesto que indica el tamaño es un requisito indispensable para completar el sentido de “así”. Lo mismo si una persona dice en un supermercado: “La caja está allá”. Si no señala hacia algún lugar, no es posible entender donde es “allá”.

  • Los deícticos son un conjunto de “signos vacíos” cuya referencia no es por relación al mundo, sino a las instancias de enunciación del propio discurso. Se “llenan” cada vez que un locutor los asume en un discurso (Kerbrat indica que el sentido de esos deícticos no varía –“yo” es siempre el que habla- sino el referente, la instancia del mundo a la que refieren en cada caso). ¿Por qué son importantes? Para Benveniste, son lo que garantiza el paso de la lengua (como sistema abstracto) a discurso. Son las marcas de un enunciado realmente producido.

  • ¿Cómo se relaciona esto que plantea Benveniste con el discurso periodístico? El discurso de los diarios, sobre todo, se caracteriza por intentar borrar las marcas de enunciación, en especial el uso de la primera persona (“yo”) y de la segunda (“tu”), que no aparecen en una nota de diario salvo que sea dentro de una cita. Benveniste señala que a aquellas instancias de discurso que no deben remitir a ellas mismas sólo le queda la tercera persona. “Nadie habla. Los acontecimientos parecen contarse ellos mismos”, indica. Esta descripción que hace Benveniste es una de las mejores que existen sobre la ilusión que busca generar el discurso periodístico: es como si los hechos se contaran a sí mismos. En realidad, es una operación por la que se intenta borrar todas las marcas de la presencia del locutor. Pero hay indicios de la subjetividad en el lenguaje que no se pueden borrar y que aparecen incluso en el discurso periodístico.



Subjetividad en el lenguaje
Para Kerbrat-Orecchioni, la enunciación es el conjunto de los fenómenos observables cuando se pone en movimiento el conjunto de elementos comunicativos durante un acto particular de comunicación. Lo que se estudia es el enunciado y se buscan los procedimientos lingüísticos con los que el locutor deja su marca en el enunciado. Los deícticos son esas huellas del locutor en el enunciado: se organizan alrededor de sus coordenadas temporales y espaciales.

Benveniste señalaba que el hombre se constituye en sujeto por el lenguaje y en el lenguaje. La subjetividad es la capacidad del locutor de plantearse como sujeto. “Yo” es el que puede decir: “Yo”. El lenguaje está profundamente marcado por la subjetividad. Kerbrat llama subjetivemas a las unidades de la subjetividad. Incluyen a los deícticos, pero también a otros tipos de palabras. Un subjetivema es una unidad significante cuyo significado presenta el rasgo subjetivo y cuya definición exige la mención de su usuario.

Además de los deícticos que ya mencionamos, otros subjetivemas son:


  • Los sustantivos afectivos y evaluativos: Son axiológicos porque se basan en un sistema de valores (no es lo mismo decir “el argentino” –más objetivo- que decir “el egoísta” –depende de un sistema de valores del que lo dice-). Se localiza la subjetividad en el nivel del significado de la unidad léxica. A diferencia de los deícticos, los axiológicos son implícitamente enunciativos, lo que permite crear una “subjetividad objetivada”: se presenta una evaluación como una propiedad del otro. En muchos casos derivan de adjetivos. Por ejemplo: el vago fue despedido. El pretexto de la falta de dinero. Es un imbécil. Es un genio. En todos interviene un juicio de valor. Este tipo de términos suelen ser eliminados de un discurso con pretensiones de objetividad como el periodístico. Pero no siempre. Titulo de Clarín del 24/12/15: La insólita excusa de un gobernador K para no presentarse a la Justicia.

  • Los adjetivos subjetivos: No todos los adjetivos son subjetivos (algunos ejemplos de adjetivos objetivos: soltero/casado, argentino/ruso/inglés, macho/hembra, un color). Los subjetivos se pueden dividir en afectivos (desgarrador, alegre, patético, espectacular) o evaluativos. Los primeros no se pueden enunciar sin poner en juego la afectividad del locutor. Los evaluativos pueden ser axiológicos (bueno, lindo, correcto) o no axiológicos (grande, lejano, caliente, abundante). Los axiológicos parten de un juicio de valor del enunciador. Los no axiológicos sin enunciar un juicio de valor o un compromiso afectivo implican una evaluación cualitativa o cuantitativa. También ocurre con los llamados deícticos modales: El dudoso hecho, el probable asesinato, el posible candidato. En todos los casos de adjetivos subjetivos, el hablante no puede pronunciarlos sin verse implicado.

  • Modalidad: Para Benveniste el yo es el indicador de subjetividad que permite caracterizar la actitud del locutor hacia el enunciado que profiere. Esa caracterización se conoce como modalidad. La modalidad de enunciación puede ser declarativa, interrogativa, imperativa o exclamativa.

En el discurso que intenta ser objetivo, se busca borrar toda huella de la existencia de un enunciador. Cuando el discurso periodístico se permite comentarios subjetivos, busca marcarlos como tales (por ejemplo, las secciones de opinión). Sin embargo, podemos encontrarnos muchos de estos subjetivemas en las secciones de los diarios que se pretende que sean “objetivas”.

Polifonía

Para Ducrot, la enunciación es la actividad lingüística ejercida por el que habla en el momento en el que habla. Su Teoría de la Enunciación Polifónica se dedica a identificar la presencia en el discurso de voces distintas al autor del enunciado. Para el discurso periodístico es útil observar cómo se construye ese juego de puntos de vista y que perspectivas privilegia el que habla o escribe.

El locutor, para Ducrot, pone en escena una serie de voces y de puntos de vista sobre los que adopta diversas actitudes. Algunos serán traídos para reforzar su propio punto de vista, otros para mostrarse concesivo y luego refutarlos, otros para criticarlos o ponerlos en ridículo.

Ducrot distingue al hablante real, de carne y hueso, de la figura creada por el discurso, dado que no siempre coinciden (Por ejemplo, un cartel en un tacho de basura que dice “Gracias por utilizarme”, donde el “yo” no coincide con la persona que lo escribió, o bien una leyenda en un colectivo que dice “si me ves fuera de recorrido, ¡auxilio! ¡Me están robando”: allí el “yo” se refiere al colectivo).

A la figura lógica que toma la responsabilidad de la enunciación y a la que aluden las marcas del “yo” le llamará locutor. Lo que va a analizar Ducrot es este personaje discursivo, que deja huellas en el discurso, no al sujeto empírico. Como señalamos, hay discurso, como el del periodismo, que borran las marcas del yo para intentar producir un efecto de verdad, porque no se atribuyen los hechos a nadie. Sin embargo, quedan marcas de distintas operaciones que hacen con los puntos de vista involucrados.

Este locutor pone en juego una serie de puntos de vista en su discurso a los que Ducrot llama enunciadores (insistimos: no son personas, no es alguien que habla, son puntos de vista, perspectivas en un discurso). Algunos ejemplos de cómo se ponen escena distintos enunciadores:



  • Aserción: cuando se afirma algo, el locutor se identifica con el enunciador (con el punto de vista) que se pone en escena.

  • Negación: En cambio, cuando se niega algo hay dos puntos de vista. Un punto de vista es el que niega (Enunciador 1) y un segundo punto de vista corresponde a la afirmación subyacente (Enunciador 2). El locutor se va a identificar con el primero (E1), con la negación. El otro enunciador puede quedar abierto, sin referencia específica, o bien puede ser atribuido a un punto de vista concreto. Esto significa que cuando se dice: No traje las llaves hay dos enunciadores: E1 No traje las llaves y E2 Traje las llaves. Subyace el punto de vista afirmativo. Otro ejemplo:

-Pedro no vino.

-Lástima, eso me hubiera gustado.

¿A qué se refiere el “eso”? A que Pedro viniera, que es el enunciador afirmativo subyacente. Otro ejemplo: Juan no es inteligente, al contrario, es tonto. ¿Por qué se dice “al contrario”? Porque la segunda parte están encadenando con el enunciador subyacente “Juan es inteligente”. En cambio: Juan no es inteligente, es más: es un imbécil. Está encadenando sobre el enunciador negativo. Un tercer ejemplo de esto: Los despedidos no son ñoquis tiene como punto de vista subyacente el afirmativo: “Los despedidos son ñoquis”. Esto implica que alguien podía estar diciendo que eran ñoquis y la frase funciona implícitamente como respuesta. O también puede estar en forma explícita el punto de vista atribuido: Los despedidos no son ñoquis como afirmaba el Gobierno. Allí se puede observar que el enunciado “como afirmaba el Gobierno” se encadena con el segundo punto de vista, el afirmativo subyacente (sabemos el Gobierno afirmaba que “los despedidos son ñoquis” y no lo contrario). Podemos decir, entonces, que la negación es como una pequeña obra de teatro que pone en escena dos puntos de vista contrapuestos.



  • Adversativas: En el caso de las construcciones con “pero” se presentan cuatro puntos de vista, de los cuales dos son conclusiones contrapuestas. Supongamos este diálogo:

-¿Compro este shampoo?

-Es caro, pero el mejor.

Es caro, pero el mejor pone en juego dos enunciadores (E1: es caro; E2: es el mejor), que dan lugar a lo que Ducrot llama dos enunciadores conclusivos, es decir, a dos conclusiones contrapuestas: (E1: es caro – E3: no lo compres; E2: es el mejorcompralo). El locutor siempre se identifica con el segundo enunciador (el que viene después del “pero”). El orden de las palabras es importante. Si se invierte la respuesta del ejemplo: Es el mejor, pero es caro, la conclusión puede ser la contraria: no hay que comprarlo. Gráficamente, se puede ver así.

X PERO Y

R -R
Donde X e Y son los enunciadores y R y –R son los enunciadores conclusivos (el segundo se opone al primero: hay que comprarlo / no hay que comprarlo). Las adversativas como esta ponen en juego entonces puntos de vista encontrados, pueden usarse para mostrarse concesivo. Por ejemplo: Es cierto que el televisor es voluminoso, pero es liviano. Donde la primera parte es una concesión, que luego se ve refutada por el segundo punto de vista. Hay ejemplos peores: Puede ser que haya habido excesos, pero había que combatir al terrorismo.
Veamos un ejemplo de todo esto junto en un título de La Nación del 4/5/2015:

Presión tributaria

Bajan Ganancias, pero con alcance limitado y aún sin precisiones

La medida beneficia a los que ganan hasta $ 25.000; no incluye cambios en las escalas ni en el mínimo no imponible; Kicillof dijo que beneficiará a 68% de los que hoy pagan; la resolución se conocerá hoy

En este caso, se presentan dos enunciadores. E1: “Bajan ganancias” y E2: “con alcance limitado y sin precisiones”. Los enunciadores conclusivos son opuestos: en un primer caso señala una noticia que puede evaluarse como positiva y en el segundo caso la noticia es negativa. Como vimos, el locutor (en este caso el diario) se identifica con esta última posición. También podemos ver la negación en la bajada: “No incluye cambios en las escalas”, que incluye el enunciador afirmativo subyacente: “Incluye cambios en las escalas”. Si bien no se lo especifica, podría ser un enunciado posible en el contexto de situación (imaginemos si la bajada hubiera seguido: “no incluye cambios en las escalas como pedía la CGT”). En este ejemplo, se pueden encontrar deícticos (“se conocerá hoy”) y otras marcas de subjetividad como la elección del sustantivo axiológico “presión” tributaria. La idea de que los impuestos “presionan” sobre empresas y personas no es natural, sino que parte de un determinado juicio de valor y forma parte de los presupuestos de quien titula.



Como podemos ver, por más que se borran los rasgos de enunciación como la primera y la segunda persona, el discurso periodístico no puede borrar los rasgos de argumentación y de subjetividad que tienen la negación como las adversativas utilizadas (también puede haber otros indicadores de la orientación argumentativa. Ejemplo: La inflación de febrero fue de apenas 4% / fue de casi 4%). En el ejemplo anterior vimos además que aparecen una serie de presupuestos.

  • El presupuesto es lo que proporciona un marco de discurso. Por ejemplo, en una pregunta el presupuesto es lo que se conserva en la respuesta (excepto con las negaciones que rompen el marco de discurso). Por ejemplo, en la pregunta: “¿Por qué no viniste?”, la presuposición es que “no viniste” y la respuesta incluiría “No vine porque…”. O si se dice: “Pedro dejó de fumar”, el presupuesto es que fumaba. En “Los hijos de Juan no fueron a la escuela” se presupone que Juan tiene hijos. Si se le contesta a esa frase: “Juan no tiene hijos”, se está rompiendo el marco de discurso. Es importante poder analizar los presupuestos en el discurso periodístico porque son otra forma en la que se puede encontrar marcas del enunciador. Por ejemplo en este título de Clarín del 10/4/14: “Paro sindical contra la inflación y el ajuste”, se presupone que hay inflación y que hay un ajuste. Según Ducrot lo expuesto y lo presupuesto representan dos puntos de vista: el primero es un enunciador que se asimila al locutor; el segundo en cambio es asimilado a una voz colectiva (un SE, en el sentido de “se” dice tal cosa o “se” piensa tal otra) en cuyo interior se sitúa el locutor, pero no necesariamente se hace cargo de lo que se dice. Por eso son tan difíciles de discutir los presupuestos. En el caso anterior, la idea que se supone es todos sabemos que hay inflación y que se está haciendo un ajuste. Pero esto no está afirmado. Se lo coloca en el lugar de una voz colectiva. Quien intente discutirla puede ser objeto de burlas.

  • En las nominalizaciones (ver ficha sobre Análisis Crítico del Discurso) se juegan fuertemente los presupuestos. Ejemplos: La degradación de la situación, el mejoramiento del nivel de vida. Para Ducrot, en esas nominalizaciones se hace aparecer un enunciador con el que el locutor no se homologa, pero que homologa a una voz colectiva (a un SE). El locutor se puede incluir en esa voz colectiva o no. Siguiendo uno de los ejemplos anteriores: El mejoramiento del nivel de vida es un invento del Gobierno, es un caso en el que el locutor toma distancia de lo presupuesto en la nominalización. En muchos casos, la presuposición sirve para no asumir la afirmación de su contenido sino ponerla en el lugar de una voz colectiva. Una operación nada inocente.

La prensa escrita y la enunciación
El semiótico argentino Eliseo Verón plantea que en el caso de los medios masivos no hay una situación de enunciación. Los discursos que se producen son dirigidos a cualquiera que pueda encontrarse en situación de recepción (y no a un alocutario específico, como plantea Benveniste para una enunciación, por ejemplo, en un ámbito de una conversación). Eso no quiere decir que los medios no construyan un co-enunciador imaginario: un lector ideal. Es lo que en marketing se suele llamar el target. Para Verón, se postula una imagen del lector con la que algunas personas deberán identificarse si el medio quiere ser comprado y sobrevivir.

La especificidad de un medio sobre sus competidores no se construye sobre los contenidos, sino sobre la estrategia enunciativa que busca construir un determinado vínculo con sus lectores. Estas estrategias, dice Verón, se pueden describir por el reconocimiento de ciertas operaciones que se revelan como sistemáticas en un medio determinado. Verón analiza, por ejemplo, una serie de estrategias de las revistas femeninas. Encuentra dos: la estrategia de la complicidad con la lectora, la estrategia de la distancia pedagógica. En esta última, el destinatario puede ser interpelado, pero nunca se lo pone a hablar en primera persona (Ejemplo de título: Prepare con calma la vuelva al colegio).

En el otro caso, la estrategia de la complicidad, se pone en escena el discurso del co-enunciador (Titulo: Lo amo pero lo engaño. Bajada: ¿Cómo perder ese mal hábito?). Verón observa que son distintos enunciadores en el título y en la bajada. En esta última, se reacciona ante la “confesión” del co-enunciador construido por el medio. La idea de que es un “mal hábito” aparece como compartida por el enunciador (la revista) y el co-enunciador (la lectora). Esto representa una estrategia enunciativa diferente del primer título, en el que la revista mantiene al co-enunciador a distancia. En el segundo caso, se busca genera complicidad. Otro ejemplo: Título: Estoy tan fea. (45 pequeños consejos cuando nos sentimos calamitosas). Aquí se puede observar claramente el uso del nosotros inclusivo que analizaba Benveniste, que busca incluir en el mismo “nosotros” a la lectora y al enunciador que es la revista.

Para Verón, todas esas marcas de la enunciación remiten a las condiciones de producción del discurso de la información. Cuando se analizan medios, Verón remarca que no hay que quedarse en el análisis de contenidos, sino observar sobre todo las marcas de su enunciación. En la prensa escrita, se pueden encontrar anclajes estructurales de la enunciación dentro de un género


Bibliografía


  • Benveniste, Emile. 1974 (2008). Problemas de lingüística general. Buenos Aires, Siglo XXI.

  • Ducrot, Oswald. 1984 (1986). El decir y lo dicho: la polifonía en la lengua. Barcelona, Paidos.

  • Kerbrat-Orecchioni, Catherine. 1983. La enunciación. De la subjetividad en el lenguaje. Buenos Aires, Hachette.

  • Verón, Eliseo. 1986. “Théorie de l’énonciation et discours sociaux. Etudes de Lettres”. Paris, Laussannne, p. 71-92. (“Teoría de la enunciación y discursos sociales”)





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