T. S. Eliot «El mundo nunca acabará de dar las gracias por Chesterton». George Bernard Shaw «Innecesario hablar de la magia y del brillo de Chesterton»



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«Chesterton amerita una permanente reiteración de nuestra lealtad».

T. S. Eliot

«El mundo nunca acabará de dar las gracias por Chesterton».



George Bernard Shaw

«Innecesario hablar de la magia y del brillo de Chesterton».



Jorge Luis Borges

«Todo libro de investigación social moderna tiene una estructura de algún modo muy definida. Empieza por regla general con un análisis, con estadísticas, tablas de población, la disminución de la delincuencia entre los congregacionistas, el crecimiento de la histeria entre los policías y otros hechos igualmente comprobados; acaba con un capítulo que normalmente se llama "La solución". Suele deberse casi enteramente a este cuidadoso, sólido y científico método el hecho de que "La solución" nunca se encuentre, pues este esquema de preguntas y respuestas médicas es un disparate; el primer gran disparate de la sociología. Siempre debe declararse la enfermedad antes de que encontremos la cura. Pero es la entera definición y dignidad del hombre lo que, en cuestiones sociales, nos impone encontrar la cura antes de encontrar la enfermedad».



G.K. Chesterton

Traducción de Mónica Rubio

G. K. Chesterton (Londres, 1874—Beaconsfield, 1936). Cultivó la práctica totalidad de los géneros literarios. Entre sus escritos más conocidos se cuentan su Autobiografía (1936; Acantilado, 2003), la colección de relatos El hombre que sabía demasiado (1922; Acantilado, 2007), una Breve historia de Inglaterra (1917; Acantilado, 2005), los ensayos reunidos en Herejes (1905; Acantilado, 2007) y en la antología, preparada por Alberto Manguel, Correr tras el propio sombrero (2005).



G. K. Chesterton

Lo que está mal
en el mundo

Traducción del inglés


de Mónica Rubio

B a r c e l o n a 2 0 0 8 § A c a n t i l a d o

Título original: What’s Wrong with the World

Publicado por:



Acantilado

Quaderns Crema, S. A., Sociedad Unipersonal

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Tel.: 934 144 906 - Fax: 934 147 107



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© by The Royal Literary Fund

© de la traducción, 2008 by Mónica Rubio Fernández

© de esta edición, 2008 by Quaderns Crema, S. A.

Todos los derechos reservados:

Quaderns Crema, S.A.

ISBN: 978-84-96834-73-6

Depósito legal: B. 1666 – 2008

Aiguadevidre Gráfica

Quaderns Crema Composición

Romanyà-Valls Impresión y encuadernación

Primera edición junio de 2008

Bajo las sanciones establecidas por las leyes,

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o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento mecánico o

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edición mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido


Parte primera La falta de hogar del hombre 11

I. El error médico 12

II. Se busca un hombre poco práctico 14

III. El nuevo hipócrita 17

IV. El miedo al pasado 21

V. El templo inacabado 26

VI. Los enemigos de la propiedad 29

VII. La familia libre 31

VIII. Lo agreste doméstico 34

IX. Historia de Hudge y Gudge 37

X. La opresión mediante el optimismo 40

XI. La falta de hogar de Jones 42

Parte segunda El imperialismo o el error acerca del hombre 45

I. El encanto de la patriotería 46

II La sabiduría y el clima 48

III. La visión común 52

IV. La necesidad demente 55

Parte tercera El feminismo o el error acerca de la mujer 59

I La sufragista pacífica 60

II. El bastón universal 62

III. La emancipación de la domesticidad 66

IV. El romanticismo del ahorro 69

V. La frialdad de Cloe 72

VI. El pedante y el salvaje 75

VII. La rendición moderna de la mujer 77

VIII La marca de la flor de lis 79

IX. La sinceridad y el cadalso 81

X. La mayor anarquía 83

XI La reina y las sufragistas 86

XII. La esclava moderna 87

Parte cuarta La educación o el error acerca del niño 89

I. El calvinismo de hoy 90

II. El terror tribal 92

III. Los trucos del entorno 94

IV. La verdad sobre la educación 95

V. Un grito malvado 97

VI. Autoridad inevitable 99

VII. La humildad de la señora Grundy 102

VIII. El arco iris roto 104

IX. La necesidad de la minuciosidad 106

X. La cuestión de las escuelas públicas 108

XI. La escuela para hipócritas 111

XII. La ranciedad de las nuevas escuelas 114

XIII. El padre desautorizado 116

XIV. La tontería y la educación de la mujer 118

Parte quinta El hogar del hombre 120

I. El imperio del insecto 121

II. La falacia del paragüero 125

III. El terrible deber de Gudge 128

IV. Un último ejemplo 130

V. Conclusión 131

Tres notas 134

I. Sobre el sufragio femenino 135

II. Sobre la limpieza en la educación 136

III. Sobre la propiedad de los campesinos 137


A C.F.G. Masterman
Miembro del Parlamento

Mi querido Charles:

Llamé originalmente a este libro Lo que está mal, y hubiera satisfecho a tu irónico carácter advertir el gran número de malentendidos que surgieron del uso del título. Alguna dama educada que me visitaba abrió mucho los ojos cuando yo comenté tranquilamente: «Esta mañana he estado haciendo “Lo que está mal”». Y un ministro de la Iglesia se agitó inquieto en su silla cuando le dije (así, cuando menos, fue como él lo entendió) que tenía que subir y seguir haciendo un rato lo que estaba mal, pero que volvería a bajar enseguida. De qué oculto vicio me acusaban en silencio no puedo adivinarlo, pero sé de lo que me acuso a mí mismo: de haber escrito un libro informe y poco adecuado, y de valor demasiado escaso para dedicártelo a ti. En lo que se refiere a la literatura, lo que está mal es este libro, sin duda.

Puede parecer el colmo de la insolencia ofrecer una composición tan alocada a quien ha escrito dos o tres de las visiones más impresionantes de los millones de bulliciosos pobladores de Inglaterra. Eres el único hombre vivo que puede hacer que el mapa de Inglaterra hormiguee de vida; un logro de lo más espeluznante y envidiable. ¿Por qué entonces habría de molestarte yo con un libro que, aun cuando logre su objetivo (cosa espantosamente improbable), no puede ser sino un sonoro galopar de teoría?

Bueno, lo hago en parte porque creo que los políticos no sois los peores destinatarios de unos cuantos ideales in- [9] convenientes; pero sobre todo porque reconocerás las muchas discusiones que hemos mantenido, discusiones que las más encantadoras damas del mundo nunca pueden aguantar durante mucho tiempo. Y quizás estés de acuerdo conmigo en que el hilo de la camaradería y la conversación debe ser protegido por lo frívolo que es. Se lo debe considerar sagrado y no debe romperse porque no merece la pena volverlo a atar. Precisamente porque la discusión es ociosa, los hombres (me refiero a los varones) deben tomársela en serio; pues (creemos) hasta el día del juicio, ¿cuándo volveremos a tener tan deliciosas diferencias? Pero, sobre todo, deseo ofrecértelo porque no sólo existe la camaradería, sino algo muy diferente llamado «amistad», un acuerdo que está por encima de todas las discusiones y un hilo que, quiéralo Dios, nunca se romperá.

Tuyo siempre,

G. K. CH. [10]




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