Sobre la semántica de la derrotabilidad de conceptos jurídicos María Inés Pazos, 30 de abril del 2005



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Sobre la semántica de la derrotabilidad de conceptos jurídicos

María Inés Pazos, 30 de abril del 2005




Resumen: En esta presentación analizo algunas teorías semánticas no clásicas con el fin de usarlas para explicar y resolver algunos problemas que el tema de la derrotabilidad muestra en la concepción tradicional del significado.

Parto de una definición de derrotabilidad de enunciados y una de derrotabilidad de conceptos que implican que la propiedad de ser derrotable existe cuando los hechos o propiedades derrotantes (excepciones) están determinados como tales y no cuando las excepciones están indeterminadas.

Sostengo que la semántica clásica que identifica el significado de los términos de clase con conjunto de propiedades necesarias y suficientes para la pertenencia a la clase (o aplicación del término) no da cuenta de la determinación de las excepciones a los enunciados o conceptos derrotables y que ella debe ser reemplazada por una concepción no basada en conjuntos de propiedades.

Con el fin de buscar alternativas a la semántica clásica examino brevemente las teorías de estereotipos y ejemplares para establecer en qué medida ellas pueden ayudar en el proyecto de explicar el fenómeno de la derrotabilidad y qué propiedades de ellas deben considerarse requisitos de la concepción semántica que reemplace a la clásica.



  1. Introducción


En el año 1948, en "The Ascription of Responsibility and Rights"1, H. L. A. Hart dijo:

La consideración del carácter derrotable de los conceptos jurídicos (...) muestra cuán erróneo sería sucumbir a la tentación, ofrecida por las modernas teorías del significado, de identificar el significado de un concepto jurídico, digamos “contrato”, con la enunciación de las condiciones en las que se sostiene que los contratos existen…”2

Así, Hart fue el primero en señalar que el problema de la derrotabilidad, al menos en contextos jurídicos, ocasionaba problemas a la concepción del significado que aquí llamaré “concepción tradicional”. Él mismo no enfrentó la tarea de reconstruir la teoría del significado y aún hoy en día en Filosofía del Derecho suele presuponerse la teoría tradicional sin cuestionarla.

Como he sostenido antes3, estoy de acuerdo con Hart en que la derrotabilidad pone en serios problemas a la teoría tradicional del significado y considero que es necesario enfrentar la tarea de reemplazarla. El desafío de reconstruir la concepción semántica no es novedoso sino que ha sido enfrentado desde la Filosofía del lenguaje y se han desarrollado propuestas en muchas direcciones. En este trabajo analizaré sucintamente una de esas direcciones en algunas de sus formulaciones (las teorías de estereotipos y ejemplares) y analizaré la medida en que tales desarrollos son aptos de dar cuenta del problema de la derrotabilidad.

El resultado no será una teoría completa del significado, sino sólo la justificación de la tesis de que deben continuarse las investigaciones en esa dirección, y la presentación de algunas condiciones que la teoría debe satisfacer, en particular, aquellas condiciones requeridas para dar cuenta del problema de la derrotabilidad de conceptos.


  1. El ataque de Hart a la semántica tradicional.

En el artículo citado, Hart sostuvo que los conceptos jurídicos eran derrotables (defeasible) y vinculó la derrotabilidad a su afirmación de que “hay características de los conceptos jurídicos que hacen absurdo usar en conexión con ellos el lenguaje de de las condiciones necesarias y suficientes”4. Sostuvo que “Algo puede hacerse en el sentido de proveer una aproximación, en la forma de un enunciado general que refleje los casos pasados… Pero más allá de cierto punto, las respuestas a (…) preguntas (como) “¿Qué es un contrato?” para no conducir a errores deben tomar la forma de una referencia a los precedentes importantes (leading cases) aunados al uso de la palabra ‘etcétera’ ”.5

“Pero –agrega- hay otra característica de los conceptos jurídicos (…) que hace a la expresión “a menos que” tan indispensable como la palabra ‘etcétera’ en cualquier explicación o definición de ellos (…) Usualmente no es posible definir términos jurídicos (…) especificando las condiciones necesarias y suficientes para su aplicación. Porque cualquier conjunto de condiciones puede ser adecuado en algunos casos pero no serlo en otros, y tales conceptos sólo pueden ser explicados con la ayuda de una lista de excepciones o ejemplos negativos que muestren dónde el concepto no puede ser aplicado o puede serlo sólo en un modo debilitado.”6 Es esta propiedad de ser aplicables “a menos que…” a la que Hart denomina en ese artículo derrotabilidad.

En estas citas, Hart distingue dos características que atribuye a los conceptos jurídicos. Una de ellas es la dificultad para dar un conjunto de condiciones necesarias y suficientes, reemplazada según Hart en el estudio de los conceptos jurídicos, por una aproximación (outline) que da cuenta de los precedentes principales. Esto es, un enunciado general que proporciona condiciones a veces suficientes, aunados a la palabra etcétera. Una oración de la forma “Un C (digamos un Contrato) es un A (descripción genérica de un caso del tipo A), o un B, o un C, etc.”

La segunda característica es la propiedad de cualquier caso que pudiese ser alcanzado por las descripciones anteriores, de poder ser excluido del alcance del concepto por excepciones que a su vez sólo son explicables (pueden mostrarse, dice Hart) mediante la presentación de ejemplos de ellas. Así, el uso de ejemplos, en primer lugar de casos genéricos afirmativos que indican lo que el concepto alcanza, y en segundo lugar de casos genéricos negativos (excepciones) que limitan ese alcance de los anteriores, son los dos elementos que según este autor indican el significado de una expresión jurídica, dada la dificultad que señala en dar una definición entendida como una formulación de condiciones necesarias y suficientes.

Por supuesto, pueden formularse los casos genéricos que describen los precedentes positivos, seguidos de la palabra ‘etcétera”, y pueden formularse los antecedentes negativos precedidos de ‘a menos que’, expresión que tampoco es seguida por todos los antecedentes negativos sino sólo por una lista de ejemplos. Así, la formulación que pretende dar condiciones necesarias y suficientes queda incompleta en dos lugares: en dar una lista de casos genéricos alternativamente necesarios (condiciones necesarias) -porque el ‘etcétera’ abre la posibilidad a otros casos alcanzados por el concepto que no estén incluidos en los ejemplos positivos de la formulación aproximada-, y en dar condiciones suficientes –porque el ’a menos que’ es sucedido por algunos ejemplos de excepciones, no por una lista completa de ellas.

Hart vincula la derrotabilidad a la segunda de esas propiedades, a la dificultad en formular las condiciones negativas necesarias, aunque sostiene que ambas son propiedades de los conceptos jurídicos que muestran la deficiencia de la concepción semántica tradicional.

¿Por qué no es altamente difícil o quizás imposible, o en los hechos conduce a formulaciones erróneas el intento de precisar las condiciones, sea positivas o negativas? Hart no da razones generales en este ensayo sino que pone ejemplos donde muestra que los intentos de dar cuenta de conceptos como “contrato” por medio de formulaciones generales que pretendan dar condiciones suficientes y necesarias, fallan en la práctica y que en los hechos, lo que se hace es atender a listas de descripciones de casos pasados positivos y negativos. Enfatiza además que el intento de dar una definición distorsionaría los conceptos.

Así, el concepto de contrato es derrotable, porque aún dado alguno de los conjuntos de condiciones suficientes conocidos, siempre es posible que ocurra alguna excepción de la cual se conocen tipos de ejemplos que nos ayudan a identificar a las excepciones en general. Una excepción volvería inaplicable el concepto de contrato al objeto particular que satisficiera las condiciones positivas identificadas, es decir, tales hechos derrotarían al concepto.

Es incierto que Hart sostenga que la semántica tradicional debe sustituirse porque no pueden darse definiciones en términos de condiciones necesarias y suficientes. Pero me parece que no es necesario tratar esa imposibilidad porque el argumento contra la semántica tradicional no la requiere.

Efectivamente, es difícil hacer un argumento general a favor de que la definición no pueda hacerse de hecho o por razones lógicas. Sin embargo es plausible argumentar que no se necesita tal argumento general, porque la descripción de Hart puede usarse para fundamentar no la tesis de que tales definiciones no existan de hecho, no puedan existir en la práctica, o no puedan existir en un mundo ideal de formulaciones lingüísticas posibles, sino una muy diferente. Mi hipótesis es que la descripción de Hart de la dificultad de hallar definiciones en el sentido tradicional, aunada a la descripción del modo en que los conceptos jurídicos se aprenden y usan en la práctica, tiende a apoyar la tesis que los conceptos son lo que se aprende y usa en esa práctica y están conformados por las modalidades de esa práctica, más bien que responder a una teoría tradicional que difícilmente puede apoyarse en el modo ordinario de aprender y aplicar los conceptos. Así, la crítica de Hart parece mejor fundada si se la entiende como un argumento desde la teoría del aprendizaje y la práctica de la aplicación de los conceptos jurídicos.

En los hechos el concepto de contrato se aplica a situaciones reales sin necesidad de contar con una definición, no sólo sin necesidad de conocer su formulación explícita sino sin necesidad de que exista una formulación en los hechos, o de que sea al menos lógicamente posible. Esto es así porque la práctica real de aplicar conceptos consiste en comparar la realidad no con una definición, sino con algunos precedentes de casos positivos, (descritos en como casos genéricos en los leading cases), y algunos casos ya conocidos de excepciones (que se reconocen también en los precedentes).

Los jueces a diario toman decisiones respecto de la existencia de contratos sin constatar la ausencia de cada una de las excepciones posibles en particular, porque lo que de hecho hace es comparar el caso nuevo con los anteriores y determinar si se parece lo suficiente a los casos positivos como para ser incluido en el concepto, y si se asimila lo suficiente a los casos de excepción como para ser excluido a pesar de lo anterior. No es necesaria la apelación a definiciones para dar cuenta del hecho de que se usan conceptos para clasificar hechos de la realidad. Es posible dar cuenta de otro modo con relativa facilidad sin apelar a objetos (definiciones) que es difícil reconocer y que no hay evidencia alguna de que participen en la práctica. Al contrario, hay evidencia de que no se los usa porque cuando se intenta usar definiciones (cualquier intento de formulación de condiciones necesarias y suficientes), la tentativa origina clasificaciones de hechos y objetos que se apartan de la práctica efectiva.

Hay algunos contrargumentos inmediatos que pueden presentare a favor de la concepción tradicional. En primer lugar, que los jueces hagan clasificaciones podría ser considerado un indicio de que tienen conceptos en el sentido tradicional, de que implícitamente conocen o de algún modo inconsciente aplican definiciones.

Otra alternativa, más interesante, es que tal vez los jueces sólo hagan aplicaciones provisorias de los términos que usan para clasificar hechos, para lo cual no necesitarían conocer el concepto y así, la práctica no explicaría el uso de conceptos sino sólo el hecho de clasificar provisoriamente la realidad, clasificación que podría ser declarada errónea conforme a la definición o concepto, que no necesitaría estar presente en la acción concreta de clasificar.

Finalmente los jueces podrían estar usando un criterio de aplicación que tuviese alguna relación -no definicional y aún no precisada- con el significado entendido con una concepción tradicional.

Todas estas posibilidades son ciertas. Pero todas tienen un presupuesto no necesario para la explicación de la acción de clasificar y nombrar acciones y objetos usando términos generales. Suponen la concepción tradicional del significado. Por lo tanto, no funcionan como argumentos en su favor. En cambio, a excepción de la primera (que tiene la respuesta obvia de que supone mucho más de lo que la evidencia –indicio- permite), ellas muestran las conductas semánticas como algo distinto de lo que los actores mismos creen que hacen. De manera preteórica, no reflexiva, tanto los jueces como las personas ordinarias creen conocer los conceptos que vinculan a las clases que forman, o a la asignación de propiedades a los objetos clasificados. Sería contraintuitivo en particular atribuir a un especialista en una disciplina, tal como es un juez en el caso del derecho, una conducta de clasificación provisional de los hechos que evalúa y sentencia. ¿Cuál sería el tribunal superior que conociera las definiciones? Si existiera ¿por qué hacer clasificaciones provisionales en cambio de buscar el concepto “verdadero”, el criterio de clasificación definitivo?

Las anteriores son malas explicaciones de la práctica de usar conceptos en general y conceptos jurídicos en particular, por lo que deben ser descartadas como defensas de la concepción semántica para la que se proponen.

Precisemos ahora, para nuestros propios propósitos, la noción de derrotabilidad hasta ahora vaga.


2. Derrotabilidad de conceptos.

La derrotabilidad del concepto de contrato puede verse como una relación entre dos conjuntos de entidades. Aquellas que satisfacen cierto conjunto de condiciones necesarias conocidas y aquellas que además de satisfacerlas son contratos. La idea de que los conceptos son derrotables depende de la asociación de un conjunto de condiciones necesarias para pertenecer a una clase, con el hecho de que aún dadas tales condiciones respecto de un objeto éste podría no pertenecer a ella. Así, una de las clases es derrotada en el sentido de que determina la clasificación de un objeto de modo diferente a como lo hace la otra. En particular se habla de derrotabilidad cuando la clase determinada por la definición incluye objetos que no son alcanzados por el concepto. Cuando, por ejemplo, un acuerdo voluntario entre personas adultas que se otorgan mutuamente derechos y obligaciones, no es un contrato (digamos, porque una de las partes es demente).

Hart dice que el concepto de contrato es derrotable por condiciones tales como la inmoralidad del objeto, la demencia de una de las partes, etc. Pero es claro que el concepto de contrato tiene un contenido que no incluye a los casos de excepción, el concepto no falla, lo que yerra en determinar el alcance de la clase es la definición de contrato (cualquiera que se proponga).

Así, alterando la terminología de Hart, creo que debe sostenerse que lo que es derrotable son las definiciones, no los conceptos. Estrictamente, los conceptos no los consideraré derrotables aunque seguiré hablando de derrotabilidad de conceptos, para no apartarme de la terminología de Hart. Consideraremos entonces que lo derrotable son, en sentido estricto, las definiciones: criterios que fracasan en determinar el alcance de los conceptos.

Aclarados así los términos preguntémonos. Si dos clases no son la misma, si la clase de los contratos no es la misma que la determinada por cierto conjunto de condiciones, ¿por qué entonces se asocian las condiciones con la clase? ¿Qué es así lo que nos lleva a preguntarnos si esa clase es derrotable respecto del concepto? La hipótesis que he defendido antes7 es que bajo las condiciones mencionadas por la definición, los objetos normalmente pertenecen a la clase. Por eso es que, aunque falla la identidad entre las clases, en los casos en que se propone una definición hay (excepto que la definición sea una muy mala reconstrucción del concepto que pretende rescatar) entre ella y la clase definida una relación persistente.

Por ejemplo, una transacción hecha entre al menos dos personas mayores de edad, que voluntariamente consienten en realizar ciertas acciones lícitas que se otorgan derechos y obligaciones mutuos normalmente es un contrato, aunque podría haber condiciones atípicas en las cuales no lo fuera, por ejemplo, que una de las partes fuese mentalmente insana.

Este tipo de asociación entre clases no ocurre sólo en ámbitos jurídicos. La idea de derrotabilidad entendida como una relación entre dos clases, una de las cuales incluye al conjunto de elementos que normalmente pertenecen a la otra, ocurre de manera sistemática entre los conceptos del lenguaje ordinario, en contextos en que no se pretende vincular los conceptos con definiciones sino con otros conceptos. El ejemplo más conocido es el de la relación entre el concepto de ave y el de volar (o entidades que vuelan).

Las aves normalmente vuelan. Esto es, las entidades que son aves normalmente pertenecen al conjunto de las entidades que vuelan (concepto de “volador”). Sin embargo, hay algunas propiedades que, cuando concurren junto con la propiedad de ser un ave, excluyen a su portador del conjunto de las cosas que vuelan. Son excepciones al concepto de “volador” las propiedades de ser pingüino, ser avestruz, ser recién nacido, tener un ala rota, etc. Así, podemos distinguir un conjunto A (aves) dentro del cual hay un subconjunto AN de aves normales. Este conjunto es subconjunto de V (cosas que vuelan). Pero también hay un subconjunto de A que está excluido de V, es el conjunto A pero no AN, las aves que no son normales. Es a este conjunto que llamaremos A no-N al que pertenecen todas las excepciones, es decir, los casos de aves que tienen propiedades excluyentes como ser pingüino, carecer de alas lo suficientemente fuertes, tener enfermedades que afecten el vuelo, etc. Por otra parte, no todas las aves no normales (objetos A no-N) son excepciones, en el sentido de que no todas las aves no normales carecen de la propiedad de volar. Puede haber aves muy extrañas perfectamente capaces de volar. Llamaremos “excepciones” no a todos los casos anormales del conjunto derrotable (en este caso A), sino sólo a aquellos casos anormales (A no-N) que además no pertenecen a V, en nuestro ejemplo, al de las aves anormales que no vuelan. Las aves anormales que vuelan pertenecen al conjunto A no-N tanto como otras que no vuelan (las excepciones), y no influyen en absoluto en la propiedad del conjunto A de ser derrotable, i.e. de poseer excepciones dentro del conjunto A no-N. Por supuesto, podría no haber casos no normales que no fuesen excepciones (aves anormales que no volaran), es una cuestión contingente que no afecta nuestros conceptos.

¿Hay algún modo de garantizar que algo que pertenezca a la clase de las aves también pertenezca al grupo de las entidades voladoras? Dados los conceptos dados, obviamente sí, porque hay otra propiedad que muchas de esas entidades comparten y que garantiza que no son entidades excepcionales. No todas las aves vuelan, pero sí lo hacen las aves que nos imaginamos cuando pensamos en el concepto general, preteórico, ordinario de ave. Lo hacen aquellas que representan nuestro paradigma o ejemplar típico de ave, aquel que usaríamos para transmitir o enseñar el concepto a alguien que lo desconociera. A esas aves, a las que responden al concepto de ave paradigmática o ejemplar, es a las que llamamos aves “normales”. Cuando decimos que las aves normalmente vuelan, lo que queremos decir es que las aves “normales” siempre vuelan, aunque pueda haber casos atípicos, como el de los pingüinos o los kiwis, que no lo hacen.

En muchas ocasiones, cuando usamos oraciones de forma general tales como “las aves vuelan”, lo que queremos decir no es que todas ellas vuelen, sino que normalmente (las aves normales) lo hacen. En ese sentido la oración es verdadera. También lo son oraciones como “los peces nadan”, “cuando llueve refresca” o, en el ámbito jurídico, “los menores son incapaces” y “el que mata voluntariamente a otro comete homicidio simple”.

No es necesario que existan de hecho entidades excepcionales, es decir pingüinos o menores emancipados para afirmar que el concepto correspondiente (volador, incapaz) es derrotable. Es suficiente que ellos puedan existir. El concepto de volador es derrotable porque puede haber pingüinos y el de incapaz lo es porque los menores pueden ser emancipados.

Usaré las siguientes definiciones:



Concepto derrotable: Un concepto V es genuinamente8 derrotable respecto de otro A si y sólo si A determina una clase de elementos que normalmente son V y además hay tipos de elementos de A que son no-V. A estos conceptos los llamaremos en este artículo “conceptos derrotables” sin aclarar que son genuinamente derrotables, porque en este trabajo sólo nos referiremos a éstos.

Cuando siendo un concepto V derrotable respecto de otro P, de hecho ocurre que hay un elemento en P que no es V, decimos el concepto V ha sido derrotado por ese hecho individual.



Hecho derrotante tipo: A los hechos tipo (o tipos de hecho) que si ocurrieran derrotarían a un concepto los llamamos "hechos derrotantes" de ese concepto.

Hecho derrotante caso: A los casos individuales pertenecientes a un tipo de hecho derrotante los llamamos “hechos derrotantes caso” o “hechos derrotantes individuales”.

Cuando no sea necesaria una especificación, usaremos la expresión “hecho derrotante” ambiguamente entre hechos derrotantes tipo y caso.

Si el significado de un concepto fuese equivalente al significado de alguna formulación de un conjunto de condiciones necesarias y suficientes para su aplicación entonces un concepto no existiría (los términos que lo nombraran no tendrían significado) a menos que existiera (en algún sentido) una formulación de aquellas condiciones de aplicación.

Llamaremos “regla semántica” a una oración que vincule un término de clase (el nombre de un concepto que determina una clase de entidades) con una descripción de un conjunto de condiciones de aplicación suficientes y necesarias para pertenecer a ese concepto.

Si la formulación de las condiciones necesarias y suficientes estuviera semánticamente indeterminada en la regla semántica, entonces el concepto definido por ellas estaría igualmente indeterminado.

La concepción semántica que llamo tradicional sostiene que el significado de un término de clase (un concepto) equivale a un conjunto de propiedades necesarias y suficientes para pertenecer a esa clase. Definiré a la concepción tradicional del significado como aquella que sostiene la siguiente tesis:



(TT) (Tesis Tradicional) El significado de una expresión lingüística equivale al significado de la formulación de las condiciones de aplicación de esa expresión (o del concepto nombrado por ella).

En el caso de los conceptos de clase tal formulación contiene una lista de propiedades necesarias y suficientes para que un objeto pertenezca a la clase.9 La forma típica de una regla semántica como la exigida por TT es:



(RS) x es un G si y sólo si tiene las propiedades A, B y C.10

Bajo esta noción de significado, es claro que si no existiese una RS que determinara una clase cualquiera, esta clase no existiría. En general se sostiene sin embargo, desde las posiciones tradicionales, que si una RS no puede precisarse entonces el concepto existe pero queda indeterminado en la medida en que lo esté RS.

Como dijimos, es difícil hallar una RS de ese tipo para la mayoría de los conceptos del lenguaje ordinario y para los de cualquier lenguaje natural11, como son la mayoría de los del lenguaje jurídico. Pero si adoptáramos una concepción de este tipo y nos apoyáramos en las definiciones o RS que de hecho suelen proporcionarse en la práctica jurídica y en los intentos doctrinales y judiciales por precisar tales reglas, deberíamos conformarnos con las reglas semánticas parciales y así, con conceptos indeterminados. Si un concepto está indeterminado y si lo está en particular respecto de las excepciones, entonces estrictamente no podríamos decir que el concepto excluye a tales casos sino sólo que no está determinado si las incluye o no. Así, los casos de derrotabilidad deberían verse, y han sido vistos por variedad de autores, como casos de indeterminación semántica.

Más detalladamente: si las excepciones no estuviesen determinadas, entonces no podría afirmarse que existen elementos, hechos o entidades que a pesar de satisfacer un conjunto de condiciones para pertenecer a una clase A (como la de ser menor o ave), no pertenecen a otra V (como la de ser capaz o volar) debido a que se trata de uno de los casos anormales derrotantes del concepto V. No podría afirmarse esto porque si el concepto V estuviese indeterminado respecto de todos los casos anormales, entonces no estaría determinada ni la pertenencia ni la no pertenencia de esos elementos. La derrotabilidad no podría establecerse. Así, si los conceptos derrotables estuvieran indeterminados respecto de sus excepciones, no serían derrotables según la definición que hemos dado.

Ese diagnóstico está en conflicto con los ejemplos estándar de derrotabilidad así como con las ideas originales de Hart, quien pretendía mostrar que el modo especial en que aprendemos y usamos los conceptos jurídicos admitía la existencia de excepciones. Para dar cuenta de ellas, según Hart se requería rechazar la concepción tradicional y así la tesis tradicional (TT).

Si abandonamos (TT) y afirmamos que el significado puede estar determinado por algo diferente de una regla semántica como la mencionada, ello nos permitirá sostener que los conceptos están determinados respecto de las excepciones. De hecho, si no lo estuvieran, no diríamos que son excepciones sino únicamente que no está determinado si constituyen excepciones o no.

La explicación de Hart del modo en que se aprenden y aplican los conceptos jurídicos tiende a mostrar que el modo en que ellos se aplican y aprenden no requiere de la existencia de una regla semántica de ese tipo para la práctica jurídica. Esto parece indicar que una teoría del significado no necesita de la concepción tradicional porque hay maneras alternativas de dar cuenta de las conductas semánticas.

No necesitamos mostrar que las reglas semánticas del tipo que exige TT no existen. Nos basta con mostrar que ellas son problemáticas y que hay explicaciones alternativas que señalan en una dirección diferente para la reconstrucción de la teoría del significado.

La crítica más común a la concepción tradicional del significado argumenta que el lenguaje natural es tal que normalmente los sujetos no son capaces de dar una lista de condiciones suficientes y necesarias para la aplicación de los conceptos, sin que tal situación afecte la capacidad de los usuarios del lenguaje de hacer uso correcto de las expresiones que representan esos conceptos.

En el punto 1 vimos algunas defensas obvias de la posición tradicional y las rechazamos. Rescatamos entonces el hecho que detectó Hart respecto de la noción de contrato y de los conceptos jurídicos en general: en la práctica no es necesario el uso de una regla semántica para la aplicación de los conceptos. Los jueces dictaminan normalmente que algo es un contrato o que no lo es, sin plantearse antes el problema de precisar el significado del término mediante la formulación de un conjunto de condiciones y cuando se formula una regla general, ella no representa adecuadamente los casos de aplicación real.

Por supuesto, es posible que surjan dudas en casos marginales, respecto de los cuales sí existe indeterminación. Un concepto derrotable, como cualquier otro, también puede estar indeterminado.12

Ahora bien, que un concepto (como ocurre con la mayoría de ellos) esté en alguna medida indeterminado no implica que las excepciones sean casos indeterminados. Los objetos que siendo aves, tienen alguna propiedad excepcional que los excluye de la asociación estándar entre el concepto de ave y el de volar, no es el caso que no se sepa si vuela o no. No se puede anticipar qué propiedades hagan a un objeto tan diferente de las aves paradigmáticas que ya no las asociemos con el vuelo, pero eso no vuelve indeterminado el hecho de que, cuando tienen tales propiedades, ya no las incluiremos en la asociación y no estaremos hablando de ellas cuando afirmemos "las aves vuelan". Por supuesto, tampoco diremos que no vuelan, simplemente no estaremos hablando de las aves que no son normales. Si vuelan o no es un asunto independiente que habrá que verificarse a su turno.

Los pingüinos y las aves que por una falla genética nacen sin plumas o con huesos compactos (en lugar de huecos) no están incluidos en la oración “las aves vuelan” porque no son aves normales, ejemplares o paradigmáticas, y no porque esté indeterminado si la oración se refiere a ellas o no. Está determinado que no lo hace (no que no vuelen).

El concepto de incapaz es derrotable respecto del de menor, porque los menores normalmente son incapaces pero no siempre. Pero el concepto de incapaz no es un concepto vago ni ambiguo a causa de la derrotabilidad. No está indeterminado, o al menos no por el hecho de ser derrotable. De hecho, es un concepto determinado o preciso o, dicho con más exactitud (dado que la determinación es una propiedad gradual), es un concepto bastante preciso.

¿Qué excepciones harían que consideráramos que un menor no está alcanzado por la frase "los menores son incapaces"? Las que están expresas en la ley, para empezar. Pero tal vez también otras no previstas y tal vez imprevisibles. ¿Qué diríamos de una persona que por una variación genética crece físicamente, madura psicológicamente y aprende mucho más rápido que nosotros, y que a los12 años ha terminado su segundo doctorado en física nuclear con una apariencia física de 30 años? ¿No diríamos que es un caso tan diferente de los casos normales de menores que no es alcanzado por la norma "los menores (normalmente) son incapaces"?

Considerada la derrotabilidad como lo he hecho, la semántica tradicional no es apta para dar cuenta del problema. Sin embargo la indeterminación y la derrotabilidad son problemas diferentes y la concepción del significado debe reflejar y explicar esa diferencia.

El abandono de la semántica tradicional es un paso importante hacia la explicación de este fenómeno.




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