Sobre la Cabalá 1 ¿Qué es la Cabalá?



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Sobre la Cabalá


1) ¿Qué es la Cabalá?
Nosotros vemos, oímos, olemos, probamos y tocamos las cosas que ocurren en nuestro mundo. La Cabalá es el camino que nos ayuda a desarrollar un sentido especial que nos entrega la habilidad de comprender la razón de todas estas cosas que ocurren en este mundo. La Cabalá nos dice la razón de la existencia humana y explica por qué vivimos y por qué tenemos que aprender. Nos dice por qué el hombre fue creado y qué seremos al final. Los cabalistas pueden comprender, ahora mismo, estas preguntas y muchas más. 

2) ¿Quién puede estudiar la cabalá?

Los cinco sentidos - la audición, el olfato, la visión, el gusto y el tacto - discutieron para decidir ¿quién puede estudiar la cabalá? 

La Audición dijo: "Creo que sólo los inteligentes pueden estudiar la cabalá".

"¡No, sólo las personas bonitas pueden estudiarla!" respondió el Olfato. 

"Pienso que uno tiene que tener un talento para eso..." argumentó el Tacto.

"Ustedes están equivocados", dijo la Visión, "Uno tiene que trabajar duro para eso".

"¿O ser una persona dulce?" pensó el Gusto.  

¿Y qué piensas tú?

La verdad es que el estudio de la Cabalá está abierto a cada persona que desee estudiar y que se hace las siguientes preguntas. ¿Quién soy yo? ¿Para qué nací? ¿De dónde llego y a dónde voy? ¿Cuál es el sentido de este mundo? ¿Ya estuve aquí? ¿Voy a volver aquí? 



3) ¿Por qué la Cabalá se llama "Cabalá"?

Se dice que dos personas pueden ser amigos si su amistad está basada en dar y recibir. Si uno de ellos desea dar pero el otro no quiere o no es capaz de recibir, no es una amistad. 

Si sólo uno desea dar, tampoco esto se considera una amistad. 

Sin embargo, el Creador nos trata de este modo. Él quiere que seamos sus amigos, que seamos semejantes a Él. Para enseñarnos cómo hacerlo, Él nos entregó la Cabalá. 

La Cabalá nos enseña cómo hacernos amigos con el Creador y cómo recibir de Él, otorgándole al mismo tiempo. En hebreo "Cabalá" significa "recepción". Es por eso que llamamos estos estudios "Cabalá". 

4) El cabalista y el otro sentido

El cabalista es una persona como cualquier otra. Él no es más inteligente que el resto de nosotros, no tiene más talento, sólo que es más curioso en saber por qué vivimos. Esto se llama "el deseo al Creador en el corazón". Por esta razón, el cabalista busca la verdadera respuesta a esta pregunta.  



5) Israel

Los cabalistas llaman "Israel" a nuestro deseo de acercarse al Creador. No tiene importancia el lugar donde vive la persona y cuál es el color de su piel. Cada persona que tenga el deseo de acercarse al Creador, tiene "Israel" dentro de sí mismo. 



6) El deseo al Creador en el corazón

Este es el deseo de la persona que, con todo su corazón, aspira a comprender al Creador. Cuando el Creador quiere que nos contactemos con Él, nos entrega este deseo que se llama "el punto en el corazón" o "nekuda she ba lev" en hebreo. Es como una linterna que está escondida dentro de nosotros. Cuando el momento es correcto, Dios la enciende. Esto nos da una señal que el momento oportuno llegó. "El punto en el corazón" también significa "nuestra alma". 



7) El deseo

Cuando quiero algo, uso todo mi cuerpo para conseguirlo. Uso mi cabeza, mis manos, mis piernas, todo... sólo para obtenerlo. Si, por ejemplo, tengo sed, primero, voy a usar mi cabeza para pensar dónde puedo obtener un poco de agua. Luego, uso mis piernas para ir a la llave de agua. Después, lleno el vaso, manteniéndolo en mis manos. Ahora puedo tomar agua... Aahh...


En realidad, todo mi cuerpo es un sirviente de mis deseos. Siempre deseo recibir algo. Es por eso que lo llamamos "el deseo de recibir". 

8) El cuerpo
El cuerpo es un sirviente fiel que nos ayuda a satisfacer nuestros deseos y que hace lo que queremos. Por eso, algunas veces referimos a "deseo" por el nombre "cuerpo" pero sabemos quién es el responsable por nuestro cuerpo: ¡nuestros deseos!

Imaginemos que no tenemos el cuerpo. Si fuéramos transparentes, ¿qué quedaría? En este caso, tendríamos sólo nuestros deseos. Así son otros mundos, allá no hay cuerpos, sólo existen deseos. 



9) La espiritualidad

La espiritualidad es la palabra que usamos para describir lo que pasa en otros mundos. Solamente el sentimiento de la fuerza superior controla nuestro mundo. ¿Recuerdas que hemos imaginado un mundo con las personas transparentes y sólo los deseos se quedan? Por eso, a los otros mundos se refieran como a los espíritus porque hay sólo deseos y fuerzas pero no hay cuerpos. Por eso, se llama la espiritualidad. Eso es lo que los cabalistas sienten. 



10) Nuestro mundo

Nuestro mundo se llama "este mundo" en la Cabalá. Este es el mundo que sentimos a través de nuestros cinco sentidos: la visión, la audición, el olfato, el tacto y el gusto. Podemos fácilmente sentir nuestro mundo a través del cuerpo y la mente. 



11) El otro mundo

En el otro mundo, podemos sentir con otro sentido, el sexto. Cuando estudiamos la Cabalá, la persona desarrollará el sexto sentido con los cinco sentidos. La persona comenzará a sentir el mundo espiritual y la fuerza superior que gobierna nuestro mundo y empezará a sentir al Creador. La persona, que es capaz de sentirlo, es capaz de vivir en el otro mundo. 

¡Un cabalista puede vivir en ambos mundos al mismo tiempo: nuestro mundo y el mundo espiritual!  

Un regalo para conejito

Danny Polovets



 

Una buena mañana, siendo aún muy temprano, un pequeño conejito se despertó y sacó su cabecita de la madriguera. Era un espléndido día soleado, se oía a los pájaros cantar y el viento acariciaba los árboles.

"Debería hacer algo especial en un día tan maravilloso como éste", pensó el conejito. Así que salió de su madriguera y miró a su alrededor. Pero como no encontró nada interesante, el conejito se dio la vuelta. Y cuando ya iba a entrar en la madriguera, de repente, se dio cuenta de que había una bonita caja con un gran lazo rojo y una tarjeta: "Pa-ra el pe-que-ño co-ne-ji-to" leyó lentamente el animalito."¡Yupiiii!" se alegró. "Pero... mi cumpleaños fue hace unos cuantos meses... ¡Esto quiere decir que alguien me ha hecho un regalo sin ningún motivo!"

El conejito estaba realmente emocionado. Entonces tiró de aquel lazo, abrió la caja y vio que dentro había muchas cosas interesantes.

"¡Gracias!" dijo el conejito. Él estaba acostumbrado a dar las gracias siempre que recibía un regalo.

Pero en esta ocasión, no tenía ni idea de dónde había salido aquel regalo o a quién tenía que agradecérselo. Así que decidió que debía encontrar a este amigo misterioso para poder darle las gracias.

"¡Eso es precisamente lo que haré hoy!" pensó el conejito.

Ni siquiera había acabado de mirar el interior de la caja. Desayunó muy rápidamente y acto seguido emprendió la búsqueda. Aún no había caminado mucho cuando encontró un puercoespín.

"¡Hola Puercoespín" dijo muy alegre el conejito.

"Hola..." respondió el puercoespín muy triste.

"¿Por qué estás triste?" le preguntó el conejito.

"He encontrado muchas setas, pero no tengo bastantes púas para pincharlas y llevármelas a casa" replicó el puercoespín.

"No estés triste, Puercoespín. Dime, ¿tú sabes quién me ha enviado un regalo?"

"No, no lo sé" dijo el puercoespín.

"Ah bueno, entonces debo irme. Pero intenta animarte", dijo el conejito apresuradamente y salió corriendo. Se había propuesto encontrar al amable corazón que le había sorprendido con ese regalo.

Iba saltando por un caminito cuando, de pronto, vio una monita que sujetaba una bicicleta y observaba una de las ruedas.

"¡Hola Monita! ¿Qué estás haciendo?" preguntó el conejito.

"¿Y tú qué crees?" respondió ella. "¿Ves esta bicicleta?"

"Sí, la veo" dijo el conejito. "¿Por qué estás mirando la rueda?"

"Porque se ha deshinchado" replicó ella enfadada. "¿Qué puedo hacer? ¿Cómo voy a seguir con mi paseo en bicicleta?" preguntó mirando al conejito.

"Mmmm... me temo que no puedo ayudarte" dijo el conejito mirando la rueda desinflada."Oye, por casualidad ¿no sabrás quién me ha enviado un regalo?"

"No, no lo sé. Pregúntale al búho. Él lo sabe todo" respondió la monita posando de nuevo sus ojos sobre la rueda.

En cuanto el conejito oyó aquello, salió disparado a buscar al búho.

"¡Hola Búho!" gritó alegremente el conejito al búho que dormía sobre la rama de un árbol.

"¿Quién habla?" replicó el búho. "¡No veo nada!"

"¡Soy yo, Conejito!"

"Oh, Conejito, no puedo verte: la luz del sol me deslumbra. Si quieres que te vea, vuelve esta noche"

"No necesitas verme" dijo el conejito. "Sólo quiero que me digas quién me ha hecho un regalo. Monita me dijo que tú lo sabrías"

"Pero ¿ella qué sabe? ¡No tengo ni idea de quién te hizo un regalo! Sé muchas otras cosas pero, si no tienes más preguntas, voy a intentar dormirme otra vez"

El conejito, muy triste, tomó el camino que le llevaba de vuelta a casa. Fue entonces cuando recordó que no había acabado de mirar todo lo que había dentro de la caja, y decidió que tenía que volver a echarle un vistazo.

Cuando abrió la caja, encontró una cesta, una bomba de aire y unas gafas de sol.

"¡Vaya! ¡Estas cosas pueden ayudar a Puercoespín, a Monita y a Búho!" exclamó el conejito. "Ellos las necesitan más que yo. Así que... ¡les daré mis regalos!"

El conejito tomó la caja y salió corriendo a ayudar a sus amigos.

"¡Puercoespín! Mira, ¡te he traído una cesta! Ahora podrás llevar a casa todas las setas que has encontrado", gritó muy contento el conejito mientras ayudaba al puercoespín a llenar la cesta de setas.

"¡Gracias!" replicó feliz el puercoespín y se fue a casa con su cesta repleta de setas.

El conejito siguió su camino rápidamente buscando a la monita para poder ayudarla. La verdad es que las cosas no habían cambiado mucho desde que la última vez que la vio. Aún seguía allí, sentada al lado de la bicicleta mirando aquella rueda desinflada.

"Monita, aquí tienes una bomba de aire. Con ella podrás hinchar la rueda y seguir con tu paseo en bici", dijo el conejito.

"¡Qué bien! ¡Muchas gracias!" le dijo y muy contenta empezó a hinchar la rueda.

Ahora, al conejito, sólo le quedaba un regalo, así que se fue a ver al búho.

"¡Búho! ¡Búho!" gritó el conejito.

"¿Quién llama?" preguntó el búho.

"¡Soy yo, Conejito!"

"Conejito, has vuelto... ¿va todo bien?"

"Sí, ¡todo va muy bien! Te he traído estas gafas de sol para puedas verme a mí y también todo lo que hay a tu alrededor", contestó el conejito muy alegre mientras colocaba las gafas sobre la nariz del búho.

"¡Gracias!" dijo él. "¡Ahora puedo verte!"

"Gracias Búho, no he conseguido averiguar quién me regaló esa caja. Pero debe ser alguien realmente maravilloso si va haciéndonos regalos sin que sepamos nada de él. ¡Yo también deseo ser amable y bondadoso como él! Y por eso pensé que debían ser otros los que disfruten de sus regalos".

El conejito saltó de alegría y con una mirada decidida en su pequeño rostro, pronunció estas palabras: "¡Lograré encontrar a este buen amigo!". Y el conejito emprendió el camino de vuelta a casa. Iba con su caja vacía bajo el brazo - ¡pero nunca había sido tan feliz!

 

Ilustraciones: Irina Bondarenko



El elefantito desobediente


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