Sir james george frazer la rama dorada



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1 Polieos, guardián. Las fiestas Diipolias se celebraban en honor de las dos divi­
nidades guardianes de la ciudad, Zeus y Atenea.

2 Las vírgenes "canéforas" eran las portadoras de ofrendas, vasijas, etc., para el
servicio divino; suponemos que ellas serían también las "aguadoras".

s Frazer dice murder y otros autores siaughfer; "homicidio" sería la traducción directa del primero y "matanza", la del segundo; mejor podría traducirse "el asesinato del buey", que parece ser la idea del autor.

DIONISOS, LA CABRA Y EL TORO 531

llamado "el gran mondard". Dicen que el viejo mondard ha muerto y es necesario hacer uno nuevo. Pasean al monigote en solemne procesión, arriba y abajo por el pueblo, y al final lo ponen sobre el manzano más viejo, donde le dejan hasta la recolección de las manzanas. Entonces le echan abajo del árbol y le arrojan al río o le queman y echan sus cenizas al agua. Pero la persona que coge la primera fruta del árbol hereda el título de "gran mondard". Aquí, el bausán llamado "gran mondard" colocado sobre el manzano más viejo en primavera, representa al espíritu del árbol, que, muerto en invierno, revive cuando las flores del manzano brotan en las ramas. De este modo la persona que arranca la primera manzana y por ello recibe el título de "gran mondard", debe ser consi­derada como un representante del espíritu del árbol. Los pueblos pri­mitivos suelen ser renuentes a gustar las primicias de los frutos de cualquier cosecha hasta haber celebrado alguna ceremonia para poder comerlos con segundad y píamente. La razón de esta renuencia parece ser su idea de que los primeros frutos pertenecen a una divinidad o la contienen de hecho. Por eso, cuando un hombre o un animal audaz­mente se apropia las sagradas primicias y le ven, la consecuencia es que le consideren como la propia divinidad en forma animal o humana tomando posesión de lo que es suyo. La época del sacrificio ateniense, que recaía hacia final de la trilla, hace pensar que el trigo y la cebada puestos en el altar eran una ofrenda de la recolección y el carácter sa­cramental de la subsiguiente colación o participación de todos los pre­sentes en la carne del animal divino podría hacerla semejante a las cenas de recolección en la Europa moderna, en las que, como hemos visto, los segadores comen la carne del animal que representa al espíritu del grano. También es un motivo para aceptar este sacrificio como una fiesta de recolección la tradición de haber sido instituido para poner término a la sequía y al hambre consiguiente. La resurrección del espíritu del gra­no, establecida al poner sobre sus cuatro patas y uncir en un yugo de arado al buey disecado, puede compararse con la resurrección del espíritu arbóreo en la persona de su representante, el hombre salvaje.

El buey se muestra como representante del espíritu del grano en otras partes del mundo, ¿En Gran Bassam (Guinea) matan anualmente dos bueyes para lograr buenas cosechas. Para que el sacrificio sea eficaz es necesario que los bueyes lloren y a este fin todas las mujeres del vi­llorrio se colocan ante los dos animales cantando: "¡El buey llorará! ¡Sí, él llorará!" De vez en cuando una de las mujeres pasea alrededor de los bueyes, y les tira, especialmente a los ojos, harina de mandioca y vino de palma. Cuando ruedan lágrimas de los ojos de los bueyes, la gente baila y canta: "¡Los bueyes lloran! ¡Los bueyes lloran!" Enton­ces dos hombres agarran los rabos de los bueyes y los cortan de un golpe. Creen que les acontecería un gran infortunio en el curso del año si cada rabo no cayera de un solo golpe. Después matan a los bueyes, y su carne la comen los jefes. Aquí, las lágrimas de los bueyes, como de las víctimas humanas de los khondos y de los aztecas, son probable-

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mente un hechizo pluvial. Hace poco hemos comprobado que la virtud del espíritu del grano, encarnado en forma animal, a veces se supone que reside en el rabo, y que el último manojo del grano se concibe en oca­siones como el rabo del espíritu del grano. En la religión mitraica está claramente representada esta idea en algunas de las numerosas escul­turas que representan a Mitra con una rodilla sobre el costillar del toro hundiéndole un cuchillo en el flanco, pues en algunos de esos monu­mentos, el rabo del animal termina en tres espigas de grano y, en uno de ellos, en vez de verter sangre de la herida hecha por el cuchillo, salen espigas. No hay duda de que estas representaciones sugieren que el toro, cuyo sacrificio parece haber sido una de las más importantes ceremonias del ritual mitraico, estaba concebido, en uno de sus aspectos por lo me­nos, como una encarnación del espíritu del grano.

Todavía se manifiesta más claramente el toro como una personifi­cación del espíritu del grano en una ceremonia que se efectúa en todas las provincias y distritos de China, para saludar la proximidad de la pri­mavera. Hacia el primer día de primavera, generalmente el 3 o el 4 de febrero, que también es el comienzo del Año Nuevo chino, el gobernador o prefecto de la ciudad va en procesión a la puerta oriental del recinto urbano y sacrifica allí al Divino Labrador, que está representado por una figura humana bucéfala. Para esta ocasión se tiene preparada una efigie grande de buey, vaca o búfalo, con aperos agrícolas al lado y situa­da por fuera de la puerta oriental. La figura está confeccionada de tro­zos de papeles de colores engrudados sobre un armazón por un hombre ciego o siguiendo la indicaciones de un nigromante. Los colores del papel pronostican la índole que tendrá el año entrante; si predomina el rojo, habrá muchos incendios: si el blanco, lloverá mucho y. habrá inundaciones, y así con los demás colores. Las mandarines, caminando con lentitud alrededor del buey, le pegan fuerte con varas de distintos matices de color a cada paso que dan. El buey está repleto de grano de cinco clases distintas, que va saliendo por las roturas del papel a los golpes de las varas. Acto continuo, queman los pedazos de papel y comienza una rebatiña entre la gente por los fragmentos ardiendo, pues creen que el que consiga un trozo es seguro que tendrá buena suerte todo el año. En seguida matan un búfalo y su carne se reparte entre los mandarines. Según un informe, la imagen del buey está hecha de arcilla y, después de ser golpeada por el gobernador, la gente la apedrea hasta romperla en pedazos, "de los que aguardan un año abundante".1 Aquí el espíritu del grano se muestra con toda evidencia por el buey relleno de grano y cuyos fragmentos puede suponerse por esto que traerán la fertilidad.



1 En España y otros países, el primer domingo de cuaresma se llama Domingo de Piñata. La piñata, que se rompe con gran algazara, tiene a veces forma animal o humana. Su interior contiene una colación de frutos secos y frescos, golosinas y juguetes. Puede verse en esta costumbre una supervivencia degenerada de la antigua usanza.

DEMÉTER, LA CERDA Y EL CABALLO 533

En conjunto podemos quizá deducir que, bien como cabra o como toro, Dionisos era esencialmente un dios de la vegetación. Las costum­bres china y europea a que nos hemos referido esclarecen quizá la cos­tumbre del despedazamiento de un toro o de una cabra vivos en el rito de Dionisos. El animal era despedazado, como la víctima humana de los khondos, cortada en trozos, con objeto de asegurar a cada uno de los adoradores una porción de la influencia vivificante y fertilizante del dios. Comían la carne cruda como un sacramento y podemos suponer que algo de ella sería llevado a casa para enterrarla en los campos de labor o emplearla de cualquier otra forma a fin de transferir a los frutos de la tierra la vivificante influencia del dios de la vegetación. La resurrección de Dionisos, relatada en su mito, puede haberse representado ritual-mente por el relleno de la piel y la posición cuadrúpeda del buey diseca­do, como se hacía en la bouphonia ateniense.

2. deméter, la cerda y el caballo

Pasemos a Deméter, la diosa del grano, y recordando que en el folklore europeo es el cerdo una encarnación común del espíritu del grano, podemos preguntar ahora: Si el cerdo estaba también íntimamen­te asociado a Deméter, ¿por qué no podrá haber sido en su origen la diosa misma bajo la forma animal? El cerdo estaba consagrado a ella: en arte se muestra a la diosa llevando cerdos o acompañada por el cerdo y éste siempre era sacrificado en sus misterios, alegando como razón los destrozos que produce en el grano, por lo que se le consideraba enemigo de la diosa del grano. Pero después que un animal ha sido imaginado como dios o éste concebido como animal, acontece algunas veces, como hemos visto, que el dios se desprende de su forma animal y se antro-pomorfiza. Entonces el animal, que al principio mataban en su carácter de dios, llega a ser visto como una víctima que se le ofrece a causa de su hostilidad a la deidad. Resumiendo, el dios es sacrificado a sí mismo como su propio enemigo. Esto aconteció a Dionisos y puede haber ocurrido también a Deméter. De hecho, los ritos de uno de sus festivales, la Tesmoforia, refuerzan la idea de que en un principio el cerdo era la encarnación de la propia diosa del grano, ya como Deméter, ya como su hija y contrafigura Perséfona. La Tesmoforia ática era un festival de otoño celebrado sólo por mujeres en octubre, y al parecer representaba con aflicción el descenso de Perséfona (o Deméter) a los infiernos y con alegría su resurrección de entre los muertos. De ahí que se aplicaran los nombres de descendimiento y ascensión al primer día" del festival y el de kalligeneia (bien nacida) al tercer día. En la Tes­moforia era costumbre arrojar cerdos, tortas cocidas y ramas de pino (con sus pinas) en "las hendiduras de Deméter y Perséfona", que al parecer eran cavernas o criptas sagradas. Se dice que en estas cavernas o criptas había serpientes guardianas, que devoraban la mayor parte de la carne de los cerdos y de las tortas que arrojaban en ellas. Tiempo des-

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pués, al parecer en el festival anual siguiente, recogían los restos podridos de cerdos y panes unas mujeres "recogedoras",1 que después de observar por tres días reglas de pureza ceremonial, descendían a las cavernas y asustaban a las serpientes dando palmadas, sacaban dichos restos y los depositaban en el ara. Se creía que todo aquel que cogiera algunos trozos de aquella carne podrida y de las tortas y los sembrara junta­mente con sus semillas de cereal en el campo, sólo por ello asegu­raba una buena cosecha.

Para explicar el rudo ritual antiguo de la Tesmoforia, se cuenta la siguiente leyenda. Cuando Plutón raptó a Perséfona, un porquerizo llamado Eubuleos estaba por casualidad con sus cerdos en el mismo sitio y fue engullido con su piara en la misma hendidura por la que Plutón desapareció con Perséfona. Por eso, en la Tesmoforia anual se arrojaban cerdos en las cavernas para conmemorar la desaparición de los cerdos de Eubuleos.2 Se sigue de esto que el arrojar cerdos a las criptas en la Tesmoforia formó parte de la representación dramática del descenso de Perséfona al mundo abisal, y como no se cuenta que arrojasen nin­guna imagen de Perséfona a ese mundo inferior, podemos deducir que el descenso de los cerdos fue no ya el acompañamiento del descenso de ella, sino el descendimiento mismo. En suma, los cerdos serían la propia Perséfona.

Tiempo después, cuando ya Perséfona o bien Deméter (porque las dos son equivalentes) tomaron forma humana, había que encontrar una razón para la costumbre de tirar cerdos a las cavernas en su festival, lo que se resolvió diciendo que cuando Plutón raptó a Perséfona, sucedió que había allí cerca algunas cerdas hozando que fueron tragadas por el abismo con ella. La historia evidentemente es el intento endeble y forzado de tender un puente explicativo entre la antigua concepción del espíritu del grano como cerdo y su nuevo concepto como diosa antro-pomórfica. Un vestigio de la concepción antigua sobrevive en la leyenda que nos cuenta que, cuando la afligida madre iba buscando las huellas de la desaparecida Perséfona, encontró que las pisadas de su hija habían sido borradas por las pisadas de una cerda; podemos suponer que las huellas originalmente porcunas eran las huellas que dejaron Perséfona y la misma Deméter. Un conocimiento de la íntima conexión del cerdo con el grano está como escondido en la leyenda que enseña que el por­quero Eubuleos era un hermano de Triptólemo, a quien primeramente enseñó y confió Deméter el secreto del grano. Es más, según otra ver­sión de la leyenda, el propio Eubuleos recibió de Deméter, junto con su hermano Triptólemo, la dádiva del grano como premio por revelarle el paradero de Perséfona. Además, es digno de anotar que en la Tesmo­foria parece que las mujeres comían carne de marranas. Esta comida, si estamos en lo cierto, debió ser un sacramento solemne o comunión en que los fieles participaban del cuerpo del dios.

  1. Barrenderas; pero éstas no eran vírgenes como las "aguadoras".

  2. Eubuleos, sabio, inteligente, benévolo, prudente y "rico en ganados".

DEMÉTER, LA CERDA Y EL CABALLO 535

Explicándola así, la Tesmoforia tiene sus analogías en las costumbres populares de la Europa septentrional que hemos descrito anteriormente. Como en la Tesmoforia (festival de otoño en honor de la diosa del grano), parte de la carne de una cerda se comía y parte se guardaba en cavernas hasta el siguiente año, en que se sacaba para sembrarla junto con la semilla, con el propósito de garantizar una buena cosecha. Así, en las vecindades de Grenoble, de la cabra que sacrificaban en las eras, parte se comía en la cena de recolección y parte se curtía y guardaba hasta la siguiente cosecha. También en Pouilly, del buey que matan en los rastrojos, parte se come por los gañanes y parte se guarda en con­serva hasta el primer día de la siembra en primavera, probablemente para mezclarlo con la semilla o comerlo los sembradores, o quizá ambas cosas. También en Udvarhely, las plumas del gallo muerto en la última gavilla de la siega se guardaban hasta la primavera en que, mezcladas con la semilla, se sembraban. Así, en Hesse y Meiningen se come carne de puerco el Miércoles de Ceniza o el día de la Candelaria y los huesos se guardan hasta la época de la sementera, en que se les deposita en el surco o se mezclan con la semilla en el saco del sembrador. Así, por último, el grano de la última gavilla se guarda hasta la Pascua de Navi­dad, en que, molturado, se hace con su harina el verraco de pascua, que después, en primavera, se desmigaja y mezcla con la semilla que se va a utilizar para sembrar. Así, generalizando, en otoño se mata una forma animal del espíritu del grano: parte de su carne se come como un sacramento por sus adoradores y parte se guarda hasta la época de sem­brar, como prenda y fianza de la continuación o renovación de las ener­gías del espíritu del grano.

Si personas de gusto exigente objetasen que los griegos nunca po­drían pensar que Deméter y Perséfona encarnasen en forma de cerdas, se les puede responder que en la cueva de Figalia, en la Arcadia, "Demé­ter la Negra" estaba representada con cuerpo de mujer y crines y cabeza de caballo. Entre representar a una diosa con figura de cerdo o de mujer con cabeza de caballo, hay poca diferencia en punto a barbarismo. La leyenda de la Deméter figaliana indica que el caballo fue una de las formas animales que tanto en la Grecia antigua como en la Europa moderna asume el espíritu del grano. Se decía que, en la búsqueda de su hija, Deméter asumió la forma de una yegua para esquivar los galan­teos de Poscidón1 y que, ofendida de tanta importunidad, se retiró colérica a una cueva no lejos de Figalia, en las altiplanicies de la Arcadia occidental. Allí, vestida de negro, permaneció tanto tiempo que los fru­tos de la tierra perecieron y el género humano habría perecido de hambre si Pan no hubiera consolado y persuadido a la irritada diosa para que saliera de la cueva. En memoria de este acontecimiento los figalianos erigieron una imagen de "Deméter la Negra", representada como una

1 De tratarse de un pueblo ribereño, es posible que el cuento fuera al revés: con la idea de seducir a Poseidón, Deméter se hubiera transformado en yegua. El caballo es una representación del dios marino.

536 DEIDADES DE LA VEGETACIÓN

mujer vestida de luto y largo manto, con cabeza y crines de caballo "Deméter la Negra",1 en cuya ausencia los frutos de la tierra perecen es abiertamente una expresión mítica de la desnuda tierra invernal, des­pojada de su manto veraniego de verdor.

3. atis, adonis y el cerdo

Pasando ahora a Atis y Adonis, podemos señalar algunos hechos que nos parecen demostrar que estas deidades de la vegetación tienen tam­bién sus encarnaciones animales, a semejanza de otras deidades de la misma especie. Los fieles de Atis se abstenían de comer carne de cerdo, lo que parece indicar que el cerdo se tenía como una encarnación de Atis, y la leyenda de haber sido muerto Atis por un verraco (o jabalí) apunta a esa misma dirección, pues, después de los ejemplos de Dionisos como cabro y de Deméter como cerda, en la mayor parte de los casos puede admitirse como regla que cuando se dice que un dios fue herido por un animal, este animal era en su origen el propio dios. Quizá el grito "¡Hyes Attes! ¡Hyes Attes!" de los adoradores de Atis podría ser ni más ni menos que "¡Cerdo Atis! ¡Cerdo Atis!", siendo tal vez, hyes, la forma frigia del griego hys, cerdo.

En cuanto a Adonis su conexión con el verraco (o jabalí] no siem­pre se explicó por la leyenda de que fue muerto por dicho animal. Según otra fábula, un verraco fue el que rompió con sus colmillos la corteza del árbol que dio nacimiento al infante Adonis. Y todavía según otro mito, Adonis pereció a manos de Hefaistos en el monte Líbano mientras cazaba jabalíes. Estas variantes de la leyenda sirven para mostrar que mientras la relación del verraco con Adonis es cierta, la razón de esta conexión no fue entendida, por lo que se urdieron diferentes leyendas para explicarla. Ciertamente el cerdo se consideraba animal sagrado entre los sirios.

En la gran metrópoli religiosa de Hierápolis, junto al Eufrates, nunca fueron sacrificados ni comidos cerdos, y si alguien tocaba un cerdo quedaba impuro para el resto del día. Algunos decían que esto tenía por causa la impureza del cerdo; otros que obedecía a que el cerdo era sagrado. Esta diferencia de opinión señala un estado nebuloso del pensamiento religioso en el que las ideas de santidad e impureza no están aún profundamente diferenciadas, sino mezcladas ambas en una

1 Quizá extrañe al lector ese alias de ''La Negra". La diosa tenía el apelativo Melaina (The Black One, La Negra); existe el verbo melainoo, ennegrecer, que parece más cerca de aquél que la raíz melas. Melanos significa simplemente, negro. La cueva figaliana se denominaba Maurospelya "cueva negra". Creemos que la raíz mauroo no significa negro, sino obscuro, tenebroso, sin luz, cual corresponde a una cueva. Una diosa adolorida, enlutada, ennegrecida por la pena, quizá, pero no una ne­gra. Un segundo significado de la raíz mauroo, además de hacer(se) obscuro, es el de "llegar a la nada, al eclipse". La diosa entristecida y ennegrecida, "enlutada , que busca en su aflicción la obscuridad de una cueva, requiere la traducción figurada, no directa, de Deméter la Enlutada, la Dolorosa.

OSIRIS, EL CERDO Y EL TORO 557

especie de vaga solución que denominamos tabú. Es perfectamente con­secuente con esto que el cerdo hubiera sido tenido como una encar­nación del divino Adonis, y las analogías de Dionisos y Deméter hacen probable que la leyenda de la hostilidad del animal hacia el dios fuera solamente un concepto erróneo, posterior a la noción del dios encarnado en cerdo. La regla por la que los fieles de Atis y tal vez los de Adonis no podían sacrificar cerdos ni comerlos, no excluye la posibilidad de que en estos rituales fuese muerto el cerdo en ocasiones solemnes como un representante del dios y le consumiesen sacramentalmente los fieles adoradores. En efecto, matar sacramentalmente a un animal y comerle después implica que el animal es sagrado y que, como regla general, es eludido.
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