Sir james george frazer la rama dorada



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6. el ESPÍRITU DEL GRANO COMO CABRA

Es frecuente que el espíritu del grano aparezca en la forma de cabra. En algunos sitios de Prusia, cuando las mieses ondulan a la brisa, dicen que "las cabras se persiguen", que "el viento está llevando las cabras por entre las mieses", que "las cabras están ramoneando por allí", y esperan buena cosecha. También dicen que "las cabras de la avena están en el avenal", que "la cabra de la mies está en el centenal". A los niños se les advierte que no vayan a las mieses a coger acianos o centaureas y a las habichuelas a comer vainas, pues la cabra del centeno, la cabra del maíz, la cabra de la avena o la cabra de las habichuelas está allí agazapada y si van se los llevará o los matará. Cuando un gañán roncea segando o se pone enfermo, sus compañeros de tarea dicen que "la cabra de la cosecha le ha embestido" o que "le ha dado un topetazo la cabra del maíz". En las vecindades de Braunsberg (Prusia Oriental). cuando atan la avena, cada labriego trabaja con afán "temiendo que la

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cabra del grano le dé un topetazo". En Oefoten (Noruega), cada sega­dor tiene asignado un lote de mies como tajo y si un segador de los que están en medio no ha terminado de hacer su tarea cuando sus veci­nos ya han terminado la suya, dicen de él que "se queda en la isla", y si el rezagado es un hombre le llaman con el grito que tienen para los cabros y si es mujer con el que tienen para las cabras. Cerca de Strau-bing, en la Baja Baviera, dicen del hombre que corta la última mies que "tiene la cabra del maizal", o "la cabra del trigal" o "la cabra del avenal", según sea la cosecha. Además, ponen en la última hacina dos cuernos y la denominan "la cabra cornuda". En Kreutzburg (Prusia Oriental), gritan a la mujer que está atando la última gavilla: "La cabra está sen­tada en la gavilla". En Gablingen (Suecia), cuando están segando la última avena de una hacienda, los segadores tallan una cabra en madera. Insertan espigas de avena en los agujeros de la nariz y de la boca y la adornan con guirnaldas de flores, la ponen de pie en el suelo y le llaman la cabra de la avena. Cuando la siega está terminándose, cada cual siega rápido para ser el primero en concluir su parte; el que se queda el último, coge la cabra de la avena. También se llama cabra a la última brazada de mies: Así, en el valle de Wiesent, Baviera, a la última gavi­lla atada le llaman la cabra y tienen un refrán que dice: "El campo debe dar una cabra". En Spachbrücken (Hesse), llaman cabra a la última brazada de cereal cortado, y ridiculizan mucho al hombre que la cortó. En Dürrenbüchig y por Mosbach, en Badén, también llaman cabra a la última gavilla. En algunas ocasiones dan a la gavilla la forma de una cabra y dicen que "la cabra está asentada en ella". Otras veces llaman cabra a la persona que corta o ata el último haz. Así, en algu­nos sitios de Mecklemburgo gritan a la mujer que está atando la última gavilla: "Usted es la cabra de la cosecha". Cerca de Uelzen, en Han-nover, la fiesta de la recolección se inaugura con "la traída de la cabra de la cosecha", esto es, de la mujer que agavilló la última brazada, a la que envuelven en paja, coronan con una guirnalda de mies y traen en una carretilla de mano al pueblo, donde bailan en corro a su alrededor. Por las cercanías de Luneburgo, también la mujer que ató la última mies es coronada de espigas y nombrada "la cabra de la cosecha". En Mün-zesheim (Badén), al segador que cortó el último manojo de avena o de maíz le llaman la cabra del maíz o la cabra de la avena. En el cantón de San Gall (Suiza), a la persona que siega el último haz o conduce la última carretada de la cosecha al granero la llaman la cabra del maíz o la cabra del centeno, o simplemente "la cabra". En el cantón de Thur-gau, se la llama cabra de la mies; a semejanza de las cabras, lleva una esquila colgando del cuello y la conducen en triunfo, y ella termina vertiéndoles aguardiente por encima. En algunas partes de Estiria tam­bién al que corta el último haz le llaman cabra del maíz, cabra de la avena, o algo así. Es una regla que el que se queda con el nombre de cabro de la mies tiene que llevarlo todo el año, hasta la cosecha siguiente. Según un peculiar punto de vista, el espíritu del grano, que ha sido

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capturado en forma de cabra o en otra semejante, vive en la granja o granero durante el invierno. Así, cada casa de labor tiene su propia encarnación para el espíritu del grano. Pero según otro aspecto distinto el espíritu del grano es el "genio" o deidad, no tan sólo del grano dé una hacienda o estancia, sino del de todas ellas. Por eso cuando la mies de una hacienda está completamente segada, el espíritu huye a otra donde todavía están en plena siega. Este aspecto resalta en una costumbre de recolección que se practicaba antiguamente en Skye (Esco­cia). El labrador que primero terminaba su siega enviaba a un hombre o mujer con una gavilla al labrador vecino que no hubiera terminado todavía; éste a su vez, en cuanto terminaba, pasaba la gavilla a otro vecino que estuviera segando aún, éste a otro, y así sucesivamente, dando la vuelta por todas las tierras hasta que todo estuviera segado. La gavilla era llamada la goabbir bhacagh, o sea "la cabra coja". La costumbre parece no haberse extinguido aún, pues se la señaló en Skye no hace muchos años.

El espíritu del grano se representaba como cojo por haber sido mu­tilado al cortar la mies. Algunas veces la anciana que trae a casa la última gavilla debe ir "a la pata coja".



Se cree a veces que el espíritu del grano en forma de cabra ha sido muerto en la mies por obra de la hoz o la guadaña. Así, en las vecinda­des de Bernkastel, en el Mosela, los segadores determinan por sorteo el orden en que ellos irán uno tras otro. El primero se llama el segador delantero y el último el que lleva la cola; si un segador adelanta al que le precede, ha de rodearle segando, de tal modo que deja al segador calmoso dentro de un trozo de mies. Este trozo se llama "la cabra" y el calmoso, para quien de este modo se "ha cortado la cabra", es objeto de chacota y burlas de sus compañeros todo el día. Cuando el que lleva la cola siega las últimas espigas, se dice que "está degollando a la cabra". En las cercanías de Grenoble, antes del final de la siega, adornan una cabra con flores y cintas y la sueltan para que trisque por el rastrojo. Los segadores la persiguen para cogerla y cuando lo consiguen, la mujer del dueño de aquella tierra la sujeta mientras su marido le corta la ca­beza. La carne de esta cabra se sirve en la cena de la cosecha y un trozo de carne lo adoban y guardan hasta la siguiente cosecha, en que matan otra cabra. Todos los segadores comen de la carne. El mismo día, con­vierten la piel de cabra en una esclavina que el dueño del campo, que trabaja con sus gañanes, debe llevar siempre en la recolección si llueve o hace mal tiempo, pero si algún segador coge un dolor en la espalda, el labrador le entrega la piel de cabra para que se la ponga. La razón de esto creemos es que como los dolores de espalda (ríñones), son produ­cidos por el espíritu del grano, también pueden ser curados por él. Del mismo modo, ya hemos anotado que cuando un segador se hiere segando hacen que un gato, representando al espíritu del grano, le lama la herida. Los segadores estonios de la isla de Mon creen que aquel de ellos que siegue las primeras espigas de la recolección tendrá dolor de ríñones,

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probablemente porque el espíritu del grano debe sentir vivamente la primera herida. Con objeto de evitar el dolor de espalda, los segadores sajones de Transilvania se ciñen a los riñones el primer manojo de mies que cortan. Aquí, otra vez, el espíritu del grano se utiliza para sanar o proteger, aunque no en forma de cabra o gato, sino en su forma vege­tal original.

Algunas veces al espíritu del grano en forma de cabra se le cree agazapado entre la mies depositada en el pajar hasta que se le arroja de ella con el trillo. Así, en Badén, la última gavilla que queda por trillar, la llaman cabra del maíz, cabra de la espelta o cabra de la avena, según el grano de que se trate. También cerca de Marktl, en la Alta Baviera, llaman a las gavillas cabras de paja, o simplemente cabras. Son puestas formando una gran hacina a campo abierto y las trillan dos lineas de gaña­nes situados de frente, los que mientras manejan los mayales cantan un son en el que dicen estar viendo a la cabra de paja entre las pajas del cereal. La última cabra, que es la última gavilla, la adornan con una guirnalda de violetas y otras flores y con ristras de rosquillas. La colocan en pie en el centro de la hacina. Algunos trilladores se encaraman y arrancan lo mejor de ella; otros sacuden sus mayales tan imprudente­mente que de vez en vez rompen alguna cabeza. En Oberinntal, Tirol, al último trillador le llaman cabra. Así, en Haselberg, Bohemia occidental, al que da el último trillazo a la avena le llaman cabra de la avena. En Tettnang (Würtemberg), al trillador que da el palo final a la última gavilla de mies antes de volverla le ponen el nombre de cabro y dicen que "él ha alejado al cabro". Y a la persona que da el último golpe a la última gavilla después de darle la vuelta se le llama la cabra. En esta costumbre va implícito que el grano está habitado por una pareja de espíritus del grano, macho y hembra.

Más aún, el espíritu del grano capturado bajo la forma de una cabra en la trilla es pasado al vecino que todavía está trillando. En el

Franco-Condado, en cuanto terminan la trilla, la gente joven planta una figura de cabra hecha de paja en el corral de un vecino que esté todavía trillando; éste debe darles en cambio vino o dinero. En Ellwangen (Würtemberg), hacen con el último haz de la trilla una figura de cabra; cuatro palos sirven de patas y dos más de cuernos. El que da el último golpe con el mayal en la trilla debe llevar la cabra al granero del vecino



que esté todavía trillando y tirarla dentro; si le descubren en el momento de hacerlo, le atan la cabra a la espalda. Costumbre parecida se observa en Indersdorf, en la Baviera alta; el hombre que tira la cabra de paja dentro del granero del vecino imita el balido de una cabra, y si le cogen, le tiznan la cara y atan la cabra a sus espaldas. En Saverne (Alsacia). cuando un labrador se retrasa una semana o más de sus vecinos en la trilla, le ponen ante la puerta una cabra verdadera disecada o una zorra. Algunas veces se supone que el espíritu del grano, en forma caprina, es muerto en la trilla. En el distrito de Traunstein, alta Baviera, creen que la cabra de la avena está en la última gavilla de avena; la representan

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con un rastrillo clavado en el suelo por el mango y con un puchero viejo por cabeza. A los niños les invitan a matar la cabra de la avena.



7- EL ESPÍRITU DEL GRANO COMO TORO, VACA O BUEY

Otra forma que con frecuencia adopta el espíritu del grano es la de toro, vaca o buey. Cuando el viento sopla sobre las mieses, dicen en Conitz, Prusia Occidental, que "el novillo está corriendo por la mies"; cuando la mies es más espesa y fuerte en un sitio dicen en algunas partes de la Prusia Oriental, que "el toro está tumbado en la mies". Cuando un labriego está extenuado y cojea, dicen en el distrito prusiano de Grau-denz (Prusia Occidental) que "el toro le embistió"; en Lorena dicen que "él tiene el toro". El significado de ambas expresiones es que sin saberlo ha tropezado por casualidad con el espíritu divino del grano, que castiga al profano entrometido derrengándolo. Así, cerca de Cham-béry, cuando un segador se corta con la hoz se dice que tiene "la cornada del buey". En el distrito de Bunzlau (Silesia), algunas veces con la última gavilla forman un buey con cuernos, relleno de estopa y envuelto en espigas. Esta figura se llama "el viejo". En algunas partes de Bohemia hacen en forma humana la gavilla postrera y la llaman "el búfalo". Estos casos muestran una confusión de formas, animal y hu­mana, del espíritu del grano. La confusión es igual que la de matar un carnero castrado bajo el nombre de lobo. En toda Suabia, la última gavilla de grano en el campo es llamada la vaca; el que corta las últimas espigas "tiene la vaca" y a él mismo le llaman vaca, vaca de la avena o vaca de la cebada, según la cosecha; en la cena de recolección recibe un ramillete de flores y espigas y una ración de bebida más abundante que los demás; pero se burlan y ríen de él, por lo que a nadie le gusta ser la vaca. Algunas veces se representa a la vaca en figura de mujer hecha de espigas de maíz y acianos y tenía que llevarla a la alquería el que había cortado el último haz. Los chicos corrían tras él y los vecinos se volvían para reírse, hasta que al fin el agricultor le recogía la vaca. Aquí otra vez se manifiesta la confusión entre las formas animal y hu­mana del espíritu del grano. En varias partes de Suiza, al segador que corta las últimas espigas le denominan vaca del trigo, vaca del maíz, vaca de la avena o novillo del grano y es el blanco de muchas bromas. Por otra parte, en el distrito de Rosenheim, Alta Baviera, cuando un agri­cultor es el último en recoger la cosecha de entre sus convecinos, le ponen en sus tierras al toro de paja, como le llaman. Es una gigantesca figura de toro hecha con granzas sobre un armazón de 'palos y adornado con flores y hojarasca. Unida a él va una etiqueta en la que aparecen garrapateadas unas coplas ripiosas que ridiculizan al hombre que tiene en su campo al toro de paja.

También bajo la forma de toro o buey matan al espíritu del grano en los rastrojos al finalizar la siega. En Pouilly, cerca de Dijon, cuando están a punto de terminar la siega, adornan un buey con flores, cintas

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y espigas y le llevan a dar una vuelta entera por el campo, seguido de toda la cuadrilla de segadores bailando. Aparece entonces uno disfrazado de diablo que siega las últimas cañas de espigas e inmediatamente matan al buey; comen después parte de su carne en la cena de la cosecha y la otra parte la adoban y guardan hasta el primer día de la siembra de primavera. En Pont-á-Mousson y otros lugares, al atardecer de la última jornada de siega conducen una ternera adornada con flores y espigas de la mies, haciéndola dar tres vueltas al corralón de la alquería o granja, atrayéndola con un cebo y hostigándola con aguijadas los hombres o guiada con una cuerda por la esposa del labrador. La ternera escogida para esta ceremonia es la primera de la granja nacida en la primavera. La siguen todos los gañanes con sus aperos y después le permiten que corra libremente, perseguida por los labriegos, y al que la captura le llaman rey de la ternera. Por último la sacrifican con toda solemnidad. En Lunéville, el que hace de carnicero en esta ocasión es el mercader judío del pueblo.

También a veces el espíritu del grano, oculto entre las mieses sega­das del pajar, reaparece bajo la forma de toro o vaca en la trilla. Así, en Wurmlingen (Turingia), al hombre que da con el mayal el último golpe en la trilla le nombran la vaca o mejor aún, la vaca de la cebada, la vaca de la avena, la vaca de los guisantes, etc., según la cosecha. Le envuelven en la paja por completo, le adornan lo alto de la cabeza con dos palos imitando cuernos y dos muchachos le conducen con unas cuerdas a beber en la pila del pozo. En el camino, debe mugir como una vaca y por mucho tiempo sigue llevando el nombre de la vaca. En Obermedlingen (Suabia), cuando están próximos a terminar la trilla, evitan todos ser el que dé el último golpe. El que lo da "recibe la vaca", que es una figura de paja vestida con unas enaguas viejas y andrajosas, una caperuza y unas medias, y se la atan a la espalda con una soga de paja; le tiznan de negro la cara y le sujetan con sogas de paja a una carretilla que ruedan por el pueblo. Aquí nos encontramos otra vez con aquella confusión de las formas humana y animal del espíritu del grano que ya hemos hallado en otras costumbres. En el cantón de Schaffhausen, el que trilla la última mies es llamado la vaca; en el cantón de Thur-gau, el toro de la mies, y en el cantón de Zurich, la vaca trilladora. En este último distrito, le envuelven en paja y le atan a uno de los árboles del huerto. En Arad (Hungría), el hombre que da el último golpe tri­llando es envuelto en paja y en una piel de vaca con cuernos. En Pess-nitz, distrito de Dresde, al que da el último palo con el mayal le llaman toro. Debe hacer un muñeco de paja y colocarlo en pie ante la ventana de un vecino. Aquí, como en muchos otros casos, el espíritu del grano es traspasado a un vecino que no ha terminado su labor de trilla. Así en Herbrechtingcn (Turingia), tiran al pajar del agricultor que se queda el último trillando la efigie de una vieja andrajosa. El que la tira grita: "Ahí tiene usted la vaca". Si los trilladores cogen al que la arrojó, le detienen toda la noche en castigo, impidiéndole asistir a la cena de

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la cosecha. En estas últimas costumbres podemos observar nuevamente la confusión entre las formas animal y humana que en distintas regiones se atribuyen al espíritu del grano.

También se supone que el espíritu del grano, en forma de toro, es muerto algunas veces en la trilla. En Auxerre, cuando trillan el último fardo de maíz, gritan doce veces: "Estamos matando al toro". En las cercanías de Burdeos, donde un carnicero mata un buey en el campo inmediatamente que termina la siega, dicen del hombre que da el úl­timo golpe con el trillo, que "él ha matado al buey". En Chambéry, la última gavilla se llama "la gavilla del buey joven" y todos los segadores participan en una carrera hasta ella. Cuando dan el último trillazo en la era, todos dicen "el buey está muerto", e inmediatamente después mata un auténtico buey el que segó la última mies. La carne de este buey sirve para la cena de los trilladores.

Ya hemos visto que en ocasiones, al espíritu joven del grano, cuya misión es hacer germinar el grano del año entrante, se le cree nacido como un infante del grano en el campo de mies. De modo análogo en Berry se supone a veces que el joven espíritu del grano nació en el campo en forma de ternero, pues cuando un atador encuentra que le falta cuerda para atar toda la mies en gavillas, se coloca a un lado del trigo que queda e imita el mugido de la vaca, lo que significa que "la gavilla ha parido un ternero". En Puy-de-Dóme, cuando el atador no puede acompasar su tarea a la del segador que va adelante, dice que "él (o ella) ha parido al ternero". En algunas partes de Prusia, en semejantes circunstancias, gritan a la mujer que ata: "Que viene el toro", e imitan el bramido de un toro. En estos casos se concibe a la mujer como vaca del grano o espíritu viejo del grano, mientras que el supuesto ternero es el del grano o espíritu joven del grano. En algunas partes de Austria, creen que en­tre las mieses que brotan en primavera puede verse un ternero mítico (Muhkälbchen) que embiste a los niños. Cuando las mieses ondulan a la brisa dicen: "El ternero está por ahí". Ciertamente, como Mann-hardt observa, este ternero de la primavera es el mismo animal del que se cree que muere después en la siega.

8. EL ESPÍRITU DEL GRANO COMO CABALLO O YEGUA

Algunas veces el espíritu del grano aparece en forma de caballo o yegua. Entre Kalw y Stuttgart, cuando las mieses se comban al viento, dicen: "Por ahí galopa el caballo". En Bohlingen, cerca de Radolfzell (Badén), al último haz de avena le denominan "el garañón de la avena' . En Hertfordshire, cuando finaliza la siega, se usa o usaba hacer una ceremonia llamada "relincho de la yegua". Atan juntas las últimas cañas de mies que han quedado en pie y las llaman la yegua. Los segadores se colocan a distancia y las tiran sus hoces; el que las corta del todo es premiado con aclamaciones y vítores. Después de cortada la yegua, los segadores gritan con voz fuerte y por tres veces: "Yo la tengo".

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Otros les responden también tres veces: "¿Qué es lo que tenéis?" "¡Una yegua, una yegua, una yegua!", responden. "¿ De quién es?", vuelven a preguntar por tres veces. "Es de fulano", y nombran al propietario tres veces. "¿A quién la enviaréis?" "A Mengano", nombrando a algún convecino que aún no ha segado toda la mies. En esta costumbre, el espíritu del grano en forma de yegua es traspasado de un campo donde está todo segado a otro donde todavía hay mies en pie y donde, por esta razón, es natural que el espíritu del grano busque refugio. En Shropshire la costumbre es parecida: del labrador que termina sus faenas de reco­lección en último lugar y por esta razón no puede enviar a nadie la yegua, se dice que "la guarda todo el invierno".

La oferta en broma de la yegua a un vecino rezagado era algunas veces contestada con la misma sorna. Así, un anciano dijo a un curioso: "Mientras estábamos cenando, llegó un hombre con un ronzal para lle­vársela". En algunos sitios se usaba enviar al agricultor rezagado una yegua viva, pero el que la montaba sabía que estaba expuesto a que se le hiciera víctima de un rudo trato en la hacienda donde iba a hacer la molesta visita.
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