Sir james george frazer la rama dorada



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510 EL ESPÍRITU DEL CEREAL COMO ANIMAL

capturado en la última gavilla y al que se le llama el lobo del centeno el lobo de la cebada, el lobo de la avena, el lobo de los guisantes o el lobo de las patatas, según qué cosecha sea, pero otras veces hacen la fi­gura del animal sólo una vez para todas las diversas cosechas, al recoger la última de todas. En ocasiones creen que se mata con el último golpe de hoz o guadaña, pero es más corriente pensar que vive en tanto que haya mies sin trillar, siendo cogido en el último haz que trillen. Por esto, al que da el último golpe con su mayal le dicen que ha cogido la marrana del grano, el perro de la trilla y demás. Cuando se termina la trilla, hacen un monigote de la forma del animal que sea y el trillador del último haz lo lleva a una tierra vecina donde todavía se esté trillando. Esto demuestra, una vez más, que se cree que el espíritu del grano vive mientras haya mies sin trillar. Otras veces, el mismo trillador del último haz representa al animal y si las gentes que están todavía trillando en el campo vecino le cogen, le tratan como al animal que representa, ence­rrándole en una pocilga, llamándole con las exclamaciones que se suelen dirigir a los cerdos y otras lindezas. Esta exposición general será ilustrada ahora con algunos ejemplos.

2. el ESPÍRITU DEL CEREAL COMO LOBO O PERRO

Empezaremos con el espíritu del grano concebido como lobo o pe­rro. Esta idea es común en Francia, Alemania y los países eslavos. Así, cuando el viento hace ondular las mieses, los campesinos dicen con fre-cuencia:'"el lobo va por encima o pasa por la mies"; "el lobo del centeno corre por el campo"; "el lobo está en la mies"; "el perro rabioso está en el grano"; "el perrazo está allí". Cuando los niños desean entrar por las mieses a coger espigas o reunir acianos, les advierten que no vayan, por­que "el perrazo está sentado en la mies", o "el lobo está ahí sentado y te despedazaría", o "el lobo te devorará". El lobo contra el cual se pre­viene a los niños no es un lobo cualquiera, pues se habla de él corrien­temente como "el lobo de la mies", el "lobo del centeno" y otros lobos semejantes. Así, ellos dicen: "el lobo del centeno vendrá y os comerá, niños", "el lobo del centeno te llevará", y otras frases parecidas. Pero tiene toda la apariencia de un lobo. En las vecindades de Feilenhof (Prusia Oriental), cuando veían un lobo corriendo por los campos, los campesinos acostumbraban a observar si llevaba el rabo tieso o arrastran­do por el suelo. Si lo llevaba arrastrando iban tras él dándole las gracias por traerles una bendición y aun le colocaban algún bocado sabroso de­lante, pero si llevaba el rabo erguido, le maldecían e intentaban matarle. Aquí el lobo es el espíritu del grano, cuyo poder fertilizador está en el rabo.

Perro y lobo aparecen como encarnaciones del espíritu del grano en las costumbres de recolección. Así, en algunas partes de Silesia a la per- sona que siega o ata la última mies la llaman "el perro del trigo" o el "faldero del guisante". Pero en las costumbres de recolección del nor

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oeste de Francia es donde se muestra más claramente la idea del perro de la mies. Cuando un labriego, por enfermedad, flojedad o gandulería, no puede o no quiere seguir acompasado en su trabajo al que va delante y se retrasa en el tajo, ellos comentan: "el perro blanco pasó cerca de él", "tiene la perra blanca" o "la perra blanca le ha mordido". En los Vosgos, al "mayo de la cosecha" le llaman "el perro de la cosecha", y de la persona que corta el último manojo de trigo o de heno dicen que "mata al perro". Por Lons-le-Saulnier, en el Jura, llaman a la última gavilla "la perra". En las cercanías de Verdún, la expresión corriente para terminar la siega es "van a matar al perro", y en Epinal, según la cosecha, dicen: "mataremos al perro del trigo, o al perro del centeno, o al perro de las patatas". En Lorena se dice del hombre que siega la última mies: "está matando al perro de la cosecha". En Dux, en el Tirol, del que da el último golpe en la trilla dicen que "derriba al perro" y en Ahnebergen, cerca de Stade, le llaman, según la cosecha, el faldero del maíz, el perrito del centeno o el gozquecillo del trigo.

Lo mismo acontece con el lobo. En Silesia, cuando los segadores se reúnen junto a la última macolla, en pie todavía para segarla, dicen "estar a punto de coger al lobo". En varias partes de Mecklemburgo, donde la creencia en el lobo del grano está particularmente extendida, todos temen cortar la última mies, pues dicen que el lobo tiene allí su asiento; por eso todos los segadores tienen gran cuidado para no quedarse el último y todas las mujeres temen atar la última gavilla, pues "el lobo está en ella". De este modo se establece una competencia tanto entre segadores como entre gavilleros para no. ser el último en la tarea. Y en Alemania parece ser un dicho corriente: "el lobo está sentado en el último haz". En algunos lugares dicen al segador: "cuidado con el lobo", y también: "está echando al lobo de la mies". En Mecklemburgo, la última macolla en pie se llama comúnmente "el lobo", y el hombre que la siega "tiene el lobo", siendo designado el animal como el lobo del centeno, el lobo del trigo, el lobo de la cebada y así los demás lobos, según la clase de cosecha. Al que corta el último haz le nombran "lobo" o el "lobo del centeno", si es de centeno la cosecha, y en muchas partes de Mecklemburgo tiene que consentir en mantener su carácter lupino pretendiendo morder a los demás campesinos y aullando como un lobo. La última gavilla de mies se llama también "el lobo", el "lobo del centeno", el "lobo de la avena", de acuerdo con la cosecha, y de la mujer que la agavilla dicen que "el lobo está mordiéndola", que "ella tiene el lobo", que "ella tiene que sacar al lobo" (fuera del grano). Además, a ella misma la llaman "lobo", la gritan: "Tú eres el lobo" y tiene que soportar ese nombre durante todo el año. En ocasiones, y según la cosecha, la llaman "el lobo del centeno" o "el lobo de las patatas". En la isla de Rugen no solamente llaman lobo a la que ata la última gavilla, sino que cuando vuelve a la casa de labor muerde a la señora de la casa y al ama de llaves, por lo que recibe un gran trozo de carne. Aun así, nadie quiere ser "lobo". La misma mujer será, a un tiempo, lobo del centeno, lobo

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del trigo y lobo de la avena, si le aconteciera atar las últimas gavillas centeno, el trigo y la avena. En Buir, distrito de Colonia, en la anti- güedad fue costumbre dar a la última gavilla forma de lobo. La tenían en el granero hasta que toda la mies había sido trillada, y entonces se la llevaban al propietario, que tenía que regalarles con cerveza o aguardiente En Brunshaupten, Mecklemburgo, la moza que ataba la última gavilla de trigo, con un manojo de los tallos o cañas que sacaba de ella, hacía al "lobo del trigo"; esta figura era cerca de medio metro de larga y un palmo de alta, representando las patas del animal con cañas de las espigas y el rabo y las crines con espigas. Este "lobo del trigo" lo llevaban al pueblo, encabezando el grupo de segadores, y lo colocaban en un sitio muy visible de la sala de la casa de labor, donde quedaba por mucho tiempo. En muchos lugares, a la gavilla denominada "lobo" le dan for­ma humana y la visten. Esto indica una confusión de ideas entre las formas animal y humana en que se concibe al espíritu del grano. Gene­ralmente el lobo es traído a casa en el último carro y con gritos de alegría; por esto también se acostumbra dar el nombre de lobo al último carro.

Además, se supone al "lobo" oculto entre la mies segada y en el pajar o granero, hasta que lo echan del último haz a golpes de trillo. Por eso en Wanzleben, cerca de Magdeburgo, después de la trilla van los campesinos en procesión conduciendo con una cadena a un hombre envuelto en paja al que llaman "el lobo". Representa éste al espíritu del grano, que ha sido capturado cuando escapaba de la mies trillada. En el distrito de Tréveris creen que al lobo de la mies le mata la trilla. Los hombres trillan el último haz hasta reducirlo a paja picada y de este modo, piensan ellos, el lobo de la mies que estaba agazapado en el último haz ha tenido que morir necesariamente.

En Francia también se presenta el lobo de la mies en la recolección. Al segador del último haz le gritan: "Tú cogerás al lobo". Cerca de Chambéry forman un círculo alrededor de la última mies en pie, y voci­feran: "Él lobo está ahí". En Finisterre (de Francia) cuando están ya terminando la siega, los segadores gritan: "Aquí está el lobo, nosotros le cogeremos". Cada cual escoge una linca de mies para segar y el que termina primero exclama: "He cogido al lobo". En Guyena, cuando han segado la última mies, llevan un morueco castrado por todo el campo. Le llaman "el lobo del campo". Adornan sus cuernos con una guirnalda de flores y espigas, así como el cuello y el cuerpo. Marchan tras él todos los segadores cantando y después le sacrifican allí mismo. En esta parte de Francia, a la última gavilla la denominan la coujoulage, que en dialecto significa carnero castrado. De ahí que la matanza del carnero represente la muerte del espíritu del grano, que se considera presente en la última gavilla; mas las dos ideas distintas de corporeiza-ción del espíritu del grano en la forma de lobo y de carnero castrado están mezcladas y confundidas.

En ocasiones, parece pensarse que el lobo cogido en la última mies

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vive durante el invierno en la casa de la hacienda, pronto a renovar su actividad como espíritu cereal en la primavera. Por esto cuando, en mitad del invierno (solsticio hiemal), los días empiezan a ser cada vez más largos y anuncian las proximidades de la primavera, el lobo hace su parición una vez más. En Polonia llevan a un hombre con una piel de lobo sobre la cabeza, o un lobo disecado, y el grupo de personas que lo acompañan, en las proximidades de Navidad, van colectando dinero. Hay allí, también, algunos hechos que denotan la costumbre antigua de pasear a un hombre envuelto en hojarasca y llamado lobo, mientras sus acompañantes recogían dinero.

3. EL ESPÍRITU DEL GRANO COMO GALLO

Otra forma frecuente que asume el espíritu del grano es la del gallo. En Austria advierten a los niños que no se alejen por entre las mie-ses, pues el "gallo del grano" está allí dentro y les sacaría los ojos a picotazos. En la Alemania septentrional dicen que "el gallo está sen­tado en la última gavilla" y al segar la última mies los segadores excla­man: "Ahora echaremos al gallo". Cuando ya está segado, dicen: "Hemos cogido al gallo". En Braller, Transilvania, cuando los segadores llegan al último trecho de siega gritan: "Aquí agarraremos al gallo". En Fürs-tenwalde, cuando van a atar la última gavilla, el patrón liberta un gallo que ha traído en una cesta y le deja correr por el campo. Todos los labriegos le persiguen, hasta que le cogen. En otras partes todos los segadores intentan coger la última mies cortada; el que lo consigue debe cacarear como un gallo y le llaman "el gallo". Entre los Wendas (Lu-sacia) es o era costumbre que el labrador ocultara bajo la última gavilla cortada y dejada en el campo un gallo vivo, y cuando estaban reuniendo la mies, el que le encontrara bajo la gavilla tenía derecho a quedarse con el gallo si podía cogerle. Esto constituía el cierre del festival de la reco­lección y se conocía como "coger el gallo"; la cerveza que se servía a los peones en esta fiesta llevaba el nombre de "cerveza del gallo". El último haz se llamaba gallo, gavilla-gallo, gallo de la cosecha, gallina de la cosecha, gallina de otoño. Se distinguía entre el gallo del trigo, el gallo de la habichuela y otras denominaciones análogas según fuese la cosecha. En Wünschensuhl, Turingia, dan forma de gallo a la última gavilla y la llaman el gallo de la cosecha. Especialmente en Westfalia, se hace de madera, cartón, espigas o flores una figura de gallo que va al frente de la carreta de mies, llevando en su pico frutos de la tierra de todas clases. Algunas veces la imagen del gallo está sujeta en la punta de un árbol-mayo sobre el último carro de mies. En otras partes un gallo vivo o figurado se agrega a una corona de la cosecha llevada en una pértiga. En Galizia y otras partes, este gallo vivo se añade a la guirnalda de espigas o flores que la encargada de las mujeres segadoras lleva sobre su cabeza cuando marcha al frente de la procesión de la cosecha. En Silesia presentan al amo un gallo vivo en una bandeja. La cena de la

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cosecha se denomina "gallo de la cosecha", "gallo del rastrojo", etc., y el principal plato de ella es, al menos en algunos lugares, un gallo. Si un carretero vuelca un carro de mies, se dice que "ha volcado el gallo de la cosecha" y pierde "el gallo", es decir, se le excluye de la cena de la cosecha. Al carro de la cosecha, con la figura del gallo en él, le dan una vuelta alrededor de la casa de labranza antes de guardar su carga en el granero, y entonces clavan "el gallo" encima o a un lado de la puerta, o en el gabinete, y allí permanece hasta la cosecha siguiente. En la Frisia Oriental, a la persona que da el último golpe a la trilla le llaman "la gallina clueca" y esparcen grano ante ella como si fuera una gallina.

También matan al espíritu del grano en forma de un gallo. En zonas de Alemania, Hungría, Polonia y Picardía, los segadores ponen un gallo vivo en la última mies que va a ser cortada y le persiguen por el campo o le entierran hasta el cuello en el suelo; después le decapitan con una hoz o guadaña.1 En muchos lugares de Westfalia, cuando los gañanes traen el gallo de madera al labrador, éste les da un gallo vivo, que matan a latigazos o estacazos o decapitándole con una espada vieja, y tirándoselo al granero a las mozas, o dándolo a la señora de la casa para que lo guise. Si el gallo de la cosecha no ha volcado (es decir, si ningún carro ha volcado), los gañanes tienen derecho a matar al gallo del corral apedreándole o degollándole. Donde esta costumbre ha caído ya en desuso, es corriente todavía que la mujer del labrador les prepare a los gañanes sopa de puerros con caldo de gallo, mostrándoles la cabeza del gallo que sirvió para el caldo. En las vecindades de Klauscnburgo, Transilvania, entierran a un gallo vivo, de modo que sólo asome la cabeza. Un mozo toma una guadaña y corta la cabeza de un solo golpe. Si yerra al hacerlo, le apodarán durante todo el año "el gallo rojo" y el pue­blo teme que la cosecha del año siguiente sea mala. Cerca de Udvarhely, en Transilvania, atan un gallo vivo a la última gavilla y lo ensartan con un asador: después le desuellan, tiran la carne pero guardan el pellejo y las plumas hasta el año siguiente y en la primavera mezclan el grano de la última gavilla con las plumas, esparciéndolo todo por el campo que se va a labrar. No puede exponerse más claramente la identificación clel gallo con el espíritu del grano. Atando a la última gavilla el gallo y matándolo, lo identifican con el grano de ella y guardando sus plumas hasta la primavera para mezclarlas con el grano de semilla cogido de la última gavilla a la que fue atada el ave y esparciendo las plumas junto con la simiente en el campo, queda otra vez realzada la identidad del ave con el grano y su poder vivificante y fertilizante como una personi­ficación avícola del espíritu del grano, completa y plenamente manifiesta. De este modo, el espíritu del grano muere bajo la forma del gallo que

1 Esta costumbre se practica hoy entre algunos aldeanos de Colombia (Tránsito, Luis Segundo de Silvestre) el día de San Pedro (29 de junio), alegando que asi castigaban al gallo de la Pasión. Es corriente que las antiguas costumbres paganas no desarraigadas reaparezcan bajo nuevas formas cristianas.

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matan en la recolección, mas surge a nueva vida y actividad en prima­vera. También la equivalencia del gallo y el grano se expresa casi tan claramente en la costumbre de enterrar viva al ave y, con la guadaña, cortarle la cabeza, que quedó al exterior en perfecta semejanza con la mies.

4. el ESPÍRITU DEL GRANO COMO LIEBRE

Otra personificación corriente del espíritu del grano es la liebre. En Galloway (Escocia), la siega de la última mies en pie se llama "cortar la liebre". El modo de hacerlo es como sigue: Cuando el resto de la mies ha sido segada, dejan una macolla sin cortar para que haga de lie­bre. La separan en tres porciones que trenzan y hacen un nudo con las espigas. Los segadores se retiran algunos metros y ellos o ellas van ti­rando por turno su hoz procurando cortar la liebre por debajo del nudo, hasta que uno de ellos acierta. Entonces llevan la liebre a la casa de labor y se la entregan a una moza en la cocina que la pone sobre la puerta de ésta, en la parte interior; algunas veces acostumbran a dejar la liebre hasta la cosecha siguiente. En la parroquia de Minnigaff, cuan­do cortaban la liebre, los gañanes solteros corrían hacia la alquería y el que llegara primero sería el primero en casarse. En Alemania también uno de los nombres de la última gavilla es la liebre. Así, en ciertas par­tes de Anhalt, cuando ya lo han segado todo, dejan unas cuantas cañas de espigas sin segar y dicen: "La liebre vendrá pronto", o se gritan repentinamente unos a otros: "Mira cómo sale brincando la liebre". En Prusia Oriental dicen que la liebre mora en el último retazo de mies en pie y debe ser desalojada por el último segador; los segadores trabajan de prisa para librarse cada cual de tener que echar la liebre, pues el que tiene que hacerlo, esto es, el que siega la última mies, es motivo de befa general. En Aurich, como hemos visto, "cortar la cola de la liebre" es una expresión que significa segar la última mies. Corrientemente se dice que "está matando la liebre" del que está cortando la última mies en Alemania, Suecia, Holanda e Italia. En Noruega, el hombre del que se dice que "mató la liebre" tiene que dar "la sangre de la liebre" en forma de aguardiente para que beban sus compañeros. En Lesbos, cuando hay segadores trabajando en dos campos contiguos, cada grupo intenta ter­minar antes que el vecino, con objeto de "echar la liebre" al otro campo; los segadores que consiguen hacerlo, creen que su cosecha del próximo año será la mejor. Hacen una gavilla pequeña de mies y la guardan hasta la siguiente cosecha al lado de algún cuadro de santos.

5. EL ESPÍRITU DEL GRANO COMO GATO



A veces también toma figura de gato el espíritu del grano. En las cer­canías de Kiel advierten a la chiquillería que no vaya a los campos de mies porque "el gato vive allí". En Eiscnach, Alemania, les dicen a los

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niños que "el gato de las mieses vendrá y les cogerá", que "el gato de la mies anda entre el grano". En algunas partes de Silesia, al cortar la última mies, dicen que "el gato está cogido" y en la trilla, al que da el último golpe de mayal le llaman "el gato". En las cercanías de Lyon se llama gato a la última gavilla lo mismo que a la cena de la cosecha. Por Vesoul, cuando cortan la última mies, dicen: "Tenemos el gato por el rabo". En Briançon, en el Delfinado, al comenzar la siega ador­nan a un gato vivo con cintas, flores y espigas. Le llaman el gato bola de piel (le chat de peau de balle). Si un segador se corta en el trabajo, obligan al gato a lamer la herida. Al terminar la siega vuelven a adornar el gato con cintas y espigas; después bailan y se divierten. Cuando terminan el baile, las mozas le quitan al gato sus adornos con cierta solemnidad. En Grüneberg, Silesia, el segador que corta la última mies lleva el nombre de "el gato". Le envuelven en paja de centeno y juncos verdes y le añaden un rabo trenzado y largo. Algunas veces le dan como compañera otro hombre vestido de modo parecido y al que llaman "la gata". Su obligación es correr tras las gentes para pegarles con una larga vara. Cerca de Amiens, la expresión que usan cuando están termi­nando la recolección es que "van a matar al gato" y cuando siegan el último manojo de mies, matan a un gato en el corral de la casa de labor. Cuando trillan, en algunas partes de Francia, ponen un gato vivo debajo del último haz de mies y al trillarlo matan al gato a golpes de mayal. Después, el domingo, lo asan y se lo comen como plato de día festivo. En la montañas de los Vosgos, a la terminación de las labores del heno la llaman "coger al gato", "matar al perro" y más raramente "cazar la liebre". Dicen que el gato, el perro o la liebre es gordo o flaco según que la cosecha sea buena o mala. Del hombre a quien toca cortar con su guadaña la última brazada de heno o de trigo es el que coge al gato, caza la liebre o mata al perro.
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