Sir james george frazer la rama dorada



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OSIRIS COMO DIOS DEL CEREAL 435

puede aplicarse con más naturalidad que al mismo dios-cereal. También u leyenda de que sus despedazados restos eran esparcidos por todos lados del país y enterrados en distintos lugares, puede ser una explicación mí- tica que expresa la siembra del grano a voleo. Apoya la última interpre-tación el relato de que Isis colocó los acuchillados miembros de Osiris en un harnero. Con más probabilidad la leyenda puede ser una remi­niscencia de la costumbre de sacrificar una víctima humana, quizá un representante del espíritu del cereal, y distribuir su carne o repartir sus cenizas sobre los campos para fertilizarlos. En la Europa moderna, la figura de la muerte es en ocasiones despedazada y los fragmentos ente­rrados en el suelo para obtener cosechas abundantes, y en otras partes del mundo las víctimas humanas eran tratadas de la misma suerte. Respecto a los antiguos egipcios, sabemos por la autoridad de Manetón que acostumbraban a quemar hombres pelirrojos y aventar sus cenizas con abanicos, y es altamente significativo que este bárbaro sacrificio se ofreciese por el rey en la tumba de Osiris. Podemos conjeturar que las víctimas representaban a Osiris mismo, el cual era muerto, desmembrado y enterrado un año tras otro, en sus diversas personificaciones, para que pudiera vivificar la simiente en la tierra.

Es posible que en tiempos prehistóricos los reyes mismos represen­tasen el papel del dios y en este carácter fuesen muertos y despedazados. Lo mismo de Set que de Osiris se decía que había sido troceado des­pués de un reinado de 18 días, lo que se conmemoraba por una fiesta anual de la misma duración. Según una tradición, Rómulo, primer rey de Roma, fue cortado en pedazos por los senadores, que enterraron des­pués sus fragmentos en el suelo; la tradicional fecha de su muerte el 7 de julio, se celebraba con ciertos curiosos ritos que aparentemente estaban conectados con la fertilización artificial de la higuera. También la le­yenda griega1 nos cuenta que Penteo, rey de Tebas, y Licurgo, rey de los edonios de Tracia, se opusieron al dios de la vid Dionisos y cómo los impíos monarcas fueron destrozados, el uno por las bacantes frené­ticas y el otro por caballos. Las tradiciones griegas pueden muy bien haber desfigurado las reminiscencias de una costumbre de sacrificio de seres humanos, y especialmente de reyes divinos, en su carácter de Dio­nisos, dios que recuerda a Osiris en muchos puntos y que, como éste, fue descuartizado miembro a miembro. Sabemos que en Chío des­cuartizaban hombres como un sacrificio a Dionisos, y puesto que ellos sufrían la misma clase de muerte que su dios, es razonable suponer que le personificaban. La fábula del tracio Orfeo, que fue del mismo modo destrozado miembro a miembro por las bacantes, nos parece indicar que también pereció en el carácter de dios. Es significativo que del tracio Licurgo, rey de los edonios, se dijera que había sido muerto con objeto de que la tierra, que se había hecho estéril, recobrase la fertilidad. Además, leemos que un rey noruego, Halfdan el Negro fue despe-



1 Eurípides, Las Bacantes.

436 LA NATURALEZA DE OSIRIS

dazado y enterrados sus pedazos en distintos lugares de su reino para asegurar la fertilidad de la tierra. Se dice que había muerto ahogado a la edad de 40 años, al romperse el hielo en primavera. Lo que sigue respecto a su muerte es relato del antiguo historiador norso Snorri Stur-luson:1 "Había sido el más próspero [literalmente, bendecido por la abundancia] de todos los reyes. Tan gran importancia le daban los hom­bres que cuando llegó la noticia de su muerte y el traslado de su cuerpo con el propósito de enterrarle en Hringariki, los jefes de Raumariki Westfold y Heithmörk llegaron y pidieron todos que se les diera su cuerpo para enterrarle en sus diversas provincias, pues pensaban que trae­ría la abundancia al que lo obtuviera; finalmente convinieron en que el cadáver fuese distribuido en cuatro lugares. La cabeza se colocó en un túmulo en Steinn de Hringariki y cada grupo se alejó con su parte para enterrarlo. Todos estos túmulos son denominados los Túmulos de Halfdan". Debemos recordar que este Halfdan perteneció a la familia de los Yngling, que señalaban su ascendencia hasta Frey, el gran dios escandinavo de la fertilidad.

Los indígenas de Kiwai, isla situada en la desembocadura del río Fly, en la Nueva Guinea Británica, cuentan de un cierto mágico llamado Segera que tenía por tótem el sagú. Cuando Segera llegó a viejo y en­fermó, dijo a las gentes que moriría pronto, mas no obstante él obligaría a sus huertos a producir. Con este objeto, les instruyó para que cuando muriera le cortasen en trozos y colocasen los pedazos de su carne en los huertos, pero que su cabeza se enterrara en su propio huerto. Se dice que él sobrepasó la edad corriente y que ninguna persona conoció a su padre, mas él consiguió "hacer bueno el sagú" 2 y ya nadie pasó hambre. Viejos que vivían hace algunos años afirmaban haber conocido en su juventud a Segera y la opinión general de la gente de Kiwai es que Segera había muerto hacía dos generaciones todo lo más.

En suma, las leyendas señalan la extendida práctica de desmembrar el cuerpo de un rey o mago y enterrar los trozos en diferentes partes del país para afirmar la fertilidad del terreno y probablemente también la fecundidad de hombres y bestias.

Volviendo a las víctimas humanas cuyas cenizas aventaban con aba­nicos los egipcios, es probable que el pelo rojo de esos desgraciados fue­se significativo, pues los bueyes que se sacrificaban en Egipto también habían de ser rojos; un solo pelo blanco o negro que se encontrase en el animal le descalificaba para el sacrificio. Si, como suponemos, estos sa­crificios humanos se destinaban a excitar el crecimiento de las mieses (y el aventado de sus cenizas nos parece apoyar esta aserción), las vícti­mas pelirrojas quizá eran elegidas como las más apropiadas para perso-

1 Nació en Islandia (año 1179) y escribió la historia de los reyes de Noruega


hasta el año 1177, con el título de Heimskringla Saga; murió el año 1241.

2 Es decir, machacar dentro del agua la médula del tronco de la palmera o las
raíces, para quebrantar las fibras leñosas y que el agua lixívie el veneno que contiene,
dejando comestible la parte harinosa.

OSIRIS COMO ESPÍRITU DEL ÁRBOL 437

nificar el espíritu del rubio grano. Es natural que cuando se representase un dios por una persona viva, el representante humano debía ser escogi­do por su supuesto parecido al original divino. Por eso los antiguos mexicanos, concibiendo el maíz como un ser personal que recorría el curso entero de la vida entre la siembra y la siega, sacrificaban niños recién nacidos cuando sembraban el maíz, niños mayorcitos cuando brotaba la sementera, y así sucesivamente hasta que estaba completamen­te maduro, y entonces sacrificaban viejos. Un apelativo de Osiris era "cosecha" o "siega", y los antiguos lo explicaban en ocasiones como una personalización del cereal.

2. OSIRIS COMO ESPÍRITU DEL ÁRBOL

Osiris fue más que un simple espíritu del cereal; fue también un es­píritu arbóreo y hasta es posible que tal pueda haber sido su carácter primitivo, pues el culto del árbol es más antiguo, naturalmente, en la historia de la religión que el culto del cereal. El carácter de Osiris como espíritu del árbol fue representado muy gráficamente en una ceremonia que describe Firmicus Maternus. Habiendo cortado un pino, excavaron la madera del centro y con ella hicieron una imagen de Osiris, que des­pués fue sepultada como si se tratara de un cadáver en el hueco que quedó "en el árbol. Difícil es imaginar cómo la idea de un árbol como morada de un ser personal puede explicarse más sencillamente. La imagen de Osiris así hecha quedó guardada un año y después quemada, exactamente como se hacía con la imagen de Atis que se ataba al pino. A la ceremonia de cortar el árbol, así descrita por Firmicus Maternus, parece que aludió Plutarco. Es posible que sea el duplicado del ritual del descubrimiento mítico del cuerpo de Osiris encerrado en el árbol erica.1 En el vestíbulo de Osiris, en Denderah, el ataúd conteniendo la momia cabeza de halcón del dios está claramente dibujado como in­cluido dentro de un árbol, en apariencia una conífera,2 cuyo tronco y ramas se ven por encima y por debajo del ataúd. La escena corresponde exactamente lo mismo al mito que a la ceremonia descrita por Firmicus Maternus.

De acuerdo con la índole de Osiris como espíritu arbóreo está el que sus adoradores tenían prohibido hacer daño a los árboles frutales y, en su carácter del dios de la vegetación en general, tampoco les estaba per­mitido cegar pozos de agua, que tan importantes son para la irrigación en los cálidos países meridionales. Según una leyenda, él enseñó a los

1 Como es un árbol milagroso y en el terreno milagroso cabe todo, la modesta
jara o brezo se convierte en un majestuoso árbol que sirve de columna maestra para
un palacio.

2 Las modificaciones locales y quizá personales del mito imprecisan el árbol,
columna sagrada o fetiche Zed representativo de Osiris. El árbol fetiche Sez del que
deriva Zed, tan pronto es un abeto (ash) como un cedro (sib), ya un enebro (uan),
un ciprés o una acacia (sez), hasta un sicómoro en los textos de las pirámides. Vail dice que el árbol que el rey Maleander mandó cortar para columna era un tamarisco.

438 LA NATURALEZA DE OSIRIS

hombres a poner rodrigones a las vides, a podar los pámpanos superflu0 y a extraer el jugo de las uvas. En el papiro de Nebseni escrito hacia el año de 1550 a. c., Osiris es descrito sentado dentro de una capilla de cuyo techo cuelgan racimos de uvas; y en el papiro del escriba real Nekht vemos al dios entronizado frente a un estanque en cuyas orillas se desarrolla una lujuriante vid con muchos racimos hacia el rostro verde de la sentada deidad. La hiedra le estaba consagrada y la llamaban su planta porque siempre está verde.

3. osiris como dios de la fertilidad

Siendo Osiris un dios de la vegetación, fue imaginado naturalmente como dios de la energía creadora en general, puesto que los hombres, en un cierto período de evolución, no logran distinguir entre los poderes reproductivos de los animales y los de las plantas. Por eso, una modali­dad extraña de su culto fue el grosero pero expresivo simbolismo con que se presentaba este aspecto de su naturaleza no sólo a los ojos de los ini­ciados, sino también de la multitud. En su festival las mujeres marcha­ban en procesión por las aldeas cantando himnos en su alabanza y portando realistas imágenes sexuales que ponían en acción mediante unas cuerdas. La costumbre probablemente era un encantamiento para ase­gurar la germinación de las cosechas. Se ha dicho que, situada ante la figura de Isis en su templo, había una figura parecida de él, adornada con todos los frutos de la tierra; y en las cámaras dedicadas al dios en File, el dios muerto, en posición yacente en su féretro, está representado en una actitud que indica en la forma más convincente que ni aun muerto tenía extintas sus virtudes genésicas, sino sólo suspendidas, pero prontas a evidenciar una fuente de vida y fertilidad al mundo en cuanto se ofreciese la oportunidad.

Los himnos dirigidos a Osiris contienen algunas alusiones a este importante aspecto de su carácter. En uno de ellos se dice que el mundo verdea triunfalmente por él y en otro se declara: "Tú eres el padre y la madre de la humanidad; ellos viven por tu aliento, ellos subsisten por la carne de tu cuerpo". Podemos suponer que en este aspecto pater­nal, como otros dioses de la fertilidad, bendecía a los hombres y mujeres con descendencia, y que las procesiones de su festival tenían por objeto promover este fin tanto como hacer germinar las simientes en el suelo. Sería mal comprendida la religión antigua si -se denunciasen como obs­curos y relajados los emblemas1 y ceremonias que los egipcios emplearon

1 La posibilidad de interpretación errónea de los símbolos fálicos en las religiones antiguas tiene un conspicuo ejemplo en estas líneas de la Estética de Vasconcelos: "La civilización entera de los mayas decae. . . Huérfana de vates y de reformadores espirituales, se deja llevar de la sensualidad sin fuerza y rápidamente se desintegra sin honra y sin historia, levantando por mausoleo la calzada de los falos gigantescos. Allí donde el egipcio ponía la valla de las esfinges misteriosas a la entrada de los grandes templos, el maya levantó el símbolo de la generación, simplemente humana y no como sostén de un futuro, sino como emblema del estéril placer vicioso..."

OSIRIS COMO DIOS DE LOS MUERTOS 439

con el propósito de dar realidad a este concepto del poder divino. Los fines que ellos se proponían eran naturales y laudables, sólo que los me-dios que adoptaron para cumplirlos eran equivocados. Una falacia de te tipo indujo a los griegos a adoptar análogo simbolismo en sus fiestas dionisiacas, y el superficial pero sorprendente parecido producido así entre las dos religiones ha engañado quizá más que nada a los investigadores, lo mismo antiguos que modernos, identificando los dos cultos que, aunque emparentados en su esencia, son perfectamente distintos e independientes en su origen.

4. osiris como dios de los muertos

Ya hemos visto que Osiris, en uno de sus aspectos, fue el gobernante y juez de los muertos.1 Para un pueblo como el egipcio, que no sólo creyó en una vida de ultratumba, sino que en verdad gastaba mucho tiempo, trabajo y dinero en prepararse para ella, esta ocupación del dios debió parecer tan importante, o muy poco menos, que la función de producir en la tierra sus frutos en la debida estación del año. Pode­mos dar por sentado que en la fe de sus adoradores las dos funciones del dios estaban íntimamente conectadas. Cuando dejaban sus muertos en la tumba, los encomendaban a su cuidado para que los levantase del pol­vo a la vida eterna, como él obligaba a la semilla a germinar en la tierra. De esta creencia nos dan prueba elocuente e inequívoco testimonio las efigies de Osiris rellenas de grano encontradas en las tumbas. Fue­ron a la vez emblema e instrumento de resurrección. Así, de la ger­minación y brote del grano deducían los egipcios un augurio de la inmor­talidad humana. No fueron ellos el único pueblo que construyera las mismas altas esperanzas sobre la más endebles bases.

Un dios que-alimenta así a su pueblo con su propio cuerpo despe­dazado en esta vida, que le promete una eternidad bendita en un mejor mundo ulterior, naturalmente había de reinar como supremo en sus afectos. No ha de extrañarnos que absorba en Egipto el culto y que los demás dioses sean pospuestos; que mientras éstos sólo eran reveren­ciados localmente, él y su divina compañera Isis fueran adorados de manera general.

CAPITULO XLI ISIS

El significado original de la diosa Isis es todavía más difícil de deter­minar que el de su hermano y marido Osiris. Sus atributos y apelativos fueron tan numerosos que en los jeroglíficos se la denomina "la de muchos nombres", "la de mil nombres" y en las inscripciones griegas

1 Kenti-Amenti, el que preside el Occidente, donde se hunde el sol al país de los muertos (iat-Kert o región inferior).

440 ISIS

"la de infinitos nombres". Aun a pesar de su naturaleza compleja, es todavía posible investigar el núcleo original a cuyo alrededor y por un proceso lento de concreción se reunieron los demás elementos. Si su hermano y marido Osiris fue, en uno de sus aspectos, el dios del cereal como hemos visto, hay razones para creer que ella seguramente debió ser la diosa de los cereales. Hay algunos fundamentos para pensar así: si creemos a Diodoro Sículo, cuyos conocimientos parecen provenir del historiador egipcio Manetón, el descubrimiento del trigo y la cebada fue­ron atribuidos a Isis, y en sus fiestas llevaban en procesión cañas de estos cereales con sus espigas, conmemorando la dádiva que había con­ferido a los hombres. Un detalle añade aún Agustín:1 dice que Isis hizo el descubrimiento de la cebada en el instante en que sacrificaba a los antepasados comunes de ella y de su marido, que habían sido todos reyes, y que mostró el descubrimiento de las espigas de la cebada a Osiris y a su canciller Thot o Mercurio, como le llaman los escritores romanos. Por eso ellos, sigue Agustín, identifican a Isis como Ceres. Además, en tiempo de siega, cuando los segadores egipcios cortaban las primeras cañas de la mies, las dejaban en el suelo y se golpeaban el pecho con lamentaciones e invocaciones a Isis. Esta acción ya fue explicada poco antes como un lamento por el espíritu del grano muerto por la hoz. Entre los apelativos con que se designa a Isis en las inscripciones están: "Creadora de las cosas verdes", "Diosa verde cuyo verdoso color es semejante al verdor de la tierra", "Señora del pan", "Señora de la cerveza", "Señora de la abundancia". Según Brugsch, es, "no solamente la creadora del verdor nuevo de la vegetación que cubre la tierra, sino que en verdad es la misma mies verde que está personificada como una diosa". Esto se confirma por su epíteto de Sochit o Sochet, que significa "campo de mies", sentido que aún conserva en el lenguaje copto. Los griegos concebían a Isis como una diosa del grano, pues la identificaban con Deméter. En un epigrama griego se la describe como "la que ha parido los frutos de la tierra" y "la madre de las espigas de grano"; también, en un himno compuesto en su honor, habla de sí misma como "reina de los trigales" y se dice que está "encargada del cuidado del fruc­tífero surco del trigo". En armonía con esto, los artistas griegos y ro­manos la representan a menudo con espigas de grano sobre la cabeza o en las manos.

Así, en los tiempos antiguos podemos suponer que Isis fue una rural "madre del grano" adorada con ritos rudos por sus fieles egipcios, pero sería difícil reconocer los rasgos groseros de la zafia diosa primitiva en la forma refinada y santa con que, espiritualizada por largos períodos de evolución religiosa, se presentaba a sus adoradores en tiempos posteriores, como fiel esposa, madre cariñosa, benéfica reina de la naturaleza, rodeada de un nimbo de pureza moral y de santidad inmemorial y misteriosa. Así purificada y tansfigurada, ganó muchos corazones muy lejos de los

1 San Agustín, obispo de Hipona, en la antigua Numidia (Argelia-Túnez).

í-

OSIRIS Y EL SOL 441

linderos de su país nativo. En la mezcolanza de religiones que acompañó a la decadencia de la vida nacional en la Antigüedad, su culto fue uno de los más populares en Roma y en todo el imperio. Algunos de los propios emperadores romanos fueron francos adictos de su culto, y aun cuando la religión de Isis, como otras, pueda haber sido llevada como un disfraz por hombres y mujeres de vida disoluta, sus ritos en conjunto parece que fueron honrosamente distinguibles por la dignidad y compos­tura, la solemnidad y el decoro, muy apropiados para aliviar la mente conturbada, para tranquilizar el corazón acongojado. Por eso apelaban a ellos los espíritus apacibles y sobre todo las mujeres, a quienes los ritos sangrientos y licenciosos de otros dioses orientales sólo les perturbaban y repelían. No nos sorprenderá que en un período decadente, cuando la fe tradicional vacila, cuando los regímenes se hunden, cuando las mentes de los hombres se intranquilizan, cuando el edificio mismo del Imperio, tenido por eterno, comienza a mostrar rasgaduras y grietas que son un presagio, la serena figura de Isis, con su ecuanimidad espiritual y su gra­ciosa promesa de inmortalidad, pudiera haber parecido a muchos como una estrella en un ciclo borrascoso y despertara en sus pechos un arrebato de devoción, no muy desemejante al que durante la Edad Media se elevó a la Virgen María. En verdad que su ritual majestuoso, sus afeita­dos y tonsurados sacerdotes, sus maitines y vísperas, su tintineante música, su bautismo y sus aspersiones de agua bendita, sus procesiones solemnes y sus imágenes enjoyadas de Madre de Dios, presentaron mu­chos puntos de semejanza con las pompas y ceremonias del catolicismo. El parecido no debió ser puramente accidental. El antiguo Egipto puede haber contribuido con su parte al brillante simbolismo de la iglesia cató­lica tanto como a las abstracciones descoloridas de su teología. Es verda*' que en arte, la figura de Isis dando de mamar al niño Horus es tan senv • jante a la Madona y el Niño que en ocasiones ha sido adorada por cri -tianos ignorantes. Y a Isis, en su posterior advocación de patrona .e los marinos, quizá deba la Virgen su bellísimo epíteto de Stella Maris, "estrella de los mares", bajo el que la adoran los navegantes sacudidos por la tempestad. Los atributos de una deidad marina pueden haber sido añadidos por los traficantes marinos griegos de Alejandría. Son demasiado extraños al carácter primitivo y a los hábitos de los egipcios, que no gustaban del mar. En estas hipótesis, Sirio, la brillante estrella de Isis, que en las madrugadas de julio se levanta de las cristalinas ondas del Mediterráneo oriental, heraldo del buen tiempo para los marinos, fue la verdadera Stella Maris, la "estrella de los mares".
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