Sir james george frazer la rama dorada



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Así interpretada la muerte de Adonis, vemos que no es el desfalleci­miento natural de la vegetación en general a los embates del calor estival o del frío hiemal; es la destrucción violenta del cereal por el hombre, que lo derriba cortándolo en el campo, lo aplasta hasta despe­dazarle en la era y lo muele hasta hacerlo harina en el molino. Que esto fuese el aspecto principal en que se presentó Adonis mismo en épocas posteriores a los pueblos agrícolas de Levante, puede admitirse, mas que fuera desde el principio el cereal y nada más que el cereal, es dudoso. En un primer período puede haber sido, para los pastores sobre todo, la hierba tierna que sale después de llover ofreciendo abundante pasto al ganado flaco y hambriento. En tiempos anteriores, es posible que personalizase al espíritu de las nueces y bayas que los bosques otoña­les brindan al cazador salvaje y a su compañera. Exactamente igual que el labriego propiciara al espíritu del grano que él consumía, así el pastor apaciguaría al espíritu de la hierba y las hojas que su ganado rumiaba, y el cazador agradaría al espíritu de las raíces que desenterraba y de los

394 EL RITUAL DE ADONIS

frutos que recogía de las ramas. En todos los casos, la propiciación del espíritu injuriado y colérico abarcaría naturalmente excusas y justifica- ciones complicadas, acompañadas de exclamaciones ruidosas en su deceso siempre que por algún incidente deplorable o por necesidad le aconte- ciera ser muerto o robado. Tan sólo debemos tener presente siem- pre que el cazador o el pastor salvaje de aquellos remotos días es probable que no hubiese aún captado la idea abstracta de la vegetación en general y que, por consiguiente, en tanto que Adonis existiera para ellos en todo debió ser éste el Adon o señor de cada árbol y planta en particular, me-jor que una personificación en conjunto de la vida vegetal entera. Así debió haber tantos Adonis como árboles y arbustos y cada uno de ellos esperaría recibir las excusas por cualquier daño hecho a su persona o propiedad. Y año tras año, donde los árboles eran de hoja caediza, podría creer que cada Adonis sangraba hasta morir por el rojo de las hojas otoñales y volvía a la vida con el verde tierno de la primavera.

Hay razón para pensar que en tiempos primitivos fue personificado Adonis por un hombre vivo al que mataban en representación del dios. Además, hay pruebas que parecen sugerir que entre los pueblos agricul­tores del Mediterráneo Oriental, el espíritu del grano, sea cualquiera el nombre con que se le conociese, era representado frecuentemente, año tras año, por víctimas humanas que sacrificaban en el campo de siega. Si esto fue así, creemos verosímil que la propiciación del espíritu del cereal tendería a fundirse en algún modo con el culto a los muertos. Quizá los espíritus de estas víctimas volvían a la vida en las espigas que habían nutrido con su sangre, para morir por segunda vez en la siega del cereal. Ahora bien, los espíritus de aquellos que han perecido con vio­lencia están malhumorados y prontos a vengarse de los asesinos en cuan­tas oportunidades se les depare. Por esto, los intentos para apaciguar las almas de las víctimas asesinadas se mezclarían, según criterio popular al menos, con los intentos de pacificar al asesinado espíritu del cereal: y como los muertos vuelven en la germinación del grano, podría pensarse que volvían en las flores vernales, despertadas de su largo sueño por las brisas primaverales. Habiendo sido enterrados bajo el césped, ¿qué más natural que imaginar que las violetas y jacintos, las rosas y las anémonas, brotaran de "su polvo", estuvieran purpuradas o encarnadas por su san­gre y contuvieran alguna parte de su espíritu? 1

Algunas veces pienso que nunca fue la rosa

tan roja, como en tierra que un cesar purpuró;

y de alguna cabeza, que en su tiempo fue hermosa, del jardín bello ornato, un jacinto brotó.
Y esta reviviente planta cuyo tierno vagido orla la orilla del río donde nos inclinamos, ¡Ah! inclínate con tiento, pues pensamos si de una bella boca invisible ha salido.

1 Poema del Rubaíyat, del poeta persa Ornar Khayyam (año 1123).

LOS JARDINES DE ADONIS 395

En el verano siguiente a la batalla de Landen,1 que fue la más sangrienta del siglo xvn en Europa, la tierra, empapada con la sangre de 20 000 muertos, se cubrió de millones de amapolas y el viajero que pasaba sobre aquel inmenso sudario escarlata podría imaginar que en verdad la tierra devolvía la vida de sus muertos. La gran conmemoración de los difuntos caía en Atenas hacia primavera, a mediados de marzo, cuando las flores tempranas están en capullo. Entonces, creían que los difuntos levantaban de sus sepulturas y deambulaban ñor las calles intentando vanamente introducirse en los templos y las casas, que se barreaban con­tra estos perturbados espíritus con cuerdas, zarzas y brea. El nombre de este festival, según la interpretación más lógica y natural, significa fiesta de las flores2 y el título va bien con el meollo de las ceremonias, si en esta época, como se pensaba, los pobres espíritus escapaban "de la estrecha morada" con las primeras flores. Por lo tanto, puede haber algo de verdad en la teoría de Renán que muestra en el culto de Adonis un desvarío voluptuoso del culto de los muertos, concebido no como rey de los terrores sino como un insidioso hechicero que atrae a sus vícti­mas y las arrulla en su sueño eterno. El encanto infinito de la naturaleza en el Líbano, pensaba, conduce por sí mismo a las emociones religiosas de esta clase sensual y visionaria, revoloteando vagamente entre el placer y el dolor, entre ensueños y lágrimas. Sería indudablemente una equivo­cación atribuir a los campesinos sirios el culto de una concepción tan puramente abstracta como la de la muerte en general; sin embargo, po­dría ser verdad que en sus mentes sencillas la idea del espíritu de la vege­tación reviviendo estuviera combinada con la muy concreta noción de los espíritus de los muertos que vuelven a la vida otra vez en los días primaverales con las flores tempranas, con el verdor tierno del cereal y los policromados capullos de los árboles. Así, sus ideas sobre la muerte y resurrección de la naturaleza estarían teñidas por sus ideas sobre la muerte y resurrección del hombre, sobre sus personales penas, esperanzas y temores. En semejante tono, no podemos dudar de que la teoría de Renán sobre Adonis está profundamente teñida por recuerdos apasiona­dos, memoria del ensueño afín al sueño eterno que selló sus propios ojos en las laderas del Líbano en recuerdo de la hermana, que duerme en él país de Adonis y nunca volverá a pasear entre anémonas y rosas.

CAPITULO XXXIII

LOS JARDINES DE ADONIS

Quizá la mejor prueba de que Adonis es una deidad de la vegetación y especialmente del cereal se encuentra en los "jardines" de Adonis, como

  1. Pueblo de Bélgica, -junto a Lieja (Guerra de los Treinta Años).

  2. Debe referirse a las Anthesterias (11-12 y 13 del mes Anthesterion, por
    marzo) de anthos, flor. Ofrecían al soberano del mundo subterráneo granos cocidos y
    semillas diversas.

396 LOS JARDINES DE ADONIS

se llamaba a unas cestas o macetas llenas de tierra en donde se sembraba trigo, cebada, lechugas, hinojo y varias clases de flores que cuidaban durante ocho días, principal o exclusivamente, las mujeres. Acariciadas por el calor del sol, las plantas brotaban rápidamente, pero como no tenían raíces pronto se marchitaban, por lo que al cabo de los ocho días se llevaban con imágenes yacentes de Adonis y todo junto lo tiraban al mar o en los manantiales.

Estos jardines de Adonis la mayor parte de las veces se interpretan como representaciones de Adonis o manifestaciones de su poder: le re­presentaban en formas vegetales en su verdadera y original naturaleza, mientras que sus imágenes, como las arrojadas al agua, le retrataban en su figura humana. Si no nos equivocamos, todas estas ceremonias "ado-nisias" fueron ideadas en un principio como encantamientos para pro­mover el crecimiento o reviviscencia de la vegetación, y la supuesta ley promovedora de este efecto pertenece a la magia homeopática o imita­tiva. La gente ignorante cree que imitando los efectos que se desea producir se ayuda a producirlos; así, salpicando con agua harán llover, encendiendo una fogata conseguirán que brille el sol, etc. De igual modo, mimetizando el crecimiento de las cosechas esperan conseguir una cosecha copiosa. El crecimiento rápido del trigo y la cebada en los jardines de Adonis tenía por designio que la cosecha germinase pronto y brotara sobre la tierra, y el arrojar juntos jardines e imágenes al agua era un encantamiento para asegurar la debida provisión de lluvia ferti-lizadora. Análogo creemos que era el objetivo de arrojar las efigies de la muerte y el carnaval al agua en las correspondientes ceremonias de la Europa moderna. Todavía se recurre en Europa a la costumbre de re­mojar a una persona cubierta de hojarasca, que sin duda personifica la vegetación, con el expreso designio de producir lluvias. De igual modo, la costumbre de arrojar agua sobre la última mies segada o sobre la per­sona que la lleva a casa (costumbre observada en Alemania y 1*'rancia y todavía no ha mucho en Inglaterra y Escocia) se practica en algunos lugares con la intención manifiesta de obtener lluvias para las cosechas del año venidero. Así, en Valaquia y entre los rumanos de Transilvania, cuando una moza lleva a casa la corona hecha con las últimas espigas segadas, todos los que la encuentran por el camino se apresuran a echarla agua encima y dos labriegos se colocan a la puerta de la alquería para hacer lo mismo; creen que de no hacerlo así, se agostarían las cosechas del siguiente año. En Prusia araban en primavera, y cuando los patanes y sembradores volvían de sus faenas ya anochecido, el ama y las criadas acostumbraban a rociarles con agua. Los labriegos y sembradores "repli­caban cogiendo a las que podían y tirándolas al agua de la alberca. El ama podía reclamar exención pagando una multa, pero las demás tenían que ser zambullidas. Cumpliendo esta costumbre, esperaban conseguir la lluvia necesaria para la siembra.



La opinión de que los jardines de Adonis son esencialmente encan-

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tamientos para favorecer el crecimiento de la vegetación, sobre todo de las cosechas, y de que pertenezcan a la misma clase de costumbres popu­lares de primavera y pleno verano de la Europa moderna, que hemos descrito en otra parte del libro, no descansa tan sólo en la intrínseca ve­rosimilitud del caso. Por fortuna podemos demostrar que son plantados todavía "jardines de Adonis" (si podemos usar la expresión en su sen­tido lato), primero por una raza primitiva en la época de la siembra y segundo por campesinos europeos hacia la mitad de verano. Entre los oraons y mundas de Bengala, cuando llega la época de replantar el arroz que ha estado creciendo en los semilleros, un grupo de jóvenes de ambos sexos va a la selva y cortan allí un árbol Karma joven o la rama de uno de éstos. Con él en triunfo, vuelven bailando, cantando y redoblando tambores, le plantan en medio de la plazoleta de baile de la aldea y le ofrecen un sacrificio. A la mañana siguiente los jóvenes de ambos sexos, cogidos de los brazos, bailan formando un gran corro alrededor del árbol Karma, que está ornamentado con tiras de telas de colores y brazaletes y collares imitados con paja entretejida. Como preparación para las fies­tas, las hijas del cabecilla de la aldea cultivan plantas de cebada de cierta manera; siembran la cebada en lecho arenoso y húmedo mezclado con cúrcuma y las hojas se desarrollan y extienden con un color amarillo pálido o de prímula, amarillentas.1 El día de la fiesta las muchachas cogen aquellas hojas y las llevan en cestas a la plaza del baile, donde pos­trándose reverentemente colocan algunas de las plantas ante el árbol Karma y lo arrojan a una corriente de agua o laguna. Es difícil dudar del significado de plantar así las hojas de cebada y después presentarlas al árbol Karma. Se supone que los árboles ejercen una influencia acele­radora del crecimiento de la mies, y en este pueblo, los mundas o rhun-daris dicen que "las deidades del arbolado son tenidas como responsables de las mieses". Por ello, cuando llega el tiempo para replantar el arroz y los mundas traen un árbol al que tratan con muchísima reverencia, su objetivo puede ser sólo atender al crecimiento del arroz que está a punto de ser replantado; debemos pensar que la costumbre de procurar que las hojas de cebada crezcan rápidamente para ofrendarlas al árbol sirve al mismo propósito, quizá para recordar al espíritu arbóreo sus obligacio­nes hacia las cosechas y para estimular su actividad con el visible ejem­plo del rápido crecimiento vegetal. Y arrojar el árbol Karma al agua debe interpretarse como un encantamiento de lluvia. No se dice si las hojas de cebada son arrojadas al agua también, pero si nuestra interpre­tación de los hechos es acertada, es probable que así lo hagan. Una diferencia entre la costumbre bengalesa y los ritos griegos de Adonis con­siste en que en la primera el espíritu arbóreo aparece en su original forma de árbol, mientras que en el culto de Adonis aparece en forma humana, representado por un hombre muerto, aunque su naturaleza Vegetal está indicada por los "jardines de Adonis", que son, por decirlo

1 Prímulas, maravillas, primaveras, vellorita, etc.

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así, una manifestación secundaria de su primordial virtud como espí­ritu arbóreo.

También los hindúes han cultivado "jardines de Adonis", al pare­cer con la intención de conseguir la fertilidad lo mismo de la tierra que la del género humano. Así en Oodeypur, en Rajputana, tienen un fes­tival en honor de Gouri o Isani, diosa de la abundancia. Los ritos prin- cipian cuando el sol entra en el signo de Aries, que inaugura el año hindú. Hacen una imagen de barro de la diosa Gouri y otra más pe­queña de su marido Iswara, a los que colocan juntos: abren un pequeño surco en la tierra, que siembran con cebada y riegan, calentando artifi­cialmente el sembrado hasta que asoma el grano germinado, y en ese momento, las mujeres cogidas de la mano bailan en corro alrededor, invo­cando las bendiciones de Gouri para sus propios maridos. Después, las mujeres recogen el cereal tierno y lo distribuyen entre los nombres, que lo ponen en sus turbantes. En este rito, la distribución de los bro­tes de cebada entre los hombres y la invocación de bendiciones sobre sus maridos por las esposas, apuntan claramente, como motivo de esta usan­za, el deseo de tener descendencia. El mismo motivo explica, con proba­bilidad, el uso de "jardines de Adonis" en el casamiento de brahmanes en la presidencia de Madras. Mezclan semillas de cinco o nueve clases y las siembran en macetas de barro llenas de tierra hechas especialmente para este fin. Novio y novia las riegan por las mañanas y por la noche durante cuatro días y al quinto tiran el semillero a un lago o río de manera parecida a los "jardines de Adonis" propios.

Todavía se plantan "jardines de Adonis" en Cerdeña, en conexión con el gran festival del "medio verano" que lleva el nombre de San Juan. A finales de marzo o en el primer día de abril se presenta un joven de la aldea a una muchacha solicitando sea su comare (novia o comadre) y ofreciendo ser su compare. La invitación se considera un honor para la familia de la joven y suele aceptarse con alegría. A finales de mayo, la muchacha fabrica un tiesto con tiras de corcho, lo llena de tierra y siem­bra en él un puñado de trigo y cebada. Como deja el tiesto al sol y lo riega con frecuencia, los granos germinan en seguida y crecen tan rá­pidamente que para la víspera del "medio verano", (víspera de San Juan, 23 de junio) tiene un gran aspecto. Entonces se le llama al tiesto Erme o Nenneri. El día de San Juan, los dos jóvenes, vestidos con lo mejor que tienen y acompañados de una gran comitiva precedida por la chiqui­llería que brinca y retoza, van en procesión a la ermita de las afueras del pueblo y al llegar rompen el tiesto tirándolo contra la puerta de la er­mita. Después se sientan sobre el césped formando un círculo y comen huevos y verduras acompañados de música de flautas. Escancian vino en una copa que se hace circular para que todos beban en ella. Después se cogen de la mano y cantan "los novios de San Juan" (compare e comare di San Giovanni) una y otra vez al son de las flautas, y cuando se cansan de cantar se ponen en pie y bailan alegremente en corro hasta el

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anochecer. Ésta es la costumbre general sarda. La que se ejecuta en Ozieri tiene algunos rasgos especiales: hacen las macetas de corcho en mayo y las plantas con cebada como ya indicamos. Cuando llega la víspera de San Juan, revisten los antepechos de los balcones y venta­nas con telas vistosas sobre las que colocan los tiestos adornados con se­das escarlatas y azules y cintas de varios colores. En cada uno de los tiestos acostumbraban antiguamente a colocar una estatuita o muñeco de trapo vestido como una mujer o una figura semejante a Príapo, he­cha de pasta, pero esta costumbre, rigurosamente prohibida por la Iglesia, ha caído en desuso. Los mozos de la aldea van en grupos a mirar los tiestos y sus decorados y a esperar a las mozas, con las que se reúnen en la plaza pública para celebrar el festival. Allí encienden una hoguera grande en cuyo derredor bailan y se gastan bromas. Los que desean ser "novios san juaneros" hacen lo siguiente: los mozos se colocan a un lado de la hoguera y las mozas al otro y entonces cogen entre ellos y ellas los extremos de varas que mueven hacia adelante y atrás alternativa­mente a través de las llamas, introduciendo así las manos unos instantes por tres veces en el fuego y dejando selladas de este modo sus relacio­nes. El baile y las músicas continúan hasta muy entrada la noche. La correspondencia de estos tiestos o macetas de Cerdeña con los "jardines de Adonis" nos parece completa y las imágenes que antiguamente se po­nían dentro de ellas corresponden a las imágenes de Adonis que acom­pañaban a sus "jardines".

En Sicilia se observan costumbres de la misma clase. Parejas de jó­venes se hacen compadres y comadres de San Juan ese día, arrancándose cada uno de ellos un pelo de la cabeza y verificando con él varias cere­monias; así, atan juntos los pelos de la pareja y los tiran al aire o los cruzan sobre un trozo de tiesto que después rompen en dos. pedazos, guardando cada cual su mitad con sumo cuidado. El lazo que se esta­blece con este proceder se supone que dura toda la vida. En algunas partes de Sicilia los "novios de San Juan" se obsequian mutuamente con fuentes de cereales en germinación, lentejas y cañamones que han plan­tado cuarenta días antes del festival. El que recibe la fuente arranca un tallo de la planta joven y le ata una cinta, guardándolo entre sus mejores tesoros y devolviendo la maceta al donador. En Catania, los compadres, él y ella, cambian potes de albahaca y cohombros; las mu­chachas cuidan la albahaca y la que crece más robusta es premiada.



En estas costumbres estivales de Cerdeña y Sicilia es posible que, como supone R. Wünsch, San Juan haya reemplazado a Adonis. Hemos visto que los ritos de Tammuz o Adonis se celebraban generalmente ha­cia la mitad del verano: según San Jerónimo1 su fecha era en junio.

Todavía en Sicilia se siembran "jardines de Adonis" lo mismo en primavera que en verano, de lo que podemos deducir que quizá en Si­cilia, como en Siria, celebraron antiguamente un festival vernal del dios



1 San Jerónimo de Alejandría, que facilitó la traducción de la Biblia ''Vulgata"

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muerto y resucitado. En las proximidades de Pascua las mujeres sicilia­nas siembran trigo, lentejas y cañamones en macetas que guardan en la obscuridad y riegan cada dos días. Las plantas salen pronto; atan cañi-huelas en haz con cintas rojas y las macetas que las contienen son coloca­das en los catafalcos con las efigies del Cristo yacente que se erigen en las iglesias católicas y griegas el Viernes Santo, exactamente como los "jardines de Adonis" se colocaban en el túmulo de Adonis muerto La costumbre no está confinada a Sicilia, pues se ha visto también en Cosenza, Calabria y quizá en otros lugares. La costumbre, en su con­junto, sepulturas y túmulos tanto como macetas de cereales germinados puede no ser más que una continuación, bajo diferente nombre, del culto de Adonis.
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